DIVISIONES

X: CONVERSACIÓN

Templo de Capricornio

A la mañana siguiente, Shura se levantó rápidamente, ignorando el dolor de cabeza que tenía por la resaca de la noche anterior, y salió de su habitación a la sala de su templo para cerciorarse de que en efecto había pasado lo que él vagamente recordaba y que no había sido un sueño. Pero al ver el pequeño bulto en el sofá, sonrió levemente. No lo había soñado: todo lo que creyó que había pasado, sí había pasado. La charla, el beso…

Shura sacudió la cabeza, y se acercó en silencio a donde aún dormía Mac. Llevaba consigo un vaso de agua y un par de aspirinas. Sabía que la chica las iba a necesitar cuando despertara, a juzgar por la borrachera que se había pegado la noche anterior.

La chica estaba tumbada sin ninguna vergüenza en el sofá, aún cubierta y ovillada por la manta que Shura le había echado encima. La coleta se le había desecho, y sus cabellos rubios se esparcieron alborotados por todos lados. El chico sonrió y le quitó un mechó de cabello de la cara. Al sentir la caricia de Shura sobre su mejilla, Mac arrugó la nariz y abrió los ojos. Tardó unos segundos en recordar que era lo que había pasado. De la impresión, ya chica se cayó del sofá, con todo y manta.

-¡Ah!- exclamó Mac- ¿qué rayos…?-

-Buenos días, guapa- dijo Shura, sonriendo.

Mac estaba asustada. ¿Qué rayos había pasado la noche anterior? Vio las botellas de cerveza tumbadas en la mesita de la sala, la manta y almohada en el sofá, y a Shura en shorts y camiseta interior. La chica se ruborizó furiosamente, y el santo dorado sonrió divertido.

-¡AH!- gritó Mac, poniéndose de pie de golpe y tomando la almohada- ¿cómo…te…atreves…a…emborracharme…para…hacer…que…me…quede…aquí?- y cada palabra era acompañada de un almohadazo en contra del costado del santo dorado.

-Yo no te emborraché- dijo Shura, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no reírse- y déjame decirte que te ves bonita, a pesar de que te acabas de levantar-

Mac se quedó con la almohada en alto, a medio golpe, y se sonrojó terriblemente. Intentó darle un puñetazo en la cara, pero no alcanzó más que a golpearlo en el pecho. ¿Quién rayos se creía que era ese tarado troglodita para decirle que era linda? ¡Ah! ¿Cómo no podía alcanzarlo para golpearlo en la cara? Si el día anterior había sido demasiado fácil de ponerse de puntitas y darle un beso, y…

¡Medio momento! ¿Lo había besado? Repasó el incidente en su mente un par de veces, y aunque no quisiera admitirlo, lo confirmó. ¡Lo había besado! Él no había hecho nada, había sido ella completamente. Ella y su maldita borrachera.

Muerta de vergüenza, la chica se dejó caer sobre el sofá, tomó la manta y se la echó encima, cubriéndose con ella. Shura rió en voz bajita y se sentó junto a ella. Suspiró.

-¿Qué pasó ahora?- dijo Shura con paciencia.

-Dime que no hice lo que creo que hice- dijo Mac desde bajo de la manta.

-Eh…- dijo el chico.

Mac estaba completamente fuera de sí de vergüenza. Quizá podría tomar sus cosas e irse de Atenas en ese momento. No era demasiado tarde para regresar a Quebec. O a Alemania. O podía cambiar su identidad en un pueblo lejano…

Sin dejar de sonreír, Shura le quitó de encima la manta, revelando a una muy ruborizada chica hablando rápidamente en francés. No sabía que tenía Mac, pero lo volvía loco. ¡Le gustaba muchísimo! Extendió su brazo hacia ella y la tomó tan suavemente de la mejilla que él mismo se sorprendió. Mac parpadeó.

