DIVISIONES

VI: GRAVE ERROR

Casa en Atenas

Shura miró la mano de la chica, y luego la miró a ella. Dudó unos segundos, pero sonrió y la tomó. Mac sonrió también al contacto con la mando del santo dorado, abrió la puerta ingresando un código en el cerrojo electrónico. Shura no pudo reír en voz baja al verla. Vaya que esa chica realmente tenía circuitos en su cerebro, y se tomaba muy en serio su trabajo.

-Pasa- dijo Mac, al ver que el chico la había soltado, se quedaba en la puerta, mirando interesado el cerrojo.

-Yo… no quiero molestar, de hecho, ya fue…- dijo Shura.

-Oh, vamos- dijo Mac, sonriendo- me llevaste al hospital, y me acompañaste hasta aquí. Déjame al menos invitarte una cerveza-

Shura se iba a negar, pero la idea de tomar una cerveza fría en esa cálida e inusual tarde de primavera. Al ver que Shura dudaba, Mac sonrió y le tomó la mano de nuevo, haciéndolo pasar, y cerrando la puerta. Ambos caminaron hacia la cocina. Mac sacó una botella de vidrio de cerveza y la puso en manos de Shura. Sacó otra botella, conteniendo un líquido transparente, y se quedó con ella.

-Gracias- dijo el santo dorado.

-Espero que te guste- dijo Mac- solo tengo Weissbier, pues mis colegas son alemanes. Tienes suerte de que no tenga cerveza canadiense. Creo que es lo único que me avergüenza de mi país- añadió riendo.

-¿Es mala?- preguntó el santo.

-Terrible- le respondió Mac.

Shura sonrió y abrió su cerveza, mirando de reojo a la chica.

-¿Segura que estás bien?- dijo Shura, mirando de reojo la botella que la chica tenía en su mano- creo que Sofi mencionó que la anestesia se podía cruzar con el alcohol…-

Mac rió en voz baja.

-No, yo no pienso tomar, no el día de hoy- dijo la chica, guiñándole un ojo y riendo- tranquilo, es solo agua mineral-

Shura rió también. Mac abrió la puerta de su habitación, la cual tenía un mismo mecanismo parecido al de la puerta principal. Cuando entraron, el santo dorado miró a su alrededor, sorprendido y embelesado. La enorme computadora de Mac, su escritorio y cómo todo estaba automatizado. Mac sonrió orgullosa al ver la mirada sorprendida de Shura, mientras tomaba a Toto y lo conectaba a la electricidad.

-Voy a apagar a Toto para que se recargue- dijo Mac.

-Vaya…- solo pudo decir Shura, aún mirando los aparatos electrónicos, la mayoría de ellos modificados por la chica.

-Lo sé, estoy un poco loca- dijo Mac.

No, no estaba loca, era un genio, pensaba Shura, mientras le daba un trago a la cerveza.

-Mira, te mostraré algo que no ha visto nadie más- dijo Mac de pronto, sonriendo y señalando una de las tres puertas de su closet- ni siquiera Charlotte o Derek. Pero tienes que prometer que no le dirás a nadie, ni siquiera a Toto-

-De acuerdo- dijo Shura, asintiendo levemente indicándole que le mostrara lo que quisiera.

Mac abrió la puertita del closet, descubriendo lo que había dentro. Era un enorme robot en forma de dragón, de poco más de metro y medio de altura. Era incluso más alto que Mac, en todo caso. No era un dragón clásico, parecía más bien un dragón algo caricaturesco, gordito y con alas pequeñas. Tenía un sombrero inglés en la cabeza, un poco inclinado, y un monóculo en su ojo derecho. Mejor dicho, tenía un aro que parecía un monóculo, pero no tenía cristal.

-¿Qué… que es eso?- dijo Shura, abriendo los ojos desmesuradamente. Dio un par de pasos hacia delante, y extendió su mano hacia el dragón, con la intención de tocarlo para ver si era real. Sí lo era.

