¡Hola! ¿Qué tal? Tenía algo super importante que decirles y me olvide e.e Llevo dos horas mirando el capítulo intentando descubrir qué era, pero ni idea.
Eclipse de la mente, total. Iba a hacer una encuesta de algo, y no me acuerdo xDDD
Pero bueno, dejando mis problemas de lado, ¡espero que les guste el nuevo capitulo! Ojala me digan que les parece, adoro sus opiniones,
enjoy!
LOS OTROS
Moira llegó a la mansión, estacionó el auto enfrente y se quedó contemplándola un momento. No había esperado volver, mucho menos en aquellas circunstancias. Se obligó a respirar lo más tranquilo posible, estaba demasiado nerviosa. Sabía que el hombre al que iba a enfrentar era un telépata pero Charles siempre había respetado la privacidad de las personas y esperaba que este momento no fuera la excepción.
Cuando junto el valor suficiente, salió del auto e inmediatamente bajó sus bolsos. Si no lo hacía ahora, no iba a tener las agallas de quedarse. Tomó sus cosas y las acomodó sobre sus hombros. Caminó hacía la puerta y golpeó, aunque sabía perfectamente que la mansión era enorme y quizá no la escucharían. Al entrar, notó que todo estaba tal cual lo recordaba, le sorprendió un poco que no hubiera personas, más mutantes, después de todo sabía perfectamente que el sueño de Charles era hacer una escuela. Se detuvo frente a las escaleras que conectaban con el primer piso, y se quedó meditando si lo mejor sería ir a su antigua habitación y acomodarse. ¿O quizás eso sería demasiado impertinente?
-¿Moira?-se giró para ver a Hank, que venia de la cocina. El joven lucía ligeramente confundido de verla. Parpadeó como si no lo creyera, mientras se acercaba unos pasos-¿Qué haces a...?
-Hank, hola-dejó sus cosas apoyadas en el piso y se giró para verlo de frente-. Estoy buscando a Charles, tengo algo de que hablar con él y... pensé que me podía quedar unos días-admitió, intentando mostrarse muy segura en eso.
-Oh, claro pero... no creo que puedas hablar con Charles ahora. Esta ocupado-comentó, mirando de reojo hacía arriba. No se escuchaban gemidos, lo cual era bastante bueno, no quería ser él quien explicara eso. También era relajante, la noche anterior no había podido dormir con tanto ruido. Charles en serio debería considerar invertir en insonorizar su cuarto.
-Realmente es importante lo que tengo que decirle. ¿Crees que más tarde él...?
-Esta realmente ocupado. Lo estará por un par de días-respondió, esperando que la chica entendiera. Se llevó la mano a la nuca y se revolvió el cabello, algo incomodo.
-¿Esta de viaje o...?
-¡Moira!-la agente se giró, sorprendida, y se quedó sin aire durante unos segundos al ver a Sean a punto de bajar.
-Sean-susurró, casi sin voz. Hank carraspeó algo incomodo, luego se apresuró a subir las escaleras.
-Los dejo solos. Sean deberías ayudar a Moira a subir sus cosas-comentó, caminando rápidamente hacía el laboratorio. No sabía que podía pasar con esa chica allí; es decir, él sabía que ella se acostaba con Charles, y también sabía que a Erik no le agradaba nada, pero lo que le daba más dudas era ¿cómo se tomaría Alex su reaparición y el obvio interés que Sean tenía con ella? El rubio parecía haber olvidado por completo su enamoramiento hacia el ex beta, pero nunca nada era certero.
Cuando se quedaron solos, Sean bajó rápidamente las escaleras, acercándose a la castaña. Sin poder contenerse la abrazó, pero ella se quedó tensa entre sus brazos.
-Estoy tan feliz de volver a verte. Te he extrañado-comentó, se inclinó para tomar las cosas que la chica había dejado en el piso y se las colocó al hombro-. Te acompaño a tu habitación.
-Esta bien-respondió ella, sin saber como actuar. No había querido ver a Sean tan pronto. Cuando llegaron al cuarto, el pelirrojo cerró la puerta tras de sí y dejó caer las cosas al piso. Rápidamente se acercó a la agente, ansioso; colocó su mano en el cabello castaño, y quiso jalarla para unir sus labios, pero la mujer volteó el rostro. Sean sintió la angustia asentándose en su pecho, ahora como omega era mucho más sensible y... sentía que sus sentimientos por Moira eran aún más fuertes-. Sean, espera... ya te había dicho que lo nuestro no era posible-protestó apartándolo. Lo obligó a retroceder unos pasos, arrugó la nariz al sentir un aroma extraño en él, más no comentó nada-. Necesito que olvides lo que paso entre nosotros. Eso fue un error, tú eres muy joven y...
-Sé que soy joven, Moira. Pero te amo ¿Acaso eso no es lo importante? Yo... haría cualquier cosa para estar contigo y para ser la persona que mereces. Siento en mis venas que mi lugar es contigo-insistió. Sintiendo que era verdad, sus nuevos instintos parecían gritar que Moira era la mujer para él.
-Y todo eso es muy dulce, Sean, pero soy una mujer adulta. Yo no puedo estar contigo, aún eres muy joven y no estas viendo esto con perspectiva...tenemos una diferencia de edad de... ¿diez años? No podríamos tener nada serio. Tienes que ser racional y...
-¡No puedo ser racional si estoy enamorado! No entiendo porqué no puedes corresponderme, ¿qué hay de todo lo que pasamos juntos?-preguntó, apretando los labios. Sentía los ojos arderle, pero no quería dejar caer las lagrimas, la idea era que ella lo viera fuerte, no como alguien débil. Todo era más difícil ahora, teniendo en cuenta que era un omega.
