DIVISIONES

IV: HERIDA

Cielo sobre los Terrenos del Santuario

Tras varios minutos volando con su invento y alejándose del bosque del Santuario, Mac respiró aliviada. Parecía que había por fin logrado evadir a ese extraño sujeto que la había estado persiguiendo con una velocidad que no parecía humana y desafiaba todos sus conocimientos sobre velocidad. Si había calculado bien, el chico que la perseguía corría demasiado rápido como para tratarse de un ser humano. No entendía muy bien que era lo que había pasado. ¿Cómo era posible que un hombre común y corriente pudiera correr tan rápido y seguirla de esa manera?

-Toto, busca la ruta más rápida hacia nuestra casa- dijo Mac, tras mirar a su alrededor de nuevo, ver que estaba sola y suspirar de alivio- creo que ya tuvimos suficientes aventuras por el día de hoy-

-Estoy completamente de acuerdo contigo en ese asunto, tuvimos suficientes aventuras por el día de hoy- la chica escuchó la voz de Toto a través de sus audífonos- pero creo que primero deberías ir a un hospital. La piel de tu pierna tiene una solución de continuidad, y según mis cálculos, eso puede llegar a ser problemático-

-Tienes razón, sería sensato- dijo Mac, mirando de reojo la herida en su pierna- entonces calcula el camino hacia el hospital-

-Gira un poco a tu izquierda, la salida de esta región montañosa es…¡Peligro! ¡Peligro!- comenzó a decir Toto- ¡detrás de…!-

-¡Te atrapé!- escuchó una voz masculina.

Mac no tuvo tiempo de reaccionar. Sintió que alguien la atrapó por la cintura y, por el peso, que no estaba calculado en su prototipo, ambos cayeron los tres o cuatro metros hasta el suelo, y rodaron un par de veces. Mac nuevamente cayó sobre la persona que la había atrapado, que nuevamente era Shura.

-¡Ah!¡Suéltame!- dijo la chica, pataleando, pero Shura no la soltó- ¡suéltame, maldito troglodita! Let go of me, you big brute!-

-No te muevas, ya estás lo bastante lastimada- le dijo Shura en un tono serio y seco, pero sin aflojar sus brazos, por más que la chica se movía.

-Ya me iba, iba al hospital, no me iba a quedar, lo prometo- dijo Mac entre enojada y alarmada. ¿Que quería ese hombre tan extraño, con poderes sobrehumanos, con ella? ¿Qué podía hacer?- Toto, ayúdame…-

-¿Puedo sugerir pedir piedad?- le dijo Toto a través del auricular. Mac bufó. El robot no le iba a ser de ninguna ayuda.

El santo de Capricornio no aflojó su agarre ni un poco. Una chica tan pequeña y delgada jamás podría siquiera soltarse de alguien como Shura, ni siquiera si no fuera un santo de Athena.

-Let go of me, or I will kick your butt!- dijo Mac, aún pataleando e intentando golpearlo.

Shura esperó pacientemente hasta que la chica se detuvo por fin, agotada. Mac por fin dejó de moverse, rindiéndose, a pesar de que estaba muy asustada. ¿Qué era lo que iba a hacerle ese desconocido?

-¿Ya te tranquilizaste?- dijo Shura, intentando incorporarse sin soltara la chica. Cuando Shura se levantó junto con ella, Mac sintió los pies colgando del suelo.

-Bite me- siseó ella.

-Solo te voy a hacer unas preguntas- dijo Shura en su habitual tono serio- y si es un accidente que estés aquí, no tienes nada que temer. Pero estás herida, así que primero…-

Se interrumpió al ver que Kiki y Christoffer llegaron a donde estaban ellos dos.

-Vinimos a ayudar, señor Shura- dijo Kiki, y ladeó la cabeza al ver a una muy enojada Mac aún haciendo esfuerzos por soltarse del santo dorado. Christoffer le quitó la mochila, y con Kiki la abrió y se pusieron a revisarla.

