Disclaimer: El Potterverso no es de mi pertenencia. Debemos agradecerle a J.K Rowling por haber creado tan maravilloso mundo. La historia y demás, en cambio, son de mi pertenencia en su mayoría.

Resumen: La guerra había terminado, y aunque muchas vidas se habían perdido, una de ellas estaba tomando una siesta. Literalmente. Sin embargo, las incontables bajas sufridas por el mundo mágico amenazan seriamente con la extinción. Pero el Ministerio de Magia va a encargarse de que jamás suceda algo así. Cueste lo que cueste.

Advertencias: Snamione (Severus Snape/Hermione Granger); Universo Alterno. Posible Out of Character. Este es mi primer fic de Harry Potter, por favor sean gentiles (?)

Segunda advertencia: Este capítulo contiene temas que pueden herir la sensibilidad de algunos lectores. Se recomienda discreción.

Notas iniciales: Hola. Como ya saben, es posible que los capítulos ya no tengan fechas fijas de publicación, pues he estado bastante ocupada. Además, estoy trabajando en otro proyecto (?) En fin, al capítulo.


La vida es un vals

La tortura


No había podido dormir la noche anterior, y parecía que esta iba a terminar del mismo modo.

Los últimos días se le habían hecho demasiado largos y tortuosos. Apenas comía lo necesario para sobrevivir, y su humor de por sí severo se había vuelto insoportable para cualquier persona que se le acercara. Como por ejemplo Potter y Weasley, a quiénes siempre ahuyentaba de malos modos.

Entendían que estaban angustiados y más, pero le alcanzaba con su propia preocupación como para soportarlos también.

El hecho de no recibir noticia alguna de Lucius sólo lograba desesperarlo aún más. Este le había dicho varias veces que no le habían revelado la localización de Hermione todavía. Al menos no hasta esa noche.

Lucius le había dicho que un contacto suyo, Columbus, por fin le revelaría el paradero de la muchacha. Y eso lo tenía al borde de un ataque de nervios.

Despidió a su espía con algunas inusuales palabras de aliento, rogando mentalmente que no fuera aquello una trampa para asesinar a su único aliado.

Se pasó mayor parte de la noche caminando de un lado al otro en su habitación, recostándose de vez en cuando en un inútil intento de dormir un poco.

Luego de prácticamente quince intentos, al fin consiguió conciliar el sueño por un rato.

En un principio tuvo la esperanza de que aquel sería un descanso sin sueños cuando se vio rodeado de una tranquila oscuridad, pero pronto se dio cuenta de que no era así.

Especialmente no cuando pudo ver la figura de una mujer pelirroja pararse justo frente a él, con una expresión estoica en su joven rostro.

—Debiste saber esto pasaría, ¿no lo crees, 'Sev'?—cuestionó entonces Lily, haciendo evidente el tono venenoso que llevaba aquel sobrenombre—. Al fin y al cabo, todo lo que tocas, muere.

Severus se mantuvo en silencio, especialmente porque no podía hablar. No era la primera vez que se le presentaba una pesadilla como esa, era bastante común para él en tiempos de estrés.

Y definitivamente estaba bastante estresado.

Como siempre que aquello le ocurría, apenas podía moverse, y no podía hablar, lo cual le causaba una sensación de ahogo e impotencia insoportables.

—Obviamente. Nosotras deberíamos saberlo—coincidió otra voz femenina, e incluso antes de volverse supo que se trataba de Charity—. Conocerte fue la peor de nuestras desgracias, y una sentencia de muerte.

No podía decir que no se sentía angustiado al escuchar esa palabras, pero honestamente estaba ya bastante acostumbrado a escuchar ese tipo de acusaciones en sus pesadillas.

Muy lentamente, había aceptado que nunca se libraría de ese peso sobre su espalda, y había aprendido a vivir con el mismo hasta el día en que dejase de existir.

Sin embargo, ni toda una eternidad lo hubiera preparado para el momento en que pudo escuchar una tercera voz.

—No es tu culpa, Severus. No es tu culpa.

No quiso volverse hacia ella. No creía que pudiera soportarlo. Prefería observar los rostros decepcionados y furiosos de Lily y Charity por una eternidad si era necesario.

Pero no pudo resistir la tentación de verla, y se encontró a sí mismo frente a su joven esposa. La presencia de las otras dos mujeres se desvaneció al instante siguiente.

Sólo eran ellos dos.

Hermione llevaba una expresión ligeramente entristecida en su rostro, y además, se encontraba ataviada con un pulcro y ostentoso vestido de novia.

Tuvo ganas de decirle que se veía hermosa, y de acercarse para poder abrazarla contra su pecho, acariciar su cabello, besar su frente. Tal cómo pudo haberlo hecho antes.

Sintió un peso en el estómago cuando sus ojos castaños se humedecieron, aunque su llanto inminente era el menor de sus problemas.

Le parecía más preocupante la figura que se acercaba a ella.

—Oh, no, no llores...—dijo la cuarta y última voz, esta vez masculina—. Te ves más bonita cuando sonríes.

