Disclaimer: El Potterverso no es de mi pertenencia. Debemos agradecerle a J.K Rowling por haber creado tan maravilloso mundo. La historia y demás, en cambio, son de mi pertenencia en su mayoría.

Resumen: La guerra había terminado, y aunque muchas vidas se habían perdido, una de ellas estaba tomando una siesta. Literalmente. Sin embargo, las incontables bajas sufridas por el mundo mágico amenazan seriamente con la extinción. Pero el Ministerio de Magia va a encargarse de que jamás suceda algo así. Cueste lo que cueste.

Advertencias: Snamione (Severus Snape/Hermione Granger); Universo Alterno. Posible Out of Character. Este es mi primer fic de Harry Potter, por favor sean gentiles (?)

Notas iniciales: ¡Hola! Aquí estoy otra vez, con una nueva actualización, la cual espero que sea de su agrado. Cómo siempre, gracias por los favoritos, seguidos y comentarios. Los cuales obviamente responderé luego. Por ahora, al fic.


La vida es un vals

Crisis mágica mundial


Le había costado trabajo, muchísimo trabajo, pero finalmente Hermione Granger se las había arreglado para convencer a su mejor amigo y también a su novio de regresar a Hogwarts para completar su último año.

―Ahora mismo podría estar en casa, descansando en mi cama, no en éste tren…

Aquel había sido uno de los tantos comentarios de Ronald Weasley con respecto a regresar al colegio, pero Hermione sabía que en realidad sí deseaba estar allí. O deseaba acompañarla, y ese pensamiento le parecía muy halagador.

La cuestión era que aquel era, al fin y al cabo, su último año. Y según tenía entendido, necesitaban completarlo para conseguir un trabajo que pudiera considerarse decente, según sus palabras.

"¡Puedo conseguir un puesto cómo guardián para los Chudley Cannons! ¡Asunto arreglado, y no tenemos que regresar a ese condenado lugar!", le había dicho Ron, y aunque Hermione no dudaba que pudiera cumplir aquella afirmación, sí dudaba que le sirviera de algo.

Harry, por su parte, había insistido en que el pequeño Teddy Lupin ahora lo necesitaba. Y Hermione estuvo a punto de desistir con él, sabiendo que el bebé era más importante. Hasta que Molly Weasley intervino, asegurando que ella se encargaría del niño sin problemas mientras Harry retomaba sus estudios como el jovencito intachable que era.

Y por eso Harry estaba ahora en aquel mismo compartimiento del Expreso de Hogwarts, junto a ellos.

Todo parecía ir bien. Pero no era exactamente así.

Los reportes principales de El Profeta traían títulos alarmantes, y artículos aún más preocupantes. Sin embargo, y para exasperada sorpresa de Hermione, nadie a su alrededor parecía preocuparse demasiado además de ella.

Aparentemente el mundo mágico en sí mismo se negaba a creer que su propia especie se viera amenazada con algo tan serio cómo la extinción.

Hermione, por su parte, no lo encontraba tan difícil de entender y aceptar. La batalla de Hogwarts había sido, por decirlo de alguna forma, el "evento principal" de la guerra. Pero Voldemort tenía seguidores en cada rincón del mundo, así como también valientes opositores.

Sería muy tonto pensar que el mundo mágico, y por ende la Segunda Guerra Mágica, se reducía solamente al lugar donde sus pies caminaban.

Ella había estado leyendo artículo tras artículo mientras esperaba a que el nuevo año lectivo comenzara, y con completo horror había llegado a la misma conclusión que el Ministerio de Magia: las bajas contadas alrededor del mundo entero superaban cualquier expectativa, y con esas cifras tan desfavorables, el futuro del mundo mágico pendía de un hilo.

Un delgado y poco resistente hilo.

Regresar a Hogwarts la llenó de nostalgia. Especialmente ver el castillo completamente restaurado. Fue cómo tener once años otra vez, e ingresar al Gran Salón con el estómago en los pies por el nerviosismo de enfrentarse a lo desconocido.

Pudo notar que tanto Harry cómo Ron sintieron lo mismo, pero este ultimo decidió descartar ese pensamiento casi enseguida, eliminando de forma aparentemente voluntaria el brillo que habían adquirido sus ojos.

