¡Hola a Todos! ¿Qué tal? Ay, se que me estoy tardando eternidades, y sé que me están odiando. Si les sirve de consuelo también me estoy odiando xD
Pero no sé, los capitulos estan saliendo lentos u.u Sepan entender.
Ojalá este capitulo les agrade! Como siempre, mil gracias a Gise por dedicar su precioso tiempo e corregirlo! :D Eres un encanto.
A todos, gracias por leer, y seguir leyendo a pesar del tiempo. Espero les guste!
Enjoy!
El Adiós
Había vuelto a su habitación luego de la conversación con Charles. No podía evitar sentirse molesta por todo lo que había acontecido. Sabía que no tenía mucho derecho a enojarse, es decir, ella también estaba con alguien más, pero en verdad había esperado que lo suyo con el inglés pudiera transformarse en algo serio. El hombre le gustaba mucho, era atento, inteligente, agradable y un formidable compañero sexual. Al conocerse habían tenido muchísima química, luego todo se desvirtuó por la posible guerra, pero ahora esperaba que las cosas pudieran mejorar. De hecho, habían estado teniendo relaciones casi diariamente, por eso le resultaba extraño que de pronto le cortara así, sin mayor explicación de que había encontrado a su omega. ¿Dónde lo había conocido? Charles prácticamente no salía a ningún lado, incluso parecía deprimido. Este tiempo en la mansión, ella intentó acercársele, intentó entablar una relación, pero simplemente él se alejaba emocionalmente. Ella pensó que necesitaba tiempo. ¡Pero hoy había estado despampanante por haber conocido a su omega!
No conocía al hombre y ya lo odiaba. Bah, no, le tenía envidia. Hubiera deseado ser ella quien pusiera al telépata así de feliz. Seguramente Charles era una pareja muy dulce y considerada, y ella realmente había deseado que pudieran estar juntos. Incluso había considerado que podrían guiar la escuela, unidos en una alianza humano-mutante que sería formidable. Podría crear un grupo de adaptación para padres y familiares de mutantes y... bueno, seguir pensando era absurdo. Sabía que había sido tonta, nunca debió hacer tantos planes con alguien que sólo pretendía sexo, pero no pudo evitarlo. Cayó tontamente ante el encanto inglés. Y sabía que tampoco era una santa, después de todo, había estado encamándose con Sean.
Joder, sabía que si lo analizaba con detenimiento todo había sido un desastre y su plan no tenía ni patas ni cabeza. Lo cierto era que ella nunca buscó nada con el menor, sólo que éste era muy insistente. Al final, el joven pelirrojo logró lo que quería.
En resumen, sí, no podía estar enojada con Charles pero tampoco podía evitar sentirse algo despechada. Y, definitivamente, no podría estar muy tranquila cuando lo viera todo dulce con su omega, que seguro era un gilipollas. Casi podía imaginárselo: un chico tonto e inseguro que se sonrojaba demasiado e incluso lucía algo afeminado. En realidad, odiaba pensar de forma tan estereotipada. Ella era una mujer inteligente y abierta de mente pero... estaba molesta. Prefería imaginar que el chico era un zopenco. Sea como fuese, no quería enfrentarlo y si continuaba allí iba a tener que hacerlo.
¿Para qué quedarse allí? Es decir, ya no tenía posibilidades con el alfa y seguir como "amante" de Sean iba a terminar en desastre. Si alguien llegaba a saberlo, todo iba a ser un escándalo. ¡Por dios! Si Charles se enteraba iba a matarla y con todo derecho. Sean era un niño. Joder, ¿qué carajos estaba haciendo? Ese lugar la estaba volviendo loca, podía ser su perdición. Lo mejor era irse.
Se sintió sensata por primera vez en mucho tiempo y aprovechó para tomar las maletas y comenzar a ordenar todo. Ella tenía una vida. Era una agente bien pagada en la CIA, era una de las pocas mujeres en su rango, era exitosa y guapa. Está bien, había pasado mucho tiempo sola, pero eso podía solucionarlo. No valía la pena perder el tiempo allí, mejor se volvía a su trabajo e intentaba seguir con su vida. Quizás todo fue más fácil antes de que Charles le devolviera la memoria. Incluso se sintió tentada a pedirle que se la borrara de nuevo, pero no se atrevía.
Nunca debió volver; estuvo tan bien esos meses en los que la mansión fue sólo un recuerdo nebuloso e imperceptible. Si nada de esto hubiera pasado ella ahora estaría en casa, bebiendo un café mientras pensaba en su trabajo, sin sentirse despechada y sin el cargo de conciencia de que prácticamente había desvirgado a un niño, a un alumno del hombre con el que había planeado tener una relación. Mierda.
Puso su ropa en las maletas a toda velocidad. Prefería no dejar rastros de su estadía en ese lugar. Quería borrar las memorias de que estuvo allí, las suyas y las del edificio. Por suerte, había llegado en su auto, por lo cual no tendría que esperar ni un segundo para irse. Cargó una bolsa al hombro y con la otra mano comenzó a arrastrar la maleta, había empacado bastante con la ilusión de quedarse un largo tiempo. Ahora sonaba absurdo. Apenas hizo dos pasos fuera de su cuarto cuando una voz la interrumpió:
-¿Adónde vas?-ni bien lo escuchó, cerró los ojos con fuerza. Aunque fuera cruel, hubiera preferido ahorrarse esa charla. Se giró para enfrentar a Sean, que la observaba confundido. Por un segundo sintió algo de pena, luego se obligó a olvidar esa emoción. Tenía que ser fuerte y firme.
-Me voy a mi casa. Este no es mi lugar, Sean. Ustedes tienen que ponerse a trabajar con la escuela. Yo no soy una mutante y...
-No importa que no lo seas. Tú perteneces aquí, eres parte de nosotros-dijo el menor con total convicción, mientras se acercaba e intentaba quitarle el bolso del hombro, para que se quedara. Ella deseó que esas palabras se las hubiera dicho Charles, que le hubiera pedido que se quede, en vez de prácticamente invitarla a irse-. ¿Por qué quieres irte? Pensé que estábamos bien. ¿Hice algo que..?
-No termines esa oración, por favor-susurró cerrando sus castaños ojos y suspirando. Un niño. Un niño. ¿Cómo iba a explicarle esto a un niño?-. No eres tú, Sean... soy yo-ni bien terminó la oración se arrepintió. Sonaba tan cliché-. Bueno, en parte sí eres tú. Es decir, eres un niño. Apenas tienes dieciocho, yo soy una mujer adulta. Ya no estoy para andar perdiendo el tiempo con aventuras pasionales y esas cosas. Necesito algo con qué establecerme y aquí no puede ser. Necesito ir a vivir mi vida, volver a mi trabajo, reformar mi hogar. Encontrar a alguien que pueda darme lo que necesito y...
-¿Acaso yo no puedo?-la voz del chico se escuchaba molesta y dolida. Ella se mordió el labio sin saber qué responder.
-Eres joven e inmaduro, aún no entiendes la vida. Yo necesito a alguien que sea capaz de estar conmigo y apoyarme en las cosas que necesito y...
-¿Acaso quieres a alguien como Charles, que te usa de juguete sexual?-el pelirrojo no notó que usaba exactamente las mismas palabras que Alex le había dicho y que tanto le molestaron. Cuando sintió la mano ajena, estampándole una fuerte cachetada en su mejilla, no pudo evitar pensar que quizás se lo merecía, pero igualmente continuó-. ¿Prefieres a un alfa que es incapaz de amarte porque tiene un omega antes que a mí, que te amo, pero soy joven?
-¡Tú no puedes darme lo que necesito, Sean!-protestó la castaña, reacomodando su bolso y girándose, encaminándose escaleras abajo. Él no dudó en ir detrás de ella.
-¿Y qué es lo que quieres, Moira? Obviamente no es amor porque...
-Alguien fuerte, seguro, confiable. Con quien formar una familia y lo siento, pero tú no eres esa persona, Sean-cuando terminó de bajar las escaleras, se detuvo y se giró a mirarlo. El chico se frenó un escalón más arriba, sus ojos se enfrentaron. Moira se esforzó por mantenerse firme-. Supéralo. Olvida lo que pasó entre nosotros.
-Te estás equivocando y vas a arrepentirte. Nadie te amara como yo y lo sabes-no tuvo vergüenza alguna en elevar la voz y que alguien más lo escuchara. La chica volvió a detenerse, con la mano en el picaporte de la puerta principal. Se giró para mirarle, esta vez sin saber qué responder-. Iré a buscarte-agregó él, sin atisbo alguno de duda.
Ella finalmente cerró los ojos, dejando entrever su cansancio y lo difícil que le resultaba todo esto-No lo hagas, por favor. Despídeme del resto-le dedicó una pequeña y triste sonrisa-. Con el tiempo verás que fue lo mejor, conocerás a alguien digno de ti-dijo, intentando levantarle el ánimo. Le tiró un desganado beso con la mano, antes de abrir la puerta y salir de la mansión.
Estaba segura de que esa sería su mejor decisión, alejarse y comenzar a formar su vida sonaba bien. Ya era tiempo. Prefirió no pensar en el adolescente, de expresión dolida pero decidida, que dejó atrás:
-Alguien fuerte quieres, alguien fuerte tendrás-Sean no tardó en girarse y apresurar sus pasos escaleras arriba. Moira quería a alguien como Charles, ¿un alfa? Bueno, él estaba dispuesto a serlo. No hubo duda en su cabeza cuando caminó hacia el laboratorio. Entró sin golpear, pero con el cuidado de no ser visto.
Se sorprendió un poco al no ver a Hank allí. Lo que más llamó su atención era la cantidad de pelo azul desparramado en el piso. ¿Qué demonios había pasado ahora? El lugar se veía algo alborotado y le recordó vagamente a la mañana del día en Cuba. Ese día el laboratorio había sido un desastre. Ese día Hank se había transformado en Bestia. ¿Había pasado algo nuevo ahora?
Inseguro, se acercó a la mesada con sustancias y sueros. Vio una jeringa que acababa de ser descartada y, durante un momento, se olvidó de su plan. ¿Dónde estaba Hank? ¿Qué le había pasado? ¿Acaso de nuevo se había inyectado y había salido algo mal? Lo dudaba, el chico era inteligente y no podía tener tanta mala suerte de que dos sueros fallaran.
Mientras meditaba, sus ojos pasearon por los distintos componentes, hasta que un suero de color magenta capturó su atención. Tenía una etiqueta con letra desordenada que garabateaba: "Suero de Dinámica". Sean se quedó abstraído por eso. No podía equivocarse, ese era el suero que Hank había hecho para que Erik se transformara en un alfa. Los había escuchado hablar varias veces de eso, y aunque nunca había preguntado directamente en qué consistía... era bastante obvio. Hank quiso ayudar a Erik e hizo este suero para que se volviera un alfa y debía funcionar, porque seguro que el científico no se iba a arriesgar a despertar la ira de Charles.
