DIVISIONES
XII: PLANES
Templo de Capricornio, Santuario de Athena
Poco antes del ataque
Shura se dejó caer sobre su cama, mirando al techo, y dejó escapar un largo suspiro, fastidiado por lo que acababa de pasar, y lo que vio en el templo de Escorpión no ayudó mucho. Faltaban unos pocos días para la boda de Milo y Cathy, y esos dos no se ponían más románticos porque no tenían más tiempo. Los evitó tanto como pudo cuando cruzó el templo rumbo al suyo.
Se puso las manos en la nuca y suspiró largamente otra vez, un poco entristecido por los eventos del día. ¡Lo que habría dado por ser él quien estuviera siguiendo y cuidando de Mac! Así podría volver a verla, y quizá hablar con ella y hacerla sonreír de nuevo. Se encogió de hombros. En fin, tenía que confiar en Anika para mantenerla a salvo
Por cierto, ¿qué le pasaba a Anika? A pesar de que ambos habían hablado y aclarado que el incidente de la máscara había sido un accidente y que ella no iba a llevar a cabo ninguna represalia, Shura había notado que la chica se comportaba muy extraña, sobre todo los últimos días. Se encogió de hombros sin darle mucha importancia. No pretendía entender a las mujeres, ni tenía mucho interés al respecto. Bueno, solo le interesaba entender a una de ellas: a Mac. Cuando se trataba de ella, ¡cómo deseaba saber hasta el más mínimo detalle de lo que pasaba por su cabeza!
Un ruido resonando por los pasillos interrumpió de golpe sus pensamientos. Escuchó pasos en su templo, y se levantó para ver de quien se trataba. Era Marín, quien había subido al templo del Patriarca a discutir algunos problemas que había en la defensa del recinto de las amazonas, y ahora bajaba de regreso.
-Buenas noches, Shura- dijo Marín en un tono algo frío para ella- voy a pasar por tu templo, voy de regreso al recinto-
-Adelante- dijo Shura, encogiéndose de hombros y entrecerrando los ojos. ¿La amazona pelirroja estaba enojada con él?¿qué rayos le pasaba?- eh… ¿Marín?-
-¿Qué quieres?- le dijo la amazona, volviéndose hacia él en un tono brusco.
-Yo… ¿acaso te he ofendido de alguna manera?- dijo Shura, perplejo.
Marín puso los ojos en blanco bajo su máscara. Shura realmente era tan denso como él solo. Había hecho llorar a Anika, ¿y preguntaba porqué estaba enojada con él? Bleh, seguramente ni siquiera se había dado cuenta de que le había roto el corazón y la había hecho llorar. Suspiró. ¿Porqué todos los hombres eran tan distraídos en esas cuestiones? ¡Tarado!
-Shura, ¿estás saliendo con una chica?- dijo Marín, respirando hondo para tranquilizarse y no lanzarse contra él.
El rostro del santo dorado era todo un poema. No sabía a donde iba con esa pregunta. ¿Acaso Marín sabía sobre Mac? No estaba seguro.
-Eh… yo… pues…- comenzó a decir Shura nerviosamente, y sonrojándose hasta la raíz del cabello. ¿Porqué no podía controlar el rubor de su rostro? ¡Ah!- conocí a una chica… nada serio… bueno, sí, ella me llama la atención…y me gusta… pero yo…-
Marin olvidó por un momento su enojo y casi se echó a reír ante el nerviosismo del santo de Capricornio, claro, si no hubiera estado tan molesta con él. Realmente estaba muy enamorado de esa chica misteriosa, e incluso quizá por eso no se había dado cuenta de lo sucedido con Anika.
-Bueno, me da gusto por ti, pero es una lástima- dijo Marín, cruzándose de brazos, algo decepcionada de encontrar que los sentimientos de Shura parecían genuinos: la pobre de su amiga no tenía ninguna oportunidad- porque había una amazona a la que le gustabas mucho-
Shura parpadeó, sin entender.
-No hagas bromas de mal gusto, Marín- dijo él, cruzándose de brazos- ¿quién podría…? Oooh…- añadió de pronto, abriendo los ojos sorprendido. Se refería a Anika. No, no podía ser. ¿Anika, enamorada de él? Sonaba tonto.
