CAPÍTULO 10.- Despedida y Traición

Haruno Sakura había caído rendida poco después de haberse acomodado en la cama. Se sentía extraño compartir algo tan íntimo con alguien a quien conocía tan poco o nada, ni siquiera sus hermanos en ningún momento se atrevieron a compartir algo con él cuando era más pequeño y lo entendía ¿Quién querría? Primero había sido un niño solitario al que le tenían miedo por ser el contenedor del Shukaku, esa dolorosa soledad que lo fue moldeando en un completo psicópata, pero tampoco lo hicieron después. Tal vez se debía a la costumbre de su aislamiento físico y emocional que impedía que las personas se acercaran demasiado y no era diferente con sus hermanos, aunque los quería tanto como ellos a él.

Tampoco era que ocupara esa habitación, parecía pertenecerle más por compromiso que por necesidad, quizás había entrado un par de veces y usado el catre en alguna esporádica ocasión, pero nunca para descansar.

Por más extraño que fuese encontrarse con alguien tumbado en el colchón, mucho más extraño era que no estuviera incómodo o sintiera la ansiosa necesidad de alejarse tan rápidamente como se acomodó en el catre.

Algo le estaba ocurriéndole, se sentía diferente, pero no podía describir con exactitud qué era. Muchas veces a lo largo de su vida se había sentido solo, tan solo como ninguna persona debería estarlo nunca, pero él se había acostumbrado al sentimiento perpetuo, a vivir hueco. Había aceptado a la soledad como compañera, como había hecho con el Shukaku alguna vez, lo que parecía una vida atrás, aceptando su terminante destino. Pero habían ocasiones en las que el sentimiento se intensificaba, volviéndolo vulnerable, eran esas veces que aun en contra de todo pensamiento lógico, buscaba a Matsuri, aunque sin importar que tanto lo deseara o los esfuerzos de ella por tratar de complacerlo, nunca lograba mitigar el sentimiento.

Miró de soslayo al cuerpo de Sakura a su lado. Su hombro descubierto llamó su atención, su piel parecía tan tersa, delicada y nívea como la porcelana y tenía la sensación de que si la tocaba se sentiría como la seda; Gaara de pronto sintió la urgencia de comprobarlo, verificar si su conjeturas eran acertadas, pero se detuvo a medio camino.

¿Qué estaba pensando? ¿Qué estaba a punto de hacer? Gaara observó su mano con curiosidad.

Recordó entonces su extraño comportamiento en la ceremonia. Había notado lo fuera de sí que se encontraba Sakura en ese momento, como si hubiese apagado su cuerpo para no verse obligada a sentir algo, así que trató de tranquilizarla al colocarse más cerca, lo suficiente para que notara que no se encontraba sola, que él estaba junto a ella y que así sería desde ese momento, sentía su cercanía en su brazo y trató de mostrar su apoyo con un poco de afecto que logró desconcertarlo más a él que ayudarle a ella.

Gaara soltó el aire que no sabía estaba reteniendo en sus pulmones, solo hasta el mismo momento que salió de sus labios se percató que lo había hecho para no perturbar el sueño de Sakura.

¿Qué le estaba pasando?

Escuchar el sutil sonido de su respiración, inhalando y exhalando tan armonioso como era humanamente posible. Gaara bajó su mirada para enfocarse en el ligero y casi imperceptible movimiento de la sábana que la recubría, siendo tensada con cada respiración. Cerró los ojos por pura inercia sabiendo que esa noche no podría dormir. Habían ocurrido tantas cosas ese día que le era imposible descansar, sin embargo, dejo que los sonidos tranquilizadores de la habitación ensordecieran sus oídos, sosegándolo hasta que no quedó nada más que la penumbra.

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Sakura abrió los ojos con parsimonia. Estaba cansada, pero su reloj interno era tan exacto que nunca lograba dormir un poco más sin importar lo extenuado o mallugado que su cuerpo se sintiera.

Los tímidos rayos del sol lograban colarse por la pequeña ventana, sus ojos aún adormilados no lograban enfocar la habitación que hasta ese momento le pareció extraña. No era su habitación en Konoha ni tampoco su alcoba en Sunagakure ¿Dónde estaba?

Entonces su campo de visión logro captar una sombra en la esquina superior derecha de la cama. Sakura parpadeó un par de veces hasta que la imagen se esclareció.

