Notas:
Lo sé, no tengo perdón.
Me atrase horrores con este fic. Merezco una tortura. Para los que no lo sepan (si es que no leen secret mi otro fic spirk), tuve un proyecto enorme en mi trabajo, que me tuvo haciendo muchas horas extras, por lo que llegaba cansada y sin ganas de escribir algo. Pero por fortuna, al fin se acabó… ¡Soy libre! ¡Y ahora esto de vacaciones!
¡Tendré tiempo de escribir fics nuevos, actualizar los existentes, los que tengo medio pausados y hacer mi tesis!
Algunos me dijeron que pusiera la perspectiva de Jim, por lo que decidí que sería buena idea hacerlo. En el próximo episodio sabrán mas sobre las marcas.
¡Así que sin más demora, aquí esta el capítulo!
P.D. Mi beta, TomLiKaulitz, a hecho una portada para el fic, disfrútenla.
Inseguridad
Jim
—Me vas a contar qué demonios es lo qué te paso, ¿o tendré que seguir viéndote emborrachar hasta que tenga que llevarte cargando a tu habitación? —gruñe mi mejor amigo en mi dirección.
—No es nada, Bones —le sonreí para tratar de calmar a mi amigo— ¿Qué no puedo tener una noche de tragos con mi mejor amigo?
—Claro que puedes, si esta fuera una de esas noches y no una donde quieres beber hasta entrar en coma etílico.
Fruncí los labios sin saber que decirle, mientras vaciaba todo el contenido de mi vaso por mi garganta, el impacto del alcohol hizo arder mi laringe, pero haciendo caso omiso a las palabras de mi amigo, me serví otro vaso de alcohol.
—Tú nunca estas tan taciturno, y eso es preocupante en miles de formas ¿pasó algo malo? ¿Debo ayudarte a esconder un cadáver?
Una sonrisa brotó de mis labios, ojalá todo fuera tan fácil como eso.
—Solo estoy reconsiderando las decisiones que he tomado en mi vida… —suspiré.
—Wow, eso si que es profundo, y puedo preguntar, ¿qué te llevo a este momento de retrospectiva? —comentó sarcástico.
—Es algo sobre Spock, y ahora estoy considerando qué voy a hacer.
—¿Spock te rechazó?
—No, no me he declarado…, y ahora pienso si debo confesarme o no —respondí con sinceridad.
—¿Por qué? Pensé que todo iba bien entre ustedes. Siempre que hablas de él, pareces una recién casada. —simplemente bufé ante su comentario y di un pequeño trago a mi bebida—¿Ese duende te hizo algo? Porque te juro que puedo encargarme de inyectarle algo y nadie sospechara nunca de mi intervención.
Solté una carcajada al verlo decir eso con un rostro completamente serio.
—Él no me hizo nada, realmente todo es cosa mía. —respondí aun con unas cuantas risitas
—Vas a decírmelo, o, ¿tendré que aplicarte hypos hasta que lo hagas?— refunfuño, mientras rellenaba su vaso.
—¿Cómo es que pasaste de amenazar a un profesor porque pensaste que me había hecho algo, ha amenazarme a mí? —le pregunté, mientras una gran sonrisa aparecía en mi rostro al verlo rodar los ojos, para después observarle adaptar una pose seria y decir.
—Jim… —su tono molesto me indicó que no me tendría más paciencia.
Decidí que para mantener mi integridad física debería decirle que fue lo que pasó, aunque ahora que lo pensaba era una tremenda estupidez mía.
—Recibí una llamada para Spock hoy en la mañana. —confesé.
—¿Y? —gruñó mi amigo incitándome a proseguir.
—Fue su madre la que llamó… — normalmente ambos atendíamos a las llamadas y apuntábamos los mensajes para el otro. Era un mudo acuerdo al que Spock y yo habíamos llegado. Por ello, cuando respondí la videollamada de Vulcano, ya intuía quien podría ser, mas jamás la había visto antes…
—Ajá y luego…
—Atendí a la llamada…
—Jim, como sigas con esas escuetas respuestas nos pasaremos toda la noche aquí. No sé que problema tiene que hayas contestado a la llamada de su madre cuando él está impartiendo clase, eres su compañero de cuarto, es normal.