Severus pudo sentir bilis subir hasta su garganta cuando reconoció la voz, y más aún, vio a su propietario. Lippert se había colocado justo detrás de su esposa, con otra de sus sonrisas falsas en su rostro.

—No te preocupes, Severus, yo me encargo de ella—aseguró entonces con tono tranquilo, abrazándola cariñosamente por la espalda—. Al fin y al cabo, no podía ser de otra manera, ¿no es así?

Severus podía sentir el impulso de moverse, acercarse para apartarla de ese hombre, pero apenas pudo hacerlo porque enseguida dos pares de brazos se aferraron a él.

Exasperado, pudo ver a Lily y Charity aferrándose a él con fuerza, impidiendo que realizara cualquier tipo de movimiento.

Con horror e impotencia tuvo que ser testigo de aquel espantoso espectáculo: el vestido blanco de Hermione se tiñó de rojo intenso cuando un puñal atravesó su estómago.

Y él no podía hacer absolutamente nada ante la expresión adolorida y agonizante de Hermione, ni la forma sádica en que Lippert besaba su oído con falso cariño.

Despertó con la respiración agitada, jadeando en un intento de recuperar el aliento, cubierto de sudor. Desorientado, poco a poco regresó a la realidad.

Aunque eso no lo aliviaba mucho. Últimamente su realidad era tan macabra y retorcida como su imaginación.

Su vida se había vuelto una constante tortura, y le parecía incluso peor de lo que una vez fue.


Caminaba apresuradamente por los pasillos de aquella mansión ajena.

El nuevo cuartel de los mortífagos era tan o más elegante que el anterior, incluso si él mismo debía admitirlo con cierto rencor superficial.

—Avery dice que no podemos hacer nada con ella por ahora, pero... somos hombres, ¿no es así?

Lucius intentó con todas sus fuerzas contener una pequeña mueca de disgusto. Siempre se había sentido enfermo ante la perspectiva de algunas actividades que realizaban los mortífagos.

—¿La tienen aquí?—murmuró con tono precavido, evitando intencionalmente responder a la pregunta retórica de su acompañante—. Creí que la llevarían a otra parte.

El hombre que caminaba a su lado, conocido en aquel círculo simplemente como "Columbus", negó efusivamente con su cabeza.

—Yo también lo creí, pero me dijeron que sería mejor mantenerla aquí—aclaró, con un ligero encogimiento de hombros—. Nuestro informante nos dijo que efectivamente nadie en Hogwarts tiene la menor idea de lo que ocurrió, pero recibieron el mensaje.

Lucius dio un ligero asentimiento, aunque la mención de tan misterioso informante lo obligó a mantenerse más alerta aún.

—El hecho de que se nieguen a darme la identidad de este informante me es bastante... decepcionante—soltó luego de un momento, doblando en una esquina con un bufido—. Tengo la ligera sensación de que no confían del todo en mí.

Columbus soltó una breve risita divertida ante sus palabras, negando levemente con su cabeza antes de detenerse frente a una puerta, sacando su varita.

—Entre tú y yo, Avery no confía casi nada en ti—aseguró entonces con tono burlón, encogiéndose de hombros con indiferencia—. Pero si te hace sentir mejor, yo tampoco tengo idea de quién es.

Definitivamente aquello no lo hacía sentir mejor, pero al menos ahora tenía la certeza de que el nuevo líder de aquella orden no confiaba en él. Y se aseguraría de ir con más cuidado.

Como no dijo ni una sola palabra más, su acompañante utilizó su varita para quitar el hechizo que esta tenía, y finalmente la abrió.

Lucius pudo sentir un peso instalarse en su estómago al ingresar a la habitación. Estaba completamente a oscuras, aunque apenas sus pies pisaron el suelo de madera, un par de tenues luces se encendieron.

Había visto ya varios prisioneros de los mortífagos en su vida, aunque estos no duraban mucho más que un par de horas entre torturas y demás calamidades.

Granger, sin embargo, parecía estar recibiendo un trato distinto a aquellas otras almas en desgracia.

Era obvio que deseaban mantenerla con vida tanto tiempo cómo les fuese posible, y por eso se habían asegurado de no herirla demasiado a primera vista. Al menos no físicamente.

Columbus tuvo que dar una patada a la silla dónde la habían colocado para llamar su atención. Cuando alzó la vista, Lucius pudo apreciar que tenía un ojo morado y un corte sobre la mejilla izquierda.

Enseguida comenzó a removerse en su lugar, intentando liberarse de las ataduras que la mantenían en su lugar, soltando maldiciones que se ahogaban en una mordaza negra.

—Entonces... ¿qué me dices?—soltó de repente su acompañante, dedicándose a rodear a la prisionera con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro—. Tienes que admitir que, a pesar de ser una asquerosa sangre sucia, no está nada mal.

Lucius tragó en seco, intentando con todas sus fuerzas no demostrar el asco que sentía ante esas palabras, y en su lugar mantener su expresión estoica.