Abrió sus ojos desmesuradamente al percatarse de que era él.

Por alguna razón no se sintió inquieta como pensó estaría alguna vez en las pasadas semanas, cuando pensaba en el momento que compartirían más que solo un par de esporádicas palabras.

Él se encontraba justo como lo había visto la última vez en la noche anterior. Su parte trasera apenas si lograba tocar el filo del colchón, como si hubiera tratado de alejarse lo más posible de ella sin perder la poca estabilidad que aseguraba su posición en la cama. Su cuerpo se notaba completamente relajado, su espalda apoyada en el respaldo de la cama, sus brazos cruzados sobre su pecho que bajaba y subía casi imperceptiblemente y su barbilla casi tocando su esternón. La posición se veía ciertamente incómoda, pero no parecía que él lo estuviera.

Su rostro era enmarcado por la tenue luminiscencia natural, resplandeciendo su tez blanquecina y encendiendo su cabello como fuego enardecido, meciéndose despreocupadamente con cada respiración; su flequillo caía sobre su frente recelosamente, cosquilleando en sus párpados cerrados. Sakura se maravilló ante el semblante inocente de Gaara, tan sosegado y en paz que le parecía imposible pensar que era la misma persona que el Kazekage o el niño caótico y homicida que conoció primeramente en los exámenes chuunin. Era como si estuviese viendo alguna escultura en mármol cobrar vida.

Permaneció ahí, contemplando el dormir de Gaara, fascinándose por cada pequeño movimiento en su ensoñación, soltando una risita que fue acallada rápidamente por sus manos. Entonces, el cuerpo de Gaara se removió, despertándose bruscamente ante el súbito movimiento que perturbó su calma.

Sakura sintió su corazón alarmado palpitar fuertemente contra su pecho y solo atinó a relajarse y cerrar los ojos tan ágil como le permitió su cuerpo aletargado, esperando a que Gaara no descubriera que hasta hacía un segundo estaba contemplándolo mientras dormía tan plácidamente. Y esperó con incertidumbre y zozobra por algún movimiento que indicara que se había marchado para finalmente abrir sus ojos, pero no ocurrió. Poco después sintió la yema de sus cálidos dedos apartar delicadamente su medio flequillo, dejando al descubierto su amplia frente y escuchó un resoplar que podía asegurar, aun sin verlo, que llevaba consigo una media sonrisa. Sintió cómo su corazón se saltó un latido al contacto y su cuerpo vibró por dentro.

Oh no ¡Vamos Sakura! Gritaba su inconsciente esperanzada en que pudiese contener el creciente oleaje de sentimientos y movimientos involuntarios que empezaron tormentosos en su interior. Empezó a sentir cómo el calor se esparcía desde los dedos de Gaara y viajaba hasta su rostro.

Trató de no inmutarse, permanecer tan relajada como seguramente estaría una persona sumida en la interminable tierra de los sueños, aunque si era sincera, dudaba si lo lograría, el solo pensarlo ya era suficientemente difícil.

Entonces sintió la palma de la mano de Gaara tocar su frente. Sintió un escalofrío zumbar por todo su cuerpo, su corazón palpitando fuertemente contra su caja torácica, sus manos empezaron a sudar.

Nunca pensó que el tacto de Gaara fuese tan… tan dulce. Apenas rozaba su piel, como si en un movimiento en falso podría romperse, le pareció extraño como alguien tan distante podría contener tanta ternura en un simple toque.

¿Por qué la habría tocado? ¿Por qué estaba tan interesado en palpar su frente?

Entonces se percató, como un rayo que impacta la superficie: estaba tomando su temperatura. Eso solo quería decir que su rostro estaba tan enrojecido como alguien con fiebre alta. Sakura entonces escuchó una exhalación aliviada y se preguntó cuál sería la razón exacta de su acción.

No podía haberse preocupado por ella, apenas si se conocían, era verdad que habían… no, seguían siendo camaradas, pero nunca llegó a formarse una amistad entre ellos. Tal vez era a causa de su afecto mutua hacia Chiyo el que lo obligaba más allá de la simple apariencia de un matrimonio vacío o tal vez ¿Sería que se había preocupado por ella? ¿Verdadera y sinceramente? ¿Más allá del deber, de la obligación? ¿Preocuparse solo por Sakura y no la esposa del Kazekage? No. No podía ser la segunda, era estúpido el solo pensamiento, ella era estúpida por haber llegado a esa conjetura tan poco acertada. No, definitivamente no era la segunda.

