¡Hey, hola! Al fin tenemos un nuevo capitulo. ¡Wiiii! Espero que la espera no haya sido tanta. Que bien saber que mucho de ustedes siguen allí a pesar de que pasaron meses sin que subiera el capitulo anterior.
Estoy muy feliz!
Les dejo este nuevo capitulo, mil gracias a Lupis Cruz Zalinas por revisarlo. Traducir mis mamarachos no es facil xD
Espero les guste!
ATENCION! Hay partes que son fuertes, si prefieren evitarlas, no lean lo que esta en cursiva.
Enjoy!
SECRETOS DEL PASADO
Alex soltó un jadeo cuando sintió una mano que lo tomaba de la muñeca y lo jalaba para una de las múltiples habitaciones en desuso. Antes de siquiera poder procesarlo, estaba estampado contra la pared y unos ojos celestes con ligeros destellos amarillos le miraban muy fijamente. No pudo evitar sentirse algo nervioso, un retorcijon muy peculiar se instaló en su estomago.
-Has estado evitándome-acusó la voz tensa de Hank. Él se vio obligado a cerrar los ojos. El aliento ajeno había acariciado sus labios y logrado, que con sólo eso, su piel se erice. Sí, por eso estaba evitándolo. No podía estar cerca del científico sin sentirse extraño, sin sentir todas esas cosas que todavía no terminaba de asimilar-. Ni siquiera has pasado por el laboratorio y antes estabas todo el tiempo molestando por allí-continuó. Alex volvió a mirarlo, no podía evitar sentirse algo culpable, sobre todo porque había pensado que poner una distancia entre ellos era lo correcto. Pensó que Hank se sentiría aliviado por no tener que lidiar con lo que había pasado. ¿Acaso cualquier persona normal no hubiera preferido hacerse el tonto? Era extraño que Bestia prefiriera hablar en vez de simplemente ignorarlo. Eran tan distinto a él-¡Respóndeme algo, Alex!-exigió.
-Lo siento, he estado ocupado entrenando con Charles y...
-Joder, no me mientas-bufó el científico, apartándose unos pasos. El rubio peleó contra su instinto de acercarse, para volver a sentir lo firme y poderoso de su cuerpo-. Has estado evitándome desde que nosotros...
-¿Follamos?-preguntó, desviando la mirada ya que no podía enfrentarlo. Igual no necesitaba mirarlo para saber que el chico se había puesto completamente rojo.
-Si. Desde que... nos frotamos-resolvió, con un tono que resulto algo medico. Volvieron a mirarse, Hank se veía incomodo y era por eso que él había estado posponiendo toda esta charla-. No deberías evitarme-regañó, frunciendo el ceño y mirándole de manera intimidante. Alex volvió a sentir un retorcijon en su estomago, también era por eso que no quería verlo: aquella parte dominante de Hank comenzaba a gustarle demasiado-, no puedes simplemente desaparecer, tenemos que...
-No pensé que quisieras hablar de esto. Pensé que estaba habiendo todo más fácil si dejaba pasar el tiempo sin hablarlo-respondió. Los ojos penetrantes de Hank le estudiaron un momento, estaba a punto de hablar cuando él continuó-. Sé que fue mi culpa lo que paso. Yo nos arrastre a eso-susurró casi sin voz, sin poder evitar sentirse algo avergonzado.
-No fue tu culpa. Es decir, si paso... fue porque ambos lo permitimos. Ambos lo queríamos-Alex, que hasta ese momento había estado con la cabeza gacha mirando el piso, alzó de nuevo la mirada y observó al científico. Su corazón latió rápido, ¿acaso Hank estaba interesado en...?-. En todo caso fue un error de ambos-cualquier ilusión que el rubio pudo haber formando, murió con ese comentario. Volvió a bajar la mirada, ahora se sentía algo angustiado.
-No, fue mía. Yo te provoque, yo te arrastre a hacerlo y...-se detuvo cuando sintió que el nudo en su garganta ya no lo dejaba hablar. Su voz había salido atragantada. Se sentía patético, si decía una palabra más iba a romperse. Se movió para distraerse, adelantándose un paso dentro del cuarto, quería seguir hablando pero no podía emitir un sonido-Tu no...-volvió a quedarse sin voz pero, esta vez, no pudo seguir.
-¿Alex? ¿Estas bien?-el castaño se acercó un paso. Estiró su mano para levantar el mentón ajeno y se quedó tieso al ver los ojos claros llenos de lagrimas-¿Estas llorando? ¿Alex, qué demonios te pa...?
-Nada, nada-lo apartó, empujándolo suavemente. La angustia se había instalado en su pecho y sentía que podía largarse a llorar. Se sentía tan jodidamente patético, no se suponía que debía ser así, él tenía que ser fuerte y seguro, tenía que poder controlarse y controlar a otros-. Sólo vete y dej...-la mano de Hank sujetó con firmeza su mandíbula para levantarle el rostro y obligarlo a que se miren. El rubio paso saliva, sintiéndose de nuevo atrapado por esos ojos que le obserbaban de una forma tan decidida.
-Dime que te pasa-fue una orden, y al oírla el rubio sintió un cosquilleo en su estomago. No podía contenerse. Se sentía de nuevo dominado, una de las manos de Hank aún sujetaba con firmeza su rostro, mientras la otra le apretaba el hombro para que no se apartara. Estaba atrapado, sólo podía hacer lo que Hank le dijera y... y le gustaba.
-Me gustó lo que paso entre nosotros-admitió. No pudo mantenerle la mirada por lo cual bajó el rostro inmediatamente, pudo hacerlo con facilidad ya que, ni bien lo escuchó, Hank le había soltado y se había apartado. Se había alejado como si el simple contacto con Alex hiciera mal. El rubio pensó que no podía sentir más angustia, pero era mentira. El evidente rechazo había hecho que su pecho se oprimiera. Bajo más el rostro, esperando que de alguna manera eso lo ayudara a desaparecer. Ya no pudo contener las lagrimas que se deslizaron por sus mejillas. Siempre supo que iba a pasar eso, que iba a obtener ese rechazo si le decía eso a Hank.
