Disclaimer: El Potterverso no es de mi pertenencia. Debemos agradecerle a J.K Rowling por haber creado tan maravilloso mundo. La historia y demás, en cambio, son de mi pertenencia en su mayoría.

Resumen: La guerra había terminado, y aunque muchas vidas se habían perdido, una de ellas estaba tomando una siesta. Literalmente. Sin embargo, las incontables bajas sufridas por el mundo mágico amenazan seriamente con la extinción. Pero el Ministerio de Magia va a encargarse de que jamás suceda algo así. Cueste lo que cueste.

Advertencias: Snamione (Severus Snape/Hermione Granger); Universo Alterno. Posible Out of Character. Este es mi primer fic de Harry Potter, por favor sean gentiles (?)

Notas iniciales: Hola. De nuevo ando bastante ocupada (y estuve leyendo un fic que me agota emocionalmente, también) pero me hice un tiempo para escribir el cap de una vez. Empezando hoy viernes a las 1:14hs de la madrugada, ¡vamos!


La vida es un vals

La otra mujer


Hermione se había pasado la semana completamente distraída. Se preguntaba quién podría ser esa persona que su profesor tan insistentemente quería presentarle.

Sus amigos notaron su actitud distante, pero aparentemente prefirieron dejarla ser. Tal vez aquello se debía a las expresiones de pocos amigos que solía tener en su rostro últimamente, en gran parte por la falta de sueño que estaba sufriendo. Sin dudas no saber algo, por muy mínimo o gigantesco que fuese, era más fuerte que ella.

El viernes por la mañana estaba exultante. Era el día, finalmente, conocería a aquella misteriosa mujer que había compartido su noche con su profesor. No quería mostrarse demasiado emocionada, pero supuso que su cambio de humor era bastante obvio para sus amigos, aunque estos lo aceptaron con sonrisas y nada más.

Estaba engullendo su desayuno con entusiasmo, cuando un papel pulcramente doblado aterrizó delicadamente a su lado. Con curiosidad, Hermione lo tomó y lo abrió. Allí había una breve nota de su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, en la que le pedía que se dirigiera a su despacho en la noche, y no en la tarde como antes le había solicitado.

Hermione infló sus mejillas de forma completamente inconsciente, como gesto de su disconformidad. Ella ya se había excusado con sus amigos por su ausencia en la tarde, y además quería aprovechar la noche para intentar dormir aunque fuese un poco más.

Le dedicó una mirada acusadora a la mesa de profesores, pero pudo notar que su profesor estaba demasiado distraído hablando con la nueva profesora de Estudios Muggles, o bien, escuchando aburrido lo que la mujer casi vociferaba con un acento extranjero.

Intentando verle lo positivo a aquello, Hermione aprovechó la tarde para estudiar por un rato en su habitación, escuchando a sus compañeros utilizar el campo de Quidditch afuera, lanzando gritos y risas escandalosas. La muchacha intentó concentrarse lo más que pudo en su libro, pero las palabras estaban volviéndose borrosas.

Casi cayó de cabeza sobre sus pergaminos una vez, luego dos, y a la tercera se desplomó sobre todos sus artículos de estudio, soltando un sonoro ronquido en el proceso.

Cuando volvió a abrir sus ojos, perezosamente, buscó su reloj para observar la hora. Se sobresaltó enseguida, notando que ya habían pasado treinta minutos desde la hora que su profesor le había indicado, y del final de la cena también.

La cena… su estómago rugió sonoramente ante aquel pensamiento. Negó rápidamente, poniéndose en pie tan veloz que casi cayó nuevamente, esta vez en el duro suelo bajo sus pies. Se restregó los ojos, y acomodándose mejor el uniforme, decidió salir lo más apresuradamente posible de allí.

Comenzó a recorrer los pasillos del castillo con su varita en alto, alumbrando su camino para que no fuera a caerse por ahí también. Tenía hambre y estaba recién despierta, aquella no era para nada una buena combinación.

Continuó su camino, ignorando las quejas de los retratos en las paredes, justo cuando otra luz igual o más potente que la suya casi la cegó. Apartó la mirada, bajando su varita también, mientras restregaba sus ojos una vez más, también algo adormilada.

―Por fin se dignó a venir, ¿no, señorita Granger? ―cuestionó la voz del profesor Snape, arqueando una ceja al llegar justo frente a ella, sin bajar su varita―. Comenzaba a pensar que debía ir a buscarla yo mismo.

―Iba a buscarme―corrigió ella, aún algo molesta por la luz que la varita de su profesor proyectaba―. ¿Podría por favor…?

