¡Hola! ¿Qué tal? Si, sé que de nuevo me tarde, pero esta vez no llege al mes... fueron solo 20 dias :D
Quizas de a poco la brecha se achique y vuelva al ritmo normal de actualización. Ojalá que si.
Espero que les guste el cap :D
Azul y Rojo
Erik regresó al cuartel de La Hermandad, por suerte nadie comentó nada ni lo miraron extraño. Él se obligó a no sentirse avergonzado, recordándose a sí mismo que era un proceso natural entrar en celo y que nadie sospechaba que nada era normal en su vida y que el celo había acabado hace cuatro días. Se dijo a sí mismo que era su vida y que él decidía cómo vivirla, siempre y cuando no dejara de lado ese proyecto que había comenzado. Ese grupo era algo importante para él, la posibilidad de un cambio, la posibilidad de libertad. Y para alguien que había sido prisionero mucho tiempo, primero del holocausto y de Shaw y luego de sus propias inseguridades y prejuicios, "libertad" sonaba delicioso. Saber que uno podía ser quien quisiera sin la posibilidad de ser juzgado era perfecto.
Prefirió ignorar la sonrisa coqueta que le dedicó Emma, sus ojos parecían decir: "sé lo que hiciste y que lo disfrutaste", pero quizás eran paranoias suyas. En cualquier caso, no estaba mal que lo haya disfrutado, tenía derecho a hacerlo y no era extraño teniendo en cuenta que Charles era su alfa. Oh dios, pensar en que era el omega del telépata aún era raro. Había una extraña sensación de que algo se había acomodado dentro suyo y ahora estaba en paz. Era como borrar esa neblina que a veces sientes cuando has dormido demasiado tiempo. Ni bien llegó a su cuarto, se puso el casco, porque no quería que Emma escuchara sus patéticos pensamientos que divagaban entre como ahora las cosas parecían tener más color, más brillo y cómo cosas tontas parecían ponerlo de buen humor.
"Ay, suenas como todo un hombre en..."-se colocó el casco justo a tiempo y su mente quedó en silencio. Suspiró aliviado con el conocimiento de que ahora podía ser tan patético como quisiera. Miró su habitación, la cama que había quedado desecha cuando se había levantado desesperado por querer calmar el celo, se inclinó a tomar la ropa que prácticamente se había arrancado ante la necesidad. Olían a él mismo y a celo. Pero ahora su propio aroma era diferente, lo notaba: el aroma de Charles estaba impregnado sobre su piel como si hubiese sido rociado con él. Antes quizás eso le hubiera disgustado, ahora le agradaba un poco; tal vez así dolería menos la distancia.
Sacó la caja de bombones de su bolsillo y recordó que debía entregárselos a Raven. El telépata se había mostrado muy preocupado al respecto, estar peleado con su hermana parecía afectarle. Erik bufó al recordar que el plan de "ser entregado" a Charles fue idea de la chica. Debería estar muy molesto... pero tenía que admitir que sin ella nunca hubiera reconocido a Charles, nunca se hubiera sentido tan bien como se sintió y nunca hubiera tenido la paz que sentía ahora. Había que admitir que sin Raven y su maldita paciencia, él y Charles nunca hubieran alcanzado la oportunidad que tenían ahora: la oportunidad de ser felices.
No quiso pensar demasiado cuando tomó los bombones y fue a buscarla. Caminó por el cuartel, notando que estaba bastante tranquilo. No tenía ni idea de donde estaba Sapo y, durante un momento, se preguntó si debía ir a modificar lo que le había dicho días antes: que no necesitaban un alfa. Se sentía hipócrita decir aquello sabiendo lo bien que se sentía en ese momento... pero si se lo decía iba a ser otra razón para que el chico continuara siendo completamente sumiso. Él era feliz con su alfa, pero era una persona independiente.
A Raven la encontró en la cocina, la chica parecía ser la encargada de la cena de esa noche. No pudo evitar notar que se veía algo nerviosa. Carraspeó para llamar su atención y, cuando ella se giró, sus ojos amarillos se abrieron de par a par.
-¡ERIK!-el tono era una mezcla de exaltación, felicidad y miedo. La chica dejó las cosas a un lado y dio unos pasos inseguros, él pudo notar que había estado a punto de abrazarlo pero se contuvo. Ahora la duda adornaba su expresión, la mutante se paró más firme como si estuviera esperando que Erik estallara y estuviera dispuesta a enfrentarlo-Regresaste y...
-Charles te envía esto-le cortó, estirando la mano y entregándole la caja de bombones. La mutante azul parpadeó confundida, tomó la caja y, en cuanto vio qué era su rostro, se iluminó-. Me dijo que quería que lo disculparas y que la mansión es tu hogar por si quieres regresar. Quiero que sepas que no me opondré si quieres hacerlo, no me enojaré, eres libre de hacer lo que te apetezca-su voz quizás era un poco fría, pero no podía evitar sentirse algo extraño con respecto a esa discusión. Era un momento peculiar, siempre pensó que si decía algo como eso iba a estar muy molesto pero no era así. Desde hacía cinco días, desde que reconoció a Charles, se sentía un poco más calmado-. Y quiero darte las gracias por todo lo que hiciste. Obligarme a ver a Charles fue... necesario. Lo necesitaba, sobre todo en ese momento cuando el celo...
-¿No estás enojado?-Raven lucía sumamente confundida, se quedó estática un segundo y luego se cruzó de brazos, ya que parecía no saber qué otra cosa hacer-¿Tú y Charles...?
-Estamos bien. Él... él es mi pareja, aunque eso ya lo sabías-se obligó a sonreír y no sentir vergüenza. Aún había tantas cosas a las que acostumbrarse-. Quiere verte, al parecer espera que ese regalo te calme un poco-comentó. La chica bajó la mirada nuevamente a los bombones y sonrió, no tardó en abrir la caja.
-Él sabe cuánto amo esto. ¡Son los bombones más deliciosos del mundo!-durante un segundo, el magnético quedo asombrado de lo rápido que un bombón desapareció entre los labios ajenos-Siempre me prohibía comer más de uno. ¡Y ahora me da una caja! ¡Ja, realmente debe sentirse culpable! Quizás deba enojarme más seguido y mmmm... no pueden ser tan ricos-continuó la chica, de pronto muy emocionada. Erik se dio cuenta en ese momento que hacía mucho tiempo que no hablaba realmente con Raven. Desde que estaban en la mansión. Una vez que formaron La Hermandad, su relación se había vuelto muy tensa. Sabía que había sido su culpa, que él había estado tenso, era raro... porque ahora recordaba porqué solía agradarle esa chica-¡Debes probar uno! Dios, cambiarán tu mundo-le ofreció la caja pero él negó con la cabeza.
