DIVISIONES

V: INESPERADAS NOTICIAS

Terrenos del Santuario

Anika sintió el cosmo de Shura abandonar el Santuario, pero siguió esperando pacientemente como se le había indicado. Se dejó caer al suelo y cruzó de brazos frustrada. ¿Qué rayos estaba haciendo? Quizá era mejor dejar las cosas por la paz. Shura no había mostrado el más mínimo interés en ella en todos esos años, ¿acaso esperaba que las cosas cambiaran solo por el pequeño incidente de hacía unas semanas?

Recordaba la primera vez que había perdido un duelo por la armadura de plata, cuando compitió contra Marín. No había olvidado la tristeza que había sentido y, a pesar de ser muy buena amiga de la nueva amazona de Aguila, Anika se había escapado del recinto hacia los terrenos, y se había tumbado junto a un árbol a llorar. Recordaba que Shura la había visto, le había sacudido la cabeza y le había dicho que entrenara más, que se volviera más fuerte, y que seguramente en la próxima competencia ganaría su armadura.

Eso no pasó, por cierto.

Anika suspiró, fastidiada. No tenía caso seguir preocupándose por ese asunto. Quizá era una señal divina, que debía dejar el asunto, al menos por ese día. Ya buscaría otra oportunidad de hablar con Shura, y decirle lo que tenía que decir.

Mientras todo eso pasaba por su cabeza, la amazona vio pasar a Aldebarán de Tauro cerca de donde se encontraba. El enorme caballero caminaba a paso tranquilo, pero sus fuertes pisadas resonaban el todo el Santuario, y hacían que la tierra temblara levemente.

-Oh, hola, Anika, buenos días- dijo el santo de Tauro amablemente al verla, mirándola con algo de curiosidad- ¿pasó algo malo?¿porqué estás tan seria?-

Anika levantó la mirada. El santo de Tauro siempre había sido amable y simpático, pero realmente no estaba de humor para conversar, y tampoco creía que fuera sensato hablar con él del tema que la tenía tan preocupada.

-No es nada, señor Aldebarán, no se preocupe- dijo Anika, encogiéndose de hombros, aún sin quitar su vista del bosque del Santuario, hacia donde había desaparecido Shura. Aunque no podía ver su expresión, Aldebarán era bueno leyendo el lenguaje corporal de las personas, y sabía que la chica estaba triste por alguna razón.

-Tienes cara de que necesitas urgentemente un café- dijo Aldebarán en tono bonachón, aún sonriendo ampliamente- un buen café brasileño, concentrado y fuerte. Vamos-

-No, no, muchas gracias, señor Aldebarán- dijo Anika nerviosamente, moviendo los brazos y sacudiendo la cabeza-yo… estoy en mis rondas, y el señor Shura me dijo que no debía moverme de aquí mientras él iba a investigar un intruso, y…-

-Tonterías, Kiki y Christoffer están entrenando cerca de aquí, ellos pueden vigilar esta zona del Santuario- dijo el santo dorado, dándole una palmada en el hombro.

-Pero señor Aldebarán, no puedo desobedecer, fueron las órdenes de un santo dorado, y…- dijo Anika, intentando pensar una excusa para zafarse de la extraña e incómoda invitación.

-Yo también soy un santo dorado, y es una orden- interrumpió Aldebarán- vienes conmigo a tomar café inmediatamente, y Chris y Kiki se quedarán a cuidar…-

-Pero señor Aldebarán, yo…-

El santo de Tauro parecía no escuchar. Tomó a Anika de un brazo y prácticamente la arrastró hacia los Doce Templos. La chica estaba ruborizada hasta la raíz del pelo, al ver que, a lo lejos, Kiki y Christoffer la miraban confundidos. ¿Ahora que rayos iba a pasar?

