DIVISIONES
VIII: FUTURO
Templo del Patriarca
Dohko y Shion habían tenido una mañana muy atareada, y se habían reunido a tomar el té. El Patriarca recién había regresado de Star Hill, estaba fatigado, pero también estaba más o menos optimista. Ya sabía cual sería el futuro del hijo de Aioros y Sofi… y al recordarlo, dejó escapar una risita. ¡Vaya que les daría una gran sorpresa a los involucrados! Solo Dohko sabía de que se trataba todo.
-Esos dos se llevarán una enorme sorpresa- comentó el santo de Libra, dando un sorbo a su taza de té verde.
Shion sonrió levemente.
-Me da gusto por ellos- dijo el Patriarca- pasada la sorpresa inicial, se sentirán muy felices-
Ambos iban a continuar con su té, cuando ambos se volvieron a la entrada del templo, pues habían sentido el cosmo de Shura aproximándose hacia donde se encontraban ellos. El santo de Capricornio llegó corriendo, con una expresión preocupada en el rostro.
-¿Shura?- dijo Dohko, alzando las cejas, con una expresión llena de preocupación- ¿qué sucede?-
-Maestros, tengo información alarmante- dijo Shura, en una expresión alarmada- primero que nada, ¿podrían apagar sus teléfonos celulares?-
Dohko y Shion se miraron entre sí. No sabían que había alarmado tanto al santo de Capricornio, pero finalmente asintieron levemente e hicieron lo que Shura les dijo. Una vez que Shura estuvo seguro de que los aparatos estaban apagados, rápidamente les contó lo que Mac le había dicho: que todos los aparatos de comunicación estaban intervenidos. Ambos santos dorados fruncieron el entrecejo. Tan pronto como terminó su relato, Shura les mostró los documentos.
-Por los dioses- dijo Shion, volviéndose a Dohko- tenemos que hacer algo al respecto. No lo puedo creer…-
-Lo sé, hay que avisar a todos los santos- dijo Dohko- de preferencia por medio del cosmo, para evitar que, si nos están escuchando, se den cuenta de que los descubrimos-
Shion asintió levemente.
-Podemos avisarles por medio de sus cosmos- dijo Shion, y se volvió al santo de Capricornio-Shura, ¿cómo lo supiste?-
Shura dudó unos segundos. ¿Debería decirle al Patriarca sobre lo que ocurrió con Mac el día anterior?
-Una chica que conocí se dio cuenta de la intervención- dijo Shura, encogiéndose de hombros, como si no estuviera dispuesto a seguir hablando de ello.
Shura y Dohko lo miraron fijamente, como si quisieran leer algo en su expresión, pero al final parecieron satisfechos por la explicación.
-Bueno, muchas gracias por avisarnos, Shura- dijo Dohko- tomaremos las medidas necesarias. No solo apagaremos los celulares, enviaremos a un grupo de santos a la ubicación a la que están mandando la información-
Shura asintió, y decidió regresar a los terrenos del Santuario. Mientras bajaba, se preguntaba si acaso había olvidado algo. Finalmente se encogió de hombros, pensando que no sería nada importante.
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Casa en Atenas
Cuando Mac regresó a casa, se sorprendió de no encontrar a Charlotte. En vez de ello, Derek estaba trabajando en la impresora 3D, lo que le pareció extraño, pero no pensó más en ello, y tras saludarlo y escucharlo decir que su amiga había salido a ordenar algunos asuntos, entró a su habitación.
-Vaya día- dijo ella, suspirando y volviendo a sentarse frente a la prótesis que aún tenía pendiente terminar de armar. Tomó el desarmador y comenzó a trabajar.
-Fue interesante, por decirlo amablemente- dijo Toto en un tono astuto.
Mac suspiró y volvió a dejar el desarmador en la mesa.
-Aish… ¿a qué te refieres?- dijo la chica.
-¿Quieres decir que no te diste cuenta?- dijo Toto- la tensión se podía cortar con un cuchillo-
-¿Uh?- dijo ella- ¿qué tensión?-
-Primero que nada, cuando llegaste, a tu santo dorado se le aceleró el pulso. Lo sé porque aún estaba encendido ese reloj que le diste- dijo Toto.