-¡Fue un error, Sean! Estaba confundida. Lo siento, pero yo no puedo estar contigo, eres demasiado joven. Aún tienes un montón de cosas por vivir y yo ya soy una mujer con la vida hecha. Necesito a alguien en mi misma posición que pueda...
-¿Prefieres a alguien como Charles que no te ama pero que puede ofrecerte cosas y...?
-No se trata de lo material, por dios, ¡es madurez! Necesito alguien maduro, alguien centrado, alguien fuerte-bufó, cruzándose de brazos y mirando al chico con completa seriedad. Sean apretó los labios, ya no tenía ni ganas de pelear. La angustia se había instalado en su pecho y sólo quería irse a su cuarto, ¡malditos omegas que eran tan sensibles y...!
-Bien. Pero te arrepentirás Moira. Nadie te va a amar como yo, ya lo veras, cada vez que te sientas sola-el chico junto fuerzas para irse, le dio una ultima mirada a esa mujer que amaba tanto y luego se marchó, con el corazón destrozado. Le dolía pensar, que algo tan simple como la edad, hacía que ella no lo viera como el hombre enamorado que era. ¡Hasta se había inyectado por ella! ¡Había dado vuelta su vida por ella! Pero no lo veía, sólo veía aquello que creía necesitar:
Madurez. La madurez le ganaba al amor.
Esos estaban siendo los mejores días en la vida de Charles, compartir el celo con Erik era simplemente delicioso. No se comparaba a compartirlo con otros omegas, su pareja era perfecta y cada día era un torbellino de pasión y desenfreno. Seguirle el ritmo era un poco difícil, pero ya estaba acostumbrándose. Ahora había aprovechado que el polaco estaba durmiendo, y había bajado a la cocina. Se tardó un poco preparando lo que iban a comer, ya que realmente buscó un poco de todo para una dieta balanceada. Eran pasada la media noche y estaba tranquilo, suponía que su omega seguía durmiendo así que no tenia apuro. Terminó de acomodar todo en una bandeja, y luego se fue rumbo a su cuarto. Quería llegar rápidamente, ya que había salido de forma furtiva y sólo tenia la ropa interior, que le llegaba a medio muslo, y una camisa de Erik que le quedaba ligeramente grande. Subió las escalaras casi saltando y cuando estaba a punto de entrar a su habitación, una voz lo detuvo.
-¡Charles!-durante un segundo creyó que estaba alucinando, pero cuando se giró, se encontró con la sorpresa de que Moira estaba allí, enfrente de él. No podía creerlo, ¿qué hacía esa mujer allí? Miró de reojo la puerta de su habitación sintiéndose algo nervioso. No sabía cómo iba a tomar Erik eso, esa mujer nunca le cayó muy bien.
-Moira, hola-respondió, carraspeando suavemente y acomodándose un poco la ropa. No estaba muy cómodo estando semidesnudo junto a ella, en el pasillo en medio de la noche, y con su omega a una puerta de distancia-. No sabía que estabas aquí, ¿cómo...?
-Necesito hablar contigo, Charles. Tengo algo muy importante que decirte...
-Oh, darling, es media noche y no es muy buen momento ¿No puedes...?-la mujer negó con la cabeza y se acercó un par de pasos.
-De verdad, Charles, es sumamente importante. Necesito decírtelo cuanto antes-el hombre suspiró, apoyó la bandeja en un estante que había cerca y asintió. No tenía ganas de lidiar con eso ahora, pero lo mejor era acabar rápido. Todo sería mucho peor si se quedaban hablando allí y Erik los descubría.
-Déjame ir por un pantalón ¿si?-cuando estaba por abrir la puerta, esta se abrió sola y enfrente suyo apareció Erik. Lucia ligeramente adormilado y sólo tenía puestos unos boxer negros demasiado ajustados.
-¿Qué estas haciendo aquí?-preguntó, con la voz ronca por el sueño. Charles se quedó estático, sin saber que hacer-Necesito que...-justo en ese momento, Charles miró para el costado y fue lo peor que pudo hacer, ya que Erik se asomó. Ni bien vio a la agente, su expresión se puso completamente tensa-¿Qué hace ella aquí?-preguntó, con obvia molestia en su voz. Cuando sus ojos volvieron a posarse en el telépata, se quedó contemplando fijamente su pecho descubierto por la camisa, y su escasa ropa interior. Apretó los labios y la vena de su cuello se marcó, palpitando fuertemente.
-Ella sólo necesita decirme algo, Erik. Dame un momento y...
-Charles yo creo que...
-Cállate-Erik se giró a mirar a la agente con sus ojos plagados de ira. Su mandíbula estaba sumamente tensa, cosa que ponía nervioso a Charles su omega seguía en celo y no sabía cómo podía reaccionar-. Vete.-le gruñó a la castaña.
-Erik, cariño, por...-Charles apoyó la mano en el brazo de su pareja, intentando contenerlo, pero este lo empujó, haciéndolo chocar contra la pared de al lado de la puerta e inmediatamente lo atrapó entre esta y su cuerpo.
-Has que se vaya-le dijo. Sus ojos estaba oscurecidos y, cuando se le acercó más, Charles pudo sentir la erección ajena presionándose contra su estomago. Ahogó un jadeo, tenía el rostro completamente rojo por la vergüenza que le daba estar así frente a alguien-. Eres mio, ¿por qué demonios estas con ella en medio de la noche, semidesnudo, cuando yo estoy en ce...?