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Sala de Procedimientos, Hospital de Atenas

Poco antes

-Oye, tranquila- le dijo Sofi a Mac, al verla que estaba tumbada en la camilla boca arriba en una actitud muy tensa- no te va a pasar nada, vas a quedar como nueva-

-Estoy bien- dijo Mac nerviosamente, mientras miraba a la enfermera aplicarle el medicamento por la intravenosa. Luego se volvió de nuevo a Sofi- ¿puedo preguntar algo?-

-Adelante-

-¿Cómo conoces a ese santo de Athena?- preguntó Mac.

-Oh, yo vivo en el Santuario- dijo Sofi, señalando el anillo que tenía colgando de una cadena alrededor de su cuello- mi esposo es un santo dorado también-

-Oh- dijo Mac, recordando que Shura había dicho eso, parpadeando repetidamente, comenzando a sentirse muy somnolienta- ¿doctora?-

-¿Sí?-

-¿Le puede avisar a mis compañeros?- dijo Mac- si algo pasa…-

-Claro que sí- dijo Sofi, mirando de reojo el expediente de la chica, donde había apuntado su dirección y su teléfono- no te preocupes, no será necesario, llegarás a tu casa a salvo-

-Tengo mucho sueño- susurró la chica.

-Esa es la idea- dijo Sofi en voz baja- cierra los ojos, Mackenzie. Todo va a estar bien. Lo prometo-

-Mac…me dicen Mac…- dijo la chica, cerrando los ojos y perdiendo la conciencia por completo. Su cuerpo, que estaba tenso, se aflojó de pronto. Sofi sonrió, y le puso sobre la nariz y boca una mascarilla de oxígeno.

-Vaya, menos mal que ya se durmió. Faltan quince minutos para mi hora del almuerzo- dijo la enfermera que la estaba asistiendo, mientas que Sofi se ponía los guantes para comenzar a limpiar la herida.

Sofi no le respondió. Sabía lo nerviosa que una persona se ponía estando en un hospital. Ella misma lo había pasado desde que era pequeña, y la comprendía perfectamente. Suspiró.

-Pinzas, por favor- dijo Sofi en un tono neutral.

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Supermercado, Atenas

Charlotte había salido de compras para llenar la despensa de la casa. Derek solo compraba cosas poco saludables como frituras y refrescos, y Mac no tenía idea de lo que era comer saludable e ingería lo primero que se le pusiera enfrente, tan concentrada que estaba en su trabajo, así que la chica alemana era la "mamá" de esos dos, haciendo el super y cocinando para ellos.

La chica sonrió levemente mientras comenzaba a llenar su canastilla con los productos que iba a comprar.

Cuando se levantó esa mañana, se había dado cuenta de que Mac había salido muy temprano, y se había llevado con ella su mochila prototipo y a Toto. Se imaginó que su pequeña compañera estaría sobrevolando la ciudad en esos momentos, divirtiéndose de lo lindo.

Sacudió la cabeza. Mac y Derek eran su familia ahora. Llevaba ya un par de años desde que su adinerada familia la había expulsado y desheredado por negarse a aliarse con los dioses Phobos y Deimos, como el resto de sus parientes, incluyendo su "perfecta" hermana menor. Suspiró.

Se giró para dar vuelta al pasillo de los condimentos, cuando casi choca con otra persona. Charlotte dio un respingo y palideció, abriendo las manos y dejando caer la canastilla al suelo de la impresión.

Hablando del rey de Roma.

Llevaba varios años sin ver a su hermana Greta. Al tan solo ver esa cara, tan parecida a la suya propia, excepto con algunos errores deliberados, la hacía revivir en su mente algunas de sus peores pesadillas y horribles recuerdos de su infancia.

