¡Hola a todos! Después de mucho traigo el capi :D Espero que les guste. Mil gracias a todos los que me dejaron comentarios! Los amo.
Nos leemos al final, enjoy!
SIN OPCIONES
Acababan de regresar de una frustrante misión. Encontrar a los líderes de esa organización que había secuestrado a los mutantes era mucho más difícil de lo que pensaron. El problema principal era que no tenían ningún nombre que estuviera directamente relacionado, sólo tenían ese logo indescifrable, el cual no habían encontrado estampado en ningún otro lugar. El listado de nombres que tenían, era de los mutantes que ya habían liberado o estaban desaparecidos o muertos. Básicamente, la única persona que quizá supiera algo (y ni siquiera eso era seguro) era el mutante a quien tenían inconsciente en una camilla. A esta altura, sinceramente, ya ninguno esperaba que despertara pero se negaban a abandonarlo en un hospital. Ya habían secuestrado a innumerable cantidad de médicos para que lo revisaran, pero nadie sabía decirles nada.
Estaban en un terreno sin salida y eso los tenía sumamente frustrados a todos. Ese día habían recorrido varias partes del estado, distintos laboratorios, esperando encontrar algo que los conectara con las desapariciones mutantes o con ese logo que tenían, pero no habían encontrado nada.
-Ya dije que se están escondiendo. Y no de nosotros, de alguien más. Alguien más poderoso los está buscando-protestó Emma, sentándose en el sofá del living y encendiendo la televisión que hacía algunos días Azazel había robado de un local-. Pero nadie puede informarnos, nadie. No sabemos a quién estamos buscando, cuántas personas son, cerca de dónde están, porqué nos están secuestrando y...
-Tranquilizate, Emma-comentó Erik, apoyándose en la heladera y mirando al resto de sus compañeros-. Sólo tenemos que seguir buscando, en algún momento van a dejar alguna pista y...
-¿Pero y mientras tanto? Ni siquiera funcionó reclutar gente, de todos esos mutantes que salvamos ninguno quiso quedarse-agregó la rubia, girando el rostro para mirar al omega. Este suspiró y negó con la cabeza.
-Me temo que no hay más por hacer. También me gustaría estar haciendo otra cosa, algo más productivo, algo que realmente represente un cambio para todos nuestros hermanos. Pero no estamos en un momento apropiado para volvernos visibles, nosotros somos pocos, los mutantes de Charles no están dispuestos a pelear... igual a todos los que hemos salvado. Básicamente, sólo contamos con quienes están en esta habitación. Somos un número reducido, mostrarnos no sólo hará que todas las fuerzas posen sus ojos sobre nosotros, sino que además será aún peor para aquellos mutantes que se encuentran completamente solos. Nuestra existencia es, por el momento, un secreto que ronda entre los pasillos de los gobiernos y las fuerzas armadas. Justo ahora, es mejor que el resto de la humanidad no lo sepa.
-Erik tiene razón, Emma. En este momento no nos queda más que esperar-acordó Angel, aunque no se escuchaba muy conforme al respecto. La rubia suspiró y volvió a acomodarse en el sofá, ordenando su vestuario para que luciera tan espléndido como siempre.
-La vida de una super villana es más aburrida de lo que pensé-comentó. Erik rodó los ojos, y luego continuó con paso firme hacia su habitación. Una vez en ella, se recostó en la cama y se quedó mirando fijamente el techo. Necesitaba encontrar una forma de localizar al que estuviera detrás de todo esto, o al menos a quien lo estaba buscando.
Se pasó las siguientes horas devanándose la cabeza, pensando en qué demonios tenían que hacer para salir del estanque en el que estaban. Pero todo era demasiado complicado. Revivió en su mente cada uno de los laboratorios que visitaron ese día, intentando notar algo que hayan pasado por alto, una pista, una señal. Mas no podía recordar nada que hiciera el gran cambio, ellos habían estado atentos a todo. Si hubiera algo que fuera importante, lo hubieran notado.
Intentó pensar en una nueva estrategia que pudieran usar a partir de ahora, pero tampoco tenía suerte. Le ponía nervioso la idea de que, quizás, había una guerra a punto de desatarse y ellos no estaban ni enterados. Tal vez estaban demasiado enfocados en Estados Unidos; cuando él rastreó a Shaw lo buscó por todo el mundo, quizá deberían expandir su área. ¿Pero hacía dónde? Ni siquiera tenían un mísero chivo expiatorio.
En el momento de su batalla con Shaw, todo había sido más claro, sabía hacía donde ir. Pero ahora estaban completamente a oscuras, y a él le costaba demasiado estar sin rumbo. Sentía la necesidad de pelear en las venas, pero no había nada por hacer. Eso lo llenaba de frustración.
Siguió meditando hasta que notó que su estómago gruñía, frustrado y de mal humor, se levantó y salió del cuarto rumbo a la cocina. Pero antes de entrar, se detuvo justo en la puerta al ver que Azazel y Raven estaban sentados en el sofá. Ya era bastante tarde y lo más seguro era que el resto de sus compañeros estuvieran durmiendo. Erik se quedó en la puerta sin animarse a interrumpirlos. Se veían bien, sentados allí, juntos. Raven estaba sentada casi encima del hombre, su hermosa piel azul contrastaba contra la roja de su compañero, y el negro de su traje. Eran tan distintos y complementarios, ambos tan salvajes, ella completamente desnuda y el vestido. Estaban hablando en susurros y entre besos, sus ojos amarillos parecían brillar de la emoción.
Lucían completamente enamorados. Allí, besándose, acariciándose, riendo. Sintió un tirón en el pecho, una especie de remordimiento, al recordar que él y Charles casi no tenían oportunidad de estar así. Siempre había algo que parecía arruinar su felicidad, nunca tenían un momento prolongado de paz. Las veces que podían compartir como una pareja normal eran breves, siempre algo los tenia nerviosos, siempre estaban próximos a una despedida, nunca podían amarse sin miedo a que el tiempo los haga apresurarse.
Llevaba casi semana y media sin verlo, y notaba que lo extrañaba. Últimamente habían pasado demasiado tiempo separados, sobre todo esa tres semanas donde estuvieron peleados. Necesitaba verlo, extrañaba su sonrisa, su calor, su voz. A veces deseaba que el tiempo pudiera detenerse mientras ellos estaban juntos, pero sabía que eso era imposible. Ambos tenían demasiadas responsabilidades, ambos tenían su propio grupo, sus propias guerras pero... pero... miró el reloj de la cocina y pensó que, al menos por esa noche, podría escaparse un rato.
Se fue, sin tener la necesidad de avisarle a nadie. Estaba seguro de que Emma era muy consciente de lo que iba a hacer, después de todo, la telépata parecía estar involucrada en cada detalle.
Salió a fuera, con su mano acercó una lámina de metal, en la cual se paró encima y luego comenzó a moverse rumbo a la mansión. Por suerte, si bien estaban alejados, no era un camino tan largo. Cuando llegó a la mansión, pensó en entrar directamente por la ventana de Charles, pero el estómago le recordó que tenía hambre y, además, recordó a Emma y le pareció que su amiga no se sentiría muy orgullosa de que entrara como si estuviera escondiéndose. No, tenía que ingresar por la puerta principal, como el dueño y señor. Después de todo, aún le ardían las venas por saber que Moira se encontraba allí y la idea de imaginarla, paseando sin pena ni culpa por los pasillos y de él entrando a escondidas por la ventana, le resultaba sumamente molesta.