Sin dudarlo, lo tomó y colocó una dosis dentro de una jeringa. Suponía que debía llenarla. Las posibilidades de que algo saliera mal eran nulas. Cuando tuvo la inyección preparada, no supo qué hacer, ¿dónde se suponía que debía colocarla? Miró su brazo, apenas era visible el ligero bulto que le había quedado como resultado de unas vacunas que le pusieron cuando era niño. Imaginaba que ése sería tan buen lugar como cualquier otro. Sin pensarlo mucho más, clavó la aguja e hizo presión.
Apenas le tomó unos segundos, al terminar se sintió satisfecho, aunque no sabía qué debía esperar. Inseguro, se apoyó en una silla, pensando que si su cuerpo cambiaba, quizás perdiera el equilibrio. Quizás comenzara a mutar de golpe y le salieran músculos y más vello y un aroma fuerte a...
Un mareo atontó su cabeza y sólo atinó a sujetarse mejor de la silla. Su vista de pronto se sentía un poco nublada y una comezón muy extraña había surgido en su vientre. Cada vez le costaba más y más mantener los ojos abiertos, no pudo evitar cuestionarse si acaso no debió pensar su plan un poco más.
¿Qué carajos acababa de hacer?
**CHERIK**
Erik aún miraba con insistencia la silla de ruedas, Charles continuaba sentado en la cama observándolo sin saber qué decir. El telépata podía sentir la conmoción y el aturdimiento que la noticia había causado en el omega. Esa mañana era curiosa porque Erik iba de shock en shock. Él debió meditar, en algún momento, que, al descubrir la verdad, el hombre quedaría conmocionado. Pero no lo hizo, siempre pensó que todo sería perfecto y feliz. Cuando el polaco giró de nuevo en su dirección, su expresión era apenada.
-Lo siento, realmente no puedo creer que yo te reduje a... eso-estaba tenso y parecía molesto consigo mismo. Charles lo contempló un momento, luego miró la silla y finalmente sonrió un poco.
-Ya no estoy allí. Sé que no fue tu culpa... estabas defendiéndote. Fue una situación compleja-mientras hablaba extendió su mano, incitando a su pareja a acercarse. Cuando estuvieron juntos, Erik se inclinó y comenzó a besarlo con exceso de ternura. El telépata quiso jalarlo para que se recostara en la cama pero el mayor se resistió. Con insistencia, logró que se sentara a su lado, sin que sus bocas se separaran. La mano ajena se había posado en su espalda y le acariciaba con suavidad. Sintió un dedo presionar su columna vertebral por sobre la ropa y descender lentamente, produciendo que su piel se erizara. Cuando ese dedo chocó con la cicatriz abultada de la bala, se detuvo. Los dos se quedaron quietos, abrieron los ojos apenas, sin separar sus bocas pero conectando sus miradas. Esa era una marca imborrable. Erik le mordió el labio antes de apartarse.
-Levántate, quiero verla-dijo con voz ronca, el menor dudó antes de obedecer. Se colocó frente al omega, dándole la espalda, y levantó un poco su camisa mientras bajaba apenas el pantalón, revelando la porción de piel. La cicatriz no era muy grande, era del tamaño justo de la bala, pero tenía algo de relieve. Escuchó un suspiro de pesadez antes de que los dedos le tocaran con suavidad. No pudo evitar un respingo y la otra mano de Erik se apoderó de su cadera para mantenerlo quieto. Los dedos le acariciaban con suavidad y tanteaban la piel. Él cerró los ojos y se mordió el labio, sin saber muy bien qué más hacer. Cuando la boca del mayor se apoyó en la cicatriz, le tomó por sorpresa, dio un nuevo respingo y ahogó el gemido que quiso escapar de sus labios. La boca y la lengua de Erik lo estaban besando con absoluta devoción, saboreando y adorando cada porción de su piel. Se tuvo que llevar una mano a la boca y morder un dedo para acallar lo suspiros de placer y para contener el temblor que quería inundar su cuerpo.
El magnético delineó con su lengua el pequeño bulto, antes de que su boca comenzara a succionar. Charles gimió sin poder evitarlo, y arqueó su cadera, empujando el trasero hacia atrás. Esto puso nervioso al omega, que se apartó al instante y lo miró preocupado. El inglés volteó el rostro, para mirarlo por sobre el hombro, una sonrisa tímida adornando su boca.
-¿Te lastimé?-preguntó el mayor preocupado, soltándole las caderas.
-No. Es sólo que... creo que en compensación con no haber sentido nada de las piernas hacia abajo, esa zona se volvió... muy sensible-admitió, encogiéndose de hombros y sonriéndole para quitarle importancia. Erik apretó los labios, sus ojos aún revelaban bastante pesar. Ver esa marca que él había dejado grabada en la piel ajena lo llenaba de culpa. Sentía una opresión en el pecho y una fuerte necesidad de compensar algo, de querer reemplazar todo ese dolor que le había causado.
-No puedo creer lo que te hice. Sufriste tanto por mi culpa y aún así, estas aquí... dándome tu amabilidad y tu amor y...
-Eres mi pareja, darling. Y lo de la bala, sé que fue un accidente, nunca fue tu intención herirme.-respondió, acomodándose la ropa antes de voltearse. Su mano, reconfortadora, se posó en la mandíbula de Erik, acariciándola con suavidad.
-Pero no sólo te herí, te abandoné. Te dejé allí tirado, sufriendo-no pudo mantener la mirada así que bajó su vista al suelo. La mano que antes acariciaba su mandíbula descendió hacia su hombro, aún buscando reconfortarle. Unos segundos después sintió el peso de Charles, sentándose a su lado, y el otro brazo abrazándole-. Te dejé como si fuéramos nada. Éramos amantes, Charles, y te abandoné. Y no me di cuenta de lo cruel que fui hasta ahora. Yo... no sé en qué estaba pensando. Debiste odiarme, te hice sufrir tanto. Una parte de ti debe odiarme aún y lo peor es que me lo merezco.
-Erik, yo no puedo odiarte aunque quiera. No voy a negarte que sufrí muchísimo, la pasé muy mal. Y estaba muy preocupado por ti. Antes de que te pusieras el casco... tu mente, dios, era un remolino. Tenía tanto miedo de que te quebrases, estabas aturdido, sobrepasado en emociones. Sentías tanto odio, tanta tristeza, tanta ira, tanto miedo...
-No estaba asustado-respondió ofendido, Charles sólo le miró de reojo y sonrió apenas.
-Estabas al borde de un ataque de pánico, te costaba hasta respirar. Tenía tanto miedo de que tu mente se desgarrara al tener que lidiar con tantas cosas. Estoy sorprendido de que no enloquecieras. Antes de que te pusieras el casco, ¡dios Erik!, no te va a gustar que lo diga, pero te sentías tan vulnerable e indefenso. Estabas rompiéndote, te habías venido abajo, no tenías ni fuerza. Si los barcos no nos hubieran apuntado, te hubieras quedado allí tirado, sin saber qué hacer. Estabas sobrepasado. Me dolió mucho cuando te pusiste el casco, me apartaste de tu cabeza tan de golpe, y yo estaba tan preocupado y tan asustado, y tenía tanto miedo de que tu mente se perdiera. Con el casco no podía ayudarte, si tu conciencia se desgarraba... yo no podría hacer nada. Todos mis instintos estaban a flote, quería tanto cuidarte. Fui un poco tonto, debí apresurarme hacia el submarino desde antes, desde que te metiste en ese cuarto y te perdí. O debí correr ni bien Shaw murió, pero también estaba algo shockeado. Debí correr hacia ti, y cuidarte, y calmarte. Moría por tenerte entre mis brazos y alejar todos esos malos pensamientos y...-finalmente suspiró, sonriendo con pena-Bueno, nada de eso pasó, ya no viene al caso. Sólo digo que estabas sobrepasado, no estabas siendo muy racional. No me gustó, pero entiendo que lo único que tu mente razonó fue dejarme. Pero si hubiera llegado antes, yo...
-¿Qué hubiera pasado?-Erik lo miraba con una expresión peculiar. Sus ojos claros mostraban demasiadas cosas que él no llegaba a comprender. Igualmente, quedó cautivado por el brillo en ellos.
-Yo... Si hubiera llegado antes, lo primero que hubiera hecho sería envolverte entre mis brazos. Te recuerdo tan derrumbado y agotado, tu mente tan alocada. Sólo te sujetaría fuerte, esperando, deseando, que mi cercanía te calmara, que mi aroma te resultara relajante, que mi presencia te reconfortara. Sé que no te gustaría, pero creo que entraría en tu mente. No para controlarte, pero realmente deseaba alejar los pensamientos de ese infeliz de ti. Quería apartar la ira y recordarte nuestro amor. Te hubiera besado, Erik, te hubiera besado hasta que dejaras de llorar, hasta que no pudieras hacer nada más que concentrarte en mis labios sobre los tuyos. Te habría hecho olvidar, y te incentivaría a salir de allí, a que volviéramos a casa. Hubiéramos venido con todos los mutantes... y con el tiempo te hubieses olvidado de lo que pasó. Porque sé que eres demasiado fuerte, eres un superviviente y, tarde o temprano, el fantasma de ese monstruo, se iría de tu vida. Y quizás, tal vez, tuviera la suerte de que finalmente me reconocieras... y entonces te habría amado más que nunca. Justo como te amo ahora.
El magnético dejó escapar el aire de sus pulmones, sin saber que había estado conteniéndolo. Había quedado completamente abstraído por el relato ajeno, y aunque quizás debió sentirse ofendido de que Charles lo imaginara de aquella manera tan dependiente... no podía enojarse. Era Charles, el mismo hombre que más de una vez le dijo que era fuerte, que estaba seguro de su fortaleza y creía en su potencial, pero eso no influía en que tuviera deseos constantes de protegerlo. Y en parte eso era muy bueno, porque él sabía que si algún día la fuerza se le agotaba, el telépata estaría allí, y lo sostendría hasta que volviera a recargar sus energías. Era la única persona a la cual le permitiría verle vulnerable y estaba seguro de que nunca usaría eso en contra suya. Incluso aunque no fueran pareja, aunque no fueran amigos, Charles jamás lo traicionaría por la espalda.
-Eso suena muy... ¿optimista? ¿Utópico?-se mordió el labio para contener el torbellino de palabras que habían abordado a su mente. La mayoría tachando a Charles de crédulo y algo patético. Pero si era sincero consigo mismo, dejando el cinismo de lado, la primera palabra que se vino a su cabeza fue:-Tierno. Es muy tierno-resolvió. Los enormes ojos de Charles lo miraron con diversión antes de que le sonriera. Y "tierno" iba justo con la expresión que tenía en ese momento. Erik también sonrió, aún un poco aturdido e idiotizado por los sentimientos que le generaba el telépata. No podía evitar sentirse algo ñoño al observarlo, esperaba que pronto se fuera ese efecto-. ¿Y qué hubiese pasado luego? ¿Crees que nos hubiéramos quedado juntos?-no pudo evitar preguntar. Quizás era una manía que Charles le había pegado, pero quería saber qué estaba pensando.
