Disclaimer: El Potterverso no es de mi pertenencia. Debemos agradecerle a J.K Rowling por haber creado tan maravilloso mundo. La historia y demás, en cambio, son de mi pertenencia en su mayoría.

Resumen: La guerra había terminado, y aunque muchas vidas se habían perdido, una de ellas estaba tomando una siesta. Literalmente. Sin embargo, las incontables bajas sufridas por el mundo mágico amenazan seriamente con la extinción. Pero el Ministerio de Magia va a encargarse de que jamás suceda algo así. Cueste lo que cueste.

Advertencias: Snamione (Severus Snape/Hermione Granger); Universo Alterno. Posible Out of Character. Este es mi primer fic de Harry Potter, por favor sean gentiles (?)

Notas iniciales: ¡Hola! Les agradezco mucho su paciencia. No quiero abandonar este fic, pero soy consciente de que no podré actualizar regularmente. Gracias por su comprensión.


La vida es un vals

Sangre, sudor y lágrimas


Ahora que sabía dónde diablos tenían a Hermione, no tenía mucho tiempo que perder.

Eso si no se encontraba con un par de alcornoques en el camino, y conociendo su suerte tan cruel, no le pareció nada extraño cuando eso ocurrió.

Allá iban, Potter y Weasley, caminando en sentido contrario al suyo, dirigiéndose a la enfermería otra vez. Al verlo también, se detuvieron en seco.

—Ah, hola—soltó el de la cicatriz, con una mueca que pretendía verse amistosa—. Ya vamos a clase, señor, sólo he olvidado mi libro de Transformaciones en la enfermería.

—No es un buen momento—masculló el profesor, negando levemente—. Será mejor que regresen más tarde, no me va a decir que de repente le importan tanto sus libros, Potter...

—Ya sé lo que está haciendo, no crea que soy un idiota, ¿eh?

Severus arqueó una ceja, volviéndose hacia Weasley con una mueca molesta en su rostro. No tenía tiempo para esas idioteces.

—Señor Weasley, no sé...

—Está intentando alejarnos de Hermione, ¿no es así? Trata de que ella ya no quiera vernos—acusó entonces el pelirrojo, frunciendo el ceño. Se volvió hacia su amigo, como buscando apoyo—. Estuvo muy distante hace un rato, como si no nos conociera. Harry también lo notó, ¿no es así?

Harry estuvo a punto de decir algo, pero Severus nunca iba a enterarse de qué se trataba, pues alzó una mano rígida que los mandó a callar a ambos.

Les dedicó una mirada de profundo desprecio, casi tangible, y pudo jurar que ellos pudieron sentirlo a juzgar por sus expresiones.

—Escúchenme bien, Tonto y Retonto. Nada me gustaría más que alejarlos de Hermione. Ella es brillante y demasiado buena para ustedes, que no le llegan ni a la suela de sus zapatos.

Todo aquello le había salido del fondo del alma, y no se arrepentía.

—Sin embargo... sé muy bien que ella los aprecia mucho. Y no estaría feliz si hago algo contra ustedes—aclaró, con tono cansado, antes de señalar con su cabeza la enfermería a sus espaldas—. Esa persona, allá, no es Hermione. Es una impostora.

Pudo ver a los dos jóvenes intercambiar miradas en ese momento, como si quisieran corroborar que habían escuchado correctamente.

Severus soltó un largo suspiro, apretando el puente de su ganchuda nariz con fuerza.

—No tengo tiempo para esto. Ni siquiera debería estar aquí—masculló escuetamente, con el ceño fruncido—. Fuera de mi camino, ineptos.

Se abrió paso de forma brusca, para continuar caminando a largas zancadas. Enseguida pudo escuchar pasos tras él.

—¡Espere, profesor!—lo llamó la voz de Potter, aunque obviamente no le hizo caso—. ¡Queremos ayudarlo...!

Se detuvo en seco y se dio la vuelta, haciendo ondear su capa oscura. Si no se sintiera tan tenso, probablemente hubiera reído cruelmente al verlos casi caerse al intentar no chocar contra él.

—¿Ustedes dos, ayudándome? Si intentan contarme un chiste, felicidades, lo lograron—siseó, viéndolos con desdén.

—¡Oiga!—soltó Weasley entonces, con expresión ofendida—. ¡Nosotros luchamos en la guerra, derrotamos a Voldemort...!

—Sin Hermione, hubieran muerto en dos días. No, no. Un día.

Los dos muchachos intercambiaron miradas otra vez, como si no supieran qué responder a eso, y él rodó los ojos con impaciencia.

—Sólo serían un peso más en mi espalda. No, gracias.

Se volvió otra vez para poder alejarse de una vez, estaba perdiendo el tiempo con ese par de idiotas. Tiempo que podía costarle muy caro.

Claro que no iba a serle tan fácil como deseaba, y ya lo sabía.

—¡Vamos con usted, de todos modos!

—No, Potter, no vendrán.

—¡Claro que sí!

Que el muchacho era insistente, no lo podía negar. Que lo fastidiaba como nadie, tampoco.