Sakura arrugó el entrecejo no muy complacida con su resolución. ¿Era que no le agradaba que Gaara lo hiciera solo por el compromiso que existe entre ambos? No, no le importaba, en definitiva no lo hacía ¿Por qué debería? No era como si le importara lo que pensara de ella. Prefería que no le mostrara esos actos de afecto, ni soportar las inesperadas acciones conmovedoras, tiernas y románticas que solo lograban confundirla y provocaban que su mente revoloteara inquieta con tontas conjeturas sin sentido.

De un momento a otro la calidez de su palma se alejó, tan rápidamente como si su frente quemara al contacto y se sintió… ¿decepcionada?

¡Dios! ¡Basta ya Sakura!

Pero sus pensamientos se desvanecieron cuando la cama perdió el peso que ejercía el cuerpo de Gaara. Escuchó sus pasos alejarse cada vez más de la habitación, el sonido metálico de la perilla moverse, el rechinido de la puerta al abrir y… pasaron unos segundos en el que el silencio se hizo presente. Todo sonido había desaparecido al punto que podía escuchar sus estrepitosas palpitaciones en sus tímpanos, podía sentir su presencia paralizada en la lejanía. Su cuerpo hormigueaba, pero no lo sentía como algo malo.

Entonces los pasos volvieron a ser audibles y la puerta se cerró.

Sakura abrió los ojos hasta ese momento, sintiendo por primera vez lo fría y solitaria que se sentía la habitación. Dejó caer su peso sobre su espalda en un brusco movimiento. Observó el techo impoluto de la habitación sin pensar en nada en especial. Llevó instintivamente sus dedos a su frente, imitando los movimientos que anteriormente había hecho Gaara sobre la parte de su cuerpo que tanto llegó a odiar en su momento. Sintió un arrebol vertiginoso en su interior al rememorar lo que el simple roce y contacto le provocó, justo en esa habitación tan temprano por la mañana. Una sonrisa surcó su rostro nuevamente enrojecido.

¿Eh?

¿Qué estaba haciendo? ¡Basta Sakura!

Talló su rostro con ambas manos repetidamente, tratando de olvidar todo lo sucedido, no podía retener esos momentos o su mente explotaría de pura confusión, pero no podía ¿Por qué? ¿Por qué su inconsciente deseaba revivir una y otra vez lo ocurrido desde la noche anterior? Aún podía sentir su tibia piel en los delicados roces y miradas que le aseguraban que no estaba sola, que todo de alguna forma estaría bien. Recordó el invernadero repleto de flores Yamanaka y árboles creador por Yamato y que Naruto e Ino habían ayudado a…

¡Por Dios! ¡Naruto e Ino! ¿Qué hora era? ¡¿Qué hora era?!

Sakura se puso de pie de un salto. Se vistió con lo primero que encontró que fuese lo suficientemente decente como para la esposa del Kazekage, aunque el solo pensamiento mandaba escalofríos por su columna y dejaba cierto malestar en su pecho. Tomó su cabello en una coleta para evitar perder más tiempo y salió en busca de sus amigos.

A Sakura nunca le habían gustado las despedidas y ese hecho se hizo más evidente cuando Sasuke se marchó en esa noche de verano, dejando atrás a ella y sus sentimientos con un simple "gracias" y oscuridad. Naruto e Ino habían estado con ella; Ino había compartido la nostalgia que la ausencia de Sasuke había dejado, pero Naruto… Naruto compartía su dolor. En él había encontrado el apoyo que necesitó, revivió la esperanza que se había desvanecido después de haber fallado en traerlo de vuelta y le aseguró con esa ferviente resolución que volvería a ver a Sasuke. En Naruto encontró un amigo, un confidente, la persona con la que podía compartir sus pesares. Naruto se había convertido en su familia, en parte de ella. Y fue por eso que le dolió mucho más su partida.

Habían sido dos largos años en los que había llenado su tiempo de entrenamiento y estudio. Su meta estaba clara en ese momento: No volvería a dejar que la abandonaran, desde ese momento estaría a la par de ellos, así no tendrían que marcharse y si trataban de hacerlo, ella los detendría. Había jurado no volver a perder a nadie nunca más.

Y de nuevo perdió.