Descendió frente a la puerta principal, a pesar de ser de noche, varias luces estaban encendidas lo cual indicaba que no estaban durmiendo. Se preguntó si habría pasado algo, pero luego recordó que la mansión estaba llena de jóvenes, niños, y eran muchas personas que sin duda se comportaban muy distinto a los compañeros que él tenía en La Hermandad. Abrió la puerta e ingresó, miró a su alrededor para ver si encontraba a alguien pero no tuvo suerte. Pensó en pasar directamente para el cuarto o despacho de Charles, pero unos ruidos en la cocina le recordaron nuevamente su hambre, y se dirigió allí con la esperanza de encontrar a alguno de los jóvenes cocinando.
Grande fue su decepción al encontrar a Moira, sentada, comiendo lo que parecía un bocadillo nocturno. La chica lo miró con completa sorpresa, cosa que sólo lo molestó más ¿por qué esa humana lo observaba como si fuera extraño que él estuviera allí? ¡Esa era más su casa que la de ella! La joven boqueó un par de veces y luego, notablemente nerviosa, se levantó a buscar agua para su vaso que estaba vacío. Erik pudo apreciar la curvatura de su vientre, y sintió una molestia cosquillear en la boca del estomago. Realmente no sabía qué decir, sentía un sabor desagradable en la boca y sólo se le ocurría insultarla, pero verla en ese estado lo detenía.
-Erik-murmuró ella, luego de que bebió un poco de agua-. No esperaba verte-admitió, regresando con paso lento a su silla.
-Es mi casa, ¿verdad?-dijo, con la voz sumamente segura. Los ojos castaños se clavaron en los suyos y la chica asintió imperceptiblemente.
-Si, lo es. Es sólo que no me lo esperaba, no sueles estar mucho por aquí y...-la mirada fría que le dedicaron esos ojos claros la hicieron guardar silencio. Dio otro sorbo a su vaso y contuvo el aliento unos minutos-. Charles debe estar muy feliz de verte. Te extrañaba-agregó. Erik emitió un bufido, sin duda lo que menos quería era que esa beta le hablara sobre su pareja. Charles era SUYO, ella no tenía porqué hablar sobre él. La mujer notó su molestia y, nuevamente nerviosa, se levantó-¿Quieres comer algo?-interrogó, tomando un plato para servir un poco de comida, lo mismo que ella estaba comiendo. Lo colocó en un extremo de la mesa y lo miró con una tímida sonrisa. Obviamente,l quería hacer las cosa bien, Erik contempló el plato pero, a pesar del hambre que tenía, no quiso acercarse. Moira se sentó de nuevo y dio un bocado-. Esta rico.-comentó.
-No me apetece-mintió. Sinceramente, no tenía ganas de comer a su lado, no le importaba cuanto le interesara a ella mantener una buena relación. La chica suspiró, cerró los ojos un momento y luego volvió a mirarlo con esa determinación que solía tener tiempo atrás y que a él le molestaba tanto.
-Erik, sé que todo esto es incómodo. Quiero disculparme por todo lo que ha pasado entre nosotros. Realmente quiero que a partir de ahora tengamos una buena relación, vamos a tener que vernos el uno al otro por el resto de nuestras vidas y...
-Si el hijo es de Charles-le interrumpió él. La chica se quedó perpleja un momento, obviamente creía que él no sabía ese dato. Sus mejillas se pusieron sumamente rojas y boqueó un par de veces.
-Charles está dispuesto a ayudarme, pase lo que pase. Además, yo estoy segura que el niño que tengo es suyo y...
-Bueno, obviamente estas segura de que el padre es el mejor postor. Es decir, estás segura de que el padre de tu hijo es Charles, un adulto responsable, con una carrera, dinero, amable... en vez de un adolescente. Creo que estas segura de lo que te conviene-no pudo evitar decir. La chica inmediatamente frunció el ceño y apretó los labios.
-Yo no estoy haciendo todo esto porque sea una conveniencia para mi que el hijo sea de Charles, ¿sabes? Yo tengo un trabajo que me es muy bien remunerado y soy una persona capaz de hacer esto sola, pero quiero ser responsable y avisarle al progenitor para que mi hijo tenga la mejor vida posible. De cualquier manera, nada de esto es de tu incumbencia. No tienes porqué faltarme el respeto ni ser descortés. Estoy esforzándome porque nos llevemos bien y podamos relacionarnos pacíficamente, sólo porque soy una persona racional y consciente de que todos nosotros necesitamos una buena relación, principalmente por Charles, porque que nosotros nos llevemos mal influye en...
-Por favor, Moira, nunca te ha interesado ser agradable conmigo, ni siquiera antes cuando éramos un equipo, y a pesar de que sabías que Charles y yo éramos muy cercanos. Ahora te interesa porque sabes que te conviene llevarte bien conmigo, pero adivina qué: a mi nunca me interesó y nunca me interesara. No soy descortés contigo, pero tampoco pretendo ser amable. Si decirte la verdad en la cara es ser descortés, es un problema tuyo y no mío. Soy tolerante con el hecho de que posiblemente tengas un hijo con mi pareja, pero eso no implica que cambie mi comportamiento. Agradece que no estoy ahorcandote por atreverte a tocar a MI pareja.
-Eres un completo patán, Erik-protestó ella, con una expresión de sulfura. El puso su mejor sonrisa, de costado y completamente arrogante.
-Lo sé, y me encanta. Es mi papel de villano ¿sabes? En cambio el tuyo es muy similar al de una... ¿zuripanta?-la miró algo divertido, sin borrar su expresión de autosuficiencia. Luego se giró y se alejó de allí, caminando completamente decidido hacia el segundo piso. Si, le dolía el estómago por el hambre, pero no pensaba probar ni un bocado del plato que le sirvió esa estúpida. Ante todo estaba el orgullo. Emma tenía razón, tenía que dejar bien claro los papeles allí: él era el amo y señor, ella sólo era una intrusa.
Cuando terminó de subir las escaleras, sólo dio unos pasos por el pasillo antes de ver que Charles se asomaba por la puerta del despacho, con una incrédula sonrisa-Erik-lo saludó con emoción, caminando rápidamente hacia a él-. Sentí tu presencia-aclaró cuando llegó a su lado. Se veía realmente feliz de verlo, y él no pudo evitar sentirse un poco culpable de no darle ese tipo de sorpresas más seguido-. Te siento un poco molesto, darling-comentó, y apoyó suavemente su mano en el hombro del omega. Erik le miró un momento, estudió sus ojos azules y sus labios rojos y no pudo evitar pensar lo mucho que le molestaba no haber sido la única persona en la vida que lo besó. Aparentemente, Charles leyó sus pensamientos porque le miró con la ceja alzada y una sonrisa divertida. El pelirrojo frunció el ceño, acomodó su mano rápidamente en la nuca ajena y luego lo jaló, reclamando sus labios en un posesivo beso. Charles gimió contra su boca y se abrazó a su cuello, dejándose hacer mientras Erik lo empujaba contra la pared.
-Me crucé con Moira-admitió, cuando lo tuvo encerrado entre sus brazos, sus labios casi no se separaron.
-Lo sé-susurró Charles en respuesta, luciendo algo arrepentido-. Lo siento, darling, pero tienes que entender que ella está aquí y...-al decir esa palabras, sintió la otra mano de Erik apoderarse fuertemente de su cintura, acercándolo lo máximo posible. No pudo evitar que eso le robara otra sonrisa-. No puedo negar que me gusta cuando te pones celoso-admitió, mirándolo de forma coqueta. Erik seguía bastante serio, aunque se relajó un poco cuando las manos de Charles comenzaron a acariciar los cabellos de su nuca.