-Primero que nada- repitió Mac, frunciendo el entrecejo e intentando controlar el calor que sentía en sus mejillas- no es mi santo dorado. Y obviamente se aceleró su pulso: estaba sorprendido de que mi prototipo funcionara. O tenía miedo de que le cayeran encima de nuevo-
-Ajá- dijo Toto en un tono de incredulidad- ¿y que me dices de la mirada de odio de la chica que estaba con él?-
Mac parpadeó. ¿Una chica? Se quedó pensativa. No recordaba haber visto a nadie junto a Shura, ¿o sí? Ah, sí, cierto, había alguien de pie junto a él. O eso creía, no podía recordar muy bien. Estaba demasiado concentrada en decirle a Shura lo que había descubierto como para darle importancia a alguien más.
-Por favor, Mac- dijo Toto- incluso discutiste con ella. Aunque bueno, al terminar esa conversación, la chica parecía que te quería asesinar-
-¿Cómo lo sabes, Toto?- dijo Mac, de pronto recordando a la extraña chica que estaba de pie junto a Shura- si mal no recuerdo, estaba enmascarada-
-Por su lenguaje corporal- dijo Toto- en serio, Mac, eres demasiado distraída para tu propio bien-
-Silencio- siseó la chica- tú eres demasiado metiche para tu propio bien-
Los circuitos de Toto resonaron, y Mac hizo una expresión de exasperación.
-Oh, ¿crees que es muy gracioso, chatarra?- dijo Mac, y buscó entre sus herramientas- ¿dónde está el desarmador más pequeño?-
-Lo dejaste en Munich- respondió Toto- ¿puedo sugerir que vayas a comprar otro?-
Mac no estaba muy contenta al respecto, pero decidió que lo mejor sería salir de su casa y conseguir la herramienta.
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Caína, Inframundo
Valentine suspiró, agotado. Desde que la señorita Victoria se había ido del Inframundo, el juez de Caína no había trabajando, y casi no había salido de su habitación. Radamanthys había estado por completo deprimido, y no había visto ningún juicio. El espectro de Arpía había estado sustituyéndolo, pero ya estaba cansado. Se dirigió a la habitación de su jefe a paso decidido.
Queen y Gordon lo vieron pasar y, tras alzar las cejas, sorprendidos, se apresuraron a seguirlo, queriendo ver en que se terminaría todo eso.
Cuando Valentine abrió la puerta de la habitación del juez, los tres espectros se detuvieron en la puerta. Uno de los más temibles espectros del Inframundo, uno de los tres grandes jueces, estaba tumbando en su cama, mirando el techo con una expresión deprimente, y acariciando distraídamente a Dash. El corgi alzó las orejas al ver a los tres espectros y se levantó, corriendo hacia ellos. Por un momento, Valentine pensó que Dash lo iba a morder (de nuevo), pero el pequeño perro se puso detrás del espectro de Arpía, y le digo un par de empujones en los tobillos con su cabeza, como queriéndolo acercar al espectro a donde se encontraba Radamanthys.
Valentine suspiró y cerró la puerta, dejando fuera a Gordon y a Queen, y se volvió hacia Radamanthys.
-Señor- dijo Valentine, un poco dudoso. Radamanthys ni siquiera se inmutó. Valentine volvió su mirada a Dash, quien asintió y dejó escapar un aullido, y el espectro entrecerró los ojos- señor Radamanthys, ya fue suficiente de estar aquí tumbado y lamentándose. Si quiere recuperar a la señorita Victoria, tiene que ir por ella y demostrarle lo importante que es para usted-
Radamanthys giró los ojos hacia él, pero lo ignoro, y volvió fijar su mirada en el techo. Valentine suspiró, y volvió de nuevo a ver a Dash, quien gruñó levemente.
-Lo siento mucho, señor Radamanthys, es por su propio bien- dijo Valentine, tomando un gran vaso lleno de agua que estaba sobre la mesita de noche del juez, y lo vertió por completo sobre la cara de Radamanthys. Esto lo hizo reaccionar.
-WHAT THE HELL IS YOUR BLOODY PROBLEM?- bramó el juez de Wyvern, levantándose de golpe; sus gritos haciendo retumbar el techo de Caína. Por un momento, Valentine se arrepintió de haber dejado a Queen y a Gordon afuera. Demasiado tarde: a estas alturas, ambos se habrían ido corriendo de ahí al escuchar los gritos de su superior. Estaba solo con el problema.
-Dije que lo sentía, señor- dijo Valentine, esforzándose de manera sobrehumana para mantener su rostro tranquilo e impasible, aunque en el fondo se moría de miedo: aún le dolía su trasero pateado por la última vez que había hecho enojar a Radamanthys- pero era la única manera de hacerlo espabilar. Y Dash estuvo de acuerdo- añadió, señalando al perro.