-No hagan eso- dijo Mac, desesperada por soltarse y detenerlos, pero Shura seguía sin soltarla- ¡están dañando el prototipo! Y Toto está ahí dentro, ¡tengan cuidado, par de tarados!- añadió en un tono suplicante. No quería que dañaran a su robot.

-Esperen un momento, ustedes dos- dijo Shura, haciendo que los dos aprendices se detuvieran, justo cuando Christoffer estaba sacando a Toto de la mochila. Los tres se quedaron sorprendidos de que la chica tuviera un juguete como ese con ella.

-¡Toto!- dijo Mac, haciendo un nuevo esfuerzo por soltarse- ¡dejen a Toto en paz!-

-¿Qué es esta cosa?- dijo Christoffer.

-Suéltame en este instante, ricitos de oro- dijo Toto, haciendo que todos los chicos alzaran las cejas, extrañados.

-¿Qué es eso?- dijo Kiki, sorprendido de ver ese aparato.

Shura entrecerró los ojos, analizando la situación. Al parecer, el aparato y el perro de juguete eran importantes para la chica. Sabía que tenía que llevarla al hospital, y sabía que tenía que interrogarla para asegurarse de que todo había sido un accidente.

-Mira, chica, tenemos que llevarte al hospital para que reparen tu herida- dijo el santo de Capricornio- y tengo que preguntarte un par de cosas. Tu mochila y tus cosas se quedarán con Kiki y Christoffer hasta que regresemos del hospital. Si dejas que te curen y respondes bien, te devolveremos todo, ¿de acuerdo?-

-¿De acuerdo? Not in a million years! ¡Claro que no!- dijo Mac, pataleando de nuevo y señalando a los aprendices- no voy a dejar a Toto con ese par de descerebrados mientras que…-

-No tienes opción- dijo Kiki, cruzándose de brazos, y tomando al perro de juguete de manos de Christoffer.

-Déjame en paz, cabeza de zanahoria- dijo el perro mecánico.

-¡No quiero!- dijo Mac- no voy a quitarle los ojos de encima a Toto, y…-

Shura se cansó de esa conversación. Bufó fastidiado, y se echó a la chica al hombro, para comenzar a caminar hacia la ciudad.

-¿Qué rayos…?- dijo Mac- ¡bájame, troglodita!-

-Cuiden bien esas cosas de esta chica- les dijo Shura a Kiki y a Christoffer, ignorando los gritos de Mac, mientras que se alejaba con la chica en su hombro- si algo les pasa, ustedes dos tendrán que responder por ello. Dame al perro. Yo me haré cargo-

Los dos aprendices asintieron y pusieron a Toto en la mano libre de Shura. El santo dorado salió del Santuario rumbo al hospital que estaba cerca, en la ciudad, con la chica sobre su hombro, pataleando desesperada y muy enojada.

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Playa del Santuario

Camus levantó la vista de pronto, cosa que le pareció extraña a Liliwen. Ambos estaban pasando un tiempo solos en la playa del Santuario. A Liliwen le agradaba hundir sus pies en la cálida arena, sobre todo en esos días que ya había comenzado la primavera, y el sol calentaba la arena de la playa alrededor del mediodía.

-¿Pasa algo, Camus?- dijo la chica pelirroja.

-Al parecer Shura atrapó a un intruso en el bosque- dijo el santo de Acuario en voz baja- no parece ser peligroso, según lo que nos cuenta. Es una chica que cayó dentro de los terrenos, al parecer por accidente, y está herida-

Liliwen alzó las cejas. No olvidaba todas las veces que Fjore había entrado al Santuario y la había atacado. Tembló levemente al recordar lo sucedido hacía todos esos meses. Camus notó ello, y la rodeó con su brazo.

-No temas, nadie te va a molestar de nuevo, Lilú- dijo el santo de Acuario. Liliwen sonrió y apoyó su cabeza sobre el hombro de Camus.

