Disclaimer: El Potterverso no es de mi pertenencia. Debemos agradecerle a J.K Rowling por haber creado tan maravilloso mundo. La historia y demás, en cambio, son de mi pertenencia en su mayoría.
Resumen: La guerra había terminado, y aunque muchas vidas se habían perdido, una de ellas estaba tomando una siesta. Literalmente. Sin embargo, las incontables bajas sufridas por el mundo mágico amenazan seriamente con la extinción. Pero el Ministerio de Magia va a encargarse de que jamás suceda algo así. Cueste lo que cueste.
Advertencias: Snamione (Severus Snape/Hermione Granger); Universo Alterno. Posible Out of Character. Este es mi primer fic de Harry Potter, por favor sean gentiles (?)
Notas iniciales: Hola. Antes que nada quisiera disculparme por el retraso de este capítulo. No me he estado sintiendo bien, física y emocionalmente, además de que me faltaba inspiración. Gracias a Umeki-Nara, por ayudarme a escribir una pequeña parte del capítulo. Nos leemos por allá abajo.
La vida es un vals
Sectumsempra
A la mañana siguiente, se sentía un poco avergonzada por la situación de la noche anterior. Cuando escuchó movimientos a su alrededor, decidió fingir que no lo notaba.
Sólo respiró aliviada cuando escuchó la puerta de la habitación abrirse y cerrarse apenas unos segundos después, Aún con algo de sigilo, se quitó sus cobijas de encima y se aseguró de que él en verdad se hubiera ido.
Sólo entonces, luego de unos minutos, se decidió a cambiar de lugar en la cama. Sólo así pudo dormir un par de horas más.
Se sentía bastante cansada cuando abandonó la habitación y se dirigió al Gran Comedor, sabiendo que tenía unas ojeras bastante notorias y soltando bostezos a cada rato. Apenas se acomodó en la mesa de Gryffindor, recibió un par de miradas curiosas por parte de sus amigos.
Harry echó una mirada a su alrededor, como si quisiese asegurarse de que nadie estaba vigilando sus movimientos de cerca. Sacó de su túnica un pequeño trozo de pergamino, y lo deslizó sobre la mesa hacia ella.
Hermione arqueó una ceja al verlo, y al soltar otro pequeño bostezo, lo tomó en su mano para leerlo. Allí, con la caligrafía de su amigo, se enteró de que el Ministro de Magia había decidido enviar a sus dos aurores esa tarde a Cabeza de Puerco. Y Harry debía encontrarse con ellos.
Con sólo una mirada de ojos verdes supo que él esperaba que ellos lo acompañaran. Y por la expresión relajada que tenía Ron mientras devoraba su desayuno, supuso que ya había aceptado.
Solamente dio un leve asentimiento.
Durante el día intentó mantenerse lo más despierta posible, prestando toda la atención que podía a sus profesores para no bajar su desempeño en cada asignatura. Una parte de ella agradecía que no tuviese clases de Defensa Contra las Artes Oscuras hasta el día siguiente.
Aun así había podido sentir claramente las miradas furtivas que su profesor le había lanzado durante el desayuno, y también el par de veces que se cruzaron por algunos pasillos.
Se preguntaba si en verdad estaba enfadado con ella por lo de la noche anterior. No había sido su intención generarle algún tipo de disgusto, literalmente no había estado pensando con claridad. ¡Hasta había tenido en cuenta sus palabras a fin de cuentas!
Tenía pensado hablar con él por la noche, luego de regresar de Cabeza de Puerco. Pero antes, justamente, debía encargarse de ese pequeño asunto.
Por la tarde, usando la chimenea en la oficina del profesor Slughorn sin su expreso permiso, viajaron con polvos Flú hasta la taberna Cabeza de Puerco. A Hermione nunca le había gustado mucho el lugar, pero entendía que fuese un lugar más privado que las Tres Escobas.
Harry les había dicho que allí estarían los dos aurores asignados, y para mantener la mayor privacidad posible, eligieron una mesa bastante apartada.
