µ´s ¡El Café de los sueños!
Love Live! School Idol Project no me pertenece, es propiedad de Sakurako Kimino, ASCII Media Works, Lantis, y Sunrise.
Éste fic participa en el Reto "Entre el aroma del café y una maid" del Fandom de Love Live y Love Live Sunshine Latino.
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¡VOLVIENDO REALIDAD LOS SUEÑOS CON UNA TAZA DE CAFÉ!
En lo alto, con melosos colores, caligrafía impecable y algunas flores rodeando las letras; la leyenda da la bienvenida al peculiar lugar.
Tras el pequeño letrero de «abierto», el telón se abre. El sonido de las cafeteras encendidas hace compás con las sutiles notas de las canciones dulces, que hablan de sueños y metas por cumplir con la fuerza de la voluntad y el espíritu.
La magia comienza, el misterio se desborda en la cafetería.
Suena la primera campanilla.
La chica de cabellos jengibres camina veloz hacia la entrada; se pone al frente, hace una reverencia y esboza una gigantesca sonrisa que provoca un estremecimiento en la persona delante por tanta muestra de amabilidad y ternura.
—¡Bienvenidos a µ´s! ¡El Café de los sueños! Soy Honoka y estaré gustosa de atenderlos~ —Recibe en jovial tono a la sorprendida pareja— ¿Mesa para dos? —Pregunta de inmediato, haciendo que ambos salten abrumados por la jovialidad de la chica, quién apenas y capta su torpe asentimiento, se hace a un lado y extiende la palma para mostrarles el interior— ¡Síganme por favor!
A pasos rápidos, revisa con una visión periférica envidiable cada espacio y cada mesa disponible, haciendo trabajar a su cerebro a marchas forzadas para encontrar el lugar ideal con lo poco que pudo notar sobre ellos. Junto a la ventana, en solitario, cerca de otras mesas, dónde haya menos ruido, dónde la música se escuche a la perfección, cerca de la cocina o cerca de la salida. Al final decide que por su juventud y las miradas que se daban entre sí, se trata de una cita romántica y entonces, la idea se prende en su mente, ya sabe el lugar perfecto para ellos. Los lleva hasta una mesa cerca de la ventana, alejada de curiosos y donde la música está en un volumen medio. El cliente merece estar en el mejor sitio.
Una vez sentados, saca de los bolsillos de su overol naranja sus armas de trabajo.
—¿Qué puedo servirles? —Pregunta emocionada, poniendo la punta de la pluma sobre el papel para indirectamente presionarlos.
—Ah… eh… ¿dos cafés capucchino?
—Y un pie de manzana.
—Sí, un pie de manzana.
Ignora las leves dudas, tomando ambas órdenes como afirmación, ambos se ven nerviosos e inquietos, una primera cita sin duda. Escribe aprisa en la libreta con garabatos que sólo ella y la barista podrán entender.
—¡Anotado! En unos segundos se los traigo~
Una segunda reverencia y se marcha a la barra, ahí, una joven de relucientes cabellos azules y orbes ámbar ya espera la orden desde que su compañera marchó a la puerta. Simplemente, no podía quitarle los ojos de encima, si con eso evitaba aumentar a factura de gastos por platos y vasos rotos.
—¡Aquí tienes, Umi-chan!
—Sólo espera, Honoka.
Mientras Umi trabaja con maestría mezclando ingredientes y accionando la licuadora, Honoka voltea hacia un pequeño grupo de chicos de secundaria que también esperan sus órdenes de café en la barra. Ellos la observan intrigados, incluso maravillados por su eclipsante sonrisa. Honoka no desperdicia la ocasión de darles una gran sonrisa, tomándolos con la guardia baja y provocando un pequeño sonrojo en todos.
—Está listo Honoka —anuncia Umi, asentando con excesiva fuerza las humeantes tazas justo enfrente de los pobres chicos y cortando las flores y corazones flotantes.
—¡Woah! ¡Eso fue rápido! ¡Gracias Umi!
Honoka toma las tazas y regresa al lugar donde la pareja esperaba sus bebidas, sin prestar atención a la palidez del grupo que se ponen a hablar entre ellos como si nada.
Una vez entregadas, se dispone a marcharse cuando la siguiente campanilla suena. En alerta, voltea a los lados para comprobar que nadie está más cerca, pero para su mala suerte si hay alguien que camina a toda velocidad hacia la entrada. Muerde su mejilla interior pensando en sí debería ir o dejarlo, pero una vocecilla familiar le grita en su mente que tome la iniciativa y vaya, si quiere cumplir su meta pronto.
—¡Lo siento Kotori-chan! —Se disculpa, pasando de largo a la chica que estaba a poco de llegar.
—No hay problema Honoka-chan —Kotori se encoge de hombros con una sonrisa complaciente, es tiempo perdido, Honoka ha ganado una vez más.
La recamarera jengibre voltea hacia su amiga y le saca juguetonamente la lengua, un gesto que no pasa desapercibido en la barra donde los chicos vuelven a suspirar, encantados.
—Tal vez debemos pedirles sus núm….
Las palabras se quedan atoradas en el aire, cuando nuevamente son interrumpidos por un aura amenazante, que está acompañada de una sombría mirada que grita homicidio con una todavía más aterradora sonrisa de la joven barista.
—¿Desean más café?~ —Umi sisea en empalagoso tono, con la jarra en alto hirviendo.
Los chicos tragan duro, sintiendo el frío correr por su nuca.
—N-No, es hora de irnos.