-Lo sé- dijo ella sin dejar de sonreír- gracias, Camus-

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Hospital de Atenas

Ya habían pasado un par de semanas desde aquel ataque al hospital, y todo había regresado a la normalidad. Sofi, que según los cálculos de su médico tenía veinte semanas de embarazo, ya había dejado de tener nauseas y por fin había podido regresar a sus actividades normales. Aún así, su amigo Oskar apenas la dejaba hacer algo y la mandaba a descansar al menos una vez por hora.

-No estoy enferma, ¿sabes?- dijo Sofi finalmente, explotando exasperada, cuando su compañero le dijo por enésima vez que fuera a la sala de médicos a descansar un poco- solo estoy embarazada-

-No, no te alteres- dijo Oskar, quien no sabía si reír o preocuparse- solo pienso que no deberías estar en el servicio de urgencias. No puedes hacer muchas cosas estando embarazada-

-¿Como qué?- dijo Sofi, comenzando a tener ganas de darle un zape.

-Los rayos X portátiles- dijo Oskar en tono sabiondo- o correr de un lado a otro-

Oskar miró el abdomen de su compañera. ¿Cuánto le había dicho que tenía?¿Veinte semanas? Esa pancita parecía de al menos treinta, pero tuvo el sentido común de no decirle eso a Sofi: no quería hacerla enojar. Ya la había visto muy hormonal en los últimos días: no quería arriesgarse.

-No los tenemos todo el tiempo- dijo la chica, cruzándose de brazos- no me pasa nada, y…-

Un golpe en la puerta de entrada de Urgencias los interrumpió, haciéndolos volverse hacia el sitio donde habían escuchado el ruido. Sofi alzó las cejas al ver que se trataba de Shura, quien venía caminando calmadamente por el pasillo principal de la sala de emergencias, con lo que parecía ser una chica en su hombro.

-¿Shura?- exclamó Sofi, extrañada y algo preocupada: nunca eran buenas noticias cuando alguno de los santos se presentaba en el hospital. Oskar alzó las cejas- ¿pasó algo en el Santuario?¿Qué rayos…?- añadió al ver a la chica aún pataleando molesta.

-Todo está bien, Sofi. Esta chica traspasó los límites del Santuario- dijo Shura en un tono extrañamente tranquilo- y se lastimó en el intento de escapar. La herida se ve muy fea, no soy ningún experto, pero creo que necesita sutura-

La chica que estaba en su hombro parecía estar molesta, fruncía el entrecejo levemente.

-Bájame de una vez, cavernícola- dijo la chica en un tono molesto. Ya no pataleaba, pero estaba cruzada de brazos con una mirada que parecía quererlo fulminar- esto es altamente inapropiado-

-Silencio, señorita, cuando traspasas los límites del Santuario, no tienes de qué quejarte- le respondió Shura, frotándose la frente con una expresión fastidiada.

La chica solo gruñó, y Sofi alzó las cejas. Al parecer, esos dos habían estado discutiendo todo el camino desde el Santuario hasta el hospital. La chica no parecía ser peligrosa, quizá solo había sido un error. Y conociendo a Shura, sabía que éste había sobreactuado de nuevo.

-De acuerdo, Shura, déjame verla- dijo Sofi, levantándose y señalando un cubículo vacío- pásala aquí-

Shura obedeció, para completa molestia de Mac. El santo dorado la puso sobre la camilla, y de inmediato trató de levantarse y huir, pero de nuevo Shura se lo impidió, mostrándole que él aún tenía a Toto.