―¿Crees que nos vean aquí?―farfulló Ron, viendo a su alrededor, como si estuviese buscando a los dos hombres con la mirada.
Hermione no pudo escuchar si Harry había respondido su pregunta o no. Estaba algo distraída. Aunque no creía en presentimientos, sentía que algo andaba mal.
Quería atribuirlo a que no deberían estar haciendo eso a las espaldas de las autoridades de la escuela.
La opinión de su profesor llegó a sus oídos de forma recriminatoria, pero intentó no sentirse culpable. Estuvieron por pedir algo de beber pero Abeforth sólo tenía cosas demasiado fuertes y la limpieza del lugar sólo le daban náuseas con la sola idea de consumir allí.
Un par de figuras enfundadas en túnicas negras ingresaron en el bar, llamando la atención de los tres.
Harry le dio un leve codazo para llamarle la atención, tal vez pensando que no los había visto aún. Los tres esperaron pacientemente, y entonces los dos hombres se acercaron a la mesa.
—Gracias por su puntualidad—dijo uno de ellos, acercándose y ofreciéndole a Harry su mano.
El muchacho arqueó una ceja, pero luego de un momento correspondió el gesto brevemente.
—Gracias por venir—correspondió, volviendo a tomar asiento mientras el otro hombre pedía unos tragos.
Hermione miró a ambos hombres. Intentó en vano recordar si los había visto en algún momento de su vida, pero su recorrido por el Ministerio durante la búsqueda de Horrocruxes había sido demasiado breve para recordar cualquier cosa.
―Kingsley dijo que necesitabas ayuda―dijo uno de ellos una vez que recibieron sus bebidas. Abeforth los miró de arriba a abajo antes de regresar a la barra.
―¿Ustedes tienen información?―inquirió Ron, algo incómodo por los tarros sucios de los que bebían.
Los dos hombres intercambiaron miradas ante su pregunta, formando pequeñas sonrisas de lado.
—Tenemos mucho más que eso—dijo uno de ellos, el más alto, dándole otro sorbo a su bebida.
—Bueno... ¿qué esperan para contarnos?
Hermione apenas pudo escuchar la voz de Harry, y la del hombre que comenzó a responderle. Esos dos no le daban buena espina, y tenía la sensación de que debía tener su varita a mano por si acaso.
Los hombres volvieron a intercambiar miradas burlonas, y por inercia Hermiome tomó su varita, manteniéndola escondida bajo la mesa.
―No creerán que se los diremos aquí, ¿no?―dijo el primero, levantando la nariz de forma presuntuosa―. ¿No saben lo peligroso que es? Creíamos que eran más astutos.
Hermione sintió grandes ganas de hacer algo, lo que fuera, que pudiera advertir a Harry sobre las sospechas que sentía. No confiaba para nada en esos dos hombres frente a ellos. A sus ojos, parecían dos rufianes muy malos en su trabajo.
―Se supone que debíamos vernos aquí―señaló entonces Harry, arqueando una ceja con una expresión bastante confundida―. ¿Dónde pensaban decirnos?
Los dos hombres volvieron a intercambiar miradas por lo que parecía ser la milésima vez en la noche. Ambos se sonrieron de forma para nada inocente. Y Hermione supo que sólo le quedaban un par de segundos para actuar.
Apenas vio a ambos ponerse en pie con las varitas en alto, ella estaba haciendo lo mismo con toda la rapidez que le era posible. Chispas de distintos colores surcaron el aire, chocando de lleno con el escudo protector que la joven bruja había conjurado.
―¡Son mortífagos!―exclamó ella entonces, ante las expresiones confundidas de sus amigos―. ¡Rápido, no se queden ahí sentados…!
Ni siquiera había terminado de decir aquellas palabras cuando sus dos amigos ya estaban de pie junto a ella, las varitas en alto en posición defensiva. Nuevas chispas de luz volaban de un lado al otro, mientras los hechizos vociferados por ambas partes se mezclaban desordenadamente con los gritos de los demás clientes de la taberna, quienes se apresuraban a abandonar el lugar, temerosos.