Pronto abandonan el lugar, dejando jugosas propinas a modo de disculpas.
Umi sonríe satisfecha, recogiendo los billetes. Completamente ajena, Honoka había hecho suyos al nuevo grupo incrementando su cuota de atención.
—Es un caso perdido. Honoka es tan lenta como linda y son sus mejores armas para ganar esta batalla~
Las palabras provienen de una segunda barista que desde su puesto en el lado contrario de Umi, observa divertida cómo su amiga un año menor que ella, es demasiado posesiva con la chica. Como si fuera la única capaz de cumplir el papel de príncipe.
—Nozomi, lo que sea que pienses, NO es así —Umi asegura lo suficientemente alto y segura.
La mayor ríe. Siempre es la misma respuesta. Cada que se trata de Honoka o incluso Kotori, Umi salta a la defensiva.
Las tres amigas de la infancia. Estudian en la misma escuela y están en el mismo grado, sus familias eran amigas de tiempos atrás y no podía evitarse que siguieran el mismo camino. Sin embargo, a sus observadores ojos y con la ayuda espiritual de las cartas, podía tener el lujo de ver más allá de los gestos y los brillos en las miradas, para saber que el futuro que les deparaba, era tanto hermoso como complicado, aunque tenía la confianza ciega de que sabrían sobreponerse.
Y si de algo estaba segura, es que definitivamente sería la madrina en la boda, ni más ni menos.
—Nozomi; deja de molestar a Umi, no queremos que Nico nos regañe por estar espantando más clientes —recrimina una chica rubia, a cargo de la cobranza en caja en medio de los extremos. —. Ya sabes lo mal que se pone teniendo a A-RISE enfrente.
—Pero si no estoy diciendo nada que nadie sepa ya Elichi~
—¡Nozomi!
—Está bien, está bien —Nozomi suspira con fingida tristeza, guarda las cartas que tapizaban su espacio de trabajo ante la estupefacta mirada de los otros clientes que estuvieron al pendiente de la pequeña charla, curiosos—. Sólo diré que las cartas no pueden ser engañadas y aquí se respira algo más aparte de café y pasteles~
Otra campanilla suena llamando la atención de todas. Honoka de nuevo es la primera en intentar tenerlos pero ésta vez Kotori es más rápida y termina rebasándola sin remedio.
—No de nuevo, Honoka-chan —dice, dejando a la otra con ojos cuadrados y el labio tembloroso, que intenta en vano mantener una sonrisa feliz—. Bienvenidos a µ´s, el Café de los sueños, ¿para cuantas personas desean su mesa?
Kotori se hace cargo de la enmienda con maestría y un poder casi divino, desbordante de amabilidad y gracia; los reflectores parecen encenderse a su paso haciendo que más de uno suelte un suspiro o un comentario adulador.
Primera batalla perdida. Ni toda la energía del mundo es competencia contra el legendario carisma de Kotori.
Las mejillas de Honoka se inflan pero el puchero no se concreta ya que Umi vuelve a llamarla para atender a los demás clientes, con nuevas órdenes y limpieza de mesas. Sin remedio, se dispone a cumplir sus nuevas tareas.
—¿No está Honoka muy activa hoy? —pregunta en voz baja Eli, desde su lugar en la caja donde no hace gran cosa, la gente parece ponerse de acuerdo en el momento de ir a pagar. Observa como la chica en cuestión, corre de un lado hacia otro recogiendo y entregando cosas— Es como si alguien se hubiera confundido con su batería y le pusieran una con sobrecarga, ¿qué tal si explota?
—Antes de que eso sucediera, Umi-chan la encerraría en el cuarto de fríos así tuviera que romper las paredes —contesta Nozomi, mientras prepara un par de mokas.
—N-no soy tan fuerte —replica Umi, que estaba pendiente de su charla, haciendo los propio con un capuccino—. Y si fuera el caso, le echaría agua helada, no la encerraría.
—Ustedes chicas tienen una gran imaginación —Kotori no puede evitar reír con las ocurrencias de sus compañeras. Llega hasta la barra en un breve viaje para recoger algunos encargos, sobre su hombro observa a Honoka que parece brillar a cada sonrisa—. Pero estoy de acuerdo en que está más animada de lo normal.
—Bueno, debe estarlo. Es la primera en querer que A-RISE no nos lleve la delantera —añade Umi. Todas sin excepción dirigieron su mirada al frente: más allá de la entrada, más allá de la acera con el flujo constante de personas, más allá de la calle infestada de autos; puertas de cristal automáticas con grabados de lujo, dan la bienvenida a la majestuosa e impecable, cafetería moderna de sillones giratorios, Wi-Fi con descargas ilimitadas, menús electrónicos y rockolas bluetooth—. Ellas siguen llevándose a nuestros clientes desde su apertura y si no hacemos nada, pronto podríamos hasta cerrar; Honoka simplemente no puede dejar que µ´s se quede sin pelear. Deberíamos seguir su ejemplo.
En realidad lo hacía, también peleaban, sólo que sus métodos son por mucho diferentes a la energía de Honoka. Simple, no podían compararse a ella y no les quedaba más que ir tras su ritmo, haciendo lo mejor que podían en sus tareas. Si Honoka iba adelante, ellas le seguirían tan sólo un centímetro atrás.
Finalmente después de no hacer casi nada, algunos clientes decidieron retirarse no sin antes darle quehacer a la rubia que seguía al pendiente de la conversación con sus amigas. A las personas no parecía importarles tampoco
—Muchas gracias por venir a µ´s, que sus sueños se hayan hecho realidad y esperamos que sigan soñando con nosotras, ¡hasta luego, tengan un buen día! —recita en cada cobro realizado— A propósito de chicas excéntricas, ¿alguien sabe en dónde está Nico?
