EPÍLOGO:

Diez años después…

Miré el horizonte una vez más.

El cielo continuaba despejado, y el lago cristalino lucía verdaderamente hermoso esa tarde. El viento mecía la hierba, y algunas hojas de los robles caían cerca de mí, indicando que el cambio de estación comenzaría pronto.

Hacía mucho, que no teníamos un verdadero otoño aquí. Normalmente, el invierno, llegaba con fuerza al distrito doce y cubría con nieve todo a su paso, dejando atrás la calidez del verano.

Suponía que muchas cosas habían cambiado.

-¿Mamá?-preguntó una voz infantil a mis espaldas.

Me giré y encontré a una pequeña niña, con el cabello amarrado en dos coletas. Sus ojos grises se conectaron con los míos, y entendí porque estaba aquí.

-La abuela Ginny, me envió a buscarte…-dijo esbozando una tierna sonrisa mientras sostenía un ramillete de prímulas entre sus manos.-Dice que casi todo está listo…

Le sonreí de vuelta.

-Entonces, no la hagamos esperar…-murmuré caminando hacia ella.-¿Esas son para mí?

Ella asintió.

-¿La próxima vez puedo venir contigo?-agregó.

Fruncí el ceño.

-¿Y desde cuando pides permiso, Hermione?-inquirí sonriendo.-Siempre consigues escaparte…

Ambas reímos.

-Es que quiero practicar mi puntería, mamá…-sentenció entusiasmada mientras sus ojos brillaban.-Y ser tan buena como tú…

Hermione, era idéntica a Scorpius. Tenía el mismo cabello rubio platinado y esos ojos grises heredados de los Malfoy, pero en cuanto a su personalidad, la niña era tan valiente, aventurera y perspicaz, como yo lo había sido a su edad.

-Lo eres.-murmuré acariciando su mejilla.

-Papá, es terrible…-admitió riendo.-Al igual que el tío Albus y Arthur…

-Son pésimos.-bromeé con ella.-Pero, Albus es bueno para poner trampas de conejos… y Arthur, aún es muy pequeño, Hermione…

-Lo sé, mamá... Pero sé que seré la mejor con el arco, porque soy quien más se parece a ti… La abuela Ginny siempre lo dice, el abuelo Draco, también.-me aseguró sonriendo con orgullo.

A pesar de su corta edad, Hermione era una niña muy brillante y tenía más confianza en sí misma, de lo que yo alguna vez hubiera tenido.

Al principio, habría creído que tendría problemas para entender por qué su padre y yo, éramos tan famosos en todo el país, pensé que sería difícil poder explicarle a una niña por todo lo que ambos habíamos pasado; pero ella siempre había sido muy lista y jamás dejaba de sorprenderme. Ni Scorpius, ni yo, tuvimos la necesidad de explicárselo varias veces, Hermione había entendido todo, sabía sobre los juegos, sabía que su madre había ganado una guerra con ella, sabía que muchas personas habían dado sus vidas, sabía que sus abuelos habían sido unos héroes, y era ella, quien me había enseñado a sanar todas esas amargas experiencias.

Nunca podría olvidar la primera vez que la tuve entre mis brazos. Había sido un parto complicado, toda mi familia se desveló esa noche, Scorpius estaba inquieto, y parecía que ningún medicamente enviado desde el Capitolio conseguía aplacar mi dolor, pero cuando Lily me la entregó y vi directamente a esos bellos ojos grises, supe que esa niña era lo mejor que me había sucedido en toda la vida; se veía tan pequeña e indefensa, que temía que pudiera ocurrirle algo en cualquier momento; sin embargo, recordé que ya no existía nada que pudiera hacerle daño y entendí que todos los sacrificios habían valido la pena.

Hermione crecería en un mundo en el que los juegos del hambre no existían, y yo, podría verla madurar hasta que se convirtiera en una hermosa jovencita, libre de ir adonde su espíritu la guiara, ser algo más que sólo una chica del distrito doce.

