Disclaimer: El Potterverso no es de mi pertenencia. Debemos agradecerle a J.K Rowling por haber creado tan maravilloso mundo. La historia y demás, en cambio, son de mi pertenencia en su mayoría.
Resumen: La guerra había terminado, y aunque muchas vidas se habían perdido, una de ellas estaba tomando una siesta. Literalmente. Sin embargo, las incontables bajas sufridas por el mundo mágico amenazan seriamente con la extinción. Pero el Ministerio de Magia va a encargarse de que jamás suceda algo así. Cueste lo que cueste.
Advertencias: Snamione (Severus Snape/Hermione Granger); Universo Alterno. Posible Out of Character. Este es mi primer fic de Harry Potter, por favor sean gentiles (?)
Notas iniciales: Hola. Síp, he regresado. Pero antes que nada, quisiera decir que probablemente me tomará más tiempo del usual actualizar el fic. Las vacaciones no son eternas (lamentablemente) y estaré bastante ocupada. Sin embargo, no duden que lo terminaré. Sin más, al fic.
La vida es un vals
Polvos flú y jarrones rotos
―¡Él no puede hacer eso! ¡Es un abuso!
Las palabras de resentimiento y rechazo ante el pedido del profesor Snape no tardaron en llegar, cortesía de Ron. Hermione debía admitir que se sentía casi tan frustrada como él, pero de alguna manera, siempre había sido un poco mejor para controlar sus emociones.
Suspiró pesadamente, hundiéndose en el sofá de la Sala Común mientras observaba distraídamente el fuego en la chimenea frente a ella, consumiendo unos leños viejos.
―Bueno…
Harry había abierto la boca, pero se obligó a sí mismo a cerrarla cuando recibió una mirada fulminante por parte de Ron. Al parecer el pelirrojo no estaba dispuesto a soportar que su amigo defendiera al odiado profesor, al menos no en ese momento.
―Sólo se está aprovechando―agregó entonces Ron, aún paseándose de un lado al otro como un león encarcelado―. Sabe que no tienes más opción, y se está aprovechando de eso. Maldito viejo abusador…
Hermione pensó que tal vez debería intervenir para calmar un poco los ánimos a su alrededor cuando vio a Harry apretar los labios, como si estuviese conteniéndose de soltar alguna defensa. Sin embargo, ella también se mantuvo en silencio.
Al fin y al cabo, Snape parecía estar haciendo méritos para merecer todos esos insultos y muchos más.
Escuchó en silencio como Ron continuaba despotricando en contra del profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras del colegio, hasta que tuvo que hacer un gran esfuerzo sobrehumano por contener un descortés bostezo.
Una mezcla de aburrimiento y cansancio la obligó a ponerse en pie, y despedirse de ambos muchachos vagamente, antes de dirigirse a las habitaciones de chicas para poder descansar.
Y, obviamente, no mencionó ni una sola palabra de la visita que debía hacerle al despacho de su profesor el miércoles a medianoche.
Era realmente frustrante pensarlo, pero cuando deseaba que la semana pasara muy lentamente, el tiempo parecía correr una carrera contra sí mismo, todo para poder contradecirla.
La cuestión era que, de hecho, ya era miércoles.
Durante su clase de Transformaciones, Hermione estuvo pensando seriamente en fingir que había olvidado por completo la "reunión" a medianoche, pero descartó la idea, especialmente al sentir la pesada mirada del profesor Lippert sobre ella.
Y recordar quién la había salvado de tan embarazosa situación con el anteriormente mencionado, aunque fuese con métodos poco tradicionales.
Mientras cenaba junto a todos sus compañeros en el Gran Comedor, se preguntó si el profesor Snape aún recordaba haberla citado esa noche en su despacho. Tuvo la pequeñísima esperanza de que hubiera sido así.
Sin embargo, cuando echó una fugaz y furtiva mirada a la mesa de profesores, la mirada intensa y la casi imperceptible sonrisa torcida del profesor le dio la única respuesta que necesitaba.