-Alex, estás temblando-el científico de nuevo se había acercado y volvió a sujetarle los hombros, pero él inmediatamente se apartó, empujándole suavemente. El movimiento brusco hizo que se sintiera aún mas sensible, el temblor en su cuerpo se acentuó así como el llanto se hizo más notorio. Hank volvió a acercarse, pero él de nuevo intentó apartarlo. El forcejeó se prolongo unos segundos, hasta que finalmente el rubio sintió dos manos que le sujetaron los brazos con excesiva fuerza, y un gruñido invadió el ambiente-. Joder ya cálmate-exigió con voz dominante. Alex tomó aire y lo retuvo en su pecho, obedeciendo, esperando poder calmarse. Las manos en sus hombros bajaron con firmeza hacía su cadera y la apretaron. Los dedos se crispaban contra su piel, casi como si quisieran atravesarle. Hank carraspeó, estaban de nuevo cerca y Alex no sabía qué hacer o cómo sentirse-. También me gustó-susurró, casi sin voz, con evidente pudor al admitirlo. Ni bien lo escuchó, el corazón del rubio empezó a latir con fuerza. Levantó su rostro para mirar a los ojos de Hank, quien, al notar el brillo de ilusión en ellos, carraspeó de nuevo y volteó su cabeza-. Pero no... no se puede repetir. No es normal.
Alex emitió un suspiro, y dio un paso atrás, volviendo a recargarse contra la puerta. Ese día sus emociones eran una montaña rusa y se sentía ligeramente descompuesto. Dejó caer su cabeza hacía atrás, apoyándola contra la puerta y miró el techo por un momento-Sé que no es normal pero... se sintió bien, correcto-mencionó, sin atreverse a mirar a su amigo. Charles le había dicho que lo importante era que se sintiera bien, que la normalidad y lo natural no importaban tanto. Él quería creerle, pero le costaba demasiado.
-Pero no es correcto, Alex. Esta mal. Dos alfas... no se supone que sea así-insistió Hank, sin quitarle los ojos de encima. Era obvio que el otro chico estaba pasando por un momento difícil, el científico sintió algo de empatía al darse cuenta que ambos estaban complicados con su naturaleza, con la aceptación, con ser incomprendidos-. Somos alfas y omegas por algo, Alex. Vas a encontrar a tu pareja y...
-Pero... ¿y si mi pareja no puede darme lo que quiero? ¿Si no puede hacerme sentir en paz? Sé que debería ser al revés pero... no puedo dominar mi poder y sintió la necesidad de... de que alguien me controle-admitió. No podía evitar sentirse completamente avergonzado pero, si mantenía la mirada fija en el techo, podía decir lo que pensaba, no era tan difícil. Ademas, era ligeramente aliviador compartir sus pensamientos con alguien más.
-Quizás eso cambie cuando domines tus poderes-le respondió el científico. El rubio apretó los labios y negó con la cabeza.
-No lo creo, no creo que cambie nada-susurró. Sentía los ojos de Hank clavados en él, pero seguía mirando el techo, no quería enfrentarle. Sabía que no debía afectarle pero en parte le dolía lo que el castaño le estaba diciendo... durante un segundo llegó a pensar que no estaba loco por sentir eso que sentía, por tener esas necesidades; llego a pensar que Hank podía entenderlo. Pero no, él era el raro, él era el anormal, él era el que estaba fallado.
-Bueno... Alex, la naturaleza tiene sabiduría. Seguramente... seguramente tu omega es alguien como Erik, que es completamente dominante. Alguien que te complemente-continuó el chico. El rubio finalmente miró a su amigo. Meditó sus palabras, pensando que quizás algo de razón tenía. Lo cierto era que Alex nunca se había preocupado mucho por encontrar a su omega, es decir, le había gustado Sean (aún le gustaba Sean) y ahora le gustaba lo que había pasado con Hank... casi nunca pensaba en su pareja, ni mucho menos pensaba en lo que podía pasar al conocerla.
-Quizás tienes razón-comentó. Suspiró y se llevó una mano a la cabeza, para masajearse un poco la frente. Esa idea debería aliviarle pero, en realidad, no le causaba nada-. Pero no sé cuando conoceré a mi omega, podrían pasar muchos años. No puedo esperar tanto para sentirme bien o calmado.
-Mientras tanto puedes buscar quien te domine-cuando Hank vio que los ojos del rubio volvían a mirarle con interés, tosió y volteó su rostro. Sentía un ligero ardor quemándole las mejillas-. No digo que yo... digo alguien más, algún omega. Algo más natural-susurró, sin poder evitar sentirse algo incomodo. Alex volvió a bufar pero asintió.
-Claro-respondió, sintiéndose un tonto por hacerse ilusiones de a momentos. Aparte, Hank tenía razón, él debía buscar algo más natural. Incluso acosar a Sean era mucho más natural que este juego enfermizo que habían terminado jugando. Quizás el debería intentar ser normal, pero... al mismo tiempo recordaba las palabras de Charles, de que hiciera lo que le hiciera bien. Se sentía muy confundido, en realidad no sabía a quién obedecer. Suspiró y se apartó de la puerta, para salir-. Necesito estar solo y pensar. Nos vemos después-se despidió, sin esperar respuesta alguna. Hank le siguió con la mirada, antes de que el chico terminara de salir, se estiró para tomarle la muñeca.
-¿Vas a dejar de evitarme, verdad? Esa era la razón por la quería hablar contigo-susurró, clavando sus ojos en los ajenos de forma penetrante. Alex le estudió por un momento, luego, sin poder aguantarle la mirada, bajó su vista.
-Voy a intentarlo. Sólo dame tiempo para pensar-el científico asintió mientras lo soltaba. El rubio sonrió desganado antes de girarse y seguir su camino. Joder, nunca se imaginó que estar fuera de la cárcel podía ser tan difícil. Ahora, hasta la añoraba un poco.
**CHERIK**
Erik emitió un suspiro al sentir como aquella lengua se deslizaba suavemente entre sus piernas. Se sentía sumamente agradable, su piel se erizaba con el simple toque y los dedos de sus pies se crispaban. La lengua de Charles estaba lamiendo los flujos que se deslizaban entre sus piernas, limpiándolos con una agradable paciencia y disfrute. El polaco sentía que estaba en el cielo, un suave calor se había instalado en su vientre y su virilidad, a pesar de estar siendo ignorada, estaba sumamente firme. La lengua del inglés continuó subiendo hasta encontrar finalmente su entrada, que estaba húmeda y floja. Erik se sentía tan dispuesto, con las piernas abiertas recargadas en los hombros de Charles, y viendo la cabellera castaña hundida en su cuerpo.
Todo era jodidamente perfecto.
La lengua empezó a acariciarle suavemente, danzando contra los pliegues de su orificio y presionando sólo un poco. Su cuerpo cedió con demasiada facilidad, comenzando a palpitar para darle espacio al húmedo apéndice. Las manos del pelirrojo estaban enredadas en las sabanas, jalándolas con fuerza, y sus ojos entrecerrados no perdían de vista la cabeza ajena. Podía ver su propio pecho subir y bajar aceleradamente, el glande de su pene rozando su estomago y humedeciéndolo con el liquido preseminal. Todo el asunto era tranquilo y placentero, como si estuvieran flotando, como si no importara el tiempo.