-¿Aquí es dónde estaba la valla, mamá?-me preguntó mirando un vacío.

Asentí de inmediato, dejando mis pensamientos a un lado.

-Exactamente, ahí.-señalé, donde se ubicaba la antigua valla que rodeaba a nuestro distrito.

Ahora, ya no existía. Había sido mandada a destruir, meses después del nacimiento de Hermione, y en su lugar, habían sembrado una larga hilera de narcisos amarillos, pero con el transcurso de los años, sólo quedaban algunos.

-¿Qué tan alta era?

-Umm, en verdad, era muy alta.-recordé observando el paisaje.-Él tío James y yo, tuvimos suerte de no ser atrapados jamás…

-Es que ustedes eran muy rápidos, mamá... Es por eso que los agentes de la paz, no lograban descubrirlos…

-Sí, tienes razón, ellos nunca lo hicieron, pero había alguien que siempre lograba hacerlo…-le dije divertida.

Hermione, alzó una ceja pensando en quien podía ser esa persona, y luego río.

-La abuela Ginny.-exclamó mientras yo asentía.

-Y siempre nos reprendía por eso…-agregué esbozando una sonrisa.

Continuamos conversando tranquilamente por el bosque, riéndonos de viejas anécdotas y comentando otras cosas sin importancia, hasta que luego de varios minutos, llegamos a la villa de los vencedores.

El lugar estaba casi listo para la celebración, había ornamentos de colores, lazos y globos por todos lados.

Sabía que muy pronto, todos estarían aquí.

-¡Tío Finnick!-gritó Hermione al ver a mi antiguo compañero de guerra.

Finnick, en compañía de Annie y sus encantadores hijos, al fin habían llegado. Ya era costumbre que para estas fechas especiales, ellos vinieran a pasar unas semanas al distrito doce.

-Oh, Rose… ¡Mírate!-exclamó Annie acercándose a mí, y pasó una mano por mi vientre.- Scorpius y tu, deben estar muy felices. Ya van por el tercer bebé... ¿Y sabes lo que será esta vez?

-Será una niña…-le dije sonriendo.

-Me alegro tanto por ti… Y por todo lo que han hecho aquí.-murmuró mirando a su alrededor.-Sé que será un día inolvidable…

Asentí en silencio, y luego de saludarla, caminé en dirección a la cocina.

Hoy, era un día especial. Se conmemoraban diez años desde el final de la guerra.

Diez años, pensé reflexionando. Muchas cosas habían sucedido en diez años y con ello, podía decirse que mi familia había crecido considerablemente.

Cinco años después del nacimiento de Hermione, Scorpius y yo, habíamos tenido otro niño al que habíamos llamado Arthur, en honor a mi abuelo, y en aproximadamente tres meses más, seríamos padres de otra hermosa niña, a la que planeaba llamar Adele.

-Al fin estás aquí, chica en llamas.-exclamó Johanna llevando consigo un plato lleno de galletas recién horneadas y una fila de niños rogándole por una.-Tal vez, puedas ayudarme a esconder esto…

-Por favor, tía Johanna… Sólo una.-pidió Arthur con un puchero. Sonreí divertida, el pequeño rubio siempre hacía lo imposible por conseguir lo que quería.

-Sí, mamá… Sólo una.-insistió otra niña de cabello castaño como el de Johanna, pero que poseía los mismos ojos azules de Louis.-Por favor… Tía Rose, ayúdanos…

-Por favor.-repitió Arthur.

Sonreí, y Johanna, suspiró resignada.

-No puedo resistirme a esas caritas. Bien, aquí tienen, pero sólo una…-dijo entregándole una galleta a cada niño.-Y no les digan a los demás…

-Muy tarde…-sentencié mientras los niños corrían fuera de la casa gritando que ellos tenían una galleta y sus demás primos, no.