Él no lo había olvidado, y ella no podía fingir que lo había hecho.
Por eso luego de cenar, fingió que iba a dormir, incluso se acomodó en su cama y se mantuvo en completo silencio durante un rato. Media hora después, cuando no podía oír en la habitación nada más que suaves ronquidos, decidió levantarse.
Se dio cuenta de que no tenía tiempo de quitarse la pijama y volver a colocarse su uniforme, por lo que cogió una bata de dormir que tenía a mano y se la echó encima descuidadamente. Haciendo el mayor silencio posible, abandonó la habitación y se dirigió a la Sala Común.
Salió sigilosamente por el hueco en la puerta, y con alivio comprobó que la Dama Gorda no se encontraba en su retrato, y probablemente estaba en una cita con el caballero de aquel retrato al otro lado del colegio.
Aún así, Hermione se mantuvo atenta. Si algún profesor llegaba a sorprenderla fuera de la cama a esas horas de la noche, probablemente perdería todos los puntos que había ganado ese día, y estaría castigada también.
Suspiró pesadamente. ¿Sería por eso que Snape la había citado a media noche, mientras todos los demás dormían? Negó rápidamente con su cabeza, intentando descartar esa idea, por muy verosímil que pareciera.
Se vio obligada a conjurar un Lumos cuando ingresó a las oscuras y frías mazmorras, imposibilitada de ver absolutamente nada a su alrededor. Y entonces, llegó al dichoso despacho por fin.
Golpeó a la puerta lo más suavemente que pudo, intentando no hacer demasiado escándalo y llamar la atención de algún curioso. Cuando pasaron un par de minutos sin que se abriera la puerta, consideró seriamente regresar apresuradamente sobre sus pasos, pero entonces escuchó pasos acercarse al otro lado de la puerta.
Esta se abrió entonces, y el profesor Snape se asomó, observando a la estudiante frente a él con mirada crítica. Chasqueó la lengua, apartándose para permitirle pasar.
―¿En pijamas, señorita Granger? ¿No cuenta su armario con algún atuendo más decente?
La muchacha Gryffindor tuvo que apretar los dientes para no responder de forma indebida, ingresando al despacho con la frente en alto mientras se acomodaba mejor la bata de dormir.
―Es medianoche, señor―señaló entonces con tono elocuente, volviéndose hacia él con una pequeña mueca adornando su rostro―. ¿Acaso me esperaba luciendo una túnica de gala?
El profesor arqueó una ceja ante sus palabras, pero rápidamente le restó importancia al asunto con un movimiento lánguido de su mano, mientras se acercaba un par de pasos más, cautelosamente.
―¿Sabe por qué le pedí que viniera aquí, señorita Granger? ―preguntó entonces con tono apacible, demasiado tranquilo para venir de él.
―¿Para poder restarme puntos por estar fuera de la cama a altas horas de la noche?
Una diminuta y prácticamente imperceptible sonrisa torcida se dibujó en los finos labios del profesor, pero él simplemente negó con su cabeza, avanzando aún más hasta pasar por su lado, acercándose a la chimenea al final del despacho.
―Como ya debe ser de su extenso conocimiento, nadie puede aparecerse o desaparecerse dentro de los terrenos de Hogwarts―señaló entonces el hombre, viendo a la chica asentir, antes de tomar un puñado de polvo en una pequeña bolsita junto a la chimenea―. Así que este será nuestro medio de trasporte por esta noche.
Hermione observó la chimenea por un momento, y luego a su profesor, con una expresión de ligera desconfianza apareciendo en su joven rostro.
―¿Saldremos de Hogwarts?
―Precisamente.
―¿Por qué? ¿Y dónde iremos?
El profesor Snape soltó un suspiro prolongado que denotaba exasperación, mientras se colocaba frente a la chimenea, antes de volverse nuevamente hacia ella.
―Venga conmigo, y lo descubrirá―dijo entonces, ofreciéndole su brazo caballerosamente.