El telépata apartó la mirada, clavándola en sus propias rodillas, sin perder la sonrisa aunque ésta se había encogido un poco, su mirada era ligeramente pensativa-No lo sé. Creo que no. Tú tienes tus ideales, y los respeto. Si no los tuvieras, sino fueras tan independiente como eres, y fuerte, y seguro... quizás no me gustarías tanto. Tarde o temprano, hubieras querido hacer algo, Erik, y no te conformarías con mis planes. Ojalá me apoyaras en mi escuela y en mi manera de querer cambiar el mundo pero... tu mente es asombrosa y ya concibió sus propios planes-resolvió, encogiéndose de hombros con algo de pena. El omega se mordió el labio, enternecido al verlo ligeramente vulnerable. Sin poder evitarlo, lo rodeó con su brazo y lo atrajo a su cuerpo, protectoramente.
-Lo hubiéramos solucionado como lo haremos ahora. Encontraremos la forma de que cada uno viva su vida, sin dejar de vivir "nuestra" vida -el rostro del menor prácticamente brilló al escucharle decir aquello. El tono radiante de sus dientes competía con la chispa de sus ojos. Y Erik se enamoró un poco más, si era posible. Maldito y tonto amor que lo volvía tan idiota.
-"Nuestra vida". Me encanta como suena-respondió. Se inclinó más cerca, para rozar sus narices, y no pudieron evitar sonreírse de manera confidente. Resultó algo muy natural y correcto que sus bocas se unieran segundos después, cariñosamente, mientras las comisuras de sus labios aún se curvaban hacia arriba.
Quizás el amor los volvía idiotas... pero no era desagradable. O al menos eso alcanzó a pensar Erik mientras caían enredados en la cama, sus manos buscando ansiosamente quitarse la ropa y acariciar cada porción de piel. Sus respiraciones entremezclándose, sus cuerpos compartiendo el calor, ambos sintiéndose ansiosos por apartar cualquier cosa que estorbara para terminar fundidos en uno, nuevamente. Si los gemidos fueron muy fuertes o si el metal vibró con demasiada fuerza, ninguno de los dos lo notó.
Volvieron a ser conscientes de la realidad cuando se recostaron uno junto al otro, aún buscando calmar sus respiraciones, sus pieles nuevamente sudadas y bañadas en las marcas de su amor. Sus extremidades continuaron enredadas mientras se calmaban, perdiéndose cada uno en sus pensamientos, pero, al mismo tiempo, conectados por el especial vínculo que tenían.
Erik cerró los ojos, permitiéndose sentir las emociones de Charles que parecía bastante cómodo y feliz. Se acurrucó un poco más contra él, atrayéndolo para que se recargara contra su cuerpo. El telépata se dejó mansamente, y luego se entretuvo regando la piel de su cuello con besos que tenían una inusual pero agradable pereza. Besos que eran sólo para jugar y acariciarse, sin ningún fin encubierto. El polaco recargó su mentón contra la cabeza ajena, ronroneando agradado al sentir cómo los besos continuaban siendo desparramados por su clavícula. Sus manos se apoderaron de las caderas de Charles, buscando atraerle más.
-No quiero irme-murmuró por lo bajo, su voz ahogada contra el cabello castaño. Sintió al menor removerse dentro de su abrazo, los brazos ajenos no tardaron en rodearle de manera algo posesiva. Él sólo se dejó hacer, agradado de sentir el tacto de aquellas extremidades que estaban más musculosas de lo que recordaba. Quizás por el esfuerzo en la silla de ruedas.
-No te vayas, quédate más tiempo conmigo-susurró la suave voz. Y le tentó, le tentó muchísimo. Aún más cuando esa roja boca paseó por su piel, siempre suave y delicada, con esas caricias sutiles carentes de cualquier índole sexual. Podría pasar horas así, siendo agasajado de aquella manera.
-Soy el líder, no puedo desaparecer así como así por mucho tiempo-explicó y, al instante, sintió como las uñas ajenas se enterraban en su piel. No era como un castigo, era como si Charles no quisiera que desapareciera en ese momento. Cuando la cabeza del menor se separó de su cuerpo, pudo contemplar su rostro. Las pálidas mejillas aún estaban sonrojadas por la reciente actividad, y el cabello algo revuelto. El telépata le miraba con esos ojos profundos que parecían inspeccionar hasta el rincón más inhóspito de su alma.
-El celo dura cinco días, ¿verdad? Sería raro que volvieras antes. Ellos no te esperan hasta entonces. Quédate estos días conmigo, la pasaremos bien juntos-comentó con una coqueta sonrisa. Luego enterró la mano en el cabello cobrizo, peinándolo hacia atrás. No quería despedirse aún, tenía que encontrar una forma de convencerlo-. Sólo cinco días, para compensar el tiempo perdido-al ver como Erik le estudiaba, apretando ligeramente los labios, supo que estaba cerca de ganar-. Además, aún tenemos muchas cosas de qué hablar y el celo puede volver en cualquier momento.
-No tengo ropa para quedarme, Charles. Tu ropa no me entra y sólo tengo esta y...
-¡Está tu cuarto aquí! Todavía hay ropa allí, la ropa que dejaste. Esa te entra y te queda perfecta. No inventes excusas-agregó ingeniosamente. Erik frunció el ceño, al parecer sin saber qué responder. Charles acentuó su sonrisa-Por favor-obtuvo un bufido resignado en respuesta.
-Bien, bien. Pero no podemos quedarnos los cinco días en esta cama. Aún me siento medio idiotizado, pero no me gusta estar de vago, encerrado y...-se detuvo de golpe al notar la mirada divertida que el menor le daba. Parpadeó varias veces, confundido-¿Qué?
-Oh, Erik, mi amigo, eres un pervertido. Te digo que te quedes y tú inmediatamente piensas que nos pasaremos los siguientes cinco días follando-no pudo contener la risa, que se incrementó al ver cómo la mirada de confusión se transformaba en una mezcla de vergüenza y molestia-. Creo que he sido una mala influencia para ti. Y no sé si sentirme halagado o preocupado de tu aparente adicción al se...
-Oh, cállate, maldito telépata presuntuoso-no pudo ocultar su sonrisa a pesar de que lo intentó. Se sentó en la cama, empezando a buscar su ropa-. Será mejor que vaya a mi cuarto y busque mis cosas. Necesito algo de ropa, esta está toda llena de...-se guardó el comentario al ver nuevamente la traviesa sonrisa ajena. Rodó los ojos y se levantó. Mientras se estaba poniendo los bóxers, sintió su estómago rugir.
-Aparentemente yo tendré que ir a buscar comida-comentó el telépata, también levantándose y buscando su ropa-. Ya debe ser cerca del mediodía y al desayuno casi ni lo tocamos. También me siento hambriento. Iré a buscar algo, tú busca tus cosas, tráelas y comemos.
-No me des órdenes-protestó, Charles sólo se río y se acercó a besarle la comisura de los labios.
-No son órdenes, son sugerencias para pasar el menor tiempo posible separados-resolvió antes de dirigirse a la puerta-. Veré qué hay para comer.
-¿Comeremos aquí?-preguntó Erik en un tono inseguro. El telépata se detuvo en el umbral y se giró para observarlo.
-O si quieres comemos abajo, con los chicos. Como tú te sientas más cómodo-comentó, mirándole con curiosidad.
-No creo que los chicos tengan muchas ganas de verme -murmuró en un tono bajo, aún recordando todo lo que pasó en la playa.
-¡Claro que sí! Quizás estén un poco raros pero con hablar un p...
-No quiero más charlas profundas. Ya ha sido suficiente por hoy-agregó un tanto incómodo. No se sentía preparado para enfrentar más personas, no sabía lo que los chicos opinaban al respecto. Quizás en la mente del inglés no había espacio para el odio o el rencor, pero nada aseguraba que el resto de los mutantes se sintieran cómodos con su presencia. Charles sólo sonrió brevemente.
-Está bien. Podemos comer aquí o en el estudio. Allá tenemos el ajedrez, y hace mucho que no juego-él simplemente asintió. Charles le regaló una nueva sonrisa antes de girarse para salir-. Y relájate Erik, aquí está tu familia. Este es tu hogar-comentó con seguridad, antes de marcharse.
El magnético contuvo el aliento un instante, sentía un cosquilleo agradable en el vientre. "Tu hogar" sonaba muy bien, realmente nunca tuvo alguno. Y aquellas palabras, dichas por los labios de Charles, eran simplemente perfectas. Se mordió el labio para no sonreír solo, cual idiota, y luego se marchó a buscar sus cosas.
**CHERIK**
-¿Puedes calmarte?-preguntó el demonio, sintiéndose algo impaciente al ver a Raven caminando de un lado a otro. La chica se llevó las manos a la boca, mordiéndose las uñas, luego le dedicó otra mirada al reloj de la pared. Llevaba casi toda la mañana haciendo aquello y Azazel comenzaba a irritarse-Volverá cuando tenga que volver, no podemos adelantar las cosas.
-Pero, ¿cómo sabemos que todo salió bien? ¡¿Que no terminaron matándose ni bien se vieron?!-protestó con un tono de voz tembloroso. Se giró y miró con algo de reproche a su pareja-¡Debiste esperar un poco más y asegurarte de que..!
-Raven, si me quedaba más tiempo allí iba a presenciar una escena pornográfica. Estaban por saltarse uno encima del otro y...
-¿Cómo estás tan seguro? ¿Cómo puedes asegurar que algo no salió mal?-para distraerse, el demonio prefirió despegar su mirada de la chica, y observar su cola, la cual se movía de un lado a otro, pegando en la cama de vez en vez.
-Porque no había nada que pudiera salir mal. El plan estaba pensado así, para que no pudieran hacer nada más que "eso"-respondió, por ¿décima vez consecutiva? A pesar de todo, la mutante de color azul no se veía para nada convencida, los ojos amarillos aún lo observaban con insistencia.
-¿Y cómo sabemos si luego de hacerlo no van a pelearse y acabar peor?-entrecerró los ojos mientras se acercaba y se cruzaba de brazos, observando al hombre recostado en la cama.
-Nadie puede discutir luego de una deliciosa maratón de se...
-¡Azazel, el sexo no soluciona todo!-protestó, algo fastidiada. Cuando quiso apartarse, la traviesa cola se apoderó de su muñeca, ciñéndose a ella como si fuera una boa y jalándola suavemente hacia la cama. El mutante tenía una sonrisa coqueta en su boca y no dudó ni un segundo en sentarse para tomar a la chica entre sus brazos.
-Mystique, cariño, no estoy diciendo eso. Pero tú creías que ellos necesitaban estar juntos, ya lo estuvieron. No podemos hacer más que eso, tienen que solucionar sus cosas, son adultos-la chica le miró aún algo ceñuda, al parecer todavía muy dudosa al respecto. El hombre le acarició suavemente el cabello mientras sonreía, sus resplandecientes dientes contrastando con su cutis rojo-. Lo harán. Ellos solos verán qué es lo mejor. Descubrirán si son pareja o no y si deben estar juntos... Nosotros tenemos que esperar-comentó, encogiéndose de hombros. Raven suspiró y se quedó pensativa un momento antes de volver a mirar el reloj.