Seguía caminando tras él, junto a Weasley, hasta que ambos se adelantaron y se plantaron en su camino. Cuando sacó su varita, amenazante, alzaron las manos como signo de redención.

—Escuche, profesor—pidió el joven de la cicatriz, apresuradamente—. Hermione puede ser su esposa, pero también es nuestra amiga. Por ocho años ya. Déjenos ayudarle.

Tuvo que contener un grito de frustración. Esos dos zoquetes estaban allí de sentimentales, mientras él intentaba salvar la vida de la muchacha.

Gruñó, lleno de resignación.

—Bien... pero si se mueren, no voy a recoger sus cadáveres—advirtió entonces, haciéndolos a un lado una vez más para continuar caminando—. Caminen de una vez.

No se volteó para ver si le hacían caso o no, pero pronto pudo escuchar los pasos apresurados de ambos jóvenes detrás suyo, robándole un suspiro de resignación.

Cuando los tres salieron de los terrenos del colegio, se preguntó si habrían puesto algún hechizo que no permitía aparecerse en su nuevo cuartel. Decidió que al menos debía intentarlo.

Bruscamente tomó del brazo a ambos muchachos, y en un santiamén se habían aparecido en Glasgow. O bueno, al menos él lo había hecho.

Le fue fácil deducir que sí habían colocado un hechizo en el nuevo cuartel, uno que sólo permitía aparecerse a aquellos que portaban la Marca Tenebrosa.

Se preguntó, por apenas una milésima de segundo, dónde diablos habían quedado Potter y Weasley. ¿Se habían despartido por completo, sus pedazos flotando en la nada eterna?

Se encogió de hombros. Ya lo averiguaría más tarde. Por el momento, estaba muy ocupado observando la enorme edificación frente a él. Ya había estado en la mansión de Avery, aunque ahora se veía más oscura de lo que recordaba.

De repente, escuchó pasos acercándose, así que se ocultó lo mejor que pudo.

Un mortífago venía llegando, aunque no por mucho. Un Desmaius lo aturdió, y rápidamente el profesor se acercó para arrastrarlo hasta el escondite.

Allí, le quitó la máscara que llevaba en el rostro, y apenas lo hizo, no supo cómo reaccionar. En el suelo, inconsciente y ataviado en una tunica negra, se encontraba Leónidas Lippert.

No sabía cómo sentirse, si debía ser honesto. Una parte de él se sentía terriblemente satisfecha al confirmar todas sus sospechas: Lippert era un maldito mortífago, probablemente había ayudado en el secuestro de Hermione.

Y ahí entraba la otra parte de él, la parte que ardía en furia asesina y rogaba por quebrar el cuello de esa sabandija y librarse de su existencia al fin.

Se contuvo. Si lo mataba, sería tan despreciable cómo él. Y, la verdad, a él no le gustaba matar. Sólo lo había hecho contadas veces, cuando era extremadamente necesario. Y ahora, no lo era.

Soltó un largo suspiro de resignación, y con una mueca de absoluto disgusto, le quitó la holgada túnica oscura, dejándolo con la túnica color borgoña que solía usar en el colegio. Aunque odiaba la idea, no le quedaba otra opción, se puso esa túnica apestosa, y también la máscara.

Era la primera vez en mucho tiempo en que estaba vestido como un mortífago, con máscara y todo. Se sentía enfermo, a punto de devolver lo poco que había comido, mas pudo resistir. Debía resistir.

Con la varita en mano, se dispuso a ingresar a la mansión que se erguía frente a él, rogando a Merlín, Morgana y Circe que lo acompañaran. Antes de ingresar, sin embargo, le dio una fuerte patada al hombre inconsciente. Probablemente le había roto la nariz.

Mientras se mantuviera en silencio y no llamara mucho la atención, todo estaría bien. Eso se repetía mentalmente mientras caminaba por los pasillos de la oscurecida residencia, dando asentimientos de reconocimiento cuando le eran ofrecidos.

Obviamente no podía preguntar dónde diablos se encontraba Hermione exactamente. De hecho, aún existía la posibilidad de que la impostora lo hubiera engañado. Y si ese era el caso, ya estaba maquinando posibles modos de escape.

Llegó a un pasillo que parecía no tener salida, pero cuando miró mejor, vio que se trataba de una puerta muy bien camuflada. Puerta que, por cierto, estaba siendo abierta en ese mismo momento.

Se dio la vuelta, intentando disimular las ganas que tenía de ver exactamente quienes salían de la habitación. Aún así, pudo escuchar sus murmullos.

—La próxima vez te va a morder.

—Que lo haga. Le arrancaré los dientes uno por uno.

Una oleada de furia lo invadió, y aprovechando que el pasillo estaba vacío, se dio la vuelta para poder lanzarles a ambos otro maleficio aturdidor. Le hubiera gustado herirlos de gravedad, pero no tenía más tiempo qué perder.

Se apresuró a dirigirse a la puerta camuflada, y al abrirla, allí estaba ella. Atada a una silla en una posición bastante incómoda.

