Notas: ¡Actualización sorpresa por mi cumpleaños!
P.d. Contiene Lemon
Capítulo 10 – Ducha
Jim.
Muy bien, tal vez embriagarme hasta casi perder el sentido no había sido la mejor idea que he tenido hasta ahora. Pero realmente quería olvidar que justo este día Spock estaría en un bar con Uhura haciendo quién sabe que cosas. Y desgraciadamente no podía odiar a esa mujer.
Uhura es una buena mujer y una gran amiga. Es inteligente, agraciada, talentosa, no es prepotente ni superficial. En pocas palabras, es la mujer perfecta para Spock.
No podía negar que harían una buena pareja.
Estaba tan deprimido que cuando Gaila se acercó a mí para consolarme, le dejé hacerlo. No sé cómo es que terminé en la cama con ella. Todo era demasiado confuso, al principio solo estaba hablando con ella en su departamento y al siguiente estábamos en mi cuarto semidesnudos. Vagamente recordaba haber tropezado en los corredores mientras llegábamos, mas no recordaba el por qué del cambio de escenario.
Por un instante me preocupé de que Spock nos encontrara, pero seguramente él no regresaría hoy por estar con Uhura. Un pinchazo de dolor atravesó mi corazón al imaginármelos juntos a punto de hacer lo mismo que nosotros.
Gaila notó mi distracción, y se enfocó en que no volviera a pensar en nada que no fuera ella. Cada minuto que pasaba con ella, me sentía más y más aturdido. Pero todo se sentía tan bien…
Cuando el tibio cuerpo de la Orion se aparto del mío, no supe qué pasaba. Hasta que mis ojos se posaron en la oscura figura parada a un lado de la puerta. Mi corazón se saltó un latido y dejé de respirar por unos segundos a causa de la impresión.
Traté de pararme para huir como Gaila había hecho, pero mis piernas me traicionaron. Y vergonzosamente tuve que dejar al vulcano acomodarme en la cama otra vez.
Estaba tan avergonzado… y Spock parecía tan cabreado.
Puede que no esté diciendo nada, ni haya cambiado su semblante. Pero sus ojos fríos me mostraban lo inmensamente iracundo que está.
¿Pero quién no lo estaría?
Regresas de tu cita tal vez deseando dormir y descansar, o conociendo al vulcano, repasar exámenes o preparar tus clases y te topas con tu compañero de cuarto apunto de acostarse con una orionita. Añadiendo a ello, que éste compañero de cuarto te ha rehuido y no se ha dignado a regresar al piso que comparten y ahora debes hacerte cargo de él, porque está borracho y como cereza del pastel tiene una vergonzosa semi erección.
Sip, efectivamente tiene motivos para estar cabreado conmigo.
¿Por qué la tierra no se abre y me traga?
El castigo o regañina que Spock pensara hacerme la aceptaría sin tratar de excusarme, era lo menos que podía hacer. Sólo esperaba me perdonara y no me echara a patadas.
El tirón en mis pantalones me hizo redirigir mi mirada hacia mis piernas, en donde en medio de estas se encontraba arrodillado Spock. Mi mente dejó de funcionar por unos instantes.
Eso no podía estar pasando, ¿o sí?
Spock retiró mis zapatos junto con mis calcetines y tironeó de mis pantalones hasta que mis piernas denudas reposaron otra vez sobre la cama. No me moví ni un milímetro. No sabía que carajos estaba pasando en este momento, pero no quería ser yo quien matara la extraña atmosfera.
Contuve la respiración cuando los dedos cálidos de Spock sujetaron el resorte de mi ropa interior y comenzaba a bajarla muy, muy lentamente, rozando suavemente mi piel que quedaba al descubierto con sus dedos, mandándome miles de espasmos por todo el cuerpo.
Mordí mis labios para no gimotear.
¿En qué momento me había dormido y entrado en una de mis locas fantasías?
Cuando retiró mis bóxers, se levantó de entre mis piernas y dio media vuelta para salir de la habitación. Dejándome con una humillante erección y sin saber qué demonios había sido eso.
El sonido de cosas moviéndose y golpeando las paredes me tenía nervioso. Traté de volver a incorporarme para ir a ver qué era lo que Spock estaba haciendo, pero fue en vano. Mi cuerpo no reaccionaba como yo quería.
Al poco tiempo Spock volvió a entrar, pero ahora traía el torso desnudo. Joder. Cada acción que hacia me confundía más y más.
¿Qué planea hacer?
Mi corazón comenzó a martillear locamente contra mis costillas, cuando se agachó sobre mí para cargarme… como a un saco de papas.
Muy bien, esta no es una de mis fantasías. Gracias Spock, por matar el momento. Bufé fastidiado mientras el comenzaba a encaminarnos a quién sabe dónde… pero no negare que la vista de su redondo trasero hiciese que esto valiera la pena.
Avanzamos un par de metros y entramos en un cuarto iluminado, por la posición en la que estaba solo podía ver el piso, que si no mal recordaba era del baño. ¿Qué estábamos haciendo en el baño?
Respondiendo a mi pregunta no formulada, Spock me levantó y dejó caer suavemente dentro de la bañera llena de agua caliente. Tuvo especial cuidado de que mi espalda estuviera bien recargada en el borde de la misma y que mi cara y hombros quedaran fuera del agua.
Al parecer debía darme un baño. Probablemente apestaba para su sensible nariz vulcana.
Intenté levantar una mano para tomar una de las esponjas que estaban a un lado de la bañera, pero Spock la tomó antes que yo. Roció una buena cantidad de jabón y comenzó a tallar mi brazo. Consiguiendo fundir varias de mis neuronas en el proceso.
No estaba planeando darme él un baño, ¿verdad?