Hermione creyó que el hombre se había apiadado de sus orbes castañas cuando la luz dejó de torturarla, pero se dio cuenta de que él simplemente se había dado la vuelta para dirigir el camino hacia su despacho. Suspirando pesadamente, Hermione comenzó a seguirlo.

El camino se le hizo eterno, tal vez porque no podía ver nada más que la espalda de su profesor frente a ella. Cuando llegaron, la puerta se abrió por sí sola, y la muchacha ingresó al despacho detrás de su profesor, justo antes de que la puerta se cerrara nuevamente con un estruendo.

―Usaremos la red Flú, nuevamente―avisó él, apagando la luz de su varita mientras se acercaba a la chimenea, donde descansaba la bolsita que contenía los polvos―. Acérquese, o será difícil que lo hagamos.

Hermione rodó los ojos ante eso, pero aún así asintió, acercándose hasta colocarse junto a su profesor frente a las llamas crepitantes. El hombre lanzó los polvos flú a las llamas, antes de exclamar.

―¡Bosque de Bumbibjörn!

Justo en el momento que las llamas en la chimenea adquirieron una tonalidad esmeralda, Hermione se vio prácticamente arrastrada dentro de las mismas, abandonando el lugar donde había estado un par de segundos antes.

En un simple parpadeo, estaba abandonando otra chimenea, sintiendo la mano de su profesor cerrada con fuerza en torno a su brazo. Apenas pisaron suelo firme, la soltó.

Hermione se tomó un momento para respirar. El viaje, obviamente breve y casi imperceptible, no le había dado siquiera un mísero momento para pensar en lo que estaba ocurriendo. Iba a conocer a la misteriosa mujer, en ese mismísimo momento.

Intentando mantener su respiración y ritmo cardíaco relajados, la muchacha se dedicó a observar alrededor atentamente. El lugar estaba pulcramente ordenado, pero aun así, despedía ese aire hogareño que no había esperado encontrar allí. Incluso podía olfatear algo que parecía ser comida, y provenía de una habitación a la derecha.

―Profesor…

Pero el hombre alzó su mano en ese instante, para silenciarla enseguida. Señaló de forma significativa la puerta de la habitación de dónde provenía tan delicioso aroma, y obediente ante la tácita orden, la muchacha se volvió hacia allá.

Hubiera esperado una mujer de despampanantes proporciones, bella y joven. No a esa señora de mediana edad, de complexión delgada y mediana, cuyo largo cabello negro y liso caía a cada lado de su rostro, enmarcando el pálido rostro de ojos negros.

La mujer formó una diminuta y casi tímida sonrisa mientras su largo cabello se amarraba mágicamente y ella permitía que la coleta descansara sobre su hombro derecho, acercándose a ellos con calma.

―Severus me avisó que vendrías―dijo, con un tono bastante tranquilo a pesar de su expresión ligeramente nerviosa―. Qué bonita eres, niña, de verdad.

Hermione permaneció en completo silencio durante unos momentos, observando a la mujer y contando mentalmente todas las similitudes que guardaba con su profesor, hasta que éste aclaró su garganta para llamar su atención, y la consiguió.

―Señorita Granger, le presento a Eileen Prince, mi madre―murmuró, formando una mueca con sus delgados labios, como si realmente se sintiera algo incómodo en aquella situación pero la considerara necesaria―. Madre, ella es Hermione Granger, mi… esposa.

La joven muchacha tragó en seco. Hasta que lo dijo, creyó que simplemente podía ser una impresión suya. Pero no era así, allí estaba, la mujer con la que su profesor había pasado la noche. Su madre.

―Bueno, Severus, no me habías contado que es muda―intervino entonces Eileen, con una pequeña sonrisa de lado, muy parecida a las que su hijo solía formar muy seguido―. ¿Te comieron la lengua los ratones, muchacha?

―¡No! Digo… lo siento―farfulló, aunque pensó que esas palabras debía dirigirlas a su profesor en lugar de a su madre. Negó rápidamente con su cabeza, intentando aclarar sus ideas―. Es un placer conocerla, señora Prince.

La mujer soltó una pequeña risita, y tomó del brazo a la muchacha, aunque con mucha más delicadeza que su hijo, y la dirigió con paso relajado a la cocina, de dónde provenía ese delicioso aroma. Hermione sintió su estómago rugir al volver a olfatear.

―Llámame Eileen a menos que quieras que nos llevemos mal―dijo entonces la mujer, indicándole una de las sillas que rodeaba la pequeña mesa en la cocina―. Siéntate, te serviré algo para comer.

