Disclaimer: El Potterverso no es de mi pertenencia. Debemos agradecerle a J.K Rowling por haber creado tan maravilloso mundo. La historia y demás, en cambio, son de mi pertenencia en su mayoría.
Resumen: La guerra había terminado, y aunque muchas vidas se habían perdido, una de ellas estaba tomando una siesta. Literalmente. Sin embargo, las incontables bajas sufridas por el mundo mágico amenazan seriamente con la extinción. Pero el Ministerio de Magia va a encargarse de que jamás suceda algo así. Cueste lo que cueste.
Advertencias: Snamione (Severus Snape/Hermione Granger); Universo Alterno. Posible Out of Character. Este es mi primer fic de Harry Potter, por favor sean gentiles (?)
Notas iniciales: ¡Hola! Nueva actualizcaión, espero que sea de su agrado. Muchas gracias por sus favoritos, seguidos y comentarios; estos últimos serán respondidos en las notas finales. Sólo puedo pedirles una cosa, otra vez: paciencia. Y ya entenderán por qué.
La vida es un vals
El despertar del muerto viviente
Los músculos ahora le dolían de forma espantosa, entumidos y tiesos por haberse quedado completamente quieto durante tantas horas seguidas. Sin embargo, ser capaz de sentir ese dolor era para él una excelente señal.
Era una prueba de que estaba vivo.
Juntó las pocas fuerzas que aún le quedaban, y con un esfuerzo sobrehumano , se devolvió a sí mismo a la realidad. Alzó un poco sus entumidos brazos para poder restregarse bruscamente los ojos, los cuales sentía que se caerían de sus cuencas en cualquier momento.
Nunca se había sentido tan miserablemente mal, y aún así, de alguna forma sarcástica por parte de la vida, eso era algo bueno en aquel instante.
Hizo un intento de levantarse, pero no logró alzarse ni siquiera un par de centímetros del suelo. Gruñó, antes de ponerse a buscar su varita dentro de su empolvada túnica, y a su alrededor en el suelo. No le hubiera extrañado que algún vándalo se la hubiera robado, pero entonces la halló a unos centímetros de distancia.
La tomó, e invocó con ella un firme bastón de nogal que utilizó para ponerse en pie por fin, sintiendo cada uno de sus huesos y articulaciones quejarse ante el enorme esfuerzo físico que ese simple movimiento le requería.
El hombre tomó aire, preparándose tanto física como mentalmente para lo largo y tedioso que le resultaría ahora el camino de regreso a Hogwarts, antes de comenzar con el mismo, intentando ya no posponer lo inevitable.
Se sentía débil, y con cada paso que daba se veía más cerca otra vez del suelo, pero una gran cualidad suya era la perseverancia, y también la terquedad, por lo que no se detuvo ni un solo momento, ni siquiera para recuperar el aliento. Hasta que llegó por fin a la parcialmente destruida fachada del castillo de Hogwarts.
Durante todo el camino había estado sosteniendo su varita en su mano libre y temblorosa, manteniéndose en guardia por si alguien intentaba atacarlo, o el mismísimo Lord Voldemort aún no había sido derrotado. Sin embargo, el silencio sepulcral que flotaba en el aire a su alrededor le dijo que la guerra finalmente había terminado, y tenía la corazonada y esperanza de que 'los buenos' hubieran ganado.
Con un jadeo cansado por el gran esfuerzo que se encontraba realizando, comenzó a subir la deteriorada escalinata frente a él, rogando por poder encontrar algún lugar dónde descansar como era debido. Una cama, o incluso un simple colchón en el suelo le servirían. Porque, irónicamente, a pesar de haber dormido durante horas y horas, se sentía por completo agotado.
Apenas logró ingresar al Gran Salón, los cadáveres de todos los fallecidos en la terminada batalla lo recibieron, descansando en el suelo. Tragó en seco, observando los rostros familiares de tanto alumnos como aliados, observando sin mirar.
Lupin, Tonks… ¿acaso no acababan de tener un bebé? Le pareció ver a Fred Weasley, y aunque al principio se negó a creerlo, se dio cuenta de que en efecto era él. Se le formó un nudo en la garganta que le fue casi imposible de ignorar, apartando la vista casi enseguida.
Y apenas así lo hizo, lo primero que pudo ver fue una varita apuntándole directamente de forma amenazante.
―Fue un gran error de tu parte regresar, Severus―sentenció con voz firme Minerva McGonagall, entrecerrando sus ojos al segundo siguiente―. Te llevaré con los demás prisioneros, y te pudrirás el resto de tus días en Azkabán por todos tus horribles crímenes.
―Al menos no vas a matarme.
―Créeme, ganas no me faltan…
Snape rodó los ojos, enderezándose un poco antes de volver a recargar su peso en el bastón de nogal. No tenía fuerzas ni deseos de oponer resistencia en ese momento, por lo que simplemente soltó un largo suspiro de cansancio.