-Tranquila- dijo Shura en un susurro- la verdad no… no es como que me hubiera desagradado…-

Mac levantó la mirada, sorprendida. Shura se sorprendió de haber dicho eso. ¿Qué le pasaba? Aunque la verdad era que la chica le gustaba mucho. ¡Vaya, Mac no lo dejaba pensar claramente! Pero dentro de todo eso, sabía dos cosas: sabía que Mac estaba demasiado apenada por lo que había pasado y estaba tentada a desaparecer, y además sabía que él no quería que Mac desapareciera. Era hermosa, inteligente, divertida…

-¿Shura?- dijo Mac.

-No te vayas- dijo Shura- lo que sea que estés pensando, no lo hagas. Me gustas-

Mac parpadeó, aún con su rostro muy rojo.

-Me gustas, ¿vale? Sé que te conozco desde hace muy poco tiempo, pero tengo ganas de seguir conociéndote. Y ese beso accidental fue lo mejor que me ha pasado, por mucho. Y cuando estés lista, me gustaría darte un beso no accidental-

El corazón de ambos estaba tan acelerado que sentían los latidos en sus oídos. Ante la declaración de Shura, Mac sonrió.

-Toma, necesitarás las aspirinas- dijo Shura, sonriendo- pediré permiso al Patriarca, y te acompañaré a tu casa, ¿sí? Solo… quiero asegurarme de que estés a salvo-

-De acuerdo- sonrió Mac, y se acercó a él y lo besó en la mejilla- gracias, Shura-

Shura iba a decir algo, pero se vio interrumpido por una voz en la entrada del templo. Tanto el santo como la chica se volvieron a la entrada, y vieron que ahí estaba parado Milo, con los brazos cruzados y una enorme sonrisa en su rostro, y junto a él, Cathy reía sin parar en voz baja, cubriéndose la boca con las manos.

-Vaya, vaya, vaya…- dijo Milo.

Sobra decir que los dos se encendieron como semáforos.

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Caína, Inframundo

Radamanthys respiró aliviado al ver a Victoria aún durmiendo en su cama cuando despertó esa mañana. La noche anterior la había convencido de regresar con él al Inframundo después de su estadía en el Santuario de Athena. Tras agradecer a los santos y a Evelyn por cuidar de ella, la acompañó de regreso.

Pero algo había cambiado en él. No solo había admitido que se había comportado como un completo idiota al asumir que ella no querría a la criatura, sino que él mismo había cambiado su posición al respecto. ¿Y cómo no? Cuando sintió al bebé comenzar a patear suavemente, todo cambió para él.

El bebé.

Victoria se quejó entre sueños y se volvió hacia él. ¡Cómo le gustaba verla con ese pijama rosa! ¿Cómo había podido haber ignorado esa pancita? Si se veía tan linda…

Y no solo él estaba feliz de tenerla de vuelta. Al parecer todos los espectros la habían echado de menos, ya sea por su contacto con ella, o porque habían sufrido directamente las consecuencias de su ausencia: llámese el extremo mal humor del juez de Wyvern y de Dash. Porque sí, el pequeño corgi podía ser terrible si se lo proponía.

Alguien llamó a la puerta, y Radamanthys gruñó en voz baja. ¿Cómo se atrevían a molestarlo? ¡Victoria tenía que descansar!

La puerta se abrió, y Valentine se asomó tímidamente. El juez suspiró, resignado, y se levantó, tras cubrir con cuidado a Victoria con la manta.

-¿Qué quieres, Valentine?- dijo Radamanthys en voz baja, pero en un tono agresivo.

-Me da gusto que la señorita Victoria haya regresado ya- dijo Valentine, ignorando el hecho de que el juez hubiera hablado con ese tono- solo vengo a reportar que todos los juicios de hoy fueron ya revisados, así que no tiene porqué preocuparse y se puede quedar a descansar. Y la señora Perséfone me ordenó decirle que los invita a cenar esta noche en Giudecca, si la señorita Victoria se siente bien-

Radamanthys parpadeó. ¿Sus espectros habían organizado los juicios del día para que él pasara más tiempo con Victoria? Sonrió levemente, agradecido con sus subordinados, y se odió un poco por ello.

