Hola a todos! Bueno, se que me he tardado muchisimo, pero ando con mil cosa. Problemas familiares, personales, trabajo, escuela... en fin, un embrollo.
Tambien influyo mucho en mi insi que el final de MEDAO pasara tan desapercibido. Esas primeras semanas casi no tuvo comentarios, y pense que lo odiaron. Afortunadamente ahora me llegaron algunas buenas palabras y criticas construsctivas y les doy gracias por ello. Y prometo responder pronto xD
Bueno, se que muchos diran que eso no deberia afectarme, que uno escribe para uno y bla bla bla. Bueno, yo no soy asi. xD Lastimosamente, dependo de la opinion ajena. No se si han notado que soy muy erratica, algo me entuciasma muy facilmente (por eso escucho una frase y de pronto nace un fic), pero tambien me desmotivo con la misma facilidad. Es un problema personal que se aplica a toda mi vida y debo solucionar.
Me pongo euforica y me entuciasmo rapido, y me deprimo y me aburro con la misma facilidad. En fin, cada uno tiene sus temas.
Ahora, dejo de usarlos como psicologos y les digo, suplico, que ojala que les guste
Aun tengo mis dudas jaja, pero me insistieron y, como no soy tan mala, aqui esta!
RESCATES Y VERDADES
Charles tenía los ojos fijos en Moira, no sabía que decir, su mente estaba eclipsada, completamente en blanco. Sólo podía pensar en Erik y en lo molesto que iba a estar. Los ojos castaños de la agente continuaban mirándole con atención, esperando una reacción.
-No puede ser-soltó finalmente, tras varios minutos de silencio. La chica apretó los labios y bajó la vista a su taza-. Simplemente no puede ser, nosotros...
-Nosotros nos acostamos un montón de veces, Charles-susurró, antes de levantar su bebida y darle un pequeño sorbo. Evitaba pensar demasiado, sabía que el telépata podía leer su mente así que, si podía, quería evitarlo-. Es mucho más que posible-agregó. El hombre enterró la cabeza entre sus manos, buscando alguna posible escapatoria de todo aquello. Joder, no podía creer sus propios pensamientos: buscar una escapatoria, querer abandonar sus responsabilidades. ¡Él no era así! Él no era la clase de hombre que dejaría a un posible hijo sin padre. Siempre había deseado una familia, pero no así... la había querido con Erik.
-Pero... pero... ¿estas completamente segura?-preguntó de nuevo. Una parte de él se negaba a creerlo, en su mente no era posible. No había estado en sus planes, y nunca se le escaparía algo así-Es decir, tu... tu...
-Me hice unos análisis, dieron positivos-aseguró. Hubo algo en sus ojos, la forma en la que desvió la mirada, como apretó los labios, la forma en la que miró su taza... algo, o un conjunto de todas esas cosas, que hizo que Charles dudara.
-¿Y solamente yo puedo ser el padre?-preguntó. La chica alzó la vista, obviamente sorprendida. Se quedó con la boca abierta, sin saber que decir-Moira-repitió él, para llamar su atención-. De verdad, Moira, sé sincera... ¿no te has acostado con nadie más en todo este tiempo?-lo observó con los ojos entrecerrados, estudiándola. La agente se mordió el labio, y tras pocos segundos, tuvo que bajar el rostro, incapaz de mantener la mirada.
-Sí, me acosté con alguien más pero... pero... es simplemente imposible, Charles. No puede ser esa persona, simplemente no puede ser. Lo nuestro... nosotros... nosotros lo hicimos muchísimas veces y nunca usamos protección, ¡tú y yo incluso... incluso nos abotonamos! Las probabilidades son...
-Pero también podría ser la otra persona-la interrumpió él al instante. Si había alguna otra posibilidad, la que fuera, él necesitaba averiguarla. Tenía que asegurarse de que él era el padre, porque sería un verdadero desperdició arruinar toda su relación por un hijo que quizá ni siquiera era suyo-. Moira, tienes que decirme. Que tú digas que no es él no lo hace completamente...
-¡No puede ser él, Charles! Simplemente no puede ser-recalcó ella, comenzando a ponerse un tanto nerviosa. El telépata apretó los labios, no estaba dispuesto a ceder en esto, no cuando podía poner su relación a juego.
-Si no hay posibilidad de que sea él, déjame entrar en tu cabeza y averiguarlo por mi mismo. Si no hay posibilidad, debiste usar protección y con sólo dar un rápido vistazo en tu cabeza yo podría...
-¡¿Qué?! ¡Por dios! Claro que no-las mejillas le ardían de sólo pensarlo. ¡No podía dejar que Charles viera!-. Eso es completamente...
-Entonces, no puedes pedirme que simplemente me haga cargo. Tienes que probarme que ese hijo es mio. Sabes que estoy con alguien, sabes que esto podría mandar mi relación al diablo, Moira. No puedes simplemente...
-¡Es Sean, joder! Me acosté con Sean-salió de sus labios como un sollozó. Ni bien lo dijo, sus ojos se empañaron en lágrimas. Fue imposible mantener la mirada ajena, que estaba cargada de incredulidad, enterró el rostro en sus manos y volvió a sollozar. Tenía un dolor atragantado en el pecho, no quería saber lo que ese hombre estaba pensando de ella. No quería saber nada, era una idiota, quería desaparecer.
-¿Sean?-repitió incrédulo, tras unos minutos-¿Sean? Joder, Moira, eso... eso apenas es legal-bufó y tiró su cabeza hacía atrás mientras se masajeaba la frente-. Él no puede hacerse cargo de un niño, ni siquiera puede hacerse cargo de si mismo y después de todo lo que paso...
-¡Por eso no puede ser él! Ese niño puede ser tuyo, Charles. Las posibilidades son altisimas y, más allá de nosotros, lo mejor para él es que tú seas su padre-estiró la mano por sobre la mesa, queriendo atrapar la del telépata. Él no apartó la suya, sólo volvió a mirar a la chica y apretó los labios.
-Esto va a arruinar mi vida, Moira...
-Puede ser tuyo-repitió ella con insistencia, mirándole con suplica en sus ojos.
-También podría no serlo-agregó él, bajando sus ojos a su propia taza de té, la cual había olvidado por completo. Las dos circunstancias eran horribles y molestaban muchísimo. Él no quería ser el padre, iba a arruinar su vida, pero la posibilidad de que fuera Sean no era mucho mejor-. ¿Seguro que no...?
-No hay nadie más, Charles-aseguró ella.
-Joder, Moira, esta es la peor noticia que podrías haberme dado-susurró. Tomó la taza de manera resignada y le dio un sorbo. Necesitaba pensar, necesitaba tiempo para ver como iba a solucionar esto. Toda su vida podía irse por el caño, pero quizás... quizás había una forma de zafar o de encontrar un equilibrio. Sólo necesitaba tiempo para pensar.
-Yo tampoco quería esto. Tambien fue una mala noticia-susurró.
Cuando él alzó la vista para mirarla, supo que ambos estaban pensando lo mismo: estaban jodidos.
**CHERIK**
La sensación que tuvo Erik luego de volver completamente relajado y feliz por haber pasado el celo con su pareja, y encontrar que su equipo había estado investigando y trabajando fue... indescriptible. Estaba seguro que en ese momento todo era perfecto. Sentía que, tanto su vida amorosa como activista, se habían acomodado. Aunque fue incomodo llegar y ser consciente de que todos sabían lo que había estado haciendo, de a poco comenzaba a acostumbrarse. Se repitió así mismo que era normal y que no había nada de que avergonzarse. Los ojos de Sapo lo miraron con atención, como si quisiera leer algo en él, Erik le devolvió la mirada tranquilamente, y finalmente el menor sonrió. Era bueno aceptarse, inspiraba a otros a hacerlo.
Emma lo abordó al poco tiempo de haber llegado, y se puso a contarle lo que habían averiguado. Habían descubierto ciertos patrones en la información recolectada, y habían llegado a la conclusión de que algunos de esos lugares eran laboratorios iguales al que habían visto antes. En pocas palabras, allí podrían encontrar más mutantes, y con suerte encontrarían a los responsables de todo esto.
-Si te apetece podemos empezar a buscar, local por local, para estudiarlos a todos y buscar más información. Parece que es una gran corporación la que esta a cargo-comentó la rubia mientras le mostraba el listado de lugares. Erik ya los había visto, era la información que recolectaron juntos tiempo atrás, pero ahora estaba ordenada y clara.
-Me parece bien, y si es necesario los desmantelaremos, chapa por chapa-respondió, y luego comenzó a caminar rumbo a su habitación-. Diles a todos que se preparen, iremos de noche, aún estamos en una misión encubierta -comentó, antes de abrir la puerta.
