Notas:
Lo sé, lo sé, no tengo perdón por demorar tanto, como disculpa hice el capítulo de 3000 palabras, espero les guste.
Han visto "Como conocí a tu madre"?
Porque me llego la inspiración para un fic omegaverse de esa serie y será Legen… espérenlo… dario!
Corregido por Thomary 221b
Cardiomiopatía
Spock
Me había equivocado.
Había cometido un gran error.
Nyota me había afirmado que el lugar al que íbamos seria agradable, en sus propias palabras "un relajante centro de entretenimiento que le permitirá entender más a los humanos, señor Spock. Estoy segura de que le gustará".
Pero para mí era completamente lo opuesto de relajante. La fuerte música atormentaba mis sensibles oídos, el aire enraizado de sudor me removía el estómago y las insinuaciones que Nyota tenía hacia mi persona me incomodaban.
Pero aún tomando en cuenta todo lo anterior, eso no era lo peor que me había pasado al acceder venir a este lugar.
Lo peor era la actitud de Jim.
Jim no había regresado al piso desde el momento en que le dije que sí a Nyota. Ni siquiera había ido por ropa. Las veces que llegué a cruzármelo en los pasillos, ignoraba mi presencia enfocando toda su atención en la fémina de turno que le acompañaba o con el cadete McCoy.
Le había preguntado al mismo doctor si no tenía problemas al hospedar a Jim tanto tiempo con él. A lo que el hombre me respondió que hacía días que Jim no se quedaba con él, pero que hablaría con "el mocoso" para hacerlo recapacitar y que dejará su "rabieta". Le había agradecido su ofrecimiento de ayuda y me había retirado regresando a mi usual rutina.
Que ahora con la ausencia de Jim no era nada agradable. Él solía hacer que todo fuera más confortable y hasta me atrevería a decir que entretenido. Poniendo canciones clásicas mientras terminaba sus deberes de la academia, tarareando mientras cocinaba algún plato humano, consultándome sobre recetas vulcanas y como realizarlas, dialogando sobre algún programa televisivo que yo considerara ilógico, regañándolo por dejar su ropa tirada por doquier..., extrañaba todo eso.
¿En verdad lo había ofendido tanto que ya no deseaba verme, ni tratar conmigo nunca más?
Sin importar cuántas veces revisé y analicé mis acciones de ese día, no lograba entender que era lo que le había molestado. Pero estaba completamente seguro que había sido algún error mío.
—¿No fue de su agrado el bar, profesor?
Levanté la mirada para ver a Nyota. La mujer acomodó un mechón rebelde de su cabello detrás de su oído, para después sentarse a mi lado en un fluido movimiento.
Esa noche traía un corto vestido de color escarlata con un delicado escote, que hacia resaltar su anatomía, el cual yo consideraba innecesario y una mala elección tomando en cuenta las bajas temperaturas de la cuidad. Aunque tomando en cuenta también las miradas que el género masculino le lanzaban, al parecer era apropiado para el lugar.
Retomé mi mirada en el rostro de la morena, parecía ansiosa.
—Debo admitir que está en lo correcto. No comprendo la gratificación de los humanos por entrar a un estado de turbación pasajera de sus sentidos por el exceso de alcohol en sus organismos.
Nyota soltó unas risitas bastante audibles. Varios rostros se giraron en nuestra dirección a causa de ellas.
—Lamento escuchar eso, en verdad creí que le agradaría el ambiente. —comentó luego de su pequeño ataque de risa, mientras coloca su mano con precisión sobre mi antebrazo y mira brevemente hacia otra mesa y frunce los labios.
Giré el rostro hacia la mesa que ella está observando, en ella se encuentra un humano de piel blanca y cabello castaño que parece estar muy concentrado en su acompañante, que desgraciadamente la posición de la mesa me impide ver.
La mano de Nyota abandonó mi brazo y de sus labios sale un suspiro exasperado. Para después volver a darme una sonrisa coqueta.
En ese instante comprendí la situación. Desde el inicio ninguno de sus actos coquetos habían sido para mí.
—¿Está intentando atraer la atención de ese hombre insinuándose a mí?
Su actuación coqueta y risitas flojas desaparecieron apenas pronuncié esas palabras. Se acomodó en la silla con rectitud mientras una sonrisa triste adornaba sus labios. Parecía avergonzada y desanimada.
—Lamento mi comportamiento anterior, sé que no le agrada el contacto físico, pero creí que de esa manera él me pondría atención.
Estaba sorprendido, consideraba a Nyota una mujer de aspecto agraciado e inteligente, por lo que se me hacía extraño que ella no pudiera atraer a ese hombre en particular.
—Me parece ilógico que ese hombre sea capaz de rechazarla.