-No me gusta verla aquí-se sinceró, recargando su cuerpo contra el del alfa, dejándole sentir la firmeza de sus músculos. Su nariz se deslizó por la piel de la mejilla, olfateando el delicioso aroma de su pareja, y cuando llegó a su oído gruñó suavemente-. Quiero follarte, quiero que sepa que eres mio, quiero que te escuche gemir y...
-Que nos escuche gemir a ambos-le susurró en respuesta, arqueándose mientras bajaba su mano al trasero de Erik y lo apretaba suavemente. Eso hizo estremecer al omega, disminuyendo sólo por un momento su aura dominante-. Vamos al cuarto Erik-susurró Charles, colando sus dedos en la cinturilla del pantalón ajeno.
-Preferiría follarte aquí y que nos vea-Charles le respondió con una risita, compartieron un nuevo beso, antes de que avanzaran a pasos tanteados rumbo al cuarto. Una vez que estuvieron a dentro, Erik empujó a su alfa a la cama y rápidamente se le fue encima, sus labios demandantes se apoderaron de los ajenos, tomando el completo control. Sentía su cuerpo febril, estaba ansioso y, sobre todo, tenía la necesidad de marcar ese cuerpo como suyo. Descendió con su boca, regando mordiscos por el pálido cuello. Succionó sobre la vena aorta, como si fuera un vampiro, lamió y mordió los tendones del cuello, tironeó con sus dientes la piel de la clavícula, y luego sus ojos estudiaron con orgullo el desastre de marcas que había dejado a su paso.
Chales lo miraba, respirando agitado, y con sus ojos azules derretidos que lucían como dos profundos pozos de agua. Sus labios rojos y húmedos tenían una sonrisa de suficiencia y coquetería que sólo lograban que Erik se sintiera más excitado. Su alfa era tan guapo, era un lío de colores fuertes destellando en su blanca piel y contrarrestando con su cabello oscuro. La sangre de su cuerpo descendió hacia su virilidad y, olvidando completamente lo pudoroso que solía ser en sus primeros encuentros, se frotó contra la pierna del castaño para que pudiera sentir lo necesitado que estaba. El telépata sonrió y, a pesar de lo erótico de la situación, a los ojos de Erik se veía como un inmaculado ángel. Ángel que él quería corromper.
-Me encanta cuando te pones posesivo, darling-admitió el telépata, mientras sus manos acariciaban la remera de Erik, levantándola suavemente para tocar la piel de su espalda.
-¿Si?-preguntó algo incrédulo el pelirrojo, nunca se imaginó ningún alfa diciéndole eso. Era bastante agradable que el suyo no tuviera ningún problema con su posesividad o su vena dominante. El castaño volvió a sonreír y asintió.
-Me gusta cuando te pones como una bestia salvaje-susurró, relamiéndose los labios, logrando que la vista del mayor se posara en ellos-. Que sólo piensas en el placer y en dominar, y entonces usas mi cuerpo a tu antojo-al decir aquellas palabras, comenzó a moverse suavemente, serpenteando su cuerpo debajo del de el omega, de forma insinuante. Su muslo se frotaba suavemente contra la entrepierna ajena, logrando que Erik comenzará a respirar cada vez más agitado-. Me gusta cuando me haces tuyo. Me gusta sentirte dentro de mi-eso último se lo susurró al oído y fue suficiente para que la cordura del magnético volara por los cielos.
Su boca ansiosa y sedienta del sabor de su alfa volvió a reclamar los labios ajenos, mientras sus manos rápidamente empezaban a tironear la ropa, queriendo dejarlo desnudo entre sus brazos. Con movimientos firmes pero desesperados, le arrancó el pantalón y gimió de placer al sentir ese boxer apretado y caliente chocar contra su abdomen. Charles también gimió, sobre su boca, y Erik fugazmente se preguntó si el telépata se había comportado así entre los brazos Moira. Un cosquilleo en su cabeza apartó esos pensamientos y, aunque tenía plena conciencia de que era Charles jugando con su mente, no le molestó. No quería pensar en ella ahora.
Fue sólo un segundo, pero la imagen de la castaña aumentó su posesividad. Sus manos estrujaron las nalgas ajenas, que ya estaban desnudas. Coló sus dedos entre la tela del bóxer, para poder sujetarlas y amasarlas a su antojo. Charles volvió a gemir y se frotó contra él, mientras sus manos también le bajaban el pantalón y la ropa interior para que sus entrepiernas tuvieran más contacto. Erik suspiró con placer al sentir el aire fresco sobre la sensible piel de su verga. Motivado por el calor que sentía, y las ganas de acelerar las cosas, se sacó la remera por encima de la cabeza, de forma sensual, exhibiendo su delgado pero musculoso cuerpo, esperando que ello motivara a su pareja.
Después, con la misma ansiedad, quitó la camisa y los bóxers ajenos y, cuando estuvieron completamente desnudos, volvieron a tirarse sobre las sábanas para hacer un desastre con sus extremidades y las telas. Erik besó cada parte de piel que tenía cerca, mientras sus manos, que se habían apoderado de los muslos ajenos, hacían que Charles abriera las piernas y le diera lugar entre ellas. Se movió contra él como si fuera un animal en celo, frotando sus virilidades y emitiendo gruñidos que esperaba que se escucharan por toda la casa. Se había olvidado completamente de sus recatos anteriores, de su necesidad de que nadie los oyera, ahora quería que todos supieran que se estaba follando a Charles, quería que ella lo sintiera.
-Ohh, Erik-como si hubiera leído su mente, Charles gimió con fuerza mientras tiraba la cabeza hacia atrás, intentando dominar su cuerpo al sentir los dedos del pelirrojo acariciar su entrada. En poco segundos, su esfínter comenzó a palpitar al sentir esos suaves roces, prácticamente rogando por ser atravesada. No tuvo que esperar mucho, uno de esos dedos firmemente se coló dentro suyo, estaba lubricado (el telépata podía adivinar que era con los fluidos de Erik) y su cuerpo no opuso gran resistencia. Sentirse de nuevo lleno, después de un tiempo largo, hizo que su cuerpo se estremeciera de gozo-. Follame Erik-demandó, agitando sus caderas suavemente para sentir ese dedo, que en pocos segundos se convirtió en dos, moviéndose dentro suyo.
-Te amo, te amo, te amo-murmuró el omega, tan tonto e incoherente como se ponía durante el sexo. Charles podía sentir el cambio en su mente cuando estaban en esas situaciones, normalmente Erik era un hombre centrado, metódico, eficiente y práctico pero cuando lo dominaba la pasión se volvía necesitado, incongruente y hambriento de más, sobre todo si se olvidaba de sus pudores. En esos momentos su mente sólo pensaba en más, y más, y más, y su cuerpo actuaba conforme a ello, pero su boca quedaba completamente idiotizada y era casi imposible que formulara una oración compleja. Oh, y Charles era un hombre que disfrutaba de hablar sucio-. Mio, eres mio-pero no importaba tanto, podía vivir sin charla sucia siempre y cuando sintiera esas demandantes manos moldeando su cuerpo, exigiendo todo de él para complacer a semejante espécimen.
