He vuelto! Después de milenios, entre que las musas y musos me abandonaron rotundamente y mi computador murió rotundamente durante el verano (aunque milagrosamente sigue conmigo después de 4 años). Lamento la demora y agradezco enormemente a aquellos que se dan el tiempo de leer y especialmente comentar.

Como siempre los personajes de Ranma ½ no me pertenecen pero espero que este capítulo sea de su agrado y este a la altura de un regreso digno después de una larga historia..

5. Medicina

Para muchos era impresionante como el dojo Tendo parecía ajeno al paso de los años con todos los enfrentamientos, batallas y encuentros del que fue testigo. A pesar de que varias generaciones habían llenado esa casa de recuerdos y que el barrio de Nerima se había modernizado, aquella casa de madera parecía el vestigio de tiempos mejores y exudaba melancolía. Aún así, había logrado cumplir su objetivo inicial floreciendo como el centro de aprendizaje de padres e hijos quienes buscaban en las artes marciales mixtas no sólo técnicas de relajo y defensa pero también momentos de paz y conexión.

Soun Tendo había fallecido hacía largo tiempo, quedando la casona a cargo de Akane y Ranma Saotome por un acuerdo entre las hermanas Tendo, quienes le cedieron el terreno a la menor con el fin de darle nueva vida y nuevos aires como los padres de los prometidos así lo habían deseado.

Hoy en dia la casa se encontraba revitalizada por la tercera generación Tendo, la hija mayor de los Saotome, Mizuki quien junto a su esposo Daika, también maestro en artes marciales, continuaban de las enseñanzas acompañados por sus 4 hijos. Lo único que había cambiado en la casa eran las nuevas plantas que acompañaban el jardín. Junto al Sakura descansaba un fornido arce japonés en recuerdo de Soun y un pequeño pero fuerte Sauce Dorado. Mizuki miró a sus hijos corretear entre los árboles y sonrió con aún más nostalgia cuando el menor le dedicó una pequeña reverencia a cada uno. Miró el reloj del salón antes de tomar un pequeño pastillero de color amarillo que estaba sobre la repisa. Subió las escaleras con pesadez ante de pararse frente a la puerta decorada con un pequeño pato amarillo con el nombre Akane.

Tocó la puerta y espero, repitió la acción nuevamente hasta que a la tercera vez sin recibir respuesta lanzó un suspiro resignado antes de abrir la puerta a pesar del silencio que se sentía del otro lado. Sentada en la pequeña cama de una plaza se encontraba la matriarca del clan Saotome Tendo, quien cubierta por un pequeño chal tenía la vista vidriosa y clavada en el Sauce Dorado. Parecía ida, triste y totalmente ausente, tan distintos a los días de persecuciones y gritos, de golpes y energía que llenaba esa pieza, ese hogar.

La menor se acercó con precaución para no asustar a su madre y se sentó con delicadeza en la cama, mientras posaba su mano en el hombro de la mujer. Ella, con el rostro surcado de delicadas arrugas pero son su belleza y sus ojos avellanados intactos volteó para regalarle una tímida sonrisa cargada de melancolía.

''Pensado en papá nuevamente?'' preguntó Mizuki casi en un suspiro, como si no quisiera romper ese momento mágico de madre e hija. La madre sólo atinó a bajar la vista y a murmurar ''es un idiota, siempre fue un idiota''.

Su primogénita sólo atino a reír muy despacio mientras movía la cabeza de un lado a otro en un signo de negación hay cosas que nunca cambian, pensó con emoción contenida. ''puede serlo'' atino a contestar, ''pero es hora que te tomes tu medicina mamá'' mientras le mostraba el pequeño pastillero que descansaba entre sus manos.

La matriarca lanzó un leve gruñido de negación ''¿ y si no quiero?'' preguntó como una niña pequeña y caprichosa que no quiere lavarse los dientes. Su hija sólo atino a levantarse para abrazarla fuertemente desde los hombros ''sé que lo extrañas más que a cualquier persona o cosa del universo, pero nosotros aún te necesitamos aquí. Haz el último esfuerzo por mi y por los niños que desean seguir escuchando los relatos de su abuela con P-chan y el resto de los malditos''.

Las lágrimas mojaban incesantes la falda de Akane, quien levantó la vista para encontrarse con los ojos cargados de emoción de su primogénita. Tomó el pequeño pastillero y acercó un vaso de agua que se encontraba en la repisa. Ya estaremos juntos, pero aún no es el momento mi querido idiota, pensó mientras se tomaba sus medicamentos. Una dulce brisa revolvió sus cabellos blancos por las canas mientras que Mizuki miró al cielo gracias papá, sé que tu también la extrañas..

Fin

Tengo que admitir que me costó mucho escribir algo basado en esta palabra porque intentaba pensar fuera de la caja jajaja creo que quedo un poco deprimente pero me gustó espero que sea de su agrado! Esperaré ansiosas sus comentarios, besos y abrazos para todos :3