-Lo sé. Soy mala para esto…-admitió quitándose un mechón de cabello que caía por su frente.- ¿Y así quieres que tenga otro? No, gracias, ya tengo suficiente con los tres niños que tengo en casa…

-¿Tres?-inquirí divertida.-Sólo tienes dos.

Johanna, rodó los ojos.

-Louis también cuenta cómo uno.-bromeó.

-Oh vamos, Johanna… En un par de años, verás que Maddy y Bill, tendrán un nuevo hermano o hermana.

Ambas reímos, mientras pensaba en la ironía de la vida.

Diez años atrás, las dos habíamos estado luchando brutalmente en una guerra, y ahora, estábamos aquí, en una típica escena familiar, sin que nadie pudiera adivinar nuestro pasado.

-Bien, lo pensaré.-murmuró.-Muchas de tus predicciones se han hecho realidad.

Asentí satisfecha.

-Ok, ahora, dame eso, que yo lo esconderé por ti…Y ve con Finnick y Annie, que ya han llegado...

Ella, me sonrió en respuesta y me entregó el plato de galletas.

En efecto, mis palabras se volvieron realidad, cuando nueve meses después de la guerra, Louis abordó un tren con destino al distrito siete, y fue decidido a conquistar el duro corazón de Johanna de una vez por todas.

Le deseé buena suerte, y no sé qué es lo que habrá hecho, pero luego de pasar un par de meses en el siete, mi primo logró regresar en compañía de la castaña a nuestro distrito. Durante varios meses, fui testigo de su noviazgo, y finalmente, un año después, se casaron.

Fue una boda muy parecida a la que Scorpius y yo, habíamos tenido, y al igual que había sucedido en la nuestra, mis tías, y en especial, la tía Fleur, no dejaron de llorar durante toda la ceremonia.

Desde ese día, ambos habían sido muy felices, eran parte de mi familia, y habían tenido dos hermosos hijos; una niña que ya tenía siete años, y un pequeño de apenas tres.

-¿Rose, quieres que te ayude aquí?-me preguntó Lily ingresando a la casa, mientras se quitaba una bata blanca y la dejaba colgando en un perchero junto a la alacena.-Creí que no llegaría a tiempo… Hoy hemos tenido mucho trabajo en el hospital, Lucy se quedó atendiendo a unos pacientes, pero vendrá pronto…

-No. Todo está en orden aquí, doctora Potter.-le dije sonriendo.

Ella, rió.

Lily, había logrado convertirse en doctora hacía un par de años atrás, y tenía un puesto importante en el hospital general del distrito doce; ella amaba lo que hacía y todos en casa estábamos muy orgullosos de lo que la pequeña Lily, había logrado.

-Lo sé. Puedo verlo. Siempre tienes todo controlado, pero te ayudaré a llevar esto. Además, no puedes hacer tanto esfuerzo en tu estado...-me respondió tomando unos platillos y dándome una lección sobre los cuidados que debía tomar una mujer embarazada.

-Ok, doctora...-acepté riendo, mientras caminábamos juntas hacía la larga mesa que habían instalado en el centro de la villa. En ella, ya habían colocado toda clase de manjares, bebidas, y cientos de platillos que pronto todos los invitados degustarían.

La tarde estaba cayendo, y pronto, empezaría el festejo.

-Casi todos están aquí…-susurré mirando a mi extensa familia.

Lily asintió, observando en mi misma dirección.

-Sí, gracias a ti, Rose…-murmuró mi prima, tomando mi mano.-Gracias a ti, estamos aquí...-repitió con seguridad.-Y nunca olvides que todo empezó con un simple acto de valentía...

Asentí en silencio.

Si yo no me hubiera sacrificado por Lily, hacía tantos años atrás, esto no existiría. Mi familia reunida aquí, Lily a mi lado, la pequeña niña rubia que venía en mi dirección, ni nada con lo que siempre había soñado, existiría.