-Tu hermano ya me hizo probar y..
-¿Seguro que no quieres? Te aseguro que Charles no querrá darte más de uno-Erik sintió sus mejillas arder suavemente cuando recordó que el telépata había estado dispuesto a darle otro más. ¿Realmente era tan tacaño con ese asunto? Aunque, sinceramente, el par de hermanos parecía una especie de adictos con respecto a esos chocolates.
-No soy muy fan de lo dulce -confesó.
-Estás loco-decidió Raven, llevándose otro bombón a la boca. Mientras se deleitaba, sus ojos volvieron a posarse en el magnético, quien no pudo evitar pensar lo bizarra que era esa situación, teniendo en cuenta cómo era su relación con los miembros de La Hermandad. Últimamente, había estado medio... ¿dictatorial? Tenía que solucionar eso, tenía que arreglar muchas cosas. Enfocarse para que el tiempo allí resultara productivo y luego pudiera volver con Charles... a casa. Joder, qué patético estaba. Los ojos de la mutante se entrecerraron-¿En qué piensas? Estás rojo-comentó y luego acentuó su sonrisa. Segundos después lo había abrazado-. Estoy realmente feliz de que estés con Charles, y espero que sean muy felices. Me alegra que volvamos a ser amigos.
-A mí también-comentó, abrazándola apenas antes de apartarla un poco. Podía estar de buen humor, pero andar efusivo no era algo que le caracterizara.
-Y más te vale que compenses a Charles por todo. Lleva llorando por ti muchísimo tiempo, rogando porque lo notes. ¡Tienes que cuidarlo! Es muy fuerte pero necesita apoyo, te necesita. Si ya lo reconociste como alfa tienes que quedarte con él y...
-Raven, lo reconocí pero tengo cosas que hacer aquí. Y él tiene que entenderlo, esto es importante. La causa es importante-la chica de pronto frunció el ceño.
-Entonces... ¿vas a dejarlo solo?-su voz se escuchaba de nuevo afligida, ahora se había apartado y tenía las cejas fruncidas-Él va a sufrir, Erik, no te haces una idea de lo mal que la pasó sin ti y...
-Creo que me hago una idea-la cortó, al recordar lo destrozado que vio su cuarto y lo roto que Charles se mostró. Nunca antes lo había visto tan herido, nunca pensó que algo podría herirlo así. A Charles, que era tan fuerte. Obviamente él tenía demasiado poder sobre el telépata, tenía que tener mucho cuidado al respecto-. No voy a herirlo, Raven, voy a...
-Te juro, Erik, que si vuelvo a verlo igual de desarmado, igual de triste, ahora que sabes que es tu alfa... voy a matarte. Te voy a despedazar-la chica se acercó a paso seguro, mientras le miraba con firmeza apoyó su dedo contra el pecho del omega. Los ojos amarillos le penetraban y, durante un segundo, se sintió intimidado-. No quiero verlo mal de nuevo, fue horrible verlo así. Él estaba realmente desestabilizado y...
-Lo sé, Raven, lo vi-susurró, recordando la forma en la que Charles se había alterado cuando él dijo que se iría, y luego cómo se había abalanzado sobre él, llorando y suplicándole que volviera. El corazón de Erik se oprimió y una necesidad desconocida surgió en su pecho. Necesitaba ir a cuidar a su alfa. Esas emociones nuevas, quizás producidas por el vínculo, eran extrañas. No estaba acostumbrado a lidiar con ellas-. Voy a volver con él, a menudo... pero esto también es importante. Todo saldrá bien, tú confía en mí.
-Bien. Espero que no lo eches a perder, Erik.-ella se veía más tranquila pero no por ello menos intimidante-. Esta es tu oportunidad de ser feliz-ahora se escuchaba sincera y él, extrañamente, se sintió ansioso-. No lo arruines-ni bien dijo esas palabras le apretó el hombro y luego comenzó a caminar, alejándose de él-. Iré a darle un bombón a Azazel, seguro lo amará. Termina la cena-comentó, antes de salir del cuarto.
Erik se quedó allí, mirando las ollas. Sus pensamientos aún vagaban en lo que la chica le acababa de decir. Esta era SU oportunidad de ser feliz pero, ¿qué había del resto de los mutantes? Él no podía ser feliz solo, necesitaba arreglar todos esos asuntos. Sin pensar demasiado, se acercó a la cocina para terminar la comida.
Mientras tanto, meditaba sobre lo que la metamorfa le había dicho e intentaba ignorar esas nuevas emociones que sus instintos omegas le hacían sentir. Emociones que ya no tenían nada que ver con ser un omega y necesitar ser atendido sino más bien con el hecho de proteger y estar con su pareja. Instintos nuevos que tendría que aprender, de a poco, a ignorar para poder cumplir con su misión. Cocinar parecía ser un buen distractor.
**CHERIK**
Comparada con la semana que pasó con Charles, que prácticamente voló, la semana que pasaron separados fue dolorosamente lenta. Cada mañana, Erik se levantaba con esa sensación extraña en el estómago y con la pequeña punzada en el pecho que se acentuaba cuando su ser consciente se daba cuenta que estaba solo en la cama. Su omega interno extrañaba a su alfa. Pero él había vivido toda una vida sin un alfa, podía seguir haciéndolo ahora. ¡La causa era importante!
Y, por suerte, la causa finalmente iba tomando una dirección. Finalmente había algo que hacer y tenía en qué concentrarse. Esa semana habían estado rastreando mutantes con Emma, buscando nueva gente que quisiera unírseles. Aunque Erik estuviera de mucho mejor humor y fuera un mejor líder, no estaban teniendo muy buena suerte con el reclutamiento. En realidad, la telépata no era muy buena rastreando y el omega imaginó que sería más fácil si tuvieran una maquina estilo Cerebro pero, sinceramente, él desconocía cómo armarla. Así que tenían que hacerlo a la antigua: ir a algún lugar, sentarse, y dejar que Emma vagara por la mente de todos. La chica solía terminar sumamente cansada luego de eso y, cuando ningún mutante quería unirse, terminaba de un muy mal humor. Gracias a dios, Erik estaba en su etapa controlada y podía tolerarlo, aunque sea un poco.
Erik, Azazel y Emma se dedicaban de lleno al reclutamiento mientras Janos, Angel y Mystique vigilaban el lugar de donde habían rescatado a Sapo. Luego de esa ocasión, el laboratorio no presentó más actividades y, de hecho, estaba clausurado, lo que realmente había llamado la atención del magnético. Algo estaba pasando.
Habían pasado casi dos semanas desde la separación de Erik y Charles cuando ocurrió el acontecimiento.
