Disclaimer: El Potterverso no es de mi pertenencia. Debemos agradecerle a J.K Rowling por haber creado tan maravilloso mundo. La historia y demás, en cambio, son de mi pertenencia en su mayoría.
Resumen: La guerra había terminado, y aunque muchas vidas se habían perdido, una de ellas estaba tomando una siesta. Literalmente. Sin embargo, las incontables bajas sufridas por el mundo mágico amenazan seriamente con la extinción. Pero el Ministerio de Magia va a encargarse de que jamás suceda algo así. Cueste lo que cueste.
Advertencias: Snamione (Severus Snape/Hermione Granger); Universo Alterno. Posible Out of Character. Este es mi primer fic de Harry Potter, por favor sean gentiles (?)
Notas iniciales: Hola. Me costó bastante escribir esté capítulo, pero bueno… por aquí estoy. Nos vemos por allá abajo :)
La vida es un vals
Finite Incantatem
Hermione no cabía en sí de la felicidad. Tenía a Crookshanks junto a ella otra vez, y como si eso fuera poco, también sabía dónde estaban sus padres exactamente.
Sólo tenía un inconveniente. No podía salir de Hogwarts sin un permiso explícito de la directora del colegio.
―¿Cómo piensas conseguir un permiso así? Digo, no creo que McGonagall te lo niegue, pero…
Hermione se permitió sonreír levemente a pesar de la pregunta que Ron acababa de formular. Al parecer la llegada de Crookshanks y las buenas noticias que traía consigo habían logrado arreglar las fisuras que se habían formado entre ellos últimamente.
Continuó acariciando las orejas de su mascota distraídamente, mientras lo oía maullar alegremente en su regazo, sin intención alguna de apartarse de su cuerpo pronto.
―Puedes ir a la sala de profesores durante un receso―sugirió entonces Harry de la nada, como si la idea acabara de aparecer sobre su cabeza como en aquellas caricaturas muggles―. Tú sabes, ella casi siempre está allí, y es más fácil que tener que perseguirla por los pasillos.
La muchacha no tuvo que pensarlo mucho tiempo. O en realidad, se abstuvo de hacerlo. A fin de cuentas, la táctica de "no pensar" en ciertas cosas parecía estar funcionando bastante bien hasta ahora.
Al día siguiente, tuvo a Crookshanks siguiéndola por todos los pasillos que recorría, negándose a separarse de ella más de dos metros. Era casi como si el minino la hubiese extrañado demasiado en el tiempo pasado, y ahora gruñía a todo aquel que intentaba acercarse demasiado a la muchacha.
Durante su primer receso de más de quince minutos, Hermione emprendió su camino hacia la sala de profesores, con el fiel Crookshanks siguiendo cada uno de sus pasos bien de cerca.
Tocó a la puerta de forma educada, y luego de uno o dos minutos, la puerta se abrió. La profesora Sprout se asomó, limpiándose unos restos de azúcar de sus labios. Formó una pequeña sonrisa al verla.
―¡Compórtense, tenemos visitas!―avisó entonces en voz alta, apartándose un poco del camino para permitirle pasar
Sorprendida por el acceso tan fácil a la sala, la chica ingresó, inclinándose para poder cargar a Crookshanks entre sus brazos, temiendo que fuera a asustarse al estar rodeado de tantas personas en esa habitación.
―¡Hermione!―pudo escuchar la voz emocionada de Hagrid desde el fondo de la habitación―. ¡Llegaste a tiempo, aún quedan pastelillos!
―¡No por mucho…!
La muchacha parpadeó varias veces, confundida, pero no se fijó en Sprout acercándose de nuevo a la mesa. Pudo ver al profesor Snape observarla desde su lugar apartado, con una ceja arqueada mientras apenas alzaba la vista de su libro.
―Señorita Granger, usted debe considerarse muy privilegiada, de ver este tipo de escenarios―murmuró entonces la directora McGonagall, limpiando sus labios con una servilleta con delicadeza, acercándose a la alumna―. ¿Podemos ayudarla en algo? Debe ser muy serio si tuvo que venir hasta aquí.