El corgi ladró un par de veces, apoyando la moción de Valentine.
Radamanthys miró a su segundo con una expresión sorprendida. Nunca, en todos los años que llevaban trabajando juntos, se había atrevido Valentine a hacer algo tan osado o levantarle la voz. El inglés parpadeó.
-Valentine…-
-Lo siento mucho, señor Radamanthys- dijo Valentine, cruzándose de brazos- sabe que en circunstancias normales jamás me metería en sus asuntos personales. Pero yo… todos sus espectros estamos muy preocupados por usted y por la señorita Victoria. Y por el bebé- añadió, bajando la mirada un poco apenado- sería una pena que naciera fuera del Inframundo, y lejos de usted y de nosotros, ¿no cree?-
El juez tragó saliva. No sabía que pensar. Le había conmovido un poco que sus espectros se preocuparan tanto por él. Y Victoria…
-Valentine- dijo Radamanthys- ¿qué debería hacer?-
-Vaya por ella, señor- dijo el espectro. Radamanthys bajó la cabeza.
-Yo… no sé donde está- dijo el juez- la señora Perséfone se niega a decirme-
Valentine se quedó pensativo. Si la señora Perséfone se había asegurado de enviar a Victoria a un lugar donde estaría segura y cómoda. No sería en Londres, pues ahí no estaría segura ella sola. Tampoco en Escocia, o en Elysion. ¿Dónde más tenían tanto Victoria como Perséfone conocidos?
Radamanthys cerró los ojos y suspiró. Suspiró levemente, y fue cuando sintió algo extraño.
De pronto, Radamanthys se encontró en una extraña habitación en Caína. El juez parpadeó. Estaba dentro de Caína, estaba seguro, y sabía cuál era, pero nunca la había visto de esa manera. Estaba limpia y con un olor agradable, con una pequeña cama con un edredón color púrpura, un escritorio, un gran librero lleno de libros, y pegada a la pared estaba la Union Flag y un enorme póster de The Beatles. Radamanthys parpadeó. Dio un paso adelante, y se sorprendió al encontrar a una niña de ocho años de pie frente a él. La niña era alta, delgada, con cabellos lacios y de color rubio pálido. Usaba un vestido de color azul oscuro, usaba un listón del mismo color en sus cabellos, y tenía un libro en su mano derecha.
-¿Quién eres tú?- preguntó Radamanthys. La chica parpadeó, pero sonrió.
-¿No me reconoces?- dijo la niña, sin dejar de sonreír- soy yo, Lucy-
El juez de Wyvern parpadeó mientras examinaba a la pequeña. Tenía un aire que le resultaba muy familiar. Esa sonrisa le parecía muy conocida. Su atención se fijó en el libro que llevaba en su mano. Oliver Twist, de Charles Dickens.
-Ese libro… es mío, ¿no es así?- dijo Radamanthys. La niña rió.
-Tú me lo obsequiaste, ¿no recuerdas?- dijo la niña, extendiendo una mano hacia él y tomando la mano del espectro. Al tener contacto con su piel, Radamanthys de pronto supo quien era esa extraña niña. Apretó su mano y abrió la boca, sorprendido.
-Tú… tú eres…- dijo el juez, perplejo. La niña asintió; sus mechones de cabello rubios bailaban cada vez que movía la cabeza- tú…yo… ¿cómo es posible?-
La niña no respondió, pero dejó su libro sobre la cama y se apresuró hacia él, extendió los brazos y rodeó al espectro por la cintura. Radamanthys tuvo una extraña sensación de calidez ante el abrazo cariñoso de la niña. Levantó su mano y le acarició los cabellos. Ya sabía a quien se parecía.
La niña levantó la vista, mirándolo a los ojos, y volvió a sonreír.
-See you soon, father- dijo la niña, antes de que Radamanthys abriera los ojos de nuevo y regresara a la realidad.
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El juez de Wyvern parpadeó. ¿Qué rayos había sido eso? Había visto a una niña, que se parecía mucho a Victoria, excepto por sus cabellos rubios del mismo tono que los de él. ¿Era una premonición?¿La criatura que llevaba Victoria en su vientre era esa niña que había visto? Tragó saliva. ¿Era su hija? Ella le había llamado "padre".