Mi prima esbozó una sonrisa, y yo le sonreí de vuelta.

-¿Dónde está mi sobrina preferida?-preguntó de pronto, mientras fingía no haber visto a la niña que se había escondido detrás de ella.

-No lo sé... ¿Dónde podrá estar?-le respondí.

-Aquí estoy, tía…-exclamó Hermione riendo.

-Pronto, tendrás dos sobrinas preferidas.-le dije en referencia al bebé en camino.

-No…-protestó Hermione abrazando a Lily por la cintura.

Ambas reímos.

-Es tu culpa, por consentirla tanto.-le dije sonriendo y bromeando por unos minutos, hasta que el lugar empezó a llenarse de invitados.

El aniversario empezaría pronto, pero faltaba Scorpius, y otras cuantas personas por venir.

-Está atrás, cariño… Preparando el espectáculo de fuegos artificiales con los demás…-me indicó la tía Ginny llevando ese pastel de calabaza, que era su especialidad.

Dejé a Hermione con Lily, y me dirigí a la parte trasera de la villa, donde ya tenían todo listo para la celebración que habría después del banquete.

-¿Aún sigues, aquí?-le pregunté al rubio, mientras guardaba su varita en su bolsillo. El me rodeó con sus brazos y plasmó un beso en mis labios.

-Sólo terminaba de hacer algunas cosas. Sabes que los niños adoran este espectáculo.

Esbocé una sonrisa.

-Lo sé… Es lo mejor de la noche.-le respondí.-Ahora, vamos con los demás. Ya casi es hora de que inicie el banquete…-luego me separé de él, y me dirigí hacía mis otros primos.-Teddy, Albus, lo mismo para ustedes…

Ellos asintieron entre sí, y dejaron todo eso para después.

Scorpius, rodeó mi cintura con uno de sus brazos y caminamos de regreso al centro de la villa.

-¿Tienes tu varita contigo?-preguntó palpando mi bolsillo y dejando que su mano viajara hacía mi cadera.

-Detente, sabes que sí.-le dije divertida entendiendo lo que intentaba hacer.

-Pensé que no planeabas volverla a usar.-murmuró alzando una ceja.

-Estoy esperando un bebé, necesito un poco de ayuda extra.-le respondí sonriendo.-Dime si tu no harías lo mismo...

-Está bien. Te creo.-admitió devolviéndome la sonrisa y luego miró el paisaje.-Es una hermosa tarde... ¿No crees? Justo lo que necesitamos para un día como hoy.

-Sí, lo es...-murmuré suspirando y después, giré mi rostro hacía él.- ¿Alguna vez, pensaste en qué podríamos tener todo esto?-pregunté pensativa.-¿Qué podríamos ser tan felices, después de la guerra...?

Él, se demoró unos cuantos segundos en responder, pero en su mirada, vi la misma seguridad que había tenido aquella vez en la que me había propuesto matrimonio.

-Sí...-respondió finalmente.-Siempre lo supe... Y cuando vi a Hermione por primera vez, sólo acabe por confirmar lo que ya sabía...

Sonreí de lado.

-Ella nos trajo esperanza.-le dije.-Y muchos dolores de cabeza...

Él, empezó a reír.

-Eso lo ha heredado de ti...-sentenció divertido.-Y Arthur también...

Asentí sonriendo, y antes de que pudiera decirle algo a cambio, nos interrumpieron.

-Rose, Scorpius.-nos saludó un viejo amigo.

De inmediato, ambos volteamos y me acerqué a aquella persona que me había ayudado tanto en el pasado.

-Neville...-murmuré dándole un abrazo.

-Es bueno verte, Rose...-me respondió animadamente.- Ya no nos visitas mucho en el Capitolio.

-Ni creo que lo haga en algún tiempo.-le dije en referencia a mi estado.-¿Cómo están las cosas por allá?

-Todo está bien. La presidenta te envía sus saludos...-se encargó de decirme mientras continuamos conversando por varios minutos más.