—Bueno ella…
Evite mirarlo mientras posaba mi mirada en mi nuevo trago. Estaba tratando de meditar como exponer el problema sin que sonara completamente estúpido. La habitación fue envuelta por un incómodo silencio.
—¡No me digas que es una vulcana xenofóbica! —gritó mi amigo, sacando una conclusión errónea— Porque de ser así puedes decirle que…
—¡No!—volví a negar divertido de las ocurrencias de mi amigo y redirigí mi mirada a él— Es atenta, amable, amorosa… —tragué saliva, para darme valor y continuar— y totalmente humana… —me tomé todo el contenido de mi vaso antes de proseguir— Spock es un híbrido… —dije como si fuera lo más temible del mundo.
—¿Y eso que tiene de malo? Pensé que te gustaba. —me miró confundido.
—No es eso, Spock me gusta… y mucho. —sentía que mis mejillas se sonrojaban al exponerle ese hecho, aunque mi amigo ya lo sabía de antemano.
—¿Entonces? Sé que no es por racismo, te he visto acostarte con varios híbridos antes sin problema. —miré con la boca abierta a mi amigo, ¿cómo podía decir eso como si nada?
Ahora si me avergoncé por completo, mi época de fácil y casi "promiscuo" como algunos me habían catalogado, sería difícil de borrar. Pero desde que había conocido a Spock, acostarme con cuanto ser de buen ver pasara frente a mi, había quedado en el olvido. Tomé una profunda inhalación y proseguí a explicarme.
—Y si…, si tiene esa… cosa. —susurré.
Vi como Bones comprendía qué era lo que estaba pasándome, ya le había contado todo sobre mi, incluso lo de Tarsus y lo de ella…
—¿Crees que Spock tiene uno de estos?
Mi amigo se señaló el brazo derecho, donde yo sabía que estaba su marca. Y el nombre que se alcanzaba a entender en ella, con las escasas letras que tenía.
—Yo… —titubee—, he conocido otros híbridos y la mayoría lo tienen.
—Jim…
—Nunca había sentido antes lo que siento por Spock —coloqué el vaso ahora vacío sobre la mesa—. No soportaría perderlo, ¡no quiero volver a sentirme así! —pasé con desesperación las manos por mi pelo—. No quiero que pase lo mismo que con ella —dije de carrerilla.
—¡Jim tranquilízate, estas apresurando las cosas! No sabes que sucederá, ni sabes que te responderá Spock si te le declaras, o si tiene una de estas cosas. Toma las cosas con calma, tarde o temprano encontrarás a quien estas destinado, sea Spock o no.
—¡Yo no estoy destinado a nadie! Ya no... —mi voz sonaba rota— ¡Sabes lo que pasó con ella! ¡¿Y si pasa lo mismo con Spock?!
—¡Esa perra no merecía tu afecto! —gruñó mi amigo.
—¡Eso dices porque tú no los viste y no has encontrado aún a tu alma gemela! No sabes cómo fue que se vieron… —confesé rememorando la escena que me había roto el corazón por un lago tiempo—, fue como si el resto del mundo dejáramos de existir y solo ellos dos estuvieran en el…, yo jamás tendré eso.
Esa era la verdad absoluta, yo jamás podría tener eso. Tarsus me lo había quitado todo. Sentí como mis ojos se humedecían y con molestia retiré las molestas lágrimas que querían salir de ellos.
—Jim, no todas las almas gemelas son parejas, hay cientos de personas que se casan y hacen sus vidas con personas con diferente nombre a su marca y son felices. Yo fui feliz el tiempo que duró mi matrimonio y no me arrepiento de haber intentado algo con alguien que no era mi alma gemela —me pasó un brazo sobre los hombros, consolándome—. Lo que sucedió entre tú y ella, no tiene que ver con su marca, ni sobre ti. Y aunque me duela decir esto, debo decir que esa mujer solo jugaba contigo, tú ibas en serio, pero ella no. Por eso le fue fácil dejarte sin remordimiento alguno. Alguien en verdad enamorado no lo hubiera hecho de esa manera y en ese momento tan íntimo entre ustedes.
Bones relleno mi vaso y me lo tendió suavemente. Lo tomé con dedos inseguros y di un pequeño sorbo.