—Aquí tiene dos expressos americanos, disfrútenlos —Nozomi les entrega su orden a una par de adolescentes que esperaba turno. Su sonrisa se ensancha y sus ojos brillan de pronto—. Y~ ¿no quieren un servicio extra de lectura de cartas? Les puedo decir qué tan bien les va a ir en el amor~
Las chicas se sonrojan, tímidas y cómplices. Y aunque parecían con las ganas de aceptar, en vez de eso, sólo negaron y se fueron, cuchicheando sobre el servicio inesperado. Nozomi se lamentó que no se animaran pero sin nada que hacer, les dejó marchar no sin antes sonreír por el bufón que aparecía al frente de su mazo.
—Bueno~ Nico-chi dijo que estaríamos a cargo al menos hasta que regresara de su reunión con la gerente, eso fue lo que escuché ayer de casualidad mientras espiaba a través de la puerta… —Le responde su pregunta a Eli.
—¡Eso no es casualidad! —reprobó la segunda barista alterada por la grave falta a la privacidad de su superior.
—Vamos Umi-chan, lo es cuando no era el tema que esperabas oír.
—¡E-Eso es todavía peor!
—Nico-chan estuvo hablando sobre quién sería la primera en ser promovida a la central.
Cualquier otro intento de objetar se queda al aire, ya que lo dicho por Nozomi es suficiente para parar oídos. Algo que Kotori parecía entender bien ya que deja en manos de Honoka el guiar a las nuevos consumidores. Ni siquiera parecía cansada la chica.
—¿La central? ¿Cuál central?
Fue Eli quien de nuevo sola ante una caja silenciosa con nuevas monedas y billetes pregunta, intercala miradas entre Umi y Nozomi esperando que alguna de las dos explique.
—Oh cierto Elichi~ apenas entraste hace dos semanas —Su mano viaja hasta debajo del mentón para comenzar a explicar con calma, aprovechando que no hay más clientes en su lado—. Veamos, µ´s es sólo una cafetería del gran conglomerado que es Otonokizaka, la sede central competencia directa de UTX que a su vez es dueño de A-RISE. Está cerca de Akihabara y es un lugar hermoso lleno de paz y espíritus que te dan suerte. Hay menús de tantas partes del mundo pero, lo que le hace lo mejor de Japón es la comida y el ambiente tradicional, como si te transportaras 150 años en el pasado. Ir ahí, es un universo nuevo de posibilidades para simples chicas como nosotras.
Nozomi lo hacía sonar tan maravilloso, perfecto y sublime. Con su tono arrullador, no importaba que apenas dijera palabras, sentía que con sólo oírla hablar, las cosas se volvían misteriosas y fascinantes. De ahí que la imagen mental de Otonokizaka la hiciera suspirar de anhelo.
—Vaya, creía que la central se llamaba como el café.
—Eso es un error —Ésta vez fue Kotori quien continua la explicación:— Otonokizaka tiene diversas cafeterías alrededor de Japón y µ´s sólo es una de ellas, normalmente cada una elige su nombre y la nuestra en especial tiene una historia curiosa. Lo mismo funciona con UTX y A-RISE.
—Creo que comienzo a entender por qué Honoka está a punto de explotar.
—¿Podemos dejar de lado el tema de las explosiones? —inquiere Umi con una mirada amenazadora hacia las chicas que salvajemente pasaron por alto.
—Es sólo que Honoka-chan no quiere dejar caer lo que sus antecesoras hicieron —Kotori dice, antes de volver a marchar hacia sus deberes.
—¿Eh? ¿Qué quieres decir con eso Kotori? —pregunta Eli de nuevo confundida. No sabe si estuvo tan atenta como debía en el primer día de aprendizaje en el café.
—La bisabuela de Honoka-chan fue una de las fundadoras del restaurante y después su abuela y madre estuvieron en el negocio —Le respondió Nozomi con simpleza, sirviendo del frigorífico unas rebanadas de pastel para un par de chicas.
Fue en justo ahí cuando nota la poca cantidad de postres disponibles. Mira hacia el lado de Umi observando de igual forma la escasez de otros panes y pasteles. Tiene un mal presentimiento.
—Espera, espera —Eli se masaje la sien intentando comprender el contexto. La sorpresa es evidente— ¿Eso quiere decir que Honoka es rica?
—No tanto como Kotori.
—¡¿Kotori también?!
—Un momento, creo que Umi lo es aún más; su familia, ¿no tiene además un dojo?
—¡¿Umi igual está en el mismo negocio?! Creo que estoy perdida, ¿qué hacen trabajando aquí? ¿No deberían… no sé, concentrarse en heredar todo esto?
Si estuvieran en Rusia, sería muy diferente. Ahí los jóvenes herederos sean chicos o chicas están destinados a concentrarse única y exclusivamente en los estudios necesarios para un buen manejo del negocio y las actividades de recreación son limitadas. Razones de más para haber llegado a Japón con su pequeña hermana y respirar un poco de las futuras obligaciones.
No sólo la escuela era menos problemática, las amistades que había hecho eran en definitiva únicas y divertidas, cada día se sentía mucho más ligera y por cursi que sonara, más alegre. Algo que debía agradecer a Nozomi, a quien había conocido por azares del destino en su nuevo salón de clases y que le había hablado del trabajo, en una singular cafetería con chicas inusuales y problemáticas pero que aseguraban días entretenido., justo lo que necesitaba para despejar su mente de la tensión impuesta en sus hombros. Y eso era, todos y cada uno de los días, eran nuevos recuerdos y extrañas situaciones.