-Follame Erik, quiero sentirte dentro de mi. Te necesito-las sexys palabras fueron acompañadas con un acto aún más sensual, al menos según Erik: Charles llevó sus manos a sus nalgas y las separó, mientras acomodaba sus piernas en los hombros ajenos. Era una clara invitación que el magnético no podía rechazar. Rápidamente empapó sus manos con sus flujos y la llevó a la dispuesta entrada para terminar de humedecerla. Con firmeza tomó su miembro, que rogaba por atención, y lo acarició un poco, delineando con su pulgar las venas sobresalientes que demostraban su necesidad. Se relamió los labios mientras lo acomodaba sobre esa dulce y rosada entrada y, sin apartar sus ojos del perverso acto, comenzó a penetrarle suavemente. Aunque una parte de él se moría por ver la expresión de placer que Charles ponía, simplemente era incapaz de despegar su mirada de cómo su miembro se iba abriendo paso a paso en ese cálido interior. Recién cuando su pubis chocó contra las nalgas ajenas fue capaz de levantar el rostro y, al verlo, tuvo que respirar profundo para no venirse en ese instante. Charles, desparramado en la cama, con el pelo revuelto, las mejillas sonrojadas, los labios hinchados y los ojos oscuros de deseo, era la cosa más jodidamente sensual que hubiera visto en la vida. No pudo darle tiempo para acostumbrarse, no con esa sexy imagen, tenía que follarse ese delicioso cuerpo y, antes de procesarlo si quiera, sus caderas ya estaban moviéndose.
Sujetó las piernas del telépata y las acomodó mejor sobre sus hombros, yéndose aún más encima suyo y logrando enterrar su pene aún más adentro. Charles gimió y estiró sus manos buscando abrazarlo pero, al no alcanzarlo, se conformó con tirar sus brazos hacía atrás y sujetar la almohada. Se veía condenadamente delicioso y, casi sin parpadear, Erik lo folló, devorando con sus ojos su blanca piel, su rojo miembro, cada pequeño lugar o detalle en su cuerpo. Los movimientos eran cada vez más rápidos, Charles estaba gimiendo sin pudor, cosa que hacía que Erik se sintiera aún más caliente. Sus cuerpos estaban sudados y ambos respiraban bastante agitados, completamente atontados por el placer que los estaba invadiendo.
-Oh, Erik, oh, Erik oh Erik-gimoteo el castaño, cuando el mayor obtuvo un ritmo rápido y certero, golpeando directamente sobre su próstata. El movimiento era cada más más profundo, más rápido, más placentero. Erik sentía el orgasmo bailando entre sus terminaciones nerviosas y cerró los ojos, intentando contenerlo, pero simplemente no pudo. Con un profundo y gutural gemido, se dejó ir, llenando el interior ajeno con su simiente. Su cuerpo tembló casi por completo, tartamudeando en los reflejos del espasmos orgasmico. Si Charles se vio decepcionado por la pronta culminación, no lo demostró, siguió moviendo sus caderas buscando, que el miembro que palpitaba enloquecido, siguiera follandole antes de que se pusiera completamente flácido.
Bajó sus piernas para enredarlas en las caderas de Erik y mantenerlo firmemente en su interior, mientras observaba a su pareja que lucía sumamente aturdido e ido por el orgasmo. Cuando el pelirrojo finalmente abrió los ojos, la vergüenza bailaba en ellos-Los siento hacía mucho que no... y yo...-
-Shh-lo calmó el alfa, acariciando su virilidad perezosamente. Estiró su mano y le sujetó de la barbilla, antes de jalarlo hacia sus labios. Esta vez, Erik sí se dejó ir, sentía sus mejillas arder, ya que realmente no había esperado venirse tan pronto... pero Charles era tan sexy, y hacía tanto que no se lo follaba que fue imposible contenerse-. Ahora es mi turno-susurró el alfa y bajó una de sus manos al trasero ajeno, que estaba completamente empapado. Con facilidad enterró dos dedos y, ahora sí, Erik avergonzado hundió su rostro en el cuello ajeno y mordió su piel para acallar sus gemidos. Sólo necesitó que esos dígitos se movieran con un buen ritmo un par de veces para sentir como su miembro, que aún estaba en el interior ajeno, comenzaba a endurecerse de nuevo. Sentirlo palpitar y erectarse dentro de las paredes del cálido cuerpo del alfa, era algo sumamente placentero y extraordinario. Se movió un poco, agitando la cadera, más guiado por la mano que le follaba que por su propio impulso. Su respiración se puso cada vez más agitada y su cuerpo pronto dejó de responderle bien, como casi siempre pasaba cuando Charles tomaba ese rol.
No pudo, ni tampoco quiso hacer nada cuando el telépata se escapó de debajo suyo. Sólo emitió un ligero quejido cuando su virilidad abandonó ese cálido interior. Cayó boca abajo en las sábanas, acostado, y se vio obligado a alzar las caderas cuando el castaño las sujeto.
-Eres tan hermoso, darling-susurró, acariciando sus caderas con una mano mientras con la otra se acomodaba para penetrarle. Con un sólo empujón y hasta el fondo, en cuestión de segundos se vio atrapado en el cálido y húmedo orificio. Erik había enterrado su rostro en la almohada para acallar el gemido, y Charles dejó escapar una risita ante eso-. Recién no estabas tan tímido-bromeó, mientras empezaba a moverse, mucho más calmado de lo que su pareja había sido. Él sí era capaz de esperar a que ese cuerpo se acomodara, si podía regular sus ansias, en cambio, Erik y su salvajismo eran incapaces de contener el orgasmo.
El movimiento se volvió paulatinamente más y más rápido, hasta que la habitación volvió a llenarse de sonidos de gemidos contenidos y el aire se saturó con aroma a sudor, mezclado con los dejes de olor a sexo. Charles desparramó besos por la espalda ajena, la piel del omega estaba completamente sudada, y él respiraba sumamente agitado. En algún momento el pelirrojo había comenzado a mover sus caderas, queriendo chocarlas contra las del alfa lo más rápido posible. Charles sonrió, porque amaba verlo así de ansioso y entregado a sus deseos básicos. Queriendo aumentar su placer, le acarició el cuerpo, le pellizcó los pezones, mimó sus brazos tensos que abrazaban la almohada con fuerza, descendió hasta su cintura y luego se abrazó a sus caderas. Entreabrió un poco los ojos para mirarlo, justo cuando sus manos se apoyaban en sus caderas, conocía de memoria el cuerpo de su amante, y con sólo tocarlo podía notar que estaba un poco más... relleno. Miró la piel blanca, la carne debajo de la cintura y notó que efectivamente se veía distinto. Sonrió mientras se inclinaba de nuevo y le besaba la nuca, justo antes de obligarlo a girar el rostro, para encontrarse con su expresión sonrojada y babeante, y darle un beso.
Era agradable saber que su pareja se sentía lo suficientemente cómodo para que ahora pudiera disfrutar más de a vida y darse sus placeres. Erik era muy delgado, principalmente porque consideraba su cuerpo un arma y el alimento era un sustento más, saber que se estaba liberando de sí mismo era agradable. Le gustaba verlo así, relajado, dejándose así mismo vivir, disfrutar, ser feliz. Experimentar esas cosa que nunca había podido.