Su cuerpo se abrió para dejar pasar la lengua ajena, dejó escapar un gemido de placer e inconscientemente separó más sus piernas. Las manos de Charles le sujetaban con fuerza las caderas, manteniéndolo quieto y volviendo el contacto mucho más profundo y rápido. Erik se limitaba a gimotear, cerró los ojos y dejó que su mente fuera arrastrada por el placer.
-Oh, Charles, tranquilo...-dejó escapar una ligera risa mezclada con un quejido al sentir una suave mordida en su entrada. El telépata no respondió, se limitó a sujetarle las caderas con más fuerza enterrándole sus dedos, y volvió a morderle, esta vez más rudamente-Joder, Charles, eso duele-protestó, soltando la cama y llevando las manos hacía el rostro ajeno, queriendo apartarlo. Cuando lo empujó un poco, esas manos le sujetaron aún más fuerte, casi como si quisieran perforar su piel y, de nuevo, le mordió, esta vez con algo de ira. Erik pegó una patada y se irguió un poco mientras le apartaba. Buscó los ojos azules de su pareja, para saber qué le pasaba, pero se quedó de piedra al ver unos ojos celestes que le miraban fijamente. Su corazón se detuvo un momento, el aire parecía no llegar a sus pulmones. De pronto, fue consiente de si mismo: sus piernas eran muy delgadas, su pecho era famélico, su pene no estaba para nada duro, estaba flácido y reposaba sobre una entrepierna que prácticamente no tenía vellos. Ese no era el cuerpo de un adulto, era el cuerpo de un niño.
-¿Qué pasa mi pequeño conejito? ¿Acaso no te estas divirtiendo?-la cara de Shaw emergió de entre sus piernas, una sonrisa sádica bailaba en sus labios que estaban húmedos de los flujos de Erik. El menor sintió un miedo que hacía mucho tiempo no sentía-Eres una zorra mal agradecida, me estoy tomando el trabajo de atenderte y tú... no te lo mereces-con una mueca de asco, el nazi escupió sobre su cuerpo y luego estiró su mano para jalarle el cabello-. Eres una maldita puta que incluso gime el nombre de otro, no te mereces compasión-las manos de Shaw sujetaron sus muslos. De nuevo, Erik fue consiente de lo delgadas y débiles que eran sus piernas. Por más que intentó resistirse no tenía fuerzas, las manos ajenas le obligaban a mantenerse abierto.
Un grito escapó de los labios del polaco al sentir una virilidad enterrarse en su interior. Peteó, se removió, pego manotazos, pero nada podía alejar a la bestia que estaba encima de él. Gritaba y lloraba y suplicaba por ayuda, pero nada ocurría. Sólo podía sentir ese cuerpo moviéndose encima suyo, aplastándole, asfixiándole. Sentía ese cuerpo hirviendo sobre él, pero a pesar de su calor, él se sentía helado. Sentía que iba a morir de frío en ese momento. Shaw cada vez le jalaba con más fuerza el cabello, como si quisiera arrancárselo, y él sólo podía quejarse.
-Eres mía maldita puta-gruñó, moviéndose con más fuerza, como si quisiera romper su interior-. ¡Dime! ¿Quién es tu maldito alfa? ¿Quién es tu dueño? ¿A quién le perteneces, zorrita? ¡Dilo! ¡Dilo! ¡Dilo!-Shaw le sacudía mientras embestía cada vez con más rápido, los ojos de Erik se habían empañado de lagrimas y no podía ver nada más que la borrosa figura ajena-¡Dime de quien eres, maldita puta!
-¡Tú, tú, tú, tú!-sollozó, esperando que con eso el dolor se detuviera. Una risa maniática retumbó en sus oídos, pero al menos el cuerpo ajeno dejó de moverse. Fue un momento de tranquilidad dentro de una horrible tortura. Todo el cuerpo le dolía y le costaba respirar, tenía algo atorado en la garganta y el miedo le presionaba el pecho.
-Eso es maldita zorra-la mano de Shaw tomó su rostro, apretándole las mejillas y obligándolo a mirarle. Erik se sentía tan pequeño e indefenso-. Puedes fingir todo lo que quieras, estar con quieras, pero ambos sabemos que me perteneces-el chico cerró los ojos cuando el mayor escupió sobre su rostro. Se sentía humillado, cansado y adolorido. Las lagrimas no dejaban de caer de sus mejillas, no entendía porqué alguien podía odiarlo tanto-. Tú me perteneces-habló contra sus labios, en un tono intimidante y posesivo-. Seras para siempre mi puta, por siempre. ¡Y nunca lo olvidaras! ¿Lo entiendes?-Erik sólo le miró sin saber que decir, sin tener fuerza para hablar, su mente no podía procesar nada aparte del miedo y la angustia-¡DILO!-entre los temblores de su cuerpo logró asentir pero eso sólo logro acentuar el odio en los ojos celestes-¡Que lo digas!
-S-sí, por siempre-alcanzó a decir. Una sonrisa sádica se dibujó en los labios ajenos, antes de que una mano brusca se estrellara contra su mejilla, dándole vuelta el rostro y sacudiendo toda su cabeza. Una risa maléfica se escuchó en el cuarto, pero Erik apenas la escuchaba porque sólo podía pensar que el aire no llegaba a sus pulmones.
No podía respirar, no podía hacerlo. Iba a morir asfixiado y, quizás, era lo mejor. Iba a morir asfixiado y violado.
Cuando se despertó sintió que le faltaba el aire. Se sentó rápidamente y tomó una amplia bocanada. Estaba agitado y su cuerpo estaba lleno de sudor. Le dolía la cabeza y tenía un sentimiento de angustia en el pecho que se acentuó al percatarse de que todavía tenía esos problemas. Pensó que el pasado había quedado atrás, pero al parecer había cosas que no eran tan fáciles de olvidar. A decir verdad, no debió esperar lo contrario, sólo porque ahora estuviera en una buena etapa y estuviera feliz no significaba que no tuviera malos días. Esos malos días en los que sólo podía recordar lo malo que fue todo.
Se sentó en la cama y hundió el rostro entre sus manos, cerró los ojos y se concentró en calmar su respiración. El corazón le latía histéricamente, parecía que no quería volver a su velocidad normal. Se masajeó un poco la cabeza, peinando su cabello hacía atrás. Lo tenía pegajoso, había sudado realmente mucho. Hacía un tiempo que no se encontraba en una situación así por lo cual le costaba muchísimo calmarse.