-Moira, por favor, después hablamos-repitió el telépata. Estaba avergonzado, pero sentir la forma en la que Erik se le presionaba, sus manos posesivas sujetándole las caderas y esa mirada que le devoraba ya había hecho que se pusiera algo duro. Erik gruñó cuando fue ignorado, sus manos inmediatamente tomaron las piernas de Charles y las alzaron, robando un nuevo jadeó de los labios ajenos. Agarró a Charles desde los muslos y lo obligó a que le abrazara las caderas con sus piernas. Se le afirmo aún más, acomodando su ingle entre ellas. El telépata inmediatamente se abrazó a sus hombros, cerrando los ojos mientras respiraba agitadamente por la boca. Sentía la entrepierna de Erik presionar entre sus nalgas, y si no fuera por la ropa toda la situación seria sumamente morbosa.
La agente seguía allí, estática, sin poder creer lo que veía. Allí estaba el alfa con el que tantas veces había follado, siendo empotrado contra la pared por un omega, y parecía disfrutarlo. Y no era cualquier omega, era nada más y menos que Erik. Su mente no podía digerirlo del todo.
-Haz que se vaya o te follare delante de ella-la frase fue acompañada de una embestida. Charles gimió de nuevo arañando la espalda ajena, al sentir como la boca de Erik se había hecho lugar por su cuello y estaba succionando y mordiendo con posesividad. Las uñas del telépata se clavaron en la amplia espalda, rasguñándole.
-Erik, darling, por favor vamos a...-gimió de nuevo al sentir las manos del pelirrojo agarrar por completo sus nalgas y esos dedos intentar hacerse lugar en su canutillo. Sabía que no había mucho por hacer, no era muy inteligente querer razonar con un omega en celo y pedirle que se calme. Tomó aire y se forzó a concentrarse mientras se llevaba los dedos a la sien y entraba en la mente de Moira, haciendo que se gire y se vaya, como si allí no pasara nada. Ni bien la agente se marchó, Charles volvió a aferrarse a su omega y lo apretó entre sus piernas, disfrutando de sentirlo tan apasionado y dominante.
-Eres mio eres mio... ¿qué demonios haces con ella vestido así? Tu eres mio...-repitió, recargando su frente con la ajena y mirando a los ojos al telépata. Los ojos del omega estaban completamente oscurecidos, como si fueran pasión pura. El deseo estaba mezclado con la posesividad y los celos, y Charles se sintió embriagado por ellos.
-Soy tuyo cariño, soy tuyo-respondió lamiendo los labios ajenos. Erik gruñó y lo apretó aún más contra la pared, removiéndose, logrando que su erección, aun atrapada entre los boxers, se acomodara entre las nalgas ajenas.
-Quiero follarte-demandó, mientras subía una de sus manos para intentar bajar el boxer de Charles. El telépata se removió un poco, sintiendo como el vientre le quemaba. Antes, nunca se imaginó que ser follado pudiera resultarle erótico, pero Erik había cambiado y movido todo sus parámetros, y una parte de él se moría por tenerlo dentro.
-Vamos al cuarto, amor. Aquí alguien puede vernos y...-ambas manos del magnético volvieron a acomodarse en sus nalgas, esta vez sujetándolas con firmeza. Charles había pensado caminar hasta la cama, pero su pareja tenía otros planes. Lo cargó y lo estampó contra la puerta, mientras unía sus bocas en un beso ansioso y desesperado. Los labios delgados le devoraron, mientras el inglés no podía hacer más que removerse y gimotear ahogadamente. Sus manos estaban abrazadas al cuello de Erik, jalando los cabellos de su nuca. Era sumamente sexy estar así, aunque no le agradaba del todo que su omega en celo estuviera afuera del cuarto, siempre recordaba que dos alfas más vivían con ellos y eso le ponía sumamente celoso.
De nuevo, fue cargado, y segundos después fue arrojado a la cama. Cayó con las piernas completamente abiertas, sin sentir ningún pudor de exponer toda su intimidad. En cuestión de segundos, Erik se le fue encima, apretándolo y dándole un lujurioso beso, antes de que se apartara, queriendo quitarle la camisa con suma rapidez. Se detuvo al tenerla entre sus manos y miró a Charles a los ojos.
-Esta camisa es mía-susurró, con ese tono ronco que siempre tenía mientras hacían el amor.
-Quería tener tu olor encima mientras preparaba la comida-admitió Charles, sin quitarle los ojo de encima y respirando algo agitado. La expresión de Erik brilló, y segundos después el omega estaba encima suyo, volviendo a besarle con suma posesividad y pasión mientras sus manos acariciaban todo el pecho de Charles. Le quitó la camisa entre jalones y, a medida que fue descubriendo la blanca piel, sus labios ansiosos comenzaron a bajar. Disfrutó besando la mandíbula de su pareja, que se marcaba notoriamente ya que el telépata había tirado el rostro hacía atrás. Siguió por su pálido cuello y, al llegar a las rojizas tetillas, las capturó entre sus labios y comenzó a chuparlas. Charles se arqueó, gimiendo por lo bajo y enredando sus manos en las sabanas, jalándolas para descargar así su desesperación.
Cuando el polaco dejó las tetillas erectas, mordió una, y luego continuó bajando. Besando la sutil linea que se marcaba en medio del pecho de Charles, y descendiendo hasta su ombligo donde coló su lengua y mosdisqueó, dejando la zona con sutiles marcas. Subió los ojos para ver al alfa, se veía exquisito con esa pecaminosa boca completamente roja, su cabello revuelto y una ligera expresión de necesidad. Su alfa era el cielo, era tan guapo. No pudo contener sus manos que, como autómatas, bajaron para arrancar la ropa interior ajena. El olor masculino de su virilidad le mareó un momento, haciendo que su parte omega se muriera de deseos y ganas por ser follada. Pero no, ignoró esos instintos ya que ese día quería adueñarse de ese cuerpo. Quería marcar a Charles como suyo y que esa estupida mujer no vuelva si quiera a mirarlo. Charles era suyo, su alfa, solo suyo.