-No soy tu secretaria-protestó la rubia con un bufido.
-Sólo hazlo, Emma-repitió, antes de meterse en su cuarto. Una vez entró, buscó su casco ya que quería cerciorarse hacer las cosa bien y si, por alguna casualidad, a Charles no le llegaba a gustar lo que estaban haciendo iba a querer detenerlo. Ni bien lo pensó, se detuvo. El telépata le había prometido nunca manipularlo y por el momento no lo había hecho, ¿realmente lo necesitaba? Fue su obsesión cuando recién se separaron, no podía estar sin él, pero desde que descubrió que Charles era su alfa no había vuelto a usarlo. Ni siquiera esa vez en la que fueron a investigar el laboratorio. ¿Era necesario ahora? Estaba en duda, quería confiar en su pareja pero si llegaba a equivocarse no quería que eso arruine la misión.
Mientras deliberaba al respecto, procedió a cambiarse. Quería estar cómodo y pasar desapercibido, uso alguna de sus prendas negras que fueran flexibles y, sólo para asegurarse, se hizo un cinturón de metal estilo riñonera que rodeaba su cintura. Siempre era bueno tener metal disponible. Aún faltaba para que se hiciera de noche, así que tenía tiempo para terminar de ordenar sus cosas. A pesar de saber que ahora tenía que ir a enfrentar una misión donde podía encontrar mutantes heridos, estaba optimista y feliz. O tranquilo. Pero se encontraba así desde que acabó el celo. Era jodidamente extraño, nunca en la vida se había sentido así. Estaba... pleno.
Siempre terminar el celo fue tan horrible, que ahora sea así lo confundía un poco. ¿Siempre era así? ¿Llevaba una vida perdiéndose de esa sensación? No era solo la satisfacción y la relajación, sino la sensación de estar completo.
Cuando terminó de ordenar todo, salió a la cocina, donde se encontró con Sapo que estaba cocinando. Ni bien el joven mutante lo vio, se giró hacía a él.
-Llevo días sin verte-lo saludó el menor.
-Sí, lo sé, pasa que estaba en...
-Estabas en celo-terminó el. Mientras lo miraba se mordía el labio sutilmente, como si quisiera contener una pregunta. Finalmente, no pudo retenerla-. ¿Estabas con ese hombre que dijiste que se enamoró de ti?-preguntó-Charles. Tu alfa... ¿es el mismo o...?
-Es el mismo-admitió. Nunca había terminado de contarle a Mortimer lo que había pasado. La única vez que hablaron tan seriamente sobre parejas, fue cuando le contó que había matado a Shaw y abandonado a Charles. Ahora, con sólo decirle eso, se arrepentía de no haberlo hecho antes. Pensó que era lo mejor, ya que el chico tenía ideas demasiado absurdas sobre encontrar a su alfa, pero ahora que lo veía, que veía ese brillo en sus ojos, se arrepintió de no haberlo hecho-. Resulta que estaba confundido, él era mi alfa y...
-Entonces, después de todo lo que pasaste con ese otro hombre... tu verdadero alfa apareció y todo es perfecto. ¿A él no le importa nada de lo que paso antes? ¿Que otro hombre...?
-A mi me valdría verga que le importara, Sapo. Entiende que tienes que estar bien contigo mismo, esa parte es importante. De hecho, aprende de mi historia: nada salió como debería porque estaba hecho pedazos. Así que, no te obsesiones con tu alfa y concentrate en superar el pasado, en mejorar, en cosas que te trasciendan.-le respondió, mientras pensaba cuanto de eso podía ser cierto. ¿No reconoció a Charles porque estaba roto o porque se negaba como omega? Suponía que esa era una respuesta que nunca iba a tener.
-Pero, vamos Erik, obvio que te importa lo que él pensara de ti. Él te ama, por eso estas tranquilo, pero si él supiera todo lo que pasaste y te odiara y...
-¿Por qué me odiaría? Yo no tuve la culpa de lo que paso-los ojos del chico le estudiaron, ahora se veía afligido. Tenía los labios apretados, el pesar se dejaba ver en su expresión-. No es tu culpa lo que pasó, Mortimor...
-Lo sé, pero ¿qué tal si no me quiere?-dijo en un susurro muy bajo. Erik suspiró, estiró el brazo y rodeó los hombros del menor para atraerlo a su cuerpo.
-Va a quererte, es lo más seguro. Pero si no te quiere, ya llegara alguien que si. Y si nunca llega, lo importante es que te quieras tu, Sapo. No puedes vivir dependiendo del afecto de otras personas, tienes que ser fuerte por ti mismo, pensé que lo habías entendido-ya habían tenido esa charla, y había tenido la esperanza de que el chico mejorara su autoestima, ahora veía que no era del todo así.
-Lo entiendo, pero... me cuesta un poco asimilarlo para tooodo el tiempo. A veces tengo dudas-ninguno se apartó, Erik le frotó la espalda un momento, intentando consolarlo. No podía decir que se sentía reflejado en Sapo, porque eran personas muy distintas, aunque sus historias quizá si podían parecerse un poco. Al menos en la parte de abusos por terceros. Sabía lo que se sentía. Lo mucho que se odiaba luego de que Shaw lo prestara a los soldados, o que él mismo lo usara. Pero Erik era la viva la imagen de que se podía salir adelante. Lo había superado, y había sido un verdadero drama que por momentos lo hizo rozar la locura, pero ahora aquí estaba: firme y fuerte, con su propia vida y capaz de tomar sus decisiones. No podía arrepentirse de nada. El destino le dio pura mierda y él supo salir de todo eso.
-Bueno, de a poco vas a superarlo-le animó. Tras unos minutos, en que el chico siguia aferrado a él, empezó a sentirse un poco incomodo. Él podía ser cariñoso con Charles, pero no con todo el mundo, e incluso con su pareja tenía sus limites. Se removió un poco y finalmente le apoyó la mano en el hombro-. Se quema la comida-le dijo, antes de apartarse. El chico se giró confundido a mirar la olla y frunció el ceño.
-No es verdad-protestó, pero cuando se volteó de nuevo para buscar al mayor, este ya se estaba yendo-. ¡No se esta quemando nada!
-Deja de joder y termina la comida, Mor-le dijo a la distancia, sin detenerse. Lo que menos quería era que le pidiera ayuda o algo por el estilo, mejor se iba a averiguar si alguno de los otros necesitaba algo. Caminando por el pasillo, pasó frente al cuarto donde estaba el mutante que seguía en coma. Al pobre ni siquiera le sabían el nombre. Se asomó y vio a Emma a su lado, con su mano presionando firmemente la pálida piel del joven.
El chico estaba con varios cables, una sonda que lo alimentaba y todo lo que pudieran llegar a necesitar. Habían llevado un medico y Emma lo manipuló para que hiciera todo lo necesario y aprendió las cosas básicas, que tarde o temprano todos terminaron aprendiendo. Básicamente, no era fácil cuidar a alguien en coma, mucho menos si no eras medico. Pero el chico estaba bien en general, sólo que no despertaba. Las tareas eran alimentarlo con la sonda y cambiarlo, y de ves en cuando mover su cuerpo, para que no se formaran llagas. Cada tanto Azazel secuestraba un medico para que lo revise, por ahora todo iba bien, pero realmente sin los poderes de Emma no sabría cómo lo habrían hecho. Ningún medico hubiera querido ayudarlos.
-¿Como va?-le preguntó, entrando a la habitación. La chica se giró a mirarle, la había tomado por sorpresa. Apartó la mano del joven y se giró a mirar al omega.
-Bien... es decir, esta estable. Pero hay una barrera en su mente que no me deja entrar del todo. Quizá tenga que ver con su mutación, sólo logro ver cosas fragmentadas-mientras hablaba se levantó-. No sé si podremos obtener algo útil de él, y que lleve tanto tiempo así... ¿realmente ira a reaccionar en algún momento?
-No lo sé, pero ¿que más podemos hacer al respecto? Si lo llevamos a un hospital, no tiene familia y tarde o temprano terminarían abandonándolo o...
-Sí, tienes razón-susurró la chica, resignada. Se acomodo el cabello hacía atrás y miró una vez más al joven antes de comenzar a caminar hacía la salida-. ¿Y que tal el mutante azul? Él es científico, podrías preguntarle...
-Es cierto, podríamos traerlo. Podría preguntarle a Charles también, ya no nos quedan muchas opciones-caminaron juntos por el pasillo, al llegar frente al cuarto de Emma se detuvieron-. ¿Tienes todo listo para ir?-preguntó.