-¿Y si Erik quiere volver? ¿Si decidieron que están mejor separados pero no tiene en qué regresar?-preguntó preocupada. El hombre alzó la ceja.
-¡Controla el metal! Seguro encuentra como arreglárselas. No voy a andar solucionando sus problemas de...-se quedó callado al notar la insistente mirada. Entrecerró sus ojos-No, Raven, no.
-Por favor, ve a ver que estén bien, no podré relajarme y si no puedo relajarme... tú sabes-puso una perfecta expresión de víctima. El demonio volvió a negar con la cabeza, sin querer caer bajo sus encantos, pero sólo necesitó el incentivo de sentir la piel escamosa, de esas piernas azules, rozando contra su pantalón para rendirse.
-¡Bien!-dijo, finalmente resignado al hecho de que en algún momento él había perdido todo liderazgo y era manipulado por los antojos de esa chica. Se levantó, acomodándose la ropa y el cabello, luciendo tan prolijo como siempre. Raven le sonreía resplandeciente, se paró con un ágil salto y le besó la mejilla, ante eso cualquier molestia del hombre fue eliminada-Iremos a buscarlo y...
-Oh, yo no pienso ir-respondió ella, cruzándose de brazos. Cuando el hombre la miró confundido, sólo atino a apretar los brazos sobre su pecho y voltear el rostro, orgullosa-. Que me preocupe no significa que he perdonado a Charles. La última vez que lo vi me trato muy mal, no pienso caer bajo sus encantos. Deberá pedir perdón y demostrar que me respeta-ante esa acotación, cualquier comentario que Azazel pensó hacer prefirió guardarlo. Le gustaba ver a Raven orgullosa, sobre todo pidiendo el respeto que se merecía.
-Bien, bien. Iré yo. Veremos cuánto te dura este "enojo"-comentó divertido. Era obvio que aquello no podía prolongarse mucho, esa chica se preocupaba demasiado por aquel par de tontos-. Más te vale que me compenses cuando vuelva-murmuró, ella le miró de reojo y le sonrió de una manera que le hizo sentir algo de ansiedad-. Regresaré ni bien pueda-agregó antes de desaparecer, dejando una nube de humo a su paso.
Cuando apareció en la mansión, lo hizo en el pasillo. Realmente no tenía muchas ganas de presenciar una escena de sexo y, por más que Raven estuviera tan preocupada, él tenía fe en que todo había salido bien. Sus planes no podían fallar, de eso estaba seguro. Caminó indeciso y sin rumbo. Respiró profundo notando el aroma a celo ya suavizado, pero aún impregnando sutilmente el ambiente. Siguió los rastros del aroma, pero no llegó a avanzar más allá de las escaleras cuando se topó con Charles, que subía con una bandeja de comida. Cuando los ojos azules del telépata se posaron en él, se llenaron de confusión y dudas.
-¿Qué haces aquí?-Azazel sonrió divertido. Raven siempre describía a su hermano como correcto y cortés, se veía que realmente lo había tomado por sorpresa para que le hablara así.
-Vengo a buscar a Erik, quería ver si todo estaba bien-comentó, poniéndose de frente a las escaleras. Notó los ojos ajenos estudiar su figura y se arrepintió ligeramente por sus palabras, no sabía qué tan seguro era decirle a un alfa que venía para llevarse a su omega. La mirada azul parecía estudiarlo con demasiado detenimiento, pero él no se amedrentó, mantuvo su pose segura, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón.
-¿Vienes a buscarlo?-preguntó el inglés mientras terminaba de subir las escaleras. Una vez en el pasillo, miró en todas direcciones-¿Estás con Raven?-al demonio no le pasó inadvertido lo ansiosa que sonó su voz.
-No quiso venir-respondió con simpleza. El telépata apretó los labios y dejó escapar un suspiro de pesadez, la culpa era fácilmente visible en su expresión. Dio un asentimiento desganado antes de comenzar a caminar.
-Ven-invitó cortésmente, dándole una breve sonrisa antes de dirigirse hacia el despacho. Azazel lo siguió con tranquilidad, aunque antes volteó brevemente el rostro y olfateó, percibiendo que el aroma de Erik venía del camino contrario. Prefirió no comentar nada, quizás el alfa estaba en "modo posesivo" y a él no le gustaba lidiar con los celos. Entró a la habitación luego de que su acompañante lo invitara con un gesto. La copa de whisky que el menor había estado bebiendo la noche anterior seguía en su lugar. Era obvio que había sido olvidada ni bien Erik llegó y se desató la pasión-¿Vienes a ver cómo estamos o vienes a llevártelo?-aunque el tono intentaba ser amable, se escuchaba ligeramente tenso.
-Whisky-respondió Azazel al ver cómo el otro le invitaba silenciosamente una copa. Charles asintió y procedió a servir el vaso y pasárselo-. A buscarlo, supongo-comentó, antes de dar un sorbo-. Raven está algo preocupada de que se estén matando, así que creo que quiere ver al menos a uno de ustedes vivo. Me envió para que me cerciorara de que todo está bien.
-Estamos bien-respondió inmediatamente Charles, acomodando mejor la bandeja de comida que había apoyado en una pequeña mesa. Luego se giró a enfrentarlo, lucía tranquilo pero pensativo-. Preferiría que... te fueras, sin él. Acabo de convencerlo de que se quede cinco días más y si te ve aquí... querrá irse. Y no quiero separarme aún-lo último lo dijo en un tono tan sincero y humilde que le llamó la atención. Ese alfa, que tan poca pinta de alfa tenía, parecía estar rogándole con sus enormes ojos. Azazel sonrió con la comisura del labio, antes de volver a beber de su vaso. Él había estado seguro de que interrumpiría, pero la metamórfica era demasiado insistente.
Los ojos azules no se despegaron de él hasta que acabó toda la bebida. Quizás era cruel pero le divertía hacerle esperar por una respuesta.
-Bien, me iré y le diré que están bien - comentó, abandonando el vaso sobre la mesita-. Volveré a buscarlo en cinco días. Me imagino que eligieron esa fecha porque supuestamente sería cuando se acaba el celo-acotó, mientras su mirada paseaba por el lugar. Cuando volvió a mirar a Charles, éste tenía la ceja alzada.
-Ciertamente. Aunque no entiendo por qué, si sabías que estaba en celo, viniste a buscarlo ahora. Deberías haber venido cuando "supuestamente acabara el celo"-mientras hablaba ladeó la cabeza, sus ojos mirando sumamente interesados al demonio-. A menos que supieras que el celo se frenó de golpe-Azazel se obligó a no pensar, recordando que estaba frente a un telépata.
-Sólo vine porque Raven insistió. Me sorprende no encontrarlos follando-eso sí era verdad, pensó que presenciaría una escena porno. Los ojos azules lo estudiaban con demasiada insistencia, Azazel solía notar cuando Emma vagaba en su cabeza y, como en esta ocasión no sentía nada, supuso que Xavier estaba respetando su privacidad-. Será mejor que me vaya, Raven seguirá preocupada-comentó, apartándose varios pasos.
-Bien, mándale saludos de mi parte y una disculpa. No sé si conviene que vengas a buscar a Erik, le parecerá sospecho y no le agradará que un alfa pretenda "cuidarlo". Si te necesita, buscaré la forma de comunicarme contigo-comentó, aún mirándole con esa expresión peculiar. Azazel asintió pero, antes de poder despedirse el telépata, volvió a hablar-. Y Azazel, la próxima vez abstente de darle afrodisíacos a mi omega. Puede que la historia no acabe tan bien-esto último fue agregado en un ligero gruñido. El demonio pudo notar cómo la expresión ajena cambiaba, de ese alfa sutil y delicado que prácticamente rogaba porque no se lleve a Erik, a este otro celoso y posesivo que lo miraba con un ligero reproche. Se limitó a bajar la mirada y asentir. Al parecer, Charles Xavier era un mutante realmente poderoso. Él estaba acostumbrado a los telépatas, había convivido muchísimo tiempo con Emma, pero con este hombre no había llegado ni a notar que estaba revisando su cabeza.
Mientras se desaparecía, no pudo evitar pensar que Charles había dicho "mi omega", sin duda eso iba a poner muy feliz a Raven. Y si Raven era feliz, él era feliz. Oh, y aún lo tenían que compensar. Iba a ser un gran día.
Charles suspiró y se masajeó la sien. Ver a Azazel, el miedo de que Erik se fuera demasiado pronto, enterarse de que el celo no fue un celo sino un afrodisíaco, saber que Raven seguía enojada... todo, era demasiado. Y esa visita sólo le había re-confirmado que su pareja estaba de paso en ese lugar. Se lo habían "prestado", pero Erik tenía a donde retornar, tenía un grupo que dirigir. No se iba a quedar ahí para siempre. Y él tenía que aceptarlo, ¿verdad? Ya había dicho que lo amaba por su fortaleza e independencia, no podía hacerlo cambiar. Si lo amaba por quién era, tenía que dejarlo ser.
Dejó la comida sobre la mesa y se dirigió al cuarto de Erik, aún sumido en sus propios pensamientos, en la nostalgia de querer tenerlo a su lado todo el tiempo. Eran cinco días, cinco, que tenía que aprovechar al máximo. No sabía cuándo iba a volver a disfrutar de su compañía.
Cuando entró al cuarto, arrugó la nariz al sentir el aire viciado. Erik estaba arrodillado en el piso, sujetando entre sus manos los fragmentos de vidrio que pertenecían a su viejo perfume. De pronto, Charles observó en qué condiciones había dejado ese lugar. Hacía mucho que no entraba allí, desde que Hank lo había sacado casi a rastras. La atmósfera aún estaba saturada, con un fuerte aroma a perfume casi nauseabundo por la falta de ventilación. La cama estaba hecho un desastre, las sábanas desparramadas por el piso, al igual que ciertas prendas de ropa. Si él hubiera recordado cómo estaba ese cuarto, nunca hubiera dejado que Erik entrara, no sin limpiarlo antes.
Había polvo sobre las cosas y todo el lugar tenía una apariencia de descuido, de soledad, de tristeza, de abandono. Exactamente cómo Charles se había sentido tiempo atrás. Cuando Erik escuchó la puerta abrirse, giró el rostro para mirarlo, lucía algo turbado y él no pudo evitar sentirse culpable y avergonzado.
-Lo siento, había olvidado... había olvidado las condiciones en las que dejé este lugar-admitió, mientras sus ojos paseaban por ese cuarto que lo contuvo cuando creyó perderlo todo. Había estado tan desesperado por conservar el aroma de su pareja que no había notado lo deplorable y enfermizo que se veía eso. Caminó sin dudar hacia la ventana y la abrió, esperando que el aire ayudara a mejorar las cosas.
-¿Qué pasó aquí?-preguntó el omega, casi en un susurro. Charles se mordió el labio, sin sentirse muy entusiasmado para responder. No quería revelarle sus problemas, no quería contarle lo mal que habían estado las cosas para él, lo destruido que había quedado luego de la separación, cómo se había perdido a sí mismo, cómo había estado naufragando sin curso hasta ayer, al tenerlo de nuevo entre sus brazos.