Hermione pudo ver a Aberforth Dumbledore sacar su varita también, pero no fue lo suficientemente rápido, y recibió un potente hechizo aturdidor por parte de uno de los atacantes. Ver a aquel hombre que los había ayudado y peleado en la guerra junto a ellos caer de esa forma, sólo pudo motivarla.
Casi sin notarlo había comenzado a aumentar el rango y fuerza de sus hechizos, incluso se atrevió a soltar un maleficio de potencia moderada. No le gustaba la magia oscura, pero haría lo necesario.
En el medio del ajetreo y la agitación que se había impuesto en el lugar, creyó escuchar la voz firme del profesor Snape, vociferando por sí mismo hechizos protectores y peligrosos maleficios por igual. Creyó que su imaginación era más poderosa de lo que recordaba.
Sin embargo, cuando volvió su vista apenas unos segundos, pudo verlo con claridad. No era un producto de su desenfrenada imaginación, él estaba allí de verdad.
Sólo entonces pudo escuchar una sola palabra antes de sentir un intenso dolor extenderse por todo su cuerpo.
―¡Sectumsempra!
Era la voz de uno de los mortífagos, pudo reconocer, mientras observaba con una expresión adolorida como la sangre comenzaba a escapar a borbotones a causa de las heridas cortantes profundas en todo su cuerpo.
―¡Hermione!
Escuchó la voz de Ron en la forma de un grito, aunque sonaba un poco más aguda de lo normal. Cuando se sintió caer al suelo, pudo verlo inclinarse para atraparla y evitarle un mal golpe, aunque eso fue lo último que pudo ver o sentir.
―¡¿Cómo te atreves a usar uno de mis hechizos contra ella?!―rugió entonces Snape, cuyo rostro se había distorsionado en una máscara de pura rabia y ferocidad―. ¡Avada…!
―¡No!
No pudo mantenerse en equilibrio y no supo por qué. Sólo había visto una mancha borrosa acercársele rápidamente, y sintió un peso caer sobre él con toda su fuerza. Cuando pudo al fin enfocar con claridad sus ojos oscuros, pudo ver a Potter sobre él, intentando quitarle su varita.
―¡No vale la pena…!
―¡Potter, te mataré a ti si no…!
Sin embargo, ya era demasiado tarde. Apenas alcanzó a ver como ambos mortífagos se desaparecían, no sin dedicarle antes un par de sonrisas torcidas. Soltó un gruñido, quitándose a Potter de encima con un empujón antes de ponerse en pie.
―¡Se va a morir!―vociferó entonces Weasley, quién tenía una expresión de pura agonía y los ojos azules llenos de lágrimas―. ¡Se va a morir si no hacemos algo, maldición…!
Severus siseó un par de palabras que nadie pudo escuchar, acercándose enseguida para apartar al joven pelirrojo de forma brusca, antes de arrodillarse junto al cuerpo convaleciente de su esposa.
―Vayan al castillo, busquen a Madam Pomfrey―ordenó entonces, colocando su varita sobre el pecho de la muchacha―. Puedo curarla, pero perdió mucha sangre… ¡vayan, malditos ineptos, vayan de una vez!
Pudo escuchar los pasos atropellados y presurosos de ambos adolescentes, y rodó los ojos, sin paciencia en lo absoluto. Intentó calmarse, para poner toda su concentración en curar las heridas en el cuerpo de Hermione.
Pudo hacerlo, pero no sin experimentar un cierto sentimiento de culpa que sólo podía tener una explicación. El hechizo que la había herido de tal manera era suyo, y en ese momento deseaba nunca haberlo creado.
Cuando recuperó por fin la sensibilidad y la consciencia, pudo jurar que alguien estaba partiendo su cráneo a la mitad de la forma más sádica posible.
Sin embargo, cuando logró abrir sus ojos castaños, comprobó que no era así. Simplemente tenía un dolor de cabeza insoportable y la mayoría de sus músculos entumecidos. Intentó moverse aunque fuera un poco, pero casi enseguida una mano se posó sobre su hombro para mantenerla recostada.