Tenían edades diferentes, estudiaban en escuelas diferentes, vivían vidas singulares pero tenían una sola cosa en común: µ´s y la cafetería. Llegar a Japón fue la mejor decisión de su vida.
—Lo que sucede Eli-chan, es que nuestras bisabuelas iniciaron el negocio —explica Kotori regresando de nuevo para descansar del ajetreado día. Eli le presta atención mientras Nozomi da rápidas miradas a la parte trasera del lugar como esperando algo. El reloj suena, una canción cambia de ritmo. Ya es medio día—. En un principio era pequeño pero su fama fue creciendo hasta lo que actualmente es, cada familia se encargó de algo en especial; por ejemplo, mi madre es quien administra económicamente y la madre de Honoka es quien se encarga del restaurante principal con los menús y platillos. En el caso de Umi, su familia sólo son socios por lo que no están directamente colaborando.
—Tanto Honoka, como Kotori y yo tenemos muchas expectativas sobre nuestros hombros —añade Umi, que después de despachar a otro nutrido grupo de clientes, finalmente logra calmar sus emociones—. Pero decidimos tomar nuestro propio camino y empezar desde abajo… —suspira, discretamente capta la figura de Honoka limpiando algunas mesas. Eli sigue la mirada y sonríe al notar el destino—, es algo que le debemos a Honoka. Ella siempre ha estado emocionada sobre lo que puede hacer por Otonokizaka y la alegría de las personas al visitarla, decidió que la mejor forma de entender y corresponder sus sentimientos, es trabajando duro desde cada parte pequeña, como µ´s.
—Creo que… comprendo un poco cómo se siente.
Si alguien merecía atención y seguimiento, eso era la luz intermitente que Honoka emitía. Ésa chica atolondrada que en el primer momento de su estancia le resultó molesta, terminó por ocupar su admiración debido a su entrega y pasión. Incluso estar a cargo de las cobranzas lograba hacer que sonara como el trabajo más difícil e importante del negocio. Había veces en que dudaba de quien era la líder, si Nico o Honoka. Con la explicación de las chicas, finalmente comprendía de dónde salía tanta energía
—Si sigue así, no dudo en que será la primera en ser promovida a Otonokizaka.
—Si es que no la rechaza diciendo que esperará por nosotras.
Las tres rieron. Era algo que ella haría.
—¡Necesito tres muffins!
Hablando de Honoka, llega a pasos apresurados hasta Umi que está más cerca de su posición. Umi revisa de inmediato, congelándose en su espacio. El nerviosismo aparec, recriminándole por no haber prestado atención.
—L-lo siento, no tengo más.
—¡¿Eh?! ¡Nozomi! —Honoka llama, girando hacia la mencionada. La chica revisa su estante.
—Lo siento, tampoco tengo nada. No noté que Rin-chan trajera algo desde la orden de la mañana.
Ambas baristas y mesera comparten malos presentimientos. Echan otro vistazo al estante, apenas quedan pasteles disponibles.
—Iré enseguida a ver que… —Nozomi es interrumpida por la llegada de un joven con intenciones de pedir algo, traga duro y con una mirada le pide disculpas a su compañera.
Umi también tenía intenciones de ayudar pero otras personas se aproximan hacia su lado. Eli por su parte, recibe cuentas y desde la ventana se aprecia la llegada de nuevas personas.
Se aproximan problemas.
—No podemos quedarnos sin postres —La preocupación recorre el cuerpo de Honoka, entrometiéndose más allá de su ánimo y logrando hacer que su sonrisa desapareciera.
Si alguien pide algo y no hay, seguro pensará cosas malas de µ´s y podría hasta irse. A-RISE ganaría, eso es algo que no puede permitir. Si tan sólo Nico estuviera ahí, les diría cómo remediar el problema. Pero ella no estaba y tampoco podía molestarla en donde sea que estuviera.
La jengibre sigue observando la llegada de consumidores, cómo sus amigas son salvajemente asediadas sin tiempo de opinar o decir algo. El sudor frío cae tras su nuca y siente sus manos temblar.
Algo extraño pasa, un cosquilleo en su interior. Es como si algo malo fuera a suceder… ¿Qué está mal? ¿No era sólo un nuevo reto que superar? Algo minúsculo que podía arreglarse, sin embargo, la sensación de vértigo no se va de su mente.
La apresa. El tiempo se ralentiza, la sensación de estar siendo vigilada.
¿Cómo la falta de pasteles le provoca esto? Era injusto.
No, hay algo más. Todo esto, lo ha visto antes.
—¡Honoka! ¡Honoka! —El grito la hace despertar de su letargo, sacude la cabeza obligándose a centrarse en lo que ocurre y no en las locas ideas de su mente. Eli la mira y junto a ella Kotori, Umi y Nozomi—. ¿Qué es lo que hacemos?
Aparta la mirada para recorrer el lugar, su lugar.
¿Por qué estaba pensando demasiado en esto? Es sólo un día más, sólo tiene que ir a la cocina y pedirle más a Rin pero… ¿por qué tiene una sensación amarga?
Sacude la cabeza con fuerza, buscando deshacerse de las sensaciones ilógicas de su cuerpo. Ella tiene que actuar, hacer algo para ayudar a sus amigas y a µ´s.