Unos golpes en la puerta interrumpieron el conteo mental que estaba haciendo para calmar su respiración-¡Largo!-gruñó. En ese momento no le importaba quien pudiera ser, quería estar solo. Bufó al escuchar que la puerta se habría de todos modos, levantó un poco la cabeza, para mirar a Emma, que había entrado y cerrado la puerta tras de si-¿Para que demonios golpeas si vas a entrar de todas formas?-protestó de mal humor. La chica sonrió sutilmente mientras se apoyaba en la puerta.
-Sólo golpeé para avisar, no quería encontrarte desnudo-respondió, luego sus ojos se pasaron por la anatomía ajena-. Me da gracia, sólo llevas unos días aquí y ya estas soñando cosas sucias con tu amorcito. Se nota que lo extrañas mucho-comentó, con una expresión divertida en el rostro.
-Si sólo vienes a refregarme eso en la cara, ya puedes irte-le dijo de manera condescendiente, revoleando los ojos antes de voltear el rostro.
-En realidad venía a ver como estabas-la chica se aproximó unos pasos hasta quedar cerca de la cama-. Tengo la teoría de que, como tu pareja es un telépata, tu mente lo busca instintivamente... pero siempre termina encontrando la mía. Por eso normalmente veo tus sueños-ante eso, el hombre volvió a mirarla, sus ojos celestes eran completamente fríos y tenia los labios apretados.
-No me interesa saber tus teorías a esta hora de la madrugada. Vete, Emma-ordenó, pero la chica no se movió en absoluto. Erik bufó, frustrado y se deslizó hacía el extremo de la cama, sentándose y apoyando los pies en el piso-¿Me harás sacarte a empujones de aquí?
-Que me gruñas como un animal herido no va a hacer que me vaya de aquí-respondió con brusquedad-. Vine porque pensé que podías necesitar hablar-dijo mientras se terminaba de acercar y se sentaba en la cama-. Las imágenes fueron muy fuertes-dijo sin recelo. Erik la miró de reojo, sus ojos estaban ligeramente rojos.
-Solo vete, Emma, por favor-susurró, hablándole entre dientes. La chica le contempló con sus penetrantes ojos y una expresión fría, alzó el mentón y negó con la cabeza ligeramente.
-No voy a irme sin hablar. Hay cosas que necesitan decirse, y me imagino que no quieres hablar de esto con tu pareja para no atormentarla con esas historias pero...
-¿Cuantas veces te he dicho que no te mesas en mi cabeza?-la interrumpió sin contener su enojo. Ella sólo bufó.
-...Pero si no hablas al respecto perderás el control. Y no voy a dejar que eso pase Erik, eres un buen líder cuando estas cuerdo. No quiero volver a como estábamos antes, que todo te hacía perder el control. Estar con Charles te calma, pero nunca sanaras completamente sino enfrentas esto-el hombre abrió la boca para protestar, pero antes de poder decir nada las manos de Emma habían sujetado su mandíbula y le obligaron a girarse para que se miraran directamente-. Solo háblame, no hay nada de que preocuparse-finalmente, los ojos celestes de Erik estudiaron a la telépata con un poco más de accesibilidad. La chica tenía una expresión sería y tranquila, y extrañamente eso lo calmó. Emma no le tendría piedad ni lastima, ni lo vería más débil. Esa mujer de hielo no iba a cambiar la imagen que ya tenía de él. O al menos eso quería creer. Apenas asintió, sin perder su propia expresión de seriedad. Se apartó un poco y volvió a girar el rostro, contemplando el piso.
-No entiendo porqué aún no he superado todo lo que paso. Han pasado tantos años, pero sigue dando vueltas por mi cabeza. Pensé... pensé que había quedado atrás, finalmente. Shaw ya esta muerto y eso debería aliviarme, pero... a veces sigo pensando en él-las manos del pelirrojo se acomodaron sobre sus rodillas y las contempló con fijesa-. Siempre creí que después de matarlo todo iba a estar bien, que incluso iba a morir en paz, pero él se murió, ya no esta, y sigue teniendo el poder de atormentarme. Aunque a veces puedo controlarlo, últimamente...-se quedó callado y apretó un momento los labios-, supongo que soñé con él porque últimamente no dejo de pensar en el pasado. Es que... ¡Joder! No logro entenderlo. Aún no entiendo cómo me convenció de que él era mi alfa. ¿Cómo pudo hacerlo? Logró que yo lo creyera, y lo hizo tan bien que incluso cuando conocí a Charles no le reconocí. ¿Que clase de idiota no reconoce a su pareja cuando la tiene enfrente? No sé realmente qué hizo, pero obviamente supo jugar con mi cabeza muy bien-susurró. Emma apretó los labios, le contemplaba sin saber muy bien qué decir o qué hacer.
-Me gustaría explicarte lo que paso, pero realmente no lo sé-estiró su mano para tocar el hombro del magnético, que había apoyado sus codos sobre sus rodillas, y tenia el rostro enterrado entre sus manos. Emma le estudió con la mirada, se veía altamente perturbado y era muy obvio que si no solucionaba esos asuntos nunca terminaría de superarlos-. ¿Quieres... quieres que entre en tu mente y veamos que fue lo que paso?-preguntó con algo de inseguridad. No sabía si realmente era una buena idea y tenía la impresión de que Erik la sacaría a empujones de allí. Pero no, el hombre se giró y la estudió con la mirada, parecía realmente estar considerando la idea.
-Creo que podría funcionar-admitió, aunque no lucia del todo seguro. Volvió a contemplar el piso, era obvio que ambos estaban considerando todos los pro y contras. Ninguno estaba convencido de que eso fuera lo mejor pero, al menos Emma, era consciente de que podía cambiar algo. Era actuar sobre el problema, y un primer paso para intentar solucionarlo. Aunque, también, podía joder todo aún más. Finalmente, tras unos pocos segundos, Erik asintió-. Hazlo-dijo con seguridad, volviendo a mirarla.