-Es el otro proyecto en el que he estado trabajando, además del Ícarus. Las alas, quiero decir- dijo Mac, sonriendo orgullosa- es un nuevo cuerpo para Toto. ¡Es genial! Creo que le va a gustar-

Shura miró al dragón. Sí, se veía impresionante, a pesar de ser caricaturesco. Y que una chica como Mac pudiera haber armado eso le parecía impresionante. Pero tenía una pregunta en su mente.

-Toto parece tener una conciencia de sí mismo- observó Shura- y, si me lo permites, un aire un poco descarado e impertinente. ¿Cómo vas a trasladarlo ahí?-

-Oh. No te preocupes por eso. Toda su conciencia está en una pequeña tarjeta dorada de 10 terabites. Solo hay que tomar su tarjeta de memoria e insertarla aquí- dijo, señalando una pequeña ranura, pero después se quedó pensativa- aún estoy trabajando en sus circuitos de movimiento, es lo último que me falta para poder pasarlo ahí. Aunque ya no se podrá llamar Toto, no tendrá nada de "Tiny"-

-Deberías dejarle el nombre- dijo Shura, sonriendo- sería un nombre irónicamente divertido-

Mac rió.

-¿Quieres que te muestre como armo los circuitos?- preguntó la chica, y Shura asintió, más porque quería seguirla mirando que por curiosidad. Mac sonrió otra vez, como si fuera una niña pequeña que estaba a punto de presumir su más reciente dibujo, y se sentó frente a la computadora- toma, detén esto- añadió, poniendo su botella de agua mineral en manos de Shura.

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Caína, Inframundo

Una vez pasado el pánico inicial, y cuando Minos y Aiacos se dieron cuentas de que Radamanthys y Victoria estaban razonablemente bien, aunque aún muy sorprendidos, los dejaron solos para hablar entre ellos. Cuando Victoria llegó al despacho de Radamanthys, sin saber aún el resultado de su prueba, ninguno de los dos se imaginaban que iba a salir positiva.

Tan pronto como se quedaron solos, los dos se miraron entre sí y suspiraron. Ninguno de los dos sabía que decir. Pasaban mirándose entre sí y sacudiendo la cabeza.

-Estamos… estamos metidos en un enorme problema- por fin Radamanthys rompió el silencio, hablando en voz baja, extendiendo su mano hacia Victoria para tomar la de ella, en un intento de tranquilizarla. Al tocarla, sintió su pequeña mano fría y temblorosa, lo que tuvo mucho sentido para él, pues estaba igual de asustado, aunque no quisiera admitirlo. Tomó las manos de Victoria y las cubrió con las suyas, concentrándose en calentarlas, mientras esperaba en silencio a que ella hablara primero.

-¿Qué vamos a hacer, Rada?- dijo por fin Victoria en un susurro.

Radamanthys miró a la chica con preocupación, así que se acercó a ella y la abrazó con fuerza. Sintió que la chica exhaló despacio, esperando escuchar algo que la tranquilizara. El espectro la besó suavemente en la mejilla.

¿Qué iban a hacer? No sabía. No tenía la más mínima idea. Ninguno de los dos se esperaba esa noticia, y ninguno de los dos estaba preparado para ser padre. El espectro pensó que debían solucionar ese problema.

-No te preocupes, Victoria- dijo Radamanthys en un susurro, sin soltarla- podemos hablar con el señor Thanatos para que nos ayude-

Victoria frunció el entrecejo, pues no se esperaba esa respuesta. Radamanthys no pudo ver su expresión, pues aún la estaba abrazando, y no pudo notar la palidez que se estaba formando en su piel.

-¿Porqué necesitaríamos hablar con el señor Thanatos?- dijo Victoria, sin estar muy segura de lo que el espectro se refería.