—¡Kotori! —el grito provoca un sobresalto en la otra mesera— ¡Te encargo a los demás!
—¡Por supuesto Honoka-chan!
Hace un lado la pequeña puerta que divide el espacio del comedor de la barra y cocina, entrando a paso firme.
—Umi, Nozomi, dejo las bebidas en sus manos.
—Bien —Umi alza su palma en señal de entendimiento.
—¡Entendido general Kousaka-san! —La segunda hace un saludo militar.
Sonríe divertida.
—Eli, tú sigue en tu puesto —murmura, pasando a su lado. Recibe un par de pulgares arriba.
—Yo iré a ver qué pasa con Rin y Hanayo en la cocina ¡µ´s tiene que seguir luchando!
Y sin más, deja el espacio para perderse en el pasillo, fuera de la vista de todos.
—Definitivamente es una líder —susurra Nozomi, observando de reojo la carta del Rey al inicio de su mazo.
Sin saber que debajo, está el Diablo.
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—¡Que alguien que nos ayude!
Apenas entra en la pequeña cocina, y el grito hace que su cabello se erice. Aligera el paso y en su camino se encuentra diversos trastos, harina regada y azúcar por doquier, con varios pasteles en el suelo, arruinados. Y por si fuera poco, Hanayo está en medio llorando, mientras sostiene su mano con fuerza junto a una Rin en pánico.
—¡¿Hanayo-chan, Rin-chan?! ¡¿Qué sucedió?! —pregunta alarmada, fijándose que recorren el cuerpo de la chica de lentes en el suelo.
—¡Honoka-chan! ¡Es terrible! ¡Kayo-chin se ha quemado la mano!
El dolor en la chica es evidente, el enrojecimiento ocupa toda su palma y comienza a inflamarse. Es una herida grave.
Siente que el aire falta, hay una tensión creciente sobre sus hombros y tiene un repentino vértigo que le provoca ganas de salir corriendo.
Ver a las pobres chicas asustadas, una herida, al borde de un colapso nervioso es una imagen demasiado fuerte. Las dos son apenas un año menor a ella pero su trabajo es comparado al de profesionales. Siempre les ha gustado la cocina y están especializándose para ser chefs profesionales. Aman el poder que la cocina confiere en sus manos, y eso se nota en sus postres, son el pilar de µ´s. Y ahora ese pilar, estaba herido y cayéndose en confianza.
—L-lo siento mucho —Hanayo solloza desde el suelo, contrayendo el rostro por el dolor de su mano— d-duele tanto.
—Kayo-chin… —Rin, que siempre había sido su soporte y su pilar, está contagiada de su sufrimiento. No había precedentes de una crisis así, con las dos pasteleras indispuestas.
La visión de Honoka sigue la línea de la herida, la piel rojiza palpita cerca de los dedos, el color se ponía blanquecino a cada segundo, amenazando con formar ampollas. Traga duro, otra vez ésa sensación de asfixia. Mientras más mira la herida, más se estremece. Podía sentir los temblores casi imperceptibles rodeándola.
De pronto, una imagen se sobrepone, no es la mano de Hanayo, no es sólo esa extremidad. Es su propio cuerpo que arde, un dolor insoportable que hace retorcerse. El calor se impregna en cada pedazo de piel y junto al ardor le arañan la garganta, seca y rasposa. Quiere gritar y no puede, quiere correr pero no siente su cuerpo. Ella está en llamas.
—¡Esto es terrible! —grita sin más, alejando la paranoia y la ilusión de su mente. Porque no es más que eso, una mera ilusión producto del pánico y la sorpresa—. Rin-chan, tienes que… que, ¡ponerle hielo! ¡Y Llevar a Hanayo-chan al médico de inmediato! —grita dentro de su propia confusión, su mente trabaja a mil por hora pero justo ahora, pareciera que los cursos de primeros auxilios se han refundido en lo más profundo de su mente.
—E-Está bien p-pero, ¿qué hay de los pasteles? ¡No puedo hacer más! N-Necesitamos llamar a Nico-chan, o cerrar, sí, ¡podemos cerrar la cafetería por unas horas..!
—¡De ninguna manera! —interrumpe, exaltada. El sudor frío la recorre pero no deja que los nervios se apoderen más de su mente—, no podemos cerrar, no podemos… rendirnos no… ¡Yo lo haré!
—¿Honoka-chan? P-Pero tú no sabes…
Honoka muerde su labio, comprende la extrañeza de Rin, ella sólo se dedica a atender a los clientes.
—Sé hacerlo —responde, observa el reguero de cosas tiradas—, sólo que no quería hacerlo antes —confiesa, perturbada, con la resignación luchando en su interior.
Sus padres le inculcaron el amor a la cocina como era de esperarse, y aunque no le iba nada mal, no era lo que quería hacer, no era lo que ella esperaba. Odiaba tener que seguir una tradición familiar, pese a que amaba a su familia más que a nada, ansiaba poder elegir su camino, forjar su destino. Ella no quería estar oculta en una cocina, quería ayudar a las personas a su alrededor, y servir era una forma de hacerlo. Conocerlos, apreciarlos, darles algo de más valor que sólo comida.