Emma asintió y se acercó un poco más a él-Cierra los ojos-susurró. Apenas lo hizo, el hombre sintió una mano en su frente. Era muy diferente a Charles, que sólo solía tocarle la sien, Emma en cambio, había apoyado todo sus dedos sobre su frente. Sentirla entrar también fue distinto, mientras su pareja sabía hacerlo de una forma mas sutil y suave, la presencia de Emma era más brusca y firme, era imposible que pasara inadvertida. Durante un segundo admiró lo diferente que eran ambos telépatas-. Concéntrate en el pasado, guíame un poco en tu mente-ordenó la chica. Esa era otra cosa que él nunca tuvo que hacer por Charles. Respiró profundo y vagó hacía esos recuerdos que preferiría olvidar. Lo primero que vino a su mente fue el episodio de la moneda y la muerte de su madre y luego, con algo de brusquedad, llegaron muchísimos recuerdos de su niñez que estaban enredados y confusos-Bien, voy a...-antes de que la chica terminara de decir nada, Erik sintió un tirón en su cabeza, y los recuerdos le abordaron, esta vez con una claridad con la que antes nunca los vio.
-¿Qué sugieres?-preguntó Shaw, al hombre de bata y aspecto brusco que estaba con ellos-Ya hice lo que sugeriste del celo, pero él aún tiene sus dudas-los ojos de Shaw miraban fijamente al otro, con suma seriedad. El extraño apretó los labios.
-¿Usaste la fragancia?-Erik sabía que estaban hablando de lo que paso hacía unos días. Había tenido su primer celo y había follado con Shaw, el mayor había dicho que al anudarle iba a reconocerlo, pero eso nunca paso.
-Si, y surtió efecto pero ese aroma es artificial, no el mio-gruñó de mal humor. Se giró par mirar de reojo a Erik, y luego le dio la espalda-. No cree que sea su alfa-lo dijo en un susurro muy bajo, pero Erik alcanzo a oírlo.
-Bueno, entonces podríamos probar terapia de choqu e -comentó, volviendo a mirar a Erik de forma evaluativa-. Aún es joven, su mente es moldeable. ¿Tu quieres que te obedezca, verdad?
-Si, es lo que quiero. Que me obedezca y que sepa es mio ¿Cómo es eso de la terapia de choque?-preguntó, el medico le sonrió de una forma enigmática.
-Iremos un paso a la vez, primero que te obedezca. Lo otro, terminara entendiéndolo solo. Vamos a donde esta él-Shaw asintió y ambos hombres se acercaron a Erik que estaba de pie en medio del laboratorio. El chico tembló inconscientemente. El hombre de bata buscó algo en el bolsillo y extrajo un curioso artefacto, luego miró a Shaw-. Dale una orden, algo incomodo.
-Desnúdate-ordenó el alfa, sin dudar. Erik se quedó estático, sin obedecerle. No tenía el instinto de hacerle caso y la simple idea de desnudarse ante ellos le descomponía.
-Tu alfa te esta dando una orden, hazle caso-insistió el otro hombre, Erik le miró, pero de nuevo no se movió-. Hay que enseñarle que debe obedecer instantáneamente a una de tus ordenes-le dijo a Shaw, caminó hacía el menor, rodeandole mientras le estudiaba con la mirada. Finalmente, se detuvo detrás suyo-. Repite la orden.
-Desnúdate, Erik-dijo el mayor, con autoridad. Estaba por negar con la cabeza, cuando algo se apoyó en su cuello y le dio una descarga eléctrica. No pudo contener el grito, la descarga fue tan fuerte que todo su cuerpo tembló. Cerró los ojos, que se le empañaron de lagrimas ante el dolor-¡Desnúdate!-volvió a ordenar. Erik estaba muy aturdido para obedecer, aún le dolía el cuerpo. No tuvo ni un misero descanso antes de que una nueva descarga le atravesara. Gritó otra vez y sus rodillas flaquearon, haciendo que cayera al piso. Escuchó la risa de ambos hombres, luego de eso, la orden fue repetida una y otra vez siempre seguida de un choque eléctrico.
Para cuando Erik terminó de desnudarse, estaba tirado en el piso y temblaba, había perdido la cuenta de cuantas veces le habían electrocutado, sólo sabía que le dolía mucho el cuerpo y que le costaba respirar. "Haz que sepa que todo el mundo lo considera tu omega, y a la larga lo entenderá. Las mentes jóvenes son fáciles de moldear", fue lo que dijo el hombre de bata, antes de retirarse.
Después de eso, Erik lo vio muchas otras veces, aunque nunca supo su nombre. El hombre tuvo razón, a la larga, él aprendió a obedecer, fue su instinto quien lo asimiló.
– – –
-¿Tu nombre es Erik, verdad?-preguntó el medico, con una expresión amable. La amabilidad era algo que Erik no veía hace mucho tiempo. También hacía muchos que alguien que no fuera Shaw lo llamaba por su nombre.
-No. Sebastian a ordenado que nos refiramos a él como "el omega de Shaw". No tiene nombre-el hombre se giró para mirar confundido e incrédulo al soldado. Erik ya estaba acostumbrado a eso, que lo vieran y hablaran de él como un objeto, como algo que le pertenecía a Shaw. Al principio había sido duro y protestaba, pero ya habían pasado dos años y había terminado aceptándolo. Por más que se quejaba, nadie lo escuchaba, su única opinión era la misma que daba su alfa. Shaw era su dueño.
-Eso es una verdadera tontería, ¿por qué...?
-Dirígete a él como el omega de Shaw y ya, es una orden-repitió el soldado. El medico bufó.
-Bueno, omega de Shaw, ¿cuántos años tienes?-preguntó.
-Trece-respondió el niño.
-¿Y ya haz entrado en celo?-interrogó de nuevo el medico, mientras preparaba una jeringa. Erik se quedó estático sin saber que responder. Al no obtener respuesta, el medico volvió a mirarle, con una ceja alzada-¿Has entrado en celo?
-Yo... no lo sé-dijo con sinceridad. Los ojos claros del hombre le daban algo de confianza-. Nunca ha sido como mi madre me dijo que seria, pero...
-Con trece años y sin un celo es muy joven para esto-protestó el medico, girándose y mirando de nuevo al soldado-. No sabríamos como va a resultar, podria tener efectos permanentes o incap...
-Solo haz lo que se te ordena, hombre. ¿O quieres morir?-el medico se giró y se inclinó junto a Erik, sin mirarlo si quiera, le clavó la jeringa en el brazo. Erik sintió calor y nauseas, y luego se durmió. Hubo demasiadas inyecciones después de esa y, a la larga, como con todo, se acostumbró.
– – –
-De b o inyectarte esto-para cuando Erik tenía quince años, habían huido para escapar lejos de la caída de los nazis. Vivían con algunos hombres que habían rescatado ya que eran útiles para los experimentos de Shaw. Afortunadamente, uno de ellos era el amable medico. No es que ese hombre ayudara o cambiara las circunstancias de Erik, pero al menos, de vez en cuando, lo hacía sentirse como una persona de nuevo. Cuando el hombre se acercó para ponerle la inyeccion, se llevó la mano a la nariz disimuladamente-. ¿Estas en celo?-aunque era una pregunta sonaba más como afirmación. Erik frunció el ceño.