-Yo… digamos que, luego de que te fuiste, me desestabilice un poco-murmuró, queriendo que no sonara tan malo como fue. Erik ya se había levantado del piso y contemplaba el lugar como si no supiera qué hacer, se movía como si estuviera caminando en una antigua ruina, parecía con miedo de tocar algo y que todo se viniera abajo.
-Todo se ve tan distinto a lo que recuerdo-admitió. Sus ojos vagaron una última vez por el cuarto antes de que se dirigiera al ropero y comenzara a hurgar su ropa. Al inglés no le pasó desapercibido lo tenso que se veía-. Parece como si nadie hubiera estado aquí en mucho tiempo. Todo está tan destrozado... en realidad, debí esperarlo. Debí imaginarme que te habías enojado y que algo así podría haber pasado. Te abandoné, te dejé solo, herido de gravedad. Es normal que quisieras destruir todo lo que te recuerde...
-No te apresures a sacar conclusiones, darling-comentó, acercándose. Estudió un momento la ropa que el otro iba dejando sobre una pequeña mesada, aún seguía sin mirarle directamente-. Si esto está así fue porque te extrañaba demasiado. Estaba tan desesperado por tener tu compañía que no hacía nada más que estar todo el día echado aquí olfateando las sábanas. Eran mi único consuelo, lo único que estaba totalmente impregnado por ti. Dormí tantos días aquí que hubo un punto que el aroma se fue, el mío lo tapó. Y creo que quizás... eso me puso un poco histérico-en ese momento Erik se giró a mirarlo, una de sus cejas estaba alzada.
-¿Por eso está el perfume roto en el piso?-preguntó, terminando de acomodar el último poco de ropa. Charles apretó los labios un momento pero finalmente asintió. Erik miró el lugar nuevamente. Ni bien entró y notó todo destrozado, no pudo evitar sentir algo de angustia. Era como si Charles hubiera abandonado ese lugar, lo hubiera abandonado a él... pero fue exactamente al revés, Charles se aferró a ese lugar mientras se hundía y, al parecer, lo hizo hundirse junto con él. Él fue el que abandonó a Charles, no debía olvidarlo... no debía perdonárselo tan fácilmente.
-Quería recuperar tu aroma. Pensé que el perfume ayudaría pero... resultó que no. No era del todo tú. Faltaba tu esencia-Charles sonrió algo resignado, de pronto se veía cansado, agobiado-. Si Hank no me hubiera sacado de aquí creo que... estaría todavía aferrado, desesperado, anhelando volver a sentir un poco de ti-mientras hablaba se inclinó, queriendo juntar los vidrios que había dejado desparramados tiempo atrás. Pensaba que de alguna forma metafórica ya no debían estar allí, ahora él estaba completo. Erik le había reconocido, su alma se había recompuesto con mucha facilidad. Alcanzó a juntar unos cuantos pedazos cuando sintió al omega arrodillarse a su lado y no pasó mucho antes de que unos brazos rodearan sus hombros y lo jalaran hacia atrás. Charles suspiró con placer cuando su espalda chocó con el amplio pecho de su pareja.
-Lo siento-dijo éste, con voz ronca, mientras escondía su rostro en el cuello del telépata. Aspiró el aroma, aún acostumbrándose a él, todavía sintiéndose algo atontado, y lo apretó con más fuerza entre sus brazos. No quería ni imaginar todo lo que el menor sufrió, todo el daño que él le había causado. Había sido tan cruel. La simple idea de herir a Charles era horrible, y hacerlo siendo su pareja era... detestable. No podía evitar odiarse un poquito a sí mismo, su parte omega reclamándole por no haberlo notado antes, por haberse negado tanto a sus instintos, por no haberse entregado antes a su dueño, en cuerpo y alma-. Sé que no es fácil de creer, pero nunca fue mi intención herirte, nunca lo pensé de manera premeditada. Soy un idiota. Tienes razón, ese día estaba en shock y... nunca quise que esa bala...
-Ya pasó-susurró, acurrucándose contra su pecho, regulando su respiración junto con la ajena. Las manos de Erik sujetaban su torso con fuerza, Charles no iba a negar que estar así de juntos le gustaba. Lo había extrañado tanto. Giró apenas el rostro para que sus narices se rozaran, los ojos celestes claro chocaron con los suyos y los apreció un momento antes de que esa delgada boca capturara sus labios en un beso íntimo y reconfortante. La cálida legua de Erik se empujó contra su boca, suavemente, antes de recorrer su cavidad casi con adoración. Las manos le incitaron a voltearse y se aferraron a su espalda, jalándole como si quisiera fundir sus cuerpos juntos.
-Lo siento-susurró de nuevo el polaco, pero Charles no alcanzó a responder nada ya que de nuevo le estaba besando con suma delicadeza. Se dejó caer hacia atrás cuando el cuerpo de Erik le empujó suavemente. Ambos terminaron recostados en el piso, besándose con insistencia. Las manos del polaco habían quedado a cada lado de su rostro, con los codos apoyados soportando el peso. Sólo pasaron unos segundos antes de que esas manos se enterraran en su cabello. El alfa se encontraba con toda su mente sumida en el contacto de los labios de su pareja. Le abrazó mientras pensaba en la cantidad de veces que deseó estar así, sólo ellos, besándose, siendo el uno del otro.
-No te apartes-murmuró, cuando el mayor separó sus bocas. El omega le sonrió, antes de que sus labios comenzaran a besarle la mejilla, con la misma delicadeza con la que había besado su boca. Charles cerró los ojos y se dejó hacer, sintiendo esa cálida boca continuar acariciando sus pómulos, sus parpados, su frente. Ante ese contacto comenzó a respirar más profundo, sus parpados temblaban sutilmente y tenía que esforzarse para no abrirlos y observar a su pareja. Se sentía tan bien así, sólo limitándose a sentir-Erik-lo llamó casi en un ruego, cuando bajó besando su nariz pero al llegar a su boca se apartó para besarle el mentón, dejándole ansioso; sus carnosos labios temblando de ganas de un nuevo beso.
-Perdóname-susurró, mientras su boca seguía acariciándolo, disfrutando del sabor y del sutil aroma que esa delicada tez desprendía. La pena aún estaba instalada en su pecho, pero de alguna manera, acariciar su piel, adorarla, y cuidar y mimar a Charles parecía calmarle un poco. Sabía que era su instinto, exigiéndole que se comporte como su pareja, que se redima, que demuestre ser un buen omega... pero poco le importaba, realmente deseaba comportarse bien, amarlo. No tenía ganas de ignorar sus instintos, quería dejarse llevar, ser un buen compañero-. No volveré a herirte. Nunca-susurró mientras su boca capturaba el lóbulo de la oreja ajena, Charles se arqueó debajo suyo y soltó un suspiro de placer.
-Lo sé-dijo casi sin voz pero sonando completamente seguro. Sus manos rasguñaron la amplia espalda, hasta subir a su pelo, enredándose en los cobrizos rizos que se formaban en la nuca de su omega. Lo apartó un poco, despegándolo de su oreja, para poder contemplarse el uno al otro. Azul chocó contra celeste, sus miradas desnudas en ese momento, sin defensas, siendo sólo ellos dos y su intenso amor-. Ya te perdoné, darling-susurró, y Erik lo observó antes de sonreírle suavemente, sus claros ojos plagados de ternura.
-Te amo-dijo con sinceridad, Charles le sonrió en respuesta.
-Lo sé-repitió, antes de alzar un poco su rostro y volver a unir sus bocas. Ninguno dejo de sonreír mientras se besaban y, para ellos, el mundo se detuvo de nuevo.
**CHERIK**
-¡Basta!-repitió Sean por millonésima vez, intentando apartar las manos de Alex de su cuerpo. El alfa le gruñó suavemente, al tiempo que se inclinaba hacia al frente para aspirar más de su aroma-¡Deja de olfatearme, no soy un omega y...!-un temblor le hizo detener el discurso. Las rodillas se le aflojaron de nuevo y, si no fuera porque el rubio le sujetó con firmeza de la cintura, habría acabado en el piso. Sollozó enterrando su rostro en el brazo ajeno, sintiendo un extraño líquido humedecer sus glúteos.
-En este momento, hueles exactamente como un omega-comentó el otro. Aún algo abrumado por el olor a celo que desprendía su amigo. Oh, si fuera cualquier otra persona ya estaría intentando desnudarle, pero era Sean, se estaba esforzando para no hacerlo.
-¡Fue esa maldita inyección! ¿No se supone que era para ser un alfa?-protestó, odiándose un poco cuando tuvo que sujetarse de los hombros ajenos para no caer. El otro chico lo estaba guiando, pero él no tenía idea de adónde y no lo supo hasta que entraron al cuarto del rubio.
-Hank nunca dijo eso, ¿acaso no lo escuchas? Era para cambiar de dinámica-respondió, sin poder dejar de olfatearle mientras lo empujaba a su cama. De nuevo Sean se removió, sus brazos buscaban alejarlo pero no tenían fuerza para hacerlo-. Dios, hueles delicioso-susurró cuando llegó de nuevo a su cuello. Tuvo que apretar los puños para no apartarle la ropa y poder olfatear mejor. Ese aroma estaba enloqueciéndole.
-¡Déjame tranquilo! Yo no soy un omega y lo sabes.
-Oh, Sean, ahora eres un omega-dijo el rubio, mirándole con sus ojos celestes que estaban negro líquido por el deseo. Pero más allá del deseo, había una gran determinación-. Y no voy a hacer nada que no quieras, pero... que quede en claro que eres mío. Mi omega-se inclinó queriendo besarlo, aunque su boca sólo logro apoyarse en la pecosa mejilla.
Bueno, quizás le llevaba algo de esfuerzo pero no importaba. Si algo había aprendido de todo lo que le había pasado a Charles, era que lo mejor era ir de frente y decir las cosas con claridad. Él podría esperar por Sean, pero iba a dejar en claro desde un inicio que ese omega era suyo.
Intentó besarlo de nuevo y se ganó una cachetada en respuesta. No pudo evitar reírse, después de todo estaba feliz. Aquí estaba la persona que amaba, oliendo delicioso y apto para ser su pareja. ¿Qué podía ser mejor?
**CHERIK**
Era asombroso lo rápido que pasaba un día. Habían estado besándose un largo rato en su viejo cuarto, luego habían ido a comer al despacho, jugaron al ajedrez, se acurrucaron en el sofá grande mientras Charles leía un libro que aparentemente le gustaba mucho, escucharon algo de música, más ajedrez y... de pronto era la noche. Y ya estaban peleando.
-No quiero cambiarlas-protestó el telépata a pesar de que también miraba las sábanas con algo de asco. Erik arrugó la nariz.
-No pienso dormir allí, si quieres dormir en esa cochinada me voy a mi viejo cuarto-respondió, sin entender por qué el telépata estaba tan terco al respecto. Las sábanas estaban horribles lo cual era de esperarse después de todo lo que hicieron la noche anterior. Estaban pegajosas, con manchas de semen, olían a sudor y a sexo.