-Oh, sí, sólo quiero cambiarme y ponerme mi capa blanca. Si vamos a salvar mutantes quiero verme fabulosa, es mi deber-comentó, soltando una risa mientras entraba a su cuarto.
-Quizás yo debería conseguirme una-respondió Erik, continuando su camino. A pesar de estar alejándose, pudo sentir la risa estruendosa de Emma, y un comentario que tenía que ver con "ser una diva", aunque no logró entenderlo bien y tampoco estaba dispuesto a ir a preguntar.
Horas después, el equipo estaba comiendo junto. Ya habían establecido que irían todos y que Sapo se quedaría en la mansión a cuidar al otro mutante. Erik miraba un tanto preocupado a Raven, no estaba seguro de dejarla ir. La chica había estado actuando tranquila todo este tiempo, pero aún le preocupaba qué podía pasar si se encontraban con mutantes siendo torturados. Lo que ella vivió, había sido muy fuerte y traumatizante. Él aún no olvidaba como la vio, completamente bañada en sangre. No quería ni imaginar lo mal que lo había pasado, y lo difícil que debió ser olvidar todo lo ocurrido. No quería que se descontrolara o que recordara malos momentos. Pero la chica insistió en ir, argumentando que debía formar parte de esto. No podía evitar sentirse algo orgulloso de que estuviera tomándolo tan en serio la causa. Debía suponer que iba a estar todo bien, la forma en la que Azazel la miraba daba a entender que la sacaría de allí si llegaba a notar que no podía manejarlo.
Cuando estuvieron todos listos, se tomaron de las manos y Azazel los apareció frente al laboratorio. Estaba completamente oscuro, cosa que les llamó un poco la atención. Erik había imaginado que al menos alguna luz habría, y que al menos encontrarían un guardia de seguridad o a alguien vigilando. Pero no, el lugar lucía completamente desolado.
A pesar de todo, caminaron con recato hacía la entrada. Angel se apresuró a elevarse por el cielo para revisar los alrededores, aunque con tan poca luz la tarea seria un tanto difícil. Todos los demás entraron. En un primer momento, el lugar se veía completamente tranquilo. Tras unos pocos pasos, Emma encontró un interruptor para prender las luces, y ni bien la pálida luz se encendió, pudieron ver el desastre.
Bueno, no era completamente desastre, pero obviamente alguien había entrado a ese lugar. Erik podía sentir el metal de las balas regadas en el piso. Obviamente allí había habido una pelea, pero le sorprendió no encontrar cuerpos ni sangre en ningún lado, solo balas. Muchas balas. Como si estas no hubieran querido herir a nadie y sólo hubieran sido usadas para asustar.
Había estanterías que habían sido dado vueltas, papeles regados por todos lados, focos y ventanas rotos. Ninguno perdió el tiempo, empezaron a recorrer el lugar. Ni bien encontraron una habitación con rejas, entraron, y vieron un montón de camas deshechas y abandonadas. Era obvio que quienes estaban allí habían salido presurosamente. Raven y Janos se quedaron revisando ese lugar, mientras los otros continuaban con el resto del edificio.
-¡Busquen pistas! Debemos saber qué paso aquí-les gritó Erik, mientras seguían estudiando cada habitación. Fue fácil identificar el laboratorio, un aula para experimentos y un estudio lleno de archivos, a los cuales le faltaban muchísimas cosas. No lograba entender que había pasado, ¿hace cuanto tiempo? ¿por qué? Suponía que no había sido desmantelado de urgencia porque las balas indicaban otra cosa ¿o acaso los mutantes quisieron huir y les dispararon? Pero no, parecía que había entrado alguien a buscar algo, ¿pero quien y para que? Y más importante aun ¿esa persona estaba de su lado o en su contra? ¿Era un humano o un mutante?
Las dudas se formaban rápidamente en su cabeza. No pudo evitar recordar las palabras del mutante que ahora estaba en coma "había alguien con poder que quería ayudarles". ¿Acaso esa persona estuvo aquí? ¿Ayudó a esos mutantes? Esperaba que sí, así lo deseaba. Era la mejor de las posibilidades, que alguien los hubiera ayudado a escapar. Pero al mismo tiempo le costaba un poco creerlo, las cosas buenas eran pocas en esta vida. No conocía a nadie más, aparte de los suyos y de Charles, que estuviera intentando hacer algo pero quizás ese era el punto: no lo conocía, y debía conocerlo. Si había gente luchando, todos debían unirse.
Después de revisar minuciosamente todo el lugar, buscando algo, lo que sea, que pudiera servirles de información, decidieron marcharse. No habían tenido suerte y aún quedaban varios lugares por ver, y la noche se hacía cada vez más corta.
Siguieron el listado de direcciones, pero esa primera búsqueda fue completamente infructífera. Visitaron unas oficinas donde tampoco encontraron nada util, un baldío que había sido desmantelado y una casa abandonada. Nada parecía tener sentido y Erik empezó a preguntarse qué era exactamente lo que estaban buscando. Toda la información que habían recaudado parecía no llevarlos a ningún lugar. Terminar en lugares que realmente parecían haber sido abandonados lo hacía pensar. Quizá los dueños de todo eso sabían que alguien los estaba buscando, quizá estaban peleando, quizá ese hombre "que iba a ayudar a todos los mutantes" estaba cazándolos.
Eso en parte era bueno, pero también un poco frustrante porque ¡ellos también querían encontrarlos! Querían liberar a los mutantes y castigar a aquellos que se atrevieron a utilizarlos.
-Es como si estuvieran escondiéndose-comentó Emma, parándose a su lado y mirando con atención el descampado que tenían en frente. Erik suspiró.
-Estaba pensando lo mismo-respondió-. Y obviamente no de nosotros. Debemos averiguar de quien-el resto de La Hermandad terminó de acercarse y acomodarse junto a ellos. No faltaba mucho para que el sol saliera y lo mejor era ir a casa a descansar un poco.
-Realmente no imagine que mi vida como super villana sería así-bromeó Angel, mientras tomaba la mano de Janos para que Azazel los desapareciera a todos.
-Supongo que ninguno la imagino así, pero no todo podía ser acción-agregó Erik, encoguiendose de hombros. Para él, que llevó años rastreando a Shaw para matarlo, sabía que la investigación, la estrategia, los "tramites", eran lo que mayor tiempo ocupaba. Normalmente, la batalla en si misma, sólo duraba unos pocos minutos o a lo sumo un par de horas. Lo que sí le frustraba era que estaban tan perdidos como al principio.
Obviamente, esto iba a llevar tiempo.
**CHERIK**
El trabajo previo a la inauguración de la escuela no estaba resultando exactamente igual a lo que Charles había pensado, y la razón principal era que no estaba al cien por ciento dedicado a ello. Hacía una semana que se había enterado del embarazo de Moira y gran parte de su mente estaba concentrada en eso. Saber que las dos opciones de padre eran él o Sean no lo ayudaban en nada, ya que ambas cosas iban a terminar en desastre.
Tuvo que resignarse al hecho de que Moira se quedara allí con ellos, sabía que era lo mejor, aunque no era lo que él quería. Aun recordaba las palabras de Erik: "No quiero verla cuando regrese". Erik... Joder, Erik. Erik iba a matarlo. De por si, el omega siempre tuvo una rivalidad con la agente y, aunque no lo sabía con exactitud, estaba seguro de que el polaco no sabía que él y Moira tuvieron algo. Es decir, pudo sospecharlo, pero sin dudas nunca lo confirmó. ¡Y Charles había estado muy agradecido de eso! Porque realmente era un secreto que hubiera preferido que su pareja nunca conociera.
La felicidad que había sentido por, finalmente, haber sido reconocido, por tener a su pareja, porque las cosas iban marchando bien; todas sus esperanzas y sueños; todo... acababa de derrumbarse. No sabía exactamente cómo se lo iba a tomar Erik, pero era muy obvio que no iba a estar nada feliz. El problema era no saber que tan mal se lo podía tomar. Erik era una diva, e iba a hacer todo un drama de esto (y con justa razón, eso no iba a negarlo). Pero... joder, habían pasado tanto tiempo separados, se veían menos de lo que a él le gustaría ¡no quería que volviera a marcharse!
El miedo de que Erik lo dejara, de nuevo, no le permitía dormir en las noches. Eso explicaba las marcadas ojeras que últimamente tenía.