-Sí, él se encargará de deshacerse de este problema- le dijo Radamanthys en un tono que él esperaba que fuera tranquilizador- no tienes nada que preocuparte, my dear. Mañana a esta hora, ya no habrá nada de qué preocuparnos-

Las palabras de Radamanthys tuvieron el efecto completamente contrario al que el juez de Wyvern esperaba. Victoria se quedó helada, con una palidez mortal, los ojos algo llorosos y haciendo un puchero. El espectro, que aún la estaba abrazando en ese momento, no pudo ver el torbellino de emociones que tenía la chica en ese momento. Tras unos segundos, Victoria lo empujó para separarlo de ella y se fue a su habitación rápidamente.

Radamanthys se quedó sorprendido, pero se encogió de hombros. Pensó que seguramente estaría aún nerviosa por lo sucedido, y que buscaría a Thanatos al día siguiente, para pedirle ayuda.

No se imaginaba lo que estaba a punto de pasar.

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Casa en Atenas

Si acaso Shura se había impresionado con lo que Mac había sido capaz de crear, había quedado completamente embelesado al ver sus habilidades con su computadora y los brazos robóticos. Tras quince minutos de trabajo, la chica había creado un pequeño intercomunicador en forma de un reloj de muñeca, y se lo mostró. El aparato funcionaba a la perfección, y mandaba su voz para comunicarse con Toto.

-Vaya- dijo Shura, mirando el artefacto, sorprendido- esto es… es…-

-No tienes que decir nada- dijo Mac entre risas. Shura sonrió y se rascó la nuca, algo apenado. Se quitó el reloj y se lo regresó a Mac- oh, no, es tuyo. Por si alguna vez quieres charlar conmigo. También da la fecha, la hora, mide la energía invertida en el ejercicio, y si oprimes tres veces el botón, proyecta un mapa GPS en forma de un holograma-

Shura sonrió y se lo puso.

-Gracias, Mac-

-Gracias a ti- dijo ella, y bostezó. Shura lo notó. Debía estar muy cansada.

-Creo que será mejor que me vaya- dijo el santo de Carpicornio- necesitas descansar después de lo que sucedió el día de hoy-

-Sí, quizá tienes razón- dijo Mac, frotándose los ojos y bostezando de nuevo. Extendió su mano hacia él para despedirse- me dio mucho gusto conocerte, troglodita-

-Igualmente, Mac. Ya te dije que me llamo Shura- dijo Shura, quien asintió levemente, y estrechó la mano de la chica. Mac se echó a reír, y lo acompañó a la puerta.

-Buenas noches. Y gracias por todo- dijo la chica, antes de cerrar la puerta tras el santo dorado. Tan pronto como quedó sola, la chica se echó a la cama y se quedó dormida casi de inmediato.

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Habitaciones de Perséfone

Esa noche

La joven diosa se cepillaba el cabello mientras se preparaba para irse a dormir. Es noche, sabía que Hades había caído rendido: había mucho trabajo en el Inframundo en esas fechas, sobre todo por culpa de la bendita epidemia de influenza. En serio, la gente no tenía el bastante sentido común como para vacunarse. Suspiró.

Una vez que terminó, puso su cepillo sobre el peinador, se quitó las zapatillas y se dispuso a meterse en la cama, cuando escuchó un par de golpes discretos en su puerta. La joven alzó las cejas, dudosa. ¿Quién podría estar buscándola a esa hora? ¿Acaso Hades se había despertado y la había ido a buscar?

Ilusionada, Perséfone se apresuró hacia la puerta, sin siquiera volverse a calzar las zapatillas, y abrió la puerta. Se sorprendió al ver que se trataba de Kagaho.

-Señora Perséfone- dijo el espectro, inclinándose- lamento mucho molestarla a esta hora. La señorita Victoria quiere hablar con usted-

-¿Oh?- dijo Perséfone, notando a la chica detrás de Kagano. Victoria miraba tímida a la joven diosa, pero Perséfone pudo notar que su rostro estaba bañado de lágrimas, sus ojos enrojecidos y sus mejillas sonrojadas. Parpadeó confundida. ¿Qué le pasaba?¿Y porqué no estaba Radamanthys cerca?