Pero entonces cayó en cuenta de lo que estaba pasando a su alrededor. Por eso Anika lo había buscado varias veces para "hablar" con él, y la había visto ese último día con los ojos hinchados y enrojecidos. Se cacheteó mentalmente. ¡Que estúpido había sido! No es como que se arrepintiera de su decisión: aún era Mac la única mujer en su corazón, pero tal vez habría actuado diferente en cuando a Anika se refería.
-¿Ya caíste en cuenta de lo que ocurría?- dijo Marín.
-Oh, por todos los dioses…- dijo Shura.
-Eres un idiota- dijo Marín en un tono severo- ¿cómo no te diste cuenta?-
-Yo…- dijo Shura, bajando la mirada- no es un pretexto, pero he estado… distraído, desde que conocí a Mac. Pero prometo que arreglaré las cosas con Anika. Realmente es mi amiga, y no deseo que sufra por mi culpa-
Marín iba a decir algo, pero ambos se quedaron helados. De nueva cuenta había cosmos enemigos en la entrada del Santuario, y ambos sintieron el cosmo de Anika quemándose con fuerza. Shura palideció: Anika estaba cuidando a Mac. ¡Algo malo les habría pasado!
-Marín- dijo Shura- Anika está peleando…-
-Vamos- dijo la amazona, y ambos se apresuraron hacia la salida del Santuario.
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Terrenos del Santuario
Poco antes
Mu y Lydia se habían reunido para entrenar en los terrenos. El santo de Aries había aprovechado la ausencia de Kiki, quien estaba de nuevo de visita en Japón con Seiya y los otros, para pasar más tiempo con la chica. Mu sonrió al verla encender su cosmo dorado, iluminado la penumbra.
-Será mejor que regresemos a los Doce Templos, Lydi- dijo Mu, levantando la voz, al notar que ya había oscurecido y se volvía cada vez más difícil mirar a su alrededor.
Lydia sonrió y, tras apagar su cosmo y quitarse su máscara, corrió hacia Mu y lo tomó de la mano. El santo sonrió ampliamente. cada vez faltaba menos para que Lydia cumpliera dieciocho años, ya solo unos cuantos meses, y entonces se lo diría. Le diría que quería pasar toda su vida con ella. Quizá se lo diría un poco antes. Había esperado casi cuatro años. ¡Cómo la quería! Se había sentido apegado a ella desde que la había conocido, y cada vez más con cada día que pasaba.
De pronto, ambos se detuvieron de golpe al sentir el cosmo enemigo, al mismo tiempo el de Anika, quien parecía que estaba peleando contra el enemigo, y se volvieron hacia la salida del Santuario.
-Es Greta- dijo Lydia en voz baja, frunciendo el entrecejo, dispuesta a dirigirse a la entrada del Santuario- tenemos que darnos prisa-
-No, espera. Regresa al templo de Aries- dijo Mu, deteniéndola con una mano- yo iré a ver que sucede-
-¡No!- dijo Lydia- yo puedo ayudar-
-Lydi…-
-No me subestimes- dijo la chica, frunciendo el entrecejo- vamos, tenemos quedarnos prisa, antes de que se escapen-
El santo de Aries la evaluó con la mirada por unos segundos.
-De acuerdo, vamos- dijo Mu, resignado- pero no te separes de mí-
La chica asintió, aceptando la condición de Mu. Éste apretó la mano de Lydia, quien se volvió a poner la máscara dorada, y ambos se teletransportaron hacia la entrada del Santuario.
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Calles de Atenas, a pocas cuadras del Santuario
Poco después
Marín y Shura llegaron casi al mismo tiempo que Mu y Lydia al sitio donde habían sentido el cosmo de Greta y de los otros enemigos. Llegaron apenas demasiado tarde, los enemigos ya habían desaparecido, aunque aún había indicaciones de su cosmo, como si acabaran de desaparecer. Y solamente encontraron a Anika herida.
-¡Anika!- exclamaron Shura y Marín al mismo tiempo.