Lo peor de todo, era la ambigüedad de la circunstancia porque... él quería ser padre. Más que eso, lo deseaba fuertemente. Y con Erik no parecía muy posible, mucho menos luego de enterarse que era estéril. ¡Él realmente deseaba una familia! Pero no con Moira, y mucho menos así. La deseaba con su omega, por muy imposible que eso sonara. A veces, imaginaba como hubiera sido si Erik fuera quien le dijo que estaba embarazado. Se imaginaba su reacción, y la felicidad en el pecho se volvía completamente real. Sabia que ese yo suyo, de un mundo paralelo e inexistente, inmediatamente imaginaria todas las cosas que tenían que hacer: ir al medico, hacer todos los chequeos, armar un cuarto, buscar ropa, mimar a su pareja, cuidarla, preparar las cosas para el bebe, pensar el nombre... y tantas otras cosas más. Cosas que, efectivamente tenía que hacer. Pero con Moira.
Una parte minúscula, de él, estaba feliz ante la posibilidad de ser padre, pero la gran mayoría de su ser sólo encontraba protestas. Quizás el tiempo acomodara las cosas.
-¿Quieres que vaya yo?-preguntó Alex, mirándolo con preocupación. Charles alzó sus ojos y los clavó en el rubio, con quien había estado hablando sobre los mutantes que tenían que ir a visitar.
-Creo que... sí. Me había olvidado por completo que tengo que ir al medico-comentó. Recién recordaba que ese día tenía que acompañar a Moira para encontrar un ginecólogo con el que se sintiera cómoda. La chica había insistido en que podía ir sola, pero era un viaje largo, y Charles no se sentía bien consigo mismo si no la acompañaba.
-¿Estas bien? Te ves fatal, ¿estas enfermo?-preguntó preocupado el rubio. Él sabía que esa semana había estado actuando raro, todavía no le habían dicho a nadie lo que pasaba, y tampoco sabía cómo y cuándo hacerlo, principalmente por Sean. Era obvio que el chico tenía que enterarse de que posiblemente sería padre, pero ni él ni Moira sabían cómo decírselo.
-Es sólo un chequeo, no te preocupes-lo calmó, apoyándole una mano en el hombro para que se tranquilice-. Pídele a Hank que te acompañe-agregó, mientras lo miraba con atención-. Y, de verdad, muchas gracias, Alex. Últimamente me vienes salvando de todo-el rubio sonrió al oír eso. Le gustaba ayudar a Charles, eran esos momentos en los que se sentía cómodo y nada más importaba. Aunque, a decir verdad, le chocaba un poco que siempre que tuviera que hacer algo solo, Charles le dijera que llamara a Hank, como si no confiara en que él podía manejar las cosas. Esas ultimas palabras habían calmado las dudas que generó en su mente.
Alex se despidió y se fue a buscar al científico, que seguramente estaba en el laboratorio. Hank no se opuso a ir ya que ya estaba acostumbrado a que Charles los mandara a hacer cosas juntos. Ellos no estaban evitándose, pero tampoco pasaban tanto tiempo juntos. El castaño no había vuelto a mencionar a Benny ni hacía ningún comentario al respecto, intentaba actuar como si fueran amigos. A Alex le costaba creerlo, sobre todo cuando aun tenía la marca del pellizco en el cuello, cuando esta se borró, no quiso creerlo. Le dolía. Dejaba un vacío en su pecho que no lograba llenar.
Hank fue el que manejó en su recorrido de visitar a los otros posibles alumnos que Charles quería reclutar. Alex se sintió incomodo casi todo el viaje, se removía inquieto y tenia una fuerte necesidad por hacer que su piel y la del científico se tocaran, aunque sea un roce casual, pero sabia que eso no iba a pasar desapercibido. Era obvio que Hank notaba como se removía en el asiento, o como de a momentos respiraba agitado, pero ninguno menciono nada. Bestia guardaba una prudente distancia, le hablaba lo justo y lo necesario y... y él debería estar agradecido de que no le complicara más las cosas, pero no podía. No podía resistir estar juntos no así.
Estaba tan desilusionado que,luego de esa noche que el se sintió feliz por complacer a Hank, nada allá vuelto a pasar, ¡ni una palabra al respecto! Cuando volvieron a la mansión ya no pudo tolerarlo, tuvo que huir de allí para ir a ver a Benny. Hank lo observó mientras se marchaba, sabía que era lo mejor así que ni siquiera tuvo la intención de detenerlo.
Subió las escaleras y, al pasar frente al despacho de Charles, escuchó unos ruidos por lo cual decidió avisarle que ya habían vuelto y que todo había salido bien. Golpeó la puerta, y pasaron unos escasos segundos antes de que obtuviera una respuesta.
-Moira, de verdad necesito un...-el telépata había abierto la puerta, tenía el cabello desordenado, al verlo frunció el ceño, ligeramente confundido. Aunque también se lo veía un poco aliviado-Oh, Hank. ¿Cómo les fue?
-Bien, todo en orden. Ya conversamos con las familias y quedamos de volver la próxima semana-comentó. Miró de reojo el lugar, y fue entonces cuando notó que Xavier tenía una copa de licor en la mano. No lo veía beber desde que Erik se había ido y eso le ponía un poco nervioso-¿Tú estas bien?-preguntó, lo más casualmente posible.
-Sí, sí-se apresuró a responder, pero al notar que el científico seguía mirándole con atención, suspiró-. Bueno... no sé, ¿quieres una copa?-le hizo lugar para que entrara. Hank recibió el vaso sin chistar, lo olfateó un poco antes de darle un largo trago. Suponía que esa era le mejor forma de sacarse a Alex de la cabeza. Al verlo, Charles se mostró curioso-¿A ti te pasa algo?
-No nada-le restó importancia. Camino hasta el sofa, donde se sentó. En pocos segundos el telépata estaba haciendole compañía-, ¿y a ti?-hubo un momento de silencio, donde Charles no hacía más que mirar el vaso. Lucía apesumbrado y parecía haber envejecido de golpe. Él se sintió algo preocupado de que hubiera pasado algo con Erik, el alfa no parecía mantener muy bien el control sin su omega. Y Hank no se encontraba preparado para volver a lidiar con un profesor borracho y depresivo.
-Moira esta embarazada-dijo finalmente. Lo soltó como una exhalación, era bueno ir practicando decirlo en voz alta porque sabía que tenía que decírselo a Erik y no quería que las palabras quedaran atoradas en su boca. Al oír aquello, Hank abrió los ojos de golpe, incrédulo. Él, al igual que casi todos, sabía del romance que el profesor tuvo con la agente. La idea no terminaba de formarse en su cabeza pero había una gran posibilidad de que...
-Oh.. y.. ¿es tu...?
-Probablemente, sí-le interrumpió, sin dejarlo terminar. No quería oírlo en labios ajenos, aun estaba digiriendo la vez que Moira se lo dijo. Estaba actuando tan responsablemente como podía, pero tenia esos momentos, esas pequeñas crisis en las que no podía evitar pensar en que todo se iba ir a la mierda. Recordaba lo bien que había estado con Erik la ultima vez, sus ojos enamorados, su sonrisa, la tranquilidad... y una voz en su cabeza le advertía que iba a perder todo eso por un calenton-. Joder, Erik va a matarme-susurró, enterrando la cabeza entre las piernas-. Después de todo lo que hemos pasado para al fin estar bien, justo tiene que pasar esto. Va a querer aniquilarme yo... yo... no sé que demonios voy a hacer-se escuchaba tan afligido que el corazón de Hank se estrujó. Realmente parecía derrotado por la realidad, pero no había mucho más que hacer. Si él era el padre era su deber hacerse cargo.
-Y... ¿estas seguro que es tuyo?-preguntó. Quizás hubiera una posibilidad de zafar de todo eso. No quería ni imaginarse como lo iba a tomar Erik. Obviamente Charles sabía como iban a terminar las cosas, él prefería no restregar la llaga.
-Probablemente... o es mio o...-escucharlo le dio algo de ilusión, porque si bien no había posibilidad de saber quien era el padre hasta que el niño naciera, quizás había una forma de que la noticia no sonara tan espeluznante para el omega-o es de Sean.
-Oh-esa respuesta no lo alivio para nada, de hecho, lo dejó sin palabras. Ahora no sabía que era mejor, Sean no estaba en condiciones de ser padre, aún estaba digiriendo ser un omega. Y Alex... ¿cómo se lo iba a tomar el rubio? Parecía haber superado por completo al pelirrojo, y realmente deseaba que así fuera. Suspiró, mientras, sin encontrar más remedio, le daba otro largo trago a su vaso, acabándose el contenido. Todo eso era un problema.
**CHERIK**
Finalmente, luego de casi tres semanas donde estuvieron investigando, pudieron descubrir que todo lo que habían encontrado eran pistas falsas; lo cual sólo confirmó la idea de que "ellos" sabían que alguien los estaba buscando, y ese alguien era tan poderoso como para darles miedo. Luego de asimilar que, de nuevo, estaban completamente perdidos en cuanto a su misión, finalmente dieron con una pista real.