-No quiero cambiarlas-repitió nuevamente, aunque sus ojos miraban con desconfianza el lecho. No, no se veía muy apto para dormir-. Podríamos limpiar las partes más sucias y...
-¡Charles, no seas asqueroso! Están inmundas, no se puede dormir allí-se quejó, perdiendo la paciencia. Miró la expresión ajena, notando que se veía muy pensativo-. No entiendo por qué estas encaprichado en dejarlas, están horrible y...
-Huelen a ti-susurró, sin quitar sus ojos azules de la cama. Erik se quedó congelado un momento, mientras el telépata se masajeaba la sien-. Sí, están horribles, pero... huelen a ti, de nuevo. Y así cuando te vayas podré, aunque sea, fingir que...-la voz se fue quedando sin fuerza hasta desaparecer. El inglés volvió a suspirar y a masajearse la cabeza. Erik miró de nuevo las sábanas, sintiéndose algo culpable. Si Charles tenía esos miedos era por su responsabilidad. Su parte omega quiso obligarlo a decir "No me iré, me quedaré para siempre", pero no podía hacerle una promesa que no estaba dispuesta a cumplir. Él se iría tarde o temprano, su líder interno se lo reclamaría. Y Charles tenía que aprender a aceptarlo, aunque fuera difícil.
-Me quedaré unas noches más, lo mejor será cambiarlas y volverán a impregnarse en estos días. Así tendrás sábanas limpias y olerán a mí, a ti, a nosotros-comentó, acercándose al inglés que aún parecía abstraído observando el lecho. Le tocó el brazo y finalmente el menor se giró a mirarle, sonrió apenas, no muy convencido y asintió. De nuevo Erik se sintió algo culpable.
-Es lo mismo, tarde o temprano el olor se irá-suspiró y se inclinó para empezar a quitar las sábanas con un movimiento algo brusco. El polaco lo contempló un momento, sin saber qué hacer. Sabía que Charles era una persona muy tranquila y verlo tan obsesivo con respecto a algo sólo le revelaba cuán mal la pasó mientras estaban separados. Sin pensarlo, le tomó la muñeca, deteniéndole antes de que terminara de deshacer la cama.
-Volveré antes de que se borre el olor-prometió. Los ojos azules brillaron estudiándole con ilusión, de pronto el agotamiento parecía haberse borrado de ellos. Esos rojos labios dibujaron una sonrisa, que aunque intentaba ser contenida, se veía despampanante.
-¿Lo prometes?
-Lo prometo-aseguró y Charles dejó escapar una risa. Terminó de acercarse y se dieron un beso. Cuando el telépata quiso empujarlo para que cayeran en la cama, Erik hizo fuerza para quedarse parado. Separó un poco sus bocas para poder hablar-. Igual no pienso acostarme allí, cámbialas, no seas mugriento-protestó. Charles volvió a reírse, sonando sumamente feliz.
-Está bien, pero ayúdame-no protestaron mucho más al respecto. Minutos después ambos estaban recostados, compartiendo besos que prometían en muy poco tiempo transformarse en algo más. Las sábanas olían a jabón, pero Charles tenía la esperanza de que pronto, a medida que las caricias se volvían más audaces, se impregnaran de sudor. Y no, no es que él fuera un "mugriento", como dijo el omega, es que era el olor de Erik y él lo quería en todos lados.
A la mañana siguiente, cuando despertaron, Charles enterró la nariz en la almohada, bajo una atenta mirada celeste que lo observaba con la ceja alzada. El telépata aspiró y arrugó la nariz teatralmente, antes de sonreír coqueto. Su mano no tardó en enterrarse en la cabellera rojiza.
-Aún no huele a ti. Creo que tendrás que quedarte un poco más para que se impregnen-comentó, mientras se movía en la cama para acercarse más a su pareja. Erik le miró curioso y, antes de que fuera a protestar, Charles añadió:-. A veces los celos duran seis días-el comentario era casual, pero la sonrisa sumamente coqueta. Los ojos de Erik lo estudiaron con más atención.
-¿De verdad?-preguntó no del todo convencido.
-¡Claro!-aseguró emocionado, le guiñó un ojo antes de inclinarse y unir sus cuerpos, dejando su boca a milímetros-. Hay veces que incluso duran siete-el tono insinuante le robó una risa al judío, hubiera protestado pero la boca del inglés se apoderó de la suya, y él se dejó hacer. i"Y hay veces que duran toda la vida"./i
Ese comentario mental hizo vibrar al judio. A veces no era tan malo ser un omega y dejarse dominar por un alfa. Sobre todo si su pareja era Charles.
**CHERIK**
Luego de casi dos días, Sean logró que Alex le permitiera a Hank examinarlo. El rubio parecía celoso todo el tiempo y nada feliz de que alguien se acercara al pelirrojo omega, que por momentos olía a celo y luego olía normal. Por suerte, el chico había aprendido algo: sacar el lado protector del alfa era una buena herramienta. Luego de repetir un par de veces que se sentía mal, Alex accedió a llamar a Hank.
No habían imaginado que el científico estaba intentando solucionar sus propios asuntos. Cuando lo vieron, sus expresiones fueron un poema de sorpresa. El chico estaba marmoteado: tenía sectores de su cuerpo plagados de vello azul y otros donde se vislumbraba su antigua piel. Era un híbrido extraño entre el viejo Hank y la Bestia. A pesar de todo, no se negó a revisar a Sean y a extraerle algo de sangre para experimentar, bajo la atenta mirada de Alex que, de a momentos, gruñía cuando tenía la sensación de que se estaba "propasando".
-¿Por qué te pusiste la inyección?-preguntó Hank, mientras se rascaba nerviosamente el cuello dejando varios pelos desparramados por todos lados.
-Pensé que me iba a hacer un alfa y Moira...-un gruñido los interrumpió, y los dos se giraron a mirar a Alex que los observaba molesto. Hank simplemente asintió, sin esperar más explicaciones. Volvió a revisar a Sean, aunque sus ojos miraban interesados a Alex, un tanto extrañado por su aparente posesividad y por como parecía temblar de a momentos, como si le costara mantenerse en control.
Hank procedió a revisarle la boca y cuando se apartó se masajeó el puente de la nariz-Creo que está todo bien. Seguirás entrando y saliendo de esos rápidos calores hasta que todo se normalice, unos días más. Luego la dinámica ya habrá cambiado y...
-¡No quiero ser un omega! Los calores son horribles, ya entiendo porque Erik los odiaba. Son humillantes y este idiota me mira como si fuera un pedazo de carne-bufó, ganándose una mirada de reproche y de dolor por parte de Alex. Era obvio que el alfa no era muy feliz ante la idea de que Sean deje de ser un omega. El científico suspiró, sin saber muy bien cómo intervenir.
-Déjame revisar tu sangre, no sé cómo reaccionará a un nuevo cambio. No pensé el suero para inyectarlo más de una vez-comentó, apartando un poco la silla y levantándose para poner la sangre en un muestrario. Sean no lucía muy convencido al respecto pero, finalmente, asintió, aprovechando que no se sentía en celo, se levantó, dispuesto a irse a su cuarto. Alex se levantó también, pero no alcanzó a seguirlo más de unos cuantos pasos cuando el pelirrojo lo detuvo.
-Alex, basta. Necesito tiempo para mí, deja de seguirme. Quiero estar solo-esta vez fue un poco más suave que antes. Quizás su mente comenzaba a entender que la dinámica le indicaba estar más susceptible a las órdenes y la dominación ajena.
El rubio se detuvo y le miró con detenimiento-Iré por ti en un rato-antes de que Sean se apartara lo empujó contra la pared y se inclinó para besar su cuello, succionando con fuerza. Hank desvió la mirada e intentó ignorar los gemidos bajos que escapaban de la boca del pelirrojo. Le resultaba muy curiosa la forma en la que aquellos dos estaban comportándose. Era obvio que Alex estaba emocionado con que Sean fuera un omega, lo deseaba hace mucho, y seguro le estaba costando contenerse. Pero, definitivamente, Sean no era el omega del rubio, y esperaba que éste tuviera eso en mente.
Volvió a girar la cabeza cuando escuchó unos pasos y un portazo, se encontró con que Alex continuaba allí, mirando la puerta. Cuando se volteó hacía él, sus ojos celestes habían perdido el tono oscuro lujurioso que tenían segundos antes, y el científico no podía evitar aliviarse por ello. Alex se veía raro cuando estaba así. Lucia justo como un alfa, pero como si le costara en exceso manejarse a sí mismo. Quizás tenía que ver con la facilidad que tenía de perder el control sobre su poder. Luego de haberlo visto comportarse así, la imagen de Alex como alfa no le convencía del todo, no le resultaba segura. Alex no podía controlarse a sí mismo, ¿podía cuidar a alguien más? Se asemejaba bastante a los omegas que perdían el control de ellos mismos durante el celo y que... tenían que ser cuidados.
Parpadeó, apartando sus pensamientos, cuando el rubio se acercó algunos pasos-¿Qué te ocurrió?-preguntó con curiosidad, mirando algo extrañado los sectores de piel. Hank apretó sus labios y suspiró.
-Probé un suero que me devolvería a la normalidad pero... no funcionó. Creo que aislé mal el complemento y...
-Pareces un perro sarnoso-la bestia bufó y murmuró "imbécil" por lo bajo. Alex acentuó su sonrisa y se acercó un poco más, mirando con algo de curiosidad las distintas muestras. Tras unos minutos de silencio, su expresión se había vuelto más seria-. ¿Por qué no dejas de jugar a ser dios y te aceptas cómo eres? No te veías tan mal en color azul-comentó. Hank quiso encogerse en sí mismo, todavía sintiéndose demasiado inseguro.
-No me siento cómodo. Soy enorme, torpe, rompo todo-enumeró notando que a medida que lo narraba entendía porque quería más que nunca volver a ser el de antes-. Quiero ser yo, de nuevo-susurró, apretando los labios. Alex emitió un suspiro.
-Estás incómodo porque no te aceptas e intentas cambiar. Sé mucho sobre eso-admitió, encogiéndose de hombros. Finalmente volteó el rostro para mirar la expresión del mutante de color azul-. No entiendo porque empezaste todo esto, era sólo un par de pies que casi nadie veía y...
-Por favor, Alex, pasabas todo el tiempo burlándote de ellos-bufó, rodando los ojos mientras se inclinaba para mirar la sangre de Sean a través del microscopio.
-Nunca pensé que te afectara tanto-admitió en un hilo de voz. Hank le miró de reojo: el rubio estaba apretando los labios y sus ojos claros lucían algo abatidos. No supo qué decir, pero antes de pensar en algo, el otro siguió hablando-. Lo siento. ¿Puedo... redimirme ayudándote?-preguntó, con una sonrisa tímida asomando en su boca. Hank frunció el ceño y se puso algo tenso-Por favor, Bestia, te hace falta Bella. Bueno, "Bello"-la sonrisa se contagió a los labios del científico, aunque le miró aún con desconfianza.