Al menos todo eso le aseguraba que el Señor Tenebroso había sido derrotado.
Entonces alguien más ingresó al Gran Salón, al parecer alarmado por oír voces en un recinto lleno de fallecidos.
―Snape… ¿Snape? ¡¿Snape?! ¡Snape! ―exclamó entonces una voz masculina, pasando de la sorpresa al asombro en apenas cuestión de segundos
Al aludido nunca le pareció aquella voz, y su propio apellido, tan terriblemente irritante.
―Cómo vuelva a repetir mi apellido una vez más, Potter, le juro qué…
―¡Me dijiste que estaba muerto, Potter! ―vociferó entonces McGonagall, observando con algo de reproche al muchacho, que se acercaba despacio, sin dejar de amenazar a Snape con su varita―. ¡Y ahora mira qué tan muerto está! Se nota que está maltrecho, pero...
―¡Es que yo creí que lo estaba! ―se defendió entonces el chico, luciendo aún confundido―. Es decir, lo vi, lo vimos…
―¿Morir? Lamento decepcionarlo, pero no.
Tanto McGonagall como Harry se volvieron hacia él otra vez, la primera con palpable desprecio, y el segundo con una pequeña pero evidente pizca de admiración.
―Bueno, de todas formas no es importante―farfulló de repente la mujer, interrumpiendo el silencio y haciendo una pequeña mueca de molestia―. No te preocupes, Potter, me encargaré de que sea encarcelado y…
―¡No! ―exclamó entonces el muchacho, cómo saliendo de una especie de trance temporal, negando rápidamente con su cabeza―. Lo siento, profesora, pero no puedo permitirlo. Snape permanecerá en libertad.
―Entonces, lo que dijiste en el duelo final es… creí que sólo querías provocarlo…
Harry Potter interrumpió las palabras de la mujer cuando sacó de su túnica un pequeño frasco, que Snape reconoció casi enseguida. Frunció un poco el ceño, torciendo la boca.
―Potter, esos recuerdos eran solamente para que los vieras tú―masculló con la voz ronca, recordándole aquel detalle tácito antes de arquear una ceja―. ¿Acaso ya se los mostraste a todos los sobrevivientes, a excepción de Minerva?
―Claro que no―aclaró Harry, atreviéndose a formar una pequeña sonrisa, y antes de que Snape pudiera suspirar aliviado, continuó―. Sólo a Hermione, y a Ron también…
Snape soltó un gruñido, y el chico tragó en seco, ambos ante la atenta y también confundida mirada de McGonagall.
―Pero la profesora necesita verlos, para comprender mejor la situación―apuntó el muchacho, con un encogimiento de hombros―. Y para ser honestos, me gustaría mostrarle a todos, porque usted…
―Ni se te ocurra, Potter.
―Entonces sólo McGonagall, por ahora. ¿Está bien?
El hombre estuvo a punto de negarse rotundamente otra vez, pero una sola mirada de reojo hacia la mencionada mujer le indicó que ella no se creería ninguna historia que le contasen, si no la veía ella misma. Suspiró, asintiendo casi imperceptiblemente.
Harry se permitió sonreír un poco otra vez ante aquella reticente afirmativa, y le entregó el pequeño frasco a la perpleja profesora, indicándole en voz baja que específicamente guardara las memorias de nuevo en el frasco al terminar, pues eran una prueba extremadamente valiosa para presentar en Wizengamot en defensa de Snape.
La mujer se retiró entonces, apretando el pequeño frasco en su mano, y aún observando a Snape con total desconfianza antes de desaparecer de su vista. Harry se volvió para mirarlo entonces, e hizo una mueca.
―¿Cómo se siente, señor?
―¿Cómo crees que me siento, Potter?
―Pues si se siente cómo se ve…
Snape lo fulminó con la mirada y la sonrisa del chico mostró un toque de nerviosismo, pero sin dejar de ser calmada.
―Tal vez debería ver a Madam Pomfrey, ella estaba curando a todos los heridos, pero el Hospital San Mungo envió varios medimagos que se llevaron a la mayoría―propuso entonces Harry, señalando el camino fuera del Gran Salón de forma significativa―. Puedo acompañarlo si quiere.
―Creo que soy lo suficientemente capaz de llegar por mi cuenta, Potter.
―Sí, pero no creo que ella confíe mucho en usted a la primera…
Snape rodó los ojos, pero le tocó aceptar mentalmente que el muchacho tenía razón otra vez. Y con un gruñido, aceptó su propuesta.
―Señor, ¿puedo saber cómo…?
―No.
―Eso pensé.
No iba a negarlo, se sentía muy cómodo estar recostado sobre un suave colchón, aunque este estuviera en una cama de enfermería.