―Está bien, lo admito―soltó entonces Harry, al acomodarse en la mesa de Gryffindor con una pequeña sonrisa en el rostro―. Se siente bien regresar.

Hermione no pudo evitar sonreír ligeramente ante eso, y soltar una risita divertida cuando escuchó un bufido, prueba de que Ron aún quería mantenerse en su silencioso berrinche por un rato más.

Una mirada a la mesa de profesores la enfrentó con varias caras conocidas, y algunas nuevas. Sin embargo, tuvo que apartar la vista enseguida: el profesor Flitwick, nuevo sub-director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, conducía a una nueva generación de alumnos a través del Gran Comedor.

El jefe de la casa Ravenclaw colocó dos taburetes juntos, subiéndose a uno de ellos antes de comenzar a llamar a los recién llegados estudiantes para ser seleccionados.

Hermione había celebrado junto a sus compañeros con cada nuevo alumno que se unía a la mesa adornada en rojo y dorado, pero no pudo evitar notar que cada vez que un alumno era seleccionado para Slytherin, varias cosas ocurrían a la vez.

Primero, la expresión del pobre niño en cuestión se volvía aterrorizada. Segundo, las celebraciones en la mesa verde y plateada eran pocas a nulas. Y tercero, los murmullos se extendían por todo el Gran Comedor, incluyendo a los profesores.

Excepto Snape. Snape parecía tan impasible que Hermione llegó a pensar que se había quedado allí congelado por toda la eternidad. Pero cuando el profesor arqueó una ceja, aparentemente notando su insistente mirada, la muchacha apartó la vista casi enseguida, descartando la idea.

Se sintió extrañamente aliviada cuando la directora McGonagall se puso en pie para tomar la palabra.

La voz de la mujer sonaba casi imperceptiblemente temblorosa al pronunciar su discurso, y aquello no pudo más que recordarle a Hermione el entusiasmo y la alegría que Albus Dumbledore siempre tenía al comienzo de cada año, sin importar lo oscuros que fuesen los tiempos.

Supo que Harry y Ron, y otros tantos, tuvieron el mismo pensamiento.

―… y quiero que todos tengan esto presente: dondequiera que estén, nuestros amigos, aliados, hermanos… sólo desean que sigamos nuestro camino con la tenue luz que han dejado tras de sí, para iluminar nuestras vidas―concluyó Minerva McGonagall, y luego de un lúgubre minuto de silencio dedicado a todos los caídos en la Batalla de Hogwarts, tomó aire, y se esforzó en componer una pequeña sonrisa con sus arrugados labios―. Ahora, y con renovado entusiasmo, recibimos a dos nuevos profesores con los brazos abiertos. Les presento a Carlotta Sanchez, quién tomará el puesto de Estudios Muggles.

Una regordeta mujer de piel trigueña se puso en pie entonces, con una sonrisa amable dibujada en los labios. Aparentaba unos cincuenta años, aunque su túnica colorida y con brillos parecía decir otra cosa. Recibió una decente cantidad de aplausos, antes de volver a sentarse.

―Y último, pero no menos importante, la clase de Transformaciones será de ahora en más impartida por el profesor Leónidas Lippert.

Entonces un hombre, fácilmente el más joven ocupante de la mesa, se puso en pie, con una sonrisa ligeramente arrogante curvando sus labios, y Hermione pudo reconocerlo enseguida. Había visto su rostro ya demasiadas veces en El Profeta. Sus ojos, azules como el cielo nocturno y fríos como una noche de invierno, parecían ver fijamente a cada alumno. Recibió un aplauso ensordecedor por la gran mayoría de alumnos y profesores.

Otra vez, excepto Snape, quién ahora tenía una mueca de disgusto dibujada en su rostro de la cual, aparentemente, no sentía necesidad de disimular.

―¿Por qué tantos aplausos?―cuestionó entonces Ron en un cuchicheo, y Hermione pudo ver que el rostro de Harry mostraba una expresión igualmente confundida.

La chica suspiró pesadamente, rodando los ojos.

―Leónidas Lippert inventó el "Aureum Incantatem", también conocido cómo el hechizo dorado. Sirve para transformar en oro sólido casi cualquier cosa, se rumorea que también seres vivos―relató ella entonces, dejando de aplaudir junto a la gran mayoría de personas―. Ha aparecido en El Profeta ya varias veces… ¿acaso ustedes no leen nada?