-¿Señora?- insistió Kagaho.

-Está bien, Kagaho- dijo Perséfone, haciéndose a un lado para dejar pasar a Victoria- será mejor que pases, Victoria-

Victoria obedeció y, tras agradecer al espectro de Bennu, Perséfone cerró la puerta y tomó la mano de la chica, haciéndola sentarse en la cama junto a ella. Victoria se limpió las lágrimas con el dorso de la mano. Perséfone se sentó junto a ella y le puso la mano en el hombro.

-¿Qué sucede, Victoria?- dijo la diosa- ¿porqué estabas llorando?

-Es… es largo de explicar, señora- dijo Victoria- yo… estoy… estoy embarazada-

El corazón de Perséfone dio un vuelco de gusto. ¡Radamanthys debería estar tan feliz al respecto!¡Y cuando Hades se enterara…! Pero prudentemente detuvo toda su emoción y la guardó en su interior. Seguramente había algo al respecto que era lo que estaba molestando a la chica.

-De acuerdo- dijo Perséfone, guardando la calma- ¿y qué sucede?¿Radamanthys lo sabe?-

-Sí- dijo Victoria, reprimiendo un sollozo y mirando hacia el suelo- Rada… él… dijo que teníamos que deshacernos… del "problema"…- y volvió a echarse a llorar.

Perséfone la abrazó, y la dejó que se desahogara. Nunca había estado embarazada, pero sabía que las mujeres podían ponerse muy hormonales cuando lo estaban. ¡Ya vería ese Radamanthys! ¿Cómo se le ocurría decir semejante estupidez? Le diría a Hades, y lo pondría a juzgar a todas las almas de la temporada de influenza. Suspiró.

-Entiendo- dijo Perséfone en voz baja- pero no llores, Victoria. Nadie va a hacerte daño, o a tu criatura. Yo me encargo de esto…-

-¿Cómo…?- comenzó a decir Victoria.

Perséfone se quedó pensativa por unos segundos, y de pronto sonrió. Tenía una idea para hacer que Victoria estuviera en un lugar más tranquilo, y lejos de Radamanthys, para que éste pueda escarmentar por su falta de buen juicio.

-Tengo una idea- dijo Perséfone, tomando las manos de Victoria- confía en mí-

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Templo de Aries, Santuario de Athena

Media hora más tarde

Mu sonrió mientras servía una taza de té a sus invitados. Afrodita y Evelyn lo disfrutaban, y Lydia no tuvo más remedio que prepararse una limonada, para completa diversión de los demás. Afrodita ya le había dicho que sería el primer santo de Piscis en trece generaciones que no disfrutaba una taza de té.

Estaban charlando sobre la aparente nueva chica en la vida de Saga, que era compañera del trabajo de Evelyn.

-Es una buena chica- dijo Evelyn- es un poco seria y reservada para mi gusto. Creo que es introvertida-

-Hace buena pareja con Saga- dijo Afrodita- yo también los vi juntos en una ocasión. Creo que realmente es la chica ideal para él…-

-Pues a mí me da gusto que haya llegado esa chica a su vida, y que Saga esté mejor- dijo Mu, dando un sorbo a su taza- realmente todos nos preocupamos por un momento por él…-

Lydia iba a decir algo, pero alzó las cejas, al mismo tiempo que los demás. Sintieron el cosmo de Shura acercándose al templo de Aries.