La amazona estaba tumbada en el suelo, en un charco de su propia sangre, y estaba intentando desesperadamente llamar su atención. Ambos se inclinaron junto a ella, mientras que Mu y Lydia miraban a su alrededor, asegurándose de que no fuera una trampa.
-Anika, ¿qué sucedió?- dijo Marín.
-Está herida, Marín. No es tiempo de preguntas, hay que llevarla al hospital- dijo Shura, extendiendo sus brazos hacia ella con la intención de alzarla en brazos, pero Anika se lo impidió, tomándolo su muñeca.
-No- dijo Anika, sin soltar la muñeca de Shura, y quitándose la máscara con su otra mano. Un grueso hilo de sangre fluía por la comisura de los labios de la amazona, y sus ojos estaban enrojecidos, pero lo miraban fijamente, denotando la urgencia que tenía de decirle lo que sabía.
-¿Cómo dices que no?- dijo Shura, apartando su mano e intentando levantarla de nuevo- si no te llevamos…-
-…voy a morir, Shura- dijo Anika, impidiendo que Shura la moviera- eso no… no importa. Los enemigos se llevaron a Mac-
Shura se quedó helado. Había enviado a Anika a cuidarla, pero jamás se imaginó que llegarían a eso. ¡Todo era su culpa! Si Anika moría… Y Mac, los enemigos se la llevaron. ¡Estaba en peligro!
-No digas esas cosas, Anika- dijo Marín, pero Shura comenzó a escuchar su voz quebrándose- por favor, déjanos llevarte al hospital, y…-
-El robot…- añadió Anika, señalando las piezas destruidas a su lado. Le parecía importante- tómalo…-
Shura no entendía que quería decir, pero no importaba. Por tercera vez intentó levantar a Anika, y ésta apartó su mano.
-No…- dijo Anika- Mac está…- pero no dijo nada más. Su cuerpo se relajó, y la luz desapareció de sus ojos.
-No, Anika…- dijo tristemente Marín. Mu bajó la mirada, y Lydia se quitó su máscara y se cubrió la boca.
Shura se había quedado helado. No podía ser cierto. Anika no podía morir. Era su amiga, era una chica que, a pesar de ser muy fuerte, trabajaba para el bien de todos. Y además, él no había podido disculparse con ella. ¡No podía morir!
Mu se acercó y levantó el cuerpo inerte de la chica, y mientras lo hacía, Shura se volvió hacia donde la chica estaba señalando antes de morir. Era un montón de trozos de chatarra esparcidos en el suelo, excepto por un trozo lo bastante grande para poder identificarlo.
-Oh, no- dijo Shura para sí mismo- esos malditos también destruyeron a Toto-
Por lo que conocía de Mac, iba a estar devastada cuando se enterara. Toto era su mejor amigo, a pesar de que fuera un robot, era casi una persona, y tenía la bastante inteligencia y consciencia para…
De pronto, Shura se quedó helado. ¡Consciencia! ¿Qué le había dicho Mac en esa ocasión que le había mostrado el dragón mecánico? Que toda su consciencia de sí mismo estaba en un pequeño chip dorado con una impresionante capacidad. Quizá no todo estaba perdido. Si encontraba ese chip, y lo podía leer, quizá tendría una pista…
El santo de Capricornio comenzó a buscar entre los trozos de chatarra esparcida en el suelo. El pequeño brillo dorado rápidamente le llamó la atención. Como le había dicho Mac, era un pequeño trozo de plástico y metal de color dorado, que milagrosamente había sobrevivido lo que sea que le hubieran hecho al pobre robot. Shura lo tomó con cuidado y se levantó.
Lo tomó en sus manos. ¿Esa era la consciencia de Toto?
¿Porqué Greta y los otros querían a Mac? Era demasiado pronto, y no había manera de que los enemigos supieran lo que ella significaba para él. Apenas Anika y Marín se habían dado cuenta, y Milo, por accidente, pero nadie más lo sabía, ¿o sí? Entonces, quizá tenía que ver con la advertencia que Mac le había dado, de cuidar los teléfonos celulares, que los enemigos los habían intervenido. Mac le había mencionado el día anterior que Greta dijo que la necesitaba. ¿La necesitaban para hacer algo más? ¿Qué sería? ¿Querrían las alas mecánicas?¿O alguno de sus otros inventos? Shura frunció el entrecejo.