―No te atrevas a moverte―advirtió la voz ligeramente ronca del profesor Snape, con tono cansado
Hermione frunció un poco el ceño, y se volvió hacia el origen de su voz. Pudo verlo entonces sentado a su lado, y reconoció también sus alrededores como la enfermería de Hogwarts. Sus ojos se posaron por un momento en los vendajes que parecían cubrir gran parte de su cuerpo.
―¿Qué fue lo que ocurrió…?―preguntó entonces, cerrando un momento sus ojos castaños en un intento de apaciguar aquella fuerte jaqueca
Pudo escuchar claramente a Severus chasquear su lengua sonoramente de forma despectiva, y casi pudo imaginarlo rodando los ojos y cruzándose de brazos. Se tardó unos momentos antes de hablar.
―Tus amiguitos y tú decidieron meterse en la boca del lobo, por los viejos tiempos―espetó con tono venenoso, prácticamente en lo que era un siseo―. Eso es lo que ocurrió.
Hermione decidió entonces que ese era un buen momento para abrir sus ojos una vez más. Tal como ya se esperaba, su esposo estaba dedicándole una mirada que mezclaba decepción con rabia.
―¿Qué hacías allí a esas horas, Hermione?―masculló luego de un momento, arqueando una ceja―. ¿No pudiste elegir un mejor momento para escaparte del colegio con esos dos zoquetes…?
―Tú… ¿qué hacías tú allí…?―correspondió la muchacha, entrecerrando un poco sus ojos castaños al mirarlo―. ¿Pasabas por allí de casualidad?
Severus rodó los ojos ante esas palabras, aún cruzado de brazos como un niño malhumorado. Se encogió de hombros lánguidamente.
―Yo pregunté primero, por si no lo habías notado―murmuró secamente, frunciendo un poco el entrecejo
La joven Gryffindor rodó los ojos ante esas palabras, pero finalmente se dio cuenta de que él no iba a hablar a menos que ella lo hiciera primero. Por lo que más le valía soltar sus verdades para que él hiciera lo propio.
―Antes que nada… sé que debí decírtelo antes. Creo que una parte de mí quería hacerlo de forma "independiente", sin tu ayuda―farfulló, apartando su mirada de ojos castaños para fijarla en el techo―. Harry ha estado comunicándose con el Ministro de Magia, y él puso a nuestra disposición a dos de sus mejores aurores. Íbamos a reunirnos con ellos en Cabeza de Puerco…
―… y resultaron ser un par de mortífagos―completó él con tono lacónico, rodando los ojos con expresión exasperada―. No puedo entender cómo se les ocurrió arriesgarse de ese modo. Tal vez me lo esperaría de esos dos, ¿pero tú? Definitivamente no.
Hermione no supo muy bien si debía sentirse halagada u ofendida por sus palabras pasivo-agresivas. Decidió que se sentiría de ambas maneras a la vez para resolver el dilema. Bajó la vista para poder mirarlo otra vez, ahora sintiéndose un poco menos adolorida.
―Cómo ya he dicho, sé que debí decírtelo antes―repitió, formando una pequeña mueca―. Creo que todo esto realmente afectó a Harry, y nosotros nos dejamos llevar. Por cierto, ¿dónde está…?
―Los corrí. A ambos―aclaró Severus con un bufido, inclinándose un poco hacia ella cuando vio una expresión ligeramente molesta en su rostro―. No pensé que fuera necesario recordártelo, pero casi mueres hoy. Y es culpa suya, por ser un par de idiotas incompetentes.
Hermione sintió ganas de negar aquellas afirmaciones, pero se dio cuenta de que se sentía demasiado exhausta como para gastar la poca energía que le quedaba en una discusión. Suspiró hondo, intentando relajarse.
―Ya te he respondido―señaló luego de un momento, desviando la atención de forma intencional―. Ahora dime, ¿qué hacías tú exactamente en Cabeza de Puerco justo en el momento del ataque?
Pudo ver entonces que el hombre a su lado se removía un poco en su asiento, apartando la vista con algo parecido a incomodidad en su rostro. Suspiró pesadamente antes de hablar por fin.