-Bienvenido, Shura- sonrió Mu al verlo llegar- ¿cómo te fue el día de hoy?-

Shura no parecía estar demasiado molesto o cansado, como solían verse todos los santos sin excepción al terminar su día de vigilancia en el Santuario. Al contrario, tenía una sonrisa tranquila y extraña, que hizo que todos alzaran las cejas. Mu iba a decir algo, cuando sintió otro extraño cosmo. Para sorpresa de todos los presentes, se trataba de Kagaho, uno de los espectros de Hades, e iba acompañado de una chica que ninguno de ellos había conocido antes.

Los santos dorados se pusieron de pie de golpe, sorprendidos.

-Vengo en son de paz, santos de Athena- dijo el espectro, levantando las manos, pero su rostro mostraba un gesto fastidiado- mi señora Perséfone me ordenó traer a esta chica al Santuario, y situarla bajo su protección. Espera que puedan hacer eso por ella-

Los santos se volvieron a la chica que lo acompañaba, que estaba cabizbaja y entristecida.

-¿Victoria?- la voz de Evelyn se escuchó detrás de Afrodita, quien se había interpuesto entre ella y los recién llegados para su seguridad. Aunque el santo de Piscis intentó detenerla, la chica corrió hacia su antigua amiga y la abrazó- Victoria, ¿qué pasó?¿porqué lloras?¿Alguien te hizo algo?¿Dónde está Radamanthys?-

Al escuchar el nombre del juez, Victoria se echó a llorar de nuevo en los brazos de su amiga, haciendo que Evelyn se asuste y que una gruesa gota de sudor surgiera de la frente del espectro.

-Bueno, ya traje mi mensaje- dijo Kagaho- regresaré al Inframundo-

-Espera, ¿qué está pasando?- preguntó Lydia, pero era demasiado tarde, el espectro de Bennu ya había desaparecido.

Tan pronto como se calmó un poco, Victoria les contó lo que había sucedido, y que Perséfone había pensado en mandarla al Santuario de Athena. Una vez que escucharon la historia, los santos dedujeron que la decisión había sido con el doble objetivo de darle una buena lección a Radamanthys, y ayudar a animar a la chica estando unos días con su mejor amiga.

Aunque Mu y Afrodita pensaron que era una pésima idea, Shura parecía indiferente, pero Evelyn estaba feliz de pensar que pasaría tiempo con Victoria. La verdad era que había extrañado a su mejor amiga. Lydia no sabía que pensar. Antes de que reaccionara, todos hablaron en los arreglos que se tendrían que hacer.

-No creo que el maestro tenga inconveniente de que la señorita Victoria se quede con nosotros un tiempo- dijo Mu, encogiéndose de hombros.

-Pues Lydia se puede quedar aquí, contigo- dijo Afrodita en tono despreocupado- para que Victoria se quede en Piscis-

Lydia se sonrojó levemente. Nunca había pasado la noche en el templo de Aries, excepto un par de veces que se había quedado en la habitación de Kiki.

-Bien, está decidido- dijo Afrodita, levantándose y ofreciendo su brazo a Evelyn, y después ofreció su otro brazo a Victoria- señorita, por favor-

Todos se despidieron para regresar a sus respectivos templos, dejando solos a Mu y a Lydia, quien seguía muy sonrojada. El santo de Aries se echó a reír al ver la cara de su chica.

-Tranquila, Lydia- dijo Mu, besándola en la mejilla- no hay ningún problema, yo dormiré en el sofá-

Lydia sonrió levemente. Mu le ofreció la mano, y la acompañó a su habitación, pues ya era muy tarde y ambos necesitaban descansar. Los dos pensaron en la sorpresa que Radamanthys se llevaría al día siguiente, y esperaban que eso no les trajera problemas.

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Casa en Atenas

A la mañana siguiente

Mac se despertó feliz de la vida, muy entusiasmada, y encendió a Toto, quien ya se había terminado de recargar para esa hora de la mañana. También encendió su iPod, y comenzó a escuchar por enésima vez su disco de grandes éxitos de los Beatles.