La joven estudiante titubeó en su lugar por unos momentos. No le gustaba pensar lo peor, pero a veces era necesario. Sin embargo, el ceño algo fruncido del hombre denotaba su impaciencia, y terminó por acercarse.
De cualquier modo, llevaba su varita consigo, por si algo andaba mal. Cuando estuvo también frente a la chimenea, se prendió del brazo de su profesor, y este tomó otro puñado de polvos Flú, antes de lanzarlo al suelo y pronunciar:
―¡Hilandera!
Una llama de fuego verde esmeralda se alzó por completo, y antes de que pudiera siquiera pensar en qué significaba la palabra que su profesor había pronunciado, ya habían ingresado a la chimenea, siendo envueltos por la misma.
La cuestión es que apenas unos momentos después, pudo sentir sus pies posarse en el suelo otra vez, mientras el fuego mágico se desvanecía por completo lentamente.
Con sigilo, Hermione bajó de la plataforma en la chimenea, observando a su alrededor con curiosidad.
El lugar era muy oscuro, pues apenas podía distinguir algunas cosas a su alrededor, pero podía sentir que el aire estaba saturado, como si las ventanas no hubieran sido abiertas por mucho tiempo. Incluso llegó a pensar que no había ventanas en el lugar.
Pudo sentir el suelo empolvado bajo sus pies, y sólo entonces recordó que había salido de su habitación y recorrido el castillo completamente descalza. Estaba reprendiéndose a sí misma mentalmente, cuando escuchó a su profesor aclarar su garganta de forma insistente.
Sólo entonces se volvió hacia su acompañante, siendo recibida con una expresión algo burlona.
―Le agradecería enormemente, señorita Granger, que me devolviera mi brazo teniendo en cuenta que usted ya tiene dos.
La muchacha arqueó una ceja, extrañada, hasta finalmente percatarse de que estaba estrujando el brazo de su profesor entre sus manos, seguramente por el nerviosismo de encontrarse en aquel lugar nuevo, y ciertamente tenebroso.
Se soltó enseguida apresuradamente, apartándose también un par de pasos, aunque eso solamente la llevó a chocar con lo que creyó que era una pequeña mesita ratona. Y pudo oír el sonido de algo rompiéndose al estrellarse en el suelo.
―No… se mueva―gruñó entonces Snape con tono amenazante, y unos segundos después, varias velas se encendieron alrededor, iluminando un poco más el lugar.
Aún ligeramente abochornada por su descuido, Hermione apartó la mirada para que su tenue sonrojo no fuese visible, antes de comenzar a avanzar con cuidado por el lugar. Ahora que podía ver mejor sus alrededores, pudo confirmar que el lugar parecía ser, en efecto, una casa abandonada. Sin embargo, se sintió asombrada ante los muchos libros que cubrían las paredes.
Pero además de eso… el suelo sucio con polvo que debía tener más años de edad que ella misma, y muebles desvencijados y rotos como única decoración. Hizo una pequeña mueca, antes de volverse hacia el profesor.
―¿Dónde estamos, señor?―se atrevió a preguntar entonces, aún viendo con desconfianza a su alrededor
―Estamos en mi casa.
La expresión de Hermione cambió por completo en apenas un instante, pasando de cautelosa a incrédula en cuestión de un segundo. Se volvió otra vez hacia la habitación, que suponía que era la sala de estar, y tragó en seco.
―¿Y qué estamos haciendo aquí?
Snape soltó un bufido, adentrándose también en el lugar con agilidad y rapidez, al parecer bastante acostumbrado a sortear objetos tirados en el suelo con facilidad. Se detuvo detrás del viejo sillón, encogiéndose ligeramente de hombros.
―Bueno, señorita Granger, según tengo entendido, vamos a tener que compartir mucho más que sólo unos anillos―dijo entonces con tono tranquilo, el mismo que había usado antes de venir―. Al parecer, este matrimonio forzado deberá incluir que compartamos un hogar, bienes, e incluso una cama.