La muchacha se acomodó allí, aun sintiéndose bastante descolocada y sorprendida. Como si no se permitiera todavía creer que aquello estaba ocurriendo en realidad. Observó en silencio como la mujer servía un plato de guisado, y luego lo colocaba frente a ella.

En otro momento Hermione hubiera rechazado la comida amablemente, pero en ese momento ni siquiera se le pasó por la cabeza, tomando la cuchara que le ofrecían y comenzando a devorar el plato. Soltó un pequeño sonido de satisfacción. Realmente estaba hambrienta.

Sólo una pequeña risita por parte de aquella mujer logró sacarla de su ensimismamiento. Con un ligero sonrojo en sus mejillas, tomó una servilleta y limpió sus labios delicadamente, echando una rápida pero poco disimulada mirada a su alrededor.

―No te preocupes por él. Probablemente está en la pequeña alacena de pociones que tiene aquí… al parecer no le alcanza el espacio―farfulló la mujer, con una pequeña sonrisa, como si le hubiera leído la mente―. Vendrá cuando se sienta listo.

Hermione asintió levemente, intentando corresponderle la sonrisa, aunque aún se sentía bastante nerviosa. Devorando una nueva cucharada del sabroso guisado, pudo notar un pequeño destello en el cuello de la mujer. Un collar de plata colgaba del mismo, con una pequeña S incrustada de esmeraldas como adorno.

―Slytherin…―murmuró en voz casi inaudible, más para sí misma que nada. Aun así Eileen pudo escucharla.

―Oh. Sí. Severus me lo regaló hace unos días… ser héroe de guerra trae bastante dinero, ¿sabes? ―aseguró ella, soltando una breve risita, mientras observaba el uniforme que la muchacha aún lucía―. Veo que eres Gryffindor. ¿Eso significa que eres impulsiva y valiente?

La muchacha se permitió sonreír un poco, limpiando sus labios una vez más mientras se encogía ligeramente de hombros. Se estaba sorprendiendo a sí misma al comenzar a sentirse relajada en compañía de aquella mujer prácticamente desconocida.

―Lo de valiente, lo dicen algunas personas. Impulsiva… creo que no―farfulló, revolviendo la poca comida que ya iba dejando en su plato―. A veces creo que debí pertenecer a Ravenclaw, pero usted sabe… el Sombrero Seleccionador nunca se equivoca.

―Oh, a veces sí lo hace. Pero no creo que lo haya hecho contigo. Según tengo entendido, también fuiste parte importante en esta guerra.

Hermione arqueó una ceja. Supuso que la mujer había estado leyendo los periódicos… o su profesor le había hablado de ella. Intentó descartar esa idea de su mente enseguida, denotándola como ridícula. Sin embargo, por algún motivo Eileen sabía que ella no había cenado…

―¿Hay alguien ahí? ―cuestionó la voz ligeramente lejana de la aludida, con un chasquido de dedos, sobresaltando a la joven―. Creo que tiendes a perderte en tus pensamientos muy seguido, niña.

Ella asintió, sin saber cómo más responder, mientras terminaba de una vez su cena. Se sintió inmensamente satisfecha, y a pesar de que no había comido postre, lo agradecía. Probablemente eso solamente le daría un dolor de estómago.

Escuchó algunos pasos pesados acercarse a la cocina, y de reojo pudo ver la túnica negra de su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras pasar por su lado, además de escuchar el bajo frufrú de su capa.

―¿No vas a querer cenar, Severus? ―cuestionó entonces la mujer, sin necesitar darse la vuelta para saber que estaba allí―. Sé que no cenaste tú tampoco.

―No tengo hambre―murmuró él simplemente, permaneciendo en pie cerca de la puerta con aire tenso, rígida postura―. Creo que ya es hora de irnos.

Sólo entonces Eileen se dio la vuelta para mirarlo, luego de colocar el plato que Hermione había usado en el fregadero, para que este comenzara a lavarse solo.

―¿Tan rápido? ¿Por qué? ―cuestionó la mujer, cruzándose de brazos y ladeando un poco su cabeza al mirarlo―. ¿Acaso tienes apuro? ¿Alguien te espera?

Hermione, con renovado interés, se enderezó casi imperceptiblemente en la silla que ocupaba, observando a su profesor con curiosidad. Pudo ver que formaba la misma mueca de antes, y apartaba sus ojos oscuros de ella.

―Sabes que no.

―¿Qué hay de esa mujer? ¿Cómo se llamaba? ¿Dorothy…?

―Madre. Basta.