-No te muevas, tía- dijo Shura- deja que Sofi te revise-

-No quiero que me revise nadie- dijo Mac obstinadamente- estoy bien, muchas gracias, ya me voy…-

-No, no estás bien- dijo Sofi, alzando la voz en tono autoritario, y Mac no tuvo más remedio que tumbarse sobre la camilla y dejar de moverse. Sofi suspiró, y tomó las gafas protectoras para analizar la herida de la chica. Además del feo corte en la piel y de los rastros de sangre seca, tenía restos de hojas, tierra y ramas. Las orillas de la herida estaban de un color rojo intenso que la hacían pensar que quizá la herida ya estuviera infectada- si no te atendemos pronto, perderás esa pierna-

Mackenzie palideció y, por primera vez desde que llegaron, dejó de moverse. No sabía si estaba bromeando o era en serio, pero dejó de luchar débilmente contra Shura y se mantuvo quieta. El santo dorado la soltó y se cruzó de brazos.

-Bien- dijo Mac, sin pelear, y cruzándose de brazos ella también, molesta, mientras que Sofi se ponía un par de guantes y comenzaba a revisar la herida. Mientras lo hacía, Shura se sorprendió de que, a pesar de que eso parecía ser doloroso, la chica no hizo ninguna expresión ni exclamación, soportando estoicamente la revisión.

-No son buenas noticias- dijo Sofi finalmente, quitándose los guantes- voy a pedir que te tomen una radiografía, parece que tienes el hueso expuesto, aunque creo que no se rompió-

-¿Eso es malo?- dijo Mac, alzando las cejas.

-No, pero tenemos que hacerte una limpieza- dijo Sofi- obviamente, tendré que sedarte para hacerla-

Mac palideció y sacudió la cabeza, sin decir nada, cosa que le pareció extrañísima a Shura, pues la chica parecía ser bastante vocal.

-Solo serán cinco o diez minutos- dijo Sofi en un tono amable, poniendo una mano en el hombro de la chica- estarás bien, en serio. Tendré que ir a conseguir el material. ¿Cuál es tu nombre?-

Mac no respondió inmediatamente. Se incorporó sobre la camilla, para sentarse, y buscó con su mirada a Toto, que seguía en una de las manos de Shura. El santo dorado, captando su mirada, asintió y puso al perro mecánico en sus manos.

-¿Toto?- dijo Mac en un tono de voz suave y bajo, que Shura no había escuchado hasta ese momento.

-No tienes más opción que proceder a lo que te proponen, Mac- dijo el perro mecánico, sorprendiendo tanto a Shura como a Sofi- según mis cálculos, las posibilidades de sobrevivir una infección de tu herida con tu pierna intacta son 349 a una-

Mac bajó la mirada. No le gustaba para nada la situación, y no le gustaba encontrarse tan vulnerable frente a esos desconocidos. Su tripa le decía que podía confiar en la doctora pelirroja, aunque pareciera ser amiga del bruto que la había llevado al hospital cargada en el hombro, como cavernícola. Suspiró, rendida, y asintió.

-Está bien. Me llamo Mackenzie- dijo la chica, y tomó aire- Mackenzie Arnaud-

Sofi sonrió amablemente, y salió a conseguir el material que necesitaba. Mac la miró desaparecer, y su vista se enfocó al santo dorado. El chico era guapo, pero su mirada seria la hacía ponerse más nerviosa de lo que ya estaba. Tragó saliva.

Shura se dio cuenta de ello, porque suavizó su mirada, y se sentó en la camilla junto a ella.

-No estés nerviosa- dijo Shura, poniéndole una mano en el hombro en un gesto para intentar tranquilizarla- Sofi es la esposa de otro de los santos dorados. Es excelente. Verás que vas a estar bien…-

Aquel gesto del desconocido sorprendió a Mac, haciendo que diera un respingo de sorpresa. Ese gesto era desconocido para ella. La mayoría de las personas a su alrededor, sobre todo Charlotte y Derek, solamente le daban palmaditas en su cabeza, porque era bajita.

-Gracias- dijo Mac, mirando al chico de reojo. El santo sonrió, y soltó el hombro de Mac, quizá un poco apenado por lo que acababa de hacer.

Shura suspiró. Tenía que hacerle esas preguntas, averiguar si ella no era un espía del enemigo o algo peor, aunque al ver como se desarrollaron los eventos, cada vez le parecía mucho menos probable.