—Yo opino lo mismo. —Dijo molesta, para después suspirar —Nos conocimos en una práctica de simulación de un puente en funciones, él era el ingeniero a cargo de que todo marchara correctamente. Un compañero de clase no dejaba de insinuárseme y de tratar de toquetearme, cuando estaba a punto de exigirle que se detuviera, él intervino y expulsó al tipo de la práctica. —Tomó uno de los vasos de alcohol sin tocar de la mesa y le dio un pequeño sorbo, para después mirar hacia donde el hombre estaba—Cuando lo vi a los ojos, lo supe. Él era mi alma gemela, incluso sentí un cosquilleo sobre mi marca, como en esos rumores de que cuando conoces a tu otra mitad sientes cosquillas o calor sobre tu marca indicándote que esa persona es la correcta. ¡Yo lo sentí!
Sus ojos parecían viajar al momento que me relataba, volviéndolos brillantes y esperanzados —Está loco por las naves espaciales, a veces habla en un lenguaje que soy incapaz de entender, pero lo dice con tanta pasión que no puedo dejar de escucharle…, bebe cantidades industriales de whisky, pero nunca lo he visto borracho ni con resaca. Adora improvisar, es un genio en ello. —Sus ojos marrones se humedecieron.— Cada día iba enamorándome más y más de él, hasta que llegó el día en que me le declaré…, pero él me rechazó.
Una lágrima comenzó a recorrer una de sus mejillas.
—Argumentó que es demasiado mayor y que no es digno de estar conmigo —Sus manos tomaron una servilleta de la mesa y comenzaron a secar las lágrimas que se desbordaban de sus marrones ojos, arrastrando parte de su maquillaje —¡Solo me lleva diecisiete años y es uno de los mejores ingenieros de la flota! —Se frotó con furia la servilleta por sus párpados— Se lo hice ver, pero sin importar mis argumentos él decidió que ya no debíamos vernos más. ¡Incluso le enseñé mi marca y le mostré que las letras que tenía concordaban con su nombre! Pero dijo que era una coincidencia.
Abandonó la servilleta húmeda sobre la mesa y tomó otro trago de su bebida.
—Escuché que él frecuentaba este bar, por lo que planee esta salida para que él me viera con otro hombre y sintiera celos. Esperaba que actuara para tratar de recuperarme o algo así, pero al parecer en realidad no le importó.
No sabía como reaccionar para consolarla, por lo que sólo coloqué mi mano sobre uno de sus hombros. Después de algunos minutos ella lucía un poco más tranquila.
—¿Por qué me eligió a mi? —pregunté en un intento de que olvidara al hombre de la otra mesa y se animara.
—Consideré que sin importar cuanto le coqueteara y me insinuara, usted no caería en mis encantos. Al principio pensé en pedírselo a un amigo, pero no estaba en condiciones de ayudarme. Algo debió pasarle, al parecer no soy la única con el corazón roto…
Después de eso ella cambió el rumbo de nuestra conversación a temas más agradables y de interés común. En otro tiempo y sin saber que ella estaba enamorada de alguien más, quizás la hubiera cortejado. Nyota entendía mis limitaciones vulcanas y las comprendía.
Tal vez ella entendería que fue lo que hice mal.
—¿Podría preguntarle algo ajeno a nuestro actual tema de conversación?
—Por supuesto, usted ha escuchado todo mi drama amoroso sin quejarse, aparte de soportar mis insinuaciones y ser arrastrado a este bar, lo menos que puedo hacer es ayudarle en lo que sea que quiera saber.
—¿Por qué un humano le preguntaría a alguien de otra raza si posee una marca?
Esa pregunta ha estado rondándome la cabeza desde que Jim había preguntado si tenía la marca o no.
—Probablemente porque está interesado en esa persona —dejé de respirar por un instante ante lo dicho por ella— Si esa persona dijera que sí, probablemente ya esté vinculado con algún humano, ya que la marca solo aparece en alguien de otra raza si su alma gemela es humana. Seguramente no quería estropear las cosas declarándose a alguien con pareja.
Quedé en silencio meditando lo que Nyota me había respondido.
Viéndolo en retrospectiva, Jim había dicho que quería cerciorarse de algo antes de "meter la pata ". ¿Acaso Jim habría querido declarárseme?
"Yo quería decirte que tú m…" Resonó la voz de Jim en mi cabeza. Eso era lo que me estaba diciendo antes de que contestara la llamada de Nyota. "Tú m…" habría querido decir: ¿Tú me gustas?
—¡Oh por Dios! ¿Se lo preguntaron a usted? —preguntó entre chillidos Nyota, sacándome de mi abstracción y dejándome un ligero zumbido en los oídos.
—En efecto —comenté aún aturdido por su chillido.
—¡¿Se le declararon?! —parecía encantada sobre este tema.