Mystique, junto con Angel, estaban controlando el centro de investigación, tarea que les parecía absurda porque nada pasaba. No tenían una explicación de porqué lo habían clausurado y, cuando habían ingresado a revisar, no encontraron nada, como si ese lugar nunca hubiera existido. Angel aseguraba todo el tiempo que, después de la destrucción que causó Erik, era muy normal que todos se retiraran y se llevaran cualquier prueba de su estadía allí. A Raven esa idea no terminaba de cerrarle.
Si ya nada pasaba allí, ¿por qué a veces circulaban autos en esa zona, que estaba alejada de todo? No era todo el tiempo, pero ya eran cinco veces que llegaban al lugar y un auto circulaba justo por esa ruta.
Ese día, el día de "suerte", encontraron al vehículo estacionando. Cinco hombres se bajaron del coche e ingresaron al centro. Ninguno tenía nada identificativo como para suponer que eran científicos o policías.
-Quizás son los que controlan que el sitio siga clausurado-comentó Angel. Raven sólo entrecerró los ojos, la idea le convencía muy poco.
Media hora pasó y tres hombres salieron y se marcharon, Raven rápidamente le hizo una seña a Angel para que controlara el lugar desde el cielo y tomó la forma de uno de los hombres que acababan de irse. Con paso seguro, se adentró en las instalaciones, siguió el pasillo por donde escuchaba unos ruidos. Casi al final se encontró con un hombre que estaba apoyado en la pared fumando. Le miró confundido sólo un momento antes de apagar el cigarrillo.
-Jackson, ¿pasó algo? ¿Acaso Bolivar te llamó?-preguntó con curiosidad, mientras se acercaba. Raven se quedó en blanco un momento, pero luego negó con la cabeza.
-Me olvidé algo-dijo con un tono relajado, el otro sujeto se rió y negó con la cabeza.
-Típico de ti, vamos, pasa. Seguro los chicos te están esperando y ya sabes cómo es la esposa de Eliot, no le gusta para nada que llegue tarde-el sujeto apoyó su mano en un rectángulo de metal que Raven nunca había apreciado antes ya que lo consideraba algo sin utilidad. Unas luces se prendieron e inmediatamente un cartel verde apareció, citando "acceso permitido". Una puerta se abrió revelando un pasillo iluminado, con escaleras que descendían. Ella se apresuró a seguir al hombre y, cuando entró, tuvo un déjà vu.
Las mismas jaulas, las mismas camillas, los mismos instrumentos. Todo lo que había visto ese día que Erik estalló y destruyó ese lugar. Todo estaba allí de nuevo pero, en este nuevo lugar, bajo tierra. Era como un segundo laboratorio encubierto, réplica del que tiempo atrás había estado en la planta baja. El lugar estaba iluminado con una luz excesivamente blanca y tenía un aroma a hospital que hizo que se le descompusiera el vientre. Sus ojos pasearon por las camillas, comprobando que había tres mutantes amarrados. Un cuarto mutante estaba acostado en una camilla central, donde un científico, lo suponía por la bata que llevaba, le hincaba una jeringa. El hombre se detuvo ni bien miró a Raven.
-Hey, Jackson, no te esperaba de vuelta tan pronto. Justo estoy aplicando el suero que me recomendaste, aunque aumenté la dosis para ver efectos más inmediatos. Creo que esta vez sí es el adecuado-comentó, antes de acomodarse los lentes y comenzar a presionar la jeringa para que el líquido ingresara. La mutante estaba rígida, sin saber qué hacer, no reaccionó hasta que el mutante en la camilla comenzó a convulsionarse. Cuando vio eso se sintio impotente, nerviosa, asustada y molesta, todo al mismo tiempo.
-¡¿Qué está pasando?!-preguntó alarmada, sin notar que había vuelto a usar su auténtica voz. Ante eso los dos hombres la miraron atentamente. Ella no esperó ni un segundo más, con la adrenalina corriendo por sus venas, rápidamente tomó su forma natural y atacó al hombre que la había dejado entrar. Con una patada y un golpe en el estómago lo dejó derribado en el piso. Luego se apresuró hacia el otro, que había corrido queriendo alcanzar un botón de emergencia. Lo empujó contra la pared y apoyó el pie en su cuello presionándole contra la pared. Podría asfixiarlo con un poco de presión y sabía que el sujeto había notado ese hecho-¿Qué demonios le hiciste?-preguntó en un tono amenazante, sus ojos mirando atentamente a su víctima que respiraba agitado.
-Le inyecté un suero-respondió con voz temblorosa. Ella gruñó pero luego su atención se vio desviada ya que el mutante en la camilla gritó y se convulsionó con más fuerza.
-¡¿Un suero de qué?! ¡¿Qué carajos hiciste?! ¡¿Cómo lo ayudo?!-preguntó alarmada, presionando más su pie contra el cuello ajeno. Sintió la nuez de Adán bajar con dificultad y, ante eso, lo presionó un poco más. La ira vagaba en su sangre al ver como el mutante se retorcía cada vez más y gritaba con más fuerza-¡¿QUÉ?!-exigió saber.
-No puedes hacer nada. Es un suero de prueba para eliminar el gen mutante. Sólo queda esperar a ver qué sucede: puede volverse un humano o mutar de otra forma o... o morir-susurró lo último, casi sin aire por la preción en su cuello. Sus ojos asustados no se apartaban de la mutante azul. La chica respiró agitada, el odio instalándose en su pecho.
-¡Hijo de pu...!-alcanzó a girar justo a tiempo, alertada porque el sujeto miró un momento detrás suyo e hizo un gesto. Cuando ella volteó, el otro hombre, que ya se había recompuesto, quiso golpearla con un palo pero ella alcanzó a detenerlo golpeándole de nuevo y con un fuerte jalón lo arrojó contra una de las jaulas. Igualmente, no pudo evitar que el otro sujeto, aprovechando su distracción, tocara el botón de alarma.
Luces rojas y un ruido ensordecedor inundaron el hambiente. El ruido de alerta retumbando en la habitación, haciendo que sintiera los latidos en sus oidos. Ella, ingenuamente, esperó que vinieran policías, agentes, federales y se armara una guerra... pero no fue eso, lo que ocurrió fue mil veces peor a sus ojos. Unos brazos metálicos salieron de cada una de las camillas, tensos y amenzantes, y clavaron una jeringa a los tres mutantes recostados. Éstos, inmediatamente, comenzaron a retorcerse. Raven los miró atónita sin saber qué hacer. Tan rápido como pudo, corrió a las camillas para liberarlos. Se olvidó completamente de los dos sujetos que aprovecharon y salieron corriendo del lugar.