Nunca le habían gustado las despedidas y esta vez no sería diferente.

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El rechinido metálico de la reja rompió el silencio ominoso del lugar. La luz de día se fue apagando conforme caminaba por el estrecho pasillo húmedo. Podía oler el moho de las paredes y el óxido del metal penetrar sus fosas nasales.

El sonido lejano parecía un lamento fantasmal, ululando en el poco aire que recorría el pasillo; el chistar de las cadenas apocaba cada tanto algún lamento haciendo eco entre las paredes. Sus pasos se detuvieron instantáneamente.

─Kazekage-sama ─dijo haciendo una reverencia ante su encuentro─, lo estábamos esperando

─¿Ha confesado?

El guardia negó con la cabeza y frunció el entrecejo no muy satisfecho con su respuesta ni su desempeño en el interrogatorio.

─Señor, Yamanaka Ino aún se encuentra en Suna, con su técnica podríamos…

─No ─contestó terminante.

─Pero Señor…

─Podemos prescindir de la ayuda de Yamanaka Ino

─Kazekage-sama, disculpe que insista, pero sería de gran ayuda las técnicas del Clan Yamanaka en esta ocasión, la información que tiene la prisionera es de vital importancia no solo para nuestra nación, seguro que a Konohagakure le interesará

─Lo sé, pero hasta no saber con certeza el objetivo del traidor, no podemos estar seguros de sus intenciones, podría trataba de un arrebato personal…o ─las palabras se atragantaron detrás de sus cuerdas vocales, carraspeó ante su segunda conjetura, la cual, no quería aceptar─, si hay un cometido mayor

─De acuerdo Kazekage-sama

Gaara observó cómo las rejas eran abiertas de par en par por el ninja que había dado el informe. Se adentró a la penumbra del lúgubre cuadrado, escuchando detrás de sí el chirrido del metal oxidado cerrándose en un eco sonoro que rebotó por las esquinas del lugar. Tenía un sentimiento enfermizo en su interior. Sabía perfectamente de qué se trataba: la traición.

Sus pies fueron acortando la distancia entre él y la celda donde se encontraba la persona que fue su aprendiz, quien había ganado su confianza y que equívocamente permitió que se inmiscuyera en su intimidad. Ambos sabían que no podía ofrecer absolutamente nada más, no de la forma que ella lo anhelada. No la quería, no de esa forma, siempre había sido su preciada alumna y nada más que eso y ella siempre fue consciente de eso.

Pero su estúpida necesidad y el incesante ofrecimiento de ella llevaron a compartir la cama en más de una ocasión y ahora Matsuri, quien su único deseo había sido ser cercana a él y él solo la había hundido en esperanzas vacías, se encontraba en este asqueroso lugar, donde los rayos del sol no lograban alcanzar, donde el olor nauseabundo de la humedad corroía sus pulmones. Escuchaba el silencio ser cortado bruscamente por el sonido de cadenas moverse lánguidamente.

Nunca antes había experimentado tantos sentimientos o versiones diferentes de uno mismo y no le agradaba.

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─¿Oh? ¿Sakura? ─observó al Capitán Yamato dirigir su mirada hacia ella con una sonrisa.

─¡Sakura! ─escuchó la voz de Ino llamarla desde la entrada de Suna─. Pensamos que no llegarías

Sakura trató de sonreír, ocultando la congoja que toda la situación le causaba, no quería que ambos se fueran entre lágrimas y palabras suplicando que se quedaran por más tiempo, aunque solo alargara más su propio sufrimiento. Sintió el aire del corredor envolver su cuerpo y el silbido del viento en sus oídos.

─Ni pensarlo, no podría perdonarme si no los veía partir

─Menos mal ─Naruto se colocó en esa pose nerviosa tan suya: su peso apoyado en su pierna dominante, su mano izquierda rascando su nuca mientras que el dedo índice de su mano libre tallaba bajo su nariz.

Sakura soltó una risita.

─¿Y Tsunade-sama? ¿Aún no llega?

─La Godaime tuvo que marcharse después de la ceremonia

─Oh… ─suspiró decepcionada.

Al parecer Ino se había percatado de su súbita decaída por lo que carraspeó antes de emitir alguna palabra.

─Y dinos Sakura ¿Qué tal la noche de bodas? ─Ino se había acercado a ella sin haberse percatado, hablando en ese tono de voz mofante─. ¿Muy ajetreada? ─Ino codeó su costado con sátira.