-Buenos días, Mac- le dijo Toto- on las nueve horas, doce minutos y cuarenta y cuatro segundos. La temperatura actual es de veintiún grados centígrados, humedad de 0%, vientos de diez kilómetros por hora. Soleado, sin posibilidad de lluvia. Temperatura máxima veinticinco grados centígrados-

-Va a ser un día muy caluroso hoy también- dijo Mac

-Repito mi comentario de ayer- dijo Toto- tu punto de vista es subjetivo, por ser de una región helada. Personalmente creo que hacía calor anoche-

Mac alzó las cejas.

-¿A qué te refieres?-

-A que CIERTO santo dorado estuvo aquí en tu habitación, y justamente me apagaste- dijo Toto- a saber que cosas hicieron los dos mientras me estaba recargando…-

Mackenzie se ruborizó furiosamente. ¡La sola idea! ¿Tendría acaso Toto un cortocircuito?

-¿Estás fallando, pedazo de chatarra?- dijo Mac, cruzándose de brazos- anoche no pasó nada, solo hice un pequeño comunicador para Shura, pues fue tan amable para…-

-Oh, ¿me puedo comunicar con él para preguntarle que…?- preguntó Toto.

-Ni se te ocurra- dijo Mac, entrecerrando los ojos.

Toto iba a seguir importunándola, pero escuchó a alguien dar un par de golpes en su puerta. Mac le dirigió a su robot una mirada de "Hablas y te desarmo", y se apresuró a abrir la puerta. Charlotte estaba ahí, y parecía muy asustada.

-Lottie, ¿qué pasa?- le dijo Mac, olvidando por un momento su discusión con Toto- pareciera que viste un fantasma-

-Lo vi- dijo Charlotte- anoche no pude dormir-

-¿Qué pasó?-

-¿Recuerdas que una vez te conté sobre… mi familia?- dijo Charlotte.

Mackenzie sabía un poco sobre la familia de Charlotte. Sabía que sus padres eran empresarios multimillonarios, pero que estaban inmiscuidos en negocios truculentos. Habían varias acusaciones contra ellos sobre trata de personas, y otras cosas desagradables, aunque nunca habían podido probarlo. Charlotte había huido de casa, conseguido una beca en la universidad de Munich, y como consecuencia su familia la había desheredado. Su hermana menor seguía los pasos de sus padres.

-Ajá- dijo Mac en voz baja- ¿qué pasó?-

-Me encontré a mi hermana- dijo Charlotte- está aquí, en Atenas. Esta planeando algo raro, y quiere que le ayude-

Mac se mordió el labio.

-No… no estarás pensando ayudarla, ¿o sí?- dijo Mac, comenzando a asustarse.

-No, ¡claro que no!- dijo Charlotte, sonrojándose un poco de vergüenza- es solo que… quería decirte que tuvieras cuidado-

-¿Yo?- dijo Mac, parpadeando- ¿yo porqué?-

-Mi hermana puede saber que… eres una buena amiga mía, y te aprecio como si tú fueras mi propia hermana- le dijo Charlotte, algo apenada, mirando al suelo- creo que llegará a intentar atacarte para llegar a mí. Es su método, para hacer sufrir a las personas y manejarlas-

Mac tragó saliva. Nunca la había conocido, pero la hermana de Charlotte realmente sonaba horrible. Finalmente, la chica abrazó a su amiga.

-No te preocupes, Lottie- dijo Mac- estaremos bien-

Charlotte sonrió levemente, olvidando por un momento su preocupación.

-Vamos, Mac, hice waffles de desayunar- dijo Charlotte. Mac también olvidó sus problemas por un momento. ¡Amaba los wafles! Una vez que las dos chicas salieron, Toto apagó la música de los Beatles, que se había quedado en I wanna hold your hand.

Esta vez Mac se había salvado, pero Toto no olvidaba a Shura.

-As usual, there is a great woman behind every idiot- dijo Toto en voz alta, citando a John Lennon.