Hubiera preferido retirarse a sus aposentos personales, pero Poppy había insistido en que necesitaba quedarse allí, para poder estar permanentemente bajo su estricta supervisión. Se notaba que la mujer estaba aún algo acongojada de que San Mungo "robara" a sus pacientes.
Y él debía pagar las consecuencias.
Había estado durmiendo durante largas horas, en las cuales aparentemente Poppy se había tomado un pequeño descanso, ya que al despertar, no la vio junto a su cama, vigilándolo atentamente.
Allí estaba otra mujer, mucho más joven y demasiado distraída con las páginas de un libro abierto.
―¿Señorita Granger?
La aludida se sobresaltó un poco en su lugar, apretando con fuerza los bordes de su libro al alzar la vista. Su mirada de ojos castaños reflejaban sorpresa e incredulidad, como si no pudiera creer lo que veía a pesar de ya estar convencida.
―Profesor―correspondió entonces ella en voz tranquila, viéndolo ahora con un tono de formalidad―. Yo… vine a ver con mis propios ojos lo que Harry nos contó, y Madam Pomfrey me pidió que la cubriera por un momento, ella regresará en breve.
―No recuerdo haberle pedido ninguna explicación, ¿cómo siempre sintió la necesidad de hablar más de la cuenta? ―siseó el hombre en voz baja, entrecerrando un poco los ojos al mirarla―. Además, por si se le había olvidado, no soy un animal de feria para que venga a verme en exposición, ¿entendido?
Hermione simplemente asintió una sola vez como afirmación, pensando que tal vez no había hecho la mejor selección de palabras para ese momento en específico, pero es que estaba diciendo la verdad.
Cuando Harry le había contado, de forma superficial y ahorrándose detalles cruciales, la verdadera historia de Severus Snape, no le había costado creerlo tanto cómo a Ron. Y luego de haberlo visto por sí misma, estuvo convencida por completo.
Cómo alumna , nunca había odiado a Snape. Sí, le parecía sumamente injusta la cantidad exagerada de puntos que le restaba a todas las casas excepto Slytherin, y muy especialmente Gryffindor. Y también era capaz de notar que su actitud hostil para con sus alumnos, siendo Harry, Ron y ella misma los principales blancos.
Pero consideraba que la palabra "odiar", tenía connotaciones demasiado fuertes y decisivas.
Por eso no le tomó tanto esfuerzo a su cerebro altamente lógico asimilar la idea de que el profesor Snape era mucho más que un bravucón escondido tras la máscara de un adulto. Y pudo fácilmente considerarlo un héroe de guerra.
Sin embargo, aún había algo que no lograba comprender.
―¿Cómo lo hizo, señor?
El aludido, que se había acomodado otra vez en el colchón mientras cerraba sus ojos y disfrutaba el silencio soltó algo parecido a un gruñido al escucharla. Ya sabía a qué se refería, obviamente, pero nunca había sido del tipo de hacer las cosas fáciles para nadie.
―Explíquese o cállese, Granger.
―No es muy complicado, profesor. Sólo quisiera saber cómo lo hizo. Cómo es que está aquí ahora―farfulló la muchacha, cerrando del todo su libro para darle su absoluta atención―. ¿Puede contarme?
Snape suspiró pesadamente y de forma exagerada, intentando de esa manera demostrarle a su alumna lo tediosa que le estaba resultando aquella conversación, o su mera presencia para ser honestos. Sin embargo, una sola mirada le confirmó que a ella eso le importaba un pepino.
―Potter la envió, ¿verdad? ―cuestionó él, arqueando una ceja de forma suspicaz―. Sus agallas Gryffindor no le alcanzaron para venir a preguntar otra vez.
―Oh, no―murmuró Granger, negando quedamente con su cabeza, con una mueca parecida a una sonrrisa―. Quiero decir, evidentemente él también quiere saber, pero yo igual. Y estoy preguntándole por mi cuenta.
El hombre la observó fijamente por unos momentos, sus ojos oscuros entrecerrados para ver más allá de sus palabras. Finalmente decidió que estaba siendo honesta.
―Si le revelo este, oh, gran misterio, ¿me dejará en paz de una buena vez?
Hermione sólo asintió como respuesta, tal vez con demasiado entusiasmo, viendo como el profesor torcía la boca con desprecio. Él soltó un bufido de completa molestia, volviendo su mirada al techo una vez más.
―Señorita Granger, usted es muy inteligente, ¿por qué no me ilumina con alguna brillante teoría suya? ―sugirió entonces, viendo de reojo a su alumna con una mueca arrogante en los labios.
¿Qué posibilidades había de que Granger en realidad tuviera la más mínima idea de su plan perfecto?, pensó con regocijo, preparándose para disfrutar de alguna teoría estúpida que buscara sonar elocuente de algún modo.