Eileen se detuvo, pero Hermione no. Su mirada de ojos castaños taladraba el rostro de su profesor como si pudiese ver a través de sus músculos y huesos. Se sintió, en ese instante, tan victoriosa como enfadada. Victoriosa, porque tenía razón. Enfadada, porque había intentado engañarla. ¡Entonces sí había otra mujer…!

―Charity murió en la guerra, madre. Nadie me espera.

Casi pudo sentir esas palabras como una bofetada directamente en su mejilla. Casi pudo sentir el dolor físico. Casi, casi…

Hermione se había quedado sin aliento. Charity. Sólo había una mujer, que ella conociera, que llevara alguna vez ese nombre.

―Severus, yo…

Pero el hombre ya había girado sobre sus talones, saliendo a grandes zancadas de la habitación. Casi de forma milagrosa, Hermione logró leer las intenciones que llevaba, por lo que se apresuró a ponerse en pie y seguirlo. Al ver la posición que él adoptaba, lo supo.

Iba a aparecerse. Hermione no tuvo mucho tiempo para pensar. Podría sufrir una despartición, pero… pero aun así corrió hacia él y se aferró con fuerza a su brazo justo en el momento exacto. El suelo bajo sus pies se desvaneció y ambos desaparecieron en ese instante.

Cuando volvió a tocar el suelo, fue con su espalda. Cayó con un golpe sordo sobre el césped alfombrado con blanca y pulcra nieve. Se enderezó un poco, y al alzar la vista, deseó no haberlo hecho. El hombre le dedicaba una mirada de total desprecio, o eso es lo que podía distinguir en sus ojos oscuros como esa misma noche.

Justo cuando él se dio la vuelta, la muchacha fue consciente del fuerte dolor que sentía en una de sus manos. Al alzarla, jadeó. Una de sus uñas, la de su dedo índice en su mano izquierda, no estaba ya en su cuerpo. Haciendo una mueca, sacó su varita, y además de iluminarse, se aseguró de al menos detener el sangrado.

Con dificultad se puso en pie, y notó que había perdido de vista a su profesor. Pensó en llamarlo en voz alta, pero se contuvo. Primero, porque probablemente él no le respondería. Y segundo, porque se encontraba rodeada de tumbas, y consideraba irrespetuoso hablar demasiado alto allí.

Soltó un largo suspiro de resignación, comenzando su búsqueda a través de las cientos de lápidas que la acompañaban en esa noche fría. La nieve bajo sus pies y la que caía en su rostro estaban dándole la sensación de que se congelaría en el camino. Definitivamente su uniforme no era el atuendo adecuado para enfrentar una noche de cruel invierno.

Luego de casi cuarenta y cinco minutos de intensa búsqueda, podía ver el humo en que se había transformado su aliento, y sentía sus músculos comenzar a entumirse por el persistente frío, pero aun así no iba a desistir en su búsqueda. Se sentía mal, terriblemente mal. Culpable de haberse sentido dichosa aunque fueran unos segundos, aunque fuera antes de saber que…

Apenas comenzó a tiritar violentamente, creyó ver la figura de su profesor en la distancia. Estaba inclinado hacia una de las lapidas, y había creado una corona de preciosos claveles, que descansaban en la nieve. Él también temblaba, pero tuvo la sensación de que no se debía al clima.

Hermione intentó apresurarse, acercarse a él lo más rápido que podía. Pero sus músculos estaban tensos y rígidos, tanto que caminar se había vuelto una tarea sinuosa y difícil de concretar. Logró avanzar un metro, tal vez un metro y medio, antes de caer con un sonido sordo en la nieve.

Jadeó, sintiendo la baja temperatura envolverla en un abrazo cruel, y en ese momento creyó, hasta mortal. Intentó ponerse en pie, o siquiera arrastrarse hacia él, pero no podía moverse ni un centímetro más. Apenas pudo alzar su cabeza, para ver que su profesor se volvía hasta el origen del sonido que ella había provocado al caer.

¡Hermione!

Ella pudo escucharlo, claro que pudo, pero simplemente no podía usar su voz para responder. Oyó los pasos apresurados del hombre acercándose apresuradamente, y pronto se vio envuelta en su capa negra, alzada en el aire para evitar que siguiera en contacto con la fría nieve.

Alzó la vista tanto como su entumecido cuello se lo permitía, y lo observó directamente a los ojos. En ellos había un fantasma de lágrimas pasadas, y ahora expresaban arrepentimiento y enfado de una manera que no había podido apreciar jamás.

Aún podía sentir el gélido aire acariciando sus mejillas, pero también sentía el calor corporal que su profesor emanaba. Sin poder evitarlo, cerró sus ojos, acurrucándose casi de forma inconsciente.