Fue prácticamente una casualidad, o un acto del destino. Janos había ido al centro a comprar las cosas necesarias para el cuartel. Azazel había hecho un drama por la ausencia de yogurt, Emma exigía unos perfumes, Angel aseguraba que esta vez no sería ella quien iría a comprar, y Raven y Erik por suerte no encargaron nada, aunque el ultimo comentó que seria recomendable traer verduras para mantenerse sanos, y recalcó la importancia de la naranja.
Janos se apropió de la frase de Angel, "No me imaginaba mi vida como super villano así"; y salió protestando en dirección al centro. Por lo menos, se sintió un poco más malvado al robarle la billetera a un adinerado hombre. Si los homosapiens los oprimían, mínimo deberían pagar sus gastos. Y sí, también podría robar la comida, pero era mucho más fácil ir cómodamente al supermercado, elegir lo que quería y pagarlo con plata ajena. Fue en la fila que hacía para pagar, donde lo vio. Primero casi no llamó su atención, pero cuando el joven se inclinó para darle el dinero a la cajera, un destello en su collar lo atrajo. El chico tenia una medalla con el mismo símbolo que ellos estaban investigando. Ese cuadrado con las dos rayas a los costados.
Inmediatamente, tomó la decisión de seguirlo.
Para disimular, compró las cosas, pagando lo más rápido que pudo, y salió con las bolsas en sus manos. Aparentemente el joven andaba caminando, él lo siguió hasta un edificio, al cual prefirió no ingresar. Se limitó a estudiar el lugar, para poder explicarles todo a los de La Hermandad. Quizá pudieran secuestrarlo y torturarlo para obtener información. Sus planes maléficos fueron interrumpidos al ver que el chico volvía a salir. Esta vez, fue su bata de laboratorio la que llamó la atención de Janos.
De nuevo, lo siguió y fue así como terminó frente a un enorme edificio con pintas de hospital que estaba muy apartado de la ciudad. Sonrió al descubrir que finalmente iban a tener acción real. Cuando regresó al cuartel, sufrió un ataque e interrogatorio de porqué había tardado tanto. Les contó la historia a sus compañeros y se sintió exitoso cuando vio sus ojos brillar. Finalmente sabían que hacer.
No esperaron mucho, porque básicamente sus planes parecían funcionar si los hacían de forma improvista. Esa misma noche todos aparecieron en el laboratorio, que estaba prácticamente a oscuras. Esta vez si hubo guardias, y unas pocas personas que paseaban por el lugar cumpliendo sus funciones. Ninguno mostró alguna duda, como si fuera un movimiento planeado durante meses, ingresaron al lugar. Angel voló por los cielos, revisando el perímetro; Emma congeló a los guardias que estaban por dispararles y Erik abrió el paso, haciendo que las puertas cedieran y desarmando a cualquiera que se acercara a ellos.
El lugar era igual a casi todos los que habían visto. Esa apariencia y aroma de hospital que revolvía el estomago. Las personas que allí habían eran unas diez. Ni bien los caminos estuvieron despejados, Azazel, Raven y Janos revisaron el lugar. Estaban seguros de que allí había mutantes atrapados, era muy claro qué clase de laboratorio era ese. A Erik ya le estaba hirviendo la sangre de sólo pensarlo.
-Creo que es un buen momento para obtener información-comentó Emma, capturando la atención de Erik, mientras se acercaba a uno de los guardias y lo miraba con una sonrisa algo malvada. El magnético sonrió también, caminó hacía donde ella estaba y esa fue suficiente distracción para que uno de los guardias tocara un boton al lado de la puerta. Inmediatamente las luces empezaron a parpadear, prendiendo en rojo y blanco alternativamente.
-¡¿Qué demonios paso?!-el gritó de Raven se dejó escuchar-¡Rápido, rápido, estas cosas están...!-Ni Emma ni Erik esperaron a terminar de escuchar, inmediatamente corrieron hacía donde venían las voces. Al encontrarlos, entraron en una habitación donde había muchísimas jaulas con mutantes dentro. Unas especies de tenazas habían aparecido de la pared, sujetando unas jeringas que buscaban inyectar a los mutantes que se movían nerviosos. Erik movió la mano, tirando todas las jeringas al piso y haciendo que las jaulas se deshagan.
-Voy a matarlo-gruñó, con toda la intención de volver a donde estaba el guardia y asfixiarlo con un lindo collar de metal, pero no pudo alejarse ya que la mano de Emma lo detuvo.
-Después, ahora lo importante son ellos-dijo la chica, antes de correr para ayudar a los mutantes a salir. Muchos estaban heridos, se los veía sumamente delgados y débiles. Erik tuvo que darle la razón, con bronca se olvido de esos guardias por el momento, y se apresuró a ayudar a los mutantes. Había bastantes y de todas las edades, Azazel se apresuraba a juntar grupos y se teletransportaba con ellos, aunque no habían debatido al respecto, era obvio que si encontraban personas las llevarían al cuartel, de momento la prioridad era sacarlos de allí y ya luego irían viendo.
Erik se acercó a Raven para ayudarla con unos niños que no podían salir de esas especie de jaulas. Fue lo mejor porque, aunque a él le molestara admitirlo, su aroma a omega los calmaba bastante, sobre todo a los más pequeños que terminaban aferrándose a él. Fue una de las pocas veces que Erik realmente pensó que su dinámica servia para algo, no que a él le agradaba mucho, pero al menos una de las niñas había dejado de llorar cuando la alzó y se entretuvo oliéndole el cuello. Cuando todos estuvieron en el cuartel, comenzó el proceso más largo de reorganizar las cosas. Muchos de los rescatados ya eran adultos, ellos les ofrecieron participar en La Hermandad, pero la mayoría quería volver a sus vidas, o simplemente alejarse de todo eso. Erik no llegaba a comprenderlo del todo, después de lo que les había pasado ¿cómo podían irse así como así, sabiendo que había gente que era capaz de hacerle eso a otros hermanos mutantes?
Tuvo que aceptar que muy pocos se vieran interesados, y los pocos que dijeron que sí, igual querían retirarse un tiempo para calmarse. Esa parte tenía que entenderla, él también tuvo que descansar cuando huyo de las garras de los nazis. A los adolescentes y niños tuvieron que regresarlos a casa, era un alivio que nadie estuviera herido y eso facilitaba las cosas. Hablaron con todos ellos, intentando obtener algo de información sobre quienes manejaban este lugar y que querían lograr exactamente. La mayoría había estado drogado durante las pruebas por lo cual recordaban poco.
Todos estuvieron de acuerdo en devolver a los niños con sus padres, por más que fueran humanos... Erik no podría apartar a un niño de su madre, sabía lo horrible que era. Igualmente, se aseguraron de que estuvieran seguros, el problema fue cuando descubrieron que tres niños habían sido entregados por sus mismos padres a aquel lugar. Al saber aquello, Erik no pudo seguir discutiendo. Le ardía la sangre en las venas, y se sentía incapaz de seguir oyendo lo que sus compañeros decían. Era obvio que todos estaban en contra de que los regresaran a sus casas, pero... ¿qué más podían hacer? Tenía que pensar. Sin decir nada, se giró, buscando algo de calma para ordenar sus ideas.
-No podemos devolverlos con sus familias. ¡Fueron ellos quienes los entregaron a... a ese lugar!-protestó Emma, interponiéndose en el camino de Erik y obligándolo a detenerse. El magnético emitió un suspiró.
-Lo sé, Emma, no los devolveremos con ellos, pero tampoco se pueden quedar aquí. ¡Se supone que esto es un cuartel! No somos una guardería, ya tenemos suficiente con Mortimor, y estos... son niños muy pequeños, Em-recalcó. La rubia tenía los labios apretados y no se veía para nada conforme con esa respuesta.
-¿Qué demonios vamos a hacer entonces?-preguntó.
-Bueno... es un poco obvio, ¿no? Charles tiene una escuela-dijo a modo de respuesta. Ante aquellas palabras la chica pareció relajarse un poco, al menos estaba considerando la idea. Miró a los niños, que estaban un poco alejados, hablando con Janos y Angel, quien le mostraba como sus alas se movían.
-Esta bien-aceptó-. Ire a llamar a Azazel para que los lleves. Me imagino que tú iras-Erik asintió con la cabeza, mientras retomaba el rumbo hacía su habitación-. Asegúrate que todo este bien.
