Disclaimer: El Potterverso no es de mi pertenencia. Debemos agradecerle a J.K Rowling por haber creado tan maravilloso mundo. La historia y demás, en cambio, son de mi pertenencia en su mayoría.
Resumen: La guerra había terminado, y aunque muchas vidas se habían perdido, una de ellas estaba tomando una siesta. Literalmente. Sin embargo, las incontables bajas sufridas por el mundo mágico amenazan seriamente con la extinción. Pero el Ministerio de Magia va a encargarse de que jamás suceda algo así. Cueste lo que cueste.
Advertencias: Snamione (Severus Snape/Hermione Granger); Universo Alterno. Posible Out of Character. Este es mi primer fic de Harry Potter, por favor sean gentiles (?)
Notas iniciales: ¡Hola! ¡Nuevo capítulo! Me tomé un pequeño descanso, pero aquí estoy de nuevo. Tengo algunos problemas, especialmente con los reviews, pero de eso hablaremos luego. ¡Al fic!
La vida es un vals
Con la luna de testigo
Había releído esa carta ya tantas veces que prácticamente se sabía de memoria cada una de las palabras. Y extrañamente, apenas le había echado un vistazo a la lista que la acompañaba.
Se sentía abrumada, aquejada por un enorme peso sobre sus hombros del cual se sentía incapaz de cargar. Sabía que la crisis mágica internacional afectaría a todos de alguna forma u otra, pero aún así no pudo prepararse a sí misma para una medida tan drástica como aquella.
Pudo notar en cada uno de sus compañeros con los que compartía curso, expresiones tanto de confusión como de impotencia. Ella se dirigió al Gran Comedor con ambas cartas en su mano, y se apresuró a encontrar a Ron y Harry en la mesa de Gryffindor.
―¿Acaso a ustedes también les enviaron… esto? ―preguntó al encontrarlos, interrumpiendo su charla mientras se sentaba junto a Ron
Ambos le dedicaron miradas algo desanimadas, antes de colocar sobre la mesa sus propias cartas, soltando sendos suspiros cansados. Hermione hizo una mueca, restregándose una mano en el rostro por la exasperación.
―En verdad no esperaba que El Profeta estuviera en lo cierto―farfulló de repente Harry, adquiriendo una mueca bastante difícil de leer―. Pensé que era puro sensacionalismo, pero…
―¿Qué vamos a hacer? ―interrumpió entonces Hermione, viéndolos a ambos con una expresión decidida en su rostro―. No pueden simplemente obligarnos a casarnos y ya.
Ron bajó la vista de nuevo hacia su carta, la cuál yacía algo arrugada sobre la mesa, y al parecer estuvo unos momentos releyendo algo, antes de alzar la vista otra vez.
―Bueno, en realidad sí pueden―aclaró , usando un tono inusualmente elocuente y señalando una frase que estaba incluida en aquella carta―. Personalmente, no tengo planes de pasar dos años o más en Azkabán.
Hermione no pudo evitar admitir mentalmente que él tenía razón, pero aún así, le costaba hacerse a la idea de casarse. Al menos, siendo tan joven como ella era.
―No es tan malo si lo vemos de otra forma―murmuró entonces Harry, sobresaltándola ligeramente al romper el silencio―. Es decir, no es cómo si tuviéramos que casarnos con completos desconocidos, ¿no? Ustedes dos se casan, y yo me caso con Ginny. Y eso es todo.
Hermione se volvió casi inmediatamente hacia Ron, sólo para comprobar que él también quería ver su expresión en ese mismo instante. Ambos adquirieron fuertes sonrojos, aunque el de Ron subió hasta sus orejas, como era usual en él.
No, no le parecía horripilante la idea de convertirse en la esposa de Ronald Weasley. De hecho, aquel había sido su mayor anhelo durante varios años: contraer matrimonio con Ron, tener una carrera exitosa, cambiar todo aquello que le parecía injusto a su alrededor, incluso tener un hijo con él, tal vez hasta dos.
Pero todos aquellos proyectos a futuro, o bien simples fantasías, no tomaban lugar hasta después de su graduación. Mucho después.
El muchacho aclaró su garganta sonoramente, y Hermione notó que ahora el rojo de su rostro se mezclaba con el rojo de su cabello, y tuvo la impresión de que aquello se debía a su mirada fija en él durante varios segundos.
