¡Hola!

Tras años de inactividad, me animo a publicar una de las historias que tenía reservadas para mí. Si os gustan los vampiros, o si leísteis Contra el mundo y os gustó... dadle una oportunidad.

Disclaimer: los personajes de Naruto no me pertenecen, tan solo los he escogido para el fic, cuya idea tomé de la Saga Medianoche de Claudia Gray, pero NO he plagiado el argumento de sus libros, sino que he cogido la idea de un internado de vampiros y alguna cosilla más.

Cualquier errorcillo o falta de ortografía me la perdonáis, porfis. Y la clasificación variará cuando vaya incluyendo contenido.

Y sin más preámbulo, comencemos.


INTRODUCCIÓN

El mundo de los vampiros -ahora también mi mundo- siempre ha ejercido fascinación por los seres humanos, quienes se ven atraídos por el halo de oscura seducción que nos rodea y la relativa inmortalidad de la que gozamos. Por algún motivo que se me escapa, no pueden ver -no quieren ver- más allá de sus ventajas. No son conscientes de la dura transformación que sufrimos ya que, por causas que aún desconozco, creen que basta con ser mordidos para levantarse de entre los muertos y echar a andar. Tampoco ven que el halo de oscura seducción que nos rodea no es más que un ardid para atraer a nuestras presas, ni que la relativa inmortalidad de la que gozamos no es más que una existencia vacía y carente de sentido.

Habrá quien piense que padecer una etapa de sufrimiento merece la pena en vista de la recompensa que nos espera. Ingenuos que no ven que no hay recompensa alguna, y que no es una etapa de sufrimiento, sino una existencia entera. Somos criaturas malditas que nunca deberíamos haber puesto un pie en esta Tierra. Y yo puedo dar fe de ello. Mi nombre es Sakura Haruno, y no hace mucho que me "convirtieron". Lo pongo entre comillas porque, como ya os he comentado, la transformación no es tan sencilla. Pero no os preocupéis; ya habrá tiempo de hablar... De momento, os invito a que pasemos al momento actual de mi existencia.


CAPÍTULO 1

El enorme castillo victoriano se alzaba ante mí, imponente. Los tejados azules, las varias torres en su estructura y su enorme entrada principal fueron recorridos por mis ojos verdes, que vagaban despacio no sólo por el edificio en sí, sino también por los amplios y bien cuidados jardines y por las docenas de estudiantes dispersos en los mismos. Todos iban por parejas o en grupos, con una maleta gigante o cargados con varias más pequeñas. Yo por mi parte sólo llevaba un bolso que contenía las pocas pertenencias que había conservado, que no eran más que un collar roto y alguna muda de ropa.

Cogí aire y lo solté, buscando reunir valor. Di un pequeño paso inseguro, y luego otro, y otro más. Poco a poco mis pasos eran más firmes y grandes, hasta que tuve que relajarme porque parecía que fuese a salir corriendo en cualquier momento. Tranquila Saku, nadie va a morderte, me dije. Luego me dieron ganas de reír con la ironía.

Llegué a la puerta principal, donde se arremolinaban algunos estudiantes. Esperé pacientemente en la cola de recepción hasta que llegó mi turno y una mujer de pelo corto y negro con grandes ojos oscuros me atendió. La placa que llevaba a la izquierda del pecho rezaba Shizune.

—Buenos días. ¿Nombre? —me preguntó mirándome por encima de un montón de papeles apilados.

—Haruno Sakura. —contesté. Creo que tuve éxito al luchar porque no me temblase la voz.

—Haruno… Haruno… —empezó a rebuscar entre el montón de folios, hasta que encontró lo que buscaba. —Ah, aquí estás. A ver… Vaya, has tenido suerte. Tu habitación es de las más grandes. —y me guiñó un ojo a la vez que me daba un sobre pequeño con una tarjetita.

Me retiré de la cola de recepción y me dispuse a ir a ver mi nueva habitación cuando caí en la cuenta de que podría pasarme los próximos dos siglos de mi existencia buscando en aquel enorme castillo, así que supuse que debería preguntar a alguien. Miré a mi alrededor, pero me daba corte interrumpir las conversaciones de grupos de alumnos que se distribuían en el hall.

Fue cuando vi a un chico que estaba solo apoyado en una de las columnas. Tenía el pelo corto y negro y la piel muy blanca, señal de que estaba en un punto avanzado de su transformación. El uniforme le sentaba bien, y sus ojos negros eran profundos y penetrantes. Entonces caí en la cuenta de que me estaba mirando fijamente y me sonrojé. Bueno, el daño ya estaba hecho así que me tragué la vergüenza y me acerqué a él.

—Em… Hola, soy Sakura y…

—No me interesas, así que ni lo intentes. Tengo novia —me cortó.

No pude más que sorprenderme. ¿Creía que había ido a hablar con él para ligar? Pues se iba a dar de bruces conmigo. Tengo un carácter de los mil demonios, y desde que me mordieron no ha hecho más que empeorar.

