Disclaimer: El Potterverso no es de mi pertenencia. Debemos agradecerle a J.K Rowling por haber creado tan maravilloso mundo. La historia y demás, en cambio, son de mi pertenencia en su mayoría.

Resumen: La guerra había terminado, y aunque muchas vidas se habían perdido, una de ellas estaba tomando una siesta. Literalmente. Sin embargo, las incontables bajas sufridas por el mundo mágico amenazan seriamente con la extinción. Pero el Ministerio de Magia va a encargarse de que jamás suceda algo así. Cueste lo que cueste.

Advertencias: Snamione (Severus Snape/Hermione Granger); Universo Alterno. Posible Out of Character. Este es mi primer fic de Harry Potter, por favor sean gentiles (?)

Notas iniciales: Hola. Aquí estoy de nuevo… algo desanimada, honestamente, pero bueno. Al menos logré terminarlo. Nos leemos por allá abajo.


La vida es un vals

Confrontación


Ciertamente había logrado distraerse bastante durante la fiesta que tuvo lugar luego de la boda de Harry y Ginny, incluso bailó con la mayor parte de la familia Weasley, lo cual le robó un par de carcajadas.

Sin embargo, al estar sentada en una de las pocas mesas que no estaban flotando en el aire, el recuerdo del profesor Snape abandonando la boda de esa forma tan repentina regresó a ella. Ni siquiera ver a Harry y Ginny continuar bailando prácticamente solos en la pista de baile, con Teddy Lupin prendido de la túnica de gala del novio, pudo distraerla de aquellos pensamientos.

No podía asumir nada a ciencia cierta, pero tenía una muy convincente teoría de lo que había ocurrido. Según las memorias que había presenciado poco después de la "muerte" de Snape, era bastante obvio que su profesor guardaba sentimientos de índole romántica hacia la fallecida madre de Harry, Lily Potter.

Y probablemente ver a Harry, la viva imagen de su padre según todos a su alrededor, casándose con una joven y vivaz pelirroja, no le trajo muy buenos recuerdos en realidad.

No pudo dejar de pensar en eso durante el resto del día, y los siguientes. Aunque intentaba distraerse, ese pensamiento subconsciente siempre estaba presente allí y la atormentaba.

El hecho de que el profesor Snape pareciera estar evitándola, hacía aún más difícil olvidarse del asunto.

Lo había visto cada día de la semana siguiente en la mesa de profesores, tomando el desayuno, el almuerzo y la cena. También lo había visto en sus clases, y dos veces en la biblioteca. Y en ninguna de esas ocasiones, él le dedicó mucho más que un par de palabras, siempre que estuviera dictando su clase y ella intentara responder a una de sus preguntas.

Aquella situación comenzaba a molestarla, aunque no estaba muy segura de por qué motivo. Buscó excusas rápidamente, pero su cerebro no le devolvió ninguna respuesta decente a sus cavilaciones.

―Probablemente es mejor así―había dicho Ginny distraídamente, cuando decidió por fin abrirse con alguien sobre lo sucedido. La pelirroja hizo una pequeña mueca―. Pero no le digas a Harry que dije eso.

Hermione alzó la vista de su pergamino a medio escribir, bastante extrañada con las palabras que había pronunciado su amiga (y en algún universo alterno, cuñada). Ginny no era una persona que temiera decir lo que pensaba, a quién sea. Incluso su ahora esposo.

―¿Por qué? ―preguntó Hermione con curiosidad, corrigiendo apresuradamente un error ortográfico en su ensayo

La pelirroja soltó un bufido, aún quitándose todo su el equipamiento que solía usar para sus partidos de Quidditch, o en este caso, para entrenar.

―El otro día estuvimos hablando sobre tu adorable esposo. Resulta que no le gusta que hable mal de él―farfulló entonces, como escupiendo las palabras con desprecio antes de suspirar―. Dice que lo menos que le debemos, es algo de respeto.

Hermione decidió no responder enseguida, concentrándose en terminar de escribir otro párrafo en su pergamino, mientras Ginny terminaba al fin de quitarse todo aquello. La muchacha rompió el silencio de nuevo.

―Si realmente quieres saber que está tramando ese… buen hombre, tal vez deberías sorprenderlo―murmuró, su tono relajado acompañado por un ligero encogimiento de hombros―. ¿Qué tan difícil puede ser?

Nuevamente, Hermione decidió guardar silencio. Aunque internamente, se estaba haciendo la misma pregunta, completamente concentrada. Snape parecía, o más bien era, una persona muy inteligente. Hermione no sabía si podría sorprenderlo de alguna forma sin recibir una maldición defensiva por su parte.

Sin embargo, probablemente sus niveles de hartazgo por la actitud de su profesor debían ser muy altos, porque se propuso al menos intentarlo.

