Disclaimer: El Potterverso no es de mi pertenencia. Debemos agradecerle a J.K Rowling por haber creado tan maravilloso mundo. La historia y demás, en cambio, son de mi pertenencia en su mayoría.

Resumen: La guerra había terminado, y aunque muchas vidas se habían perdido, una de ellas estaba tomando una siesta. Literalmente. Sin embargo, las incontables bajas sufridas por el mundo mágico amenazan seriamente con la extinción. Pero el Ministerio de Magia va a encargarse de que jamás suceda algo así. Cueste lo que cueste.

Advertencias: Snamione (Severus Snape/Hermione Granger); Universo Alterno. Posible Out of Character. Este es mi primer fic de Harry Potter, por favor sean gentiles (?)

Notas iniciales: Hola. Estoy cansada, física y emocionalmente. Intentaré a pesar de eso escribir un capítulo decente. Nos leemos por allá abajo.


La vida es un vals

Efímero


¡Legeremens!

La invisible presión llegaba a ella con la misma fuerza que había tenido la primera vez, pero notaba también que su propia resistencia a la intrusión era ligeramente más fuerte.

Hermione se concentró en repeler esa sensación, expulsarla de su mente antes de que pudiese colarse en su interior. Por apenas un segundo, creyó sentir que la presión se debilitaba, pero enseguida recuperó su fuerza y venció los muros que su mente había construido con tanto esmero.

De nuevo se veía envuelta en todas esas luces brillantes que la rodeaban, acercándose un poco más con cada segundo que pasaba, al igual que las voces y sonidos distorsionados que lograba escuchar.

Sin embargo, antes de que cualquiera de las imágenes o sonidos cobraran sentido, la sensación de que alguien más compartía sus pensamientos desapareció de repente. Algo mareada, buscó apoyo en el sofá cubierto de terciopelo verde apenas pudo verlo con claridad.

Alzó la vista para mirar a su profesor, como si de esa forma buscase una especie de explicación, aunque nuevamente no la consiguió. No era la primera vez que eso ocurría.

Desde la primera clase particular que le había dado, las siguientes habían seguido ese mismo patrón. Él ponía a prueba la resistencia de su mente, pero apenas conseguía acceso a la misma, la abandonaba de forma casi automática, dejándola confundida y desorientada por unos segundos.

―Creo que fueron suficientes intentos por hoy―murmuró Severus luego de un momento, sacándola de su ensimismamiento―. Lo hiciste bien.

Hermione se restregó un ojo, pensando en pedirle al menos un intento más, justo antes de que un bostezo escapara de sus labios sin que pudiese evitarlo. Soltó un suspiró, observándolo guardar su varita en su túnica y darle la espalda.

―¿Ocurre algo?―preguntó entonces, sin pensarlo. Casi enseguida se arrepintió, pero sabía que no podía fingir que no había dicho nada.

―No. ¿Por qué lo preguntas?―correspondió él, más rápido de lo que había esperado, por lo que la tomó desprevenida.

Mientras pensaba en cómo responder esa nueva interrogante, Hermione lo siguió distraídamente en su camino a la habitación que llevaban casi un mes compartiendo, ingresando justo detrás de él.

―No lo sé… he notado que actúas un poco extraño―dijo luego de unos segundos, acercándose a la cama para poder cargar a Crookshanks y sacarlo de dónde estaba, durmiendo sobre la almohada de Severus―. En nuestras clases de oclumancia, quiero decir.

Severus negó con su cabeza de forma solemne como respuesta, aunque no le dio una respuesta verbal como le hubiera gustado. Lo observó comenzar a desabrochar la eterna hilera de botones que llevaba su túnica oscura, en completo silencio.

―Si ya no quieres enseñarme, sólo dímelo.

Cuando él se decidió a mirarla por fin, pudo apreciar una arruga en su ceño. Dejó escapar un suspiro de cansancio, aunque no abandonó la ardua tarea que los botones de su túnica le daban.

―Si ya no quisiera enseñarte, no lo haría―aclaró entonces con tono calmado, dando un ligero asentimiento de forma inconsciente―. Simplemente no quiero hurgar en tu mente más de lo necesario. Creí que apreciarías un poco más de privacidad en ese aspecto.

Hermione formó una ligera mueca ante esa respuesta. No parecía muy convencida en realidad, y se notaba en su expresión y su postura.

―Bueno… preferiría que "hurgues" en mi mente si eso significa que no vas a dejarme parcialmente aturdida cada vez que lo hagas―dijo en voz baja, dejándose caer sobre la cama con otro pequeño bostezo, aparentemente exhausta.