Podría ser una estupenda fantasía hecha realidad… si estuviéramos en una relación sentimental y no lo estuviera haciendo más por obligación que por gusto. Y había algo que no quería que él viera por nada del mundo, otra vez. Tragué saliva con dificultad.
Quise decirle que yo podía hacerlo solo, pero mi lengua solo pudo arrastrar silabas incoherentes. Su mirada se suavizó, ya no lucía cabreado. Pasó la esponja por mi rostro suavemente, frotando con cuidado cada parte de el. Como si quisiera tranquilizarme a su manera.
No pensé que podría amar más a este Vulcano, pero al parecer me volví a equivocar. Uhura era una mujer con suerte.
¿Qué más daba que Spock viera esa cosa? Tarde o temprano se enteraría de ello.
Así que, ¿Por qué no disfrutar del momento y preocuparme de ello después?
Cerré los ojos deleitándome con la caricia.
Cuando terminó de lavar mis brazos y rostro, sumergió las manos para empezar a lavar mi pecho. Ahora entendía por que tenía Spock el torso desnudo. Era para no mojar su ropa.
Suavemente la esponja talló mi cuello y fue bajando lentamente comenzando a tallar mis pectorales. Todo iba tranquilo hasta que uno de sus dedos rozó uno de mis pezones. Nunca antes había sido sensible en esa zona, pero ahora la sentía cosquillear. ¿Acaso era por qué Spock fue quien la tocó?
Mordí mis labios para no emitir sonido alguno. Mientras él seguía restregando suavemente la esponja, ajeno al placer que me estaba haciendo sentir. Mi erección había desaparecido, pero regresaba lentamente. Agradecía a la bendita espuma que Spock previamente había agregado al agua por tapar mi hombría, o esto sería aun más humillante.
La dichosa esponja bajó por mi estómago y comenzó a tallar mis piernas, haciendo que crispara los dedos de los pies y un ligero chillido escapara de mis labios. Spock volteó a verme y solo alzó una de sus cejas de manera interrogante. Traté de fingir que no sabía que había pasado, pero no creo que lo convenciera mucho. Pero aún así retomó su labor.
Esto era una jodida tortura.
Cuando mis dos piernas estuvieron limpias, yo ya estaba desmadejado contra el borde de la bañera con un orgasmo en la puerta, juró que mis bolas han de estar azules en este momento de tanto contenerme.
Tenía dos opciones, correrme justo frente a Spock, cosa que en definitiva no podía permitirme, o desesperadamente pensar en cosas desagradables para bajarme la erección. Mientras debatía internamente sobre cuál tema me funcionaría mejor, unos dedos cálidos rozaron la parte interna de mis muslos. Haciendo que abriera los ojos como platos y mirara horrorizado a Spock.
Mismo que estaba muy enfocado en mirar hacia la zona de mi entrepierna, haciéndome ver que la maldita espuma hacía tiempo que se había ido. Miré a la traidora de mi hombría completamente erguida.
¿Este día no podría ser más humillante?
¿Spock no podría solo darme una de sus llaves vulcanas y ahorrarme este sufrimiento?
Enfoqué mi mirada en las baldosas del piso como si fueran lo más interesante del mundo, pero al parecer Spock no me dejaría escaquearme de esto, ya que una de sus manos sujetó mi mentón y me forzó a alzar a vista hasta toparme con sus ojos marrones.
—Todo estará bien, Jim. Es una reacción natural del cuerpo —suspiré aliviado, bendita sea la lógica de los vulcanos—, me haré cargo de ella —Mis neuronas habían vuelto a freírse, ¿dijo lo qué creo que dijo?
Sus largos dedos sujetaron suavemente mi pene y comenzaron a frotarlo con delicadeza, provocando miles de espasmos placenteros que me recorrían por completo.
¿En qué mundo paralelo había caído? ¿Era el alcohol haciéndome alucinar o me había ahogado en la bañera y estaba en el cielo?
Un apretón ligeramente fuerte en mi glande me hizo dejar de pensar, logré elevar mis manos torpemente para sujetarme de sus hombros. Había estado tanto tiempo al límite que con esas leves caricias ya estaba a segundos de correrme.
No quería eso. Ya tenía suficientes humillaciones como para venirme tan rápido. Pero Spock no me lo estaba poniendo fácil, ahora su pulgar estaba masajeando suavemente la cabeza de mi pene, justo como a mi me gusta…
Refugié mi rostro en su cuello, mientras gimoteaba debido a la intensidad de todo.
Toda mi resistencia desapareció cuando su otra mano sostuvo y comenzó a dar pequeños apretones y caricias a mis testículos. Enterré mis uñas en su ancha espalda, mientras me corría con fuerza y balbuceaba su nombre.
Escuché vagamente la voz de Spock pero no lograba entender que era lo que me estaba diciendo. Una vez que mi cuerpo dejó de temblar me sentí completamente relajado y adormecido, estaba tan cansado...
Después besé su cuello en agradecimiento por tan maravilloso orgasmo. Sé que lo estoy tocando demasiado y probablemente he roto varias pautas sobre el espacio personal y cosas que no debes hacer con un vulcano y más con uno que solo es mi amigo, pero al carajo, puedo decir que fue todo culpa del alcohol.
¡Bienvenido sea el alcohol!
En algún momento debí quedarme dormido, porque la siguiente vez que abrí los ojos, mi espalda estaba recargada en el pecho de Spock y éste estaba secando mi cabello cuidadosamente con una toalla. Se sentía tan bien estar en contacto con su piel, Spock tenía la calidez perfecta que el sopor del sueño empezó a envolverme de nuevo.
¿Por qué este vulcano no podía ser mío? Pensé antes de volver a caer dormido.