La metamorfa se dirigió a la primera camilla y liberó las muñecas y los tobillos que estaban sujetos con unas correas. El chico, que era un adolescente, gimoteaba y lloraba. Cuando llegó a la segunda camilla, sólo alcanzó a liberar las muñecas antes de que la mujer dejara de respirar. Fue muy rápido y traumante la forma en la que una vida se apagó ante sus ojos. Se obligó a contener sus lágrimas y corrió hacía el tercero, liberándolo y ayudándolo a levantarse.
Apenas alcanzó a hacer unos pasos, ayudando al chico que se tambaleaba casi inconsciente, cuando las venas de éste comenzaron a hincharse, principalmente en sus piernas. Las podía ver palpitar como locas a través de la piel mientras la respiración del menor aumentaba cada vez más y más. Sin saber qué hacer tomó la forma de un hombre musculoso, para poder cargarlo entre sus brazos. Se acercó a la primera camilla, donde el adolescente respiraba entrecortadamente y su vista estaba fija en el piso.
-¿Puedes caminar?-preguntó ella alarmada. El chico la miró, sus ojos estaban rojos, pero asintió. Cuando se paró, se sujetó de ella para mantenerse en pie, sólo dio dos pasos antes de devolver. Raven cerró los ojos para no traumatizarse con el vómito de sangre que bañó el piso. El joven se aferró con más fuerza a ella-¿Cómo estás?-le preguntó mientras caminaba despacio y, con cuidado, hacia la camilla central donde el primer mutante que habían inyectado aún seguía convulsionando.
Cuando intentó ayudarlo a levantarse, a pesar de las convulsiones, el chico que se sujetaba de su brazo, la detuvo-No va a sobrevivir, lo he visto ya. Estará así unos minutos más y luego su corazón va a...-casi como si fuera un presagio, el mutante se estremeció con fuerza, antes de comenzar a temblar suavemente, abrió sus ojos, que al instante se pusieron en blanco. Algo similar a espuma salió de la boca y luego su respiración se detuvo.
La metamorfa se quedó helada, sin saber qué decir o qué hacer. Los acontecimientos pasados en esos ¿diez minutos? la tenían excesivamente mareada, eran demasiadas cosas que procesar. Pero no era momento para detenerse a pensar, tenía a dos mutantes a su cuidado, debía avanzar, debía seguir. Debía ser fuerte. Contuvo sus lágrimas y comenzó a caminar. En ese momento ella tenía la forma de un enorme hombre, una masa de músculos, pero se sentía pequeña y extraviada.
Las palabras de Erik retumbaron en su cabeza: "Ellos no odian. Van a atacarnos" y, aunque, siempre lo consideró medio paranoico, no pudo evitar pensar que tenía razón. ¿Por qué les estaban haciendo esto a sus hermanos y hermanas? ¿Por qué los estaban lastimando? Antes de llegar a las escaleras que conducían a la planta baja, las venas del mutante que sujetaba en sus manos se hincharon más. El otro chico se escondió contra su cuerpo, al principio ella no entendió por qué pero luego... el cuerpo en sus manos palpitó con fuerza y luego estalló. Así, sin más, estalló como si de una bomba se tratara, bañándolos de sangre. Ella gritó y luego perdió el control de sí misma, no pudo parar. Le dolían las cuerdas vocales, pero no dejaba de gritar. Se sentía en shock, un cuerpo acaba de estallar en sus manos. ¡¿Qué demonios estaba pasando?! ¡¿Cuándo iba a despertar?! ¡Tenía que despertar y tener a Azazel a su lado y...! Sentía la sangre aún caliente sobre su piel, deslizándose como agua y goteando sobre el piso. Se sentía muy nerviosa, aterrada, iracunda. Las piernas le temblaban, parecía que iban a fallarle, sabía que no podía dejarse caer o el adolescente caería junto con ella y podía herirse. Si caían, terminarían tirados en el tibio charco de sangre.
Unos pasos rápidos sonaron en el pasillo, corriendo hacia ellos. Eso la alertó, contuvo el llanto y se puso a la defensiva. Pero cuando la puerta se abrió, vio el rostro preocupado de Angel, que la miraba en estado de shock-¡¿Qué dem...?!
-Tenemos que irnos de aquí, las alarmas empezaron a sonar… quizás esté por venir alguien y...-Angel, aún con expresión incrédula, se acercó volando hacia ellos. La ayudó a cargar al joven desde el otro lado. En medio del shock, Raven había regresado a su forma natural azul y no se sentía en condiciones de cambiar nuevamente. Entre ambas, ayudaron al chico a subir las escaleras. El menor se quejaba, pero a diferencia de los otros se notaba mucho más estable.
-¿Qué demonios es este lugar? ¡Llevamos una semana revisando esto y...!-Raven no la escuchó demasiado, aún sentía el aroma de la sangre mareándola. Tenía su sabor metálico en la boca, mezclado con lo salado de sus lágrimas. Todo lo que quería hacer era irse, quería llegar a casa, quería llegar a los brazos de Azazel y que la arropara y la cuidara y le prometiera que todo iba a estar bien. Quería regresar a la mansión donde todo era seguro, quería estar con Charles. Él era el mutante más poderoso que había conocido y siempre podría mantenerlos a salvo a todos. Nunca debió irse de su lado, si se hubiera quedado con él, ella nunca hubiera visto esa cosas. Ella... sería feliz en la oscuridad de la ignorancia.
Una vez que llegaron al pasillo, ya no fue muy consciente de lo que hacía. Sabía que se apresuraron a salir de ese lugar y que luego continuaron caminando hasta una parte más alejada. Recordaba el temblor del chico que cada tanto sollozaba y se aferraba a ella. Sabía que en algún momento se sentaron en el pasto, apoyándose contra un árbol. Angel se había parado enfrente de ella y le hablaba casi a los gritos mientras revoloteaba sus alas de manera errática. Ella seguía en shock, con la cabeza completamente nublada. Logró entender que Angel iba a ir a buscar ayuda, que iría a La Hermandad, que traería a Azazel. Eso la hizo asentir inmediatamente. Necesitaba verlo, necesitaba estar con él. No podía controlar su cuerpo, estaba en piloto automático, su mente se negaba a pensar. Se sentía como un títere, dependiente de que alguien moviera sus cuerdas.
Mientras veía a la chica alejarse, había sujetado al chico entre sus brazos y había comenzado a cantarle una canción que Charles solía cantarle a ella cuando tenía una pesadilla. Realmente no sabía porqué estaba haciendo eso, suponía que era alguna especie de instinto que había reaccionado al escuchar que el chico seguía llorando. Realmente, ¿qué más podía hacer?
