Disclaimer: El Potterverso no es de mi pertenencia. Debemos agradecerle a J.K Rowling por haber creado tan maravilloso mundo. La historia y demás, en cambio, son de mi pertenencia en su mayoría.
Resumen: La guerra había terminado, y aunque muchas vidas se habían perdido, una de ellas estaba tomando una siesta. Literalmente. Sin embargo, las incontables bajas sufridas por el mundo mágico amenazan seriamente con la extinción. Pero el Ministerio de Magia va a encargarse de que jamás suceda algo así. Cueste lo que cueste.
Advertencias: Snamione (Severus Snape/Hermione Granger); Universo Alterno. Posible Out of Character. Este es mi primer fic de Harry Potter, por favor sean gentiles (?)
Notas iniciales: ¡Hola! ¡Lo de los reviews se solucionó al fin! Les responderé por allá abajo, por ahora, ¡al fic!
La vida es un vals
Insufriblemente altruista
No pensó que su reciente descubrimiento le quitaría el sueño de esa manera.
A Hermione no le agradaba Lavender Brown, ni siquiera un poquito. Le resultaba molesta, exasperante, insoportable… en resumen, una tonta niña cursi. Y aunque haber descubierto su condición actual no cambiaba mágicamente su opinión sobre ella, sí le generaba una extraña sensación en el pecho.
Se parecía a la culpa, y eso le resultaba extremadamente desconcertante. ¿Por qué sentiría culpa? Ella no había causado aquella situación, de hecho le había salvado la vida.
Entonces comprendió que no era culpa lo que estaba sintiendo. Era compasión.
Lavender no era la persona más agradable del universo, pero si no fuera por su condición, probablemente ya estaría comprometida. Y es que era bastante obvio para todos que los rasguños en su rostro, su actitud ahora reservada y doliente, junto a los aullidos oídos aquella noche de luna llena, que ella portaba una innegable maldición.
¿Y quién iba a querer casarse con una mujer lobo? Nadie, al menos nadie en su sano juicio.
Hermione pudo ver en los días siguientes a su descubrimiento, que los nombres en su lista que estaban escritos en tinta negra comenzaban a escasear de forma alarmante.
Tres semanas después de recibir aquella carta, literalmente sólo le quedaban cinco pretendientes disponibles.
Blaise Theodore Zabini, 18 años, estudiante.
Draco Lucius Malfoy, 18 años, estudiante.
Leónidas Stanislav Lippert, 34 años, profesor.
Ronald Bilius Weasley, 18 años, estudiante.
Severus Tobias Snape, 38 años, profesor.
No eran opciones muy prometedoras en ningún nivel, pero eso no importaba, porque ella ya sabía con quién iba a casarse. Bueno, lo sabía hacía apenas una semana.
―¡¿Cómo pude olvidarlo?! ¡Lo siento, Hermione, lo haré enseguida…!
Ron parecía extremadamente nervioso esa mañana, y Hermione creía saber por qué.
Harry decía que era debido a que se le había olvidado enviar la lechuza con la confirmación de su compromiso a Ministerio de Magia cuanto antes. Y muchos podrían pensar lo mismo, pero Hermione sabía que en realidad era a causa del propio compromiso hipotético.
Lo observó escribir una carta bastante informal en un trozo de pergamino, notando que su caligrafía se veía aún más desordenada de lo normal. Luego de borrar descuidadamente con su túnica una pequeña mancha de tinta, dobló aquella nota y comenzó a atarla a la pata de su lechuza.
Fue entonces cuando ella lo detuvo.
―¿Hermione…?
―No. No lo hagas―murmuró la muchacha, liberando con delicadeza la pata de la lechuza, antes de tomar la dichosa nota, y hacerla desaparecer con un movimiento de varita―. Necesito pedirte un favor.
Harry, que estaba sentado justo frente a ella, le dedicó una mirada curiosa y sorprendida mientras que Ron, por su parte, había adquirido una expresión ligeramente asustada. Hermione tomó aire, intentando darse a sí misma algo de coraje.
¿Estaba completamente segura? No, definitivamente no. ¿Era eso lo correcto? En su corazón creía que sí.
―Ron, no quiero que te cases conmigo―sentenció entonces, y pudo ver cómo la expresión de Ron pasaba del miedo al horror, por lo que se apresuró a agregar―. ¡No, no es lo que piensas…! No es que no quiera casarme contigo, pero… me gustaría que te casaras con alguien más.