―No tendría problemas con… bueno, tú sabes… ¿c-casarme contigo?―murmuró él, con una pequeña mueca nerviosa que pretendía ser una sonrisa
La joven bruja tragó en seco, apartando la vista entonces. Sólo atinó a asentir ligeramente, con el mismo gesto indeciso que su novio llevaba en su rostro… ¡era su novio, por amor a Merlín! ¡No debería sentirse insegura de casarse con él! O al menos eso se decía a sí misma, antes de fijarse en el delicado reloj que llevaba en su muñeca.
―Creo que deberíamos irnos ya... o llegaremos tarde a Estudios Muggles.
―¿Estudios Muggles? ―repitió Harry, con tono confundido en su voz mientras se ponía en pie―. Yo creí que…
―La directora McGonagall transformó la asignatura en obligatoria para todos―aclaró entonces Hermione, adquiriendo con casi imperceptible tono sombrío en la voz―. Ya saben, después de la guerra y los motivos detrás de la misma…
Sus dos compañeros guardaron silencio un momento después, como si no hubiera nada más que decir. No solían hablar demasiado de la Segunda Guerra Mágica, y era del todo comprensible.
Ron tomó su mano y le dio un suave pero firme apretón, antes de comenzar a caminar hacia el aula de Estudios Muggles con Harry unos pasos detrás de ellos, buscando con la mirada, muy probablemente, la cabellera pelirroja de Ginny Weasley.
Se la había pasado refunfuñando por varios días y varias noches, enfurruñado con el mundo entero, que parecía estar conspirando cruelmente en su contra.
Y aunque aquello en realidad no era nada nuevo, aun así se sentía estafado. ¡¿Había sobrevivido sólo para seguir siendo un juguete en manos del destino?!
―Necesitas concentrarte, Severus. Sabes lo extremadamente importante que es esto.
El hombre gruñó por lo bajo ante la voz tranquila e impasible de Albus Dumbledore, pero aún así intentó concentrarse en la poción que estaba preparando, asegurándose de revolver la mezcla hirviente en el caldero sólo las veces necesarias.
―Nunca, jamás, he fallado preparando la poción de Matalobos, señor―masculló entonces con voz ligeramente ronca, sintiendo su garganta algo seca―. Sé muy bien lo que estoy haciendo.
―No dudo de tus excepcionales capacidades, Severus―aclaró el hombre dentro del retrato, con un ligero suspiro―. Pero ambos sabemos que es una poción realmente complicada, que requiere concentración.
―Concentración extremadamente difícil de conseguir cuando alguien no guarda silencio.
Enseguida dejó de escuchar la voz del antiguo director, y aquello le permitió, efectivamente, concentrarse mejor en la elaboración de la poción en el caldero. El silencio se extendió por más minutos de los que esperaba, supuso que Dumbledore se había marchado.
Sin embargo, cuando empezó a colocar la poción en siete copas, las cuales enseguida hechizó con un sello protector para que no se derramara su contenido, notó que el hombre continuaba allí, viéndolo con infinita paciencia.
Snape bufó.
―Si quieres decir algo, será mejor que lo hagas pronto. Tengo clase en diez minutos.
―Hoy es noche de luna llena. Le advertiste a Madam Pomfrey, ¿cierto?
El profesor soltó un largo suspiro de exasperación, tomando asiento en una silla cercana mientras apartaba un poco sus cortinas de cabello negro de su rostro, con un seco asentimiento.
―Vendrá a buscar a la señorita apenas termine su última clase del día―informó entonces, cruzándose de brazos y reclinándose un poco en su asiento con gesto relajado―. La llevará a la Casa de los Gritos… para su próxima transformación, ya tendré la poción lista.
Albus Dumbledore asintió levemente a modo de reconocimiento, antes de soltar un ligero suspiro. Una pequeña y casi imperceptible sonrisa se dibujó en su rostro al mirarlo.
―¿Has elegido ya a tu futura consorte, querido Severus? ―preguntó entonces con tono que aparentaba tranquilidad, pero en realidad era extremadamente cauteloso.
Recibió casi al instante siguiente una mirada fulminante por parte de Snape, pero aquello sólo provocó que su pequeña sonrisa se ensanchara un poco. El hombre negó secamente con su cabeza, apartando la vista, y Dumbledore hizo una mueca de comprensión.