No supo cuánto tiempo pasó porque seguía confundida por el shock. Quería que alguien viniera pronto, ya no aguantaba más estar allí. En algún momento, empezó a escuchar ruidos en el edificio, autos, gritos, gente corriendo. Seguramente las alarmas los habían alertado. Ella se escondió mejor detrás del árbol y apretó al joven, acariciándole el brazo para calmarle. Podía notar que estaba ensuciándole con sangre, desparramando la misma con sus manos, pero ya nada más importaba. Ambos habían sido bañados por ella cuando el mutante estalló.
Su corazón latió con fuerza cuando un humo apareció frente a sus ojos, segundos después Azazel estaba frente suyo con su expresión preocupada y esos ojos amarillos estudiándole con atención para corroborar que no estaba herida-¿Estás bien?-debió asentir, porque el demonio se vio un poco más tranquilo. Azazel se inclinó a su lado y la abrazó, le susurró unas palabras de aliento que ella apenas alcanzó a entender, pero con el simple hecho de tenerlo a su lado, de estar entre sus brazos, se sentía más tranquila. En respuesta le susurró "casa" y al instante sintió ese jalón peculiar en el estómago, propio de la teletransportación. Cuando sus manos se movieron, abrazando más fuerte al mutante que rescataron, chocaron con las de Azazel que también lo tenía firmemente sujeto. Ahora ambos estaban a salvo, con él a su lado nada podría pasarles. No estaba sola, no estaba a oscuras, Azazel la acompañaba. Iba a cuidarlos.
Una vez en La Hermandad, el alboroto la invadió. Mucho ruido, demasiadas voces, demasiado movimiento. El chico fue sacado de sus brazos y en parte fue lo mejor, ella ya no sentía fuerzas para protegerlo. Vio las alas de Angel moviéndose mientras lo llevaban hacia el sofá. Quiso corroborar con su mirada si estaba bien, pero antes de poder hacerlo el rostro de Erik apareció ante sus ojos, la mirada celeste se veía preocupada. Las manos del magnético la tantearon, le preguntó varias cosas, ella logro entender las palabras "Charles" y "mansión", supuso que le sugería llevarla con su hermano, pero ella se negó. Desde que llegó, no había soltado a Azazel y no tenía intenciones de hacerlo. Si bien en un momento la imagen del telépata le brindó seguridad, ahora sólo quería quedarse con su amante. Sentía que si no lo tenía al lado, iba a derrumbarse.
-Estoy bien. No estoy herida-alcanzó a decirle a Erik, que no dejó de lucir preocupado. La mano de Azazel le sujetó la cintura y la incentivó a caminar, sentía los ojos del omega fijos en ella mientras avanzaba. Sabía que estaba preocupado y pudo entender muy bien la razón cuando Azazel la llevó al baño: tenía sangre por todos lados. Sangre ensuciando su piel azul, viéndose extraño, violácea y morada de a momentos, como si fueran heridas suyas. Se dejó guiar hacía la tina, el agua estaba cálida y era sumamente relajante. Su mirada se enfocó en las manos de Azazel, quien había tomado una esponja y la limpiaba suavemente. Saberse cuidada le hizo estar más tranquila, relajarse un poco. Dejó que su amante la limpiara y cerró los ojos, queriendo eliminar de su cabeza esos malos pensamientos. Las manos rojas tallaban cada rincón de su piel con delicadeza mientras el mutante le susurraba cosas dulces. Ella se dejó hacer, mirando como el agua se había teñido de rojo. El rojo no le desagradaba, el rojo era Azazel pero... pero también era sangre.
No supo cuando empezó a llorar, pero sí sintió a Azazel metiéndose con ella en la tina sin que le importara mojar su traje. Él la jaló hacia sus brazos y la rodeó con ellos, la cola del demonio se enrolló en su cintura y la acarició suavemente. Una cálida mano apartaba el cabello de su rostro y limpiaba sus lágrimas. Ella sólo se retorcía contra él y sollozaba, escondiendo su rostro en el hombro ajeno-Tranquila, amor. Ya estás aquí, estás conmigo y todo estará bien. Te protegeré para siempre.
-¿Siempre?
-Siempre-y ella le creyó.
**CHERIK**
-Ya basta-protestó, empujándolo desde los hombros para que se apartara. Alex tambaleó hacia atrás, el corazón le latía en los oídos, su virilidad dolía entre sus pantalones, se sentía ansioso. Sean ya no olía a omega en celo, pero igualmente su aroma era demasiado agradable. Estaba recostado en la cama y se veía exquisito, su cabello rojo revuelto sobre la almohada, los ojos entrecerrados y la boca hinchada. Después de demasiado trabajo, Alex había conseguido que llegaran al nivel de besarse, aunque a Sean no le gustaba demasiado.
-Estás tan ansioso como yo-protestó, sentándose en la cama y mirando de reojo la entrepierna ajena, que lucía sumamente abultada. Sean bufó y con su mano acomodó su paquete, se apartó el cabello de la frente y se sentó.
-Vete-dijo con autoridad. Alex bufó y se levantó, sentía el olor a excitación en el ambiente, no era difícil imaginar la mancha de lubricación que debía haber en la cama. ¡Le molestaba que los instintos de ambos estuvieran tan dispuestos pero que Sean siguiera negandose!
-No entiendo porque no aceptas que eres un omega ahora. Tu cuerpo está pidiendo que te...
-No soy gay, Alex. No sé por qué no lo entiendes-bufó ante el comentario. En realidad, los términos "heterosexual" y "homosexual" eran algo propio de los betas, los alfas no tenían esos inconvenientes, sólo eran alfas y omegas buscando sus parejas. No llegaba a comprender del todo el razonamiento ajeno, esa insistencia por aferrarse a algo tan absurdo como el sexo. ¡Se deseaban! Y además, Alex quería a Sean, de verdad.
-Eres un omega y yo soy un alfa. Tú deberías entender eso-protestó. Sus manos temblaron ligeramente y respiró hondo para calmarse, no quería ningún accidente. Le costaba mucho controlarse con Sean cuando sus instintos estaban a tope pero su amigo se mantenía terco.
-No tiene nada que ver. No me gustan los hombres. Yo no soy un omega... estos malditos instintos no son míos. Me gustan las mujeres, me gusta Moira, no sé porque no...
-¡Moira ya no está aquí! Deja de hablar de ella-protestó, ya cansado de ese tema. Moira todo el tiempo: "Moira volverá". "Iré a buscar a Moira cuando vuelva a ser un beta". "Moira me amará". Moira, Moira, Moira. Puta mujer-. Ella no está interesada en ti. ¡Se acuesta con Charles! Te dejó y...
-¡Esta confundida! Volverá conmigo y seremos felices y...-se quedó callado cuando Alex le miró feo y le gruñó. Estaba muy molesto pero se mantuvo quieto. A pesar de que se negara a todas esas cosas, era débil a sus instintos, no sabía manejarlos y eso lo ponía vulnerable ante el rubio.