-Lo hare-prometió, antes de entrar a su cuarto. Se retiró la capa y la ropa que usaba para las misiones y se vistió con unos pantalones grises y una polera con cuello de tortuga. Tal cual Charles estaba acostumbrado a verlo. No iba a mentir, le entusiasmaba encontrarse de nuevo con su telépata, aunque solo fuera por un rato. Llevaba casi tres semanas sin verlo, y lo extrañaba. De a momentos se preguntaba si no había caído en una de esas crisis existenciales que solía tener, pero esperaba que no. La ultima vez que lo vio estaba ordenando las cosas de la escuela, entusiasmado, y tenía fe de que seguía así.
Cuando terminó, caminó hacía la cocina, donde Azazel lo esperaba con los tres pequeños. Uno lo tenía cargado en sus brazos, otro se veía muy interesado en querer atrapar su cola que se movía de un lado a otro, mientras la niña miraba expectante a Erik, esperando que se acerque. Ni bien lo hizo, se le pegó a la pierna, lo cual hizo que el magnético suspirara.
-Bien, vamos a irnos-la pequeña estiró las manos para que la alzara, pero Erik nunca había tenido ningún tipo de instinto hacía los niños, así que simplemente le palmeó la cabeza y la tomó de la mano. Aunque quisiera alzarla, no estaba seguro de cómo, y todo sería muy incomodo.
Tomó la mano de Azazel, quien sólo le dio una sonrisa divertida, y luego se desaparecieron. Segundos después estaban en medio de la mansión, la niña estaba aferrada a su pierna con más fuerza que antes, obviamente aterrorizada, a pesar de que ya se habían teletransportado antes y ya le habían explicado como era.
El primero en aparecer fue Hank, obviamente sorprendido, y al verlos sólo frunció el ceño-Hola Bestia, estamos buscando a Charles-comentó Erik, moviendo disimuladamente la pierna esperando que con eso la chica lo soltara, aunque eso no paso. Al escuchar aquello, el científico apretó los labios. Oh, definitivamente no iba a ser él quien le diera la noticia a Erik.
-Salió y volverá en un rato-comentó, acercándose unos pasos y mirando con curiosidad a los niños-¿Y estos pequeños... amigos suyos?-preguntó, inclinándose para estar a su altura. La niña, ni bien lo vio cerca, sólo rodeó la pierna del omega, queriendo esconderse atrás suyo.
-Son nuevos estudiantes-dijo Erik a modo de respuesta. No pensaba debatirlo, esos niños se quedaban ahí y punto. Con sus familias no podían volver, y con ellos no podían quedarse, mucho menos cuando se notaba que se le pegaban demasiado. Quizá era algo natural por su olor omega, pero él ya lo odiaba.
-Genial. ¿Quieren que vayamos a buscar una habi...?-el científico le estiró la mano a uno de los muchachos, el cual huyó despavorido. Al ver eso suspiró y se levantó, enderezándose-Los niños no sienten una gran simpatía conmigo-admitió, algo apesadumbrado.
-Quizá porque ese estúpido reloj te hace ver como un bicho raro-respondió el pelirrojo sin piedad. Sus ojos volvieron a pasear por la mansión-. ¿Dónde esta Charles? ¿Tardara mucho en venir?
-Les caería mucho peor si vieran mi verdadera forma-protestó, ignorando las otras dos preguntas. Prefería hacerse el tonto porque, definitivamente, él no sería quien fuera a morir. Como siempre dicen, "mata al mensajero", él no pensaba dar el mensaje. Que Charles arreglara sólito sus problemas, y lo sentía mucho por él.
-Azazel es rojo y lo adoran-comentó, girándose para ver al demonio que, efectivamente, estaba sentado en el piso rodeado de los tres niños que intentaban atrapar su cola, la cual él movía juguetonamente. Hank bufó y se apartó unos pasos.
-¡Alex!-llamó de un grito. No se sorprendió cuando, segundos después, el rubio estaba bajando las escaleras. Los ojos claros lo habían buscado, obviamente confundido y ligeramente ilusionado, pero él lo ignoró-Adivina. Tenemos los primeros estudiantes-comentó. El chico descendió la velocidad al oír eso, finalmente despegó sus ojos de Hank y miró algo confundido al resto, al ver a los pequeños sonrió y se acercó a saludarlos-. Alex tiene un don con los niños-comentó Hank cuando, al instante, la chica se despegó de la pierna de Erik y corrió a los brazos del rubio el cual la alzó sin dudar.
-Hola Erik, Azazel, ¿quienes son estas linduras?-preguntó, mientras apartaba con una de sus manos el cabello rubio que estaba desprolijamente desparramado sobre la cabeza de la pequeña.
-Son unos... amigos-finalmente habló Azazel, dejando de mover la cola ya que la atención que tenía fue robada por el recién llegado.
-Oh, genial, ¿quieren ir a elegir una habitación entonces? Hay un montón y...-el "siii" que los tres gritaron, sumamente entusiasmados, hizo que el rubio se riera. Al instante los otros dos chicos corrieron a tomar su mano, y así subieron las escaleras. Los otros tres hombres sólo le miraron, cuando se perdieron tras un pasillo, Erik se giró a mirar a Hank, con una ceja alzada.
-Realmente es muy bueno para esto-comentó, algo incrédulo. Hank sonrió un poco, ligeramente incomodo, se obligó a despegar sus ojos del pasillo y miró al omega enfrente suyo.
-Sí. Él tiene miedo de que no sera util en la escuela, pero ya le dije que sera un perfecto consejero-ahora que los niños se habían ido, no sabía qué iban a hacer los otros dos. No sabía a que hora volvería Charles, pero estaba seguro de que si Erik estaba allí todo acabaría en un caos. El problema era que tampoco podía echarlo ya que el omega notaria que algo raro estaba pasando. Lo único que podía hacer era rogar porque decidieran irse ya.
-¿Que hacemos, Erik?-preguntó en ese momento el demonio. El pelirrojo apretó los labios, mirando disimuladamente hacía la puerta. Había esperado ver a Charles, aunque sea un momento. Le costaba admitirlo, pero lo extrañaba y mucho. Dios, sonaba demasiado cursi pero le hubiera gustado darle aunque sea un beso.
-Vayámonos, aún hay cosa que hacer y...
-Podemos esperar un rato si quieres-comentó Azazel, como si nada. Inmediatamente el omega se giró para mirarle con el ceño fruncido, sus mejillas estaban ligeramente rosas. Odiaba que todos supieran que quería ver a su pareja, que lo necesitaba. Estaba por soltarle una intemperie de insultos, cuando la puerta de la entrada se abrió.
-No puedo creer que me hayas convencido, aún faltan meses y comprar todo esto es...-Charles, que venía entrando, se detuvo ni bien vio a Erik. En los brazos traía una carriola de bebe para armar, y otras bolsas. Se quedó estático, sin terminar de ingresar, y sin quitar los ojos de su pareja-. Erik-saludó, ligeramente confundido por encontrarlo ahí. Justo en ese momento, Moira se hacía lugar adentro y arrojar otras bolsas en el piso. Al escuchar ese nombre, la agente alzó el rostro y se quedó congelada al ver al omega.
El polaco los estudió a los dos un momento, durante un segundo se había visto confundido, pero ahora su expresión era fría y como si estuviera tallada en piedra. Sus ojos claros, helados, se clavaron en los de Charles, estudiándolo mientras le miraba con la ceja alzada-¿Que hace ella aquí?-fue su saludo. Charles boqueó un par de veces, finalmente terminó de entrar y dejó las cosas en el piso. Los ojos claros de Erik estudiaron la escena con atención, a cada milésima de segundo su rostro se iba descomponiendo más.
-Erik, yo... ¿podemos ir a hablar arriba?-preguntó.
-¿Que demonios hace ella aquí?-repitió, cada vez más tenso. La vena de su frente había comenzado a palpitar cosa que ponía algo nervioso a Charles. El telépata se acercó unos pasos, hasta llegar a su lado. Con algo de inseguridad tomó su mano, pero inmediatamente Erik se apartó un poco.
-Por favor, tenemos que hablar-dijo en un susurró bajo. Intentó mostrarse lo menos dominante posible, ya que sabía como era su pareja. El omega dudó, pero finalmente bufó y subió las escaleras de un trote. Charles miró a su alrededor y notó que todos los presentes lo miraban con algo de pena. Suspiró y subió las escaleras también. Tenía el corazón en la boca, estaba seguro de que todo aquello iba a terminar en desastre.
Cuando entró a la biblioteca, se encontró con que Erik estaba caminando de un lado hacia otro, como un animal atrapado. De nuevo los ojos se clavaron en él, y Charles sintió que le estaba leyendo el alma. Lo peor de todo, era que se sentía tan culpable y tan arrepentido. No sabía como iba a iniciar esa discusión, pero sabía que su pareja iba a estallar y eso lo asustaba tanto.
