Disclaimer: El Potterverso no es de mi pertenencia. Debemos agradecerle a J.K Rowling por haber creado tan maravilloso mundo. La historia y demás, en cambio, son de mi pertenencia en su mayoría.
Resumen: La guerra había terminado, y aunque muchas vidas se habían perdido, una de ellas estaba tomando una siesta. Literalmente. Sin embargo, las incontables bajas sufridas por el mundo mágico amenazan seriamente con la extinción. Pero el Ministerio de Magia va a encargarse de que jamás suceda algo así. Cueste lo que cueste.
Advertencias: Snamione (Severus Snape/Hermione Granger); Universo Alterno. Posible Out of Character. Este es mi primer fic de Harry Potter, por favor sean gentiles (?)
Notas iniciales: Hola. Me siento bastante emocionada con este capítulo... jejejejeje... en fin, al fic.
La vida es un vals
Alerta roja
—Muy bien, eso será todo por hoy. Lárguense de aquí antes de que se me ocurra dejarles más tarea.
Pudo escuchar el murmullo de sus alumnos recogiendo todas sus pertenencias de forma apresurada, intentando retirarse del aula tan rápido como les fuese posible.
Severus soltó un largo suspiro, aún concentrándose en los ensayos que había comenzado a corregir mientras oía a los últimos estudiantes salir del lugar velozmente.
Hubiera continuado en ello, si no hubiese escuchado un par de pasos acercarse a su escritorio. Contuvo un bufido de exasperación al alzar la vista.
—¿Señorita Lovegood?—cuestionó al ver a la joven rubia frente a él, arqueando una ceja con curiosidad—. ¿Se le antoja escribir otro ensayo para mañana?
La muchacha parecía no haberlo escuchado, o al menos no mostraba una reacción a sus palabras. Aún tenía una expresión de ligera preocupación en su rostro. Finalmente, negó con su cabeza.
—Señor, ya intenté hacer consciente a Hermione de mi preocupación, pero ella no quiso escucharme. Bueno, sí me escuchó, pero creo que en realidad no me hizo caso...—dijo luego de un momento, ladeando un poco su cabeza al mirarlo—. Usted es mi única opción.
—¿Ah, sí? ¿Y qué hay de esos dos alcornoques, Potter y Weasley?—cuestionó el profesor con tono desinteresado, descansando su rostro en su mano con aburrimiento—. Estoy seguro de que ellos tienen más tiempo para... sus preocupaciones.
La joven Ravenclaw negó levemente con su cabeza, y se inclinó un poco sobre el escritorio, esta vez pareciendo honestamente preocupada.
—Yo estaba en clase de Adivinación, y durante la misma, pude ver algo en la borra del café, algo terrible...
—¿Podría, por favor, ahorrarse cualquier información que no sea relevante? Algunos apreciamos no perder nuestro tiempo.
La señorita Lovegood soltó un pequeño suspiro, pero no parecía exasperada u ofendida por su interrupción en lo absoluto.
—Señor, vi algo terrible. Y con la ayuda de la profesora Trelawney, logramos descubrir lo que significa—dijo nuevamente, inclinándose un poco más aún, sus ojos azules casi desorbitados—. Hermione está en peligro, peligro inmediato, y sé que puedo confiar en usted. Usted sí me escuchará.
El profesor Snape se mantuvo en silencio por lo que pareció ser una eternidad. Y es que en verdad no sabía muy bien lo que podía decir en aquel momento.
Se encontró a sí mismo teniendo sentimientos encontrados con respecto. Una de las predicciones de Trelawney le había salvado la vida, y por otro lado, no era ningún secreto que esa mujer también realizaba a veces predicciones falsas, intencionalmente o no.
Definitivamente no sabía muy bien qué hacer.
Cuando por fin salió de sus propias cavilaciones, notó que la joven Lovegood ya no estaba allí. Simplemente se había ido, aunque también pudo haberse desvanecido y no habría mucha diferencia.
Había estado pensando en las palabras de la señorita Lovegood durante largo rato. Finalmente, había decidido que no le haría daño a nadie prevenirse.
Esa tarde esperó pacientemente la visita de Hermione, por lo que no se sorprendió en lo absoluto cuando ella ingresó por la puerta de su estudio.
—Buenas tardes—saludó ella enseguida, acercándose sin perder el tiempo a su biblioteca, para devolver el libro que había tomado el día anterior.