-Oh, vamos, hermanita- Charlotte la escuchó decir mientras intentaba recuperarse del susto- ¿no te da gusto volver a verme, después de tantos años?-

-No- dijo Charlotte, tan pronto como se recuperó, parpadeando y respirando hondo para tranquilizarse- y no me agrada que me estés buscando. Ya no pertenezco a tu familia. Me desheredaron, y yo seguiría con mi vida sin que me molestaran de nuevo. Ese fue el trato que hicimos antes de dejar la casa. ¡Déjame hacer mi vida en paz!-

Greta no dejó de sonreír, como si le hubieran dicho lo contrario.

-No digas esas cosas, querida Lottie- dijo Greta- tienes una oportunidad de reivindicarte con nuestra familia y con la causa. Inesperadamente, hay algo en lo que creemos que nos podrías ayudar…-

-¡No!- la interrumpió Charlotte con firmeza- ya te dije, tu repugnante causa y modos llenos de traiciones y ataques me asquean. La respuesta es no. No te voy a ayudar en nada- entrecerró los ojos.

Greta no dejó de sonreír mientras que su hermana sacudía la cabeza y cruzaba los brazos de manera muy definitiva.

-Bien. Como quieras, Charlotte. Ya veremos si en un futuro cercano cambias de opinión- dijo la mujer, antes de darse la vuelta y salir del supermercado.

Una vez que su hermana desapareció de su vista, Charlotte pudo respirar aliviada de nuevo. Por supuesto que jamás iba a cambiar de opinión. Greta, junto con el resto de su familia, siempre habían optado por hacer cosas muy controversiales, mientras que ella había sido enviada a la universidad, con la promesa de no volverla a molestar si renunciaba a su parte de la fortuna. Suspiró.

Esperaba nunca volver a ver a su hermana. Se inclinó para recoger la canastilla, y siguió con sus compras, como si nada hubiera pasado.

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Templo de Tauro

Lydia sonrió levemente al ver a Anika casi congelada de vergüenza en su asiento. Cuando ella y Mu habían visto a Aldebarán casi arrastrándola al templo de Tauro, ambos habían decidido acompañarlos para que no se sintiera tan incómoda en presencia del santo de Tauro. Cabe mencionar que no funcionó.

-Vamos, Anika, relájate- le dijo Lydia en voz baja, dandole un pequeño codazo.

Anika le lanzó una mirada asesina bajo su máscara. Lydia no la vio, pero captó la esencia. Ninguna de las dos eran grandes amigas, sobre todo porque Lydia pensaba que Anika era demasiado estricta, y Anika reprobaba el hecho de que Lydia no usara su máscara todo el tiempo. En sus primeros días de su entrenamiento, Anika le había dado una paliza, aunque últimamente no se metía con ella: sabía que a estas alturas, Lydia sería mucho más poderosa.

Mientras las dos chicas se lanzaban extrañas miradas molestas, Mu se encogió de hombros, resignado, y se volvió hacia Aldebarán, dando un sorbo a la pequeña taza de café.

-Ah, este café está excelente, Alde- dijo Mu, saboreando la bebida.

-Lo sé, ¿verdad?- dijo Aldebarán, contento y satisfecho de que su compañero apreciara las delicias del café brasileño- justo le estaba diciendo a Anika que es el mejor café que pueda llegar a probar en cualquier momento de su vida, y…-

Aldebarán continuó hablando sobre las bondades del café brasileño, y mientras tanto Mu miró de reojo a las chicas. Lydia parecía estarse divirtiendo, riendo en voz baja, y Anika no parecía nada contenta al respecto, cruzando los brazos en una expresión corporal de clara incomodidad. Suspiró. Quizá deberían darle una mano a la pobre chica.

-Alde, quizá Anika quiere irse al recinto a descansar- dijo el santo de Aries, haciendo que la aludida diera un respingo- Lydia y yo podemos acompañarte un rato más-

-Sí… ¡sí!- dijo Anika, poniéndose de pie y despidiéndose, dejando su café intacto sobre la mesa- muchas gracias por invitarme y por su amabilidad, señor Aldebarán-

Y antes de que el santo de Tauro pudiera responder, la chica salió corriendo de ahí rumbo al recinto de las amazonas, decepcionada de no haber logrado su cometido.