Hermione asintió levemente, aún un poco descolocada por la situación. Honestamente no esperaba que llegar hasta aquel punto sería tan fácil. Quizá ser la mejor alumna de su generación, modestia aparte, tenía algo que ver.
―Profesora, es decir, directora… ¿recuerda lo que le conté aquel día, después de que se llevaron a los heridos a San Mungo?
Una pequeña mueca que mezclaba angustia e incomodidad apareció en los labios de la mujer, mientras el pequeño brillo que tenía en sus ojos desaparecía casi enseguida. Asintió secamente.
―¿Sobre sus padres? Sí, señorita Granger, lo recuerdo muy bien―aseguró entonces, palmeando el hombro de la alumna brevemente, como una clara muestra de apoyo de su parte―. ¿Qué ocurre? ¿Sabe algo de ellos?
La joven Gryffindor asintió levemente, y le mostró la placa que traía Crookshanks en su cuello, acariciando al felino para que no atacara cuando la mujer se inclinó un poco para leer mejor.
―Una dirección… ¿están allí?―cuestionó McGonagall, arqueando una ceja con algo de escepticismo―. ¿Está usted segura…?
La muchacha asintió rápidamente. Estaba bastante segura. Lo suficiente al menos. Pudo ver la preocupación en el rostro de la mujer frente a ella, como si estuviese analizándola todavía, con sus ojos envejecidos fijos en ella. Finalmente asintió levemente.
―Supongo que lo menos que puede hacer es verificarlo… no perdería nada haciéndolo―murmuró la mujer, con expresión pensativa―. Me preocuparía que perdiese algunas clases si no fuera usted tan brillante… honestamente sólo me preocupa quién podría acompañarla. Porque obviamente no irá usted sola.
Hermione se mantuvo en silencio por unos momentos. Honestamente ni siquiera había pensado en eso en realidad. Por eso sólo asintió distraídamente, aún acariciando a su mascota detrás de las orejas para que se calmara.
―Yo la acompañaría con gusto, pero tengo muchas responsabilidades aquí―continuó la mujer, volviéndose nuevamente hacia los profesores, ya que al parecer algunos habían estado escuchando muy atentamente a la conversación entre ellas―. Si sólo uno de ustedes pudiese escoltarla… puedo conseguir un reemplazo por un par de días.
Un par de murmullos se suscitaron en la habitación, los profesores parecían tener varias cosas que discutir al respecto. Hasta que uno de ellos se levantó, acomodándose mejor su saco rojizo.
―Yo no tendría ningún inconveniente en acompañarla, señorita Granger―aseguró el profesor Lippert, con una pequeña sonrisa tranquila en los labios―. Si usted no tiene ningún problema con eso, claro…
Hermione boqueó en silencio por unos momentos, como un pez que salía a la superficie. No sabía cómo decir de forma cortés que en realidad sí tenía problemas con eso, pero afortunadamente para ella, no tuvo necesidad de hacerlo.
―Yo la acompañaré, si no tengo ninguna otra opción―masculló Snape, cerrando su libro con un bufido antes de levantarse―. Prepare una muda de ropa o dos, nos iremos este sábado.
El profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras abandonó la habitación con paso tranquilo, sin importarle mucho las miradas curiosas (y tal vez algo irritadas) que los demás le dedicaban en ese momento. McGonagall aclaró su garganta.
―¿Está de acuerdo con eso, señorita Granger?
La muchacha ni siquiera se dio cuenta de que asentía levemente, demasiado distraída al ver la túnica negra de su profesor ondear en la puerta antes de desaparecer de su vista.
Habían salido temprano en la mañana del castillo, llevados con un par de Thestrals en una de las carrozas hasta las afueras mismas del colegio, para que pudiesen aparecerse en Australia con total tranquilidad.
Honestamente, Hermione no se acostumbraba todavía a poder ver a los Thestrals. No era algo que realmente la hiciera sentir feliz.