Hermione se vio obligada a apartar la mirada ante la mención de aquella última parte, aunque el bochorno en su rostro debió haber sido bastante obvio debido al fuerte sonrojo que coloreaba sus mejillas. Sin embargo, Snape no le dio importancia alguna, y continuó hablando como si nada.
―Como bien puede notar, no he puesto mucho empeño en lograr que esta casa sea por lo menos decente, porque paso muy poco tiempo aquí y honestamente no me importa―murmuró, con un lánguido encogimiento de hombros―. Pero si vamos a tener que convivir, y usted no cuenta con ninguna propiedad, deberemos usar esta. Y volverla "habitable".
La joven Gryffindor asintió simplemente, observando a su alrededor y comenzando a pensar de qué cosas de ese lugar podría deshacerse y de qué no. Snape volvió a aclarar su garganta para lograr llamar su atención.
―Tenga mucho cuidado con todo a su alrededor. Quiero conservarlo―declaró el profesor, y al recibir una mirada algo incrédula por parte de su alumna, rodó los ojos con total frustración―. Utilice hechizos reparadores, señorita Granger. No se deshaga de absolutamente nada aquí.
Hermione se tomó un par de momentos, pero finalmente dio un leve asentimiento. Su profesor lo correspondió secamente, antes de darse la vuelta y abandonar la habitación, probablemente para encargarse de otra sección de aquella casa.
La muchacha sacó su varita, lista para comenzar a poner algo de orden en el lugar. Primero que nada, se encargó de desvanecer la gruesa capa de polvo que cubría el suelo, dejando relucir un bonito tapete verde. Aquello la hizo sonreír levemente, con una agradable sensación cómoda bajo sus pies.
Continuó avanzando poco a poco por el recinto, observando a su alrededor con curiosidad, y también bastante cautela. No sabía si esperaba trampas mortales, o hechizos repelentes, o algún otro método de agresión, pero sí sabía que debía andar con cuidado en terreno desconocido.
Con un ligero movimiento de varita, se deshizo del polvo añejo que cubría el sofá de cuero, justo antes de reparar una pata que tenía chueca, acercándose para poder sentir su textura con su mano.
Y aunque probablemente no debería estar pensando en eso justo en ese momento, se dijo a sí misma que no le molestaría demasiado vivir allí si tenía que hacerlo.
Rápidamente negó con su cabeza, dispuesta a deshacerse de ese pensamiento tan repentino y hasta cierto punto perturbador. Apartó la vista de aquel sofá reparado, y se acercó distraídamente a la chimenea con la que contaba la habitación. Sólo con verla, era bastante obvio que no se había encendido fuego allí en años.
Hermione suspiró, desempolvando también el mármol de la chimenea, y desechando las cenizas añejas que allí se encontraban. Luego de haber quitado el polvo, descubrió que sobre la superficie de la chimenea había una pequeña y discreta caja de madera.
Se mordió el labio inferior ligeramente, mientras le echaba un vistazo a la puerta por la cual había salido su profesor, como si temiera que él estuviese allí parado, observándola de forma acusadora. Pero no estaba allí, por lo que con cierto nerviosismo, se acercó a la caja.
Cuando la tomó, tuvo ese fuerte sentimiento de que no debía hacer eso, que ese no era su asunto, que era una falta de respeto. Pero la curiosidad mató al gato, o en este caso, a la leona.
Pensó que si daba un vistazo rápido, nadie lo iría a notar. Mucho menos su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Intentó abrir la caja con sus manos, pero no lo consiguió. Tragando en seco, le apuntó con su varita y murmuró un "Alohomora".
Y enseguida sintió una especie de empujón perpetuado por manos invisibles, que la obligó a retroceder un par de pasos, tastabillando. La caja contaba con un hechizo protector, obviamente, pensó un segundo antes de sentir un intenso dolor en su pie izquierdo.
Soltó un grito agudo de forma completamente involuntaria, dejándose caer sobre el recién reparado sofá a sus espaldas. Pudo escuchar con claridad los pasos apresurados de su profesor al acercarse, para verla con expresión ciertamente preocupada, varita en mano de forma alerta.