Él era inteligente, y ella, también.

Aunque su plan no parecía ser de los más inteligentes jamás concebidos, pero estaba segura de que funcionaría. Aquella noche se dirigió al despacho de Snape, a altas horas de la noche. Cuando nadie más que ella estaría despierto… excepto tal vez su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Hermione negó rápidamente con su cabeza, intentando alejar aquellos pensamientos claramente negativos de su mente. Necesitaba concentrarse.

Al llegar, sacó su varita, preparándose para efectuar un Alohomora. Y también para recibir un contrahechizo que podría lanzarla contra la pared opuesta sin piedad. Sin embargo, pudo notar que la puerta estaba entreabierta, apenas, sólo unos centímetros, por dónde se escapaba una tenue luz.

Hermione decidió que era momento de ingresar, pero en el mismo instante que alzó su mano para empujar la puerta, se detuvo. ¿Y si aquello no era más que una trampa? ¿Y si el profesor Snape, de alguna manera u otra, había previsto sus intenciones?

Se mordió el labio inferior con fuerza, manteniendo su mano en el aire, sin decidirse aún. Finalmente inhaló una profunda bocanada de aire, y empujó la puerta, cerrando los ojos con fuerza por si algo o alguien venía en su ataque.

Segundos después, nada había ocurrido. Lentamente se decidió a abrir los ojos, y un poco más confiada, decidió ingresar con pasos cortos y dubitativos, conjurando un Lumos para poder ver aunque fuera un poco más en la oscuridad del despacho.

No había nadie allí, sólo la chimenea encendida en la soledad.

Pensó que probablemente Snape se había ido a dormir, y se le ocurrió darse la vuelta y retirarse, como si nunca hubiese estado allí. Sin embargo, soltó un suspiro, y decidió no hacerlo. Si había llegado tan lejos, no iba a rendirse tan fácilmente.

Al continuar explorando el recinto con su varita en alto, atenta a cualquier sonido o movimiento que pudiese suceder a su alrededor, llegó a la chimenea, el único recurso de luz en el lugar. Y apenas olfateó un poco, pudo notar que la Red Flú había sido usada recientemente.

Hermione pensó que Snape podía haber viajado a cualquier lugar del planeta, literalmente. Aún así, ella sólo conocía un lugar donde podía al menos probar suerte.

Tragó en seco, alzando su mano libre para tomar un puñado de polvos Flú de la pequeña bolsita que reposaba sobre la chimenea, aunque no se decidía a lanzarlos al fuego y exclamar su destino.

¿Podía hacerlo? ¿Escabullirse sin permiso en la residencia de su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras?

"También es mi esposo", pensó entonces de repente, como si un bombillo de luz muggle se encendiera en su cerebro. Perfecto. Había encontrado un buen pretexto, o eso le pareció en ese momento.

Así que sin más lanzó los polvos Flú a las crepitantes llamas, antes de exclamar, fuerte y claro:

―¡Hilandera!

Observó las llamas alzarse y convertirse en el color de una verde piedra preciosa. Luego de apenas un último segundo de indecisión, entró a la chimenea, y al segundo siguiente, desapareció del lugar.

Cuando volvió a tocar tierra firme con sus pies, se tomó un momento antes de abrir los ojos. Y al hacerlo, no pudo evitar que una expresión de sorpresa apareciera en su rostro.

El lugar definitivamente no parecía ser el mismo que había visitado aquella vez del infame incidente con la caja misteriosa. Todo, desde el suelo a las paredes, estaba tan pulcro y limpio como no lo había estado jamás. Parecía, en otras palabras, un lugar completamente diferente.

Al no ver a su profesor en la sala de estar, se atrevió a salir de la chimenea con paso cauteloso, observando a su alrededor atentamente para no ser víctima de algún método de defensa con el que pudiera contar la casa ahora.

Sin embargo, luego de varios pasos, todo parecía seguro. Se inclinó un poco para pasear una de sus manos sobre el sofá de cuero, sin poder evitar que una sonrisa de satisfacción apareciera en sus labios por un momento.

Aunque esta desapareció casi enseguida.

―¿Podría decirme qué cree que está haciendo usted aquí, señorita Granger?

La muchacha se sobresaltó ligeramente al escuchar su voz peligrosamente aterciopelada, y luego de tomar aire, se dio la vuelta lentamente para enfrentarlo.

Por algún motivo se esperaba verlo en pijamas, verdes de preferencia, y algo despeinado por estar durmiendo hace poco. Sin embargo, llevaba su eterna túnica oscura y una mueca impaciente en los labios, como si acabara de llegar allí.