Aumentó el ritmo de sus caderas un poco más, mientras su lengua ansiosa se colaba dentro de la boca ajena. Se deleitó con su sabor, tragando esos gemidos hermosos, mientras lo sujetaba con firmeza para comenzar a presionar su nudo. Estaba muy cerca del orgasmo y quería que esta vez llegarán juntos, por lo cual su mano bajó al miembro ajeno y comenzó a acariciarlo. Erik gimoteo contra sus labios, suplicando cosas en un extraño polaco, y respirando cada vez más agitado. El orgasmo los sacudió a ambos cuando finalmente quedaron sus dos cuerpos unidos, su nudo se abrió paso por esa palpitante entrada, hasta clavarse en el interior y quedar atorado. Al instante, chorros de su caliente y espeso esperma comenzaron a llenar el cuerpo de su pareja, y su propia mano se vio embarrada por una salpicadura de blanco semen. Mientras los ecos del orgasmo relajaba su cuerpo con otra cuota de placer, se fueron dejando caer, hasta que el telépata quedó encima de Erik, su nudo acomodándose aún más adentro y robandoles un nuevo gemido a ambos.
-Te amo-susurró en la oreja de su pareja, apartando el cabello pelirrojo húmedo por el sudor. Erik sonrió un poco, con los ojos cerrados. No fue hasta que las respiraciones de ambos se calmaron, que abrió sus ojos un poco.
-No debimos hacer esto-susurró, ganándose una mirada confundida por parte del inglés. Sonrió en respuesta y negó con la cabeza-. No comí antes de venir, tengo hambre y vamos a estar así una hora-esa respuesta hizo que Charles dejara escapar una cristalina carcajada. El castaño rodeó su cadera, acariciando suavemente su vientre mientras lo jalaba un poco, para acomodarse ambos de costado, sin separarse ni un centímetro.
-Cállate, disfruta, y cómeme a mi-susurró, jalandole desde el mentón para que volteara un poco su rostro y pudiera unir sus bocas. Erik sonrió dentro del beso y se relajó con las caricias. Los dos continuaron besándose, y se olvidaron absolutamente de todo, dejándose llevar por las endorfinas del sexo y la agradable sensación que tenían al estar juntos.
Estaban bien, estaban juntos y se amaban. Nada más se le podía pedir a la vida.
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Alex estaba en el pasillo, esperando. Cerró los ojos y respiró profundo, sabía que Hank estaba muy cerca. Se sentía nervioso, tenía un nudo en el estómago, desde que había pasado eso entre ellos se sentía diferente, y no sabía si eso era bueno. Escuchó los pasos acercarse y abrió los ojos, justo a tiempo para estirar la mano, tomar la del científico y jalarlo a la habitación donde él estaba esperándolo a escondidas.
-¡Alex, por dios! Tienes que dejar de...
-Tenemos que hablar-le interrumpió, moviéndose inquieto cuando los ojos de Hank se posaron en los suyos. No fue mucho tiempo, rápidamente el chico desvió su mirada y apretó los labios, estaba ligeramente sonrojado.
-Mira, tienes que olv...
-¡Me estas evitando!-le cortó, metió las manos en los bolsillos de su pantalón para ocultar la forma en la que estaban temblando-Tú fuiste el que dijo que no podíamos alejarnos y evitarnos, que teníamos que ser amigos y...
-Sé lo que dije, y es lo que creo. Pero...-se revolvió el cabello mientras hablaba, durante un segundo sus ojos volvieron a mirar al rubio, y era muy obvio la culpa en ellos-después de lo que paso yo... Alex, lo siento tanto, necesito algo de tiempo para acomodar mi cabeza pero...
-¿No te gustó?-la pregunta fue un susurro suave y, sumado a que estaban en un cuarto en penumbras, sonaba muy íntima. Hank volvió a mirarlo, entre las luces que se filtraban por la puerta pudo ver sus ojos claros y el ligerísimo sonrojo que tenía sobre las mejillas. Quiso decir un montón de cosas, cosas que incluso su mente no terminó de entender, la respuesta era imposible limitarla a un simple no o sí; eran sus emociones, más lo que sintió, mas sus recatos y sus tabúes. Hubiera podido pasar horas explicándole todo lo que creía sobre su bizarra situación, pero se mordió la lengua.
-No-fue todo lo que dijo y apartó los ojos cuando vio los labios del rubio temblar al igual que sus párpados. Se recordó a sí mismo todo lo que era, todo lo que ambos eran y representaban, se recordó lo absurdo que era todo eso-. Tienes que olvidarlo, todo esto es enfermo. No es sano, lo que pasó...
-Quiero hacerlo de nuevo. Puedo hacerlo mejor para ti, tu me gustas y...
-Somos dos alfas, Alex, por favor. Usa tu cerebro-bufó y se apoyó en la pared, cruzando los brazos sobre su pecho-. Yo no puedo gustarte, no es una opción. Nosotros venimos predestinados con nuestras parejas y...
-Ninguno tiene en este momento y...
-No Alex, si tú... si tú fueras un omega esto... esto sería distinto. Pero la realidad es otra-admitió, soltando un suspiro de derrota. Alex apretó los labios y bajó la cabeza un poco. Quería decirle muchas cosas, quería decirle que todo eso era absurdo, que él no era un omega pero que ambos querían esto, que no le estaban haciendo mal a nadie, que en su cabeza no había una sola razón para que esto no pudiera ocurrir. Quería rogarle, decirle que él podía comportarse como el omega de la relación, que se sentía bien con eso, que lo necesitaba. Pensó en decirle a Hank que hacía que se sintiera extraño pero era agradable, y que quería experimentar todas esas cosas a su lado... y deseó decirle tantas cosas más; pero cuando levantó el rostro pudo leer la expresión ajena y supo que nada de eso tendría sentido. Él podría decir mil cosas, pero Hank no iba a aceptarlas-. Hay que volver a la realidad, entre nosotros... no puede pasar más nada-ni bien terminó de decir eso, comenzó a caminar hacía la pared. No quiso mirar de nuevo al rubio, así que no notó que sus ojos estaban húmedos-. Y tú, Alex-agregó, al llegar a la puerta-, deberías controlar esos impulsos. No son normales-con esas últimas palabras salió del lugar y se alejó lo más rápido que pudo, haciendo todo un esfuerzo por ignorar el sollozó que atravesó el aire.
El rubio se quedó solo en ese cuarto en penumbras. Se apoyó en la pared y se dejó caer al piso, cuando estuvo sentado, acercó las rodillas a su pecho y hundió el rostro en ellas. No pudo contener las lágrimas que caían de sus ojos, le dolía el pecho y se odiaba a sí mismo y odiaba a Hank por toda la situación que estaban pasando. Era un infierno que algo "tan malo" se sintiera tan bien. Era jodidamente horrible que aquello que sentía fluir tan naturalmente fuera tan... anormal.
Tirado allí, sólo, se puso a meditar cuál habría sido el momento en el que se quebró tanto, cuándo se desvió del camino, cuál fue la razón por la cual terminó siendo tan raro... o si quizás era un defecto de nacimiento. ¿Hubo algo significativo que lo dejó "fallado" o estuvo roto desde el inicio? No había visto señales, no hubo un aviso profético de que él se sentiría distinto... simplemente pasó, pasó aquello que nunca se imaginó. Lo tomó completamente desprevenido y eso era lo que más le dolía. No entendía qué le pasaba, no entendía porqué, no entendía desde cuando... lo único que sabía era que aparentemente eso estaba mal.