-¿Entonces te llamas Mackenzie?- dijo Shura, en un serio intento de parecer amistoso- ¿de donde eres?-

-Mac- dijo la chica de manera automática, y pronto se dio cuenta de que no era lo que le había preguntado- eh… sí, me llamo Mackenzie, pero todos me dicen Mac. Vengo de Canadá-

-Mac- repitió Shura, sonriendo levemente- no pareces ser un espía…-

Mac se sorprendió. ¿Así que de eso se trataba todo? Creía que era un espía que iba a atacar el Santuario. Según lo que había escuchado decir a Toto, no sabía como a alguien se le ocurriría atacar la morada de una diosa, sobre todo con todos esos hombres superpoderosos que podían correr a la velocidad de la luz y quien sabe que más podrían hacer. Sacudió la cabeza.

Al verla tan confundida, Shura volvió a poner su mano sobre el hombro de la chica, ganándose una mirada agresiva del pequeño robot.

-Cuidado con tus manos, troglodita- dijo la voz mecánica de Toto- déjala en paz-

-Toto- dijo Mac en tono de reproche- no seas grosero, me está ayudando. Creo… espero que sí- añadió, levantando la mirada, para que sus ojos se cruzaran con los de Shura.

-Por supuesto que sí estoy intentando ayudar- dijo Shura, asintiendo, y al mismo tiempo, mirando con curiosidad al extraño perro mecánico- francamente tenía miedo de preguntar, pero, ¿qué rayos es esto?-

-Oh, él es Toto- dijo Mac, sonriendo levemente por primera vez desde aquel pequeño evento- es abreviatura para Tiny Optimal Technopet Operations-

-¿Qué rayos?- dijo el santo dorado, sin entender ni jota. Mac rió levemente. Siempre que hablaba de Toto, obtenía esa reacción.

-Es un operador Technopet- dijo Mac, y al ver la expresión interrogante de Shura, añadió- un robot mascota, por así decirlo-

-Yo sabía que era un troglodita, para que tengas que sobresimplificar la explicación- añadió Toto.

-¡Oye!- dijo Shura, sin saber si estaba molesto con Toto por su impertinencia, o impresionado por las habilidades de comunicación que tenía. Sacudió la cabeza, y se volvió de nuevo a Mac- ¿tú lo hiciste?-

-Obviamente no, fue un regalo de navidad de mis papás cuando era niña- dijo Mac- después, lo modifiqué un poco, cambiándole los circuitos y descargando algunos programas. Aunque a juzgar por su actitud contigo, creo que tengo que volver a descargarle los protocolos de etiqueta y urbanidad-

-No se necesita urbanidad con un cavernícola- dijo Toto.

Shura ignoró el nuevo insulto, y volvió a mirar a Mac, esta vez con nuevos ojos. No solo era muy bonita a pesar de sus ropas informales, desordenadas y sucias, sino que era muy inteligente, sobre todo si ella había creado un robot como Toto o su prototipo de alas con las que literalmente había caído sobre él.

-¿Y qué es lo que haces en Atenas?- dijo Shura, cruzándose de brazos y apoyándose en la pared una vez que se cercioró de que Sofi aún no regresaba con el material- estás muy lejos de tu hogar-

-Siempre he vivido fuera de casa- dijo Mac- Boarding school en Quebec, y hasta hace unos meses vivía en Munich. Unos amigos y yo estamos en Atenas haciendo prótesis biónicas para los refugiados sirios que han perdido alguna extremidad-

-Oh…- dijo Shura, aunque eso era fácil de entender. Sí que era muy inteligente. Se aclaró la garganta.

-¿Y tú eres uno de esos guerreros… santos de Athena?- dijo Mac, recordando lo que Toto le había dicho sobre el Santuario mientras volaba sobre los terrenos.

-Sí, soy Shura, santo de Capricornio- dijo el chico.

