CAPÍTULO 11.- Realizaciones

El ruido de sus propios dedos tamborileando sobre la mesa de caoba era lo único que sus oídos lograban captar. En lo único que podía concentrarse eran sus propias yemas repiqueteando armónicamente una detrás de otra en un hipnótico círculo vicioso.

Aun podía escuchar el chirrido de las cadenas en un zumbido lastimoso dentro de su tímpano, ensordeciendo las voces externas, perdiéndose en algún lugar entre las cuatro paredes de la sala.

Podía verlo con claridad detrás de sus pupilas, la bilis borbotando de la boca de Matsuri y cómo de las laceraciones que él mismo le había infringido en su menudo cuerpo, brotaba sangre que recorría en riachuelos por su piel ennegrecida en suciedad hasta mojar el suelo en charcos que poco a poco iban extendiéndose. Él sabía que debía sentirse culpable o con remordimiento por haberle causado tanto dolor y le sorprendió darse cuenta que no lo hacía.

Comprendió después de escudriñar su cuerpo maltrecho lo poco que le había llegado a importar Matsuri. Su traición había sido tan vil y cobarde que le enojaba pensar en ella como su discípula. Se percató entonces que los escasos sentimientos por ella se bifurcaban: Al Kazekage le hería su deslealtad como de igual forma habría sido con cualquier otro ninja de Suna, pero como Sabaku no Gaara podía decir con certeza que no sentía absolutamente nada por ella, habían sido sus acciones infames contra su esposa lo que le encolerizaba, aun sabiendo que él la había llevado por ese camino. Ni siquiera se inmutó cuando lo llamaba entre susurros lúgubres y lastimosos, tratando de evocar algún sentimiento de piedad dada su bizarra e impropia relación, pero el continuó hasta que finalmente tuvo la respuesta que tanto ansiaba.

Ellos… Retumbó en su mente una y otra vez. La simple palabra había confirmado que no se trataba de un arrebato personal como pensó en primera instancia. Entones eso solo significaba que la finalidad había sido evitar la alianza entre ambas aldeas al tratar de primeramente capturar a Haruno Sakura; a quien después, Matsuri corroída por celos enfermizos y obsesivos trató de asesinarla fallando miserablemente en el intento. Pero ahora, cuando la unión estaba concretada, no podía saber con exactitud cuál o como sería su próximo asalto.

Ellos… Revivió en un eco. ¿Quiénes podrían ser? Había tantas posibilidades como ninjas y kunoichis en cada una de las Aldeas Ocultas.

Se sentía tan inútil e impotente por primera vez desde hacía tanto tiempo que no se percató en qué momento sus manos se convirtieron en puños blanquecinos.

Tenía que indagar más y recabar información para poder tomar una decisión. No, no le correspondía solo a él, aun así sea su esposa y oficialmente una kunoichi de Suna, Haruno Sakura siempre llevaría a Konohagakure en su corazón y toda Konoha en el suyo.

Quería manejar la situación lo más silenciosa y sutilmente, sin inmiscuir a ajenos, enfrentándolos al peligro, pero los sucesos habían escalado tanto y tan rápidamente con esa simple palabra que no le quedaba otra opción.

─Kazekage-sama… ─dijo alguna voz que ni siquiera trató de reconocer─. Kazekage-sama ─repitió demandante─ ¿Cómo proseguimos?

Gaara se incorporó lentamente sin importarle que todas las miradas se centraran en él con incertidumbre.

Observó a Suna detrás del ventanal; su hogar, con sus característicos colores pardos vibrar ante la imponente luz matutina del sol, el lugar y las personas que había jurado defender a toda costa. A su mente llegó la imagen de Haruno Sakura, en esa misma mañana, pacífica en su dormir, su nívea piel resplandeciendo ante la tenue luminiscencia, ese cabello exótico revuelto y enmarañado tapando su frente y las mejillas sonrosadas seguramente por el calor del astro solar. No sabía que le ocurría o porqué se sentía… cómodo y extraño en su presencia y la razón de esa urgencia que nació desde su interior, una necesidad por tocarla que escocía. No comprendía en lo absoluto lo que estaba ocurriéndole y poco le importaba a esas alturas, no cuando todo parecía salirse de control ante la situación inminente de peligro. No era el momento para pensar en nimiedades como esos sentimientos que empezaban a aflorar.