-No-respondió. Se sentía ligeramente inquieto y ansioso, pero sus celos no eran así, sus celos empezaban de golpe y terminaban con la misma fuerza-. Mi celo viene muy de golpe y dura unas horas-respondió. El hombre frunció el ceño.
-Eso es porque son artificiales. Este es tu primer celo real, inicia progresivamente y durará días-el menor le miró confundido, de pronto estaba muy asustado de estar en celo durante días, que durara pocas horas ya era suficientemente horrible-. Te daré un supresor para disimularlo, tarde o temprano sera notable, pero mejor que dure lo menos posible-el medico le paso una pastilla blanca y Erik la tomó sin dudar. Fue el primer supresor que tomó en su vida.
El plan no funcionó como tenían pensado, esa misma noche Shaw se percató de que algo andaba mal. Lo arrastró al laboratorio, donde estaba el doctor y algunos otros hombres. Erik ya suponía que los habían descubierto.
-No puedo creer que tomaras algo que este sujeto te dio sin orden mía. ¿Acaso aún no entiendes a quien debes obedecer?-gritó. Erik tembló, miró al doctor de reojo, sin saber que hacer. El rostro de Shaw estaba rojo por la ira y sus ojos eran verdaderamente atemorizantes. Hurgó entre sus ropas hasta que extrajo una pistola-Ahora vas a aprender, ambos van a hacerlo. Veremos que tan buenos son tus poderes, Erik-inmediatamente el ex nazi apuntó su arma hacía donde estaba el medico y disparó. Erik intentó detenerla, concentró todas sus fuerzas pero, igual que cuatro años atrás, tampoco pudo hacerlo. El cuerpo del único hombre que había sido amable con él cayó al piso, sin vida, con un disparo atravesado en su frente. Erik volvió a temblar de nuevo. La mano de Shaw tomo el brazo del menor con fuerza, jalándolo para que le mirara de cerca-. Apestas a celo y no pienso tocarte. Pero no te preocupes, no voy a ser tan malo. Me imagino que este celo durara varios días, y ¿sabes qué? Todos estos hombres, van a a ayudarte-la mano que le sujetaba con fuerza del brazo lo empujó, haciendo que cayera desparramado en el piso-. Diviértete-dijo burlista, antes de marcharse del lugar.
Ese primer celo natural, terminó realmente destrozado y sintiéndose horrible consigo mismo. Fueron cuatro días intensos donde se odio por estar excitado por el toque de desconocidos. Fue una de sus peores experiencias, y lo peor, es que no fue la única. Jamas entendió porque su alfa era tan cruel con él. Pero terminó de confirmar lo que ya creía, ser omega, era horrible. Y él no quería serlo.
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-Vine a ver como estabas-Shaw entró en el cuarto con una bandeja, Erik estaba en el piso, desnudo y temblando. Tenía mucho frío y mucha hambre, llevaba más de dos días sin comer-. Vaya, te ves horrible. Esos hombres se divirtieron contigo ¿verdad?-preguntó con una sonrisa macabra, mientras terminaba de acercarse. Dejó la bandeja a un lado y tomó un vaso para entregárselo al menor-. Como soy bueno te traje comida-continuó. Erik tomó el vaso mirando con extrañeza el liquido color magenta.
-¿Qué es esto?-preguntó confundido.
-Agua. Bébelo-y a pesar de que Erik sabía que eso no era agua, lo bebió. Tenia la garganta seca y se moría de sed-. Apestas. Ve a bañarte y luego comerás-ordenó, yendo a acomodarse a una pequeña silla que había en el cuarto. Erik se levantó, las piernas le temblaban y le dolía cada fracción del cuerpo. Se duchó tan rápido como pudo, Shaw no le había traído ropa así que salió desnudo. El nazi sonrió al mirarlo-. Haz crecido mucho, Erik. ¿cuántos años tienes ya?
-Diecisiete-respondió. Aunque a ciencia cierta no lo sabía, no sabia cuanto tiempo llevaba con Shaw.
-Eres afortunado, conociste a tu alfa tan joven. Aún nos queda toda una vida juntos. Ven come.-la bandeja estaba al lado de Shaw, cuando Erik se acercó un par de pasos, el olor del hombre le llenó y, aunque como siempre le dio algo de nauseas, su cuerpo se retorcijo y su entrada se empapó. Shaw sonrió con malicia-. Como siempre, mi zorra prefiere que la folle antes de comer. Ven aquí-Erik se terminó de acercar y el flujo ya iba cayendo por sus piernas. Shaw lo jaló para que se sentara encima suyo-. ¿Esto no te pasa con los soldados, verdad? No te mojas así, ¿o si?-preguntó con un tono burlesco.
-No-respondió, su estomago gruñó por el hambre, y al mismo tiempo su cuerpo se lubricó aún más.
-¿Sabes por qué?-el hombre lo obligó a que lo mire, como siempre tenía esa sonrisa sádica-Porque eres mi omega, mi puta. Y tu cuerpo siempre se siente en celo al estar cerca de mi-se le rió en la cara-. Vamos, Erik, usa tu poder para algo útil, desvisteme así pasamos un buen rato-el omega tenia hambre, estaba cansado y le dolía todo el cuerpo, pero como a cada orden de su alfa, no se pudo negar.
Cuando Emma salió de su mente, el movimiento fue tan brusco como cuando ingresó. Erik inmediatamente dejó caer el rostro, los ojos le ardían, los tenia ligeramente hinchados y no pudo contener las lagrimas que empezaron a caer por sus mejillas. No había sido capaz de recordar nada de eso, nada de un montón de cosas que ahora tenia en la cabeza. Es decir, siempre supo lo que había pasado, pero no lo recordaba a la perfección. Ahora todo estaba removido y fresco y el dolor volvía a ser tan fuerte como tiempo atrás.
-Es normal que no recordaras, la mente tiende a hacer esas cosas para protegernos-susurró la telépata. Ella también se encontraba afectada por todas las emociones ajenas, todo había sido demasiado vivido y sería algo difícil de olvidar. Contempló al omega por un momento, se lo veía obviamente afectado, el cuerpo le temblaba ligeramente. Emma estiró su mano para acariciar el hombro ajeno, pero no pudo contenerse, y terminó abrazándolo. Erik no respondió, pero tampoco se apartó, solo se presionó más contra si mismo y se tironeó el cabello con las manos. No quería llorar, pero las lagrimas ya estaban saliendo de sus ojos. Odiaba saber que ese hombre seguía afectando-. Lo siento, Erik. En realidad... nunca pensé que fuera así. Siempre creí que había sido un juego perverso entre ustedes, pero que de cierta forma era consentido y que luego simplemente se habían separado. No fue hasta que conocí a Charles en Rusia que me percate de que había algo raro, pero nunca me imagine que él fuera... tan enfermo.