Las horas pasaron rápido mientras meditaba, hundido en esa nube de pesimismo. Era de noche y eso evitaba que alguien lo viera en ese estado. Desde hacía un rato todo estaba en absoluto silencio, imaginaba que cada uno lidiaba con sus propios asuntos o ya todos estaban dormidos. No fue hasta que escuchó ruidos de unos pasos, que asomó un poco la cabeza. Pudo ver a Erik y a Charles caminando por el pasillo, con obvias intenciones de bajar las escaleras. Se veían felices, cosa que era de admirar luego de todos los problemas que habían pasado. Se preguntó si acaso él era como Erik, una persona que nunca podría encajar en lo que el mundo espera de él, se preguntó si Erik tenía sus mismas necesidades enfermizas, quiso saber si algún día podría ser así de feliz con alguien.
Los hombres sólo habían bajado un par de escalones cuando la cabeza de Charles se giró en su dirección. Entonces, Alex los vio intercambiar un par de palabras, Erik miró disimuladamente hacia donde él estaba, antes de asentir y bajar las escaleras solo. Alex volvió a hundir la cabeza entre sus piernas, no le hacía falta ver, sentía las pisadas del telépata que se acercaban cada vez más.
-Alex, darling, ¿cómo estas?-preguntó, abriendo un poco más la puerta y entrando al cuarto. Él suspiró, levantó un poco el rostro y le miró. El castaño tenía una sonrisa resignada y de pena en los labios. Charles nunca había comentado nada, pero él estaba seguro de que sabía todo lo que le pasaba, y que si no lo decía en voz alta era por puro respeto.
-¿Cómo supiste que estaba aquí? ¿Leiste mi mente?-preguntó, limpiándose la nariz disimuladamente con la tela de su ropa.
-Mi poder anda muy sensible últimamente, siento a la gente con facilidad. No te preocupes, no he violado tu privacidad-aseguró, dándole una sonrisa de más confianza-. Aunque es innegable que puedo sentir tu presencia y que obviamente tienes pensamientos... sumamente negativos. Y eso me preocupa. Es natural que me pregunte qué hace uno de mis mejores estudiantes sentado en el piso de un cuarto en desuso, repleto de pensamientos negativos, a las dos de la mañana.
-No es nada para preocuparse pero... sólo creo que nada de lo que estoy haciendo va a acabar bien-admitió. Charles suspiró y se arrodilló, para quedar a la misma altura.
-Alex, ya te lo dije una vez, pero creo que es necesario repetirlo. No debes juzgarte a ti mismo, no antes de tiempo al menos. Los genes son una parte muy importante de nosotros, pero ellos no determinan quiénes somos ni en qué nos convertiremos. Hace unos minutos tu estabas contemplado a Erik y... quiero que sólo vuelvas a pensar en ello, él se pasó la vida entera negando aquello que le resulta natural, forzándose, y creo que tu estas haciendo lo mismo. Estamos aquí, para recorrer el camino hacia nosotros mismos, sea a donde sea que eso nos lleve. No deberías refrenarte, andar es lo que te sacará de la zona de donde estas, pero si sólo te juzgas y regañas a ti mismo seguirás estancado en el pozo sin fondo-le comentó. Alex suspiró y desvió la mirada.
-Lo sé, y lo intento pero... seguir lo que me dictan mis instintos no es tan fácil cuando... no parecen mis instintos.
-A veces pelear con nuestros propios prejuicios es lo más difícil. Aparecen justo cuando creímos que los vencimos-el castaño se inclinó más cerca para captar la atención ajena. Cuando sus ojos se conectaron, Charles volvió a sonreír-. Tengo fé en que lo estas haciendo bien, te estás moviendo. No dejes que un tropezón impida tu viaje, Alex. Ya eres una persona maravillosa y, cuando te permitas ser todo lo que eres, lo serás aún más-le aseguró.
-¿Acaso ahora eres vidente?-preguntó, con un resoplido. Charles dejó escapar una ligera risa.
-No me hace falta esa mutación para verte, Alex. Estoy seguro de quién eres, y eres excepcional-la mirada fija, esos ojos cristalinos y confiados, la ligera sonrisa... todo sirvió para que Alex sonriera también, pensando que quizás no estaba tan roto como él creía. Al verlo un poco más animado, Charles le revolvió el cabello-. Erik y no estamos en medio de un bocadillo nocturno, ¿gustas acompañarnos?
-Oh, joder no. Suena raro, y definitivamente no quiero averiguar si es lo que pienso-protestó, en tono de broma, dejando escapar una carcajada. El profesor sólo rodó los ojos-. Creo que mejor iré a acostarme-comentó, levantándose, cosa que el telépata inmediatamente imitó.
-Esta bien, pero si gustas sólo ven-ambos caminaron por el pasillo hasta que se separaron despidiéndose con un movimiento de cabeza. Charles bajó las escaleras mientras Alex continuó el rumbo hacia su cuarto, caminando lo más lento posible. Estaba a punto de llegar cuando una de las puertas se abrió y de ella apareció la pequeña niña que Azazel había traído tiempo atrás. Sus ojos estaban rojos, cosa que inmediatamente alertó al rubio.
-¿Estas bien, Danna?-preguntó, acercándose rápidamente. La chica apretó los labios y tironeó de su ropa.
-Tuve una pesadilla, el profesor siempre viene a cuidarme de los monstruos pero hoy...
-Charles está ocupado hoy-admitió, inclinándose para estar a la altura de la niña. Estiró su mano para tomar la ajena y le dedicó una suave sonrisa-. ¿Yo puedo ayudarte con ello?-la niña inmediatamente sujetó su mano con fuerza y asintió, antes de abrazarse al cuello del mayor. Alex la rodeó con sus brazos y la alzó, caminando hacía la cama.
Un rato después, recostado junto a una niña que lo abrazaba como si fuera un oso de peluche gigante, no pudo evitar pensar que al menos había algunas cosas en las que era indiscutiblemente bueno y apreciado. Eso lo ayudaba a sentirse un poco mejor. Besó los cabellos de la pequeña y cerró los ojos, esperando que la compañía alejara sus propias pesadillas también.
**
Azazel se despertó temprano por la mañana. Con cuidado de no despertar a Raven, apartó el par de brazos azules que lo sujetaban en un apretado abrazo y, mientras se levantaba, miró como la chica se re acomodaba, girando para el otro lado de la cama y abrazando la almohada. Eso le hizo sonreír, se inclinó y apartó el cabello pelirrojo de su frente, para poder darle un beso allí. Amaba ver el color azul de esa hermosa piel contrarrestando con las sábanas blancas, la figura de su pareja era exquisita y los detalles sobre su piel sólo la volvían más exótica. Había encontrado a la mujer ideal para compartir su vida, una guerrera, pasional pero piadosa y con una fuerza interna que aún ni ella misma conocía.
Era absurdo que años atrás pensó que la única posibilidad de ser feliz hubiera sido junto a su pareja, ahora, con esta nueva vida armada, sabía que Raven era lo mejor que le podría haber pasado. Una pareja mutante, hermosa, fuerte, que entendía su misma lucha. Estando a su lado sí se imaginaba una vida juntos, peleando por cambiar el mundo.
En ese momento sabía que si bien no tenía su pareja destinada, tenía algo mejor: tenía a la mujer de su vida; y ese pensamiento le hizo salir de su cuarto con una sonrisa de satisfacción.
Si se había levantado antes que nadie era porque le gustaba tener sus momentos de paz, lo cual era difícil en una casa habitada por tantos mutantes. Normalmente desayunaba temprano para arrancar el día tranquilo y con energía positiva, ya que si lo hacía cuando todos estaban despiertos tenía que escuchar todo el bullicio, murmullos, bostezos, metal de cubiertos que chocan y... era demasiado para su humor matutino.