―Supongo que es justo que lo sepas―musitó, con un ligero encogimiento de hombros que pretendía restarle importancia a la situación―. Hace un par de días, mientras dormías… coloqué un hechizo protector sobre ti. Si estás en peligro, puedo presentirlo. Así es como supe que…
―¿Pusiste un hechizo… sobre mí?―susurró la muchacha, ladeando su cabeza y sintiendo sus mejillas comenzar a arder un poco.
―Eso es lo que dije. Sabía que ibas a meterte en problemas, y…
―… y querías protegerme.
Severus soltó un bufido lleno de exasperación, pero no dijo absolutamente nada que negara o afirmara sus últimas palabras. Hermione sonrió un poco más, enderezándose ligeramente al sentir menos dolor en su cuerpo.
―Vas a poder levantarte mañana, si no me equivoco―farfulló él entonces, como si fuese su turno de cambiar de tema―. Te quedarán algunas cicatrices, pero nada muy grave. Mientras tanto, deberías descansar.
―Pero no estoy cansada―murmuró Hermione, haciendo una pequeña mueca, antes de convertirla en una diminuta sonrisa―. ¿Por qué no te quedas un rato más…?
―Porque tengo algunos asuntos que arreglar. Pero… traje algo para que te entretengas.
Hermione parpadeó un par de veces, algo confundida. Observó a su profesor revisar su túnica por un momento, antes de sacar de allí un libro cubierto de cuero negro, el cual reconoció como "Divino Tormento".
―Gracias…―murmuró, tomándolo en sus manos cuando él se lo ofreció―. Pero por alguna razón se ha estancado, no he podido seguir leyéndolo.
―Tal vez deberías darle otra oportunidad o ser un poco más paciente―respondió él, poniéndose en pie y encogiéndose de hombros con expresión tranquila―. Algunas cosas toman su tiempo, pero valen la pena.
La muchacha sonrió un poco ante eso, y sintió sus mejillas adquirir un furioso sonrojo cuando su esposo se inclinó lo suficiente para depositar un fugaz beso en su frente, apenas rozando su piel con sus labios antes de apartarse un segundo después.
―Lee un poco, pero recuerda descansar también―murmuró al alejarse con largas zancadas, deteniéndose apenas por unos momentos, justo en la puerta―. Casi morir por una imprudencia no la excusará en sus clases.
Hermione no pudo evitar soltar una pequeña risita divertida ante eso, y se sintió satisfecha de ver una diminuta sonrisa de lado en el rostro de su esposo antes de que cerrara la puerta tras él.
La muchacha se acomodó mejor en la cama, y con curiosidad, abrió el libro que tenía entre sus manos. Para su sorpresa, allí estaba la ansiada continuación de esa historia que tanto la había atrapado.
Estuvo leyendo de manera ansiosa por casi dos horas, hasta que se le terminaron las palabras por leer. Tuvo que dormirse con la intriga de lo que ocurriría después, porque al parecer, quién fuera el escritor no continuaría alimentando su imaginación por el momento.
Aun así, no podía evitar tener una pequeña sonrisa en sus labios. Casi había muerto, sí. Pero a su vez también había sobrevivido, y ese era motivo suficiente para sonreír.
Notas finales: Por adelantado me disculpo si el capítulo no ha quedado muy bien. Es lo mejor que pude hacer sintiéndome como me siento. Gracias por la paciencia y la comprensión.
Realmente no me siento lo suficientemente bien como para responder sus reviews esta vez. Realmente lo siento mucho. Les prometo que para la próxima actualización lo haré sin falta.
A pesar de eso, quiero agradecer a todos y cada uno de ustedes. Nunca pensé que una de mis historias superaría los cuatrocientos reviews, pero sí ocurrió, y fue gracias a ustedes. Gracias por estar allí del otro lado de sus monitores y acompañarme en la distancia. En verdad lo aprecio muchísimo.
Sin más, espero poder actualizar el próximo sábado, si todo sale bien. Tal vez hasta me sienta mejor entonces… se vale soñar, ¿no?
Gracias nuevamente, cuídense mucho.
Nos leemos.
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