―Lo comprendo. Deseas esperar un poco más para tomar una decisión correcta. Aunque cordialmente te recuerdo que ha pasado una semana desde…
―No voy… a casarme―interrumpió Snape con voz pausada, restregando una de sus manos en su rostro como señal de frustración.
El hombre recibió una mirada curiosa y ligeramente sorprendida por parte del retrato, pero simplemente no le dio importancia alguna. Dumbledore aclaró su garganta ligeramente.
―Entonces, ¿prefieres pasar dos o más años en Azkabán, antes que contraer matrimonio?
―Bueno, gracias a la nueva política de Kingsley Shacklebolt, los dementores han sido permanentemente retirados de sus puestos como guardias… y eso podría ser lo único bueno que ese hombre ha hecho―masculló entonces por lo bajo, con cierto tono de resentimiento, antes de alzar un poco la voz, con una mueca sarcástica―. Me han comentado que Azkabán tiene una excelente vista estos días.
Sin embargo, aquello no parecía hacerle mucha gracia al anterior director de Hogwarts, quién frunció sus pobladas cejas ligeramente, aunque de alguna manera no perdió su expresión tranquila.
―Después de todo lo que hice para evitar que fueras encarcelado, todo lo que Harry hizo, también―comenzó, y por la expresión ahora incómoda de Snape supo que estaba tocando nervios delicados―. Todo por no querer acatar una simple ley de matrimonio…
―¡¿Simple, dices?! ¡Simple para ti, porque ya estás muerto!
Por una milésima de segundo, Snape pensó que las palabras que acababa de pronunciar podrían afectar a su interlocutor, y sintió un latigazo de arrepentimiento. Sin embargo, al alzar nuevamente la vista y observar la expresión insoportablemente imperturbable de Dumbledore, deseó que sí le hubiesen dolido aunque fuese un poco.
―Es cierto, Severus. Estoy muerto, y tú más que nadie tiene constancia de ello―aseguró el hombre entonces, observando la espasmódica mueca de incomodidad en el rostro de Snape ante su afirmación―. Pero tú también podrías estar muerto ahora, y sin embargo, elegiste vivir. ¿Acaso te burlaste de la mismísima muerte, sólo para ser injustamente encarcelado?
El profesor entreabrió sus finos labios para responder, pero se encontró con un silencio inusual escapando de su boca. Para su suerte, o tal vez desgracia, la pequeña alarma mágica sonó otra vez, indicándole que debía impartir clases.
Estuvo a punto de soltar algún que otro comentario mordaz, pero entonces notó que Albus Dumbledore ya se había marchado de su despacho. Suspiró pesadamente, guardando las siete copas en un cesto y llevándoselo consigo hacia su aula.
No habían vuelto a hablar de la Ley de Matrimonio requerido, pero Hermione notó que la mayoría de sus compañeros se apresuraban a comprometerse entre sí. Y a pesar de que ya había pasado una semana de la llegada de la dichosa carta, pero no quería apresurarse.
No fue hasta que vio el nombre de Harry en su lista cambiar de tinta negra a roja, que se dio cuenta de que tal vez no era buena idea esperar tanto.
Se mordió el labio inferior ligeramente, observando fijamente su lista de "posibles consortes disponibles", deteniéndose solamente en nombres que le resultaban familiares. Como por ejemplo el de George Weasley, quien se había comprometido con Angelina Johnson según Ginny le había contado mientras hablaban de su futuro matrimonio con Harry.
Salió de sus silenciosas cavilaciones cuando el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras ingresó al aula. Cargaba consigo una pequeña cesta que llamó poderosamente la atención de la muchacha, sin poder evitar observarla cuando la dejó sobre su escritorio.
Snape se quedó en pie frente al mismo, observando a sus alumnos de tal manera que parecía ver el alma de cada uno de ellos con una simple mirada. Jugueteó un poco con su varita entre sus manos, como si estuviera sopesando posibilidades ante las miradas atentas de los estudiantes.
Finalmente soltó un suspiro cansado, guardando su varita en su túnica tranquilamente.