Había bajado la mirada hacia la mesa en la que desayunaban sin siquiera darse cuenta, y cuando alzó la vista una vez más, pudo ver que era recibida con reacciones difíciles de adivinar en los rostros de sus compañeros.
Harry decidió guardar silencio, aunque toda su atención estaba concentrada en sus mejores amigos, mientras que Ron parecía estar buscando en su interior su propia voz, pues obviamente se había quedado sin palabras.
―¿De qué estás hablando…?―fue lo primero que el pelirrojo pudo soltar, parpadeando repetidas veces en demostración de su creciente confusión.
―Escucha, Ron, sé que lo que voy a pedirte puede ser… egoísta. Y también inesperado―farfulló Hermione, tomando las manos de su novio entre las suyas para obtener toda su atención, viéndolo a los ojos―. Pero necesito, en verdad necesito que te cases con Lavender Brown.
Pudo ver por el rabillo del ojo como Harry hacía un esfuerzo por no escupir su jugo de calabaza, más que impresionado por sus palabras. La expresión casi horrorizada de Ronald no dejaba mucho que desear.
―¿Te volviste completamente loca? ―cuestionó con un hilo de voz, arqueando una ceja mientras apretaba sus manos entre las suyas de forma inconsciente―. O sólo estás bromeando… si es así, te digo que no es gracioso…
―Nada de eso, Ron. ¿Cuándo te he jugado una broma?―murmuró ella, con una expresión significativa en su rostro, antes de cambiarla por una más comprensiva―. Entiendo que esto parezca una locura…
―¡Es que es una locura!
―… pero si tú no te casas con ella, nadie más lo hará.
Ante eso, Ron solamente arqueó una ceja con expresión confundida, ganándose miradas expectantes por parte de sus dos acompañantes. Hermione y Harry intercambiaron miradas por apenas unos segundos, antes de que este aclarara su garganta sonoramente.
―Es una mujer lobo, amigo. Y es bastante obvio, en realidad―aseguró entonces, con una pequeña mueca ligeramente incómoda en los labios―. ¿No te pareció extraño que desapareciera justo en luna llena, con todos esos rasguños, y los aullidos en la Casa de los Gritos? Antes era Remus, pero él…
Harry guardó silencio en ese momento, bajando la vista, y Hermione soltó un suspiro cansado, antes de volverse nuevamente a su novio, esta vez con una expresión más decidida dibujada en su rostro.
―Nadie querrá casarse con ella por ese motivo, Ron―sentenció entonces, intentando demostrarle lo grave de aquella situación con su tono de voz―. Y si no se casa, la encarcelarán.
―¿Y cómo es eso mi problema? ―preguntó él, palideciendo aún más al notar que aquella situación era seria y no una especie de broma muy bien elaborada―. Es decir, no es mi culpa que…
―¡Tampoco es su culpa! ―espetó Hermione, soltando sus manos en ese instante y viéndolo con el ceño ligeramente fruncido―. ¡Fue infectada durante la batalla, luchando de nuestro lado, nunca pidió esto…!
―¡¿Acaso yo sí lo pedí?!
―¡No puedo creer que seas tan egoísta!
―¡Si es egoísta querer casarme y tener una familia contigo, sí, lo soy!
Ambos se quedaron en silencio, fulminándose con la mirada, los ceños fruncidos y las mejillas enrojecidas por la rabia. No era la primera vez que discutían de esa manera, pero sí era la primera vez que no se besaban apasionadamente un momento después, como solían hacerlo en la Madriguera durante los meses siguientes a la guerra.
Harry los observaba fijamente, con una mueca incómoda. Aclaró su garganta una vez más, antes de tomar su copia de El Profeta y ponerse en pie.
―Yo… tengo que hacer algo por allá… nos vemos luego.
Ni siquiera esperó una respuesta de esos dos, porque sabía que no iba a recibirla, así que simplemente se alejó lo más rápido que pudo, acercándose a Ginny cuando esta lo llamó para preguntarle que le ocurría a su hermano y a su amiga.
Ron fue el primero en apartar la vista, con un bufido molesto. Hermione soltó un prolongado suspiro de resignación, suavizando sus facciones al posar delicadamente su mano en su hombro.
―Ron…
―¿Esto es lo que quieres? ¿Estás absolutamente segura?