En los últimos años, las cosas habían mejorado para todos. Paylor continuaba siendo presidenta y trabajaba junto a Neville y Luna Lovegood, por el bien de toda la nación. Al principio, había tenido mis dudas sobre si ese trío funcionaría, pero al parecer, su trabajo había sido eficiente y muchos distritos se habían visto beneficiados bajo las nuevas leyes.

-Bien, será mejor que vaya a tomar asiento.-nos dijo, y antes de irse, le echó una mirada a mis hijos.-Me alegra ver a tus pequeños, Rose. Cada vez están más grandes... Pronto, tendrán edad suficiente para ir a Hogwarts...

El hombre, me sonrió y luego fue a reunirse con los demás.

-Hogwarts...-murmuró Scorpius.- Me encantaría visitarla otra vez... Ya ha pasado bastante tiempo.

Me tardé unos segundos en responder.

-Sí, tal vez...

Hacía exactamente cinco años atrás, el castillo de Hogwarts, ahora completamente restaurado, había reabierto sus puertas para todas las personas que desearan aprender magia. No importaba la edad que tuvieran. Niños, adolescentes y adultos que poseyeran destrezas mágicas y habían perdido la oportunidad de aprender en el pasado, podían asistir gratuitamente a esta escuela, donde recibirían clases por un periodo de tiempo.

Scorpius y yo, habíamos ido a la inauguración con casi toda la familia. Al principio, yo no había estado feliz con la idea de volver. Hogwarts, me hacía recordar al Vasallaje, pero sabía que en esta oportunidad iríamos a visitar la verdadera escuela y no la imitación que habían hecho para esos horribles juegos. Aún así, no pude dejar de sentirme un poco intranquila e incómoda, pero al ver la emoción en los rostro de mis primos, ansiosos por conocer este famoso lugar donde nuestros padres habían estudiado, me hizo dejar de lado cualquier pensamiento negativo.

Sin embargo, una vez allí, luego de tanta expectativa, la tía Ginny, nos aseguró que el castillo había perdido su encanto. Y esa magia especial que lo caracterizaba, se había visto opacada por las muchas áreas que habían sido implementadas con tecnología procedente del Capitolio. No obstante, la abuela Molly, nos dijo que aún así, con tecnología y avances, Hogwarts seguía siendo la misma escuela de magia y hechicería de antes.

-¿Y si Hermione te lo pide...?-me preguntó de pronto, pero luego se arrepintió de habérmelo dicho.-Está bien, no tienes que respondérmelo ahora...

Scorpius, entendía mi posición, pero yo ya había pensado en aquella pregunta desde hacía bastante tiempo, y sabía exactamente lo que debía responder.

-Hermione es libre de elegir. Si ella desea ir, no se lo impediré...-murmuré sonriendo.- Pero tú y yo, sabemos que ella ama a este lugar con todas sus fuerzas y no aguantaría estar lejos de casa por tanto tiempo...

Scorpius, volvió a sonreír.

-Tiene un espíritu libre... Como tú.-sentenció.

Ella es mucho mejor que yo, Scorpius..., pensé entrelazando mi mano con la suya.

Juntos, llegamos al centro de la villa, y apenas pusimos un pie ahí, Arthur corrió hacía nosotros.

-Papá, el tío Hugo, dice que me regalará un arco con flechas para mi cumpleaños.-exclamó saltando a los brazos de su padre.

Mi hermano estaba un par de metros más allá, en compañía de su prometida Jenny, una enfermera a la que había conocido durante nuestra estancia en el distrito trece. Hugo también había seguido los pasos de James, y al igual que él, había viajado al distrito dos para concluir con su entrenamiento y formar parte del ejército.

-Aún eres muy pequeño para tener tu propio arco.-le dijo Scorpius al pequeño rubio.

-Pero, mamá, tuvo uno desde que tenía mi edad... y Hermione, también lo tiene.-protestó.

