Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos.
Solo a Taichi
-Capítulo 3-
Después de llegar al hospital y preguntar en Informaciones dónde podría encontrar a Taichi, Sora tomó el ascensor hasta el sexto piso e interceptó a la primera enfermera que vio, aun sabiendo que no la dejarían entrar tan fácil.
—Disculpe. —Se tomó un par de segundos para recuperar la respiración mientras la mujer la miraba con extrañeza—. Vengo a ver a un paciente. Él…lo operaron de apendicitis hace unas horas por lo que sé, su nombre es Ya…
—¿Es usted Takenouchi-san?
La chica se irguió y la miró con aprehensión, poniéndose a la defensiva.
—¿Cómo sabe mi nombre? No se lo he dicho.
—Verá —sonrió la enfermera—, él dijo que tenía una cita con una pelirroja preciosa llamada Sora Takenouchi. De hecho, lo gritó un par de veces mientras trataba de escaparse de la sala, pero estaba delirando un poco por la anestesia. Incluso se cayó después de eso. —Intentó excusarlo.
¡Como si fuera a salvarse de esa! Maldito Taichi.
—Y también —añadió más tarde la mujer con cautela—, dijo que vendría a verlo.
El enfado no hizo sino más que crecer ante tales palabras en el interior de la pelirroja.
¿Así que tan seguro estaba de que ella correría como una boba a verlo?
—¿Puedo? —preguntó. Le temblaba el labio inferior, no supo si de enfado o porque se echaría a llorar si le decía que no.
Cuando se detuvo en el umbral y lo vio tumbado en la camilla mirando el techo, toda la rabia que sintió instantes atrás se evaporó.
Se quedó un momento ahí, insegura sobre cómo proceder a continuación. Por suerte él, tanto como la irritaba, solía hacerle las cosas más fáciles.
—Sorita, ¡viniste! —gritó en cuanto se percató de su presencia.
Y entonces ella supo exactamente qué hacer. Sin pensarlo, avanzó hasta él a paso raudo y lo golpeó en el pecho para enseguida hundir la cabeza contra su cuello.
—¿Sabes cuánto me preocupaste, baka?
—Discúlpame. No quería, pero todo fue muy repentino.
Ella asintió contra su pecho y se apartó, limpiándose los ojos avergonzada.
—¿Por qué estás solo? No vi a tus padres ni a Hikari afuera. ¿Los llamaste? Hay que…
—No, ¿para qué preocuparlos?
—¿No ibas a llamar a nadie? —La sorpresa invadió cada uno de sus rasgos.
—Solo fue una operación simple y además ya estás aquí. ¿Qué más podría pedir?
—Sabías que vendría, ¿no?
—No, pero no te voy a mentir. Tenía esperanza de que lo hicieras.
—¿Y la foto para qué fue?
—Para que me creyeras, supongo. —Se encogió de hombros—. Con lo desconfiada que eres, pensé que no me creerías.
—¿Y es que acaso puedes culparme? ¡Te operaron, Taichi! El día que intentamos salir en una cita por segunda vez. Definitivamente tuviste que hacer algo muy malo en tu vida pasada para que el karma te persiga así.
—O algo muy bueno para que tú estés conmigo ahora. Prefiero ver el vaso medio lleno.
Sora fue incapaz de contener la risa.
El castaño siempre hablaba como si se hubiera tragado un libro titulado "Qué decir exactamente cuando haces enfadar a la chica que quieres".
—Me gusta verte reír, pelirroja.
—¿Lo trajiste?
Por segunda vez Sora se encontró a sí misma inmóvil bajo el umbral, dudando antes de entrar. Aunque en esta ocasión había pasado por alto pedir permiso, pues sabía que no se lo darían nuevamente.
—Dos jaleas contrabandeadas directamente desde la máquina expendedora —dijo sacándolas desde atrás de su espalda mientras se acercaba a paso lento.
—¿Jaleas? Te pedí que trajeras algo sabroso. ¡Me están matando de hambre aquí! —reclamó frunciendo la nariz.
—Fue lo único que pude encontrar en la máquina.
—Mentirosa.
—Vale, lo único que no parecía peligroso después de la operación. ¿Te das cuenta de que si te pasara algo me acusarían de intento de homicidio? Y no podrían decir que me faltaran razones.
—Exageras.
—Podría pasar. Como sea, no arruines nuestra primera cita pensando en eso —pidió mientras se impulsaba para subirse a la camilla junto a él y le extendía su jalea—. Seguro saben mejor que las de acá.
—¿Primera cita? —preguntó dirigiendo una desdeñosa mirada a la jalea en sus manos, como si la acusara con los ojos de ser desabrida.
—Sí. Pensé que, dado nuestro historial y tu mala suerte, lo mejor sería que la tuviéramos acá, ¿no crees? Si algo más te estalla, ya estamos en el hospital —le explicó con simpleza.
—Eres jodidamente lista, pelirroja. Por eso me casaré contigo un día.
Las mejillas de la chica se colorearon mientras se dedicaba con más esmero del necesario a abrir la tapa de su postre, consciente de que Taichi la observaba.
—Sí, bueno… —susurró al cabo de un minuto—. Veamos primero si sobrevives a la primera cita, ¿quieres?
—Lo que tú digas —respondió antes de empinar la pequeña jalea y comérsela como un niño pequeño, ignorando la cuchara con la que venía.
Sora lo contempló con una tímida sonrisa.
Definitivamente solo a Taichi le pasaban ciertas cosas, pero también solo él era capaz de producirle las más variadas emociones al mismo tiempo, tanto que a veces creía que iba explotar o volverse loca.
Quizá no estaba tan mal, quizá debía dejarse llevar y hundirse en todo lo que la hacía sentir. Quizá si tan solo dejaba de resistirse todo sería más fácil.
Por ahora lo único que tenía claro era que, si la mala suerte y experiencias catastróficas del chico eran parte del paquete, estaba dispuesta a aceptarlo.
Notas finales:
Tenía este capítulo escrito hace varios días y la verdad ya no había razón para postergarlo más, así que aquí está. El último de esta pequeña historia.
¡Gracias por leer!