-Bien…- dijo el juez- gracias, Valentine…-

El espectro se inclinó, y se despidió. Radamanthys cerró la puerta, pensativo, y suspiró antes de volver a tumbarse en la cama. Victoria abrió los ojos levemente, pero bostezó y se deslizó sobre la cama para apoyar su cabeza sobre el pecho del chico. Radamanthys sonrió, y la rodeó con su brazo.

-¿Cómo te sientes hoy, my beloved?- dijo el juez.

No obtuvo respuesta, pues Victoria ya se había vuelto a dormir.

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Recinto de las Amazonas

Poco antes

Esa mañana, Lena se había levantado más temprano que de costumbre para poner a Edith a entrenar. Como la chica era mucho mayor que los demás aprendices, era la que más tenía que trabajar para rápidamente ponerse al corriente.

Tras hacer que Edith diera varias vueltas alrededor del recinto, Lena asintió en un gesto de aprobación, y la envió a su habitación a darse una ducha y a desayunar con el resto de los aprendices, cuando notó un bulto en el suelo. La chica alzó las cejas y se acercó a averiguar que era lo que había sucedido.

Anika se encontraba ovillada en una esquina del recinto, abrazando sus piernas y hundiendo su cabeza entre sus brazos, y al parecer se había quedado dormida en esa posición. Lena alzó las cejas. ¿Qué le pasó? ¿Qué hacía ahí tumbada?

Y no era la única. También Marín, quien se había extrañado de no encontrarla temprano en la mañana, se acercó a ver lo que había pasado.

-¿Anika?- dijo Lena en voz baja- ¿qué te pasa?¿porqué estás aquí?-

Anika tardó unos segundos en despertar, y darse cuenta de lo que había pasado. Marín, que ya sabía parte de la historia de Anika con Shura, no dijo nada, y esperó pacientemente a que la chica explicara.

-Hice… hice lo que me dijiste, Marín- dijo Anika. Ambas amazonas mayores notaron que sus ojos estaban enrojecidos, y se estaban llenando de lágrimas de nuevo- él no me quiere, solo soy una amiga para él. Y esa chica…-

-¿Cuál chica?- dijo Lena sin entender- ¿de qué estás hablando?-

Marín la hizo callar con una mirada. Como estaban dentro del recinto, las amazonas estaba sin sus respectivas máscaras.

-Le dijiste lo que sentías…- repitió Marín en voz baja- ¿y después que pasó?-

-Me dijo… que le daba gusto que fuéramos buenos amigos- dijo Anika- pero… está enamorado de esa chica. Yo los vi juntos, y…- y se interrumpió, para volver a echarse a llorar.

Lena miró confundida a Marín, que parecía estar al tanto de la situación. Le puso la mano en el hombro a la chica, y prefirió dejarla bajo la experta supervisión de la amazona pelirroja. Marín miró de reojo mientras que Lena se retiraba, y suspiró.

-¿Hay otra chica?- preguntó Marín, y Anika asintió levemente- ¿quién es?-

-No sé- dijo Anika, cabizbaja- pero anoche lo vi besándola…-

Marín suspiró, algo apenada por su amiga. ¿Que rayos le pasaba a Shura? ¿Qué, no se daba cuenta de que Anika siempre había estado loca por él? La pelirroja puso los ojos en blanco. ¡Hombres! Pobre de su amiga, estaba sufriendo feo, y todo por amor. No diferente a lo que ella había pasado mucho tiempo, sin saber si Aioria la correspondía o no.

Pero esa nueva información le llamó la atención. Anika había visto a Shura besando a una chica. ¿Quién sería?¿De dónde habría salido? Eso le interesaba mucho.

Volvió a mirar a su amiga, y pensó en que lo mejor sería que Anika se olvidara de Shura.

-Ya, tranquila, Anika- dijo Marín- sé que Shura te gustaba mucho, pero si es cierto lo que dijiste, será mejor que lo saques de tu mente y de tu corazón. Sé que será un poco difícil, pero es lo mejor para ti. Ven- dijo, ofreciéndole la mano- vamos a desayunar-

Anika la miró con tristeza. Quizá Marín tenía razón, y debía dejar de pensar en Shura. Suspiró, y aceptó la mano de la pelirroja.