-¡Tú eres mío, Sean!-cuando se acercó lo hizo de forma amenazante, apoyó sus manos sobre sus hombros y lo apretó. Su mirada se clavó en los ojos ajenos de mirándole desafiante. Cuando intentó empujarlo a la cama, el omega se resistió y eso lo hacía sentir más molesto. La ira iba acumulándose en su pecho, como energía arrasadora, ardiente, destructiva.
-No lo soy-al escucharlo, se inclinó para gruñirle sobre los labios. Una atmósfera sumamente tensa había invadido el ambiente y él tenía un pequeño temor de perder el control. Sean no ayudaba, desafiándole en vez de entregarse. ¡Molestándole! Alex no estaba para esas cosas, no podía lidiar con ellas, sólo aumentaban su ira. Su cuerpo tembló más-. Nunca lo seré.
-¡Vas a serlo!-esta vez fue como un sollozo, afligido por la impotencia y el miedo a descontrolarse. No quería apartarse, tampoco quería pelear, en ese momento necesitaba... no sabía qué necesitaba, pero necesitaba desesperadamente algo. ¡Y Sean no estaba colaborando!
-¡No! ¡Nunca! No vas a tocarme nunca-los brazos del pelirrojo lo empujaron, él no opuso resistencia porque sentía que ante el mínimo movimiento brusco iba a estallar y destrozaría todo. Tenía que controlarse, tenía que calmarse, tenía que respirar-. La única forma en la que yo estaría contigo sería si me violaras, Alex. No me gustas, no me pasa nada contigo, tú no me atraes.
No, definitivamente Sean no estaba ayudando. Nervioso, se apartó varios pasos, de forma lenta pero inquieta. Se repetía a sí mismo que no debía perder el control. Tenía que tener calma, Sean estaba pasando por muchas cosas, aún no asimilaba su transformación. Hank le había explicado eso, le había hablado sobre algo de asimilar los cambios, algo de psicología, algo de emociones. ¡En ese momento no recordaba qué carajos dijo pero...! Pero había recalcado muchas veces que debía ser paciente. No tenía que forzar nada, todo se daría naturalmente.
-¡Vete de aquí!-el grito le hizo salir de sus pensamientos, miró de nuevo a Sean y apretó los puños, intentando dejar de temblar. El pelirrojo se levantó y le empujó-¡Vete, Alex! Que estés aquí es... raro. Me hace sentir raro, vete. ¡Vete!-un nuevo empujón y terminó en la puerta. No quería oponerse ni enfrentarle porque todo podía acabar mal.
-Voy a volver luego-advirtió, Sean sólo bufó, en parte ya estaba acostumbrado a eso. Siempre peleaban, aunque no tan fuerte, Alex siempre volvía. Él extrañaba a su amigo, no al alfa enamorado. Cerró la puerta sin responder nada. El rubio se tambaleó hacia el pasillo, dio varios pasos y se apoyó en la pared. Resbaló hasta quedar sentado en el piso, con las piernas flexionadas enfrente suyo. Enterró el rostro en las rodillas y respiró hondo. Tenía que calmarse, recuperar el control, ser paciente. Él dominaba su poder y no al revés.
Se quedó varios minutos así, hasta que dejó de temblar y se relajó. De nuevo sentía que podía moverse con libertad y que eso no desencadenaría un accidente. Pero, a pesar de la recuperada tranquilidad, aún sentía que esa necesidad de algo no se iba. Quizás era el cúmulo de excitación que llevaba días sin poder liberar.
Necesitaba distraerse. Se levantó y, sin pensarlo demasiado, caminó hacia el laboratorio de Hank. Molestar a Bestia siempre era relajante. Cuando llegó, entró sin golpear. Últimamente, pasaban demasiado tiempo juntos. El científico se giró para mirarle. Estaba en su forma humana extraña, esa que el reloj le daba, que era más grande que su forma humana original. A Alex no le gustaba mucho esa forma, pero no había mucho qué decir al respecto.
-¿Tan temprano por aquí?-preguntó Hank, antes de volver la mirada hacia su mesa de trabajo.
-Pensé que necesitabas ayuda-respondió, acercándose. Al llegar a su lado, miró curioso lo que hacía-. ¿En qué trabajas ahora?
-Suero-el rubio suspiró, no sabía ni para qué preguntaba, Hank siempre trabajaba en eso. A menos que estuviera con Charles, si estaba con Charles trabajaba sobre la apertura de la escuela. Documentos y cosas que a él sinceramente no le interesaban mucho-. Creo que ya lo tengo listo-comentó, cuando volvió a mirarlo, sonreía. Alex apretó los labios-. Sólo hay que probarlo.
-No-respondió malhumorado-. ¿Qué pasa si acaba como el último?
-Habrá que arriesgarse, forma parte de ser científico-respondió tranquilo. Era curioso, porque Hank ya no parecía tener reserva en seguir aplicándose sueros experimentales, pero con el suero para Sean llevaba semanas cerciorándose de cómo podía reaccionar-. No puedo quedar peor.
-¿No? ¡La última vez todo terminó lleno de sangre!-protestó. Miró cómo Hank lo ignoraba y comenzaba a llenar una jeringa. De nuevo, la inquietud se instaló en su pecho-Pudiste haber muerto y...
-Esta vez lo perfeccioné-su voz sonó tan arrogante que a Alex le molestó. No lo pensó demasiado, quizás fue infantil pero, cuando vio a Hank tomar la jeringa, le dio un manotazo y la misma cayó al piso, esparciendo el líquido por todo el suelo. Bestia miró al suelo y luego lo miró a él-. ¡¿Qué demonios acabas de hacer?! ¡Acababa de terminar ese suero! ¡Ahora tendré que empezar de nuevo! Eres un idiota, Alex, ¿por qué mier...?
-¡Dicen que yo soy el idiota pero lo único que veo es que ustedes lo son!-bufó, las manos de nuevo habían comenzado a temblarle. Otra vez le estaban insultando y tratando mal, otra vez se sentía al borde de su paciencia. Quería insultarlo y golpearle porque Hank era un idiota-Eres igual de estúpido que Sean. Están obsesionados con cambiar y se comportan como unos estúpidos que...
-Ni Sean ni yo somos esto. Tú te niegas a ver que él no es un omega, es el suero. ¡El suero también me cambió a mí! Yo no soy así, yo era normal... ¡no estaba lleno de pelos! Sólo quiero volver a ser quien era y...
-¡Este eras tú! Deja de querer cambiar, deja de comportarte como un estúpido que...
-No entiendes de qué demonios estás hablando-protestó Hank y se inclinó a limpiar los restos del suero.