―Guarden sus varitas. Esta será una clase teórica―ordenó entonces con calma pero firmeza, y al verlos obedecer pero comenzar a sacar sus libros, bufó―. De hecho, no creo que esto sea una clase en el sentido técnico de la palabra. Más bien sería… una charla.
Los estudiantes intercambiaron miradas enseguida ante esas palabras, guardando sus libros también y quedándose en completo silencio, tal vez incluso con cierto toque de incomodidad instalándose en el ambiente.
Snape se separó de su escritorio, y comenzó a recorrer el aula con parsimoniosa lentitud, observando a sus alumnos uno a uno, antes de regresar nuevamente a su lugar, aún observándolos con algo parecido a la curiosidad en su mirada de ojos negros.
―Finnigan, ¿ya ha escogido a su futura esposa?
La clase entera se sobresaltó ante la sorpresiva e inoportuna pregunta del profesor, aunque la pregunta sólo iba dirigida a Seamus. El muchacho aclaró su garganta sonoramente, visiblemente nervioso, antes de asentir.
―Sí, señor―dijo en voz baja, pero el profesor arqueó una ceja de manera expectante, por lo que añadió―. Será Susan Bones.
Snape dio un solo asentimiento, aunque se notaba que en realidad no le importaba mucho su respuesta. Volvió a posar su fría mirada sobre sus alumnos, y estos parecieron encogerse en sus lugares, como si así pudiesen evitar ser cuestionados por él.
―¿Qué hay de usted, señorita Brown? ―continuó el profesor, causando que un sonrojo apareciera en las mejillas de la muchacha al recibir la atención de sus compañeros.
Lavender se removió un poco en su asiento, claramente incómoda, y solamente entonces Hermione le prestó especial atención desde la Batalla de Hogwarts. El rostro de la muchacha lucía ahora algunas cicatrices, especialmente una prominente en su mejilla derecha. Además, las ojeras la hacían lucir bastante mayor de lo que era.
Hermione se extrañó bastante ante aquello, tanto, que apenas notó a su compañera de curso negar tímidamente con su cabeza, apartando la mirada.
―Honestamente, no me sorprende―admitió por lo bajo el profesor, y recibió al instante una mirada de reproche por parte de la única alumna que al parecer lo escuchó. Sus labios formaron una mueca burlona al verla―. Señorita Granger… ¿o debería llamarla futura Señora Weasley? ¿Ya tienen usted y su futuro esposo una fecha exacta para el comienzo del apareamiento?
Se oyeron un par de risitas disimuladas en el aula, pero Hermione no se molestó en averiguar quién pensaba que aquello era gracioso. Pudo ver por el rabillo del ojo como Harry hacía lo posible por contener a Ron de forma disimulada.
Sintió enormes de ganas de soltar algunas palabras hirientes que probablemente no tendrían ningún tipo de efecto en su profesor. Por lo mismo se contuvo, sabiendo que responderle sería simplemente caer en su red para luego tener que sufrir las consecuencias.
El profesor Snape la miró con desdén por un momento, con su sonrisita arrogante aún en los labios, antes de darse la vuelta y anunciar que había cambiado de opinión, y que sacaran sus libros para pasar a la página 394, causando algunas quejas en sus alumnos.
La clase transcurrió con total normalidad a partir de ese momento. Bueno, casi. Hermione no podía evitar encontrarse a sí misma observando con curiosidad a Lavender Brown, la forma en que casi se acurrucaba en su asiento, y la forma compasiva en que su mejor amiga, Parvati Patil, la veía.
Apenas el profesor dio la clase por terminada, la gran mayoría de los alumnos prácticamente huyó del lugar apresuradamente, intentando alejarse del recinto lo más pronto posible.
Hermione estaba abandonando el aula junto a Harry y Ron, quien estaba estrujando su mano de forma furiosa e inconsciente, probablemente aún enfadado por lo que había ocurrido en clase. Hasta que vio de soslayo a Lavender y Parvati acercarse juntas al escritorio del profesor, y al salir, se cruzó con Madam Pomfrey, que ingresaba al aula con expresión preocupada.
Ante todos aquellos acontecimientos ocurriendo a la vez, se excusó con Harry y Ron un momento y los observó alejarse, antes de acercarse nuevamente al aula para poder… curiosear, por no llamarlo de otra manera.