Severus tomó asiento en su propio lado de la cama cuando logró abrir su túnica, tomando su almohada y quitando los pelos de gato que tenía encima, antes de volverse hacia ella. No pudo evitar que una diminuta sonrisa de lado apareciera en su rostro al verla luchar por no dormirse.

―No quiero dejar de enseñarte―le informó entonces con claridad, apartando un mechón castaño de su rostro―. Sólo pienso que quizá haya memorias que no quieras compartir conmigo, o con nadie más, y debo respetar eso.

Hermione abrió sus ojos y ladeó su rostro hacia él, dedicándole una mirada de cansancio. A pesar de eso, había una pequeña sonrisa dibujada en sus labios sonrosados. Dio un leve asentimiento.

―Entiendo―farfulló, de forma algo atropellada, acomodándose mejor en la cama y bostezando por tercera vez―. Pero aun así…

Severus se contuvo de soltar una risita entredientes cuando notó que sus párpados le pesaban. Con un suspiro se encargó de cubrirla un poco con las cobijas negras, levantándose sin hacer el menor ruido posible.

Quizá podría terminar de corregir algunos ensayos mientras ella descansaba plácidamente.


Cada vez se le hacía más difícil mantener su compostura, pero sabía que prácticamente millones de magos y brujas dependían de ello.

No era la primera vez que había estado en la lujosa mansión de los Malfoy, ni tampoco era la primera vez que asistía a una reunión de mortífagos. Pero esta vez era diferente.

Desde el momento en que leyó aquel artículo en el diario El Profeta, y el nombre de esa mujer bajo el encabezado, supo que aquello acabaría mal. Sintió intensas ganas de buscarla, tomarla entre sus brazos y sacudirla con todas sus fuerzas, en un vano intento de hacerla reaccionar.

No entendía, de verdad no lo entendía. ¿Cómo se le ocurría escribir un artículo en defensa de los nacidos de muggles, en pleno tiempo de guerra? ¿Acaso esperaba que pasara desapercibido?

Obviamente no había sido así, el artículo había captado la atención de más de un mortífago, y el Señor Tenebroso había decidido intervenir. Por eso, Charity Burbage colgaba boca abajo sobre la mesa, completamente inconsciente y siendo el foco de la indiscreta mirada aterrorizada de Draco Malfoy.

―¿Reconoces a nuestra invitada, Severus?

Tuvo que usar toda su fuerza de voluntad en contener la catarata de insultos que llegaban a su mente en ese momento. Había estado haciendo todo lo posible por no dirigir sus ojos oscuros a su figura, a pesar de escuchar sus quejidos, pero la voz fría y sedosa de Voldemort no le dejaba otra opción.

A pesar del enorme peso que se instaló en su estómago, Severus tuvo éxito a la hora de mantener su rostro inexpresivo al volverse para mirarla. Maldijo su suerte una y mil veces cuando ella le devolvió la mirada.

―¡Severus! ¡Ayúdame!

No. No quería escuchar su voz, llena de terror, ni quería ver sus ojos azules inundados de lágrimas. Apartó la vista luego de murmurar una afirmación a la pregunta de Voldemort.

Podía escucharlo dirigirle la palabra a Draco, pero no prestó mucha atención a lo que tenía para decirle, ni lo que obtenía cómo respuesta. Se encontraba demasiado ocupado concentrando todas sus fuerzas en mantenerse quieto en su lugar.

Si pudiera, se encargaría de aturdir a todos en la habitación, liberar a Charity y sacarla de allí. Podrían irse lejos, muy lejos, dónde no pudiesen encontrarlos. Si pudiera…

Pero no podía. Si realizaba siquiera un solo movimiento fuera de lugar, tendría encima varias miradas llenas de sospecha, y además la instantánea desconfianza de Lord Voldemort. No tenía más opción que permanecer allí, sin ninguna expresión en su pálido rostro.

No supo por cuánto tiempo más estuvo hablando Voldemort, pero se sintió ligeramente aliviado de no tener que escuchar la voz de Charity, llena de desesperación, penetrando sus oídos de forma incansable.

No pudo evitarlo, aunque en verdad lo intentó, cuando volvió a mirarla. Ella tenía sus enormes orbes azules fijas en él, intentando hacerle saber con su mirada lo que no podía gritar.

¡Avada Kedavra!


Se enderezó de forma repentina, jadeando agitadamente y sintiendo sus ojos completamente húmedos.