-¿Señor Radamanthys?- dijo Valentine, extrañando al ver que el juez parecía no estar prestándole atención. Radamanthys parpadeó, e iba a decir algo, pero el teléfono de Radamanthys sonó. El espectro alzó las cejas al ver el nombre de la persona que llamaba. Era Kanon de Géminis.
-Hello- dijo el inglés.
-Radamanthys, grandísimo pedazo de idiota- dijo el gemelo menor. Sonaba bastante molesto, e hizo que el juez de Wyvern se pusiera rojo de furia- ¿se puede saber porqué demonios te quedaste lloriqueando en el Inframundo y no has venido por tu mujer?-
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Templo de Géminis
Poco antes
Kanon no podía creer lo que Afrodita y Evelyn le contaron. Tenía verdaderas ganas de ir hasta el Inframundo y darle un buen zape al espectro de Wyvern por abandonar así a su mujer en un momento tan difícil para ella.
Pronto, el gemelo se relajó. Él recordaba muy bien como se había sentido cuando él y Satu se dieron cuenta de que esperaban un bebé. Ambos estaban en shock, temerosos, sin saber que hacer. Una parte de él había querido salir corriendo del susto. Lo entendía muy bien, aunque no aprobaba lo que Radamanthys acaba de hacer.
-¿Y qué puedo hacer para ayudar?- dijo Kanon.
Afrodita y Evelyn se miraron entre sí y sonrieron, haciendo que el gemelo alzara las cejas. Una vez que escuchó el plan de esos dos, Kanon no pudo evitar sonreír.
-Me parece una buena idea, cuenten conmigo- dijo el gemelo, sacando su teléfono celular.
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Terrenos del Santuario
Más tarde
Tras dar su advertencia al Patriarca, Shura regresó a los terrenos. Le apetecía entrenar un rato, y había salido a buscar a Aioros y a Saga. Se había llevado un gran chasco, ya que Saga se había escapado de nuevo a la ciudad, seguramente a ver a esa misteriosa chica llamada Cecilia, y Aioros estaba acompañando a Sofi a tomar su ultrasonido. Suspiró. De nuevo confirmaba su teoría: desde que sus dos amigos se habían emparejado, no podían entrenar con él. Bah.
Las mujeres siempre lo complicaban todo.
Y hablando de mujeres y complicaciones, recordó a Anika, y como había salido corriendo sin haberla escuchado. Shura se cacheteó mentalmente. Se hubiera quedado en los Doce Templos. Si bien Anika le dijo que no intentaría matarlo por haber visto su rostro, Shura tenía el presentimiento de que algo extraño estaba ocurriendo con esa amazona.
Una parte de él quería evitarla, la otra le decía que no debía ser tan cruel con una chica que consideraba su amiga. Suspiró. Vio que Mu y Lydia estaban en la entrada del templo de Aries, y optó por ir a importunarlos a ellos. Quizá Lydia querría entrenar un rato con él, para variar.
-Buenas tardes, Shura- sonrió Mu amablemente al verlo llegar- el maestro Shion dijo que fuiste tú quien descubrió que nos estaban espiando-
-Menos mal que podemos comunicarnos por medio de nuestro cosmo- dijo Lydia, secundando lo que dijo Mu.
-Sí, el que me da algo de pena es Saga- dijo Shura- parece que Cecilia insiste en vivir en su apartamento fuera del Santuario-
-Cathy y Sofi también insistían en vivir en su propio apartamento- dijo Lydia, pensativa- solo espero que un día la traiga al Santuario. ¡No la hemos conocido!-
-Kanon es el único que la vio una vez, y dijo que es una chica reservada, igual que Saga- dijo Mu- tendremos que conocerla poco a poco-
-No vine a charlar- dijo Shura de pronto, haciendo que Lydia levantara las cejas y que Mu lo mirara, confundido- vine a ver si alguno de ustedes quiere entrenar conmigo-
Antes de que pudieran responder, los tres sintieron un cosmo enemigo demasiado cerca de la entrada del Santuario. Estaba encendido agresivamente, y sabían muy bien a quien pertenecía.
-Greta…- dijo Lydia, entrecerrando los ojos.
Mu se levantó de golpe.
-Yo iré- dijo Mu, y se volvió a su chica- será mejor que tú te quedes aquí, Lydi. No es seguro para ti o para Satu si en verdad se trata de Greta-
Lydia se cruzó de brazos, fastidiada. Shura casi rió. La chica siempre se enojaba así cuando Mu intentaba protegerla. La chica era poderosa, pero aún no estaba lista para pelear sola. Una vez había sustituido a Afrodita, y las cosas habían salido bien. Mu se dio cuenta, y la besó en la mejilla.