Tanto Ron como Harry intercambiaron miradas durante apenas un segundo, antes de volverse hacia ella con un encogimiento de hombros. Hermione soltó otro suspiro, pero al menos aquello le demostraba que probablemente sus amigos no sabían nada de la crisis mágica mundial, por tonto o improbable que eso pareciera.

Estuvo a punto de abrir su boca para al menos mencionarlo, pero entonces varias exclamaciones y reclamos comenzaron a hacerse oír en la mesa Gryfffindor, y aunque se sintió muy confundida por unos momentos, Hermione no tardó demasiado en encontrar el motivo de tanta disconformidad por parte de sus compañeros.

En el reloj de arena correspondiente a Gryffindor, un montón de rubíes comenzaron a caer en picada, siendo así los primeros puntos restados a una casa en el año.

Cuarenta y siete, cuarenta y ocho, cuarenta y nueve… ¡cincuenta puntos! Hermione tuvo que hacer un gran esfuerzo por no soltar algunas palabras malsonantes, volviéndose casi inmediatamente hacia la mesa de profesores.

La pequeña y casi imperceptible sonrisa victoriosa de Severus Snape la golpeó como una fuerte bofetada, y aunque quiso apartar la vista, se propuso no hacerlo, apenas oyendo a sus compañeros continuar quejándose entre ellos.

―¡Fue Snape, estoy seguro!―mascullaba Ron, con las orejas rojas por la rabia―. Ése maldito murciélago grasoso…

―Bueno, nosotros no sabemos si…

―¡No, Harry, no lo defiendas! Sólo míralo… ¡o mejor aún, mira cómo lo mira McGonagall!

Efectivamente, la nueva directora del colegio le estaba dedicando a Snape una de las miradas más fulminantes que se habían visto jamás, pero no tenía absolutamente ningún efecto en él, que se llevó su copa de vino parsimoniosamente a los delgados labios, cómo si nada pasara.

Hermione bufó, apartando la vista por fin con aire ofendido. Aunque estuvo segura que a su profesor le había importado muy poco en realidad.


No pensó que la expresión en los jóvenes rostros de los alumnos Gryffindor iba a ser tan extremadamente graciosa, muy especialmente la de Hermione Granger.

Habría estallado en escandalosas carcajadas allí mismo en la mesa de los profesores, pero se contuvo. Aunque cuando vio, de reojo, la expresión en el rostro de Minerva McGonagall, tuvo que morderse el interior de su mejilla fuertemente para permanecer imperturbable.

Había sido una buena noche, eso era cierto.

Sin embargo, al levantarse de su cómoda cama a la mañana siguiente, aquel efímero buen humor que había sentido desapareció por completo. Refunfuñando bebía un café para espabilarse, abrochando los botones de su túnica oscura mientras revisaba, en su despacho, quienes serían los alcornoques que lo fastidiarían primero.

Porque aunque se regocijaba de haber recuperado su ansiado y merecido puesto como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, no le entusiasmaba mucho tener que enseñarle a esos eternos imbéciles.

―Buenos días, Severus.

Aquella voz lo hubiera sobresaltado, y empapado de café caliente en consecuencia, si no la reconociera tan rápidamente como lo hizo. Soltó un suspiro, dando otro sorbo a su bebida antes de darse la vuelta para poder ver a su interlocutor.

―¿Qué hace usted aquí? ―preguntó entonces, arqueando una ceja con gesto desinteresado y aburrido―. Pensé que su lugar era en el despacho de la flameante nueva directora.

―Mientras que mi objetivo, al igual que el de muchos otros, es servir de orientación y ayuda a los nuevos directores, dudo seriamente que Minerva lo necesite―aclaró con voz calmada el retrato de Albus Dumbledore, con una expresión tranquila en su envejecido rostro―. Por eso decidí…

―¿… venir a molestar?

―¿Mi presencia te molesta, querido Severus?

―No pregunte si no quiere una respuesta.

Dumbledore soltó una carcajada honesta y directo de su corazón ante eso, negando levemente con su cabeza mientras soltaba un suspiro, especialmente al notar que aquella actitud de su antiguo aliado no se había extinguido.

―Te presento entonces mis más sinceras disculpas―dijo entonces, realizando una pequeña reverencia dentro de su retrato―. Solamente paseaba por ahí, recorriendo los distintos marcos vacíos que tan amablemente Argus Filch colocó en todo el castillo para mí, y decidí hacer uso de éste.