En su regazo llevaba su pequeño bolso encantado, donde llevaba dos mudas de ropa, un par de libros (nunca estaban de más), junto a su varita. Había optado por vestirse con prendas muggles para intentar pasar desapercibida. A su lado, Crookshanks llenaba de pelos la túnica negra de Snape al dormitar justo en medio de ambos.
―Entonces…―la voz del profesor logró sobresaltarla, justo en el momento que la carroza se detenía―. ¿Lanzaste un hechizo tan poderoso que logró hacer que tus padres olvidaran por completo tu existencia, e incluso la suya propia, por lo que creen que son otras personas?
Hermione asintió en silencio, con una pequeña mueca en sus labios. Vio que el hombre arqueaba una ceja con aire pensativo, aunque no dijo nada más, antes de bajarse de la carroza. La muchacha quiso hacer lo mismo, aunque se le dificultó un poco al cargar a Crookshanks en sus brazos.
―Nunca había escuchado de un caso así, honestamente―aseguró entonces el profesor, apareciendo frente a su lado de la carroza y ofreciéndole su mano para ayudarla―. Bastante impresionante, debo admitir.
La muchacha sintió un tenue color rojizo invadir sus mejillas, pero decidió apartar esos pensamientos de su mente, mientras traspasaban el campo protector mágico que tenía el castillo y su terreno a su alrededor.
Aparecerse tampoco le traía bonitos recuerdos. No había tenido muy buenas experiencias las últimas veces que lo había utilizado.
―Señor… he oído que aparecerse en otros países es peligroso debido a la distancia―farfulló entonces, haciendo una pequeña mueca incomoda―. Podríamos ser víctimas de despartición…
―Me ofende enormemente que dude de mis habilidades de esa manera tan descarada.
―Yo no…
―Llegaremos a Australia en una pieza, a menos que haga alguna tontería y alguna parte suya se quede por aquí. Intente no dejar su rostro, no queremos asustar a nadie.
Hermione hizo una pequeña mueca, estando a punto de replicar, aunque prefirió mantenerse en silencio entonces. Con un suspiro, tomó el brazo que su profesor le ofrecía.
Sintió una oleada de alivio invadirla cuando sus pies tocaron el suelo firme una vez más, y solamente abrió sus ojos entonces, comprobando que estaba efectivamente completa. Pudo notar que estaban en un callejón algo apartado, una ubicación probablemente estratégica para evitar las miradas curiosas de los muggles sobre ellos.
Snape se soltó de su agarre y sacó su varita, acercándose lo suficiente para tomar la placa metálica de Crookshanks y leer nuevamente la dirección allí escrita. Colocó su varita sobre la palma de su mano, antes de pronunciar la dirección en voz alta. Su varita giró un par de veces, antes de detenerse, señalando al norte.
―Hacia allá, estamos muy cerca―murmuró, guardando su varita en su túnica antes de comenzar a caminar.
La muchacha se apresuró a seguirlo de cerca, observando aún así cada casa con la que se encontraban, revisando las direcciones que veía para cerciorarse de que la varita no se hubiese equivocado, ni pasaran frente a la misma sin siquiera darse cuenta.
Tuvieron que caminar sin pausa durante más o menos quince minutos, recibiendo algunas miradas llenas de curiosidad, más que nada debido al atuendo que llevaba el profesor Snape en ese momento.
―¡Aquí es!
Hermione se detuvo frente a la casa que llevaba la dirección correcta, llamando la atención de su profesor, que regresó sobre sus pasos para verificar que fuese la dirección correspondiente. Dio un leve asentimiento.
La joven estudiante se acercó casi sin dudarlo a la puerta de la residencia, la cual era en realidad muy bonita y de apariencia acogedora. Tuvo que tomarse un par de momentos antes de hacer nada más, respirando hondo, y se sobresaltó cuando el profesor dio un par de golpes en la madera con aire impaciente.
Hermione no pudo evitar que una pequeña mueca apareciera en sus labios. Aún no estaba lista para ver a sus padres otra vez, a pesar de que se moría de ganas de que ocurriera. Aún no sabía como contenerse de lanzarse a abrazarlos enseguida.