-¿Tu eras su amante, verdad?-preguntó con la voz tomada. La chica apretó los labios.
-Sí, pero nunca fue así conmigo-susurró.
-Bueno, quizás era un odio hacía los omegas-finalmente apartó el rostro de sus manos y la miró de reojo. Sus ojos estaban completamente hinchados-. Un odio que creo que tu compartías, ¿no es cierto?
-No-respondió ella con seguridad-. No odio a los omegas, es verdad que no me atraen tanto, pero por asuntos personales. Lo que odio es ese maldito estereotipo y que todos parecen tragárselo y estar a gusto con ello-abrazó a Erik con más fuerza, y apoyó su mejilla contra el hombro ajeno-. Tu no eres así, y de cualquier forma, nadie se merece ese trato.-el omega la contempló un momento y finalmente asintió.
-Emma, vete-susurró después de unos minutos, y se movió, apartando a la chica.
-No voy a irme-protestó ella, sentándose derecha y mirándole con atención. El magnético bufó y se levantó, se acomodó el cabello hacía atrás y caminó un poco antes de volver a la cama.
-De verdad, quiero descansar. ¿Puedes irte?-la miró con insistencia, mientras se acomodaba en la cama. La rubia volvió a apretar los labios.
-Erik, de verdad... no quiero irme-lo dijo en un tono tan particular que captó la atención del hombre. Cuando esos ojos penetrantes la miraron, ella bajó el rostro-¿Puedo quedarme? Por favor-prácticamente suplicó en un tono suave. El hombre bufó y apartó las sabanas, haciendole un poco de lugar. Ella inmediatamente se acomodó en el lecho-. Siento mucho haber removido todas esas cosas, Erik. De verdad.
-No quiero hablar de eso. Si vuelves a mencionarlo, te sacare a patadas-sin más, el omega se dio vuelta para acomodarse y dormir. Ella se quedó contemplando sus hombros sin atreverse a moverse demasiado. No pudo conciliar el sueño con facilidad, ya que en su cabeza las imágenes que había visto se repetían. Nunca imaginó que Shaw fuera tan hijo de puta, ni tampoco imaginó que Erik era tan fuerte. Bajo esta nueva perspectiva, se sentía capaz de comprender muchas otras cosas.
Había pasado aproximadamente una hora, cuando Erik empezó a temblar ligeramente. Emma pudo ver en su mente las imágenes de las pesadillas, sin dudarlo se arrimó a él, acomodándose también de costado, y le colocó la mano en la nuca. Entró a su mente y calmó sus sueños, logrando que el hombre se tranquilizara. En esa posición pudo sentir el suave olor dulce del omega y no pudo resistirse a olfatearlo para sentirlo mejor. Incitada por sus instintos, se aferró más al cuerpo ajeno, acomodándose haciendo cucharita. Su nariz se acomodó contra la nuca, acariciando los cabellos cobrizos, y cerró los ojos dejándose inundar por el aroma.
Hacía demasiado tiempo que no dormía abrazada a un omega. El ultimo había sido el suyo. Un nudo se formó en su pecho al recordarlo. Por esa razón era por la que evitaba pensar en él: se llenaba de angustia. Hubiera deseado tanto que su omega fuera como Erik, hubiera deseado que las cosas salieran bien. Sus brazos abrazaron al hombre, era muy fácil notar la diferencia entre ese cuerpo y el del que alguna vez fue su pareja. Emma finalmente se durmió aspirando ese aroma e imaginando un tiempo en el que estuvo así con el hombre que amaba y le pertenecía, aunque... no era cierto. Su omega nunca le perteneció, nunca la amó, habían pasado tantos años y a ella aún le dolía. Los recuerdos del pasado eran difíciles de superar.
**CHERIK**
Alex se bajó del auto y estiró las piernas. Habían sido varias horas de viaje y estaba muy cansado, pero era algo bueno que saliera de la mansión, así se distraía. Últimamente pasaba bastante tiempo con Charles, lo cual le ayudaba a distraerse. Por eso, cuando el hombre le pidió que le acompañara para buscar unos permisos para la escuela, no dudó en aceptar.
El telépata también se estiró cuando se bajó del auto, aprovechó para acomodarse la ropa y comenzó a andar por la ciudad. Miró un restaurante y luego al rubio-Tengo hambre y es temprano, ¿quieres que comamos algo y después hacemos las cosas?-el menor asintió, Charles le había hecho levantarse temprano y desayunó a las apuradas. Se dirigieron al restaurante, ni bien se sentaron una moza les trajo la carta.
-No entiendo porqué vinimos. Es decir, tu ya tienes la mansión, ¿para que quieres habilitarla?-preguntó confundido, observando lo que había para comer. Charles sonrió suavemente.
-Bueno, deberíamos apuntar alto, Alex. No quiero que sólo sea un lugar a dónde ir, quiero que aprendan, que se eduquen, que esta sea una formación completa-respondió con simpleza. Sus ojos también pasearon por la carta, el pescado se le antojó rico. Tenía que ir a un restaurante con Erik un día de estos, aunque dudaba que fuera factible.
-Pero puedes hacerlo sin venir a pedir permiso del gobierno-comentó, aún sin entender del todo. Charles iba a responder, pero la moza vino, les tomó las ordenes y les dejó una gaseosa en la mesa.
-Si, es cierto que puedo hacerlo sin permiso, pero los padres se sentirán más seguros enviando a sus hijos a un lugar habilitado. Además, me gustaría que algún día los humanos no portadores del gen x puedan asistir. Quiero que sea una escuela, una verdadera escuela, primero para mutantes... pero que algún día sea mucho más que eso-le dio un sorbo a su bebida, bajó la atenta mirada del rubio que no lograba entender del todo esa ambición. Pero bueno, así era Charles, miraba mucho más allá de las cosas.
-¿Y no es muy complicado?-preguntó el chico, mirando con algo de impaciencia a la moza. Realmente tenía hambre.
-Ya vendrá-dijo Charles, mientras dejaba escapar una risa-. Acabamos de ordenar, cálmate-carraspeó, y tomo un poco de pan ya que él también tenía hambre. Alex lo imitó tomando un bollo y deborándolo en cuestión de segundos-. Si, quizás es complicado pero todo lo que vale la pena lo es-dijo con seguridad.