-¿Qué sucede, Shura?- preguntó Mu, quien tenía una expresión extrañada.
Shura se volvió al santo de Aries. ¿Cómo le explicaba lo que sucedía? ¡No había tiempo!
-Mu, necesito hablar urgentemente con el Patriarca- dijo Shura de pronto, guardándose la tarjeta dorada con sumo cuidado- creo que ya sé a donde quieren llegar los enemigos haciendo esto-
Mu miró a Shura y, tras entrecerrar los ojos, asintió.
-Será mejor que nos vayamos, antes de que decidan atacar de nuevo- dijo Mu- y que reportemos esto al maestro Shion. ¡Todo esto es muy grave!-
Todos los presentes asintieron, y Mu los teletransportó juntos al templo del Patriarca.
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Giudecca, Inframundo
Los dioses, jueces y las chicas estaban terminando la cena esa noche para celebrar el regreso de Victoria al Inframundo, y también estaban celebrando que pronto habría un nuevo bebé entre ellos, cuando fueron interrumpidos por un muy preocupado Lune, quien venía corriendo y gritando mientras cargaba con un enorme volumen, la lista de las almas que ingresaban al Inframundo ese día.
-¡Señor Minos!¡Señor Minos!- gritó el lugarteniente de Ptolomea, con los ojos casi desorbitados por la impresión. Todos los presentes se volvieron hacia él. No era frecuente que Lune se pusiera de esa manera. Cuando lo hacía, era por buena razón.
-Lune, ¿qué sucedió?- dijo Minos, volviéndose hacia él.
Como respuesta, el espectro dejó caer el enorme libro en la mesa, apenas dándole tiempo al juez de hacer a un lado el plato con su postre. Aria miró interrogante a Minos, y éste alzó las cejas.
-¿Y bien?- quiso saber Aiacos- ¿qué paso?-
-Murió una amazona del Santuario de Athena- dijo Minos, bajando la mirada, un poco apenado- fue muy rápido e inesperado. No podíamos haberlo evitado-
Hades frunció el entrecejo.
-Será mejor que hable con Athena al respecto, sobre todo si esto fue un ataque de nuestros enemigos- dijo el dios, levantándose de la mesa, y todos lo imitaron. Era el rey del Inframundo, después de todo. Hades tomó la mano de Perséfone y la besó- si me disculpas, florecita…-
Perséfone asintió, y Hades se apresuró a hablar con Athena. Las cosas podían complicarse.
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Barrio de Omonoia, Atenas
¡Que terrible dolor de cabeza! Parpadeó un poco, pero estaba rodeada de casi completa oscuridad. Intentó levantarse, pero se dio cuenta de que sus manos estaban atadas juntas sobre su regazo. ¿Qué rayos…?
-Shhhh…no te muevas- dijo una voz femenina que estaba junto a ella.
Mac sintió un terrible miedo al recordar de golpe todo lo que había pasado, y reprimió un escalofrío. De nuevo la hermana de Charlotte y sus acompañantes habían matado a esa amazona que había ido a protegerla, Anika, justo frente a sus ojos. Habían destruido a Toto de un pisotón. Y ahora quien sabe donde estaba. ¿Qué querían con ella? Mac iba a gritar, pero la otra mujer le puso una mano en el hombro, y la chica reconoció el gesto perfectamente.
-¿Charlotte?- dijo Mac, reconociendo el gesto de su mejor amiga. ¿Acaso ella también estaba ahí?- ¿eres tú?-
-Shhh… baja la voz- dijo Charlotte.
-Charlotte, ¿qué estamos haciendo aquí?- dijo la chica.