Mientras recorría los terrenos del Santuario, la chica alcanzó a ver a Kiki y a Christoffer, quienes seguían entrenando juntos en los terrenos, sin ninguna señal de que Shura estuviera a punto de regresar.

Suspiró y se dirigió al recinto, pensando que al día siguiente lo volvería a intentar.

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Caína, Inframundo

Radamanthys cerró el enorme volumen del archivo, suspirando aliviado de haber terminado con los juicios del día. Suspiró, lleno de calma. Dash, quien estaba echado a su lado, previó que ya había terminado los juicios del día, y se puso de pié, brincando para levantarse en dos patas, y poner las patas delanteras sobre los muslos del espectro, quien extendió el brazo y lo acarició, para total deleite del pequeño perro.

-Hemos terminado por hoy, Dash- dijo Radamanthys.

Dash ladró contento, y se dirigió a la puerta, mientras que el juez dejaba su sapuri en el despacho y se acercaba a la puerta, para dirigirse a su propia habitación. Mientras cruzaba el pasillo, se encontró con Queen, que suspiró aliviado, y parecía buscarlo.

-Señor Radamanthys- dijo Queen, que parecía estar muy preocupado- la señorita Victoria me dijo que tenía que hablar con usted. Auch… Dash, ¡no me muerdas! Vengo a traer un mensaje-

Dash había tomado la costumbre de "pastorear" a los espectros que vivían en Caína, mordiéndoles los talones hasta que se dirigieran a donde debían estar, cosa que los frustraba mucho. Una vez, Valentine estuvo a punto de darle una patada, pero lamentablemente Radamanthys lo vio: no solo no lo pudo patear, sino que Radamanthys le dio una paliza por haberse atrevido, y además le tocó bañar a Dash cada semana por los últimos seis meses. Los demás lo trataban con la mejor y más cuidadosa amabilidad, por miedo a la furia de su jefe, y la mayoría le habían tomado cariño.

Al escuchar eso, Radamanthys se levantó, pero Victoria ya estaba en la puerta, cruzada de brazos, pero con una expresión preocupada. Con un gesto, el juez hizo salir a Queen, quien obedeció inmediatamente y cerró la puerta detrás de sí mismo.

Queen bajó las escaleras hacia la entrada de Caína, pero cuando llegaba en el último escalón, el joven espectro sintió de nuevo a Dash, a su lado, quien lo detuvo, mordiendo no su tobillo, pero la orilla de su pantalón, tirando de él.

-¿Dash?¿qué sucede?- dijo Queen.

Dash lo soltó por un segundo, y apuntó con la nariz escaleras arriba.

-¿Arriba?- dijo Queen, y el pequeño perro ladró un par de veces. El espectro levantó la mirada con curiosidad- ¿el despacho del señor Radamanthys?- otro par de ladridos- pero… el señor Radamanthys está hablando con la señorita Victoria, no deberíamos interrumpir…-

Dash gruñó, y volvió a morder la orilla de su pantalón y a tirar de él. Queen suspiró, y decidió hacer caso del pequeño perro. Subió las escaleras y llamó a la puerta. Al no obtener respuesta, abrió la puerta y se asomó.

-¿Señor Radamanthys?- dijo él- ¿señorita Victoria?-

Lo que vio el espectro ahí lo dejó sorprendido, e hizo que saliera corriendo de Caína, y fuera a buscar a Minos o a Aiacos.

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Hospital de Atenas

Poco antes

Shura aún esperaba fuera de la sala de procedimientos, con Toto en sus manos, quien seguía mirándolo con algo de desdén y agresividad. Ya habían pasado casi veinte minutos desde que la enfermera lo había echado. Suspiró algo preocupado. Unos minutos antes, Kiki había ido al hospital a llevarle la mochila de la chica con su prototipo.