Snape no estaba prestándole mucha atención en realidad, porque justo en ese instante una lechuza se asomó en su ventana. Con una mueca de confusión, pues no esperaba recibir correspondencia además de El Profeta, se acercó para ver de qué se trataba.

Junto al periódico mágico, la lechuza también le ofrecía una carta dirigida a su persona, con el elegante sello del Ministerio de Magia adornando el sobre.

El profesor torció un poco la boca con desconfianza, abriendo el sobre con cautela y precaución. Las últimas cartas que había recibido del Ministerio de Magia no le habían traído precisamente buenas noticias: en su mayoría eran citatorios para su juicio en Wizengamot, en el cual es testimonio y pruebas de Harry Potter fue declarado inocente de todos los cargos y liberado casi de inmediato.

Sin embargo, no podía evitar esperar cualquier tipo de cosa por parte del Ministerio. Y sentía que nada bueno podría venir en ese sobre. Encontró allí dos papeles pulcramente doblados, y dejando uno sobre su escritorio, se dispuso a leer el primero con mirada crítica.


Ministerio de Magia, 2 de septiembre de 1998

Sr. Severus Tobias Snape

Profesor en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, Orden de Merlín: Primera Clase

Me dirijo a usted en mi calidad de representante de la Oficina de la Ley Mágica Internacional, con el propósito de informarle que la Ley de Matrimonio Requerido (Ley Nº 19.460, Artículo 69) entrará en vigencia el día 1 de octubre de 1998.

Debido a la creciente crisis mágica internacional, de magnitudes catastróficas y amenaza de extinción alrededor del mundo, la Confederación Internacional de Magos ha tomado la decisión de implementar una ley que exige a magos y brujas, en los rangos de edad 18 a 45 años, contraer matrimonio y engendrar al menos dos vástagos, para así aumentar la población mágica hasta devolverle sus proporciones posteriores.

Conscientes del efecto sorpresivo que puede causar la anteriormente mencionada medida, se le brindará a cada mago y bruja un mes como máximo para elegir a su consorte. Adjunta a esta carta, una lista de posibles cónyuges disponibles cerca de su localidad. Recuerde que aquellos nombres cuya tinta cambie de negro a rojo, NO están disponibles, sea a causa de un compromiso reciente, fallecimiento y/o diferentes motivos.

El no cumplimiento de la Ley de Matrimonio Requerido tendrá como consecuencia su encarcelamiento y posible condena de un mínimo de dos años en la prisión Azkabán.

Esperamos su lechuza con la confirmación de su compromiso con el futuro consorte de su preferencia. El Ministerio de Magia proveerá un Juez de Paz para una fecha previamente dictaminada.

Sin más que decir, saluda atentamente

Fiorella Sanders

Jefa de la Oficina de la Ley Mágica Internacional


La expresión en el pálido rostro del profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras debió ser excepcional, porque hasta el retrato de Albus Dumbledore tuvo dificultades para entender qué estaba ocurriendo.

―¿Qué te atormenta, hijo mío?

―Kingsley Shacklebolt ha perdido por completo la cabeza.

Aquello fue lo único que Snape dijo, antes de dejar a un lado la carta que acababa de leer, con una mueca de disgusto en los labios, antes de tomar bruscamente el otro papel y echarle una ojeada.

Enseguida muchos nombres femeninos, junto a la edad y ocupación correspondientes, desfilaron frente a sus ojos negros, y lo hicieron sentirse genuinamente enfermo. Allí había mujeres de toda edad, incluyendo jovencitas que podía reconocer como sus propias alumnas.


Henrietta Sandra Estelrich, 34 años, desempleada.

Hera Mary-Jane Wernstein, 46 años, sanadora.

Hermione Jean Granger, 18 años, estudiante.


El profesor dobló aquel papel descuidadamente antes de soltarlo, cómo si el mero contacto con el mismo pudiese quemar su cetrina piel. Apretó el puente de su ganchuda nariz con fuerza, intentando de alguna forma sacarse de la cabeza la enfermiza imagen de la insufrible señorita Granger en un vestido de novia.