Sakura sintió su cuerpo tensarse y el calor viajar hasta sus mejillas, en una mezcla entre furia y vergüenza.

─¡Uy! ¡Ino-puerca! ¡Ten más respeto! ¿Por qué tienes que preguntar esas cosas en público? ¿No tienes decencia?

Escuchó la risa de Ino entrelazarse con la ululante ventisca del corredor y los suspiros rendidos de Naruto y Yamato.

─Ino ─regañó el Capitán Yamato─, recuerda que Sakura es la esposa del Kazekage, deberías llamarla Señora

─Señorona más bien

Debería sentirse enfadada como todas las veces anteriores en las que Ino la molestaba, pero esa ocasión fue diferente, cierta añoranza empezó a azorar en su interior ¿Cuándo volvería a escuchar a Ino? ¿Cuándo volvería a discutir con ella? ¿Cuándo volvería a escucharla llamarla frente de marquesina? Todos esos pensamientos revolvían su mente en pesadumbre.

─Voy a extrañarte Ino

Las facciones burlonas de Ino se contrajeron. Mordisqueó su labio inferior, sus brazos que se encontraban anteriormente cruzados sobre su pecho cayeron a su costado pesadamente.

─P-pero que dices Sakura… Suenas tan melancólica, como si nunca más nos fuésemos a ver… ─Ino soltó una risita nerviosa, tratando de evitar mostrar que ella se sentía igual.

Ambas lo sabían perfectamente, aunque ninguna lo soltó en el aire. Quizás nunca lo harían, eran pocas las veces que se le requería a Ino en Suna y ahora que se encontraba Sakura quien era ninja médico, las misiones que la llevarían hasta el país del viento serían casi nulas y que ella fuese a Konoha… era poco probable.

─Tienes razón

─¡Por supuesto! Siempre la tengo

Hubo un silencio en el denso ambiente. Nadie era capaz de emitir las palabras de despedida que tanta angustia provocaba. Mientras más se prolongaba el silencio, el escozor en su corazón se propagaba. Sakura tragó saliva fuertemente, el nudo empezó a enredarse en su garganta, sintió el picor en la punta de su nariz y sus ojos arder. Parpadeó tan rápido como le fue posible para retraer las lágrimas que amenazaban con salir, pero le fue imposible, su vista empezó a nublarse. ¿Por qué tenían que irse? ¿Por qué no podían quedarse más tiempo junto a ella? ¿Por qué cada vez le era más difícil despedirse?

No quería… No quería… ¡No quería!

─Es hora de irnos

Las palabras del Capitán Yamato penetraron en su corazón como un afilado kunai, rasgando y rebanando su interior hasta convertirse en un hueco punzante con sentimientos de congoja y desesperación arremolinándose hasta sentirse mareada. Sentía la opresión en su interior conforme los segundos pasaban.

El Capitán Yamato fue el primero en acercarse. Posó su mano en su hombro, estrujándolo protectoramente, confirmando con tanta determinación como pudo encontrar que todo estaría bien y quería creerle.

Ino la rodeó con sus brazos tan rápido como el Capitán Yamato se alejó, pudo sentir los ligeros sollozos ahogados contra su piel. Sakura reciprocó la acción. Pasaron unos minutos antes que se separaran, Ino sonrió con desdén como solía hacer, tratando de obviar que hacía unos momentos había lagrimeado junto con ella, aunque su cara teñida de rojo develaba la verdad, pero lo ignoró como seguramente Ino hubiese querido.

Lo sabía. Detrás de todo el exterior ridículamente hermoso y esa personalidad vanidosa, pretenciosa y dura que había creado su amiga se encontraba la Ino amigable que había arreglado su cabello y que sabía aún se encontraba ahí. Pelear con Sakura solo era la forma en que Ino expresaba sus sentimientos y la entendía, Ino aparentaba ser esa persona de aspecto rudo e inmaculado, pero en realidad solo era ella, la niña que amaba las flores y a su amiga Sakura, tanto como para haber viajado mucho más tiempo del que pudo verla.

De pronto Ino la tomó por los hombros, inhaló por la nariz hasta llenar sus pulmones y exhaló por la boca.

─No te olvides de escribirme ¿De acuerdo? ─Sakura asentó la cabeza aún con lágrimas entre sus párpados─. Sobre todo si hay avances en tu relación ¿Eh Sakura? ─guiño un ojo.