Estaba muy acostumbrado a que a esa hora, donde sólo había unos escasos rayos de luz filtrándose por el horizonte, no hubiera nadie más... por eso fue una verdadera sorpresa encontrar a Erik sentado en la mesa del comedor, con cara de haberse despertado un rato antes. Se le hizo aún más raro verlo con sus ojos concentrados y una cuchara clavada en un pote que él rápidamente podía identificar como uno de SUS yogures. Ciertamente, Erik no parecía muy fan de ellos así que la extrañeza se sumó a su pensamiento de molestia.
-Buen día-comentó, pasando derecho a la heladera para abrirla y comprobar efectivamente que el yogurt que tenía el pelirrojo era el último que quedaba. Eso acentuó la ligera molestia que sentía. Se giró y lo miró con la ceja alzada-. Creí que no te gustaba el yogurt, de haber sabido que sí, traía más. Ese era el último-dijo, dejando filtrar su reclamo en sus palabras. Erik de giró a mirarle desconcertado y, cuando sus ojos conectaron, Azazel pudo sentir el aroma que escapó de su cuello con ese movimiento. De pronto, una idea se acomodó en su cabeza.
-Lo siento, no suelo comer. Hoy se me antojaba uno-comentó, sin atisbo de culpa, mientras se metía una cucharada a la boca. Azazel, que segundos antes había estado molesto, ahora estaba ligeramente sorprendido, y tras unos segundos tuvo que apretar sus labios para evitar sonreír.
-Tu estomago anda un poco extraño, ¿verdad? Hace unos días Emma estaba protestando porque devolviste en el baño-dijo como al pasar, como si no fuera importante, como si todos esos acontecimientos más ese olor no significaran nada.
-Bueno, últimamente no comemos nada interesante. ¡Ya nadie parece querer cocinar! Lo más aceptable que he encontrado es este yogurt-dijo a modo de defensa. Azazel no pudo contener la sonrisa ahora.
-Nunca le diste tanta importancia a la comida-respondió. Sus ojos no podían despegarse del omega quien, cuando lo notó, le devolvió una mirada algo hastiada.
-Si tanto te molesta que lo comiera, ire a buscar más en un minuto-protestó, cansado de sentir esos ojos encima de él, como acusándolo. Azazel dejó escapar una risa y negó con la cabeza.
-No hace falta, iré a buscar ahora. ¿Quieres que te traiga alguna cosa que se te antoje?-comentó, caminando de nuevo hacía la heladera para chequear si hacía falta traer algo más.
-Deberías traer algunas frutas, aquí nadie piensa en frutas. Unas naranjas-respondió, raspando la cucharita contra el pote de yogurt para sacar todo lo que pudiera. Azazel volvió a sonreír y no pudo abstenerse de revolverle el cabello, ganándose que el pelirrojo lo mirara primero completamente confundido y luego de una forma asesina. Eso sólo lo hizo reír más.
-Volveré en un segundo-comentó, pero antes de alejarse un paso más, volvió a mirar a Erik-. Pero, sabes, deberías ir al médico. Tienes un olor peculiar y... no lo sé, es un poco extraño estos antojos y tus vómitos-luego de decir eso, desapareció al instante. Erik se quedó mirando al espacio vacío, entre molesto y confundido. Esas palabras lo habían dejado algo descolocado. Terminó el yogurt y luego arrojó el pote al tacho de basura, antes de apresurarse a salir de la cocina. Ir "de compras" le tomaba sólo unos minutos a Azazel, y prefería no estar allí cuando regresara.
Caminó rápidamente hacia su habitación, ni bien entró, cerró la puerta con un movimiento de mano y se dirigió a la cama donde se dejó caer. Se acostó pecho arriba, con la vista clavada en el techo. A los pocos minutos sintió su estómago removerse, se llevó una mano al vientre y frunció el ceño recordando las palabras que el mutante rojo le habían dicho. Esos síntomas... si él no fuera un hombre...
Un omega hombre...
Ante ese pensamiento, se sentó de golpe y, ignorando el revoltijo en su estómago, se cambió a toda velocidad. Necesitaba ir al médico a confirmar que eso era una especie de intoxicación. Tenía que ser. No podía ser otra cosa.
**
Cuando Alex fue a ver a Benny, debió imaginar que esto podía llegar a pasar. Había llegado a su casa, habían conversado un rato, una cosa dio pie a otra, caricias que fueron subiendo de tono, hasta que terminaron tirados en la cama del pelinegro. Todo iba bien, hasta que las manos ansiosas del omega retiraron su camisa, y esos ojos oscuros se posaron sobre las marcas que estaban desparramadas por su cuello y pecho. Benny inmediatamente se detuvo y se apartó un poco, mirándolo con ojos algo incrédulos.
Alex había olvidado que las tenía, o había intentado hacerlo, o había esperado que a Benny no le importaran. A pesar de que ya habían pasado días, las marcas de su encuentro con Hank seguían sumamente visibles, y no sólo en su cuerpo sino también en su mente.
-Tenemos que hablar-fue lo primero que dijo el omega, arrodillándose en la cama mientras acomodaba sus ropas. Obviamente, había perdido todo el interés que segundos antes mostraba. Alex hubiera querido ser una persona elocuente, decir algo que solucionara todo, que evitara esa charla y los recondujera de nuevo a la situación en la que estaban hace tan escasos momentos, pero sólo asintió y se acomodó la ropa .
-Benny, déjame explicarte. En realidad esto no signifi...
-Sé exactamente lo que es-le cortó el chico, con la voz seria y carente de emociones, que inmediatamente fue acompañada por un suspiro-. Y lo que significa, al menos para mí-agregó. En ese momento, sus ojos se encontraron y se quedaron mirando fijamente. Alex no necesitaba las siguientes palabras para saber que lo había perdido todo-. No puedo seguir con esto, Alex. No puedo-repitió.
-Benny, esto... esto fue un error. No va a repetirse, sólo fue...
-No puedo.-dijo por tercera vez. Sus ojos lucían incluso más oscuros ahora-. Sé las cosas con las que puedo lidiar y con las que no, y esta... esta es una de ellas. Sé lo que puedo darte, sé cuales son mis límites, y me temo que... ya no hay nada más en mi para ofrecerte. Y, obviamente, esto no te basta. Tampoco es sólo eso, sé cómo me estoy sintiendo y yo... si sigo con esto voy a enamorarme de ti, y no puedo hacerlo-al decir eso, sus palabras sonaron firmes e inmediatamente se levantó de la cama-. No puedo caer en la situación en la que tú estás, no puedo enamorarme de alguien que no me corresponde, para quien no soy suficiente, a quien no puedo brindarle lo que necesita y que no puede corresponderme como yo lo deseo. No voy a caer en eso, no cuando estoy a tiempo de huir-a cada palabra se alejaba más y más, retrocediendo. De pronto, la cama se sentía muy grande para Alex, no tenía ni idea de qué hacer, y sus ojos no se apartaban del chico que tanto supo ayudarle durante ese tiempo.
-¿Vas a dejarme?-fue todo lo que pudo preguntar, sintiendo que la voz casi no quería salir de su boca. Le dolía el pecho de sólo pensar que Benny se iba a ir, la única persona que parecía entenderlo y no pensar que era un enfermo.
-Lo siento, Alex-y realmente parecía sentirlo-. Pero no puedo seguir con esto, lo mejor va a ser que cada uno siga su camino. Tengo la esperanza de encontrar a mi pareja y... quiero viajar para ver si puedo hacerlo. Pospuse eso cuando nos conocimos y...