―Señor, creo que es tiempo de hablar―murmuró entonces Hermione, soltando un suspiro cansado, antes de intentar continuar, aunque le fue imposible.

―Y yo creo que es tiempo de que usted se largue de mi casa y me deje en paz―masculló él, con un tono bastante áspero, que la chica no recordaba haber escuchado en los últimos meses al menos.

Lo observó en silencio mientras el hombre se adentraba en la habitación, y caminaba hacia el sofá cerca de la chimenea junto a la que ella estaba antes, como si estuviera ignorando por completo su presencia allí. Aquello la impacientó bastante.

―Lamento recordarte que esta es nuestra casa ahora―aclaró ella, poniendo especial énfasis en sus palabras, aunque aún intentaba controlar su tono de voz―. Y sí, estoy tuteándote. No he visto matrimonios que se traten de "usted".

Snape arqueó una ceja ante sus palabras, y simplemente chasqueó los dedos una sola vez. Casi unos segundos después, la pequeña elfina doméstica ingresó apresuradamente, cargando consigo una botella de vino, y una copa.

Con experta rapidez sirvió el vino, rojo como la sangre, en la copa, antes de dejar la botella a un lado. Holly realizó una pequeña reverencia hacia sus amos, antes de retirarse una vez más.

Hermione se había mantenido en silencio hasta entonces, pero la molestia ante aquellas simples acciones era evidente en la expresión de su rostro. Su profesor, por su parte, parecía deleitarse con su inconformidad, tomando la copa para llevarla a sus delgados labios.

―¿Recuerda usted, señorita Granger, que este "matrimonio" es una gran farsa para salvar nuestros pellejos de Azkabán? ―dijo de repente con un tono más relajado, y probablemente más venenoso que el anterior―. ¿Y recuerda, además, que usted no es más que una simple alumna?

La joven Gryffindor se mordió el interior de la mejilla para no soltar ninguna palabra de la que pudiese arrepentirse más tarde. Sin embargo, tampoco iba a quedarse callada. Ya había callado por suficiente tiempo.

―Lo recuerdo― masculló con tono aburrido, cruzándose de brazos firmemente frente a él―. También recuerdo que mi condición de alumna termina dónde empieza la de esposa, y viceversa. Porque sí, te guste o no, estamos casados. Con todo lo que eso implica.

Snape formó una diminuta y casi imperceptible mueca de molestia con sus labios, y la muchacha no pudo evitar regocijarse mentalmente ante eso, aunque mantuvo su expresión imperturbable por el momento.

―¿Qué espera de mí, Granger? ―espetó él entonces, dejando su copa en la mesa y poniéndose en pie, irguiéndose cuán alto era como si buscara imponerse de esa forma―. ¿Desea acaso que le hable en tono cariñoso, bese el suelo por el que camina, idolatre devotamente su presencia…?

―Quiero que me respetes―interrumpió Hermione, frunciendo el ceño ligeramente con frustración latente en su expresión―. Quiero que intentes, al menos intentes, dejar de lado tus sentimientos para pensar un poco en los míos. Te recuerdo que yo tampoco quería casarme contigo, y si tú estás frustrado, yo también.

―¡Bah! ¡Sentimientos! ¡Siempre tienen que ser los malditos sentimientos!

Snape soltó un gruñido, volviendo a tomar su copa y vaciándola enseguida en un par de sorbos, antes de lanzar el cristal al suelo violentamente, donde se estrelló de forma escandalosa.

Holly, la elfina doméstica, se asomó enseguida para encargarse del desastre, pero él se volvió para verla con una mueca.

―¡Lárgate! ―le ordenó bruscamente, observándola huir con prisa, asustada, y satisfecho, se volvió hacia la muchacha―. Y eso va para ti también.

Sin embargo, Hermione no se movió ni siquiera un centímetro de su posición, sin cambiar tampoco su expresión. Negó lentamente con su cabeza, sosteniéndole la mirada sin intenciones de rendirse fácilmente.

―No―respondió con simpleza, frunciendo un poco más el ceño―. No me iré hasta que esto se solucione.

―¿De qué demonios hablas? ¿Qué es lo que se tiene que solucionar?―preguntó Snape, ahora pareciendo aún más frustrado, mientras paseaba su mano por su cabello inconscientemente―. ¿El hecho de que te crees con derecho a irrumpir en esta casa y empezar una escena porque 'no respeto tus sentimientos'? ¡Sólo te falta largarte a llorar para que este completo!

―Eso no va a ocurrir.

―Más te vale que no, o perderé el pequeño resquicio de respeto que me queda por ti.

Hermione no pudo evitar restregarse ambas manos en su rostro por unos momentos, perdiendo su tranquilidad brevemente. Soltó un prolongado suspiro de cansancio, antes de volver a alzar la vista.