Tenía que mantener la mente esclarecida, lo había prometido y era su deber… No, no lo sentía cómo un deber, no completamente, él quería protegerla y eso mismo haría.

─Traigan a Yamanaka Ino de regreso, yo me encargaré de informar a la Godaime Hokage de la situación.

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Había esperado no sabía exactamente cuánto tiempo a que el postigo de la alcoba se abriera de par en par y él apareciera en el umbral; esclareciendo la oscuridad de la habitación al dejar entrar luz anaranjada del corredor, contoneando su silueta masculina y refulgiendo los cabellos rojizos en su coronilla como un halo de fuego enardecido.

Le sorprendió a ella misma la realización de desear que la noche cayera para volver a verlo, aun sabiendo que él no tenía obligación de estar con ella, pero aun así, lo esperaba.

No admitiría nada por el momento, porque no entendía bien qué era lo que sentía. Tal vez sea simplemente la reciente novedad o quizás el descubrimiento de esa faceta que no creyó existía en una persona como él o esa inesperada galantería. Algo había cambiado en su forma de verlo, lo sabía. Siempre pensó en Gaara como una persona fría, insensible e impermutable, quizás un poco rudo y para nada la persona que había venido descubriendo; y era gracioso cómo Sasuke –la persona que decía amar- había demostrado ser cada una de ellas, una y otra vez y otra vez. Pero ella siempre había sido esa estúpida que creía que él cambiaría. Estaba segura que podría ayudarlo a hacerlo con un poco de tiempo, pero solo terminaba siendo herida miserablemente en cada intento hasta olvidar lo que se sentía que alguien, por una vez, pudiera hacerla sentir querida de esa forma que tanto deseó, aunque fuese solo en su propia e imaginativa mente.

Y de alguna forma le agobiaba que él actuara en consecuencia al deber obligado por su enlace cuando ella solo quería que fuese completamente sincero. No le importaba si la aborrecía o si le despertaba cierta curiosidad o si en verdad le interesaba, solo quería la verdad, fuese cual fuese. Tantas atenciones solo terminaban por confundirla aun más y provocar sensaciones que no deseaba.

No sabía cuánto tiempo esperó o en qué momento llegó a ese estado somnoliento, disputándose entre la vigilia y el sueño, sobresaltándose con cada sutil sonido proveniente del pasillo, pensando que quizás en esa ocasión llegaría, pero nunca lo hizo.

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Estaba cansada. En realidad, todos estaban en extremo agotados.

Habían sido unos días extenuantes. Tener que organizar todos los preparativos del viaje y conseguir las flores exactas para recrear el perfecto jardín de Konoha había sido un arduo trabajo, pero podía decir con satisfacción que había valido la pena. Ver el rostro genuino de Sakura era todo lo que deseaba.

Ella la conocía mejor que nadie. Bueno, en realidad no sabía si tanto como Naruto, pero su perspectiva femenina era algo con lo que él no contaba y es por ello que aunque no sabía con exactitud cómo se sentía Sakura, podía imaginárselo.

Y por eso mismo no comprendía cómo Sakura podía contenerse todos esos sentimientos que seguramente estaba experimentando: el desapego del hogar, de su familia, amigos, conocidos, tener que abandonar toda su identidad para convertirse en esposa de alguien a quien no quería, todo tan de prisa que ni siquiera le dio tiempo para asimilarlo. Tal vez eso era lo que ocurría, que los acontecimientos transcurrieron tan aceleradamente que ni siquiera había reparado a pensarlo un poco. No, eso no sonaba como Sakura, seguro que ya lo había cavilado mil veces, pero entonces ¿Cómo es que no se veía devastada como pensó en un principio? ¿Cómo es que se veía… normal? Sin los ojos hinchados y rojos por llorar a mares. Quizás había aceptado su destino pues no le quedaba de otra, pero ella presentía que eso no era todo, algo había cambiado en Sakura.

¿Qué podría ser?