-Deja de tratarme como si fuera un imbécil-se movió inquieto y, en un movimiento brusco, rompió varios tubos de ensayo. Hank se volteó a mirarlo alarmado. Ante el destrozo, Alex se puso más nervioso y, casi sin proponérselo, empezó a empujar banquetas y todo lo que encontrara cerca suyo. Su cuerpo temblaba, le costaba demasiado mantenerse tranquilo-. ¡Sé lo que es cambiar! ¡Yo cambié! Cuando era niño podía hacer lo que quisiera, ahora debo vivir controlándome para no herir a nadie. ¡Acepté el cambio! No me ves intentando eliminar mi poder, eso deberías hacer tú... en vez... en vez de...-respiraba agitado y temblaba con más fuerza, luces de color rojo se formaban frente a su pecho, pero desaparecían rápidamente. Cerró los ojos e intentó concentrarse, pero no podía.
Necesitaba algo, necesitaba algo.
-¡Todos aquí son unos malditos idiotas!-antes de que pudiera romper algo más, Hank le sujetó ambas manos. Chispas rojas volvieron a estallar frente a su pecho, diminutas, pero le ponían nervioso. Y Hank estaba demasiado cerca. Si estallaba iba a matarlo, como mató a Darwin. Eso le asustaba muchísimo. No quería lastimar a nadie, no quería estallar, pero estaba tan nervioso y alterado y...
Y necesitaba algo. Algo. ¿Pero qué?
-¡Cálmate, Alex!-exigió Bestia, sujetándole con más firmeza. El rubio se retorció nervioso.
-¡Suéltame, maldición! Déjame tranquilo, ¡Suéltame! Eres un idiota, no sé qué demonios hago aquí. ¡Pensé que éramos como una familia pero aquí todos están apartándome y...!
-¡CÁLMATE!-se sorprendió cuando su espalda chocó contra una pared. Hank le había empujado con fuerza y ahora lo presionaba, apretándolo contra su cuerpo. Alex alzó la mirada y finalmente observó los ojos ajenos, se veían raros, medios amarillentos mezclados con su color natural-¡Cálmate!
-¡Suéltame!-le gruño, mostrándole amenazadoramente los dientes. Hank le gruñó con más fuerza y dejó ver sus colmillos afilados. Algo dentro de Alex se removió inquieto-¡Que me dejes!-repitió, ligeramente perturbado.
-No hasta que te calmes. ¡Quieto!-ese sentimiento nuevo le embriagó y se quedó quieto. Sentía algo raro en el pecho, aún gruñía por lo bajo, amenazante, pero Hank le gruñía con más fuerza y le miraba con decisión. Hank se veía demasiado dominante. Le apretó las manos contra la pared y le presiono más. Sus ojos se desafiaban mutuamente-Respira, Alex, tranquilízate-era una orden. Alex se removió inquieto, él era un alfa. Él no recibía órdenes. No era bueno que dos alfas estuvieran desafiándose, podía acabar mal.
Logró soltar una de sus manos y golpear el pecho ajeno. Ante ello, Hank gruñó con más fuerza y se la tomó de nuevo, estrellándosela contra la pared-¡Déjame, Hank, o juro que voy a...!
-¡Cállate!-y cuando le gruñó se acercó tanto que Alex pudo sentir el rose de sus colmillos sobre los labios. Respiró agitado y cerró los ojos-Respira conmigo, Alex-esta vez no protestó, sólo intentó seguir la respiración ajena, quería calmarse. Esa sensación de necesidad, de necesitar algo que no sabía qué era, se estaba disipando y ahora sentía que podía calmarse.
Cuando su cuerpo se relajó, Hank soltó sus manos. Él se sintió demasiado flojo, las rodillas cedían bajo su peso. El científico le rodeó la cintura con una mano para que no se cayera. Alex aprovechó sus manos libres para sujetarse de él, rodeándole los hombros. Cuando la otra mano de Hank se posó en su cintura y le sujetó con fuerza, entendió que eso era el algo que necesitaba.
-Respira, Alex, respira conmigo-le obedeció, escuchó su voz con atención sintiendo que eso le calmaba-. Ven, vamos a sentarnos-de nuevo le hizo caso, se dejó guiar. Cuando se sentó en una silla, las manos de Hank le soltaron. Él dejó caer las suyas a cada lado, laxas. No quería abrir los ojos, al fin estaba relajándose, al fin la tensión acumulada se estaba yendo-. Bien, Alex, vas bien-una de las manos de Hank se apoyó en su cuello y la otra le apartó el cabello de la frente-. Relaja tu cuerpo-dejó caer sus hombros bajo las manos ajenas-. Abre los ojos-y de nuevo obedeció. Se miraron un momento, la mirada ajena le trasmitió calma.
Cuando Hank le sonrió suavemente, Alex entendió que parte de lo que necesitaba era alguien que le dijera qué hacer para así poder relajarse. Necesitaba que le den órdenes para sentir que el control dependía de alguien más y sentirse libre.
Era una revelación perturbadora pero... tranquilizante.
**CHERIK**
Luego de la llegada del nuevo mutante a La Hermandad, las cosas estaban tensas. Había pasado apenas una hora consciente antes de desmayarse y llevaba varios días en coma. En un principio, no supieron qué hacer. Raven estaba en shock, Angel asustada, Azazel sólo cuidaba a su novia... Erik al único que conocía que los podía ayudar era Hank pero no sabía cómo lo tomaría.
Finalmente, convencieron a Azazel para ir a un hospital y teletransportar cosas. No, no era un robo. Pero un cuarto de la Hermandad terminó con una camilla y todo lo necesario para una habitación de hospital. Era lo mejor, quizás les hiciera falta en el futuro.
-¿Cómo va?-Erik entró al cuarto, donde estaba Emma, sus dedos apoyados en la frente del joven que estaba en coma. O al menos eso aseguraba la telépata.
-No puedo ver mucho, cuando la mente entra en ese estado es... complicado-comentó ella, apartándose y girándose a mirar al omega que tenía los labios apretados y los brazos cruzados. Emma emitió un suspiro y negó con la cabeza-. Podría tardar meses en recuperare, no sé si podré ver lo que quieres. Deberíamos llevarlo a un hospital y...
-No quiero que esté en manos humanas de nuevo, ya viste cómo lo dejaron-gruñó. Se acercó al joven y le apartó el cabello de la frente. Tenía unos dieciocho años, durante un segundo se preguntó qué tan seguro era tenerlo allí-. Dijo que su poder le curaría, hay que confiar en eso.
-¿Y si no? ¿Si eso que le inyectaron lo anuló y se mue..?