Había tenido tantas peleas con sus padres debido a eso, que simplemente perdieron la esperanza de que podría hacer algo grande. Atender a los clientes, estudiar literatura, eran solo sueños inútiles que no le llevarían a nada. Sin embargo, ahí estaba ella, dando todo de sí a cada paso, mostrando que hablar con las personas era también parte de µ´s y no sólo la cocina. Que µ´s era más que eso. Estaba a punto de lograrlo, Nico habló días antes sobre el ascenso a Otonokizaka, ¿qué dirían sus padres si la veían llegar triunfante, cuando no tenían ninguna expectativa sobre sí? La reconocerían, la aceptarían de nuevo y podría seguir avanzando.
—Está bien, llevaré a Kayo-chin al médico, ¡avisaré a las demás! —Rin parece comprender los sentimientos de Honoka sólo con mirarla. Ayuda a Hanayo a incorporarse, tambaleante y aterrada.
Rin corre al frigorífico y saca unos cuantos hielos que envuelve en un par de telas que encontró por ahí. Hanayo la espera, ansiosa y temerosa, hasta que un leve alivio la recorre cuando el frío lucha y entume el ardor. Se levanta y con ayuda de Rin que la toma con delicadeza y cuidado, salen de la cocina para ir urgentemente por atención médica.
Ahora es sólo ella y la cocina.
Sacude la cabeza, endereza su espalda y hunde los sentimientos de dejavú que no la dejan en paz. Se desliza en medio del desastre, apartando cosas que entorpecen su camino. Recoje tazones y charolas, lava algunas y deja otras apartadas. Tiene que trabajar rápido, sacar órdenes de pasteles y poner el fuego a todo lo que da para disminuir el tiempo. Nadie más que ella puede hacerlo.
El tiempo pasa entre harina, polvo de hornear, merengues y azúcar. El calor del horno lucha con el aire acondicionado del lugar. La noción del tiempo se desvanece. Las otras chicas cuentan con ella, lo sabe. Y aunque nunca creyó que tuviera que regresar a lo que había huido por tanto tiempo, no quedaba de otra. Tenía que hacerlo por todas.
Después de un par de horas y a pesar de los constantes temores, el olor a pasteles recién horneados invade la cafetería. El sudor baja por su frente, cansada y satisfecha.
Las decenas de pastelitos ocupan la mesa, colores, sabores, diseños, ¡todo es tan colorido y aromático!
—¡Lo logré! —exclama eufórica.
—¡Fabuloso Honoka! Lo hiciste.
El sonido viene de la puerta, Umi está ahí, fascinada con la cantidad de postres disponibles. Detrás de ella, Kotori también mira asombrada, Eli y Nozomi se asoman apenas, dispuestas a felicitarla.
—¡µ´s puede continuar! —clama, las chicas sonrientes entran corriendo, para tomar las bandejas y surtir de nuevo la tienda.
—Lo lograste Honoka —Eli le palmea el hombro admirada, cuando pasa a su lado para llevar una de las tantas.
Umi sonríe y si no fuera por la carga, seguramente la abrazaría. Kotori no pierde el tiempo, ella se abalanza para felicitarla antes de tomar otra e irse. Nozomi le revuelve el cabello, tal y como una madre orgullosa.
—No podía ser de otra manera, este es tu destino, brillas en todo —dice, desapareciendo de su vista.
Finalmente se queda sola en el lugar, admirando su obra. Todo su esfuerzo y energía invertidos, satisfecha. El peso desaparece de sus hombros.
Se deshace de los delantales y lava los rastros de harina. Las demás la esperan, no tarda en alcanzarlas en el frente, esperando ver la cara de felicidad de los clientes, las sonrisas de los niños y la alegría de las parejas. Pero es cuando entra en la cafetería, que todo se ve diferente.
Aún puede ver a sus amigas, yendo de aquí para allá cumpliendo sus obligaciones, entregando pasteles y recibiendo agradecimientos y risas de las personas… pero esas personas… se ven borrosas. Talla sus ojos pensando que es producto del cansancio… sigue igual. No puede ver correctamente, poco a poco, no sólo la gente se ve así, es el local entero que pareciera a punto de desaparecer. Todo parece parpadear como imágenes intermitentes, como si fuera… ¿un sueño?
¿Ha sido todo real?
Lo es, o debería serlo.
Su vida es real, el tiempo que ha pasado en µ´s, su familia, sus amigas…
—Cuando cerremos debemos celebrar, Honoka-chan —Kotori no parece notar la diferencia, ella sigue atendiendo con enormes sonrisas.
—Nicocchi no podrá creerlo, se tragará su orgullo para felicitarte~ —Nozomi bromea con su tono cantarín de siempre.
Ambas ajenas a lo que pasa a su alrededor.
—Siempre supe que podrías hacerlo —Umi esta vez si la abraza, muy fuerte y tan nostálgicos, que más se siente como una despedida.
¿Por qué su corazón duele?
—Te mereces ir a Otonokizaka —Eli mantiene su distancia en la caja, viéndose igual de alegre que siempre.
Sus ojos brillantes, ¿hay un atisbo de lágrimas?
—Siento haber dado problemas, la próxima vez tendré más cuidado —Hanayo habla, sentada en la barra frente a Umi, con Rin a su lado, ¿en qué momento llegó?
—Los accidentes pasan —agrega la rubia, calmando su tristeza.
—¡No volverá a pasar-nya~! —Rin salta sobre ella para abrazarla muy fuerte, le recuerda a un pequeño gatito encantado con su dueño.
La misma voz de hacía horas le dice que ignore lo demás, que se centre en sus amigas y el triunfo de su incursión. Que saboree la victoria sobre algo que creyó estar perdida, la felicidad de poder compartir con ellas cada pequeño y valioso momento.