-Pero... ¿y si te dicen que no?
-Oh, Alex. No me gusta abusar de mi poder, pero algunas veces cuando me dicen que no, y yo no puedo aceptar uno, pues... digamos que lo reconsideran y cambian de opinión-comentó, con una ligera sonrisa. Alex se le quedo mirando, algo asombrado de que dijera eso, pero finalmente estalló en una carcajada.
-¿Entonces no puedes hacer que la moza se apure?-preguntó aun divertido.
-Me temo que no, querido- respondió sin perder la sonrisa tampoco. Alex volvió a agarrar un nuevo bollo de pan. Luego de unos minutos, la chica trajo la comida.
Luego de comer, salieron del lugar y empezaron a caminar. Charles parecía saber muy bien a donde se dirigían. Alex lo seguía mientras miraba a su alrededor con curiosidad, ya que era la primera vez que estaba en aquel lugar. A pesar de ser de día, hubo un local que llamó su atención por un cartel de luces parpadeantes. El lugar estaba metido en una pequeña callejuela y había algo que hizo que Alex se detuviera y se quedara mirando.
Charles había continuado avanzando un poco más pero, al ver que el menor no le seguía, se detuvo también y le miró confundido. Luego, giró el rostro para mirar dicho lugar.
-Creo que deberías ir, iré solo a hacer los tramites-comentó con tranquilidad. Alex se giró a mirarle confundido.
-¿En serio? Pero... ni siquiera se muy bien qué es, yo sólo estaba mirando. Mejor sigamos-cuando Alex hizo el intento de seguir caminando el brazo de Charles le detuvo.
-Ire solo-dijo con seguridad-. Lo mejor sera que vayas y mires, sin miedos-finalmente se giró para seguir su camino, dejando a un confundido Alex en medio de la calle. Cuando el telépata hubo avanzado un par de pasos volvió a detenerse-. Alex, recuerda que una de las cosas principales de la vida es descubrirse a uno mismo, y la forma más sabía es hacerlo sin prejuicios-dijo, antes de volver a girarse y continuar caminando. Ante eso, Alex sólo pudo quedar aún más confundido.
Se giró y caminó por el callejón, deteniéndose enfrente del local. Sentía una extraña ansiedad en el estomago, aunque no sabia porque. Tardó un poco en juntar valor para entrar, y cuando lo hizo se quedo ligeramente sorprendido por lo que había dentro. Era una especia de tienda bizarra con juguetes y cosas que él tardo en identificar como sexuales. Lo que más le llamó la atención fue el chico que atendía.
-Hey, rubio guapo. ¿Qué has venido a buscar?-Alex parpadeó un par de veces sin entender porqué exactamente Charles lo había mandado allí.
-No, nada. Me envió un amigo, pero... creo que se confundió-respondió, comenzando a caminar marcha atrás. El chico de la tienda, que tenia los ojos maquillados de una forma bastante exótica sonrió.
-Viéndote creo que no se ha confundido para nada-comentó, y luego tomó una revista y se la extendió-. Soy un experto en esto y estoy seguro de que estas en el lugar correcto, ¿por qué no agarras esto y te quedas a charlar conmigo?-Alex se quedo quieto, dudando. El otro chico alzó una ceja mirándole de forma peculiar-Agárralo-esta vez su voz fue muy imperativa, y Alex no pudo contenerse de obedecer. Al ver eso, el joven sonrió-. Sí, justo en el lugar correcto.
-No entiendo nada-comentó tomando la revista y mirándola confundido-. ¿Qué se supone que...?
-No hay mucho que entender, ¿alguna vez te has sentido incomodo con la sociedad espera de ti?-el rubio se le quedo contemplando y finalmente asintió-Mmm, ¿y te gusta más recibir ordenes que darlas?-preguntó el chico, aun mirándolo de forma curiosa. Alex no pudo mantener la vista, bajó sus ojos a la revista y la hojeó.
-Si-dijo por lo bajo, sintiendo que sus mejillas ardían. Luego, sintió que la sangre abandonaba su rostro al ver el tipo de imagen que tenia esa revista. Era, obviamente, una revista pornográfica donde salia un alfa atado y siendo sometido. Alex sabía que era un alfa ya que el nudo era visible en la base de su pene. Su mente se había quedado completamente en blanco, no sabía que hacer ni que decir. El otro chico sólo soltó una risa.
-Estoy seguro, este lugar es para ti-agregó, sin dejar de reírse. Alex sintió un poco de miedo y rechazo, aunque quiso seguir el consejo de Charles y no ser prejuicioso-. Entonces, ¿quieres charlar?-finalmente, asintió.
**CHERIK**
-El chico aún no despierta, y no puedo sacarle información así-comentó Emma, cruzándose de piernas de forma elegante. Todos los miembros de La Hermandad la miraron un momento, esperando que agregue algo más, pero ella sólo se encogió de hombros-. No podemos hacer mucho más que esperar.
-¡No podemos estar todo el tiempo esperando! A saber lo que están haciendo ahora-protestó Angel, bufando y sentándose en un lugar más apartado.
-Quizás podríamos ir a revisar ese lugar de nuevo-comento Reptide, apoyándose en la pared. Angel lo miró un momento antes de rodar los ojos.
-¡Seguro que ya se llevaron todo! No vale la pena ir-bufó.
-Quizás no es tan mala idea, podemos ir y buscar rastros.
-Yo no quiero ir de nuevo allí-dijo Mistique, interrumpiendo a Magneto. Todos la miraron, el pelirrojo asintió, comprendiendo, y apretó sus labios. Azazel aprovechó para acercarse a su pareja y rodearle los hombros con un brazo y aproximarla a su cuerpo. Ella se dejó hacer, sin sentir pena alguna por sus palabras.
-Pero los demás deberíamos ir para seguir buscando pistas-insistió Erik. Miró a sus compañeros que no lucían demasiado seguros al respecto-. De momento es lo que tenemos, y hay que avanzar sobre eso para ver si podemos llegar a algo más. Si tienen mejores ideas acepto sugerencias-frunció el ceño al ver que Emma levantaba la mano-. ¿Qué?
-Erik-la chica se llevó la mano a la frente, su vista estaba clavada en el piso y lucia algo confundida-. Dice Charles que necesita tu ayuda-comentó, tocando su mente de manera curiosa. El omega lo miró confundido, esperando que aclarara algo más pero ella simplemente se encogió de hombros de nuevo.
¿Y qué me dicen? Espero que les haya gustado!
Ojalá nos leamos pronto, les dejo mil besos! Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer, y aún más gracias a quienes comentan. Adios!