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Giudecca, Inframundo

En el gran comedor de Giudecca, Hades y Perséfone se sentaron a desayunar. Esperaban la presencia de los dioses gemelos, de los tres jueces y de las chicas. Hades miró sospechosamente a su mujer. No entendía porqué había insistido que ese día desayunaran todos juntos.

-¿Qué es lo que tramas, florecita?- dijo Hades en voz baja.

-Ya verás, esposo- sonrió Perséfone con la mejor expresión de inocencia que pudo poner, y que Hades conocía demasiado bien como para confiarse. Suspiró resignado. Sabía que cuando su esposa se ponía así, no había mucho que hacer más que tener paciencia.

Pronto el comedor comenzó a llenarse. Como siempre pasaba cuando algo incluida a los jueces, Pandora se disculpó, alegando que no se sentía bien esa mañana. Hades suspiró. Tendría que hablar con su hermana humana y animarla, pues había estado así desde que Victoria había llegado al Inframundo. Podía ser distraído, pero Hades podía sumar dos más dos. Tenía que encontrar una manera en que Pandora se reconciliara con la idea de que Radamanthys estaba ahora con Victoria.

Primero llegaron Hypnos y Thanatos, éste último llevando a Agatha de su brazo, y parecían tan sorprendidos y extrañados como el mismo Hades, pero no hicieron preguntas y se sentaron en sus sitios a la mesa. Después llegaron Minos y Aria, y poco después de ellos dos Aiacos y Violate. Ninguno de ellos parecía saber que estaban haciendo ahí.

Faltaba Radamanthys.

-¿Alguien sabe donde está Rada?- preguntó Hypnos, alzando las cejas y mirando los dos asientos vacíos que correspondían al juez de Wyvern y a su chica.

Minos y Aiacos se miraron entre sí. No habían visto a su compañero desde la noche anterior, cuando se habían enterado de que Victoria estaba embarazada. No parecían haberlo tomado muy bien que digamos. ¿Qué habría pasado?

No pasaron ni diez minutos cuando Radamanthys llegó corriendo al comedor, dando tumbos y con una expresión llena de pánico en su rostro. Venía seguido de algunos de sus espectros: Gordon, Queen, Sylphid y Valentine, quienes tenían idénticas expresiones preocupadas, y finalmente Dash, corriendo a toda la velocidad que alcanzaba con sus patas cortas. Perséfone dejó escapar una risita que no pasó desapercibida por el rey del Inframundo.

Se detuvieron justo frente a Hades, quien los miró después de dirigirle una mirada curiosa a su esposa.

-Señor Hades- dijo Radamanthys, inclinándose- lamento mucho llegar tarde, pero no puedo quedarme a desayunar con ustedes. Anoche Victoria desapareció de Caína, y no la hemos logrado encontrar-

Hades solo alzó las cejas, mientras que Minos y Aiacos se alarmaron.

-¿Qué le pasó?- dijo Violate, tan alarmada como los demás- ¿cuándo fue la última vez que la viste?-

-Cuando se fue a descansar a su habitación- dijo Radamanthys, muy preocupado- señor Hades, necesito su permiso para buscarla en el Inframundo, y…-

Hades miró de nuevo a su esposa de reojo. Fruncía el entrecejo, como si estuviera muy molesta con el espectro de Wyvern. Dedujo que ella sabía exactamente donde estaba Victoria, y por el hecho de que estuviera tan tranquila, sabía que estaba a salvo.

-Bien, puedes buscarla si quieres- dijo Hades en tono indiferente- pero solo tú. No quiero que haya ninguna disrupción en los juicios del día de hoy-

-Pero… pero señor Hades- dijo el espectro de Wyvern- ¡por supuesto que necesito toda la ayuda posible! Victoria puede estar en peligro, puede lastimarse, y…-

-Señor Hades, permítanos ayudarlo- pidió Aiacos, poniéndose de pie también- yo también estoy algo preocupado. Victoria está embarazada-

Hades y los dioses gemelos esbozaron idénticas miradas de sorpresa. Nuevamente, Perséfone no hizo ninguna expresión. Hades se volvió a ella y alzó las cejas. Finalmente, la reina del Inframundo tomó la palabra.