-Bueno, pero no rompas nada-advirtió, al ver con algo de desconfianza la forma emocionada en la que el rubio comenzaba a tomar cosas.
Quizás eso no era tan buena idea.
**CHERIK**
Si bien Erik había advertido que no quería pasar los cinco días en la cama, tampoco hicieron demasiado, ya que él no quería cruzarse con los niños todavía. Andaban un poco a hurtadillas y, si no estaban en el cuarto, estaban en la biblioteca. Una sola vez convenció a Charles de que salieran a correr, el telépata no había hecho mucho ejercicio más que el de la rehabilitación por lo cual estaba fuera de estado y no duraron demasiado en el entrenamiento. Terminaron tirados debajo de un árbol dándose besos mientras Charles se quejaba de no haber llevado comida para hacer un picnic y Erik le regañaba por haberse vuelto tan vago.
A pesar de todo, cinco días se pasaron demasiado rápido. La madrugada del quinto día, Charles se aferró al cuerpo de su omega, que aún seguía dormido, queriendo que el sol no se alzara nunca. Olfateó su piel con anhelo, extrañándolo cuando todavía lo tenía a su lado. Cuando Erik le rodeó con sus brazos, prácticamente hundiéndolo contra su pecho, quiso grabar la sensación en su cabeza: lo seguro que se sentía con esos fuertes brazos envolviéndole, la tranquila respiración ajena que le hacía cosquillas en la frente, los labios de Erik aplastados descuidadamente sobre su sien, sus suaves ronquidos que eran apenas un siseo.
Cuando Erik comenzó a despabilarse, Charles tuvo que obligarse a no entrar en su mente y hacerle dormir de nuevo. El mayor se desperezó, soltándolo de su abrazo y quejándose bajito al no poder estirar sus piernas, ya que estaban enredadas con las del telépata. Cuando abrió los ojos, sus pestañas del lado derecho estaban más arqueadas por la presión contra la almohada, que las había dejado graciosamente hacia arriba. Una sonrisa perezosa se dibujó en sus labios, acompañada por el brillo de sus orbes que lo hacían lucir perfectamente relajado y feliz. Oh, cuánto iba a extrañar esa imagen.
Un beso fue depositado con descuido contra su boca. El aliento de la mañana no era tan adorable como el resto de la escena, pero el inglés igual lo amaba e iba a extrañarlo. El magnético se acomodó, mirando el techo, y Charles se le fue encima, recostándose contra su pecho, cruzándole el brazo por encima y enredando más ceñidamente sus piernas. Erik no dijo nada, sólo bostezó de nuevo y se refregó los ojos antes de volver a abrazarle. Al parecer su mente tardó en procesar qué día era, cuando lo hizo rodeó con más fuerza al telépata y volvió a apretarlo contra él más efusivamente. Ambos recordaron cómo la noche anterior se habían amado con demasiada intensidad, abrazándose con fuerza mientras sus cuerpos se movían con suavidad al ritmo de una danza suave e íntima. Sus labios y sus ojos no habían querido desprenderse ni un segundo, y sus manos acariciaban cada rincón de piel, queriendo memorizarlos ya que sabían que iban a pasar un tiempo separados. El menor sintió sus labios temblar y sus ojos arder al recordar lo abrumador que había sido hacer el amor de esa manera tan desoladora: donde el placer y la nostalgia se mezclaban, uniendo besos con lágrimas que no había podido contener. Erik lo había acunado entre sus brazos luego, exactamente como lo hacía ahora.
-Te amo-le susurró roncamente, a modo de saludo. Charles apretó los labios, intentando que dejen de temblar.
-También yo-susurró, con una voz que se escuchaba al borde del quiebre. Los brazos de Erik le apretaron con más fuerza mientras acariciaban su espalda de forma reconfortadora-. También te amo-agregó tras unos segundos. Una risita extraña, mezclada con un resoplido, le despeinó parte del cabello.
-Lo sé, pero no olvides que yo te amo. Y que estaré pensando en ti y estaré recordándote y extrañándote. Tampoco olvides que voy a volver, que estaremos juntos de nuevo. Pero hasta entonces pensaré en ti, estaré extrañando tus labios y tu sonrisa, tus miradas risueñas y...-un sollozo detuvo su discurso-La idea era consolarte, no hacerte llorar-susurró, al sentir el cuerpo del menor temblando contra el suyo. Charles tenía que morderse los labios para no rogarle que se quedara.
-Sí, pero voy a extrañarte tanto-admitió, con la voz congestionada por el llanto.
-Pero no olvides que volveré y...
-Lo sé. Pero no tienes idea cuánto me cuesta dejarte ir-respondió con sinceridad. Realmente le iba a costar soltarlo. Su alfa interno estaba consciente de la despedida y, para evitarla, tenía ganas de apresar a su pareja todo el día entre sus brazos, hasta que entrara en razón-. Mis instintos me ruegan que no te deje ir-confesó. Erik dejó escapar un suspiro tembloroso.
-Y yo agradezco muchísimo tu esfuerzo. De verdad, no sabes cuánto me alegra que me respetes de esta manera-la mano del polaco se enterró entre sus cuerpos, subiendo para poder capturar la redondeada mandíbula del menor y alzarle el rostro. Al encontrarse con la nariz rojiza y los ojos llorosos, sintió una opresión en el pecho. Su omega interno se removió, exigiéndole quedarse, pero él tenía mucha practica ignorándolo. No era su intención herir a Charles, pero tampoco podía abandonar sus planes. Iba a volver y eso le consolaba.
-Igual no debería sorprenderte. Estoy tan loco por ti que haría cualquier cosa que me pidieras, aunque eso partiera mi alma en pedazos-susurró, mirando con atención los celestes ojos. El omega apretó sus labios, casi haciéndolos desaparecer-. Te amo demasiado-dijo con una sonrisa algo triste.
-Y yo a ti. Te amo muchísimo. Soy tuyo, cada fragmento de mi es enteramente tuyo. Sé que no me había dado cuenta antes, pero ahora que sé que somos pareja... soy tan consciente de que te pertenezco, de que fui hecho para ti-era verdad lo que decía, eso sentía pero, si se atrevía a decirlo en voz alta, era para consolar a su pareja, sino, nunca lo diría. Pero sabía que Charles necesitaba saberlo-. Eres mi alfa, mi perfecto alfa-no le pasó desapercibido que ante esas palabras el menor comenzó a respirar más tranquilo y su expresión se suavizó un poco-Mi dueño-la palabras salieron algo forzadas, ya que tantos años peleó contra esos instintos. El inglés sonrió de todas maneras y segundos después estaban besándose.
-Dilo de nuevo-susurró sobre su boca.
-Mi dueño-susurró, esta vez más convincentemente, Charles le gruñó antes de volver a besarlo. "De nuevo", le ordenó mentalmente, Erik suspiró y se retorció al sentir como el cuerpo de ese pequeño alfa se subía encima del suyo. Apenas y pudo separar sus labios-Soy tuyo-gimió, antes de volver a besarle inmediatamente. "De nuevo"-Mi alfa-dejó salir las palabras en un suspiro, se ganó una mordida en la boca a modo de respuesta. "De nuevo, más fuerte"-Mi alfa-gimoteó, arqueando su espalda al sentir las uñas de Charles rasguñarle. "Otra vez"-Te amo-sollozó, preso del placer, cuando las manos de Charles bajaron a sujetarle los glúteos, separándolos y luego obligándole a enredar las piernas en sus caderas. Erik lo atrapó entre éstas, buscando jalarle más cerca.
-Y yo a ti-respondió posesivamente, mientras se acomodaba entre sus nalgas. De nuevo, los gemidos se hicieron escuchar, y Erik gimió tantas veces "Mi alfa" que se le grabó a fuego en la mente. Charles sonrió, porque quiso pensar que así no iba a olvidarlo.
**CHERIK**
-¿Adónde vamos?-preguntó, caminando junto a Charles. Ya iba a ser medio tarde y no podía quedarse mucho tiempo más, no le apetecía volver de noche. El telépata le apretó la mano, la cual casi no había querido soltar durante ese día y siguió caminando. Erik miró nerviosamente por los ventanales, el sol no estaba tan lejos del horizonte.
-Tranquilo, darling, sólo quiero buscar algo para que le lleves a Raven-respondió, entrando finalmente al despacho. Erik asintió y, una vez dentro, el telépata se fue a buscar unas cosas y él aprovechó para estirar su mano, ya que había tenido pocas oportunidades para hacerlo-. Está enojada conmigo porque un día que vino, la traté algo mal y...
-¿Ella vino aquí?-preguntó, sin poder ocultar la sorpresa en su voz. Charles, que en ese momento sacó unas pequeñas cajas, se giró a mirarle, notando que había metido la pata. La culpa llenó inmediatamente los ojos azules.
-Sí. Ha venido varias veces, pero no pienses que...
-Ella...-Erik hizo una pausa, sus ojos se posaron en el piso un momento. Lucía pensativo-Ella fue conmigo porque tú se lo pediste ¿verdad? Esa es la única explicación de que haya permanecido allá cuando era obvio que estaba tan incómoda-comentó. Cuando alzó los ojos, la expresión culpable del menor se lo confirmó.
-Sí. Yo se lo pedí, en la playa. No fue porque quisiera controlarte pero... estabas yéndote, solo, con un montón de desconocidos. Sabía que no podía frenarte en ese momento, pero tenía tanto miedo de que si te ibas no volvería a verte... le pedí que fuera contigo y que, en algún momento, te haga volver-cuando termino la oración, cerró los ojos. Podía imaginarse el cabreo que iba a tener Erik, se iba a sentir manipulado, se iba a enojar, volvería a irse y...
-Entiendo. Eso explica muchísimas cosas. Como por qué Azazel me trajo aquí sin dudar-admitió. Charles se acercó varios pasos, cautelosamente, Erik de nuevo miraba el piso-. Entonces, ella sabía que yo era tu omega, ¿verdad?-preguntó, su voz sonaba algo peculiar. El inglés se mordió el labio y asintió. Otra vez el silencio llenó el cuarto, tras unos segundos el omega volvió a hablar-¿Todos aquí sabían?-el telépata cerró los ojos con pesadez y dejó escapar el oxígeno. "Sí", murmuró apenas, esperando el estallido. De nuevo pasaron varios segundos sin que ocurriera nada, cuando el menor se atrevió a abrir los ojos, Erik se tapaba el rostro con la mano y sus orejas se veían coloradas-Dios, todos lo sabían, menos yo. Ahora me resulta tan vergonzoso no haberlo notado-susurró. Charles sintió el alivio llenarle, terminó de acercarse mientras dejaba escapar el aire que había retenido en sus pulmones y le tomó la mano.
-Eran circunstancias extraordinarias, darling. Es comprensible-dijo con su tono conciliador. Cuando Erik dejó que le apartara la mano, le sonrió tímidamente, luego miró la otra mano de Charles con curiosidad, viendo las cajas que sujetaba. El menor siguió su mirada y sonrió-. Quiero que le des esto a Raven, espero que ablande su corazón-comentó, pasándole una de las cajas que sujetaba. Erik la tomó y la miró con curiosidad.