—Me parece que lo intentaron. —admití.
—¿Lo intentaron? —la mujer se recargó sobre la mesa para acercarse más a mi.
—Quien me preguntó estaba por decirme algo cuando atendí a la llamada en la que me invitó a este lugar, después de eso él lucía molesto y se marchó. Desde entonces no hemos hablado.
Los marrones ojos de Nyota me miraron intensamente, parecía concentrada en algo.
—¿Puede decirme exactamente que pasó?
Repetí todo lo dicho por Jim y mis respuestas, omitiendo su nombre. Tal vez ella podría orientarme sobre como proceder.
—¡Lo lamento! —Musitó cuando acabé de narrarle lo que había pasado
—¿Por qué? —pregunté confundido, ella no había hecho nada que ameritara que se disculpara.
—Esa persona iba a declarársele, estoy segura. Por eso me disculpo. Probablemente sintió celos de mi.
—¿Celos? —¿Jim estaba celoso?
—Usted aceptó ir a un lugar conmigo al que nunca quiso ir con esa persona, es normal que sintiera que usted estaba más interesado en mí que en él.
—No lo comprendo, si en efecto quería declarárseme, ¿por qué ahora me ignora y presta más atención a otros?
—Ha de pensar que no tiene oportunidad con usted y actúa por despecho. Las personas con el corazón roto hacemos cosas extremistas. Si pone atención él y yo no hemos hecho cosas muy diferentes. Ambos a nuestra manera tratamos de atraer la atención de la persona que queremos y mostrarles lo que se están perdiendo. Le recomiendo que hable con él y ponga en claro la situación y le dé una respuesta, sea esta aceptación o rechazo.
Estuvimos en silencio por un largo tiempo después de esa conversación, ella tomando otra bebida y yo pensando cual sería la mejor forma de tratar el tema con Jim.
—Creo que ya es momento que me retire, estoy segura que usted también ya desea marcharse, tiene cosas en que pensar. —murmuró Nyota mientras se incorporaba y pagaba su cuenta.
Mientras pagaba por lo que había consumido, me di cuenta de las miradas que algunos hombres dirigían hacia la cadete que se encaminaba hacia la salida. Tal vez no era recomendable dejarla ir sola.
La alcancé a mitad del corredor de salida y le expuse mis argumentos sobre lo conveniente de usar un solo taxi si nos dirigíamos a la misma ubicación y cómo podríamos dividirnos el coste del vehículo, la mujer aceptó sin problemas.
Cuando íbamos a la mitad del viaje, Nyota sacó su comunicador. La miré extrañado.
—Mi compañera de cuarto es una orionita, por lo que siempre que salgo procuro avisarle cuando voy de regreso —me explicó—, ya me ha pasado que la encuentro en situaciones no muy aptas para todo el público, si me entiende. Espero no le moleste que la llame.
—No tengo ningún inconveniente con ello, prosiga.
Las mujeres de Orión suelen ser muy promiscuas. Entendía el por qué ella debía cerciorarse si era conveniente regresar al cuarto que compartían.
Escuché a la perfección gracias a mi fino oído como la saludaba y le decía que iba de regreso, la mujer del otro lado de la línea parecía alterada y le preguntaba constantemente si no deseaba quedarse más tiempo. Nyota empezó a preguntarle sobre quién era con quién se encontraba en esos momentos, ella no admitió ni negó estar acompañada al inicio, pero cuando la cadete le dijo que ya estaba por llegar, la orionita dijo que no habría problema en que llegara, que ella se quedaría a dormir fuera.
Nyota frunció el ceño y sus finas facciones se encrudecieron mostrando molestia.
—¿Quién es? —Preguntó con rudeza
—¿Quién? —La morena mujer soltó un bufido furioso ante la insistente evasión de su joven compañera.
—¡El imbécil que está contigo! —gritó.
—Es un chico sexy de la academia… —siguió evadiendo responder directamente al cuestionamiento de Nyota.
—Gaila… ¡Dime quién demonios es! —cada segundo que pasaba mi acompañante lucía más y más molesta. En ese instante tuve en claro que jamás debía provocar su furia hacia mi persona.
—Es Jim… —susurró la joven orión.
Por un instante todo se detuvo. Tal vez estaba sacando conclusiones erróneas, había muchos humanos con ese apodo. No necesariamente era el Jim que yo buscaba.
—¡Te había dicho que lo dejaras en paz! El pobre anda mal… —comenzó a reñirla Nyota.
—¡Por eso lo estoy consolando, él pobre andaba tan deprimido! —se excusó la mujer del otro lado de la línea.
—¡El sexo no es forma de consolar a alguien, solo te estás aprovechando de su situación!