-No se va a morir-bufo, apartándose. Caminó hacia una mesa, sirvió un vaso de agua y se lo entregó a la chica. Ella lo bebió agradecida-. Si pasa algo, buscamos de nuevo un médico y te metes en su mente. Resultó muy bien, él está estable. Si eso no basta, lo llevamos con Hank-ella asintió, aunque no lucía del todo convencida. Aunque era cierto que buscar al doctor y confundir su mente fue de gran ayuda, el chico llevaba esos días con los sueros inyectados y Emma vio en la mente del médico todo lo que necesitara saber-. Ningún mutante morirá mientras yo pueda evitarlo.
-¿Podrás evitarlo? ¿Para todos?-la rubia apretó los labios y suspiró-Lo que él dijo... ese hombre que le ayudó. Ese mutante que le prometió que nos ayudaría a todos...
-Tenemos que encontrarlo-respondió Erik. Esa era la principal razón por la cual necesitaban entrar en la mente del chico. Antes de caer inconsciente, les había comentado que un hombre lo ayudó, un mutante, un mutante que los ayudaría a todos. Ese mutante lo había rescatado de otro centro, había hecho que lo clausuraran, había salvado a muchos chicos como él. Había prometido que todos estarían bien. Era un mutante relacionado con el poder. El chico se desmayó antes de revelar quién era.
El magnético se acercó a la ventana y abrió las cortinas para que entrara la luz.
-¿Cómo está Raven?-preguntó Emma. Cuando Erik volvió a mirarla se estaba descalzando, debía estar muy agotada para no soportar sus tacones.
-Bien. Quiere quedarse, pensé que lo mejor era que fuera con Charles-se encogió de hombros. Al pensar en el telépata, se le removió el vientre, ese sentimiento extraño al que aún no se acostumbrada: el vínculo pidiéndole que estén juntos. Apretó sus labios y se recargó en la pared mirando el piso.
-Lo extrañas-aseguró Emma. Erik bufó y volteó el rostro. Se negaba a mostrarse dependiente de nada o de nadie-. Quieres ir a verlo, lo sé.
-¿Tendré que ir a ponerme el casco, Emma? Hace calor, sal de mi cabeza-protestó. La chica se relajó en la silla y dejó escapar una risa. El magnético sólo negó con la cabeza y se concentró en seguir pensando quién podía ser el hombre que quería ayudarlos.
-Deberías ir-al escucharla volvió a mirarla-. No sabemos cuándo despertara, Azazel te buscara cuando lo haga. No haremos nada mientras y... te conviene estar con él ahora, quizás luego estemos ocupados y no es bueno que estés ansioso pensando en tu alfa-no, no podía acostumbrarse a que la gente le mencionara que tenía un alfa. Le gruñó a Emma, quien sólo acentuó su sonrisa.
-No estoy ansioso, puedo controlarme. Yo gobierno mis instintos-respondió con seguridad. Contradictoriamente, la sensación rara en el vientre se retorció. ¿Qué estaría haciendo Charles? ¿El aroma en su cama... seguiría allí? ¿Estaría inquieto? Pero no podía preocuparse por eso, Charles debía aprender a controlar sus instintos, como él aprendió a controlar los suyos. O al menos, intentarlo como él lo intentaba. Quería creer que el alfa no había vuelto a desmoronarse.
-Sí, lo noto-contestó la rubia irónicamente-. Sobre todo cuando duermes. "Oh, Charles, oh, Charles... oh, sí, anud..." ¡ERIK! Son mis favoritos-protestó, al ver como sus tacones, que tenían plataforma de metal, se partían al medio y luego el metal desgarraba lo que quedaba de ellos. El omega ese veía molesto, aunque un ligero sonrojo adornaba sus mejillas.
-Tú te lo buscas, Emma, no digas tonterías-le respondió, comenzando a caminar hacía la puerta.
-Si no quieres que sepa esas cosas, sugar, empieza a dormir con casco. ¡Erik!-volvió a protestar cuando a su sostén se le rompieron los tirantes y el alambre del push-up se clavó en sus senos incómodamente-. ¡Deja de hacer eso! ¡BASTA!-protestó, al sentir que la hebilla trasera se soltaba. Tuvo que llevarle la mano al pecho para mantenerlo en su lugar.
-Podría ser peor, Emma-comentó el, mientras salía y cerraba la puerta tras de sí. Alcanzó a escuchar el grito de "No mojes tu cama esta noche", que le hizo arder las orejas. Bueno, podía ser que últimamente extrañaba más a Charles, sobre todo en la noche. Azazel aseguraba que se le iba a pasar, que si él superó la tristeza de perder a su omega, Erik podía superar la calentura. El día que dijo eso el cuchillo casi le deja otra cicatriz en la cara y, así, todos allí aprendieron que no era bueno hablar de su vida sexual. Todos, excepto Emma.
Caminó hacia la cocina y, al llegar a ella, encontró a Sapo haciendo de comer. A veces, al verlo se preguntaba si no era más seguro llevarlo con Charles, a su escuela. Se lo había propuesto, pero el chico no quiso. Menos aún cuando supo que la escuela no estaba ni inaugurada y que faltaba un tiempo para que lo esté. Pero Sapo era muy joven, le hacía falta educación. ¿Él podía educarlo? ¿Y qué clase de educación le hacía falta? ¿Qué tanto iban a cambiar el mundo él y su Hermandad?
Luego de comer, Raven, que de a poco iba superando el shock, se acercó a hablarle. Se veía un poco menos nerviosa, le había costado un poco volver a estar completamente tranquila luego de lo que pasó. Se alteró un poco más al saber que el chico que salvó estaba en coma pero, gracias a Azazel, estaba mejorando.
-Quiero ir a ver a Charles-le declaró después de la comida. En realidad, él no entendía porque le estaba preguntando. Asintió con la cabeza, aunque frunció el ceño.
-¿Me estás pidiendo permiso o...?
-Creo que deberías ir conmigo. Debe extrañarte. Se va a alegrar si nos ve a los dos-la chica le sonrió suavemente. Erik se sintió algo ansioso. Sí, podía imaginarse la sonrisa de Charles al verlos regresar a los dos. Podía imaginarse su emoción al tenerlos de nuevo en la mansión. A su hermana y su pareja. Se imaginaba esos ojos azules resplandeciendo y una sonrisa gigante adornando sus rojos labios. En su mente, se veía hermoso.
-Sí-su parte omega respondió antes de que lo pensara demasiado. Y, en cuanto lo dijo, algo similar a mariposas vibraron en su vientre, aunque él prefirió fingir que no sintió nada.
Sí, definitivamente quería ver a Charles de nuevo, aunque sea un rato. Más de dos semanas separados era demasiado tiempo o quizás él estaba más débil. O quizás... estaba demasiado enamorado.
¿Y? ¿Qués les pareció? Se que no hay mucho cherik pero es capitulo de transición y estamos avanzando en la trama. Espero les gustara :D
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