La muchacha mordió su labio inferior como signo de indecisión, pero al segundo siguiente sólo pudo asentir solemnemente. Se sobresaltó ligeramente cuando Ron la tomó del mentón para estampar sus labios sobre los suyos con fiereza.
―Voy a pensarlo―susurró con voz algo ronca, antes de apartarse y salir del Gran Comedor sin mirar atrás.
Hermione tragó en seco, sintiendo su rostro arder. Pero además de bochorno, también sentía una pizca de alivio ante aquella ambigua respuesta.
Aquella tarde tuvo clases junto a Harry y Ron, como siempre, pero aún así podía sentir un cambio obvio en el ambiente.
Ron no había comentado ni una palabra más sobre el asunto, y de hecho, no había comentado ni una palabra sobre nada en realidad, mientras que Harry intentaba mantener charla con ambos en los recesos, sin éxito alguno, hasta que finalmente se dio por vencido.
Su última clase del día era Transformaciones, y Hermione no pudo evitar soltar un suspiro de alivio. Era una de las clases que más fáciles le resultaban, y eso le ayudaría a distraerse un poco de su situación actual.
El profesor Lippert había resultado ser tan agradable como exigente, en una mezcla perfecta de ambas cualidades. Obtenía la atención de la clase sin tener que pedirla, muy especialmente por parte del estudiantado femenino. Era un hombre atractivo, Hermione debía admitirlo, pero honestamente jamás se había fijado en eso –bueno, tal vez una sola vez…- porque no le parecía remotamente importante.
Sin embargo, el profesor parecía ser lo suficientemente inteligente para utilizar aquello en su ventaja. Cada tanto se apartaba el largo y curvo cabello rubio del rostro con un grácil movimiento de su mano, generando suspiros de muchas chicas, y algunos chicos también.
Cuando la clase terminó, Hermione pudo ver a Ron recoger sus cosas descuidadamente antes de retirarse lo más rápido que pudo, sin esperar a Harry siquiera, aunque este no pareció darle importancia. Este la esperó pacientemente, viendo algo desconcertado el séquito de jovencitas Gryffindor y Hufflepuff que se reunía junto al profesor.
Sin embargo, el hombre tenía una pequeña sonrisa meramente cortés en su rostro, antes de hablar.
―Señorita Granger―llamó entonces, generando que las jóvenes estudiantes se volvieran casi a la misma vez hacia ella―. ¿Podría hablar un momento con usted, en privado?
Hermione arqueó una ceja ante eso, algo confundida, e intercambió miradas rápidamente con Harry, quien simplemente se encogió de hombros con gesto bastante tranquilo. La muchacha terminó por asentir levemente, colgando su morral en su hombro mientras veía a su amigo -y a aquellas chicas- alejarse hasta salir del salón.
Observó expectante a su profesor, quién con un gesto elegante de su mano derecha le indicó que se acercara. Ella así lo hizo, con una pequeña mueca de confusión, viendo una sonrisa de dientes perlados aparecer en su rostro.
―¿Ocurre algo, señor? ―preguntó entonces, formando ella misma una pequeña sonrisa amable a pesar de su desconcierto
―Nada malo, si eso es lo que pregunta. Pero definitivamente ocurre algo―aseguró Lippert, volviéndose apenas hacia su escritorio para revisarlo, antes de sacar de allí un pergamino y sostenerlo en alto―. Estoy completamente seguro de que esto le es familiar.
Hermione entrecerró un poco los ojos, y entonces distinguió muchos nombres femeninos, en su gran mayoría escritos con tinta roja. Entonces, lo comprendió, aclarando su garganta incómodamente.
―Reconozco esa lista, señor. Técnicamente, claro, pues la mía contiene nombres distintos, pero…―se detuvo para soltar un suspiro que denotaba algo de cansancio y frustración―. ¿Por qué me muestra esto, profesor?
El hombre soltó una profunda risita entredientes ante eso, obligándola a alzar la vista hacia su rostro para fijarse en sus ojos azules, que la observaban con algo parecido a la ansiedad brillando en ellos.
―Bueno, Hermione, eres una joven muy bella, pero por sobre todo, me has demostrado ser extremadamente inteligente―aseguró él, con una pequeña sonrisa ladina en su rostro―. Estoy bastante seguro de que ya has llegado a una conclusión correcta.