-Realmente espero que esté bien…- suspiró el santo dorado, pronunciando las palabras en voz baja para sí mismo.

No pasó mucho tiempo cuando la puerta del cuarto de procedimientos se abrió, y la enfermera que lo había sacado de ahí a empujones salió.

-La doctora Lombardi dice que puede pasar- dijo la mujer en un claro tono reprobatorio.

Shura alzó las cejas, extrañado, pero tomó a Toto y la mochila, y entró a la pequeño habitación. Mac aún estaba bajo los efectos de la sedación, profundamente dormida y respirando pesadamente bajo la mascarilla. Mientras tanto, Sofi estaba comenzando a colocar una venda alrededor de la pierna de la chica.

-¿Sofi?- dijo Shura.

-Pasa, Shura, ya terminamos- dijo Sofi, terminando de vendarla- no debe tardar en despertar-

El santo dorado sonrió, tomó una silla y la colocó junto a Mac, sentándose sin quitarle la mirada de encima. Tal y como dijo Sofi, no pasó mucho tiempo cuando la chica comenzó a abrir los ojos, y fijó curiosa su vista en Shura.

-Calma, todo está bien- dijo el santo dorado. Mac parpadeó un par de veces antes de sonreír, al ver que el chico tenía a Toto.

-El troglodita tiene razón- dijo Toto- la evolución de la herida se veía satisfactoria, y la técnica de sutura se observaba apropiada, aunque conozco robots cirujanos con la misma precisión-

Mac rió en voz baja, mientras que Shura le quitaba con cuidado la mascarilla.

-Hmmf. Me da gusto que tu robot aprobara mi trabajo- dijo Sofi en un tono sarcástico, un poco molesta mientras que terminaba de colocar la venda.

-Lo lamento mucho. Toto habla fuera de tiempo. Gracias… doctora Sofi- dijo Mac, sonriendo levemente. Sabía que Toto podía ser bastante insolente e irreverente: hasta cierto punto así lo había programado, solo porque le parecía gracioso. La chica pelirroja solo sonrió.

-Ya te puedes levantar, Mac. Solo tómalo con calma- dijo Sofi, tomando dos pequeñas cajitas de medicamentos y poniéndola en sus manos- toma, tomarás una de éstas tres veces al día y de éstas dos veces al día, son para el dolor y el antibiótico. Tienes mucha suerte, la herida no llegó al hueso, estarás bien-

-Gracias- repitió Mac, tomándolas.

-Bueno- dijo Shura- vamos, te escoltaré a tu casa, no creo que te puedas ir sola-

Mac frunció el entrecejo.

-¿De qué hablas? Claro que yo puedo… wooo…- dijo la chica, levantándose demasiado rápido y sintiéndose mareada y cayendo de lado, siendo atrapada por Shura.

-¿Decías?- rió el santo dorado.

-Calla, troglodita- dijo Mac, entrecerrando los ojos, llamándolo igual que su perro. Shura decidió ignorarlo, y solo se echó a reír.

-Vamos, chica, tu familia debe estar preocupada por ti- dijo Shura.

La chica no respondió. Su familia seguramente no tendría idea de lo que había pasado, pero Charlotte y Derek sí estarían preguntándose que era lo que había pasado. Asintió suavemente, intentado no hacerlo demasiado rápido para no marearse y, tras agradecer nuevamente a Sofi, se apoyó en Shura para levantarse y salir del pequeño cuarto. El santo dorado la ayudó a ponerse de pie y a salir del hospital.

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Universidad de Atenas, poco después

No era para nada una persona paciente, ni estaba acostumbrado a esperar, pero Minos de Grifo había tenido que desarrollar esas dos habilidades en los últimos meses, ya que todos los días acompañaba a Aria a la Universidad, a tomar sus clases de maestría. El espectro se aburría mortalmente mientras la esperaba, pero se esforzaba en portarse bien, y toda su espera valía la pena cuando veía a su chica salir y la acompañaba de regreso al Inframundo.