―¡¿Qué diablos le ocurre, Granger?!
La muchacha escuchó el grito ensordecedor de Snape, pero estaba demasiado ocupada jadeando de dolor, cruzando sus piernas para así lograr ver los trozos del jarrón que ella misma había roto al llegar, incrustados en su pie.
Pudo sentir sus ojos llenarse de lágrimas por la dolorosa herida, y escuchó a su profesor bufar, inclinándose para sostenerse en una de sus rodillas, y lograr observar su herida con ojo crítico.
―Sólo a usted se le ocurre venir descalza, y además, no reparar primero lo que acaba de romper, ¿cierto, señorita Granger? ―masculló el hombre, apuntando con su varita hacia su herida.
Hermione estuvo a punto de intentar detenerlo, adolorida, pero él ya había comenzado a murmurar de forma inaudible algunos hechizos. Despacio y de forma tan delicada como era posible, los trozos cortantes del jarrón comenzaron a desprenderse de su piel, hasta caer al suelo, ensangrentados.
La muchacha cubrió su boca con su mano un momento, para no volver a gritar, aunque para su sorpresa no sintió un dolor tan insoportable como aquel que había estado imaginando. Pronto sus heridas estaban cerrándose, dejando pequeñas cicatrices de color rosado en su lugar.
―Le recomiendo que no camine por un rato―musitó entonces el profesor Snape, enderezándose y guardando su varita otra vez en su túnica―. Por lo tanto, creo que no podremos hacer mucho más hoy. Ya volveremos otro día.
Snape se dio la vuelta, sacando de uno de sus bolsillos una pequeña bolsa de polvos flú, antes de fijarse nuevamente en su alumna, con una ceja arqueada. Ella tenía una expresión algo incómoda, mientras le echaba una mirada breve a su pie herido de forma significativa.
El profesor gruñó, regresando sobre sus pasos para acercarse a su alumna, e inclinarse hacia ella. Con un sonrojo difícil de disimular adornando sus mejillas, Hermione se prendió de sus hombros, y así le fue posible cargarla.
La muchacha apartó la vista, para no tener que ver la expresión irritada que llevaba su profesor, y para que no se notara tanto el bochorno en su propio rostro. Luego de que las llamas color esmeralda volvieran a envolverlos, estaban de regreso en Hogwarts.
Como pudo, el profesor Snape se las arregló para sacar su varita, e invocar un pequeño frasco que aparentemente contenía una poción, color azul claro, hasta las manos de su alumna.
―Bébala hoy antes de dormirse―le ordenó entonces, dirigiéndose sin perder tiempo fuera de su despacho―. Mañana al despertar no sentirá dolor alguno y podrá caminar sin dificultades.
Hermione sólo pudo asentir levemente ante eso, aún con la vista fija hacia adelante. Al notar que se oscurecía aún más el trayecto, sacó su propia varita, y conjuró otro "Lumos" para iluminar el camino de ambos. Él sólo asintió una sola vez ante eso como reconocimiento.
A pesar de las quejas que recibía por parte de los retratos en las paredes debido a la luz encendida, y el peso extra que estaba llevando encima, pudo llegar bastante rápido a la torre de Gryffindor. Allí, pudo encontrarse con el retrato de la Dama Gorda, que llevaba una expresión enfurruñada en su rostro.
―¿Profesor Snape…?
―Apártate. Debo llevar a esta alumna a su cama.
La mujer dentro del retrato hizo una mueca ante el tono del profesor, y se cruzó de brazos firmemente con aire orgulloso.
―¿Y qué se supone que hace la señorita fuera de su cama?―cuestionó entonces, viéndolo con desconfianza.