Ni bien descendió un poco más, la virilidad ajena, ya libre, rozó su mandíbula. Sus ojos la buscaron y al ver su glande rojizo y lubricado la boca se le hizo agua. Ansiosamente la rodeó con sus labios y comenzó a succionarla, disfrutando de ese sabor que le generaba un cosquilleo agradable. "Dios, te ves tan hermoso", alzó la vista al escuchar ese pensamiento y sus ojos se toparon con los azules ajenos. Charles gimió ante la erotica escena de su omega chupándosela mientras lo miraba, una de sus manos voló al cabello ajeno y lo empujó suavemente, obligándolo a tragar hasta el fondo su virilidad. Erik cerró los ojos, sintiendo su garganta ocupada, si Charles se movía bruscamente seguro iba a atragantarlo, pero se sentía bien. Le gustaba estar atorado con el pene de su alfa. Era sumamente erótico.
Su saliva empapó la virilidad ajena, escurriéndose y manchandole la barbilla. Se apartó, relamiéndose los labios y moviendo un poco las caderas. Tenía el pene completamente duro y se moría por meterlo dentro de su pareja. Oh, dios, quería follarse a Charles. Le tomó las piernas con firmeza y las jaló, para colocarlas encima de sus hombros. Se sintió mareado con esa vista: el trasero y las piernas de Charles eran una de las cosas más sensuales que hubiera visto en su vida. Lo obligó a mantener las separadas, completamente abiertas, mientras hundía su rostro entre esas redondas nalgas. Lamió los pliegues de su entrada, sin pudor alguno, y se sintió sumamente poderoso al sentir a su pareja temblar y gemir.
Charles tuvo que elevar un brazo y aferrarse a la cabecera de la cama. Era la primera vez que Erik besaba su entrada y era... dios, él era un alfa y no se suponía que disfrute tanto esto, pero era genial. Sentir ese húmedo y suave apéndice tocarle, presionar, intentar abrirle. Una ansiedad extraña se agolpó en su vientre, haciendo que su conducto y su esfínter palpitaran. La lengua ajena no perdió oportunidad, se empujó, logrando colarse dentro suyo y saborear su interior. Tímidos gemidos abandonaron la boca del telépata, se sorprendía un poco de que su cuerpo se sintiera tan dispuesto a esto, pero bueno... era Erik, era imposible que su cuerpo se negara.
El omega, sumamente ansioso, se bajó la ropa interior y llevó una de sus manos para hurgar entre sus nalgas. Estaba completamente empapado, el liquido bajaba por entre sus muslos, y su entrada palpitaba con fuerza. La acarició descuidadamente, buscando empapar sus dedos con su lubricación, para luego llevarlas al trasero ajeno. Había algo que le resultaba sumamente excitante, y era un gusto que Charles compartía, que era prepararlo con el líquido de su lubricación. Joder, no sabía como explicarlo, pero era sumamente morboso: usar sus fluidos para abrir a su pareja, para follarle, para dejarlo listo para él. Dos de sus dedos, completamente húmedos y resbalosos, se acomodaron contra la entrada ajena y comenzaron a empujar. El cuerpo del alfa tardó unos segundos en ceder, pero luego los aceptó gustoso. Su entrada palpitaba, expandiéndose, acostumbrándose a esos intrusos que se movían rítmicamente, girando y haciendo tijeras para aflojarle. Seguramente, si él fuera un omega, en ese momento estaría empapado; bueno, lo estaba, con la lubricación de Erik.
-Oh mi amor...-se removió inquieto al sentirlo rozar su próstata. Sin notarlo, comenzó a mover sus caderas, follandose a si mismo. Erik aprovecho el momento para agregar un dedo más y rugió al ver como ese redondo, perfecto y goloso trasero se lo tragaba inmediatamente, sin ninguna resistencia.
-Oh, Charles... quiero follarte, quiero... ya, necesito follarte ya...-rugió, moviendo sus dedos con suma rapidez, mirando como un maniático la pecaminosa escena.
-Hazlo-respondió el telépata, antes de llevar las piernas contra su pecho, quedando completamente ofrecido-. Fóllame-gimió, clavando sus ojos en los ajenos. Erik lo estudió un momento, la baba que caía de sus labios, su pecho y labios sonrojados, sus ojos de lujuria. No podía resistirse. Sacó sus dedos del interior ajeno y, rápidamente, llevó su mano a su trasero, volvió a empaparla y luego se masturbó un poco, dejando su hinchada virilidad completamente húmeda.
Se relamió los labios mientras se acomodaba contra el trasero de su amante. No quería perderse la vista de como lo atravesaba, pero al mismo tiempo tampoco quería dejar de ver su expresión. Rozó suavemente su glande contra la entrada floja de Charles, le gustaría hacerle rogar, jugar tanto como el telépata solía jugar con él pero... por dios, estaba en celo, ya se había contenido suficiente, y quería hacerlo suyo. Comenzó a presionar, sintiendo como de a poco ese cuerpo comenzaba a acostumbrarse y hacerle lugar, después de todo, él era más grande que tres dedos. La sensación era sumamente embriagante, sentirse completamente rodeado por Charles, atrapado dentro suyo, asfixiado por su interior. Le costaba mantener los ojos abiertos, apenas y miraba entre sus pestañas, pero no quería dejar de hacerlo... era tan sensual ver como milímetro a milímetro su pene iba perdiéndose en ese cálido interior.