-Lo preguntare una vez más, ¿qué demonios hace ella aquí? Me dijiste que le ibas a decir que se vaya-el omega se paró delante suyo, fulminándolo con los ojos. Era obvio que estaba enojado, y lo peor era que iba a enojarse aún más. Él no sabía como iniciar el tema, estaba seguro de que dijera lo que dijera todo iba a acabar en un desastre, por lo cual prefirió ser sincero.
-Moira esta embarazada-soltó. Había esperado una reacción inmediata, cosas estallando, Erik gritando como loco, el metal vibrando... pero nada de eso paso. El omega simplemente le miraba, ahora confundido, y eso fue mil veces peor.
-¿Qué demonios tiene que ver eso con...?-mientras hablaba, Erik lo notó, sus ojos se iluminaron con entendimiento, y al instante adquirieron una expresión de incredulidad-No me digas que...
-Es mio-Charles interrumpió su ruego, porque si lo dejaba terminar de hablar iba a ser incapaz de decirlo. Erik se quedó estático, con la boca abierta, mirándolo como si no pudiera procesar la información. Parpadeó un par de veces y luego dio un paso atrás, buscando en que apoyarse. Se mirada había bajado al piso, lucía ligeramente desconcertado.
-Es tu amante-dijo en un susurro bajo, más para si mismo, intentando terminar de entenderlo. Al pronunciar esas palabras su corazón se detuvo un momento porque simplemente no quería creerlo. No podía ser. Charles era... Charles era suyo. Sintió que le ardían los ojos, pero apretó los labios intentando contenerse. No iba a dejar que esto lo afecte.
-No, no es así...-se apresuró a responder, queriendo acercarse. Lo que menos quería era que Erik pensara que era peor, porque ya de por si era bastante malo. Cuando llegó a su lado, el magnético se apartó nuevamente, y algo la mirada para volver a mirarlo.
-Has estado jugando. Acostándote conmigo y con ella a la vez y...-lo acusó.
-¡No es como tú lo estas pensando!-intentó defenderse. Sabía que era la peor elección de palabras que podría haber hecho. Seguramente sí era como Erik lo estaba pensando. Ni siquiera sabía como disculparse, había planeado mil formas de decírselo a su pareja, pero ninguna sonaba apropiada. Sabía que fuera como fuera todo iba a terminar estallando.
-¡Entonces, dime cómo demonios ocurrió!-gruñó. Charles se masajeó las sienes sin saber que hacer, quería acercarse a su pareja, pero sabia que era imposible. Erik lo había empujado y se había alejado varios pasos, y él podía sentir la hebilla de su pantalón empujándolo hacía atrás.
-Es complicado, Erik, estaba confundido. Tú estabas en celo, me apartabas de mi y...
-¿Fue una sola vez?-preguntó. Los ojos celestes, rodeados por venas rojas, su ceño fruncido, la forma en la que sus labios parecían querer desaparecer dentro de su boca, sus fosas nasales dilatadas, la vena que se marcaba sen su frente y su piel enrojecida, formaban un conjunto realmente aterrador. Charles apretó los labios sin saber que responder, sentía los ojos arderle, quería llorar. Quería llorar porque era un idiota, porque había hecho todo mal, porque por culpa de la calentura ahora su relación estaba tambaleando. Aquellos exigentes ojos le mantenían la mirada, parecían penetrarlo, conocer todo en él y acusarlo. No pudo soportarlo, y bajo la cabeza, centrando la vista en el piso, el flequillo le cubría ligeramente el rostro. Eso fue suficiente para que Erik conociera la respuesta-Claro que no-dijo resignado. Había retrocedido hasta que su cuerpo chocó contra el escritorio, se apoyó en este y cerró los ojos queriendo calmarse.
Se sentía tan dolido, traicionado, justamente por Charles, por el hombre que pensó que jamas lo dañaría. Por su pareja. Se llevo la mano a la frente y se revolvió el cabello. No sabía que hacer, tenía un nudo atorado en el pecho, y su cuerpo temblaba sin que el pudiera controlarlo.
-Claro que no-repitió, su voz sonaba tranquila pero cansada, aun dolida-. ¿Desde cuando, Charles? ¿Desde que la conoces? ¿Desde antes de conocerme? ¿Antes de la primera vez que estuvimos juntos, o después? O durante...-dejó escapar una risa que se mezcló con un sollozó. De sólo pensarlo le dolía, sentía que el alma se le partía. Recordaba toda la historia que los unía, todos los momentos que compartieron, y solo podía verlos desde una perspectiva distinta. Recordaba cuando jugaban al ajedrez, y lo imaginaba a Charles con Moira, recordaba su primera cita, y pensaba en ellos dos en el mismo auto haciendo el amor, recordaba en su primer beso y se preguntaba si esa misma noche él la había follado. Recordaba cuantas veces se preguntó si algo pasaba entre ellos, y cuantas veces lo ignoró... primero porque Charles no era su pareja, luego porque prefería no pensar en ella-. Cuando me fui de aquí... fue porque tu la defendiste, ella se burló de mi por estar en celo y la defendiste ¿ella sabia que eramos pareja? ¡Joder, Charles! ¡¿Acaso todos sabían esto menos yo?!
-Por dios, Erik, claro que no. Yo te amo y jamas...
-¿Después de que estuvimos juntos por primera vez... estuviste con ella?-los ojos del omega estaban cristalinos, y Charles odiaba verlo así, aun más si sabia que era su culpa. Quería negarlo, pero no podía mentirle. Arrugó sus cejas, con dolor y abrió la boca un par de veces, queriendo decir algo, cualquier cosa que lo excuse, pero nada venia a su cabeza. Erik supo entenderlo bien, y volvió a reír, casi sin hacer ruido-La ultima vez que estuve en celo, ella estaba aquí... los encontré en el pasillo, ¿acaso...?
-¡No, no, no! Desde que me reconociste jamas JAMAS volví a tocarla. Ella quería decirme lo del embarazo, pero desde que tenemos nuestro vinculo jamas nunca miré ni miraría a alguien más. Eres el amor de mi vida y...
-¡¿Entonces porque demonios me has estado mintiendo?! ¡Tu sabias que era tu pareja! Sabías que teníamos que estar juntos ¡Y me lo ocultaste! ¡Estabas conmigo y estabas con ella! Te enteraste del jodido embarazo y no me dijiste nada. ¡¿Que maldito y enfermo juego estas jugando, Charles?! ¡¿Por qué demonios no me respetas como ser humano, como pareja y dejas de querer manipularme?! Pensé que me amabas, pensé que me respetabas, pensé que me considerabas tu igual... Te creí un santo joder, por todo tu esfuerzo, por lo que peleaste por mi y estabas... ¿estabas acostándote con ella? Y todas esa cosa que dijiste, de que te costó tanto estar a mi lado y no poder tocarme, que no te reconociera y...
-¡Todo esto pasó porque no me reconociste!-no había querido que sonara como una acusación, pero eso fue exactamente lo que paso-cuando paso yo... tu estabas en celo y yo estaba caliente, y no podía tocarte y ella... joder, Erik. Y cuando se repitió siempre fue así, yo estaba pensando en ti y... ¡Luego te fuiste! ¡Me dejaste solo, en Cuba! Y... yo no sabia que pensar y ella vino y...-no pudo terminar el discurso, porque, sorpresivamente, un adorno que había estado su escritorio se estalló contra su pecho. Afortunadamente era pequeño y no le hizo daño, pero, segundos después, ante sus incrédulos ojos todo lo que estaba en el escritorio empezó a volar en todas direcciones, arrojado por furioso Erik que se movía errático. Las lagrimas caían por las mejillas del polaco, mientras su ira no le dejaba pensar en más que en romper todas las cosa que estaban allí. Se odiaba así mismo porque ya no podía controlar el llanto, se odiaba por ser débil. Principalmente se odiaba porque todo esto le afectaba y porque, muchos años atrás, se juró así mismo que nunca un alfa volvería a lastimarlo, de ninguna manera.
Al verlo tan angustiado, Charles tuvo el impulso de acercarse. Quería calmar a su omega, quería consolarlo, se sentía demasiado afligido ya que era consciente de que todo eso era su culpa-Erik, cariño, por favor...-sólo alcanzó a dar unos pasos, antes de que Erik estirara la mano y su cinturón lo obligara a retroceder-. Por favor, déjame acercarme, Erik yo...