-Por favor, Lydi- dijo Mu- no tardaremos-
La chica suavizó su mirada y asintió renuentemente. Mu sonrió e hizo una señal con la cabeza a Shura, y éste lo siguió hacia la entrada del Santuario. Lydia se dejó caer, enfurruñada, sobre los primeros escalones del templo de Ares.
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Ferretería, Atenas
Al mismo tiempo
Mac había salido a comprar una herramienta que le faltaba. La prótesis que estaba armando ese día pertenecía a un bebé de escasos meses, así que realmente necesitaba un desarmador muy pequeño, y no contaba con uno. Antes de salir, se había sorprendido de no haber visto a Charlotte de nuevo, pero se encogió de hombros y, tras despedirse de Derek, salió a comprar la herramienta que le faltaba. Estuvo a punto de dejar a Toto. ¡Estaba harta de que la molestara con el santo de Athena que había conocido!
-Tonto…- dijo Mac mientras caminaba hacia la ferretería. Pronto se dio cuenta de que estaba demasiado cerca del Santuario de Athena. Sonrió levemente al mirar los lindos edificios griegos, e hizo una mueca.
-¿Y yo soy el tonto?- dijo Toto.
-Calla- dijo Mac, entrando a la ferretería.
Toto no dijo nada. Sabía que, si Mac se molestaba, lo apagaría por un buen rato, y no tenía ganas de pasar el resto de la tarde apagado. La chica sonrió al ver que el robot la había escuchado por esta vez, y eligió el desarmado que mejor le serviría. Pagó cinco euros por él, y salió de la tienda, guardando la herramienta en su bolso.
Tras mirar una última vez hacia el Santuario, se dispuso a caminar de regreso a su casa. Pero había alguien, una chica rubia, cerrándole el paso.
-¿Lottie?- dijo Mac, alzando las cejas. Pero pronto se dio cuenta que la chica rubia no era Charlotte, aunque se le parecía muchísimo. Mac se ruborizó cuando la desconocida se volvió hacia ella- oh, lo siento, creí que era mi amiga…-
La chica desconocida sonrió, y esa horrenda sonrisa hizo que a Mac se le helara la sangre en las venas. No, no era Charlotte, aunque se parecía muchísimo. Pero había algo en ella. Tenía una expresión, una mirada horrible.
-No te preocupes, sé con quien me confundiste- le dijo la otra mujer con un pesado acento alemán, sin dejar de sonreír.
Mac tenía un mal presentimiento sobre esa chica. ¿Sería la hermana de Charlotte, sobre la que ella siempre le había advertido que era una mala persona? Si lo era, sería mejor que saliera de ahí lo más rápido posible. Levantó la mirada, y vio que había otros dos hombres con ella, cada uno usando una extraña armadura negra.
-Yo… lo lamento mucho, será mejor que me vaya…- comenzó a decir Mac.
-¿Así que tú eres la chica que ha estado causándonos tantos problemas?- dijo la mujer- no pasa nada, de ahora en delante nos ayudarás-
-Yo… no sé de qué hablas…- dijo Mac, dando un paso atrás.
La mujer alemana se volvió a sus acompañantes y asintió, para después retirarse caminando entre las pequeñas calles de la ciudad. Los dos hombres con armadura negra sonrieron maliciosamente. Uno se cruzó de brazos y el otro comenzó a tronarse los nudillos. Mac tragó saliva.
-¿Qué… qué piensan hacer?- dijo ella.
Los hombres comenzaron a acercarse a ella, y Mac, asustada, dio unos pasos atrás, manteniendo la distancia.
-Corre, Mac. ¡Corre!- dijo por fin Toto.
La voz de su robot pareció sacarla de su trance. La chica comenzó a correr en dirección del Santuario de Athena, alejándose de los dos sujetos, quienes corrieron también detrás de ella. Pero una chica que pasa la mayor parte del día sentada trabajando no era rival para un par de guerreros entrenados. A los pocos metros le dieron alcance, y uno de ellos la tomó de una de las muñecas. Mac gritó asustada, pidiendo ayuda.
-No vas a escapar, ricitos de oro- le dijo uno de los hombres tomándola también de sus cabellos ondulados, y comenzó a tirar de su brazo para sacarla de los terrenos del Santuario, ignorando sus gritos y sus intentos por librarse. Cuando el hombre iba a dar un paso más, se abrió una enorme grieta en el suelo, separándolo de la salida del Santuario.