Charles respiraba profundamente, pero agitado, la sensación era demasiado abrumadora. Erik le abría por completo, y su cuerpo se sentía demasiado sensible. Era raro, porque antes nunca se había imaginado así, era un alfa y ese no era su rol natural, pero era tan placentero. Sentir a su omega dentro suyo le llenaba de una satisfacción emocional, y obviamente física. Cuando Erik terminó de entrar en el, gimió. Charles entreabrió sus ojos para mirarlo. El omega tenía la boca entreabierta y los parpados cerrados, una expresión de concentración y placer adornaba su rostro, y algunos mechones se le pegaban a la frente. Se veía demasiado sensual.
Segundos después, Erik tomó las piernas de Charles y las jaló para ponerlas de nuevo sobre sus hombros. Finalmente abrió sus ojos y los conectó con los ajenos. Se mordió el labio mientras comenzaba a moverse suavemente en inicio. Las manos apretaban esas largas extremidades, sujetándolas con firmeza y pasión, con una dosis de posesividad que decía "no te dejare ir". Charles no tenía ningún intensión de irse, no podría aunque quisiera, estaba derretido de placer y le encantaba. De a poco, los movimientos se fueron volviendo más y más pasionales, hasta que Erik adoptó un ritmo salvaje que pegaba en su frenética próstata, mandándole correntadas de placer que hacían estremecer su cuerpo.
-Oh, dios, Erik, Erik, Erik-gimoteó como un mantra, retorciéndose, jalando las sabanas, tironeando su propio cabello, presa de la desesperación que le inundaba. Era demasiado, demasiado bueno, demasiado perfecto, demasiado real.
-Eres mio, eres mio, eres mio-rugió el omega, inclinándose, para morderle el cuello, el mentón, los labios, las tetillas, todo lo que se encontrara a su paso. Sus dedos estaban firmemente clavados en esas pálidas piernas y seguramente iba a dejar algunas marcas de moretones, pero no podía contenerse. Apoderarse de Charles, de esa manera, tenerlo a su merced era... era.. exquisito. Sentía ese interior asfixiarle, apretarle, succionarle para que se quede dentro, y dios, el moría por quedarse dentro para siempre.
-Sí, sí, sí, sí, sí-el inglés sentía que las células de su cuerpo estaban en frenesí, todo estaba tan sensible. Le gustaba ese Erik, posesivo, dominante... tan alfa. Oh dios, si Erik fuera su alfa sería la envidia de todos los omegas. Le costaba calmar su respiración, pero intento relajarse mientras llevaba una de sus manos a su virilidad y comenzaba a masturbarse. La tenía completamente dura, su nudo estaba a fuera, y eso le resultaba más morboso aún: su nudo no tenía utilidad en ese momento porque era él quien estaba siendo atravesado y follado como un omega en celo. Se acarició con firmeza, sintiendo el calor agolparse en sus huevos. Erik se movía cada vez más rápido, aunque de forma inestable, y él conocía eso perfectamente: estaba por venirse. El omega apoyó los brazos contra la cama, para levantarse un poco y moverse más rápido. Charles aprovecho el espacio para masturbarse mejor. Su pene estaba escurriendo liquido preseminal y se sentía tan, pero tan cerca del orgasmo. Un nuevo y certero golpe en su próstata le hizo estallar. El orgasmo le atravesó el cuerpo y explotó en su mano, llenando todo su cuerpo de semen. Su eyaculación siempre era espesa y abundante, así que no se sorprendió cuando sintió un chorro caer en su barbilla. Su estomago debía ser un enchastre, se sentía completamente húmedo. Pero nada de eso importaba ahora, el placer danzaba en su cuerpo, haciendo que sus terminaciones nerviosas cosquilleen. Eso había sido la gloria.
-Joder, eso... te ves tan sexy-Charles se forzó abrir los ojos para mirar a su omega que estaba completamente sudado. Los ojos de Erik estaban oscurecidos por la pasión y le comían con la mirada. Los parpados del polaco temblaron, igual que todo su cuerpo, cuando el orgasmo le atravesó también. Tuvo que cerrar los ojos, mientras se empujaba bien profundo dentro de Charles, queriendo llenarlo con su simiente. Casi sin aliento, cayó sobre su alfa, quien lo atrapó entre sus brazos cariñosamente. Charles le apartó los cabellos de la frente y le dio un beso en esta, mirando atento como su pareja aun temblaba sutilmente. El sexo entre ellos siempre era tan perfecto, fuera como fuera-. Dios, quisiera tanto anudarte... quisiera... quisiera anudarte y marcarte como mio... quedarme dentro tuyo por horas y llenart...
-No te salgas-susurró el inglés, enredado sus piernas en las caderas ajenas, para mantenerlo en su lugar. Erik se obligó a abrir los ojos y le miró, con sus parpados entrecerrados. Charles sonrió suavemente-. Estas anudado dentro de mi, y no podrás salir en horas-le dijo, en un tono travieso pero cariñoso. Erik sonrió con pereza y elevó un poco el rostro, para poder besarle. El beso era pausado y lento. En algún momento, el polaco dejó de responder y cuando Charles abrió sus ojos, vio que se había quedado dormido.
Realmente, Erik hubiera sido el perfecto prototipo de alfa: que te arroja a la cama, te folla hasta deshacerte y luego se duerme estando dentro de ti. Hubiera sido su alfa perfecto, pero mejor aún, era su exótico omega. Y esa perfección, no se comparaba con ningún estereotipo ideal.
**
-¿Seguro que es aquí?-preguntó Hank, deteniendo el auto frente a una casa y mirando de reojo. Alex asintió, mientras también miraba por la ventana. Era algo incómodo haber viajado con Bestia a visitar a algunos mutantes, su aroma aún lo ponía algo inquieto... pero Charles le había dicho, cuando se escapó un momento de la habitación, que no fuera solo. Alex no discutió porque no quería ver por mucho más tiempo al profesor semidesnudo.