Apenas tuvo tiempo para apreciar su presencia, cuando ella se puso en pie casi de un salto, como si sus ataduras hubiesen desaparecido de la nada. Tenía una sonrisa en su rostro maltratado, y aquello lo desconcertó.

—¡Al fin...!—soltó ella entonces, quizá con demasiada emoción—. ¡Ya te estabas tardando...!

Aquello lo tomó por sorpresa aún más, completamente desprevenido. Un torbellino de emociones lo invadió, confusión, incredulidad... todo para que en un arrebato, casi se arrancara la máscara del rostro, dedicándole una mirada recelosa.

—¡Severus!—exclamó Hermione, y parecía tan confundida y desorientada como lo estaba él—. ¿Qué... cómo...?

—¿A quién estabas esperando...?

Con suerte había terminado de mascullar esas palabras, cuando ambos pudieron escuchar gritos fuera de la habitación. Maleficios de todo tipo, insultos, y pasos corriendo apresuradamente.

—Aquí están—farfulló la muchacha entonces, dedicándole una mirada indescifrable

—¡¿Quiénes?!—espetó él, sintiéndose cada vez más confundido

—¡Los aurores!

Aurores... ¡¿aurores?!

Ni siquiera se cuestionó cómo diablos Hermione sabía de su presencia, sólo podía pensar en su propia situación.

Iban a encontrarlo en el cuartel de los mortífagos, vestido como mortífago, siendo un mortífago.

Palideció aún más si era posible.

—Tenemos que salir de aquí, Hermione. Rápido, vamos...

Un sonido sordo fuera de la habitación los detuvo a mitad de camino, con la mano estirada y casi puesta sobre el pestillo de la puerta.

Se preguntó si eso de que sólo aquellos con una Marca Tenebrosa podían aparecerse allí también aplicaba a desaparecerse.

La puerta se abrió de repente, y Severus retrocedió enseguida, manteniéndose justo frente a Hermione, con la varita en alto.

Por la puerta ingresó un hombre rubio a quién obviamente le costaba caminar, y además, se cubría la nariz con una mano ensangrentada.

—¡Leónidas!

Hermione se sobresaltó enseguida, y se acercó al hombre rápidamente, intentando ayudarlo a incorporarse ante la mirada incrédula de su esposo.

—¡¿Estás bien?! ¡¿Qué te pasó...?!

—¡Aléjate de él!—espetó Severus, tomándola del brazo con poca delicadeza para tirar de ella—. Y tú, más te vale que...

Apenas había podido alzar su varita contra el hombre frente a ellos, cuando la muchacha se colocó justo en frente, cubriéndolo.

—¡Severus, él es de los nuestros...!

—¡No hay tiempo para esto!—soltó Lippert entonces, sin darle mucha importancia al intercambio—. ¡Síganme si quieren vivir!

El hombre se dio la vuelta y salió de la habitación, aún caminando con dificultad, pero aún así aturdiendo mortífagos alrededor.

Hermione tomó la mano de su esposo y tiró de él para que la siguiera, y aunque aún se sentía completamente escéptico, él así lo hizo.

—¡Por aquí!—volvió a comandar Lippert, doblando en la esquina de un pasillo

Severus fue a quejarse, a indicar que él mismo había entrado por otra parte, cuando un intenso dolor se extendió por su espalda y lo hizo rugir.

¡Severus...!

No tenía idea de qué maldición lo había golpeado, pero sabía que no se comparaba con la desazón que le causaba ver el rostro angustiado de Hermione al mirarlo.

Quiso decirle que estaría bien, que si fuera algo realmente serio ya estaría más que muerto, pero no le salía la voz en ese instante.

—¡No es uno de ellos, no lo ataquen, no es...!

La voz de Lippert se escuchaba distante, pero aún presente, aunque poco a poco se iba alejando. Pudo sentir las manos de Hermione acariciando su rostro con delicadeza.

¿Cuándo había terminado tendido en el suelo...? No tenía idea, pero allí estaba.

Y mientras los sonidos se volvían un zumbido, la imagen de Hermione se desdibujaba poco a poco para darle espacio a la infinita oscuridad.


Notas finales: ¡LO SÉ! (?

Sé que he tardado bastante en actualizar, sí, lo sé. Verán, he estado enfocándome bastante en ficción original (de autoría propia) más que en mis fics últimamente.

Amo los fics, y amo escribirlos, mas son para mí más que nada cómo una práctica para mejorar mis escritos propios.

En fin, lo importante aquí es que NO VOY A ABANDONAR EL FIC. Puede que tarde, puede que actualice cada milenio, pero no lo voy a abandonar.

Ni es el último fic que voy a escribir, tampoco. Ya tengo un par de ideas, pero eso será para cuando termine este alv (?

Creo que eso sería todo... para el próximo capítulo voy a liberar mi noche para poder responder CADA UNO de sus comentarios (saben que me encanta interactuar con ustedes, pero en este momento estoy corta de tiempo). ¡Los leo entonces!

Cuídense, lean mucho y nos vemos el siglo que viene (nah, sólo bromeo XD).

¡Nos leemos!


_- *-_-* -_ KovatePrivalski97 ._- *-_-* -_