-Lo… lo siento, Mac, todo es mi culpa- dijo su amiga con voz llorosa y entrecortada- ayer, cuando no regresaste a casa, me preocupé y salí a buscarte. Y Greta… ella me encontró, me dijo que te tenía, y que si no iba con ella, te harían cosas terribles. Jamás me imaginé que era mentira, y que me usarían para atraparte-
Mac palideció. Realmente todo había sido su culpa: se había quedado con Shura en el Santuario, y no había pensado en avisar a sus amigos que se encontraba a salvo. Como había dicho Derek, Charlotte había salido a buscarla, y la habían atrapado. Mac parpadeó. Sus ojos ya se estaban acostumbrando a la penumbra. Su amiga tenía varios golpes en la cara. Se sintió terriblemente culpable.
-Lo siento, Lottie, realmente fue culpa mía- dijo Mac- debí avisarte que estaba bien. Lo siento muchísimo- se llevó las manos a la cara- esa amazona también murió por mi culpa…-
Mac sintió verdaderas ganas de llorar. ¿Porqué las habían llevado ahí?¿Qué querrían con ellas la hermana de Charlotte y los otros dos hombres?
La puerta de la pequeña habitación se abrió de pronto, haciendo que ambas dieran un respingo de sorpresa. La luz que entraba molestaba sus ojos y le impedía ver bien, pero al menos sabía que había un hombre en la puerta. La chica se intentó empujar hacia atrás usando solo sus piernas, pero el hombre que había entrado la alcanzó con facilidad, la tomó con ambas manos por la solapa de su chamarra y la hizo ponerse de pie de un tirón.
Mac tembló. Era el mismo hombre que había matado a Anika. No era un joven como Greta o el italiano, sino un hombre de más de cuarenta años. Tenía una horrible sonrisa, y su aliento olía terriblemente a alcohol y tabaco.
-Tú vienes conmigo, Shikse- dijo el hombre una vez de que la había hecho ponerse de pie, soltando su chamara y ahora tomándola por el cabello con una mano y del brazo con la otra- y tu amiga se queda aquí mientras-
-Espera, ¿a dónde la llevas?- dijo Charlotte, intentando levantarse también, pero el hombres se lo impidió, empujándola con una mano para hacerla caer sentada en el suelo- por favor, no le hagan daño-
-No, suéltame, ¿qué quieren…?- dijo Mac- ¡ay!-
Una bofetada la hizo callar y casi la tumba al suelo, cosa que no pasó porque el hombre la tenía firmemente sujeta del brazo.
-Silencio, Yente- dijo el hombre en tono severo, mientras Mac apretaba los ojos por el dolor. Sintió su labio temblar, y supo que estaba sangrando al percibir el desagradable sabor metálico en su boca- dije que tú vienes conmigo y tu amiga se queda. Y no nos hagas las cosas más difíciles. Ya sabes de lo que somos capaces-
Ambas chicas estaban demasiado asustadas como para desobedecer, y Mac siguió al hombre en silencio. Levi la condujo por un par de largos pasillos de lo que parecía parecían ser un viejo hotel. Abrió otra de las habitaciones y entró con ella. Era muy lujosa y hasta cierto punto agradable, con finos muebles y una pequeña sala adjunta. Mac tembló al ver ahí a la hermana de Charlotte y el hombre italiano que había visto en la calle, quienes se encontraban sentados en los sillones de la salita.
-Bienvenida, Mackenzie- dijo Greta, mientras que Levi la empujaba hacia el interior de la habitación y hacía sentarse en uno de los sillones vacíos con un gesto brusco. Mac se dejó mover: sabía que no tenía la suficiente fuerza para resistirse, y respiró hondo. Tenía que tranquilizarse, y encontrar una manera de salir de esa situación.
-No te muevas de ahí, si sabes lo que te conviene- dijo el hombre que la había conducido hasta ese lugar. Mac no dijo nada, y mantuvo su vista fija en Greta.
-Deberás disculpar la forma en que te trajimos aquí, linda. Necesitamos tu ayuda- continuó la mujer alemana.
Mac guardó silencio. Sabía que la mujer para nada se estaba disculpando, sino que la manera de tratarla era porque la necesitaban. Por eso la habían amenazado y asustado. Nunca nadie le había puesto las manos encima, la había golpeado o lastimado. Tragó saliva, y miró de reojo al hombre que estaba de pie junto a ella. Tenía que tener mucho cuidado con lo que decía, o el hombre la volvería a golpear.