-Gracias por esperar, Minos- dijo Aria, corriendo a abrazarlo, cosa que le encantó al espectro- te extrañé durante todo el día. No creerás las cosas que he aprendido…-

Minos también la abrazó. Estaba muy contento de verla de nuevo.

-Por cierto, Aria, estaba pensando…- comenzó Minos, una vez que se separaron.

-Oh, oh- lo interrumpió Aria. En serio quería mucho al juez de Grifo, pero la idea de que Minos estaba pensando era escalofriante.

-¡Ni siquiera me has escuchado!- dijo Minos, sacudiendo la cabeza, haciéndose el ofendido- estaba pensando que podríamos hacer que tu maestro viviera permanentemente en el Inframundo-

-¿Ah, sí?- dijo Aria, alzando las cejas- ¿y cómo planeas hacer eso?-

Minos esbozó una sonrisa, que fue bastante clara para que la chica palideciera y sacudiera la cabeza.

-¡No!- exclamó Aria, al ver la sonrisa colmilluda de Minos- ¡ni se te ocurra, Minos!- el espectro se echó a reír, pero abrazó a Aria. Ella no quitó el dedo del renglón-¡no lo hagas!¡Promételo!-

-Tranquila, Aria- le dijo Minos con cariño, besándola sonoramente en la mejilla- lo prometo, no le haré nada malo…-

Aria lo miró sospechosamente, y ambos se tomaron de la mano, mientras Minos abría el portal al Inframundo y ambos entraban por él. Apenas ambos habían puesto los pies en el mundo de los muertos, cuando un agitado Queen llegó hacia donde se encontraban ellos.

-¿Qué sucede, Queen?- dijo Minos, dejando de sonreír. Si bien él era despreocupado y alegre la mayoría de las veces, podía ser serio y formal cuando la situación lo requería.

-El señor Radamanthys necesita hablar con usted de manera urgente- dijo el espectro.

-¿Qué sucedió?- dijo Minos, alzando las cejas- ¿Dash volvió a tumbar a Valentine por las escaleras?-

Queen sacudió la cabeza. Minos tomó la mano de Aria de nuevo, y ambos se apresuraron a seguir al espectro. Ambos llegaron en menos de cinco minutos, Minos casi tirando de la pequeña chica, que se esforzaba por seguirle el paso. Cuando ambos llegaron a Caína, subieron rápidamente al despacho de Radamanthys, y se detuvieron sorprendidos en la puerta.

El espectro de Wyvern y Victoria estaban sentados en sillas conjuntas, cabizbajos y mortalmente pálidos. Dash, el corgi que había pertenecido a Victoria y ahora era de Radamanthys, estaba echado junto a la chica, jadeando contento, como si ignorara lo que tenía a sus dueños tan preocupados.

Por un momento, Minos pensó que había sucedido algo extremadamente grave. Cruzó el pequeño despacho y puso sus manos sobre los hombros de su compañero. Aiacos y Violate apenas iban llegando detrás de ellos. Violate y Aria cruzaron miradas, pero no dijeron nada.

-Radamanthys, ¿qué sucedió?- dijo Minos, mirando fijamente a su amigo, quien abrió la boca levemente, pero ningún sonido salió de ella.

-¿Radamanthys?- dijo Violate, y se volvió a la otra chica- ¿Victoria?-

Aria permanecía unos pasos atrás de los espectros, con las manos en la boca, preocupada por lo que tendrían esos dos, cuando notó algo en las manos de Victoria. Un pequeño objeto alargado, que pensó que se trataba de un bolígrafo de color blanco. No, no era eso. Fijó la mirada.

-Victoria, ¿qué es eso que tienes en tu mano?- dijo Aria en voz alta.

Minos, Aiacos y Violate fijaron su mirada en el extraño objeto, y los labios de los tres se formó una perfecta "O".