Severus no respondió enseguida, ni alzó la vista en realidad. Aún estaba observando con total atención el collar con aquella rosa roja que le había regalado una vez.
—Severus, ¿ocurre algo?
Sólo entonces fue que levantó la mirada, y pudo descubrir una expresión ligeramente preocupada en el rostro de la joven mujer. Soltó un suspiro, antes de ponerse en pie.
—Quizá, sí. Esta mañana, la señorita Lovegood se acercó para comentarme sus... preocupaciones.
—Oh, por favor...—farfulló la muchacha, rápidamente cambiando su expresión a una más relajada, incluso con una pequeña sonrisa de autosuficiencia—. No me vas a decir que crees en esas "predicciones", ¿verdad?
—Bueno, una de esas predicciones salvó mi vida, por si no lo recuerdas—señaló él entonces, arqueando una ceja y ladeando un poco su cabeza al mirarla.
Hermione negó levemente con su cabeza, haciendo un pequeño movimiento con su mano, gesto que buscaba restarle importancia al asunto.
—Fue una simple casualidad—aseguró con tono relajado, acercándose nuevamente a sus estantes llenos de libros para buscar uno—. Y lo que salvó tu vida no fue una tonta e imprecisa predicción, fue tu talento y tu ingenio.
Severus no pudo evitar sentir una ligera caricia en su ego ante esas palabras, pero rápidamente negó con su cabeza, procediendo a acercarse a la muchacha una vez más.
—No voy a intentar cambiar tu opinión al respecto—aclaró entonces, colocando una de sus manos en su cintura como gesto de afecto, o al menos, así le parecía a él—. Pero al menos puedes volver a usar el collar que te regalé, sólo como precaución.
La joven Gryffindor se dio la vuelta para poder mirarlo, aunque no se apartó a causa de su tacto, lo cual le dio una pequeñísima pizca de esperanza al respecto.
—Severus, en verdad no es necesario—insistió ella, formando una diminuta sonrisa tranquila que, probablemente, buscaba infundirle algo de su calma.
Él no dijo nada, pero le ofreció el collar de oro, del cual colgaba una pequeña joya con forma de rosa. Hermione soltó un suspiro, asintiendo con gesto resignado.
—Está bien, está bien—farfulló entonces, apartándose solamente para darle la espalda y recoger un poco su cabello castaño en su mano—. Si te hace sentir mejor...
Severus ni siquiera se molestó en ocultar la pequeña sonrisa de lado que apareció en su rostro cetrino. Sin perder tiempo se aseguró de colocar el collar delicadamente alrededor de su cuello.
Con cierto aire provocador, se inclinó para depositar un suave beso sobre su piel, y su sonrisa se ensanchó un poco al notar su bochorno como respuesta.
Sin embargo, y a pesar del fuerte sonrojo que adornaba sus mejillas ligeramente regordetas, la muchacha no se había apartado, y en su lugar sólo había dejado descansar su cabello sobre su hombro derecho.
Severus no pudo evitar interpretar su lenguaje corporal, y era muy claro que era una especie de invitación silenciosa. Con un suspiro, se permitió rodear sus caderas con sus brazos y pegar su espalda a su pecho.
Sus delgados labios se posaron una vez más sobre la piel suave y cremosa de la muchacha, permitiéndole escuchar un delicado jadeo de su parte.
Severus no había estado tan cerca de una fémina durante los últimos casi dos años. Y si decía que no extrañaba el contacto y calidez humanos, estaría mintiendo.
Además, había algo especial con Hermione. Sus amantes anteriores tenían tanta o más experiencia que él mismo, por lo que sus reacciones a cualquier estímulo ya habían sido vistas por alguien más.
Sin embargo, con la muchacha entre sus brazos, era distinto. Todas esas sensaciones eran nuevas para ella, y sus respuestas, eran las primeras y exclusivas para él.
Se sentía dichoso, y también bastante orgulloso de sí mismo. Jamás hubiera imaginado encontrarse en esa situación, ni mucho menos con ella.
Pero no lo cambiaría por nada.
—Severus...—murmuró ella entonces, devolviéndolo al mundo real en apenas un segundo—. Debo irme ya.
Esas palabras lo tomaron ligeramente por sorpresa. Una parte de él creyó que aquellos pequeños avances, significaban algo.