Un par de minutos después un par de pasos se acercaron a la puerta, y esta se abrió. La muchacha tuvo que contener el aliento por unos segundos, al ver a su madre justo frente a ella, con una pequeña sonrisa amable en sus labios.
―Buenos días. ¿Puedo ayudarlos en algo…?―cuestionó con tono tranquilo, hasta que fijó su mirada en el minino que los acompañaba―. ¡Bashir!
Hermione tragó en seco al verla inclinarse para cargar a Crookshanks cariñosamente, acariciándolo con dulzura. Eso fue un recordatorio bastante cruel de que esa mujer era Monica Wilkins, y no su madre. Ya no, y no aún.
Pudo notar la intensa mirada de su profesor sobre ella, como si estuviera preguntándole en silencio si ya era el momento, pero ella simplemente negó de forma casi imperceptible. Sonrió un poco aunque le costase hacerlo.
―Cariño, ¿quién es…? ¡Santo cielo! ¡Sabía que había sido mala idea llevarlo a nuestras vacaciones…!
El hombre que se acercó a continuación, Wendell Wilkins, enseguida acarició el pelaje color jengibre del felino, antes de volverse hacia los recién llegados con una pequeña sonrisa en sus labios.
―De verdad, Muchas gracias―dijo con tono alegre, ofreciéndole su mano al profesor Snape , quién la estrechó brevemente de forma algo cautelosa―. Gracias al cielo su hija encontró a nuestro pequeño Bashir.
―No es mi hija.
―¿Nieta…?
―No.
―¿Entonces…?
―Esposa.
Hermione no pudo avergonzarse ante la afirmación de su profesor, porque estaba demasiado ocupada observando la expresión descolocada del hombre, y el codazo disimulado que le dio su esposa. Algunas cosas simplemente no se borraban con un hechizo.
―De cualquier modo, como habrán leído, somos Monica y Wendell―se presentó entonces ella, permitiendo que Crookshanks bajara al suelo, y viendo que este se acercaba a Hermione enseguida―. Y tal parece que Bashir ya los considera sus amigos… ¿gustan pasar para una taza de té?
Hermione asintió rápidamente, tal vez con demasiado entusiasmo en su gesto, mientras podía ver de reojo la expresión ligeramente irritada que llevaba su profesor en su cetrino rostro. Aún así, ambos ingresaron al hogar, siendo recibidos por ese aire cálido y hogareño que podía notarse ya en su fachada.
―Por favor, tomen asiento―dijo Wendell, señalando la sala de estar con una pequeña sonrisa, al parece menos impresionado ahora―. ¿Ustedes son…?
―¡Finite Incantatem!
La muchacha se sobresaltó al escuchar la voz del profesor Snape, viéndolo sostener su varita apuntando a sus padres, quienes se quedaron en completo silencio por unos momentos, parpadeando rápidamente, como si estuvieran despertando de una siesta especialmente larga.
La joven estudiante no sabía muy bien como sentirse al verlos de esa manera, confundidos, como un animalito indefenso abandonado en medio de una tormenta cruel.
―Hermione…―murmuró la voz algo ahogada de su madre, mientras se masajeaba la sien un poco―. ¿Qué está ocurriendo…?
Ella pudo ver a su profesor guardar su varita casi enseguida, por lo que se acercó a la confundida mujer para abrazarse a ella, escondiendo su rostro en su pecho, donde nadie podía ver sus lágrimas. Aun así sollozó cuando sus brazos la envolvieron.
―¿Quién es Wendell Wilkins, y por qué estoy en su casa?―cuestionó entonces su padre, frunciendo un poco el ceño, confundido, mientras se acercaba para acariciar el cabello de su hija―. ¿Y por qué estás tan angustiada…?
―¡Lo siento! ¡Lo siento, mamá y papá, sólo quería protegerlos!―exclamó la muchacha, apartándose apenas para poder verlos con sus llorosos ojos castaños―. Yo… y-yo tuve que borrar sus memorias… quería protegerlos… por eso ahora estamos en Australia…
―¡¿Australia?!