-Sí, ya hemos venido como tres veces-respondió, mientras bajaba del auto. Aspiró con ganas el aroma del aire libre y se estiró un poco, queriendo eliminar lo tenso de su cuerpo. Hank también bajó, cargando consigo unos papeles y formularios.
-Entonces, tenemos que decirle que las clases comenzaran normalmente en septiembre pero que durante lo que queda de este mes, y durante mayo, junio, julio y agosto pueden visitarnos y pasar algunos días allá y conocer las instalaciones y los profesores que...
-Que aún no existen-comentó el rubio, ganándose una mirada reprobatoria por parte del científico.
-Todos nosotros nos volveremos profesores-aseguró el castaño, mientras caminaban hacía la entrada de la casa.
-Claro, para ti es fácil decirlo porque eres un genio, pero ¿qué les podría enseñar yo?
-Ya te encontraremos alguna utilidad-bromeó, antes de apretarle un hombro. Alex sintió que el lugar donde le había tocado le ardía. Hank había estado muy distanciado de él mientras tuvo las marcas en el cuello pero, cuando desaparecieron, volvió a acercarse y actuar como su amigo. Él no sabía como tomar eso, aunque suponía que lo mejor era decirle a Benny que no le dejara más chupetones. Encima, también tenía una cita con el omega esa noche, razón por la cual había querido venir solo. No tenía ni idea de cómo se lo iba a tomar Hank, cada vez lo entendía menos.
Golpearon la puerta y, tras unos segundos, una mujer les abrió, detrás de ella apareció una niña-¡Hey Selena!-saludó con entusiasmo Alex, cuando la pequeña se arrojó a abrazarlo. La madre les hizo espacio para que pasaran, Hank miró con curiosidad la imagen y, al pasar al lado del rubio, le susurró:
-Podrías ser asesor o consejero, obviamente le caes bien a los niños-durante un segundo, la mano tocó su espalda baja y, de nuevo, la piel de Alex vibró. Respiró hondo y se obligó a calmarse, caminando junto a la niña que lo jalaba de la mano de forma ansiosa.
Estuvieron en esa casa durante un buen rato, la madre ya estaba convencida de enviar a la niña a esa escuela. Al final, Alex tuvo que darle la razón al profesor, visitando los hogares y haciéndose más conocidos, la gente se mostraba más dispuesta. Era un trabajo duro, pero al ver sus sonrisas, valía la pena. Luego de tomar algo y charlar un rato, se despidieron. Ese día visitaron cinco casas más, y cuando el sol ya se estaba poniendo e iban a volver a casa, Alex comenzó a sentirse nervioso.
-Déjame aquí-susurró, mirando por la ventanilla para no enfrentar los ojos ajenos. La velocidad del auto descendió, él podía sentir la mirada de Hank clavada en su cuerpo.
-¿De que hablas?-preguntó, con un tono ligeramente ronco.
-Que me dejes aquí-repitió, intentando sonar más seguro. En otra ocasión, hubiera cancelado la cita, pero estaba muy ansioso y la compañía del científico no ayudaba.
-¿Qué vas a hacer aquí?-finalmente se atrevió a girar el rostro y mirar a Hank, tenía los labios ligeramente apretados y los nudillos se veían blancos por lo fuerte que estaba apretando el manubrio-¿Tienes una cita con el omega que estas acostándote?-la voz sonó mucho más brusca ahora. Alex no supo que decir, sólo bajo la cabeza. Al no obtener respuesta, el científico continuó-¿Y en que vas a volver a casa?
-No te preocupes por eso, sólo déjame aquí y...-en ese momento vio a Benny y le hizo un gesto disimulado con la mano, para que esperara. Hank igualmente lo notó, y clavó sus ojos en el chico que estaba apoyado en la pared. Era alto y delgado, de piel sumamente pálida lo cual hacía destacar mucho los rizos negros que caían un poco más abajo de su mentón. Labios carnosos y cejas pobladas. Parecía un omega, pero tenía un aura peculiar, que se acentuaba aún más con su vestimenta oscura y su chaqueta de cuero. A pesar de la rudeza que parecía trasmitir, su rostro era dulce-Va a ser mejor que me vaya, maneja con cuidado y...-apenas alcanzó a abrir la puerta del auto, cuando la mano de Hank sujetó con fuerza su brazo. Él se giró a mirarle. Lo vio acercarse, con seguridad y fiereza, y durante un segundo pensó que iba a besarlo y, presa de la ansiedad, cerró los ojos. Pero, en cambio, sólo sintió un gruñido en su oído.
-Nada de marcas-susurró la voz gruesa, antes de que esos labios se apoderaran de su lóbulo, y lo mordiera suavemente. Inmediatamente, Alex se llevó la mano a la boca, para acallar el gemido que casi se le escapa. El cuerpo de Hank estaba encimado sobre él, presionándole contra el asiento, y su aroma lo estaba mareando. El rubio sentía sus piernas temblar, y si no estuviera sentado, seguramente hubiera desfallecido en los brazos ajenos.
-Bueno-susurró casi si voz. Jadeó con sorpresa cuando una de las manos ajenas se apoyó del otro lado de su cuerpo y le pellizcó con bastante fuerza. Se giró a mirar al otro alfa, confundido. Los ojos de Hank eran casi por completo amarillos y unos pequeños colmillos asomaban entre sus labios. El castaño se alejó un poco, carraspeando e intentando ordenar su pelo.