Mientras intentaba recuperar el aliento, observó a su alrededor de forma casi desesperada, como si buscara de ese modo asegurarse de que estaba en un lugar seguro. Tal como comprobó, se encontraba en su habitación, y por lo consumidas que estaban las velas, ya era tarde en la noche.

Poco a poco empezó a respirar con normalidad otra vez, mientras usaba el dorso de su mano para secar las lágrimas que corrían por sus mejillas contra su voluntad. No era la primera vez que esa pesadilla interrumpía sus horas de sueño.

Aquellas imágenes llegaban para atormentarlo de vez en cuando, aunque poco a poco se volvían menos recurrentes. Aun así, cada vez que regresaban, lo hacían con la misma potencia e impacto emocional que la primera vez.

La única diferencia, es que nunca había ocurrido con alguien más junto a él.

Apenas fue consciente nuevamente de la presencia de la joven a su lado, se volvió hacia ella para mirarla, con la esperanza de que quizá seguía durmiendo. Pero no era así. Los ojos castaños de la muchacha lo observaban fijamente.

Los dos se mantuvieron en silencio por lo que pareció una eternidad interminable, hasta que ella se removió un poco en su lugar y se enderezó, aún sin apartar su mirada de él.

―¿Estás bien, Severus?

No hubo una respuesta inmediata a su pregunta, pero ella era lo suficientemente sensata para no repetir su pregunta. Severus dio un solo asentimiento como respuesta, apartando la vista.

―¿Cuánto tiempo llevas despierta?―preguntó en voz baja luego de un momento, apenas dedicándole una mirada de reojo, con curiosidad.

―Sólo unos minutos… me sobresaltaste cuando tú despertaste―susurró ella, con un tono de reclamo apenas perceptible en su voz―. ¿Tuviste una pesadilla? Eso parecía…

Severus asintió una vez más, restregando una de sus manos sobre su rostro, sintiéndose de repente bastante frustrado. Le hubiera gustado que sus pesadillas recurrentes fuesen algo de lo que solamente él tuviera conocimiento.

No pudo evitar sobresaltarse ligeramente al sentir las manos pequeñas de Hermione tomar su brazo con delicadeza, mientras se inclinaba un poco hacia él con la intención de poder mirarlo mejor.

―¿Quieres hablar de eso?―preguntó con tono aparentemente calmado, como si intentase compensar su agitación anterior de alguna forma―. Si no quieres, está bien…

Severus negó levemente con su cabeza, apretando con fuerza el puente de su nariz mientras se dejaba caer sobre la cama. No pudo contener la diminuta sonrisa amarga que se dibujó en su rostro cuando ella se recostó a su lado, sin abandonar su agarre en su brazo.

―No es la primera vez que ocurre, aunque sea difícil de creer―comentó luego de un momento, con cierto timbre sarcástico en su voz―. De hecho, ya me parecía extraño que fueran varias noches sin que ocurriera. Es… es sobre Charity.

Pudo notar que el cuerpo de Hermione se tensaba un poco a su lado ante la mención de aquel nombre, pero no escuchó ni una palabra de su parte. Lo agradeció mentalmente, antes de dejar escapar un largo suspiro de resignación.

―Creo que nunca me abandonará, ¿sabes? Una parte de mí quiere olvidarlo todo, pero la otra sigue aferrándose a ella―musitó en voz baja, de forma casi inaudible, cerrando sus ojos oscuros por un momento―. Aún la amo, Hermione, y probablemente nunca deje de hacerlo.

Otra vez hubo silencio reinando en la habitación. Esta vez no pudo detectar ninguna reacción física de su parte, al menos no inmediatamente. Momentos después, creyó notar que comenzaba a temblar un poco.

Guiado por un tenue impulso de curiosidad, se volvió para poder mirarla. Lo primero que pudo notar, fue un ligero sonrojo en sus mejillas, y casi enseguida, algunas lágrimas aglomeradas en sus orbes castañas, que continuaban mirándolo.

Se sintió incómodo inmediatamente. No le gustaba verla llorar, aunque no fuera por una razón sentimental. Simplemente le molestaba ver ese tipo de expresión en su rostro, por lo que luego de apenas unos segundos volvió a apartar la vista.

―¿Por qué lloras?―preguntó entonces, fijando sus ojos negros en el techo de la habitación para evitar volver a posarlos en ella.

Pudo sentir los movimientos de la muchacha a su lado, y también pudo imaginar la forma en que secaba las lágrimas traicioneras antes de que siquiera pudiesen escapar de sus ojos.