-Entonces, más te vale practicar con el mío hasta que sea tu cumpleaños...-le respondí guiñándole un ojo. El niño esbozó una sonrisa y asintió de inmediato.

Luego de eso, toda la familia y nuestros invitados, nos reunimos alrededor de la enorme mesa. Los manjares, ya estaban colocados, por lo que sólo tomamos asiento, y dejamos que Neville dijera unas breves palabras de agradecimiento y recordara que hacía exactamente, diez años atrás, habíamos empezado una nueva vida en la que al fin éramos libres.

Voldemort, ya no existía, y el sacrificio de nuestros padres, no había sido en vano.

Aplaudimos cuando terminó de hablar, y luego le eché un vistazo a cada persona que era importante para mí.

Todos estaban aquí; reunidos, y sin miedo a que algo malo fuera a suceder.

Louis y Johanna, reían mientras conversaban con Haymitch y Effie, quienes aún no se decidían por ser una pareja estable. Más allá, tía Ginny charlaba junto a mis demás tías sobre las buenas épocas en las que mis tíos y padres aún estaban vivos.

Roxanne, quien llevaba consigo a su bebé en brazos, también hablaba con ellas. El pequeño niño, apenas tenía un año, y lo había llamado Fred en honor a su hermano.

Dominique, y sus gemelos, que ahora eran unos pre-adolescentes, se sentaron cerca de mí y conversamos sobre viejas anécdotas que nos habían ocurrido cuando su madre y yo, éramos niñas. Victorie, Teddy, y su nuevo hijo, se unieron a nosotros, mientras el señor el señor Malfoy hacía lo mismo con Scorpius.

Lily, me sonrió desde su sitio, y recordé sus palabras.

Todo empezó con un acto de valentía, pensé sintiendo la felicidad en aquellos simples momentos familiares, que podían ser triviales para muchos, pero que yo atesoraba en mi corazón como si fueran lo más importante de mi vida, porque sabía lo que significaba perder a tu familia, sabía lo que significaba perderlo todo y quedar vacío.

-Tía Rose...-susurró una adolescente con la misma apariencia de Victorie a esa edad.

-¿Violet, qué sucede?-le pregunté dejando mi copa de agua sobre la mesa.

-Alguien te está buscando en la entrada de la villa... No sé quien es, pero me preguntó por ti... Al parecer estaba algo perdido, porque dijo que le había costado llegar hasta aquí.

Asentí, entendiendo a lo que se refería.

En estos diez años nuestro distrito había crecido, y era ligeramente diferente a lo que alguna vez había sido. La producción de carbón había aumentado, y ahora, el doce contaba con más locaciones públicas, e inclusive tenía unos cuantos edificios como el hospital general o el edificio de justicia, que eran casi tan altos como los del Capitolio.

-Bien... Déjame ver de quien se trata.-le respondí poniéndome de pie y luego me dirigí a Arthur, quien hasta ese momento, no había tocado sus alimentos.-Tienes que comer, si quieres saber como usar un arco...

-Déjamelo a mí, tía... Yo siempre consigo que coma.-dijo mi sobrina guiñándome un ojo.-Ven aquí, Arthie...

-Ahora vuelvo, Scorpius...-murmuré indicándole al rubio que esto no me tomaría mucho tiempo.

Él, asintió en silencio y continuó charlando con su padre.

Caminé en dirección al ingreso de la villa, que ahora estaba cercada.

Desde que había terminado la guerra, el distrito doce se había vuelto un lugar muy popular, y casi siempre habían periodistas cerca o gente del Capitolio que deseaba saber cómo era la nueva vida del Sinsajo. Neville, sabía que los únicos periodistas que permitía en este lugar, era a Pansy Parkinson y su equipo, pero aún así, la gente no parecía entender y supuse que hoy tendría que lidiar con alguno de ellos.