Claro, era más fácil decirlo que hacerlo.

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Templo de Capricornio

Tras evadir las preguntas de Milo y Cathy, para después correrlos de su templo, Shura preparó el desayuno para él y para Mac. Pasado el pánico inicial causado por la presencia de Milo, Mac sonreía y comía de buena gana y con ánimo lo que Shura había preparado.

-Vaya, eres muy bueno cocinando- dijo Mac, y se encogió de hombros, algo apenada- me da vergüenza admitirlo, pero jamás aprendí a cocinar-

-¿Y cómo has sobrevivido hasta ahora?- dijo el santo.

-Mi amiga Charlotte es la que cocina en casa- dijo Mac- me anda siguiendo para asegurarse de que me alimente bien…-

Shura rió levemente, mientras miraba con una sonrisa satisfecha a la chica comiendo de buena gana lo que él cocinaba. Por primera vez alguien más apreciaba su comida.

-Todo estuvo delicioso, Shura- sonrió Mac- gracias-

-Me alegra que te gustara-

-Pero ya no puedo seguir abusando de tu amabilidad- continuó Mac- será mejor que regrese a casa. Tengo que terminar el trabajo-

Shura la evaluó con la mirada. No olvidaba que la noche anterior los enemigos habían intentado secuestrarla apenas en la entrada del Santuario. Y, si no se equivocaba mucho, había sido Greta quien había demostrado el interés por ella. Quizá sería buena idea asignarle a alguien que la vigilara. Quizá algún santo de bronce o una amazona. Se inclinó por la segunda opción, ya que ella estaría más cómoda con la presencia de una chica.

-¿Qué sucede, Shura?- preguntó ella.

-Nada- dijo él, sacudiendo la cabeza- estaba pensando que sería bueno que enviara a alguien a cuidarte, en caso de que esos tipos te ataquen de nuevo-

Mac sonrió y asintió levemente. La verdad era que una parte de ella quería quedarse con Shura en el Santuario, aunque no lo admitiera. No solo era un chico que le parecía serio y apuesto, sino que cocinaba muy rico, y disfrutaba mucho su compañía, charlando y tomando cerveza.

-Está bien, si tu lo dices, troglodita- dijo Mac. Shura sonrió y se levantó, ofreciéndole el brazo.

-Bueno, hora de irnos, guapa- dijo Shura. Mac asintió y tomó el brazo del santo dorado.

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Templo de Aries

Esa mañana Aioros y Sofi habían bajado a media mañana con Mu y Lydia a tomar café y galletas, y les habían dado las noticias. La chica no cabía en sí de felicidad, iba a tener no uno, sino dos sobrinos. Mu la miraba, divertido, mientras la chica daba brincos de contento. Aioria también los había acompañado, y a él casi se le escapa una lágrima al escuchar que sería tío de unos mellizos. Marín aún estaba ocupada en el recinto y no había podido subir con ellos.

Estaban aún charlando sobre los mellizos, cuando vieron a Shura cruzar el templo, acompañado de una chica. Todos los presentes guardaron silencio y los siguieron con la mirada. Lydia incluso se talló los ojos, sorprendida de ver que la chica iba del brazo de Shura. Ambos pasaron por el templo en silencio, y los otros solo lo siguieron con la mirada.

Una vez que Shura y Mac salieron del templo de Aries hacia la ciudad, todos los presentes se miraron entre sí.

-¿Quién es esa chica?- preguntó Sofi en voz baja, y todos los presentes se encogieron de hombros.

-Esto se pone interesante de nuevo- sonrió Aioros, con una expresión traviesa.

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Apartamento en la ciudad

Cecilia sonrió ampliamente cuando, al regresar a casa, Saga la estaba esperando ya, sentado en el último escalón antes de llegar a su piso. Canuto saltó de sus brazos al suelo, y luego al regazo del santo dorado. Saga sonrió y lo acarició.