―Escucha… ambos leímos esa carta. Este matrimonio puede ser tan falso como queramos, pero la realidad es que tarde o temprano, eso cambiará. Por las buenas, o por las malas―murmuró entonces, intentando que su tono sonara tan calmado como estaba intentando mostrarse―. Tenemos la posibilidad de hacerlo 'por las buenas'. Pero ambos debemos poner un poco de nuestra parte para que suceda.

Se mantuvo en silencio por unos minutos, permitiendo que Snape se relajara un poco a su propio ritmo, algo que notó al ver que su respiración se acompasaba lentamente, antes de que dejara escapar un suspiro de sus labios.

Dio un seco asentimiento.

―Odio, realmente odio tener que decir esto… pero tienes razón, Hermione.

La muchacha no estaba preparada para una respuesta de esa calibre, y esta obviamente la sorprendió bastante, robándole un ligero tono rojizo en sus mejillas, por lo que se apresuró a aclarar su garganta para distraer su atención.

―Gracias―dijo simplemente, correspondiendo su asentimiento, antes de continuar―. Te propongo algo: estando en clases, o en cualquier otra actividad curricular en el colegio, usted será el profesor, y yo la alumna. Fuera de clases, y en cualquier otra actividad… extracurricular, tú serás Severus, y yo, Hermione.

Observó la duda instalarse en el rostro pálido y exhausto del hombre frente a ella, pero decidió no insistir, esperando en silencio a que tomase una decisión con su debido tiempo. Un par de minutos después, él asintió otra vez.

―De acuerdo, Hermione―soltó con tono cansado, como si aquella charla le hubiera agotado la poca energía que le quedaba, pero aun así, alzó su mano para ofrecérsela de forma solemne

La muchacha se permitió entonces que una pequeña sonrisa de tranquilidad y satisfacción se dibujara en su rostro, estrechando la mano de su profesor con calidez.

―Recuerda además, Severus, que no podrás restarme puntos en mi condición de esposa.

El profesor se detuvo por un momento, e intentó apartar su mano en ese instante, pero Hermione apretó un poco más su agarre, arqueando una ceja de forma significativa.

Snape gruñó con obvia molestia ahora, dando un último asentimiento a regañadientes.

―Sybill se equivocó, Nagini no iba a matarme. Tú lo harás.


Notas finales: Hola de nuevo. Si llegaron hasta aquí, es porque terminaron de leer el capítulo, así que muchas gracias.

Espero que les haya gustado, realmente me costó bastante terminar de escribirlo, pero aquí está. Intentaré hacerme un tiempo para continuar el fic ahora que empezarán las clases este lunes.

En fin… creo que es hora de responder los reviews.

luz gabriela: ¡Hola! Pues sí, ambas sabemos que Snape no es muy considerado en realidad, con nadie (ni siquiera él mismo). Sobre el romance, tal como le dije a AcizeJ- HaruZuchIa, va a tardar un poco. Más vale tarde que nunca ;)

yetsave: Pues esa era la intención del título, confundirlos un poquito. Oh, yo igual, no los tratan muy bien :( ¡Besos, cuídate!

Vrunetti: ¡Hola, y bienvenida a la historia! ¡Muchísimas gracias, tus palabras me halagan! Pues de a poco las cosas irán cambiando, pequeños detalles aquí y allá… es mejor así, en mi opinión. ¡Espero que te haya gustado el capítulo! ¡Besos!

ringo-tensai: Lo sé… tienes razón sobre lo de Ginny, intenté darle algo de avance a ese asunto en este capítulo. Pues… yo creo que Snape vio algo que siempre lo atormentó. Cierto, a mí también me indigna. Espero que te haya gustado :)

Yazmin Snape: No te preocupes, respeto tu privacidad :) Pues sí, fue una boda muy desabrida y rápida, pero creo que era lo más apropiado siendo que ellos no están enamorados… aún. Más adelante… pues ya veremos. Aquí tienes actualización, espero que sea de tu agrado. ¡Saludos!

La Castaaneda: ¡Muchas gracias! Tengo 18 años, algunos (si, Yazmin Snape, hablo de ti) me consideran pequeña… así que creo que tienes razón. ¡Espero que este capítulo también te guste!

Aigo Snape: Oh, sí. Él no quiere que lo quieran, pero al final se hace querer aún sin quererlo (?)

Muchas gracias a…

aquellos que leen pero no comentan nada. ¿Sabían qué según el internet, los relámpagos matan más personas que las erupciones volcánicas y los terremotos? (?)

Pues… creo que eso es todo por ahora. Ideas, sugerencias u opiniones, pueden dejarlas en un review.

¡Nos leemos!


_-*-_-*-_KovatePrivalski97._-*-_-*-_