Soltó un prolongado suspiro antes de alzar la vista, sólo para ser rápidamente atravesado por los ojos azules de Dumbledore, quien conservaba su expresión tranquila aunque ligeramente curiosa.

―¿Puedo saber cuál es la causa de tu repentino pero usual descontento, Severus? ―preguntó entonces, arqueando una ceja para mostrar su interés.

Snape abrió la boca para soltar un comentario bastante más mordaz e irrespetuoso de lo común, producto probablemente del sentimiento de impotencia y rabia que la maldita carta le había causado. Sin embargo, una pequeña alarma mágica le indicó que sus alumnos ya habían comenzado a llegar al aula.

―Ahora no―masculló con tono cortante, guardando ambas cartas en su escritorio, con un gruñido de impaciencia―. Si aún quieres saberlo luego, ven a la noche. Pero anúnciate al menos, a nadie le gusta que los muertos aparezcan de la nada.

Y sin siquiera esperar por una respuesta decente, Severus Snape abandonó su despacho dando largas y furiosas zancadas, maldiciendo la suerte de los alumnos que deberían lidiar con su humor de perros durante todo el día.


Notas finales: *Ley de matrimonio aparece salvajemente* (?) Sé que algunos ya se lo esperaban –porque yo misma se los dije- pero, ¿se lo veían venir? ¿Qué les parece? En lo personal, debo agradecer a Umeki-Nara con su ayuda para el concepto básico. Sin eso, no estaría escribiendo esto ahora.

Lo sé, me tardé un poquito más… ¡feliz año nuevo! Que este nuevo año sea tan o más mágico que el anterior.

En fin, nuevo capítulo. ¿Opiniones? ¿Bueno, malo, asquerosamente desastroso…? Cualquiera sea su opinión, pueden decírmela con un bonito review.

Los cuales, por cierto, responderé ahora mismo:

Yetsave: ¡Gracias! Pues sí, no importa cuan lista sea nuestra Princesa Gryffindor, Snape sigue siendo el mismo y se lo hará saber. ¡Feliz año para ti también!

Ringo-Tensai: ¡Muchísimas gracias! Ahora… ¿estás sorprendida? *wink wink*

Kalyra: ¡Pues muchas gracias! Espero que este capítulo te guste, hago todo lo posible por mantener a nuestro Pocionista favorito In Character.

Luz Gabriela: ¡Gracias, gracias! En verdad lo aprecio, aquí está la actualización.

YUKI. NICKY1: Yo creo que el motivo de Snape para sobrevivir era básicamente para no morir y ya, a secas. Eso no quita que luego comience a querer vivir, en realidad.

Umeki-Nara: La suerte de Snape oficialmente se terminó, y ahora le toca pagar por los platos rotos (?) Pues no se deja amar, entonces lo obligámos… no, es chiste. ¿O no…? En fin, muchas gracias, ¡y suerte con tu nuevo fic! Actualiza pronto, por cierto.

Yazmin Snape Marvolo: ¡Muchas gracias! Sé que los capítulos podrían ser mucho más largos, pero yo creo que más vale calidad que cantidad. No, no estoy diciendo que mis capítulos sean cortos y maravillosos, digo que pongo mucho esfuerzo en hacerlos bien, y no en hacerlos largos. Sobre Hermione, creo que es muy pronto para que se gusten mutuamente… pero que se soporten es un avance, ¿no? En fin, ¡saludos, cuídate!

DreamWorker: ¡Muchas, muchas gracias! Es muy halagador y reconfortante, en verdad me preocupaba que haberlo salvado de esa forma no tuviese sentido. Espero que esta actualización, y todas las futuras, sean de tu agrado. ¡Felices fiestas!

Muchas gracias a…

Luz Gabriela, Adara Black Malfoy, DreamWorker e IsisSnape1504 por agregar el fic a favoritos.

YUKI. NICKY1, Luz Gabriela, Adara Black Malfoy, DreamWorker, Leila.B.G y Karyxp por darle follow.

aquellos que leen pero no comentan nadita. Sep, aún puedo verlos.

Y… bueno, creo que otra vez eso es todo. Probablemente me tome un pequeño descanso antes de continuar escribiendo (un día como máximo, no se preocupen), así que si les surge alguna idea, sugerencia o comentario, review y lo charlamos.

Sin más que decir, ¡nos leemos!


_-*-_-*-_KovatePrivalski97._-*-_-*-_