Ino giró sobre su costado, apoyando la espalda en el duro suelo, moviéndose de todas formas posibles sin lograr acomodarse del todo. Odiaba acampar en la intemperie, siempre despertaba con el cuerpo mallugado y demoraba horas en peinar su enmarañado y largo cabello.

Suspiró rendida ante la situación y se limitó a observar el cielo nocturno. Las estrellas titilaban en el firmamento como diminutos diamantes esparcidos dentro de la oscuridad; escuchaba el crepitar de la fogata siendo mezclado con los ronquidos de Naruto al otro lado del campamento. Ino sonrió ligeramente; al menos no eran tan sonoros como los de Chouji.

El viento empezaba a refrescar. Los árboles se mecían a merced de los vendavales que de vez en cuando soplaban, desprendiendo alguna solitaria hoja que bailaba a su compás hasta caer delicadamente en el suelo.

Las ramas de los árboles crujieron, uno detrás de otro rápidamente, siguiendo un patrón que se extrañamente se dirigía hacia la dirección donde se encontraban yaciendo. Esos movimientos le eran tan familiares que supo inmediatamente que pronto no se encontrarían solos. Observó el lugar donde se encontraban los cuerpos tumbados del Capitán Yamato y Naruto; sabía que estaban despiertos y al asecho a causa de sus respiraciones acompasadas y la forma en que sus músculos se habían tensado casi imperceptiblemente, listos para asestar y contratacar cualquier asalto. La mano de Ino viajo sobre su costado paulatinamente hasta que tanteó el bolsillo donde guardaba sus kunai, aferrando el arma entre sus dedos.

Los ruidos se acrecentaron hasta detenerse de pronto.

─Capitán Yamato ─al escuchar pronunciar el nombre del líder del grupo se relajaron instantáneamente e incorporaron, pronto vislumbraron un Anbu de Suna aparecer entre la penumbra y sintió su interior retorcerse─. Le tengo un mensaje urgente de parte del Kazekage

Ino dirigió su mirada hacia Naruto casi instintivamente. Su semblante había palidecido y observó cómo su cuerpo se tensaba mucho más que cuando pensó iban a atacarlos, sus manos se cerraban en puños a su costado y su respiración se volvió superficial. Él también había presentido que algo no andaba bien y que seguramente se trataba de Sakura; el solo pensarlo le revolvió el estómago ¿Qué había ocurrido? Hacía solo unas horas habían separado sus caminos, debía ser algo más, algo tan importante que habían ido a buscarlos en medio del bosque, a mitad del trayecto hacia Konoha, pero ¿Qué podía ser más importante que ella?

─¿De qué se trata?

─Le pido que lea el mensaje ─el líder de equipo observó por un momento el pergamino en la mano del Anbu, sin duda tenía el sello del Kage de la Aldea Oculta de la Arena.

─Muy bien

El Capitán Yamato tomó el pergamino reticente aunque abriéndolo al instante.

─¿Y? ¿Capitán Yamato? ¿Qué dice? ─Naruto parecía desesperado por saber el contenido del pergamino, su ceño se había fruncido y su dentadura se apretó al no recibir alguna respuesta─. ¡¿Capitán Yamato?!

Naruto entre la preocupación exasperante arrebató el pergamino de las manos del Capitán, quien pareció no importarle demasiado las acciones de su subordinado.

Capitán Yamato:

Debido a los acontecimientos recientes solicitamos la asistencia de Yamanaka Ino para la extracción de información de suma importancia concerniente a los ataques hacia Haruno Sakura. La Godaime Hokage ya ha sido informada. Esperamos su regreso inmediatamente.

─¿Q-Que? ─exhaló tremolante acompañado de una risita nerviosa─. ¿Qué se supone que significa esto?

Naruto leyó el pergamino amarillento en voz alta una y otra vez, tratando de asimilar el evidente significado que parecía no querer aceptar.

─No ─sentenció, con la mitad de su rostro iluminado por el fuego danzarín, jugando con sombras en su rostro.

─Naruto…

─¿Qué estamos esperando? Tenemos que regresar

─Solo han pedido la presencia de Ino ─dirigió su mirada hacia ella─, es la representante más cercana del Clan Yamanaka

─¿Y eso que importa? Sakura está en peligro Capitán Yamato, es que ¿No le importa? ─su cuestionamiento sonó casi desafiante.