Tanto los enemigos como Mac se volvieron, y la chica sonrió aliviada al ver que se trataba de Shura, quien vestía su armadura dorada, acompañado de otro de los santos dorados.
-Suelta a la señorita, o perderás ese brazo- dijo Shura de manera amenazante.
El hombre se echó a reír, y dio un tirón al brazo de la chica, atrayéndola hacia él y tomando su cabeza con sus dos manos.
-¿Qué piensas hacer, santo de Athena?- dijo el hombre- si intentas algo, le romperé el cuello-
Shura no estaba de humor para tonterías. Encendió su cosmo y atacó al hombre con él, cortando una de las manos del enemigo, quien soltó a Mac dando un alarido. La chica cayó al suelo de rodillas por el impulso. El otro hombre intentó atraparla, pero antes de que lo lograra, o que Shura y Mu lo atacaran, alguien más lo atacó y cayó sobre él. Tanto los santos dorados como Mac estaban sorprendidos.
-Espero que no sea mal momento, santos de Athena- dijo Radamanthys, que era quien había atacado al segundo hombre, con sus pies sobre el enemigo- quisiera ver a Victoria inmediatamente-
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Hospital, Atenas
Aioros hizo una expresión extraña por un segundo, pero suspiró aliviado. Había escuchado, por medio de su cosmo, lo que acababa de pasar en la entrada del Santuario, pero la rápida acción de Shura y Mu, con la llegada de Radamanthys, habían logrado evitar que pasara a mayores.
-¿Qué sucedió?- preguntó Sofi, alzando las cejas al mirar la expresión extraña que hizo el chico.
-Hubo un ataque en la entrada del Santuario- le dijo Aioros- pero ya lo resolvieron. No te preocupes por ello, Sofi-
Sofi sonrió levemente. Estaban ahí por su ultrasonido. Debido a todos los incidentes que habían ocurrido en las últimas semanas, desde que ambos supieron que Sofi estaba embarazada no habían tenido oportunidad de ir al hospital a esa revisión. La chica estaba muy nerviosa. Sabía que, por el hecho de tener diabetes, tenía más riesgo que los demás de que el bebé tuviera algún problema.
Otra de los amigas de Sofi era quien iba a llevar a cabo el examen. Cuando comenzó, la doctora que lo estaba realizando dejó escapar una exclamación de sorpresa casi al iniciar el estudio.
-Oh…-
-¿Uh?¿qué sucede?- dijo Sofi. Aioros parpadeó y miró la pantalla, pues Sofi, estando tumbada en una camilla, no alcanzaba a verla, pero no pudo entender las líneas en blanco y negro.
-Vaya…- dijo la doctora, lo que no hacía nada para disminuir el estrés de los dos futuros padres.
-¿Qué sucede?- dijo Aioros, repitiendo lo que dijo Sofi.
La doctora se volvió hacia ellos.
-Eh… será mejor que te sientes primero- dijo la doctora a Aioros, que seguía de pie junto a Sofi, mientras le tomaba la mano con suavidad. El chico obedeció, cada vez más asustado.
-Me estás asustando- dijo Sofi- ¿nos puedes decir qué pasa?-
-Sí- dijo la otra chica- tienes aproximadamente cinco meses de embarazo. Y son dos fetos-
Sofi y Aioros se miraron entre sí.
-¿Dos?- dijo Aioros.
-Sí, son gemelos- dijo la doctora, volviendo su atención a la pantalla- no, son mellizos. Parece… sí, es un niño y una niña- siguió mirando la pantalla y oprimiendo algunos botones- ambos están muy bien, los dos tienen buen tamaño-
-¿Cuándo…?- preguntó Aioros.
-Su fecha probable es principios de julio- dijo la doctora- pero los mellizos jamás cumplen las cuarenta semanas. Lo más probable es que nazcan a mediados o finales de junio-
Sofi y Aioros se miraron entre sí y sonrieron emocionados. Sintieron la adrenalina de la noticia, y ninguno de los dos podía esperar a llegar a casa y contarle a todos.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Y sí, los bebés de Aioros son mellizos, y Rada tuvo un pequeño vistazo de la que va a ser su hija. Veo mucho color rosa en su futuro. ¡Muchas gracias a todos por sus reviews! Nos leemos pronto.
Abby L.