Ambas mujeres empezaron a discutir por el teléfono en una vorágine de gritos que me era prácticamente imposible distinguir que decían. Hasta que la orionita colgó la llamada, dejando a Nyota completamente furiosa.
—Apenas la vea le meteré en esa cabecita suya lo que es moralmente correcto hacer y no hacer…
Arribamos a la academia en un pesado silencio, el humor de la mujer seguía estando alterado, por lo que no creí conveniente iniciar una conversación. Nos despedimos entrando a la residencia.
Caminé sumido en mis pensamientos hasta mi dormitorio. Introduje el código de acceso y me interne en el lugar, todo seguía a oscuras, tal cual lo había dejado cuando me fui. Pero había algo extraño. Alguien había entrado.
Me encaminé por el pasillo silenciosamente buscando al intruso, quien fuera no debía saber que yo era vulcano, ningún humano osaría hacer semejante estupidez, por lo que podría someterlo con facilidad.
Un suave murmullo llegó a mis oídos, proveniente de una de las recámaras, al parecer de la de Jim, me acerqué hasta abrir la puerta para poder observar el interior. Había dos personas sobre la cama, mismas que no escucharon la puerta abrirse. Me arrepentí inmediatamente de asomarme.
Sabía que debía retirarme, que debía dejar de ver esa escena, pero no pude hacerlo.
Mi cuerpo se había congelado al reconocer a Jim.
Toda mi atención estaba en su desnudo torso que era toqueteado por unas verdes manos que se movían erráticamente sobre su piel, mientras las manos del rubio jugueteaban sobre el sostén de la orión para después retirarlo y comenzar a amasar sus prominentes pechos.
Esta emitía gemidos satisfechos a causa de las caricias.
Poco después Jim enterró el rostro entre esos montes verdes, mientras las manos de la orión le sostenían el rostro contra ellos.
—Jim creo que te amo —susurra en su oído la pelirroja.
Estoy seguro que en ese instante mi corazón se saltó un latido a la espera de que le respondería Jim. Un extraño balbuceo emano de su boca, como si le costara hablar.
La orionita sonrió con ternura. Recostándolo de nuevo sobre las almohadas y sus dedos comenzaron a recorrer el cuerpo de Jim sin tapujos.
Las manos de Jim se posaron desesperadas en las verdes caderas, mientras repartía ligeros besos por la piel de la chica que podía alcanzar.
Un extraño calor empezó a recorrer mis venas, mientras una opresión atacaba mi corazón. Al parecer me había equivocado, viendo la escena frente a mis ojos no podía aceptar que ese hombre sintiera algo por mí. Probablemente erré mis conclusiones al igual que la cadete.
—Buen chico, yo te ayudare a olvidar todos tus problemas —murmura contra los labios de Jim la orionita, mientras le bajaba los pantalones.
Estaba por abandonar el cuarto y el piso cuando reparé en un detalle. El aire estaba demasiado enraizado.
Todo el lugar estaba lleno de las feromonas de la orionita. Eso las volvía irresistibles ante la mayoría de las especies. Incluso yo podría caer a sus pies si seguía respirando este aire contaminado.
Enfurecí de golpe al comprender la situación.
Jim no estaba en sus cabales, era ella la que lo estaba incitando, por eso no podía hablar, lo tenía completamente dopado.
—Cadete Gaila, lo que está haciendo se puede considerar como una violación al cadete Kirk, debe de estar enterada de que el uso de sus feromonas dentro de la academia está completamente prohibido, y el obligarlo usándolas para mantener un acto sexual es una falta grave, si sigue insistiendo me veré obligado a tomar alguna sanción contra usted que quedará archivada en su currículum.
La orionita se giró a verme y poco después sus ojos se abrieron completamente sorprendidos e inmediatamente cogió sus ropas para cubrirse sus desnudos pechos y abandonó el cuarto. Poco después escuché la puerta de entrada abrirse y cerrarse, la chica había abandonado el piso.
Jim me miraba sorprendido desde la cama completamente inmóvil, su apariencia parecía completamente ultrajada; su pelo rubio estaba revuelto, sus pantalones se encontraban atorados a la altura de sus pantorrillas, sus bóxers apenas cubrían su zona genital dejando a la vista un poco de vello rizado rubio y una ligera erección que se asomaba a través de ellos.
Lucía atontado, por lo que podía oler era a causa del exceso de feromonas que la orionita había utilizado contra él y alcohol.
El rubio intentó pararse más sus piernas fallaron, con precisión logré sostenerlo tocando lo menos posible de su piel desnuda y lo regresé a la cama para recostarlo. Él quedo completamente laxo sobre la cama mirándome fijamente.
Por alguna extraña razón encontré esa apariencia sumamente grata. Pero el sentir el aroma de esa mujer sobre su piel me estaba molestando.
Al parecer debería hacerme cargo de ello…