—No te emociones —contesté con tono despectivo. —Sólo venía a preguntarte si sabías dónde estaban las habitaciones de las chicas. Siento decepcionarte, pero ligar contigo es algo que ni se me ha pasado por la cabeza.

Alzó una ceja y sonrió de medio lado mostrando sus colmillos, más desarrollados que los míos.

—Quizá aún no se te haya ocurrido, pero caerás antes o después. Todas lo hacen.

—Maldito engreído… —bufé y di media vuelta para alejarme de allí.

—Eh, niña molesta… —oí la voz burlona de aquel chico pero no me volví. —Los dormitorios de las chicas están en dirección contraria, genio.

Me quedé clavada en el sitio, le dirigí una mirada asesina por encima del hombro y luego caminé muy digna en la dirección que me indicaba bajo su atenta mirada arrogante, casi con la nariz apuntando al techo. Tipos como él me ponían enferma, lo juro.

Anduve por un pasillo que me pareció interminable, al final del cual había unas escaleras que tuve que subir. Supe que iba por el buen camino porque un montón de chicas seguían el mismo. Subí las escaleras refunfuñando hasta la tercera planta y caminé por otro pasillo que me pareció infinito, a cada lado del cual había puertas de habitaciones. La mía, gracias al cielo, no tenía pérdida pues estaba frente a las escaleras, al fondo del pasillo.

Abrí la puerta con la tarjetita que me dio la tal Shizune y me sorprendí mucho. No era como la habitación que una espera encontrar en un internado, sino más bien era como una suite de un hotel, y uno muy caro. Según entrabas había un pasillo. En la puerta a la derecha del mismo encontré un baño amplio de mármol verde con una bañera tan larga que no la llenaría ni aunque me estirara. A la izquierda del pasillo, había una especie de pequeño saloncito compuesto de una mesa baja y redonda y una par de cómodos sillones de cuero negros a cada lado. Había un amplio ventanal y contra la pared derecha había un escritorio largo y una silla giratoria, además de varias estanterías vacías.

Cuando llegabas al final del pasillo te obligaba a girar a la izquierda y si abrías una puerta encontrabas el dormitorio propiamente dicho. Dos camas grandes puestas juntas con una mesita de noche a cada lado. En la pared de enfrente había un balcón que daba a los jardines y en la que daba a los pies de la cama había un enorme armario que estaba empotrado en la pared y seguramente podía contener más ropa de la que yo me podía permitir.

—Ho-hola… —susurró una vocecilla a mis espaldas que casi me mata del susto.

Me di la vuelta y me encontré con una chica preciosa de pelo negro y largo y espectaculares ojos grises. Me morí de la envidia al ver sus curvas, y el uniforme sólo las resaltaba. Era un poco más bajita que yo y estaba sonrojada.

—Hola —saludé con una sonrisa —Me llamo Haruno Sakura.

—E-encantada… Soy Hyuga Hinata. ¿V-vamos a ser compañeras?

—Pues eso parece.

Hinata soltó el aire que estaba conteniendo y sonrió sinceramente.

—M-me alegro… No conozco a n-nadie y tenía miedo de que me tocara una chica… bueno…

—Sí, lo sé; con aires de superioridad.

Hinata se sonrojó aún más y asintió quedamente. Parecía muy tímida.

—Así que… También es tu primer año, ¿no? —Hinata asintió —¿Y cuánto hace que te mordieron?

—Hace un a-ño casi... ¿A t-ti?

—Dos y medio.

No dije más. No me agradaba pensar en lo poco que recordaba de mi vida humana, porque sólo podía torturarme por la vida que podía haber llevado y no llevaba. Me mordieron meses después de cumplir los dieciséis, una noche al volver de la discoteca, dejándome congelada en esta edad para siempre. Hinata, por su parte, parecía un poco más joven a pesar de estar más desarrollada físicamente.

—Fallecí en mi fiesta de diceciséis cumpleaños —me confirmó cuando se lo pregunté.

Lo primero que hicimos fue deshacer las maletas. Más bien lo que ella hizo, porque yo no tenía más que una triste muda de ropa que guardar, así que la ayudé con su equipaje. Tenía ropa normal de calle y varios uniformes, además de un precioso vestido de gala y varios tipos de calzado. Fue entonces cuando caí en la cuenta de que aunque ella también era nueva yo no tenía más uniforme que el que me dieron por inscribirme, el cual llevaba puesto.

—Hinata-chan, ¿dónde has conseguido los demás uniformes?

—¿N-no tienes más? —negué con la cabeza. —P-pues tienes que pedírselos a tu tutor…

—¿Eing? ¿Tutor, dices?

—T-todos los que no lo conocemos tenemos a-asignado un alumno mayor q-que nos guíe en el mundo d-de los vampiros y en las c-cosas de la escuela.