―¿Me amas?

La pregunta fue tan repentina que no pudo preparar una respuesta inmediata. Necesitó tomarse unos momentos para procesar el tono de su voz. Se sintió aún más incómodo.

―No―respondió con sinceridad, aunque eso no lo libró del peso que sintió en el estómago cuando ella liberó su brazo―. ¿Tú me amas?

―No―correspondió la voz de la muchacha, prácticamente enseguida, aunque en un momento agregó―. Aún no.

Severus no había esperado una respuesta como esa, y mucho menos tan pronta como lo había sido. Lo tomó casi tan desprevenido como su pregunta anterior. Formó una mueca, aunque aún no se tomaba el trabajo de volverse hacia ella otra vez.

―¿Lo estás intentando?

Fue capaz de escuchar entonces una pequeña risita, que sonaba tan jovial como amarga, antes de que pudiese darle una respuesta.

―No lo sé―pronunció de forma honesta, antes de suspirar―. Eso creo.

Sólo entonces se volvió para poder mirarla. Sus ojos castaños no le devolvieron la mirada, pero pudo apreciar en su expresión que estaba más calmada. Sus labios formaron una pequeña "o" cuando soltó un bostezo.

Severus decidió mantenerse en silencio al notar que la respiración de la muchacha adoptaba un ritmo acompasado, sabiendo que estaba quedándose dormida una vez más. Aun así, se vio incapaz de apartar la vista una vez más.

En silencio, agradeció que ella no hubiese insistido en continuar revolviendo el mismo tema una y otra vez. Tal vez en otro momento podrían charlarlo con mayor tranquilidad.

Por ahora, planeaba acompañarla al mundo de los sueños otra vez.


Hermione no había vuelto a tocar el tema, a pesar de que la curiosidad consumía su mente de forma casi insoportable.

Se había sentido algo abochornada por permitir que sus emociones tomaran control de ella esa noche. ¿En verdad le había preguntado a su profesor si la amaba? ¿Qué otra respuesta esperaba?

Se torturó en silencio por un par de días, antes de darse un pequeño descanso. Especialmente porque era viernes, y eso sólo significaba que tendría una nueva clase de oclumancia con su esposo. Se sentía ligeramente nerviosa, pero intentaba no darle mucha importancia a ese sentimiento.

Cuando ingresó al despacho de su profesor, se detuvo en la puerta cuando pudo notar una nota pegada en la parte de atrás de la misma. Extrañada, comenzó a leerla.

"Lamento tener que cancelar nuestra clase sin aviso, pero no tuve opción. Una inconveniencia surgió, pero no debes preocuparte por eso. Por ahora, sólo revisa el primer cajón de mi escritorio."

Hermione no pudo evitar sentirse aún más confundida. Con una pequeña mueca en su rostro, se acercó a su escritorio y revisó el primer cajón del mismo, intentando ignorar la sensación de que de repente algo le saltaría al rostro como parte de algún hechizo de defensa.

Pero nada de eso ocurrió, y para su alivio, allí sólo había una caja alargada, cubierta de terciopelo verde. A su lado, otra nota con la caligrafía de su profesor plasmada en ella.

La muchacha tomó ambas cosas, y abrió la caja, sin poder contener la curiosidad que sentía. Allí había una fina cadena de oro, la cual contaba con un pequeño dije, con la forma de una delicada rosa roja. Asombrada, hizo un esfuerzo por apartar su mirada de la joya, para tomar la nota.

"Lo que tienes en tus manos –porque sí, estoy seguro de que primero abriste la caja. Si no fue así, te debo una disculpa-, es un artefacto mágico. Necesito que comiences a usarlo cada día, a menos que vayas a dormir, y sea conmigo.

Tiene un encantamiento más potente que el hechizo protector que había colocado sobre ti antes, me alertara en caso de que te encuentres en una situación de riesgo. Es resistente al agua, así que puedes bañarte con ella sin problema alguno. Debes usarla siempre, Hermione, es muy importante que lo hagas.

No puedo compartir contigo la información que poseo, pero sí puedo advertirte que corres peligro. Sería insensato de mi parte no hacértelo saber.

Tampoco puedo protegerte de todo, y sé que no esperas que lo haga. Puedes defenderte sola con eficiencia, pero si puedo ayudarte a hacerlo, mucho mejor.

Debo irme ahora. Cuando regrese, espero que tengas el collar puesto. Sí, voy a revisar que así sea.

S.S."