La joven Gryffindor no pudo evitar retroceder apenas un paso hacia atrás, tan disimuladamente cómo le fue posible. Aún estaba intentando asimilar el hecho de que su profesor la había llamado por su nombre, aunque eso parecía una tontería teniendo en cuenta que prácticamente le estaba pidiendo matrimonio.
Un profesor. Un completo desconocido. Quería casarse con ella.
Con total honestidad, no sabía qué responder a aquello, o cómo hacerlo. Lo primero que se le venía a la mente era un "no" rotundo, e incluso tal vez una bofetada si se sentía algo dramática. Pero si lo pensaba de otra manera, no parecía una locura tan grande.
Tenía la esperanza de que Ron se casaría con Lavender para salvarla de Azkabán, y en caso de que aquello ocurriese, las opciones que le quedaban eran escasas, y no había lugar para elecciones demasiado quisquillosas.
Ambos, Blaise Zabini y Draco Malfoy quedaban por completo fuera de consideración, por muy obvios motivos. Entonces solamente quedaba el profesor Leónidas Lippert, parado junto a ella en ese mismo instante, y…
―Señorita Granger.
Tanto profesor como alumna se sobresaltaron al escuchar la firme pero venenosamente tranquila voz de Severus Snape. Cuando ambos se dieron la vuelta, pudieron ver su oscura figura en la puerta misma del aula, viéndolos fijamente con sus penetrantes ojos negros.
Hermione pudo ver de reojo que la boca del profesor Lippert se torcía un poco con disgusto, frunciendo el ceño ligeramente. Sin embargo, Snape tenía una expresión indiferente en su rostro, fijándose en su alumna como si él no existiese o estuviese allí también.
―Necesito que me acompañe ahora mismo, hay un asunto muy importante que debe atender―anunció entonces, aunque al ver que su colega intentaba interrumpir, se apresuró a añadir―. Es un asunto privado. Sólo entre usted y yo.
La muchacha asintió efusivamente como acto reflejo, antes de volverse apenas hacia su profesor de Transformaciones con una pequeña sonrisa de disculpas, aunque eso no la detuvo de acercarse lo más rápido que pudo al hombre en la puerta. Se sentía aliviada de verse librada de aquella incómoda situación.
Le pareció ver una minúscula sonrisita arrogante de victoria en los labios del profesor Snape, pero no le dio mucha importancia. Sólo se dedicó a seguirlo cuando este comenzó a caminar dando largas zancadas para alejarse de aquel lugar.
Se mantuvo en silencio por unos momentos que le parecieron eternos, intentando adelantarse un poco para seguirle el paso, pues en varias ocasiones estuvo a punto de pisar la capa negra del profesor. Sin embargo, él no parecía tener muchas intenciones de hablar en realidad.
―¿Señor? ―soltó ella de repente, adelantándose apenas para poder ver la expresión en su rostro―. ¿Cuál es ese asunto tan importante del que estaba hablando?
―Señorita Granger, en verdad creí que usted era mucho más inteligente, pero el día de hoy me ha demostrado con creces que no lo es―farfulló el profesor, sin detener sus pasos mientras hacía una mueca de disgusto con sus labios―. No hay ningún 'asunto importante'.
―¿Entonces a dónde vamos?
―Yo me dirijo a mi despacho. No tengo idea de por qué usted sigue caminando junto a mí.
Hermione frunció el ceño ligeramente, e hizo un último esfuerzo por adelantarse del todo a su profesor hasta poder pararse justo frente a él, obligándolo a detenerse en seco. Él soltó un gruñido de molestia, pero aquello no fue suficiente para mover a la muchacha.
―¿Puedo saber entonces por qué decidió interrumpir mi conversación con el profesor Lippert? ―cuestionó entonces, cruzándose de brazos casi de forma inconsciente.
Snape arqueó una ceja ante sus palabras, aunque una pequeña mueca burlona no tardó en dibujarse sobre su cetrino rostro.
―¿Acaso pensaba aceptar la propuesta indecente que ese bueno para nada que ahora llaman profesor estaba ofeciéndole? ―correspondió él, antes de soltar lo más parecido a una risa sarcástica que Hermione hubiera oído viniendo de él―. Vaya, honestamente pensé que sus estándares eran lo suficientemente bajos con Weasley, pero debo admitir que ahora me ha impresionado.