La expresión de pensamiento profundo de la joven en sí misma era digna de unas carcajadas, pero se contuvo, hasta que ella se fijó en él otra vez.
―Bueno, para empezar tuvo que haber alguna manera para que usted supiera a qué atenerse, tal vez una predicción, o predictibilidad por parte del mismo Voldemort. Luego, probablemente usted se sirvió de su fuerte, las pociones y/o las artes oscuras, para asegurarse la sobrevivencia, aunque no quería que nadie lo supiera por… ¿propósitos dramáticos? ―aventuró ella, arqueando una ceja ante ese último par de palabras, sin notar el cambio de la incredulidad a la impaciencia en la expresión de su interlocutor―. Supongo que de alguna forma lo tenía todo planeado paso por paso, pero tuvo que asegurarse de que nada cambiara, por ejemplo, si Voldemort decidía usar la maldición asesina, su plan habría sido en vano. ¿Felix Felicis, quizá?
Snape que quedó en silencio, viéndola fijamente con una expresión tan molesta y desagradable que la muchacha no tuvo más opción que apartar la vista, cómo si su mirada la estuviese quemando en vida. Y tal vez esa era la silenciosa intención.
―Oh, profesor, veo que ya se despertó―interrumpió entonces la voz de Madam Pomfrey, cuando ingresó al ala de enfermería con un té humeante flotando tras ella―. Hermione, muchas gracias por quedarte.
La aludida asintió enseguida ante esas palabras, poniéndose en pie, evidentemente aliviada de que aquel incómodo momento hubiese sido cortado en seco. Tomó su libro, murmurando unas palabras de despedida antes de dirigirse a la puerta.
―Señorita Granger.
Sus pasos apresurados se detuvieron de repente, aunque hubiese deseado continuar su camino ignorando la voz ronca de su profesor. Y aún más cuando se volvió apenas hacia él para recibir la misma mirada fulminante de hacía unos minutos.
―Cincuenta puntos menos para Gryffindor, por ser la misma insufrible sabelotodo de siempre―masculló él entonces, curvando sus delgados labios hacia arriba al ver la expresión incrédula y casi enfadada de la joven―. Y antes de que diga algo, yo me encargaré de que se resten al comienzo del próximo año. Ahora lárguese.
Hermione estuvo a punto de soltar un par de quejas sobre lo injusto de aquello, y también un par de comentarios no muy agradables sobre la madre de su profesor, pero al verlo arquear una ceja con sorna, sólo bufó y abandonó el lugar echando humo por las orejas.
Snape no pudo evitar que una media sonrisa victoriosa se dibujara en su rostro, mientras volvía a acomodarse en su lugar, cerrando los ojos para sumirse en otra siesta. En el silencio, creyó escuchar a Poppy preguntarle cómo se sentía.
Soltó un largo suspiro de satisfacción, sopesando su respuesta.
―Más vivo que nunca.
Notas finales: ¡Hola otra vez! Pues, hice todo lo posible por actualizar tan pronto cómo podía, ¡y es que me siento muy inspirada para este fic!
¿Qué les pareció? ¿Bueno, malo, espantoso…? Ya saben lo que pueden hacer, sea cual sea su opinión, un review será apreciado y tomado en cuenta.
Y hablando de reviews, voy a responderlos ahora:
Ringo-Tensai: ¡Muchas gracias! Como sabes , he estado bastante nerviosa últimamente, pero estoy dando mi mejor esfuerzo. ¡Espero que siga siendo de tu agrado!
Cuahutlitzin: ¡Hola! Aquí está la continuación. ¡Espero que te guste!
Umeki-Nara: ¡Gracias! Pues sí, los shippeo con locura y es tu culpa (?) Ok, no. A mí me parece que la suerte de Severus se está por terminar, pero lo dejo a tu criterio. PD: Tonto Snape, ¿por qué no te dejas amar? :v
Yazmin Snape Marvolo: ¡Este cap tiene Sevmione! O algo así… hehehe. Aquí está la actualización, espero que sea de tu agrado. ¡Cuídate!
Yetsave: Hola, muchas gracias. Sí, Snape es muy inteligente. ¡Hasta el próximo capítulo!
Muchas gracias a…
… Ringo-Tensai, Yazmin Snape Marvolo y Umeki-Nara por agregar el fic a favoritos.
… Jenny Hatake por darle follow.
… aquellos que leen pero no comentan. ¡Sí, sé que están ahí!
Y… bueno, creo que eso es todo. Comenzaré el próximo capítulo pronto, así que si tienen alguna idea, sugerencia o comentario, no duden en contarme en un review.
Sin más que decir, ¡nos leemos!
_-*-_-*-_KovatePrivalski97._-*-_-*-_