Pudo escucharlo murmurar algo sobre que ella era una niña tonta y terca incapaz de pensar siquiera en transfigurar su ropa para que fuera más cálida. Ni siquiera notó que al segundo siguiente, ambos se desvanecían en el viento invernal.


Notas finales: Chan, chan, CHAN… *suena la música de suspenso* (?)

Síp, lo sé. Un montón de cosas ocurrieron en este capítulo, y por eso me quedó un poquito más largo de lo usual. Espero que eso no le resulte una molestia. Si algo les parece fuera de personaje: esperen. Lo justificaré en el próximo capítulo (o eso espero).

En fin… ¿qué tal estuvo? ¿Bueno, malo, muy impersonal, muy dramático…? ¡Recuerden que pueden decírmelo en un review! Los cuales, ahorita voy a responder.

Aigo Snape: ¡Pues tu instinto no estaba tan equivocado después de todo…!

Nhara: Awww… ¡gracias a ti, por leer y disfrutarlo! Este capítulo también es un poquitín más largo, pero me temo que es menos… 'animado' que el anterior.

yetsave: ¡Gracias! No estabas tan equivocada como verás. ¡Besos, cuídate!

lisicarmela: ¡Gracias, me alegra mucho que te guste!

mESTEFANIAb: Pues digamos que Severus Snape no es necesariamente una mariposa social en lo absoluto… Sobre Hermione y Ron, creo que ambos están en negación sobre el final de su relación. ¡Saludos!

ringo-tensai: YAY! X3 Aquí está la misteriosa mujer… todo un malentendido. Me temo que deberás esperar al próximo capítulo por eso que quieres ver… ¡intentaré que valga la pena la espera!

bedolla. lau: ¡Ja, caíste! El final estuvo un poco triste, pero bueno… lo compensaré en el próximo ;) ¡Espero que te haya gustado!

Yazmin Snape: ¡Espero que hayas disfrutado tu helado! Pues el fic no es Snamione (creo…) pero lo escribió una buena amiga y merece todo el apoyo posible porque es excelente X3 Pues la mujer resultó ser su madre… y la tumba de Charity, supongo :( Yo también creo que ya hay algo por ahí, aunque sea pequeñito… ¡cuídate, nos leemos!

Umeki-Nara: Toda, todita la verdad en tu primera oración :'v ¡Esa era la intención! Incomodidad: Mode ON XD Tú sabes que en el fondo Hermione es una loquisha 7u7 Pues sin duda se mordió la lengua… aunque se le congeló *ba dum tss* Ya, no bromeo con eso .-. ¡Nos leemos, saludos!

Noir Striker: Gracias… ya sabes, lo que se cocina a fuego lento es más sabroso (?) Ok, no. ¡Espero que te haya gustado el capítulo!

Valery Ryddle: ¡Hola! Lamento leer eso, espero que cuando leas esto estés mejor :) Gracias a ti, por leer y comentar. ¡Yo también recordé eso al escribirlo! Severus no le permitirá ganar hasta que la ame con todo su corazón de pollo… y aún ahí, lo dudo. ¡Nos leemos!

Sui Cipher: ¡Hey, no te preocupes! Gracias, de hecho a mí también me gustó escribirla así ;) Pues… también visitó a una mujer que no estaba viva, así que no estabas tan equivocada. ¡Amortentias y patronus (¿o patronuses?) para ti!

EriSnape: Pues no su tumba, pero sí la de otra persona… ¡Espero que este capítulo también te haya gustado!

BlackStarAnn: ¡Hola! ¡Ya me preguntaba dónde andabas! ¡Mucha suerte en la facultad! 1- Pues no… fue a visitar a su mamá :( Habrá más cositas así, no me odies x3 Creo que él estaba hablando de… setzo 7W7 Ok, no. Pero sí (?) 2- Pues a mí me dio risa escribir a Hermione actuando más confiada… ¡ahora sabes lo que realmente pasó! Me preguntó qué opinas al respecto… ¡Claro que no me aburres! ¡Adoro los reviews extensos! ¡Saludos, cuídate, nos leemos!

Muchas gracias a…

JqSlytherin09 por agregar el fic a favoritos y por darle follow.

aquellos que leen pero no comentan nada. ¿Sabían qué según el internet, el alimento favorito de las cucarachas es el pegamento que se utiliza en el reverso de las estampillas? (?)

Bueno, creo que eso es todo por ahora. Recuerden, ideas, sugerencias u opiniones, pueden ser expresadas mediante un review. Gracias por leer y comentar, de verdad lo aprecio.

¡Nos leemos!


_-*-_-*-_KovatePrivalski97._-*-_-*-_