-Vuelve temprano-fue una voz tan autoritaria, que él no dudó en asentir. La mano ajena soltó su brazo, y él tardo unos segundos en juntar valor para bajar. Mientras caminaba sentía los ojos del otro alfa siguiéndole, y no se sentía del todo mal, aunque al llegar junto a Benny se sintió ligeramente culpable. El auto arrancó de golpe, y se alejó a toda velocidad.
-¿Todo bien?-le preguntó el omega, observándole con curiosidad.
-Si-respondió él. Notó que los ojos del chico miraban con insistencia su cuello y, cuando pudo verse en un espejo, vio que el pellizco que Hank le dio había dejado una marca muy notoria. Verla le hizo sentirse extraño, con un cosquilleó en el estomago. Caminaron hacía el departamento del chico, e iniciaron ese juego al cual Alex ya se había acostumbrado. Cuando Benny quiso besar su cuello, él no lo dejó, y una vez que acabaron, miró la hora y se levantó para vestirse. El otro chico le miró algo confundido.
-¿No vas a quedarte a dormir?-preguntó desde la cama. Alex le observó un momento, dudando, ya era de noche... pero no era tan tarde. La voz de Hank, "vuelve temprano", retumbó en su mente, y negó con la cabeza.
-Debo irme-el omega le miró con curiosidad, mas no dijo nada, sólo asintió. Alex terminó de vestirse y salió del lugar. Caminó por la calle oscura, iluminada por el alumbrado publico, cuando divido un taxi le hizo seña. El viaje hasta la mansión le costó bastante caro, pero por suerte Charles le había previsto de una buena cantidad de dinero. Cuando llegó, entró intentando hacer el menor ruido posible.
Mientras caminaba hacía su habitación, escuchó una puerta entreabrirse. Al girarse, vio a Hank, asomado desde su habitación. El científico lo estudió de arriba a abajo, y al ver su cuello y luego sus ojos, sonrió un poco. Alex sintió algo explotar en su vientre, se quedó mirándolo hasta que la bestia volvió a entrar a su cuarto. Recién entonces, retomó el camino al suyo.
Cuando entró, se tiró en su cama y se llevó una mano a la frente. Ver la sonrisa de Hank, saber que había hecho las cosas bien, le dio una sensación de satisfacción que superaba por creces el orgasmo que había tenido un tiempo atrás. Se preguntó si así de bien se sentía un omega al complacer a su alfa.
El pensamiento le hizo dormirse con una sonrisa en el rostro. Había complacido a Hank.
Charles se inclinó a depositar un beso en la mejilla de Erik, estaba abrazando a su omega desde atrás. Este, entreabrió los parpados, dejando ver sus cristalinos ojos. Le sonrió muy sutilmente y se giró un poco, para unir sus labios en un corto beso. El alfa olfateó su aroma, sintiendo que la fragancia del celo ya se había marchado. El brazo de Erik se enredó en su cuello para jalarlo más cerca, y continuar con el contacto. Ambos ronronearon por el gusto, cuando se apartaron, volvieron a acomodarse acotados. Erik de costado, y Charles haciendole cucharita con el mentón apoyado en el hombro ajeno para poder mirarlo.
-¿Cómo te sientes?-pregunto, estirando la mano para acomodarle el cabello, apartándoselo de la frente.
-Me siento pleno-respondió, sonriendo con los ojos cerrados y estirándose un poco. Charles sonrió, abrazándole con fuerza para que no se apartara ni un centímetro, acarició su estrecha cintura y luego deslizó sus manos suavemente hacía su abdomen, jalándolo para tenerlo más cerca-. No sabía que podía ser así. Siempre al acabar un celo es tan... agobiador, doloroso, humillante... pero ahora...-se giró y lo miró a los ojos, sus mejillas y sus labios aún tenían el tono rojizo que lo había acompañado durante todos esos días-Me siento tan relajado y completo-se tapó con un brazo la frente y sonrió de costado-. Aunque sí siento algo de vergüenza, todo lo que hicimos fue...
-Joder, fue el cielo-soltó Charles, sin poder contener la risa-. Ya quiero que pasen los próximos cuatro meses muy rápido y volver a estar así-le apretó la nalga de manera juguetona, Erik le pegó un codazo y luego ambos volvieron a unirse en una lucha de besos y manos buscando tocarse. Cuando Charles se subió encima suyo, Erik apoyó las manos en sus hombros y lo apartó un poco para que se miraran.
-Creo que debería irme, llevo varios días aquí y...
-Una ultima vez-susurró, inclinándose de nuevo para volver a besarle. Erik sonrió dentro del beso y le abrazo. "Eres insaciable" le dijo mentalmente, mientras abría sus piernas para sentir la virilidad del alfa frotarse contra la suya-. Es mi turno de ser insaciable-bromeó, antes de morderle los labios juguetonamente. Erik se arqueó, erotizado, como si aún estuviera en celo. Se besaron y se tocaron con ganas. Estar ya desnudos agilizó las cosas, en cuestión de minutos sus cuerpos estaban fundiéndose de nuevo juntos, con tanto deseo y ganas como si durante esos cinco días no lo hubieran hecho.
Al terminar, se quedaron acurrucados un rato más, luego se vistieron entre los dos, y caminaron hacía el patio de la mansión, donde se dieron un ultimo beso de despedida.
-Prometo volver pronto-susurró sobre los labios de Charles. Luego miró de reojo hacía la mansión y apretó los labios-. Dile a Moira que se vaya-susurró. El telépata, que hasta el momento se había olvidado por completo de la agente, apretó los labios y asintió.
-Si, no sé porque esta aquí pero si es lo que...