―Señorita Brown, Madam Pomfrey la escoltará fuera del colegio―decía Snape, viendo a la muchacha ligeramente temblorosa con una pequeña mueca de aprehensión―. Lamento que la poción no estuviese lista para este mes.
―No se preocupe, señor… ¿a dónde iré? ―preguntó ella, aunque su voz sonó ligeramente más ronca de lo normal.
―La Casa de los Gritos, querida. Allí tú, y todos nosotros, estaremos a salvo―aseguró entonces Pomfrey, antes de ver a su alrededor con preocupación―. Será mejor que nos demos prisa. Ya casi es hora.
Lavender asintió rápidamente, y permitió que la mujer la cubriera con una manta gruesa completamente negra, antes de sacarla del aula rápidamente, tanto que ni siquiera notó la presencia de Hermione.
Adentro, en el aula, el profesor Snape le entregaba con muchísimo cuidado la misteriosa cesta a Parvati, viéndola con total seriedad.
―Señorita Patil, deberá usted proteger estas pociones con su mejor esfuerzo―le advirtió entonces, con tono severo, antes de soltar un suspiro―. Recuerde que su amiga debe beberla una semana antes del cambio, o sufrirá tanto o más como lo hará esta noche. ¿Entendido?
La muchacha asintió levemente, antes de salir del aula también, cargando con sumo cuidado la cesta que el profesor le había entregado. Hermione la observó alejarse, hasta que oyó los pasos de Snape dentro de la habitación. Tragando en seco, se apresuró a alejarse del lugar antes de ser descubierta, y probablemente castigada.
Mientras caminaba lo más rápido que le permitían sus piernas, dirigiéndose a la Sala Común de Gryffindor, analizaba mentalmente lo que había presenciado en el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras hacía apenas unos minutos.
Cuantas más vueltas le daba al asunto, más cerca de la única conclusión lógica se encontraba. Y entonces recordó la última vez que había visto a Lavender durante la batalla. Estaba siendo brutalmente atacada por Fenrir Greyback, y ella misma se había encargado de aturdirlo para sacárselo de encima.
Entonces, el momento de la realización llegó. Lavender Brown era ahora una mujer lobo, y por eso a Snape "no le sorprendía" que aún no estuviera comprometida. Sintió un latigazo de culpa, aunque no supo muy bien por qué.
Y con la luna llena iluminándola, se perdió en los pasillos del castillo, oyendo el aullido lastimero de un lobo en la distancia.
Notas finales: Antes de que alguien diga nada, aclaro: Lavender Brown fallece en la película "Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, Parte 2". SÓLO en la película. En el libro, Hermione aturde a Greyback, y Lavender queda tendida en el suelo, pero aún está viva.
Yo elijo pensar que sobrevivió, pero ahora sufre la misma condición que su atacante. Y en el caso de que Rowling llegara a confirmar su muerte, entonces recordemos que este fic es un AU.
Dejando eso de lado, paso a informarles que estoy teniendo algunos problemas con los reviews, más específicamente, estos no aparecen cuando entro a revisar. Literalmente, no aparecen. Le pedí a algunas personas que lo chequearan también, pero obtienen el mismo resultado, lamentablemente. Pude verlos solamente porque me llegaron en el correo, pero sólo algunos, y los de esta versión.
Muy probablemente sea un problema técnico de la página, y espero que se solucione pronto. Por el momento, no podré responder reviews, al menos hasta que la página se regularice. Muchas gracias por su comprensión.
Aún así pueden comentar, claro, porque probablemente los veré cuando la situación vuelva a la normalidad.
Muchas gracias a…
… Lily Snape Cullen Malfoy, florperlachiquis52, lisicarmela y SeverusDarcy por agregar el fic a favoritos.
… florperlachiquis52, lisicarmela y SeverusDarcy por darle follow.
… aquellos que han comentado y no puedo verlos. En verdad lo lamento, pero está fuera de mi alcance :(
… aquellos que leen pero no comentan nada. Ahora pueden camuflarse con los demás (?)
Pues… creo que eso es todo por ahora. Recuerden comentar con su opinión sobre el capítulo, ideas, sugerencias y demás, para el día en que Fanfiction decida funcionar de forma decente.
¡Nos leemos!
_-*-_-*-_KovatePrivalski97._-*-_-*-_