―Pregúntele a ella―dijo él con total naturalidad, ganándose una mirada incrédula por parte de la muchacha―. Yo solamente la encontré vagando por el castillo, y se había herido un pie en el camino…
Hermione abrió su boca para poder desmentirlo, pero en ese momento Snape hizo un ágil movimiento con su varita, y apartó así el retrato de la entrada, ingresando sin importarle las quejas de la Dama Gorda a sus espaldas.
―¡Usted no puede…!―había intentado advertirle Hermione, pero cuando él comenzó a subir la escalera, absolutamente nada ocurrió―. ¿Pero cómo…?
―Los chicos no pueden subir estas escaleras―aclaró entonces el profesor, rodando los ojos como si fuera innecesario explicar eso―. Yo no soy un chico, señorita Granger, soy un hombre.
Justo en ese momento, llegó al final de las escaleras, y Hermione le señaló en silencio la habitación correspondiente. Sigilosamente, tanto que parecía estar flotando en el aire en lugar de caminar, Snape se acercó a la única cama libre del lugar, y allí depositó a su alumna.
Hermione se acomodó un poco, cubriéndose con sus cobijas, y viendo al hombre dirigirse enseguida a la salida.
―Gracias, profesor.
El aludido se dio apenas la vuelta, justo en la puerta, y se encogió de hombros con un bufido.
―Cállese, Granger.
Notas finales: Terminó oficialmente el hiatus, y me alegra mucho que no haya durado demasiado. Eso sí, debo advertirles que puede que me tarde un poco más en actualizar a partir de ahora, pues empezarán las clases en el liceo/secundaria, y tendré menos tiempo libre.
Así que actualizaciones irregulares, pero actualizaciones al fin. Más vale tarde que nunca. Ahora, creo que viene siendo hora de responder los reviews.
ringo-tensai: Hubiera sido interesante que huyeran, ¿no? Imagina las posibilidades… hehehe, pues ya veremos cómo sale. Saludos.
yetsave: Pues creo que Snape puede ser un poquitín posesivo con aquello que considera suyo… ¡besos para ti también, nos leemos!
Yazmin Snape: Pues ya estoy de regreso, y definitivamente voy a terminar la historia. Me alegra mucho que te haya gustado el capítulo anterior, y espero que este haya respondido tus dudas. ¡Saludos, cuídate!
Guest: Hehehe, pues ahora lo sabes. Espero que este capítulo también sea de tu agrado, besos.
Aigo Snape: ¡Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer todo, y dejar tus comentarios! Es una bonita sorpresa :3 Pues me gustó tu idea, tal vez la vuelva una historia en algún momento. PD: Soy Gryffindor, o al menos eso dijo el Sombrero Seleccionador XD
himesama01: ¡Gracias! Espero que te guste.
BlackStarAnn: Lo sé, pero afortunadamente todo mejoró, al menos por ahora. Ojalá que la espera haya valido la pena, gracias por tu apoyo.
lisicarmela: Gracias. Tú también cuídate, saludos.
Sucubos: ¡Muchas gracias! Pues ya estoy de regreso, espero que el capítulo haya sido de tu agrado.
lunaybolom: Muchas gracias por tu comentario, ha sido muy inspirador. En verdad a veces escasean las ganas, o la inspiración, pero palabras de ánimo como estas ayudan a seguir adelante. Estoy haciendo todo lo posible por salir de esta por mí y por los que me quieren. Y eso incluye a mis lectores. ¡Besos y abrazos, cuídate mucho!
Muchas gracias a…
… conego, evi84, IzzyRomanoffLovegood, himesama01, Icap97, QIAO-XIAO y JulietaMalfoySnape por agregar el fic a favoritos.
… Luna White 29, conego, evi84, minerva91, himesama01, Icap97 y MCamiSnape por darle follow.
… aquellos que leen pero no comentan nada. ¿Sabían qué según el internet, las caricaturas del Pato Donald fueron vetadas en Finlandia porque éste no usaba pantalón? (?)
Y… creo que eso es todo por ahora. Recuerden que pueden dejarme sus opiniones, sugerencias, ideas, declaraciones de amor o amenazas de muerte en un review.
¡Nos leemos!
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