─¡Ino! ─gruño.

Solo Yamanaka Ino sabía cómo arruinar una perfecta y sentimental despedida.

─Creo que es mi turno ─escuchó la voz de Naruto, que había oído tan poco desde que su llegada que le hubiese parecido extraño en otra situación.

No sabía exactamente que sentir. Ya había pasado por esta sensación antes y en varias ocasiones. Podía decir que se sentía igual que esa primera vez que Naruto se había ido de Suna hacía no mucho tiempo atrás, cuando aún era palpable la diminuta esperanza de huir, pero ahora, era la esposa del Kazekage y pertenecía a Suna, como kunoichi, como médico, como persona.

Sintió los brazos fuertes de Naruto enrollarla protectoramente, se sentía segura.

─Vas a estar bien Sakura ─dijo mientras acariciaba su cabello─, Sakura ─susurró más para él que para ella─, Sakura-chan

No fue su nombre en la voz quebrada de Naruto, fue el estúpido sufijo lo que provocó que todo lo que estaba comenzando a asentarse en su interior se desmoronara. Cerró los ojos fuertemente y mordió su tremolante labio inferior. Las lágrimas que habían escapado esporádicamente y acumulado en sus lagrimales se habían desbordado con el detonante, fluyendo como riachuelos en tormenta, surcando dolorosamente por sus mejillas.

Sakura-chan… Sakura-chan… Sakura-chan… Resonó en su mente como un eco en el tiempo, con tantas variaciones como los colores del firmamento.

─Vamos Sakura ─dijo alejándola un poco, solo para que pudiese verla con esos ojos azules enrojecidos─. Vendré a visitarte cada vez que me sea posible, ¡Siempre y cuando haya ramen para invitarme! ─sonrió, con esa risa que resplandecía como la luz del sol.

─¡De acuerdo! Estaré esperándote

─¡Bien! Capitán Yamato ─Naruto asentó la cabeza─. Entonces nos vamos yendo Sakura ─Naruto había dado un par de pasos cuando se detuvo de pronto─. ¡Ah! Casi se me olvidaba

Naruto giró sobre su eje dirigiéndose a ella con pasos certeros y largos, cuando estuvo lo suficientemente cerca alargó sus brazos para tomar sus mejillas y posó sus labios en su frente. El beso de Naruto no le había molestado en lo más mínimo, es más, podía decir con seguridad que había llenado su vacío interior con calidez y luminiscencia. Tan típico de él.

─Siempre quise hacerlo ─rió.

─Tonto

─Nos veremos pronto Sakura

─Nos veremos pronto Naruto

Al llegar hasta sus compañeros de viaje, Naruto dio media vuelta y empezó a saludar, con su mano extendida surcando el viento del corredor, caminando de espaldas con esa sonrisa desplegada de par en par en su rostro y no pudo evitar contestar el saludo.

La ventisca empezó a arremolinar la arena alrededor de sus cuerpos, alborotando sus cabellos en el aire y jugando la el filo de sus ropas. Entonces el trío desapareció entre la tormenta arenosa de Sunagakure.

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En medio de la celda se encontraba su cuerpo incorporado, sostenido por cadenas que ataban sus pies y sus manos por encima de su cabeza al techo. Estaba mallugada, exhausta, sucia, pero aun así subió la mirada, con esos grandes ojos marrones observándolo con ambas cejas levantadas por la sorpresa.

Sonrió, con los dientes pintados de sangre.

─Gaara ─frunció el entrecejo, no supo si fue por incomodidad o por escuchar decirle su nombre con esa lastimosa voz─, mi Señor Kazekage

─Habla

─¿Por qué tan frío? Recuerdo que era yo quien calentaba no solo tus sábanas ─sus ojos se ensombrecieron y esbozó una media sonrisa socarrona─. ¡Ah! ¿Cómo está tu preciada esposa? ¿Será que se aún se encuentre bien?

─Explícate ─demandó.

Matsuri chasqueó su lengua repetidas veces mientras negaba con la cabeza.

─No hay nada que explicar mi amado

La voz de Matsuri era más sosegada de lo que creyó estaría. Ella había sido una persona expresiva y alegre que fue corrompida por su tacto, dañándola en escalas que seguramente no lograría comprender, manchado en todas las formas posibles, ensombrecido su alma, y se odiaba por eso, pero ahora, la odiaba más a ella.