-Lo entiendo-terminó por aceptar, había bajado la mirada ya que no se sentía capaz de enfrentarlo. Benny lo observó un momento, emitió un largo suspiro y luego se inclinó a la cama para darle un casto pero firme beso en los labios, cosa que sólo hizo que el rubio se sintiera aún más deprimido.
-Lo siento, Alex-repitió, ligeramente atormentado. El rubio se obligó a mirarlo y a sonreír un poco, pero asintió.
-Esta bien, lo entiendo-aseguró. Cuando Benny se apartó, él se apresuró a ponerse de pie-. Yo... creo que debo irme-rápidamente juntó sus cosas, se puso la campera y caminó hacia la puerta. Se obligó a sí mismo a girarse, porque no quería que ese fuera el último recuerdo de ambos. Vio a Benny sentado en la cama, no lucía para nada feliz, aunque si bastante resignado. No sabía si era bueno o malo saber que a ambos no les agradaba que esto terminara. El chico tenía los rulos alborotados y sus ojos negros y penetrantes brillaban con lágrimas que también parecía querer contener-. Quizás en otra dimensión hubiera funcionado.
-Estoy seguro de que nuestros yo de otra dimensión hacen crujir la cama-respondió con una sonrisa triste. Alex se marchó, cerrando la puerta tras de sí, grabando para siempre en su mente la sonrisa destellante de esos dientes blancos, que brillaban al igual que sus ojos, a pesar de la tristeza que obviamente sentía.
Era el mediocre final para una historia de amor que nunca hubiera funcionado. Pero ni siquiera saber eso pudo evitar que llorara camino a casa.
**
Erik no podía quitar sus ojos de los papeles que tenía en la mano. Los últimos días había estado enojado con Azazel por tener la desfachatez de sembrar esa idea en su mente. Era imposible, total y completamente imposible. Él era estéril después de todo, Hank se lo había confirmado, él no podía estar... estar eso. La simple idea debió haberlo hecho reír, pero no, le sembró una duda.
Intentó convencerse a sí mismo que era imposible, pero como aún tenía esos malestares de estómago creyó que quizás fuera mejor ir al médico. Para eliminar completamente esa improbable posibilidad y para detectar si tenía alguna intoxicación. Eso último no le extrañaría, se pasaban cocinando porquerías en La Hermandad. Ninguno de ellos parecía hacer algo más sano que hervir un poco de arroz. Estaba seguro de que iban a darle una dieta, seguro que el médico iba a regañarle de que se cuidara más... y de hecho eso fue lo que el médico le dijo.
En otras circunstancias, Erik se hubiera molestado de estar así con un humano, pero no conocía ningún mutante médico y definitivamente no quería que ninguno de sus compañeros se enteraran de lo que pasaba. Esa semana se había mantenido desaparecido, no quería que ninguno de los dos telépatas que formaban parte de su vida se enteraran de la absurda idea que se había gestado en su cabeza.
-En resumen, Erik, deberías llevar una dieta más equilibrada-miró al médico, algo aturdido y luego miró el papel de nuevo. Se sentía en una dimensión extraña, su mente no parecía querer entender lo que estaba pasando. El hombre le sonreía, parecía sinceramente emocionado-. Pensé que vendrías con tu pareja, esperaba poder darle a los dos la buena noticia.
-Creí que dijiste que era un mal estomacal-respondió, aturdido. Es como si su cabeza no lo registrara, hasta hace dos segundos estaban hablando de sus malos hábitos alimenticios, lo mismo que hicieron la semana pasada, y el hombre le había mencionado que el mal estomacal se debía a que no se estaba cuidando demasiado, y ahora, de pronto, tenía un papel en su mano que entre muchas otras palabras tenía en letras mayúsculas y en negrita la palabra "POSITIVO".
-Una cosa no quita la otra-le respondió, sin borrar esa amable sonrisa. Erik volvió a mirarlo, si no estuviera tan aturdido seguramente sentiría ganas de pegarle un puñetazo justo en medio de aquella sonrisa-. Te has estado sintiendo tan descompuesto porque mantienes malos hábitos, pero igualmente eso también es acrecentado porque estas en cinta.-el omega estaba seguro de que un zumbido atravesó sus oídos, volvió a mirar el papel, de nuevo al medico, y boqueó pensando qué decir. Parpadeó varias veces porque seguro eso era un mal sueño, una pesadilla, pero incluso cuando se pellizcó la mano notó que seguía exactamente en el mismo lugar. El hombre le miraba con esa sonrisa congelada y condescendiente, y él lo único que pudo hacer fue fruncir el ceño.
-Pero… soy estéril…-balbuceó, volviendo a mirar al médico que tomó los papeles que habían estado llenando hace una semana. El hombre, cuando escuchó su historial con los supresores y vio sus análisis de sangre, había mencionado que era casi imposible que fuera un embarazo, ya que compartía la idea de que era estéril.
-Fue una conclusión apresurada, eran análisis muy viejos. Seguramente tus hormonas se han calmado un poco, y eso fue lo que te permitió...
-No puedo tenerlo-dijo, casi sin voz. El hombre frunció el ceño y apretó los labios, ahora lo miraba con algo de pena pero también de molestia.
-Me temo que a esta altura eso ya no es una opción. Tienes ocho semanas y media de embarazo-respondió. Erik le miró, no podía quitarse la sensación de que estaba en una realidad alternativa, que esa persona no era él,y que ese definitivamente no era su cuerpo. Su vista quedó finalmente fija en los papeles, obviamente el médico no le había entendido: él no podía tenerlo, no era un opción.
La palabra "positivo" retumbaba en su cabeza, devanandole los sesos. No podía pensar en nada más que en despertar, pero nada ocurría. Esperaba que de pronto Shaw entrara por la puerta, que todo se saliera de control, y abrir los ojos para estar agitado y asustado en la cama, pero la escena seguía tan tranquilamente estática como segundos antes.
A su mente vinieron las imágenes de La Hermandad, de sus amigos, de Charles, de su vida. En ningún plan contempló nunca jamás ser padre, mucho menos ser él quien lo tuviera en su vientre. Él no podía tenerlo, no podía, no podía estar... eso, pero las palabras en ese papel parecían llevarle la contra. Su respiración se puso cada vez más agitada, sentía que iba a tener un ataque de nervios. Sujetó con fuerza un pisapapeles de metal que había sobre la mesa, y se obligó a calmarse.
¿Qué demonios iba a hacer ahora?
No tenía opción.
Bueno niños, estoy sintiendome rara (?). Porque las escenas que van a pasar en el fic a partir de ahora me las vengo imaginando hace...uff, desde que ibamos en el capitulo ocho de Firt Class, y ha pasado muchisimo tiempo. Desde esa época y hasta hoy tengo nerviosismo por el rumbo que va a tomar la historia. Pero bueno, espero que les agrade. Sé que quizas en este punto muchos abandonen, porque les desagrade esto, y lo entiendo. Ya no sé cuanta gente lo lee, sinceramente jaja creo que cada vez somos menos, y como se alarga más y más creo que seremos poquitos los que lleguemos al final.
Lo siento si los caminos que vamos transitando no son de su agrado, realmente me planteé no hacerlo por las criticas que tendría y porque es un desafio escribirlo,, pero bueno. No quiero censurar mi propia imaginacion y terminar abandonando esto por quedarme sin ideas.
Muchas gracias a los que continuan, y continuaran, a pesar de todo. Los quiero! Besos!