-No hay necesidad de buscar a Victoria, Radamanthys- dijo Perséfone, cruzándose de brazos- Victoria se encuentra a salvo, así que tampoco es necesario que te preocupes-

Los dioses y los jueces miraron a la joven diosa muy sorprendidos. Si bien Hades estaba sorprendido de que su esposa se hubiera entrometido en un asunto de uno de sus jueces, el rostro de Radamanthys era todo un poema.

-Se… señora Perséfone- dijo Radamanthys, incrédulo- ¿porqué?¿cómo?¿dónde está Victoria, señora?-

Perséfone se cruzó de brazos, como si no estuviera dispuesta a decirle nada. Hades miró la expresión desesperada del pobre juez, y extendió su brazo para abrazar a su esposa.

-¿Porqué estás haciendo esto, florecita?- le dijo Hades en voz baja.

-Porque se lo merece- siseó la chica. Hades no entendía que pasaba.

-¿Porqué dices que se lo merece?- preguntó el dios.

-Pregúntale a Radamanthys- dijo Perséfone, cruzándose de brazos, y volviéndose al juez- ¿qué fue lo primero que le dijiste cuando supieron?-

Radamanthys se quedó helado. Realmente no recordaba muy bien que le había dicho. La había consolado, ¿no? Le había dicho que no tenía nada de que preocuparse.

-Eeh…- dijo el juez- le dije que no se preocupara, que todo iba a estar bien, que esta mañana hablaría con el señor Thanatos para deshacernos del problema, y…-

Radamanthys no terminó de hablar, cuando Hades palideció, Hypnos se palmeó la cara, Thanatos bufó, cruzándose de brazos y dejándose caer sobre el respaldo de su asiento, y los otros dos jueces se miraron entre sí. Las chicas presentes parecían furiosas.

-¿Y te preguntas que fue lo que dijiste?- dijo Aria finalmente, alzando la voz y haciendo extraños gestos con sus manos- balordo! ¿Acaso tantos golpes en la cabeza ya te afectaron?-

Minos se echó a reír ante la exclamación de su chica.

-Es obvio que se hubiera sentido mal por lo que dijiste, Rada- dijo Aiacos, cruzándose de brazos- ¿al menos le preguntaste si ella quería a la criatura?-

Radamanthys seguía lívido, pero frunció el entrecejo.

-Claro… claro que no lo querría, lo sé- dijo el espectro, cruzándose de brazos- ninguno de los dos esperábamos que pasara eso…-

-Tuvieron sexo sin protegerse, ¿qué esperabas?¿una lavadora?- dijo Minos antes de echarse a reír de nuevo.

Radamanthys le lanzó una mirada asesina, y lo hubiera golpeado si no fuera porque estaban en presencia de Hades. Además, eso no era lo que más le preocupaba. Se volvió a Perséfone e inclinó su cabeza.

-Por favor, señora- pidió Radamanthys- necesito saber donde está-

-No. No te voy a decir nada- dijo Perséfone, cruzando su pierna y dando golpecitos a la pata de la mesa con la punta de su pie- confórmate con saber que se encuentra a salvo, en un lugar seguro-

Radamanthys iba a insistir, pero una mirada de Hades lo silenció.

-Ya escuchaste a mi esposa. Te prohibo que la sigas molestando. Basta de conversar- dijo Hades, decidiendo apoyar a Perséfone en ese asunto, y haciendo un gesto a los espectros que servirían el desayuno- muero de hambre-

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por seguir leyendo. Les mando un abrazo enorme a todos. Muchas gracias por sus reviews. Nos leemos pronto.

Abby L.