─Matsuri ─trató de suavizar su voz lo suficiente como para que se sintiera segura, sabía que la única forma de lograr sacarle información era tratándola con tanta suavidad como le fuese posible─, solo tienes que decirlo y no habrá consecuencias mayores, todo terminará rápido y si es posible gentil.

─Primero antes dime ¿lo disfrutaste tanto como conmigo? ¿Te hizo llegar al clímax?

─Solo tienes que decirlo ─ignoró su reta.

─Más vale que lo disfrutes mientras te dura, la pobre prometida de la arena… ¿No le dicen así? No Matsuri, ella no es más una prometida, además, seguro al Kazekage le gusta más llamarla la pequeña flor del desierto ¿no es así?

─Basta

─¿Qué ocurre Gaara? ¿Te incomoda que hable de ella? ¿Sabes? No me hubiera pesado ni un ápice el llevar su muerte sobre mis hombros, me hubiese deleitado al terminar su efímera y miserable existencia con mis propias manos

Matsuri soltó una carcajada que fue acompañada por el crepitar de sus cadenas, volviendolo un escalofriante chillido.

─Calla ─rugió.

─Oh ─sonrió de lado relamiendo sus labios─. Desearía que hubieses mostrado tanta pasión al compartir la cama conmigo

─No volveré a repetirlo, habla de una vez

─No, no, no, así no es divertido

Entonces un aullido de dolor ensordeció sus oídos cuando la arena traspasó el hombro de Matsuri.

─¿Hay alguien más involucrado?

─Te equivocas si crees que tus estúpidos trucos van a funcionar conmigo, Ka-ze-ka-ge-sama.

Otro chillido hizo eco entre las paredes al enterrar furtivamente la arena en forma de lanza en su pierna. La sangre de Matsuri corría en riachuelos, manchando todo a su paso. Jadeaba y su cuerpo tremolaba de dolor.

─Habla Matsuri

Pero ella no lo hizo, ni esa vez, ni la siguiente. Fue casi al borde de la extenuación antes de que cayera en la inconsciencia que escuchó una simple palabra en un balbuceo lejano, que heló cada fibra de su ser.

─Ellos…

Y con esa simple palabra había confirmado su mayor temor.

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Continuará.


Hola a todos, aquí estoy de nuevo, finalmente subiendo conti. Ya sé, ya sé que demoro pero bueno, mi ritmo es lento jajajaja.

Es medio tarde así que paso rápido.

lyzz.- Hola! Jajaja si, ni yo me la creo, pero es lindo ¿no? Muchos Saludos, espero leerte pronto!

Gab.- Hola! Sii por fin se casaron, pero creo que sería demasiado pronto para tener la noche de bodas no? Después de todo no tienen sentimientos el uno por el otro, ¿o sí? :0 jajaja saludos!

Danni.- Awwww T_T me vas a hacer llorar sonrojada y toda la cosa jajaja, me da mucho gusto que sea de tu agrado la historia y en verdad lamento no poder actualizar tan rápido como me gustaría, pero bueno, finalmente actualizo jajajaja así que no se preocupen que voy lento pero segura XD. Espero te guste la conti! Muchos saludos :D

katy.- Muchas gracias linda! Si ya saben que voy como las tortugas jajaja no es que así lo quiera, me gustaría escribir como maquinita pero bueno, a veces me falla la imaginación así que mejor espero a subir cualquier cosa jaja. Espero te guste la conti! Muchos saludos!

tintaypapel.- ¡Hola! ¡¿Tanto así?! Wow! Muchas gracias! Bueno espero que este capítulo sea mejor que el anterior (si es que se puede) ahí me cuentas si te gustó o no :)) espero que sí! Muchos saludos!

Muchas gracias a ...lyzz, Gab, Bombom Kou, ARJ - VG, SabakuNoSakura, Danni, Dilanny Danae, katy, tintaypapel, Renmhus, denizscarlett... por sus bellos comentarios, saben que son el motor para seguir escribiendo. También quier agradecer y mandar un saludo a los que leen la historia en anónimo, los que la favoritean/siguen, muchas gracias por tomarse su tiempo para leer este fic.

Bueno si más me despido, espero les guste la continuación y nos leemos en la próxima!

Les mando muchos besos, abrazos y apapachos.

¡Adiosin!