—Chicas… —Su tono se quiebra, conmovida y satisfecha, decidiendo hacerle caso a su corazón y permitirse disfrutar de sus amigas— ¡MUCHAS GRACIAS!
Ellas sonríen, Honoka sonríe. Los clientes sonríen.
Cierra los ojos, la oscuridad a la que siente parte de ella la recibe por segundos, para volver a abrirlos y mirarlas a cada una de ellas.
—¡El día aun no acaba! ¡µ´s, debe seguir trabajando!
Las siete corean un agradable Sí, dejando de lado los halagos para volver a sus labores.
Honoka hace lo mismo, caminando hasta la entrada para recibir un nuevo grupo de personas de cara borrosa.
Todo está en paz.
Al fin.
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—Entonces… ¿Cómo lo has visto Maki-chan? ¿Crees que… es suficiente? —pregunta una cansada y adulta Nico, apartando sus ojos de la enorme pantalla donde las imágenes enfocan la cafetería, y en concreto, a Honoka.
A través de la sala oscura, apenas iluminada por el brillo tenue del dispositivo; la silueta de la otra mujer de facciones endurecidas, permanece impasible, observando el correr de las escenas como si estuviera viendo una película. La curvatura de sus labios, la mirada nostálgica, las lágrimas retenidas en ése rostro níveo y serio; son las mismas expresiones que Nico comparte.
—Después de tantos años… creo que es lo mejor que podemos hacer... es… lo mejor que Honoka ha hecho…
El silencio es denso, abrumador. Vuelve a observar a Honoka, a las chicas. Sus amigas.
Su corazón se oprime, duele tanto.
—Es la última en lograrlo —Maki susurra con las palabras atoradas, negándose a mostrar debilidad incluso en lo que está a punto de pasar.
—Tenía que serlo, no iba a ser tan fácil siendo Honoka —Una minúscula sonrisa asoma por el rostro de Nico, observando con añoranza a la chica jengibre que sigue moviéndose entre mesas—. Es como si… de forma inconsciente se asegurara de que no quedara nadie.
—Ésa idiota. Como siempre, dando tantos problemas, ¿cuántas veces hicimos que se repitiera?
—No lo sé, han… pasado tantos años… demonios, la cuenta no importa, al final… —Su voz se apaga poco a poco— todo ha terminado.
Ninguna dice nada de nuevo. Porque no importa lo que digan, el caso es que… es el punto final a una triste y cruel historia en el que fueron protagonistas, directoras y espectadoras. Su penitencia, su castigo por no haber estado en el momento justo.
Por haberlas dejado solas.
—¿Cuándo lo harás? —pregunta Nico, cansada de escuchar sólo el repiqueteo de su corazón incesante.
El sonido de la pantalla ya no existe más.
—Mañana a primera hora.
—Entiendo —responde, siente su cuerpo tieso y el dolor agudo de su interior. No quiere que Maki la vea llorar, no quiere que en el último momento la vea tan débil como lo fue cuando empezó—. Bueno, creo que es hora de irme. Es tarde, tengo que cerrar la cafetería.
Ambas saben que el significado de cerrar es diferente.
Nico se levanta del sillón, alejándose de la pantalla a oscuras, el reflejo en ella es tan extraño e irreal, una adulta que nada tiene que ver con la jovial chica que será cuando entre a la cafetería con ellas.
—Nico-chan —La voz de Maki la detiene— ¿Eres feliz?
La pregunta le sorprende.
¿Lo es? ¿Lo era? ¿Lo fue durante todas ésas repeticiones haciendo que cada una de sus amigas lograran acabar con sus remordimientos antes de dejarlas ir?
Escucha de fondo la risa de Honoka, la risa de todas. Aunque más bien, es un recuerdo del pasado.
—Lo soy —dice, honesta— ¿Tú lo eres?
—Ahora sí. Con mi cuenta saldada lo soy. Ya no puedo seguir arrepintiéndome; es hora de… dejarlas ir.
—Tal vez… el que no estuviéramos era nuestro destino —sugiere Nico, mirando a un lado del lugar, en el escritorio de la doctora Nishikino donde una fotografía de las nueve yace enmarcada y reluciente— ¿Nunca has pensado que era esto lo que nos tocaba hacer?
—No lo sé —admite la mujer doctora encogiéndose de hombros. Su vista se desvía a la misma imagen que Nico mira. Una semana antes del infierno—. Tampoco sé cómo soportaste todo. Yo… no podría estar ahí, verlas, hablar con ellas… saber que…
Las palabras se ahogan, las lágrimas caen. Siente su pecho contraerse y teme caer en pánico. Trabaja en su mente para no hacerlo, para seguir hablando.
—Al menos he podido verlas bien —responde Nico en igual estado, las lágrimas que había evitado soltar se derraman—. Tú en cambio….
Maki niega, callándola. Harta de llevar la culpa y el dolor de lo que pasó, no cuando sus amigas están felices, viviendo en una ilusión gracias a un poder y un deseo inexplicable que les fue concedido.
—Cada quien hizo su parte por ellas.
No es necesario seguir, aunque dicen que son felices, la verdad es que duele demasiado como para hablar del tema por horas. Ya han visto y hecho suficiente. Cada día después del accidente.
Abre la puerta y sale pero no alcanza a cerrar cuando la voz de Maki le llama de nuevo.
—Nico, sabes que puedes venir mañana. Puedes acompañarnos, sé que nunca lo has hecho pero… tú también eres parte de… µ´s.
Abre la boca sólo que no encuentra las palabras para decir. Su celular vibra. Lo saca del bolsillo de la chaqueta y mira el número: Honoka.