-¿Bombones?-preguntó extrañado-¿Realmente crees que sólo con esto va a...?
-Oh, Raven los ama, y sabe que tan celoso soy de ellos. Cuando éramos más jóvenes, no la dejaba comer más de un par por semana. Cuando estaba muy bondadoso le daba uno por día, pero fue muy poco tiempo-dijo, con una risa risueña-. Que le regale una caja entera para ella es como donarle un riñón-ante la comparación Erik alzó una ceja, Charles se encogió de hombros sonriendo dulcemente. Luego se mordió los labios y alzó la otra caja que ya estaba abierta-¿Quieres uno?-preguntó animadamente. El magnético miró la caja con interés, aunque no demasiado. La sonrisa emocionada de los rojos labios lo incentivó a tomar uno. Charles le imitó y tomó otro antes de dejar la cajita sobre una mesa. El menor lo mordió despacio mientras hacía una expresión que a Erik le recordó a la que ponía al tener un orgasmo. Luego miró con desconfianza su propio bombón preguntando si no tenía algo más.
Cuando lo comió, le resultó agradable, dulce, de textura adecuada. Charles lo miraba como si esperaba que muriera de placer por comerlo. Erik le sonrió-Está rico-comentó luego de un momento, ganándose una sonrisa como premio.
-¿Quieres otro?-preguntó, tomando la caja y ofreciéndosela. El magnético le miró confundido, ¿no que era celoso y no dejaba que Raven no comiera más de uno por día?-Pero a ti sí-comentó. Erik alzó la ceja al ver que había estado proyectando y el menor le sonrió a modo de disculpa. Él miró la caja de nuevo y negó con la cabeza.
-No, gracias. Tienes suerte, no soy fan de lo dulce-respondió. El telépata le miró como si fuera un pecado pero luego procedió a cerrar la caja y dejarla a un lado.
-Al menos sé que no te comerás los de Raven en el camino-bromeó, aunque al recordar la partida su rostro volvió a tornarse un tanto triste. Erik se inclinó y le dio un rápido beso, sintiendo el sabor a chocolate en esa roja boca. La cálida lengua de Charles no tardó en saborear sus labios, y él no pudo evitar preguntarse si lo estaba besando tan deliciosamente porque era él o porque quería sentir más del sabor del chocolate. Al separarse, Charles todavía tenía los ojos cerrados.
-Será mejor que yo...
-Te acompaño afuera-se apresuró a decir y, rápidamente, le sujetó la mano. El magnético supuso que iba a tener que acostumbrarse a eso ya que el menor parecía haber adquirido la manía de tenerle sujeto. Por suerte no era muy molesto.
Una vez afuera, se quedaron contemplando un momento el cielo, que ya era de color anaranjado, producto del atardecer. Se quedaron sujetos de la mano, en medio del jardín, alargando el tiempo de la despedida. Ninguno se atrevía decir nada. Finalmente fue Erik el que se animó a bajar el rostro, y mirar a su compañero.
-Le diré a Raven que si quiere volver a la mansión puede hacerlo. No voy a enojarme, no sé qué tanto desea estar allá. Voy a volver con o sin ella y sé cuidarme, no necesitas tenerla como mi guardaespaldas-comentó y, gracias al cielo, Charles notó que su tono era suave y no molesto. Se giró también, para mirarle, y asintió.
-Me haría muy feliz que ella volviera-admitió, sin poder contener las ilusiones ante esa idea. Erik al verlo se mordió el labio.
-Igual no te esperances mucho. Creo que hay algo que la mantiene sujeta allá-dijo, para no decir "alguien". Los ojos del telépata se entrecerraron ante esa mención, el polaco pudo sentir la proyección de los celos y río-. Ya no es una niña.
-Lo sé, pero...
-Yo la cuidaré-aseguró y Charles no pudo más que creerle. Quizás Erik no dijera todas las cosas que él quería oír pero, siempre que decía algo, era verdad, por lo cual podía confiar en su palabra-. Igualmente es seguro que vendrá a visitarte más seguido, no tener que venir a escondidas va a simplificarle las cosas.
-Será bienvenida, tú y ella, y cualquier otro mutante que necesite protección-agregó, mirándole de manera significativa.
-Lo tendré en cuenta-luego se inclinó para poder besarle. Charles le rodeó el cuello con los brazos, para prolongar el contacto. El beso de a poco se volvió más profundo y, cuando Erik notó que si continuaban iba a ser más difícil separarse, se apartó. El menor soltó un resoplido, y sus cejas se arquearon con pena. El omega evitó mirarle demasiado-. Cuídate, Charles-susurró, llevando las manos a su nuca y haciendo que le suelte. Las manos cayeron con desgana a cada lado, pero él se repitió que era necesario. Luego de eso, sin esperar respuesta, caminó apartándose un par de pasos, se giró y comenzó a flotar gracias a unas plantillas de metal que había puesto en sus zapatos y unas muñequeras que se había hecho.
No llegó a flotar ni cuatro metros cuando sintió que un fuerte dolor se acentuaba en su pecho. De pronto, la tristeza tomó una forma muy física y supo que no era sólo la suya, sino la del propio Charles que estaba proyectando. Intentó avanzar en su vuelo, queriendo ignorar las emociones, pero mientras más se alejaba, el dolor emocional se volvía más y más fuerte. Finalmente, las lágrimas terminaron escapando de sus ojos y, ya sin aguantar, bajó lentamente, hasta que sus pies tocaron el piso.
Charles se había quedado estático, con los ojos cerrados y sin mover ni un solo músculo. Tenía miedo de hacer algo y, que el dolor que había empezado a sentir en el pecho, se dispersara. Sentía la presencia de Erik apartándose de su lado y un nudo se fue formando en su garganta, dificultándole tragar. En algún momento, su barbilla comenzó a temblar y las lágrimas cayeron desde sus ojos cerrados, embarrando sus pestañas y deslizándose por sus mejillas. Él no atinó ni a limpiarlas. No quería moverse, porque tenía miedo de no contenerse. Estuvo en ese estado rígido hasta que sintió unas pisadas, la confusión le hizo abrir los ojos y notó a Erik corriendo hacia él. Lo único que atinó a hacer fue abrir sus brazos.
Segundos después había sido alzado por el omega. Las manos de Erik se apoderaron de sus muslos y lo obligaron a que los levante y que enrede las piernas en las caderas ajenas. Charles no dudó en abrazarle el cuello y sus bocas se buscaron la una a la otra como si fueran imanes opuestos. Aquí estaba él, un alfa, cargado entre los brazos de un omega que se veía más fuerte que él, y aferrándose a éste como si fuera lo único firme en medio de un tornado. Y quizás se veía débil, pero no le importaba, le encantaba estar así de aferrado a su pareja.
Los labios de Erik le siguieron besando con desesperación, hasta que se apartó agitado y apoyó sus frentes juntas-Joder, Charles. No sufras así-protestó, ya que sabía que era su parte omega la que le había impedido marcharse, sobre todo al sentir cómo su alfa parecía prácticamente en agonía. Erik le repartió besos por su roja boca y luego limpió con sus labios los surcos de lágrimas-. Voy a volver, te prometo que voy a volver. No es una despedida, voy a regresar.
-¿Cuándo?-la voz fue tan desesperada y triste que el corazón del omega se oprimió.
-No lo sé, pero no será mucho tiempo. Es una separación corta, vendré en unos días, lo prometo. Vendré regularmente. ¿Sí? Mucho antes de que el aroma se vaya de tus sábanas. Lo juro-y para cerrar el trato, volvió a unir sus bocas, acallando el gemido que había escapado de los labios del alfa. Le besó con todo el amor que pudo trasmitir, mientras le sujetaba cada vez con más y más desesperación. Luego se dejó caer sobre sus rodillas y acto seguido recostó al alfa en el piso y se fue encima suyo. Charles le sujetó con mayor firmeza, y cada vez que Erik hacía un intento por separarse, la boca ajena mordía sus labios y las piernas que estaban enredadas a sus caderas lo sujetaban con firmeza.
Así se estuvieron besando hasta que el sol desapareció, dejando a su paso el crepúsculo de la tarde. Fue allí cuando Charles se sintió en condiciones de soltarlo, de dejarlo ir sin sentir que se le desgarraba el alma. Erik se escapó de sus brazos, profesando un último "te amo" a modo de despedida. Él prefirió no verlo, se quedó acostado en el pasto mirando el cielo, sin querer moverse hasta que la presencia de su pareja desapareció por completo. El cielo ya había oscurecido un poco, y se veían las primeras estrellas, cuando él tuvo energías para sentarse. Miró el sitio hacia donde su pareja se había dirigido y dejó escapar un suspiro de pesar.
En ese momento, una mano se apoyó en su hombro, había estado tan abstraído que no notó la presencia de nadie más. Cuando giró la cabeza, se encontró con los anormales ojos de Hank que eran un tonó extraño producto de la mezcla de su color natural celeste y los amarillos de la Bestia. Al menos eso fue lo bastante impactante como para distraerlo.
-¿Qué demonios te paso?-preguntó extrañado, culpándose un poco de haber estado tan perdido en su propio mundo, esos cinco días, que no cuidó a los chicos. Joder, él había querido pensar que podían arreglárselas sin su supervisión.
-Estaba intentando volver a ser yo y me parece que algo salió mal.
-¿Algo salió mal? Pareces un hombre lobo a medio transformar-comentó, ganándose una mirada ofendida por parte del científico. Lo contempló mientras se levantaba, sacudió sus pantalones y luego prosiguió-¿Quieres que te ayude?
-Supongo que me vendría bien. Alex está intentando ayudarme, pero estas manchas púrpuras son producto de que se equivocó en algo que le dije-comentó, mostrando sus palmas que estaban llenas de lunares violáceos. Oh, dios, Charles se había perdido demasiado durante ese tiempo.
-Bueno, me va a ayudar a distraerme-comentó, mientras comenzaban a caminar juntos hacía la mansión.
-¿Erik dijo que...?
-Que va a volver. En cuanto pueda-respondió, sin querer pensar demasiado al respecto. Dejó su mente vagar por la mansión, buscando a los otros tres que estaban allí y comprobó que Moira ya no estaba y que...-¿Qué es eso de que Sean es un omega?
-Oh, seguro que vas a tener mucho con que distraerte hasta que vuelva-comentó Hank, al parecer ya agobiado con respecto a ese tema. Charles le miró de reojo, con una ceja alzada.
-Al parecer-aceptó, en el fondo agradeciendo que tenía cosas qué hacer. No quería volver a perder el control como la última vez que se separaron. Tenía que mantenerse estable, tenía que formar un hogar a donde Erik pudiera volver-. Además, tenemos una escuela que abrir-agregó y Hank le sonrió esperanzado.
Con suerte, el tiempo, pasaría muy rápido.
Bueno, se que no pasan cosas suuuper interesantes, pero que les haya agrado la tranquilidad. No todos es drama, pero capitulo sin drama es capitulo que siento que le falta algo xDD
Bueno, ojala se merezca alguno de sus comentarios. Mil besos y espero estar actualizando pronto.
beso!