-¿Qué… qué es lo que quieren de mí?- dijo Mac en un tono bajito y tímido, aunque detrás de sus ojos, los engranes de su cerebro estaban dando vueltas.
-Es muy simple- dijo Greta, cruzando los brazos- estábamos espiando a los santos de Athena por medio de sus teléfonos celulares, pero gracias a ti, eso ya no es posible porque los apagaron-
Greta miró para detener a Levi, quien levantó la mano de nuevo, y Mac se encogió levemente en su asiento, temiendo otro golpe.
-Queremos que hackees todos los aparatos de nuevo- dijo Greta- tú debes saber una manera de poderlos espiar aunque los hayan apagado, ¿no?-
Mac la miró, y asintió levemente. Sí, ella sabía como hacer eso. Podía controlar casi cualquier aparato desde su computadora, con un programa que tenía en seguridad en la red. Pero algo le decía que no estaba bien. Pensó en Shura. ¿Entonces estas personas eran sus enemigos? Seguro no tenían buenas intenciones.
-¿Y qué si lo hago?- dijo Mac- ¿nos dejarán ir?-
-Por supuesto, querida- dijo la mujer, sonriendo ampliamente, algo ilusionada- por lo que he visto, no creo que seas tan estúpida como mi hermana para no querer unirte a nosotros-
Mac tembló. ¿Unirse a ellos? La sola idea le causaba nauseas. Pero no tenía opción: sabía que estaban locos, y que las matarían si no obedecía. Pero podía hacerlo: podía crear un hackeo con los bastantes errores para que alguien lo note, y si Shura lograba conseguir el chip de Toto… pensó en su listón que amarraba su cabello, y se esforzó por no sonreír al darse cuenta de que había una manera de salir de ahí. Tal vez podía funcionar.
-De acuerdo- dijo Mac al fin, mirando fijamente a Greta- lo haré, crearé un programa para que puedan seguir todos sus movimientos. Pero con la condición de que dejen ir a Charlotte-
Los dos hombres miraron a la mujer alemana, quien sonrió.
-Muy bien- dijo la mujer- la dejaremos en tu casa, pero la llevaremos con los ojos vendados para que no sepa donde estamos. Y tú harás exactamente todo lo que te pedimos. Necesitamos saber todos los movimientos de los santos de Athena y de sus chicas, en toda la ciudad-
Mac asintió con seguridad.
-Bien. Pondremos una computadora a tu disposición, pero te vigilaremos todo el tiempo. Espero que entiendas, querida. Levi, llévala a la habitación que preparamos para ella- dijo Greta, volviéndose al hombre que la había llevado ahí- y arregla que regresen a mi querida hermana a su casa-
Levi le desató las manos y la condujo al sitio indicado. Mac lo siguió obedientemente. Al menos así su amiga estaría a salvo. No podía hacer mucho más, pero esperaba que funcionara. No tuvo que esforzarse mucho para no sonreír: el recuerdo de lo que le habían hecho a Anika era suficiente para cualquier rastro de sonrisa desapareciera de su rostro.
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Templo del Patriarca
Dohko estaba en el templo del Patriarca visitando a Shion cuando Mu hizo aparecer a todos frente a ellos. Ambos se alarmaron al ver las expresiones sombrías de todos y el cuerpo de Anika aún en brazos del santo de Aries. Shion esbozó una expresión de entendimiento: ahora comprendía porque Hades había solicitado esa audiencia con Athena, cuyo espíritu había viajado al Inframundo para hablar con el dios.
-¿Qué sucedió?- preguntó Shion con calma.
Entre Mu y Marín narraron lo que habían encontrado apenas a unas cuadras del Santuario. Lydia se había dejado caer en el suelo, abrazando sus rodillas, sin poder creer lo que había pasado. Shura permanecía en silencio.