La muchacha no dudó en demostrar su incredulidad en su expresión, parpadeando rápidamente, algo confundida. Negó enseguida como respuesta a su pregunta, pero el profesor simplemente alzó la mano en un gesto seco, para interrumpirla.
―No me interesan sus motivos y razones, Granger. Sólo pensé que no era correcto permitir que un profesor abusara de sus privilegios como tal para conseguirse pareja. Este es un colegio, y en cualquier caso, es muy poco ético y bajo recurrir a una estudiante.
―Bueno, paso a informarle que no quedan muchas opciones disponibles, señor―farfulló Hermione con tono frustrado en su voz, bufando―. Así que teniendo en cuenta que soy una bruja adulta y lo suficientemente madura para tomar mis propias decisiones, le agradecería que…
―¿Aún si sus decisiones son tan estúpidas que no parecen suyas? Sólo usted se arriesgaría a una condena en Azkabán sólo para salvarle el pellejo a alguien más―espetó él, negando levemente con su cabeza como gesto de exagerada decepción―. No sólo es una insufrible sabelotodo, sino que también tiene un enorme complejo altruista.
Su alumna se quedó en silencio por unos momentos, boqueando un poco como un pez fuera del agua, aunque en lugar de intentar respirar sin éxito, buscaba alguna forma de responder mientras se preguntaba cómo diablos sabía de aquello.
Él bufó, inclinándose apenas hacia la joven para poder bajar el tono de su voz a un suave siseo.
―No soy idiota, Granger. Sé que usted es una fisgona, y que le encanta jugar a salvar el mundo. Pero ese es su problema, no él mío. Ahora apártese de mi camino.
Hermione obedeció casi enseguida de forma autómata, observando sin mirar cómo su profesor se alejaba rápidamente de ella, antes de doblar en otro pasillo y perderse de vista. Sólo entonces negó rápidamente con su cabeza, en un intento de aclarar sus ideas.
Por puro instinto revisó apresuradamente su morral, buscando allí su dichosa lista de pretendientes disponibles y la sacó para observarla con especial atención.
Entonces lo vio. El nombre de Ron estaba ahora teñido en tinta roja, y ahora la cuenta regresiva hasta el final del plazo establecido se volvió mucho más aterradora y desesperante.
El tiempo se agotaba, y no tenía a dónde correr.
Notas finales: Como dije por allá arriba, ¡se solucionó lo de los reviews! Ahora sí podré responderles. Gracias por su paciencia.
Con respecto al capítulo, ¿qué tal estuvo? ¿Lo amaron, lo odiaron, dirán "pa k kieres saber eso jaja saludos" y tendré que lanzarles un Crucio? ¡Pues ya lo veremos!
En lo que deciden, responderé sus reviews ahora:
lisicarmela: ¡Muchas gracias! Espero que este capítulo también te guste.
Yazmin Snape Marvolo: Pues tampoco me agrada muchísimo, pero me gusta mucho la pareja que hace con Ron, me parecían muy graciosos juntos. Pues paciencia, amiga mía, el momento llegará. ¡Cuídate, saludos!
yetsave: Pues sí, lo sé… aunque ahora ya tiene con quién casarse. Sobre Draco, Neville y Luna, el único que permanece solito es nuestro rubio Slytherin. ¡Aww, muchas gracias, me halagas!
ringo-tensai: Hehehe, síp, cuando lo leí lo escuché con la voz de Snape, y supe que tenía que decir algo parecido. Creo que eso no lo averiguaremos porque ya se solucionó su situación, pero personalmente creo que sí lo hubieran hecho.
DreamWorker: Me pareció necesario porque casi siempre busco seguir el canon de los libros, aunque con algunas excepciones me gusta más el de las películas. ¡Pues esa es una excelente idea! Podría haberlo hecho… o transformarlo en otro fic… ¿quién sabe? ¡Besos, cuídate!
luz gabriela: ¡Muchas gracias! Aquí tienes la actualización, espero que te guste.
Muchas gracias a…
… aniali1234 por agregar el fic a favoritos.
… Kalyra por darle follow.
… aquellos que leen pero no comentan nada. Lectores fantasmas, así los llamo yo.
Muy bien, creo que eso es todo por ahora. Recuerden dejarme sus comentarios si tienen alguna opinión, idea, sugerencia… y si no, pues también pueden.
Sin más que decir, ¡nos leemos!
_-*-_-*-_KovatePrivalski97._-*-_-*-_