─¡Por supuesto que me importa! ─alzó la voz, acallando los sonidos nocturnos del bosque─. Pero es un tema delicado Naruto… y Konoha nos necesita también

El Capitán Yamato acortó distancia, posando sus manos en los hombros de Naruto con firmeza y fortaleza, asegurándole con la simple acción que todo estaba controlado así nadie lo creyera realmente.

─Sakura está en buenas manos

Naruto dirigió su mirada hacia el cielo, aun dubitativo, batallando internamente mientras vislumbraba las estrellas que sabía no le ayudarían con sus predicamentos porque ella misma lo había hecho hacía unos momentos. Fue un minuto después que dio un paso hacia atrás, clavando su mirada azul en ella.

─Confío en ti Ino

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Se despertó completamente cuando los rayos del sol se colaron por la ventana. El cuello le dolía por haber dormido en una mala posición, había esperado toda la noche sin percatarse en qué momento había perdido la batalla contra su aletargada somnolencia.

Sakura escudriñó por un momento el borde de la cama, donde Gaara reposó junto a ella hacía unas noches atrás; casi podía vislumbrarlo. Su mano viajó inconscientemente hasta el lugar, alisando la sábana fría y sin deshacer.

Tal vez había cambiado de opinión, quizás no quería compartir nada más con ella que las palabras corteses que se habían acostumbrado a recitar entre ellos. Tal vez se había arrepentido de haber, de cierta forma… intimado.

Le molestaba. ¿Por qué no le decía simplemente lo que pasaba por su mente? ¿Cuál es el punto de ser un galante caballero para después cambiar de opinión? ¡Demonios! ¿Quién en su sano juicio regala un invernadero? ¡De todos los estúpidos regalos que pudo haberle hecho! ¡¿Un invernadero?! ¿Tanta molestia para organizar traer a sus amigos y esa parte de Konoha solo por puro deber?

Sentía su sangre hervir en sus venas. De repente se sentía furiosa y de un arrebato se incorporó, dirigiéndose a la ducha, metiéndose en el agua sin importarle que aún estuviera fría.

¿Quién se creía que era? Encandilándola con todos esos detalles, las miradas cómplices y aseguradoras, las caricias preocupadas y las palabras de ánimo. ¡Maldita sea! ¿Por qué se sentía tan irritada y tan desilusionada por despertarse sola?

¡Solo acéptalo Sakura! ¡Te morías por despertarte nuevamente para verlo tan pacífico en su sueño! ¡Deseabas que acomodara tu cabello y curioseara con él! ¡Admítelo! No tiene nada malo que te guste aunque sea un poco tu esposo.

Uh Oh.

Definitivamente perdería la cordura.

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Continuará...


¡Hola a todos!

Sé que he tardado unos mesesitos pero finalmente está listo. Ahora vamos a responder los comentarios.

Miyandy.- ¡Wow! Eres una lectora veloz, te pido disculpas por tardar un poco pero quiero que sepas que no voy a abandonar ni este mis otros fics así demore. Espero te guste el nuevo capítulo. Te mando muchos saludos!

Katy.- Jajaja ya se, es tan Ino ser tan impertinente pero me da gracia, ¡no sería mismo sin ella! Disculpa por haber tardado pero ya está el capítulo, espero te guste y leerte nuevamente. Saludos!

tintaypapel.- Sí, ya se. Yo he tenido que despedirme así de amigos que no se cuando nos vamos a volver a ver y es feo por que los extrañas todo el tiempo, pero bueno, es parte de la vida. Hablando de otra cosa, espero te guste la continuación. Muchos saludos!

Quiero darle las gracias a ...Katya kawasaki, Adrit126, Miyandy, Sonohrina, Dilanny Danae, Bombom Kou, GabiLime14, Katy, ying-yang22, tintaypapel, Zeth Amsel, kittens love, BMadness, ryomaysakuno93... por darse el tiempo de dejar sus hermosos comentarios y también quiero agradecer a aquellos que ponen en sus favoritos/follows a esta historia y a esta autora y también a aquellos que leen de anónimos.

Me despido mandándoles muchos besos, abrazos y apapachos a todos.

Nos leemos en la próxima.

¡Adiosin!