—Tal vez lo haga —responde al tiempo que corta la llamada y guarda el teléfono. No está lista para oírla ahí, tiene que escucharla de frente, hablar con ella, con todas.
—Te estaré esperando —Las palabras de Maki se ahogan cuando cierra la puerta.
Revolotean en su mente.
Nico sabe que debe ir a la cafetería, debe regañar a las chicas por el desastre, reprimir a Umi por espantar clientes, hacerle muecas a Tsubasa, Anju y Erena, confiscar las cartas de Nozomi, obligar a Rin a dejar de decir nya~, a Kotori felicitarla por su arduo trabajo y a Hanayo apresurarla a superar su timidez.
Y, también tiene que llamar idiota a Honoka… una última vez.
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Al día siguiente, a pesar de lo que dijo, por primera asistió a la ceremonia.
Y no la mano de Maki fue quien apretó el botón para apagar la máquina de ventilación mecánica, fue la suya. Así terminó la vida de Kousaka Honoka, la última víctima sobreviviente del incendio de µ´s diez años atrás.
Honoka Kousaka dejó ese mundo, para encontrarse con el resto de sus amigas en algún lugar más allá de su propia comprensión.
Inexplicable y fantástico, nadie creería nunca lo que pasó con Maki y Nico.
Ambas trabajaban también en µ´s, pero el día del incidente, Nico salió para hablar con la gerente sobre su decisión de darle el ascenso a Honoka, y Maki no asistió a su turno para poder enfrentarse con su padre, y decirle que no estudiaría más medicina sino que se cambiaría de carrera, tal y como las chicas la habían animado.
Todo lo demás fue igual, Hanayo herida, la falta de pasteles y Honoka en la cocina. El problema fue que no era la Honoka que acababan de ver, ella tenía muchas dudas sobre sí misma, sobre sus habilidades y en un descuido, dejó el sistema de gas abierto, ocasionando la explosión masiva y la muerte de tantos.
Fue un duro golpe enterarse, llegar al lugar y ver la cantidad de heridos, las sirenas de las ambulancias que no se daban abasto, el olor a carne y cabello quemado. Los rostros desfigurados, las ampollas burbujeantes, los quejidos de dolor y angustia. El terror de un escenario triste y desolado.
Impotentes, en shock total, Maki y Nico vieron los cuerpos de bomberos trabajar para rescatar a sus amigas, a aquellas que tanto amaban y con la que se divertían.
Honoka no estaba en la cocina cuando ocurrió la explosión. Todas estaban afuera atendiendo cuando la ola expansiva las alcanzó. No murieron de inmediato, Umi fue quién se arriesgó a ir al frigorífico para sacar algo de hielo y aliviar a los heridos mientras llegaban los equipos de emergencia, pero entre el humo y el techo cayéndose a pedazos, fue alcanzada por la asfixia, atrapada bajo el concreto y la primera en morir.
Hanayo que seguía herida, no pudo hacer nada para evitar ser atrapada por los muebles en llamas junto a Rin. Nozomi y Eli en su intento de ayudar a los clientes, entre el humo y el ardor del lugar, acabaron con los pulmones quemados. Kotori fue la segunda en morir, no pudiendo soportar las imágenes de todo, metida en la histeria y tratando de abrir las puertas de emergencia atascadas. La segunda explosión la enterró bajó la salida de emergencia.
Honoka fue la más sacudida, se quedó al lado de Umi ignorando los gritos de quienes la instaban a alejarse. Perdida, culpable.
Dos muertes, cinco al borde.
El saldo de su incompetencia, de su sentimiento de inferioridad, de sus dudas y fracasos.
Parecía que eso sería todo, que el resto muriera gradualmente.
Pero no fue así.
Maki y Nico entraron en crisis, fueron recluidas en un psiquiátrico para poder sobreponerse a la pérdida, tratando de entender qué había pasado. Como una vida perfecta se acabó en un abrir y cerrar de ojos. Rogaron, suplicaron a todos los dioses entre su conmoción mental, que tuvieran una segunda oportunidad de remediar lo ocurrido, de hacer las cosas bien, de darles a todas el final feliz que merecían.
Sus plegarias fueron escuchadas y… los sueños comenzaron.
Un sueño donde el día se repetía, dónde cada una hablaba de sus miedos y sus problemas, dónde nadie tenía la confianza de lograr nada. Fue tras unas cuantas repeticiones, que finalmente lo entendieron.
Ellas tenían la oportunidad de rehacer ciertos días, sobre todo el del incendio. Podían manipular lo que pasaba, infundir coraje, hablar a voces susurrantes y en el caso de Maki, de salir de los recuerdos para que sean sólo ocho. Obtuvieron la oportunidad de darles el final que necesitaban para dejarlas ir, y aunque nadie les creyó, ellas fingieron pasar el duelo.
Lograron salir del hospital, Maki regresó a medicina para especializarse en quemaduras y poder asistir a Honoka y quienes seguían en coma.
Nico se fue a los negocios. Al mismo tiempo que repetían los días en la cafetería, hasta que cada una lograra avanzar, cumpliera su propósito y pudiera encontrar la paz para su descanso.
Cumplieron con su tarea año tras año, y ese día, lograron que Honoka también lo hiciera.
¿Qué seguía para ellas? Un futuro brillante, una vida tranquila… mientras lograban reunirse y ser µ´s, de nuevo.
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N/A:
Editado al 27/08/2019.
Una versión más extendida y mejor redactada del reto :´D