Hermione sólo pudo sollozar una vez más, asintiendo mientras intentaba calmarse una vez más. Pudo ver a su padre llevarse las manos a su cabello, aparentemente demasiado impresionado con las noticias que recibía. Ella intentó explicarles un poco más, pero su madre no se lo permitió, inclinándose para besar su frente.
―Más tarde, cariño―murmuró, acariciando sus mejillas sonrosadas y secando sus lágrimas con una pequeña sonrisa―. Ahora todo lo que me importa, es que estás aquí de regreso.
Su padre asintió ligeramente ante esa afirmación, esforzándose en formar una sonrisa también. Incluso intentó bromear.
―Al menos no estás casada con este hombre de verdad, ¿eh?
―En realidad, eso es cierto―aseguró entonces el profesor Snape, que se había mantenido alejado e indiferente durante todo el intercambio.
El señor Granger perdió todo el color que tenía en su rostro, antes de caerse de espaldas, completamente inconsciente. Aunque su madre se alarmó, Hermione solamente soltó una risita.
Su padre había reaccionado de igual forma cuando se enteró de que su hija era una bruja. Y de la misma manera, lo entendería con el tiempo. O al menos, eso esperaba Hermione.
Notas finales: Una semana después, estoy de regreso… milagrosamente. Cielos, la secundaria sí que es pesada. Y me quita el tiempo DX
En fin, no quiero aburrirlos con todo eso. ¿Cómo quedó el capítulo? Personalmente lo siento un poco "meh", pero ustedes sabrán juzgarlo mejor que yo.
¡Hora de responder reviews!
ringo-tensai: Hehehe, pues siempre imaginé a Snape como un amante gatuno de clóset. Algo así como: "Hmm, sí… no son tan molestos y despreciables como el resto de los seres vivientes" :p Pues espero que este cap te haya gustado. Besos~
YUKI. NICKY1: Pues sí… digamos que Hermione cuenta con mucha suerte por ahora :) Síp, creo que debo llevarlos despacio y por la sombra, para que no parezca demasiado apresurado. ¡Saludos!
luz gabriela: ¡¿En serio?! ¡Muchísimas gracias! ¡Espero que este también te guste!
Aigo Snape: ¡Lo sé! De a pasos pequeños, algún día llegaremos… (?) Me alegra mucho que te haya gustado.
Yazmin Snape: ¡Gracias! Pues ahí ves, los Granger lo llevaron en sus vacaciones :P No creo que Lippert planee algo bueno… o tal vez sí. No lo sé XD ¡También me encantaría que fuesen más largos! Pero ya sabes, la secundaria y la vida real quitándome el tiempo :( ¡Saludos!
Sui Cipher: ¡Hola! ¡Muchas gracias! Síp, de hecho va muy lento a propósito. He tenido malas experiencias con Snamiones que van muy rápido :P ¡Me alegra que te guste, espero que siga así! ¡Besos y Avadas para ti también!
Tomoe-99: Pues a mí también, Snape puede ser un poquito irritante a veces… pero todos sabemos que es un corazón de pollo en el fondo x3 ¡Besos!
EriSnape: ¡Muchas gracias! Y así es. Pues sí, Severus la ayudó… aunque sea de mala gana :P
Valery Ryddle: ¡Hola! ¡Gracias! Oh, a mí también, juntos son el dúo dinámico X'D Y sí, creo que Crookshanks va a ayudarlos a su manera. ¡Nos leemos pronto!
Muchas gracias a…
… Sayabi, Nhara y mESTEFANIAb por agregar el fic a favoritos.
… Nhara y mESTEFANIAb por darle follow.
… aquellos que leen pero no comentan nada. ¿Sabían qué según el internet, aquellos que leen pero no comentan nada. ¿Sabían qué según el internet, si se erradicaran las enfermedades cardíacas, el cáncer, y la diabetes, la expectativa de vida del ser humano sería de 99.2 años? (?)
Y… bueno, creo que eso es todo por ahora. Ya saben, ideas, sugerencias u opiniones = reviews. ¡Gracias por leer!
¡Nos leemos!
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