-Te odio-el omega se había detenido, ni bien dijo esas ase derrumbó, cayendo sentando al piso. Eso pareció no importarle, le miró de nuevo, ahora serio, con sus ojos rojos fulminándolo. Se limpio las lagrimas con bronca, y luego sonrió de una forma extraña. Sus ojos, nariz y boca estaban enrojecidos, se veía demasiado triste y extraviado, y el alfa dentro de Charles aclamaba por consolarlo-. Pero esto es lo que querías, ¿no Charles? Union entre humanos y mutantes, ¡y vaya forma!-dejó escapar una carcajada sarcástica-Y una familia, dijiste que querías una familia. Y ya la tienes, mamá, papá, y bebe. Nada más perfecto-esos ojos ahora lo miraban de una forma en la que nunca antes lo hicieron. Igualmente, Charles conocía esa expresión, era el mismo resentimiento con el que Erik había visto a Shaw, ese dolor y esa bronca, y esa desilusión. Él conocía esa mirada porque Erik lo miró así mientras mantenía congelada la mente del nazi, pudo verlo a través de sus ojos... pero nunca, jamas, se imaginó que lo vería así a él-. Te felicito.-mientras dijo esto ultimo, se levantó. De nuevo, Charles intentó acercarse, pero el cinto no dejaba de empujarlo hacía atrás.
-Erik, por favor. No puedes irte así, tienes que escucharme yo...
-Creo que ya lo escuche todo. Te acostabas con ella, engendraron un bebe, vas a ser papá. Ahora quiero que me dejes tranquilo...
-Joder, Erik, si no me escuchas tendré que...-se llevó los dedos a la sien en forma de amenaza. Erik gruñó y al instante un collar de metal rodeó el cuello de Charles.
-Estoy realmente jodido, así que si llegas a meterte en mi cabeza, juro que voy a asfixiarte-le advirtió, y por el tono de su voz parecía hablar muy en serio. De nuevo, Charles sólo recordaba haberlo visto así de sacado una vez, durante el enfrentamiento con Shaw-. No quiero volver a verte-sin esperar respuesta, se apresuró a salir de allí, cerrando la puerta con fuerza. Bajó las escaleras a toda velocidad, ansiando poder marcharse. Justo cuando terminó de bajarse, se chocó con el cuerpo de Azazel. Compartieron una mirada y el mutante rojo no dudo otro segundo para tomarle la muñeca y desaparecer.
Fue ese el momento en el que Charles se sintió libre del metal, esperanzado de poder encontrarlo, salió del estudio corriendo tan rápido como sus piernas se lo permitían. Cuando llegó cerca de las escaleras, tuvo que aceptar lo inevitable de que Erik se había marchado. La angustia lo llenó y se dejó caer al piso sin saber que más hacer. Enterró el rostro entre sus piernas, y dejó que el llanto lo embargara. La había cagado, la había cagado tan grande.
Erik tenía razón en odiarlo, tenia razón en irse, tenia razón si jamas quería volver a mirarlo.
La simple idea de una vida separados lo llenaba de angustia. No supo cuanto tiempo estuvo llorando, solo sabía que no había forma de que el dolor en su pecho se calmara. Las lagrimas parecían no tener fin y el sufrimiento tampoco. Se sobre saltó cuando una mano se poso en su hombro. Levantó la cabeza rápidamente, y sus ojos chocaron con los castaños de Moira que lo miraba con pena.
-Lo siento tanto-susurró ella, mientras le rodeaba un hombro con los brazos. Charles apretó los labios y se dejó abrazar, aunque no era de ella de quien quería consuelo.
-Me odia-susurró con dolor. La castaña suspiró mientras le acariciaba la espalda.
-Ya lo entenderá-respondió, acariciándole de manera circular, deseando que se calmara. Sentía la espalda temblar bajo sus manos y eso la estaba matando. Sabía que gran parte de la culpa era de ella y no podía evitar sentirse arrepentida. Pero las cartas habían salido así y ya no había mucho más por hacer, sólo le quedaba consolar a Charles y rogar porque Erik lo perdonara-. Lo siento tanto, Charles, por todo esto. Sé que es mi culpa, yo...
-No Moira, yo me lo busque sólito-la interrumpió, mientras volvía a enterrar el rostro entre sus piernas. Sabía que podía culparla, ella se dejaría, pero no sería justo, de eso era muy consciente. Nadie lo obligó a estar con ella, fue su propia decisión. Al final de cuentas, Erik tenía razón, quiso manipularlos a todos. No confió en su omega, debió decirle, debió ser sincero y quizá esto no hubiera pasado.
La había cagado, la había cagado tan mal.
CHERIK**CHERIK**
Cuando aparecieron en el cuartel, Erik se apresuró a soltar a Azazel y huyó al baño. Se arregló lo mejor que pudo y se obligó a enterrar el nudo de su garganta y actuar el resto del día como si nada. Lo logró bastante bien, a pesar de que veía los ojos de Raven y Emma mirarlo con atención. Prefería ignorarlas, no quería hablar con nadie, quería olvidar. Estaba enojado y dolido, pero tenía la esperanza de que si se distraía lo suficiente, iba a poder superarlo.
Pero claro, la noche siempre tiene unos planes distintos a los nuestros. Horas después se encontraba en la cama, sin poder dormir, y mirando fijamente el techo. Estaba concentrado en su respiración porque sentía que si llegaba a hacer un solo movimiento inadecuado el nudo en su pecho se desarmaría y las lágrimas comenzarían a caer, y no quería dejar caer ninguna porque estaba seguro de que una vez que empezara no podría parar.
Tenía la fe de que podría dormirse ignorando ese dolor, quería creer que mañana despertaría mejor. Pero primero tenía que dormirse.
Pasada la media noche, la puerta de su cuarto se abrió. Él no se sorprendió tanto cuando, al girarse, encontró a Emma caminando tranquilamente hacía a él-Todo el metal esta temblando de una forma muy extraña-comentó ella, mientras terminaba de acercarse a la cama, y con un movimiento elegante y fluido se sacaba los tacones. Luego, se trepó al lecho, y gateó hasta llegar al lado de Erik-. Parece a punto de estallar-comentó ella, acomodándose.
-No me toques-susurró él, a modo de respuesta. Pero la rubia lo ignoró, y con un movimiento firme lo atrapó entre sus brazos y lo acercó a su pecho. El omega en un principio se resistió, pero, ni bien se movió, el nudo en su garganta cedió y las lagrimas comenzaron a caer. Tal cual había predicho, ni bien cayó la primera, no pudo detenerse. Su cuerpo empezó a temblar, y segundos después se encontraba aferrado al cuerpo de la rubia-. Joder, me siento un jodido crió. No puedo dejar de llorar y...
-Esta bien, Erik, es normal-lo consoló ella, acariciando su espalda y meciéndolo suavemente entre sus brazos. Podía sentir su angustia gracias a la telépatia, y eso le dejaba notar cuanto estaba sufriendo.
-No entiendo porqué demonios me afecta tanto, porque estoy tan sensible. No puedo ni pensar en él que...
-Es normal, es tu pareja. La traición te hace sentirte así-le acarició el cabello, apartándolo de su frente, observando esos ojos rojos que estaban enfocados hacia la nada. De nuevo, limpió sus lagrimas, no sabía cuantas veces lo había hecho ya, pero no dejaban de caer.
-Odio sentirme así, nunca fui así. Lo odio, lo odio. Joder, quiero odiarlo y no puedo-de nuevo se aferro a ella. La telepata sólo pudo seguir acariciándolo y dejándolo llorar. Sabía que era lo mejor, que necesitaba descargarse, porque no quería que se repitiera otra vez la historia de cuando se guardaba cosa y estallaba en cualquier momento.
-Esta bien, sugar, solo déjate llevar-lo meció entre sus brazos mientras tarareaba una canción, no sabía que más hacer. Estuvo así casi hasta la mitad de la noche, esperando pacientemente que se calmara. Para ese punto. Erik ya estaba medio atontado y con fuerte dolor de cabeza. Ella, sin culpa, tocó su frente y lo puso a dormir. Estaba bien que se descargara, pero había ciertos limites que era preferible no pasar.
Se recostó a su lado y se dispuso a dormir también, manteniendo una mano en la frente ajena, dispuesta a calmar sus sueños.
Jodidos y sensibles omegas. Pero... ella lo entendía perfectamente, hacía mucho tiempo también le tocó vivirlo. Las relaciones... las relaciones eran una jodida mierda. Pero creía que no había nada que el descanso no podía curar.
Espero que les haya gustado, perdon si resulto muy densa la parte de la busqueda y rescate. Espero que no u.u
En fin, muchas ganas de matarme?
Ojala que no xD Los quiero o3o