Por primera vez desde que la había conocido y que había literalmente caído sobre él, Shura la vio sonreír amplia y sinceramente, y el alma se le fue a los pies. ¿Había pensado que era bonita? ¡Demonios, era hermosa! El español se encontró a si mismo ligeramente sonrojado al notarlo. El santo sacudió la cabeza un par de veces, haciendo que la chica alzara las cejas.

-¿Todo bien… Shura?- dijo Mac, parpadeando confundida- ¿pasa algo?

-No… no es nada- dijo el santo dorado, peleando contra ese horrendo calor en sus mejillas. No quería que la chica se diera cuenta.

Por suerte, y justo a tiempo, cuando Mac le iba a volver a preguntar que era lo que le sucedía, cuando Sofi regresó con todo el material necesario para limpiar su herida y suturarla. Dejó el material en la mesita de noche. Mac se encogió de nuevo sobre la camilla, y su sonrisa se borró.

-No te va a doler, Mackenzie, lo prometo- dijo Sofi, al ver que estaba asustada- vas a estar dormida mientras hagamos la limpieza, y cuando despiertes ya no te dolerá nada-

-Gracias- le dijo Mac.

-Shura, ¿porqué no esperas afuera?- dijo ella, volviéndose por un momento al santo dorado- no tardaré más de diez minutos-

-Claro- dijo el santo dorado, aún luchando contra el leve sonrojo en sus mejillas, y agradeciendo a los dioses que Sofi estaba concentrada en sus cosas y no se dio cuenta.

Mac miró alternadamente a Shura, quien se había dado media vuelta para dirigirse a la puerta del cubículo, y a Toto, y extendió su brazo hacia el santo dorado.

-No, espera… Shura- dijo Mac, extendiendo su brazo hacia él. Shura se detuvo al escuchar su nombre, y se volvió hacia ella, alzando las cejas- ¿podrías cuidar a Toto mientras que… ya sabes?-

Shura sonrió levemente, y caminó hacia ella. Extendió la mano hacia ella, y Mac puso a Toto en ella, sonriendo levemente, con una mirada que le pedía que cuidara de él.

-Aún no me caes bien, troglodita- dijo el pequeño robot.

Shura lo ignoró, y miró levemente a Mac, quien parecía algo nerviosa al ver a Sofi colocando una intravenosa en el dorso de su mano.

-No te pongas nerviosa- dijo Shura en voz baja, sonriendo levemente- vas a estar bien-

Una enfermera entró a ayudar a Sofi, y se enfureció al ver que Shura aún seguía ahí dentro. Se acercó a él y comenzó a empujarlo fuera del cubículo, cerrando la puerta en las narices del santo dorado, quien se encogió de hombros y fue a tomar asiento a la sala de espera, meditando en lo que acababa de pasar.

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Apartamento en Atenas

Como habían planeado, Saga llevó a Kostas esa tarde al apartamento de Cecilia. Sabía que era algo pronto, pero quería ser sincero y abierto con su hijo, y explicarle lo que la chica significaba en su vida. Había hablado con él sinceramente, y le había dicho que aunque él aún amaba y extrañaba mucho a su mamá, se sentía atraído por Cecy.

Kostas no sabía exactamente que pensar. Pensar que Cecy era nueva novia de su papá le hacía tener sentimientos encontrados. Nadie, absolutamente nadie podría sustituir a su mamá. Pero había algo que tenía Cecy que le gustaba mucho al pequeño. Hacía sonreír a su papá. Cuando estaba con Cecy, Saga parecía más feliz que nunca, incluso quizá un poco más de lo que había sido con Casandra. Además, era la persona más dulce que había conocido, y no era exactamente por lo bien que cocinaba. Quizá Kostas no podía entender todas esas razones, y simplemente le había tomado cariño a Cecy.

-Hola- sonrió Cecy al abrirles la puerta, y se inclinó para saludar al niño- ¡hola Kostas!-

-Hola, Cecy- sonrió el niño.