Llegué a las afueras, y noté que había un hombre que llevaba consigo un equipaje y uniforme de general. A simple vista, no lo reconocí, su cabello lucía ordenado, era alto y estaba de espaldas.

Me aclaré la garganta y fue cuando él volteó.

En ese momento, sentí que mi corazón se detuvo. Una sensación extraña y difícil de explicar, recorrió todo mi cuerpo, y tragué espeso.

-Estás aquí...-sentencié llevándome una mano a la boca. No podía creer que era real, no podía creer que era...-James.-susurré sorprendida.

Era él. En verdad, estaba aquí.

Algo mayor, pero seguía siendo el mismo de siempre.

James...

En diez años, sólo nos habíamos comunicado por cartas y mensajes, él no había regresado al distrito doce, y yo no había ido a visitarlo, porque así me lo había pedido. No había permitido que nadie fuera, ni siquiera, la tía Ginny o Albus. Sólo sabíamos de él por las cartas que nos enviaba, o por Hugo, cuando regresaba a casa luego de entrenar.

-James, estás aquí, en verdad, estás aquí...-repetí sintiendo que mi corazón se saldría de mi pecho en cualquier instante.

Probablemente, él se sentía igual que yo, pero sólo esbozó una leve sonrisa en respuesta. Tampoco era bueno demostrando emociones, pero ahora, no me importaba ser yo quien tomara la iniciativa.

No lo dudé ni un minuto más, y corrí a darle un fuerte abrazo.

-Rose...-murmuró rodeándome con sus brazos y nos quedamos así por varios segundos, hasta que finalmente, pudo decir algo más que sólo eso.-Se siente tan bien estar de vuelta...

Sonreí, mientras se me formaba un nudo en la garganta. No podía creer que había pasado tanto tiempo sin verlo. Tantos años.

-Al fin has regresado...-susurré sintiendo que mis ojos se empañaban.

Él, me abrazó con más fuerza.

Teníamos mucho de que hablar, habían pasado diez años, y esto sería una gran sorpresa para toda la familia; ya podía oír los gritos de emoción de tía Ginny y el llanto de la abuela, pero por ahora, sólo quería disfrutar de este momento.

-No sabes cuanto te he extrañado.-murmuró al mismo tiempo que nos separábamos.-Espero que puedas perdonarme por no haber venido en todos estos años...

Negué de inmediato.

-... No tienes nada que lamentar.-le dije mirando fijamente a sus ojos.-En estos momentos, estoy tan feliz, que nada de eso importa...

Le estiré mi mano, y sentí que nada podía ser más perfecto que esto.

-Ven, vamos a casa, James...-finalicé entusiasmada.

Él sonrió una vez más, y tomó mi mano con determinación. Sabía que sería un gran día.

Suspiré, mientras el sol empezaba a caer y los últimos rayos nos iluminaban.

En estos diez años, sólo habían ocurrido cosas buenas en mi vida.

Mi familia, Scorpius, mis hijos, James...

Todo lo malo había quedado en el pasado. Los juegos, el vasallaje, la muerte de mis padres, la muerte de Fred y del abuelo, la guerra. Pensaba que nunca podría superarlo, pensaba que nunca volvería a ser la misma, pero un día me di cuenta que estaba equivocada y nuevamente, había vuelto a sonreír.

Mi vida era perfecta, todo era como siempre lo había soñado, y estaba segura de que así seguiría siendo, por muchos años más.

FIN.


Gracias a todas las personas que leyeron esta historia, desde la primera parte hasta el final. Sé que hubieron veces en que tardé meses en actualizar, pero ahora, puedo decir que esta trilogía esta oficialmente terminada.

Espero que les haya divertido, tanto como a mí al escribirla. Nunca dejaré de agradecerles por sus comentarios, favoritos y todo aquello que hizo que esta historia pudiera concluir.

Besos a cada uno de ustedes, y nos vemos en otro de mis fics!

Rosalie :)