-¿Cómo estuvo tu día?- preguntó Saga, levantándose y tomando a Canuto en sus brazos. Cecy sonrió y lo abrazó. La verdad estaba contenta de estar de regreso en casa. El santo entendió perfectamente, y la abrazó de regreso.

Ambos entraron al pequeño departamento, y Cecy puso la cafetera. El clima comenzaba a volverse cálido, pero ambos disfrutaban tomar una taza de café juntos en la tarde. La chica se tumbó en el sofá, donde Saga ya estaba sentado, y éste la envolvió con sus brazos mientras ambos esperaban que el pequeño apartamento se llenara del aroma del café. La chica apoyó su cabeza en el pecho de Saga, y éste sonrió levemente.

-¿Estás muy cansada, ματάκια μου?- dijo cariñosamente Saga. La chica se ruborizó un poco al escuchar como la llamó Saga, y éste amplió su sonrisa. ¡Le encantaba cuando se ruborizaba! Se veía hermosa. Rió suavemente y hundió su rostro en los cabellos de la chica, para después darle un beso en la mejilla.

El santo la miró, mientras ella dejaba caer los zapatos al suelo y doblaba sus rodillas para acomodarse mejor. Amaba a esa chica que tenía a su lado. Desde que regresaron de Chile, Saga se había dividido entre pasar el tiempo en el Santuario con Kostas, y pasar tiempo en la ciudad con Cecilia. No quería hacerla mudarse al Santuario como las demás chicas de los santos dorados. Cecilia era demasiado tímida, no quería someterla a algo que pudiera hacerla sentir mal.

Lo que lo hacía estar tranquilo era que Kostas ya la había conocido, y parecía haberle tomado algo de cariño con el tiempo. Sabía que nunca nadie sustituiría a su mamá, pero Cecy… Sacudió la cabeza. No podía pensar en eso.

Cecy pareció notar su monólogo mental, y solo entrelazó sus dedos con los de él. Saga la miró y sonrió.

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Casa en Atenas

Poco más tarde

Shura acompañó a Mac a su casa. Ya había estado ahí antes, así que ya conocía el camino. Ambos iban conversando animadamente hasta que llegaron a la casa que la chica compartía con sus dos compañeros.

-Bueno, llegamos- dijo Shura, intentando disfrazar su decepción en su tono de voz. Mac sonrió levemente, también un poco decepcionada.

-Sí…- dijo ella, algo apenada- oye, troglodita… gracias, por haberme mantenido a salvo ayer…-

Shura sonrió, y se odió un poco por ello. ¿Porqué le gustaba tanto esa chica? Bueno, era linda, y no podía decir que no era atractiva, a pesar de ser tan distraída. Se llevó distraídamente los dedos índice y medio a los labios, recordando el beso accidental que le había dado Mac la noche anterior, y sonrió levemente. ¡Lo que daría por revivir ese momento!

-De nada- sonrió Shura- no creas que te has librado. Aún enviaré a alguien a estarte vigilando-

Mac asintió levemente, y mientras asentía, Shura notó el listón rojo con el que la chica tenía amarrados sus cabellos en una alborotada cola alta. Esa mañana la había visto con el cabello suelto, y una parte de él deseaba volverla a ver así.

Shura gruñó en voz baja. ¿Porqué estaba pensando cosas así?

Mac iba a decir algo, pero dio un respingo de sorpresa al ver que la puerta de la casa se abrió. Tanto ella como Shura se volvieron, y se dieron cuenta de que se trataba de Derek.

-¡Mac!- exclamó el chico, con una mezcla de alivio y enojo- wo zum Teufel waren Sie?-

-Derek- dijo Mac con calma- ¿qué te pasa? ¿porqué te pones así?-

-Desde ayer en la tarde que Charlotte y yo no sabemos nada de ti- dijo Derek- ¿porqué no nos avisaste donde estabas?-

-Tranquilo, lo olvidé- dijo Mac, ruborizándose levemente, y Shura sabía que la chica estaba recordando la noche anterior: cuando la atacaron, la borrachera y… el beso. El santo no pudo evitar sonreír levemente.