Hermione observó como la nota que tenía en sus manos desaparecía apenas terminaba de leerla, convirtiéndose en una pequeña nube de humo verdoso.

Soltó un suspiro, fijándose nuevamente en la bonita joya que tenía en su mano. Una mezcla extraña de sensaciones se apoderó de ella, mientras se colocaba el collar con cuidado, apreciando la rosa roja antes de esconderla bajo su blusa.

Ella corría peligro. Y no sabía cuál era exactamente el riesgo que la amenazaba, a pesar de saber que los mortífagos estaban detrás de lo mismo.

Cansada, se reclinó en el asiento de su esposo, cubriendo su rostro con sus manos. Parecía que la paz en su vida era algo completamente efímero.


Notas finales: Siento que este capítulo me quedó un poco corto, pero no lo veo como algo malo. Creo que terminó dónde debía terminar.

Por lo demás… creo que es hora de responder sus reviews :3

LadyBasilisco220282: ¡Gracias nuevamente, realmente lo aprecio mucho! *-* Jajaja, la verdad yo también querría ;)

Yazmin Snape: ¡Muchas gracias! Aunque no puedo darte spoilers :P Y bueno, yo también ya lo habría hecho :v ¡Cuídate, besos!

Okumura I: Awww, ¡muchas gracias! Era necesario cortarlo ahí, no fuera pasar algo más… :P Pues que anda tramando algo, sí, pero no puedo contarte qué. ¡También cuídate, saludos!

Aigo Snape: Cierto, no lo había visto de ese modo… todo un loquillo.

rebeycr9: ¡Gracias! Y sí, fue algo injusto y cruel, supongo que en ese momento Hermione estaba algo distraída como para molestarse.

VicGG: ¡Muchas gracias, me alegra que te guste!

Tomoe-99: Esos pollos seguro terminarán en un caldo :( ¡Y gracias! No te preocupes, los capítulos siempre estarán aquí para cuando puedas leerlos :) ¡Muchas gracias! PD: ¡Claro! Vi que le diste like a mi página, ¡gracias!

yetsave: ¡Muchas gracias!

Mac Snape: Compa, puede sobarle al Lippert lo que usté quiera 7u7 Pero qué buenas ideas me está dando, compa :v XD ¡Saludos, compa!

mESTEFANIAb: ¡Muchas gracias! Al fin se empieza a derretir un poco su corazón de hielo.

Fanny SG: Sin duda están empezando a acercarse un poco más… literalmente. No puedo responder esa pregunta aún :P ¡Muchas gracias!

xaf: ¡Muchas gracias! Realmente lo aprecio, pongo todo de mí por escribir un personaje complejo como Snape de forma creíble. Concuerdo completamente, la belleza de Alan era absoluta. Saludos.

RoxStarkSnape: ¡Muchas gracias! ¡Y feliz cumpleaños (atrasado)! :D Me alegra que te haya gustado. PD: Debe ser un gran honor :o

nathyhcr: Jajaja, creo que esa era la idea :P

EriSnape: ¡Muchas gracias! Pues eso es lo que él teme, ya veremos si sus temores se confirman o no…

Elip: ¡Pues aquí tienes otra actualización! Espero que te guste como la anterior :3

Agnes Snape: ¡Muchísimas gracias! Aprecio mucho tus palabras, más aún si vienen también de tu perspectiva como profesora, me hacen sentir bastante segura. Y muchas gracias nuevamente, en verdad. A veces son necesarias esas palabras de apoyo :)

bedolla. lau: ¡Hola! ¡Y muchas gracias! Cierto, ella ahora está en riesgo, y Severus parece tomar medidas. La verdad es que yo también los envidio :P ¡Gracias a ti!

Ale: Awwww… ¡gracias, muchas gracias! Es lindo cuando alguien que rara vez comenta finalmente lo hace, me hace sentir especial *-* ¡Saludos! PD: De nada, buscaré más datos sobre pollos :P

Muchas gracias a…

xImpulse por agregar el fic a favoritos y darle follow.

aquellos que leen pero no comentan nada. ¿Sabían qué según el internet, … aquellos que leen pero no comentan nada. ¿Sabían qué según el internet, los pollos tienen una excelente memoria, siendo capaces de reconocer y recordar más de 100 individuos distintos, incluidos los humanos? (?)

Creo que eso es todo por ahora. Ya lo saben, pero se los repito: los adoro. A todos. Realmente, cada vez que leo sus comentarios, me llenan de felicidad. Cuídense.

¡Nos leemos!


_-*-_-*-_KovatePrivalski97._-*-_-*-_