—Si lo que me has contado sobre Spock es cierto, él tomara en serio tus sentimientos y te dará una respuesta sincera, sea buena o no. Pero será directo y conciso, como todos los vulcanos. No creo que él juegue con tus sentimientos como esa perra. Y si aún tienes miedo de exponerle tus sentimientos a causa de si tiene una marca o no. ¿Por qué simplemente no le preguntas?
Miré sorprendido a Bones. Hablar sobre las marcas no es algo que se haga a la ligera, ya que es algo personal y muchas personas no se encuentran cómodas al compartirlo. Pero es algo que a veces se compartía entre los amigos, normalmente con los más cercanos. Como en el caso de Bones y yo. Ambos sabemos sobre la marca del otro y donde esta.
—Crees que si le pregunto, ¿me responda? —una pequeña chispa de esperanza brotó en mi, puede que todo no sea tan malo como he estado pensando desde que contesté esa estúpida llamada.
—Sinceramente no lo sé, incluso puede que no sepa mucho del tema, podrías comenzar por ahí, ver cuánto sabe y si puedes brindarle más información y al final preguntarle sobre si tiene una o no. Eso te ayudará a sentirte más seguro si es que formalizan una relación.
Asentí inmediatamente. Me sentía renovado. Tal vez todo era en verdad una simple tormenta en un vaso de agua.
Seguimos bebiendo durante un largo tiempo, entre risas y planes tontos de cómo abordar a Spock, hasta que ambos empezamos a cabecear, y cuando mi amigo cayó noqueado sobre la mesa. Fue el momento en el que decidí que era hora de regresar a mi habitación. Donde a estas horas era probable que un vulcano iracundo me esperara. Siempre odiaba que no le avisara si llegaría tarde.
Puse una manta sobre mi amigo, para que pasara la noche un poco más cómoda y salí de la habitación, cerrando correctamente. Puede que este borracho, ¡pero la seguridad es primero!... o eso creo.
Solté una risita floja mientras recorría los pasillos desérticos de la residencia. Me imaginaba su ceño ligeramente fruncido y las explicaciones lógicas que me diría sobre la puntualidad, los peligros nocturnos y demás cosas.
A trompicones llegué al cuarto que compartía con Spock y tras varios errores pude poner la contraseña de la puerta. Esperaba topármelo de frente, pero me extrañó no verlo. ¿Acaso no estaba en casa?
Prendí la luces de la sala y revise parcialmente los cuartos, en definitiva mi vulcano no estaba en casa. Pero era típico de él dejar alguna nota o avisar cuando eso pasaba.
Revisé el padd que había dejado olvidado sobre la mesa de la sala y me percaté de un mensaje de su parte. Al parecer había tenido que quedarse a trabajar en un nuevo programa para evaluar a los prospectos a capitán
Desanimado me dirigí a mi recámara. En el trayecto vi la puerta de Spock, y una idea me cruzó la mente, ya que el vulcano no estaba en casa…
Abrí lentamente la puerta de su cuarto, encontrándolo todo ordenado y pulcro, muy diferente del desastre natural que era la mía. Di un pequeño brinquito para caer sobre la mullida superficie de su cama, desordenando por completo las bellas esquinas de hospital, que sus cobijas segundos atrás había tenido. Regocijándome de lo que había hecho, giré sobre ella igual que un niño.
Después de varios minutos girando y enredándome en parte de la colcha, decidí quitarme el uniforme. Fui retirándolo con movimientos torpes y una vez que quedé en ropa interior me metí entre sus cobijas. Sentía mi corazón latir fuertemente contra mis costillas, mientras el aroma de Spock inundaba mis fosas nasales y me adormecía.
Tal vez Bones tenía razón, solo debía preguntarle a Spock y todo se solucionaría…, si es que no se enojaba por invadir su cuarto…
Gracias por leer este nuevo capítulo, espero haya sido de su agrado.
Y de nuevo me disculpo por el inmenso tiempo que tarde en actualizar, sé que muchos creyeron que lo había abandonado. Agradezco a todos los que se mantuvieron al pendiente de su actualizaba o no.
¿Comentarios, tomatazos, amenazas, dirección para enviar galletitas?
Siempre soy feliz con todo lo que me escriben, los amo chicos.