—¿De verdad no quieres quedarte?—cuestionó entonces, sin soltar su cintura aún—. No me molestaría ofrecerte asilo en mis aposentos privados, para mayor seguridad.
Hermione soltó entonces una risita divertida, al parecer relajándose nuevamente al darse la vuelta para poder mirarlo, aunque aún no se había soltado de su agarre.
Negó levemente con su cabeza, sonriéndole un poco.
—No. Estaré lo suficientemente segura en la Torre de Gryffindor—aseguró la muchacha, antes de mostrarle significativamente la pequeña rosa que colgaba en su cuello—. Pero llevo esto conmigo, así que todo estará bien.
Severus no estaba muy seguro de que fuera a ser así, pero decidió que debía confiar en ella.
No era una doncella en apuros, después de todo.
Había pasado la mayor parte de la noche corrigiendo ensayos. Se le habían acumulado un poco, y por eso se desveló más de lo usual en el trabajo.
Sin embargo, el cansancio le había ganado más temprano que tarde, y en ese momento se encontraba dormitando en su despacho, completamente agotado.
Hubiese continuado descansando en esa incómoda posición sobre su escritorio, si no lo hubiese despertado de repente un sonido estridente.
Se enderezó rápidamente, tanto que sus huesos se quejaron sonoramente por el esfuerzo. El sonido, similar al de una alarma muggle, era molesto en demasía.
Aunque al principio se sintió confundido y adormilado, momentos después pudo detectar el origen del mismo. Provenía de la pequeña esmeralda que adornaba un anillo plateado en su dedo.
—¡Hermione!
Era la alarma, la alarma que se activaba automáticamente gracias al hechizo que había colocado en el collar.
Básicamente, Hermione estaba en peligro. En ese mismísimo momento.
Salió de su despacho tan rápido como pudo, luego de quitarse bruscamente el anillo para deshacerse de ese molesto sonido. Corrió lo más rápido que pudo, con su varita en alto iluminando su camino.
En ese momento, no tenía nada claro. Sentía adrenalina, y rabia, y frustración, y ni siquiera podía concentrarse en esquivar armaduras y demás en el camino. Sólo podía pensar en salvarla.
Su varita se volvió innecesaria apenas comenzó a acercarse a la Torre de Gryffindor. Allí estaban agrupados un montón de alumnos en sus pijamas, luciendo nerviosos y confundidos.
Aquello no era una buena señal. Aunque tuviese pocas esperanzas, Severus buscó a la muchacha con la mirada rápidamente, pero ella no estaba allí. Con un bufido, ingresó a la Torre de Gryffindor.
—¡Snape!—la voz de Potter lo llamó, pero no tenía intención alguna de detenerse para charlar con él—. ¡Díganos qué pasa, no podemos subir...!
Dejó de escucharlo mientras subía apresuradamente las escaleras en dirección a las habitaciones de chicas, y se dirigía sin perder más tiempo a la indicada.
—¡... no estaba, s-sólo desapareció...!
—Señorita Brown, por favor conserve la calma—la voz de la directora McGonagall intentaba sonar segura, pero temblaba ligeramente, intentando tranquilizar a la angustiada muchacha.
Severus revisó la habitación detenidamente con sus ojos oscuros, buscando allí a su esposa. Había algunos profesores, la directora, Lavender Brown y Parvati Patil, quién estaba siendo atendida por Poppy Pomfrey, tendida en el suelo con heridas en todo su cuerpo.
Pero Hermione no estaba allí.
Iba a preguntar qué demonios había ocurrido, pero no tuvo la necesidad de hacerlo. Al acercarse a la cama que ella solía ocupar, un pequeño destello llamó su atención.
Al inclinarse, pudo recoger la pequeña rosa que su collar llevaba, aunque estaba rota. Pero eso no era lo más importante, sino aquello que estaba bajo sus pies, grabado a fuego.
Era una Marca Tenebrosa.
Notas finales: ¡Al fin terminé de escribirlo! Me costó, pero finalmente me siento conforme con el resultado final.
¡Muchísimas gracias por todo su apoyo, realmente me asombran! Son maravillosos lectores, no los merezco :')
En fin, es todo por ahora. Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo. Cuídense.
¡Nos leemos!
_-*-_-*-_KovatePrivalski97._-*-_-*-_