-Por todos los dioses- exclamó Dohko- ¿porqué hicieron esto?-
-Lograron su objetivo, señor- dijo Shura, hablando por fin- querían secuestrar a una chica llamada Mackenzie Arnaud-
-¿Ella fue la que nos advirtió…?- comenzó a preguntar el Patriarca, y Shura asintió- de acuerdo. Quizá la necesitaban para algo similar-
-O para castigarla por lo que hizo- dijo Lydia, reprimiendo un escalofrío.
-No lo sé, maestro- dijo Shura- pero creo que tengo una manera de encontrar donde está. Quisiera pedirle permiso de salir del Santuario para llevar a cabo mi investigación-
Shion lo evaluó con la mirada. No en vano había vivido más de doscientos años, y sabía muy bien que había algo más en el interés de Shura por esa chica, Mac.
-De acuerdo- dijo Shion- pero creo que deberías pedir ayuda a otros dos santos dorados para que te acompañen. Ya sabemos que nuestros enemigos son buenos para las emboscadas, y no quisiera que te atacaran también. Recuerda lo que pasó hace unas semanas con Kanon, o con los aprendices-
Shura asintió a regañadientes, pero finalmente pensó que era buena idea ir con alguien más, y ya tenía en mente a quien pediría que lo acompañen.
-Bien, maestro- dijo Shura- si está de acuerdo, quisiera acompañarme de Aioros y Saga-
Shion asintió, y Shura salió del templo del Patriarca. Shion se volvió a los otros.
-¿Es la misma chica que vimos salir del Santuario hoy en la mañana?- dijo Lydia, mirando a Shura alejarse y poniéndose de pie- ¿Shura está enamorado de esa chica?-
-Creo que sí- dijo Mu.
-Los demás, por favor, que esto quede entre nosotros- dijo el Patriarca- si los enemigos se enteran que esa chica es importante para Shura, quizá la pondrían en un mayor peligro del que está en estos momentos-
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Templo de Sagitario
Aioros y su esposa ya estaban dormidos a esa hora de la noche, pero el santo de Sagitario despertó tan pronto como sintió el cosmo de Shura en su templo. Tras besar a su esposa en la mejilla sin despertarla, Aioros se levantó y salió de su habitación para ver que sucedía con su amigo.
-¿Qué sucede, Shura?- preguntó Aioros, aún tallándose los ojos- ¿pasó algo malo?
Shura le contó rápidamente lo que había pasado en la entrada del Santuario, lo que había pasado con Anika y que se habían llevado a Mac. Conforme escuchaba, Aioros estaba más alerta y más molesto. ¡Esos sujetos otra vez!
-Bien, pero dices que tienes una manera de saber donde está- dijo Aioros.
-Sí, esto- dijo Shura, mostrándole el chip dorado- Mac me habló de este chip, y creo que nos puede ayudar a encontarla. Tengo que ir a su casa, y poner esta cosa en… en el robot que está ahí-
Aioros asintió.
-Vamos- dijo el santo de Sagitario.
-Primero tenemos que llegar al templo de Géminis- dijo Shura- el Patriarca me dijo que tenía que llevar a otros dos santos dorados-
-Bueno, espero que Saga ya haya regresado- dijo Aioros. Al ver la expresión extrañada de su compañero, Aioros elaboró- bueno, Aioria me dijo que cuando no está atendiendo asuntos del Santuario o pasando tiempo con Kostas, Saga se escabulle hacia la ciudad a ver a su chica misteriosa-
Shura sonrió levemente. Todos sabían que existía esa chica, pero Saga nunca hablaba de ella. Soportaba estoicamente todas preguntas la respecto sin decir una palabra, solamente sonriendo tranquilamente cuando le hablaban de ella. Lo único que sabían de ella era lo que habían logrado escuchar de Kostas: que se llamaba Cecilia, que era chilena y que sabía hacer pasteles de manzana. Shura sacudió la cabeza. ¡No era momento de pensar en eso!
-Vamos por él- dijo Shura- no tenemos tiempo que perder. Mac debe estar en peligro-
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CONTINUARÁ….
Yente: (hebreo) Mujer chismosa, ruidosa
¡Hola a todos! Espero que les haya gustado esta historia. Muchas gracias a todos por seguir leyendo, y por todos sus reviews. Nos leemos pronto.
Abby L.