-¿Lo olvidaste?- dijo Derek, alzando la voz. Realmente parecía estar muy enojado- ¡Charlotte salió a buscarte en la noche, y no ha regresado!-

-¿Qué dices?- dijo Mac, abriendo los ojos desmesuradamente.

-Que Charlotte salió a buscarte en los sitios habituales, mientras yo ponía la denuncia ante la policía, pero ella no regresó nunca. ¡He estado terriblemente preocupado por ustedes dos!- exclamó Derek, visiblemente molesto.

Mac se volvió a mirar a Shura. alzando las cejas. ¿Eso tendría que ver con lo que le había pasado la noche anterior, cuando habían intentado secuestrarla? Shura había fruncido el entrecejo. ¿Qué rayos estaba pasando? Quizá debería reportar eso al Patriarca.

-Derek, ¿qué fue lo que dijo Charlotte cuando se fue?- dijo Mac.

-Dijo que ella creía saber donde estabas, y fue a buscarte- dijo el chico alemán, y fue entonces cuando cometió un error. Derek tomó a Mac del brazo y tiró de él bruscamente para hacerla meterse a la casa- ¡no vuelvas a salir hasta que Charlotte regrese! No puedo más con esta preocupación-

El tirón hizo que a Mac se le escapara un "¡ay!" de sus labios, y eso enfureció a Shura. Tomó la mano de Derek por la muñeca y la apretó con más fuerza de la necesaria, obligándolo a soltar el brazo de Mac.

-Te recomiendo que no vuelvas a tocarla, Berzotas- dijo Shura en furioso español, aún apretando la muñeca del chico alemán. Éste no se dejó intimidar y, a pesar que el agarre del santo dorado era bastante incómodo, no hizo ningún gesto de dolor.

-¿Y tú quién te creíste que eres, Dummkopf?- dijo Derek a su vez.

Ambos chicos estaban mirándose con total y completo desprecio, y no faltaba mucho para que ambos se agarraran a golpes. El alemán apartó a Mac con una mano y se preparó para pelear, al tiempo que Shura se ponía en pose defensiva.

Dos golpes sordos se escucharon.

Mac, furiosa como ambos chicos estaban a sus lados, literalmente midiendo sus puños entre ellos, había decidido romper la tensión abofeteando a los dos. Bueno, solo pudo golpear a Derek en la cara. Shura era demasiado alto, y a pesar de que Mac dio un pequeño salto para poder darle un puñetazo en la barbilla, no lo alcanzó, y le dio el golpe en el pecho.

Igual, ambos entendieron el mensaje.

-Mac, ¿que…?- comenzó a decir Shura.

-Knock it out, you damn hosers!- exclamó ella, más enojada de lo que ninguno de los dos la habían visto- los dos son un par de tarados. Tú, no tienes porqué estar tirando de mi brazo así- dijo, volviéndose a Derek- y tú, no tienes que estar diciendo quien me puede tocar y quien no, yo soy la que decide eso- añadió, mirando a Shura- ¡arg!¡Hombres!-

Mac volvió a intentar golpearlo, dando un pequeño brinco, el cual volvió a chocar con su pecho. Shura la miró. ¡Se veía tan linda cuando estaba enojada! ¿Pero en serio se había enojado porque la había defendido? Mujeres…

-Discúlpame- dijo Shura, inclinando su cabeza levemente- no fue mi intención ofenderte-

Y tras decir eso, Shura se despidió con un gesto y regresó al Santuario de Athena. Mientras se alejaba, Mac se volvió a Derek con una mirada asesina, y entró a la casa, para después encerrarse en su habitación. Derek entrecerró los ojos y, al ver que Shura había desaparecido, también entró a la casa murmurando "Dummkopf".

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ματάκια μου: (griego) Mis pequeños ojos. Según leo, es una manera cariñosa de decirle a tu pareja.

wo zum Teufel waren Sie: (alemán) ¿Dónde diablos estabas?

Berzotas: (español) persona ignorante o necia.

Dummkopf: (alemán) tonto.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando estaba historia. Muchas gracias a todos por sus reviews. Nos leemos pronto.

Abby L.