-No me interesa. No quiero verla cuando regrese-tomó con firmeza la nuca de su alfa, y lo acercó para volver a besarlo. Charles se dejó hacer, sintiendo esos labios dominarle por completo. Era algo que obviamente Erik disfrutaba hacer: dominarlo, hacerlo suyo, y dejarlo temblando; como si Charles fuera el omega ansioso desesperado por el toque de su alfa-. Eres mio-susurró, cuando se aparto.
-Lo soy-aceptó, sonriendo suavemente. Erik le sonrió en respuesta.
-Te amo-otra vez lo besó, muy rápidamente, y luego se apartó varios pasos porque sino no se iría nunca.
-Yo también-luego de escucharlo, Erik se giró y alzó sus manos para luego alejarse flotando. Charles se quedó observándole un momento, viéndolo marcharse. Se había acostumbrado un poco a verlo irse, como el omega cumplía su promesa de volver seguido era fácil aceptar esos adioses. Sabía que pronto volvería a verlo. Cuando ya no pudo divisarlo, se giró y caminó hacia la mansión. Necesitaba hablar con Moira para saber lo que quería, y luego poder deshacerse de ella. No tenía ganas de pelear con Erik por esa mujer, mucho menos al recordar la ultima vez que había hablado con ella y que había sido muy desagradable.
Se puso los dedos en la frente y, tal cual había supuesto, la mujer continuaba allí. Caminó hacía la cocina, donde aparentemente estaba, sintiéndose algo resignado a enfrentarla. Desde esa ultima pelea que tuvieron no había vuelto a pensar en ella y hubiera preferido seguir así; él no le guardaba rencor ni nada pero estaba iniciado una nueva etapa de su vida y quería hacerlo en paz. Bueno, también por eso era mejor cerrar ese capitulo del todo.
Mientras se acercaba a la cocina no pudo evitar pensar que quizás algo grave estaba pasando, algo que tuviera que ver con la CIA. Como Erik estaba en celo, y él estaba con toda su atención en eso, no llegó a considerar esa posibilidad. Moira había dicho que era algo urgente ¿y qué tal si un nuevo desastre se avecinaba? Apuró el paso, de pronto preocupado, y al llegarla se la encontró sentada tomado un té.
-Pensé que no te gustaba el té-comentó, sonriendo suavemente al entrar. La chica alzó la mirada un tanto sorprendida, al verlo se sonrojó un poco-. ¿Cómo estas, Moira?
-Bien. No me gustaba pero... mis gustos han cambiado últimamente-comentó, clavando sus ojos castaños en la infusión-. ¿Quieres que te prepare un poco o..?
-Oh, no. Esta bien, lo hare yo-respondió, caminando hacía la tetera que aún tenia agua caliente y comenzando a prepararlo. Suponía que todo iba a ser más relajado si hablaban mientras bebían algo. Cuando hubo terminado, fue a sentarse frente a la chica-. Entonces, ¿de qué era lo que querías hablar?-la chica volvió a mirarlo. Esos días se la había pasado pensando que iba a pasar ahora, ahora que sabía que Erik era el omega de Charles todo se volvía confuso. ¿Cómo se iba a tomar lo del embarazo? No era un secreto que la odiaba, y era muy obvio a quien iba a defender Charles.
-Debiste decirme que tu omega era Erik...-susurró. El inglés parpadeó varias veces, obviamente confundido por el cambio de tema. Frunció ligeramente el ceño mientras volvía a mirarla.
-Era un momento complicado y...
-Yo te había dicho que me dijeras cuando apareciera tu omega así me hacía a un lado, ¡pero tu ya lo conocías!-protestó. El telépata apretó los labios, esos ojos lo miraban de forma acusadora y, en parte, él sabía que la chica tenía razón: debió decirle o debió apartarla, pero se aprovecho para llenar el vacío que Erik dejaba en su vida.
-De verdad Moira, las cosas eran muy complicadas y lo manejé lo mejor que pude. No creo deberte explicaciones y no entiendo qué tiene que ver esto con lo que querías que hable...
-Estoy embarazada-soltó ella, sin más. Charles se quedó estático, sin poder asimilarlo del todo. Frunció el ceño y abrió y cerró la boca un par de veces, sin saber que decir, sin creerlo. Durante un segundo creyó que estaba alucinando, sí, seguramente eso sería un sueño. Incluso se pellizcó la mano, y el dolor le hizo arrugar la nariz.
-¿Qué?-preguntó tras unos segundos. Ni bien hizo la pregunta vinieron a su cabeza las imágenes de todas las veces que folló con ella y todas las veces que acabó dentro, incluso un par de veces donde la abotonó. Se llevó la mano a la frente, tapando sus ojos. Había visto los de orbes cristalinos de la chica, y ya había logrado entenderlo.
-Estoy esperando un hijo tuyo-le confirmó ella. Charles se jaló el cabello y se mordió los labios. Sintió como la felicidad que tenía minutos antes se borró completamente. Su mundo parecía haberse caído de golpe y estrellarse contra el piso, haciéndose mil añicos. Recordó la mirada cariñosa de Erik esa mañana, las dulces caricias y el tierno adios. De alguna forma extraña, todo eso parecía muy lejano ahora. La felicidad se encontraba distante, y su castillo de sueños se acababa de derrumbar como si hubieran sido naipes en una tormenta de viento.
Estaba realmente jodido. Erik iba a matarlo.
¿Y...? ¿Cómo creen que acabara todo?
Ya me acordé de la encuesta, hace unos dias (ayer creo) en un grupo de Cherik comentaron que muchos se saltan el lemon y quería preguntar, ¿cuántos de ustedes se saltan el lemon?
¿Y cuantos de ustedes se saltan las partes donde salen otras personas que no sean Charles/Erik?
Es pura curiosidad xD No por nada en específico.
En fin, ojala les gustara y me dejen sus respuestas. Un beso!