-¿Eso es lo que creo que es?- dijo Violate en voz baja.

Aria, que no alcanzaba a ver, pues era más bajita que el resto de los presentes, vio la caja vacía en el escritorio de Radamanthys, la tomó y la leyó.

-Oh, por los dioses…- dijo Aria, soltando la caja y volviéndose a los demás.

-Radamanthys, ¿es cierto eso? ¡No bromees!- dijo Violate.

-¿Bromearía con algo así?- dijo Radamanthys, pálido de muerte.

-Por todos y cada uno de los dioses- dijo Aiacos, por fin diciendo los que todos sabían, y nadie se atrevía a pronunciar- Radamanthys… Victoria, ¡estás embarazada!-

-¿Cómo supieron…?- comenzó Violate- ¿cómo se les ocurrió tomarse la prueba?-

-Yo… llevaba varios meses de…- comenzó a decir Victoria.

Algo la interrumpió de golpe, e hizo que todos los presentes dieran un respingo de sorpresa. Minos, quien había estado en silencio, en shock, intentando comprender que era lo que había sucedido, de pronto estalló en fuertes y sonoras carcajadas que resonaron por toda la esfera del Inframundo. Todos los presentes lo miraron con los ojos entrecerrados, y Radamanthys estaba peligrosamente furioso, pero Minos los ignoró olímpicamente.

-BUAJAJAJAJA ¡Radamanthys va a ser padre!- dijo Minos entre carcajadas, dando una palmada en la espalda a su compañero y reanudando sus sonoras carcajadas.

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Casa en Atenas

Shura había acompañado a Mac de regreso a su casa. Mientras caminaban hacia allá, ayudando a la chica a caminar. No estaba inconsciente, pero sí un poco mareada y somnolienta. El santo de Capricornio no estaba seguro de lo que estaba haciendo. ¿Porqué estaba tomándose tantas molestias? Quizá podía haber enviado a Kiki o a Christoffer. No, quizá no sería buena idea enviar a dos aprendices, por más poderosos que fueran. Si algo les pasaba a esos dos, o si eran atacados, Mu y Shaka lo desollarían vivo.

No, no podía hacer eso. No había tenido opción. Y no era como que le desagradara mucho pasar tiempo con la chica. Mientras caminaban, Mac le señaló la entrada de su casa, y ambos se detuvieron en la puerta.

-¿En qué piensas?- dijo Mac, notándolo un poco pensativo.

-Oh, en que los aprendices que conociste, me hubiera metido en muchos problemas si algo les pasaba a esos mocosos- dijo Shura, y alzó las cejas- ¿y tú?¿en qué estás pensando?-

Mac sonrió levemente.

-En mi prototipo- dijo ella en voz baja- no puedo esperar a mañana, volver a volar-

-¡No!- le dijo Shura, palideciendo levemente. ¿Acaso la chica estaba pensando en volver a volar en esa cosa? - ¿qué no viste lo que te acaba de suceder?-

-Eso solo fue un pequeño error de cálculo- dijo Mac, sonriendo, pero pronto dejó de sonreír- tranquilo, mañana tengo que trabajar. Vamos a terminar de armar una mano profética que tenemos pendiente-

-¿Uh?-

-Te lo dije antes. Mis compañeros y yo construimos extremidades prostéticas- dijo ella- Toto y las alas son solo una distracción-

"Vaya distracción", pensó él, pero no dijo nada más.

Mac se soltó de Shura por un momento, y se apoyó en la puerta. Se volvió al santo dorado sin dejar de sonreír, y extendió su mano hacia él.

-Ven, te puedo mostrar, si quieres- dijo ella.

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CONTINUARÁ…

¡Hoa a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por seguir leyendo, y por todos sus reviews. Les agradezco de corazón. Les mando un abrazo a todos, y nos leemos muy pronto.

Abby L.