Eso no parecía satisfacer al otro hombre.

—Vamos, Lucius... ¿tal vez quieres ver un poco más?—murmuró, realizando un ligero movimiento que su varita.

Granger soltó un grito ahogado cuando la tela de sus pijamas se rasgó de forma abrupta, exponiendo contra su voluntad gran parte de su escote.

Lucius apartó la vista enseguida, sintiendo bilis en su estómago ante la fugaz imagen. Se sentía enfermo, y en realidad, no entendía muy bien por qué.

Había visto a los mortífagos hacer cosas realmente horribles, incluso había participado en algunas de ellas, un hecho que lo perseguiría por el resto de sus días, como un peso sobre su espalda.

Pero en ese momento se sentía simplemente asqueado ante aquellas acciones simples e inofensivas en comparación con las anteriores.

—Déjame a solas con ella—murmuró luego de unos momentos, volviéndose nuevamente aunque intentaba no observar a la muchacha.

—¿Acaso no escuchaste? Avery dijo...

—Déjame a solas con ella. Ahora.

Columbus arqueó una ceja ante eso, y alzó las manos levemente, como gesto de rendición antes de salir de la habitación.

Sólo entonces Lucius se volvió hacia la joven amarrada a la silla. Soltando un largo suspiro, se acercó un par de pasos a ella, con una mueca en su rostro mientras colocaba un hechizo silenciador en la habitación.

—Escucha, no tengo mucho tiempo. Voy a sacarte de aquí—masculló entonces, inclinándose para poder hablarle en un tono más bajo, para no arriesgarse—. No me agradas, ni yo a ti, pero se lo debo a Severus.

Pudo ver entonces que el odio y desprecio en los ojos de la muchacha cambiaban en un instante, de repente luciendo sorprendida y llena de confusión.

Lucius bufó, sabiendo que no tenía tiempo para andar dando demasiadas explicaciones.

—Necesito informar a Severus tanto como pueda, así que te haré unas preguntas. Tú sólo asiente o niega con tu cabeza, ¿entendido?

Tomó un momento de pura desconfianza, pero finalmente ella asintió de mala gana.

—Muy bien. ¿Tienes alguna otra herida que no pueda ver ahora?—cuestionó el hombre entonces, y la muchacha asintió levemente con su cabeza—. ¿Crees que es muy grave?

Mientras la joven negaba rápidamente, Lucius se mantuvo atento a los sonidos fuera de la habitación. Era obvio que su acompañante estaba intentando escuchar lo que ocurría adentro.

—¿Te torturaron con hechizos?—cuestionó él nuevamente, y ella asintió. Lucius formó una mueca, incómodo—. ¿Abusaron sexualmente de ti?

Granger negó una vez más, aunque por el miedo que pudo apreciar en sus ojos castaños, pudo adivinar que no era la primera vez que alguien al menos lo intentaba.

Y no iban a ser sólo intentos si no hacía algo pronto.

—Columbus, el tipo que salió de la habitación, ¿lo ha intentado? ¿Sólo él?

La muchacha asintió una vez más, asegurándose de hacer una pequeña pausa para dejar claro que respondía afirmativamente a las dos preguntas.

Lucius también dio un rápido asentimiento, y con un ágil movimiento sacó su varita, acercándose a la puerta y dándole un par de golpes.

—Ya puedes entrar—avisó entonces en voz alta, y apenas el hombre hizo lo propio, tuvo una varita apuntando a su espalda—. ¡Avada Kedavra!

Granger soltó un pequeño grito que se ahogó en la mordaza que llevaba en la boca, mientras el destello de luz verde se desvanecía un momento después.

El cadáver en el suelo empezó a desvanecerse también luego de que Lucius murmurara por lo bajo otro hechizo, sin dejar ningún tipo de rastro o prueba del. crimen recién cometido.

Lucius soltó un largo suspiro de cansancio al acercarse nuevamente a la asustada muchacha, inclinándose apenas una vez más.

—Tengo que irme ahora, pero estás a salvo por el momento. Definitivamente no podemos dejarte aquí mucho tiempo más—aseguró entonces, con una expresión cansada en su rostro—. Pero ahora es demasiado arriesgado.

Hermione sentía ganas de replicar ante esas palabras, pero además de que no podía hablar en ese momento, supo que no podría convencerlo de lo contrario.

Sólo le quedaba confiar en que Malfoy regresaría, y más importante, traería de algún modo a Severus con él.


Notas finales: Sé lo que están pensando... "¡Al fin Kovate se digna a actualizar el fic!". Lo sé, se atrasó un poco.

Yo culpo a la falta de inspiración y de computadora, a los bloqueos, a otros proyectos y a la vida real (?

En fin, me alegra haber actualizado por fin. Espero que lo hayan disfrutado, más allá de los temas que tocó.

Espero sus comentarios ansiosamente. En verdad, leerlos me ayuda a continuar escribiendo, así que muchas gracias :')

¡Nos leemos (cuando podamos)!


_-*-_-*-_KovatePrivalski97._-*-_-*-_