Saga entró al apartamento detrás de el niño y la chica, y no pudo evitar sonreír al ver que Cecy apretaba nerviosamente su pelotita antiestrés. Una parte de él se odiaba a sí mismo por exponerla a ese estrés.

-Espero que los dos tengan hambre- sonrió la chica, mientras Saga le ponía una mano en el hombro para tranquilizarla un poco- el día de hoy hice panecillos horneados-

Kostas asintió, y espontáneamente tomó la mano de Cecy, caminando con ella hacia la pequeña cocina de su apartamento. Saga sonrió al verlos, y cerró la puerta del apartamento tras de sí. Suspiró, mientras caminaba y seguía a esos dos. Sabía muy bien que era muy difícil para Kostas, pero todo parecía ser un buen comienzo.

-Antes que te atiborres de panecillos, enano- dijo Saga al ver que Kostas miraba con interés los panecillos horneados que la chica había preparado- ¿recuerdas que trajiste algo para Cecy?-

Kostas asintió, y corrió al lado de Saga, quien le entregó un pequeño paquete para que a su vez el niño se lo entregara a Cecy.

-Toma, Cecy- dijo Kostas, entregando el paquete.

-Yo… este… gracias. ¿Qué es esto?- dijo la chica, alzando las cejas, y ruborizándose levemente.

-Es un regalo- dijo Kostas, con sus manos en la espalda y sonriendo de oreja a oreja- de parte mía. Espero que te guste-

Cecilia sonrió ampliamente y lo desenvolvió. Era un libro sobre la antigua historia de Irlanda.

-¡Oh! ¡Esto está genial!- dijo Cecilia al desenvolver el libro, con genuino entusiasmo que hizo reír un poco a Saga y a Kostas- ¡me encanta! Muchas gracias, Kostas. ¿Puedo darte un abrazo?-

Como respuesta, el pequeño extendió los brazos y la abrazó por la cintura. Saga sonrió ampliamente al ver eso, su corazón un poco aliviado.

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Sala de Espera, Urgencias, Hospital de Atenas

Shura esperaba pacientemente en la sala de espera del hospital, mirando con interés a Toto. No podía dejar de pensar en el ridículo nombre que tenía una invención tan impresionante y avanzada como esa.

-¿En qué piensas tanto, troglodita?- dijo el robot.

Shura frunció el entrecejo.

-Realmente me desagrada que me llames así, pedazo de chatarra- dijo Shura- mi nombre es…-

-No importa- interrumpió el robot- no eres más que un cavernícola-

Shura no sabía si enojarse por lo grosero que era el animal mecánico o reír. Era un robot ridículamente pequeño, en forma de un perro, con una cara aplastada como la de un perro pug particularmente feo, pero con capacidad de interactuar y entender lo que su dueña quería y necesitaba, y también como insultar a los desconocidos.

-Ví como la miraste- continuó el robot, interrumpiendo los pensamientos del santo dorado. Éste se volvió de nuevo hacia el robot.

-¿Qué dices?- dijo Shura.

-Te gustó, ¿no es así?- dijo Toto.

Shura se ruborizó de nuevo involuntariamente. ¿Qué rayos estaba diciendo ese animal robótico cabeza de circuitos? Claro, Mac era una chica muy guapa, y su forma de vestir era algo… digamos que la chica no dejaba mucho a la imaginación, sobre todo con esos shorts y su blusa. El chico no era de palo, después de todo.

Bueno, también la ropa de las amazonas solía ser muy reveladora, y él no se sentía atraído por ninguna de ellas. Quizá era porque usaban esas máscaras. No, no era por eso. ¿Pero qué rayos estaba pensando? Sacudió la cabeza.

-Guárdate tus opiniones, pedazo de chatarra, si no quieres que te regrese a tu dueña en trocitos de metal- le dijo Shura de manera amenazante.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Les mando un abrazo enorme. Muchas gracias a todos por sus reviews. Nos leemos pronto.

Abby L.