Así que nos asignaban alumnos más experimentados. La verdad es que esto me relajó mucho, porque la transformación a vampiro puede durar algunos años (décadas en los peores casos) y siempre surgen dudas. Es un proceso lento por el que nuestro cuerpo humano poco a poco se va convirtiendo en poco menos que una máquina, es como una cáscara que habitamos. Durante los primeros meses conservamos las necesidades típicas humanas: comer, beber, ir al servicio, dormir, respirar… Con el tiempo cada vez las precisamos menos, hasta que llega un punto en el que ya no respiramos, no necesitamos dormir y para sobrevivir nos basta con ingerir sangre. Se nos para el corazón, y en ese momento la transformación ha culminado y ya somos vampiros de pleno derecho.

—¿Y quién es tu alumno asignado? —pregunté curiosa.

—Se llama U-uzumaki Naruto. Sólo lo he visto u-una vez, pero es muy simpático. Para saber quién es el t-tuyo ve al hall, y mira en el t-tablón de anuncios. Busca tu nombre e-en las listas.

Le di las gracias y salí de la habitación. Miré un reloj colgado en una de las paredes del pasillo y marcaba las diez y media de la mañana. A las once había que estar en el patio interior para asistir a un discurso que daría la directora para los nuevos alumnos y sus tutores, o sea que me sobraba tiempo para mirar el tablón, pero no sabía qué hacer para encontrar a mi tutor. Los problemas de uno en uno, me dije y bajé las escaleras, compadeciéndome de las pobres chicas cuyos dormitorios estuvieran en la última planta. ¿Es que a nadie se le había ocurrido instalar un ascensor? No es que un tercer piso fuera mucho, pero los escalones eran muy grandes y la escalera muy empinada.

Llegué al hall jadeando, así que me tomé un momento para respirar antes de ir a ver las listas. Había muchos estudiantes arremolinados en el tablón, unos pálidos que asumí eran vampiros novatos como yo y otros palidísimos que asumí eran los veteranos. Luché por hacerme un hueco en primera fila ya que era demasiado bajita para ver por encima de los demás compañeros. Busqué mi nombre y cuando lo encontré leí el nombre de Uchiha Itachi a su lado. Así que ese era el nombre de mi tutor, ¿eh? Bien, ahora sólo quedaba encontrarlo entre la marea. Pero como tampoco era plan de ponerse a gritar como histérica hasta que alguno respondiera al nombre, salí de esa marabunta y me mantuve un poco apartada.

—Vaya, si es la molesta mota rosa de hace un rato —reconocí esa voz antes incluso de darme la vuelta: el muchacho de ojos negros.

—Vaya, ¿nos conocemos? —frunció ligeramente el ceño, negándome a darme por enterada.

—Muy graciosa. ¿Buscas también a tu novato? Oh, perdona, la novata eres tú.

—Vaya, y yo pensando que podías ser una forma de vida inteligente. Espera… ¿a ti te van a asignar a un novato?

—Hmp —curioso monosílabo. —Una tal Yamanaka Ino. ¿La conoces?

—Soy nueva, no conozco a nadie.

—Entonces tampoco sabrás reconocer a tu tutor, ¿no? —negué con la cabeza. —A ver, dime cómo se llama.

—Uchiha Itachi. ¿Sabes quién es?

—Me compadezco de mi pobre hermano —dijo sonriendo de medio lado.

—¿Tu hermano? — rogué porque en común sólo tuvieran el apellido.

—Sígueme, anda. Ya tendré tiempo de buscar a la afortunada Ino. Sasuke, por cierto.

Me contuve de hacer un comentario mordaz, no fuera a ser que me trajera problemas con su hermano. Caminamos por el hall, abriéndonos paso como pudimos y anduvimos varios pasillos. Empezaba a angustiarme con la inmensidad de aquel castillo victoriano, que si bien por fuera se veía grande, por dentro era interminable. Llegamos al patio interior, que ya estaba organizado para el evento de apertura del nuevo curso.

—A ver… Dijo que estaría cerca del escenario —Sasuke se refería a una pequeña estructura a la que se subía por unas diminutas escaleras y con un micrófono en el centro. —Ah, mírale allí.

Seguí la dirección de los ojos de Sasuke y lo vi. Era un poco más alto que mi acompañante, con el negro pelo largo recogido en una coleta excepto unos pocos mechones que enmarcaban su cara. Tenía los ojos grandes y tan negros como su hermano, y unas profundas ojeras surcaban sus mejillas. A él también le quedaba divinamente el uniforme.

—Nii-san —saludó Sasuke cuando llegamos junto a él. —Esta es Sakura. Por lo visto va a ser tu aprendiz.

—Un placer —sonreí afablemente.

—El placer es mío—él también sonrió, y tuve la sensación de que me caería mucho mejor que su hermano. —Sasuke, Deidara dice que tu alumna asignada estaba en la puerta de la biblioteca esperándote.

Sasuke asintió y se fue refunfuñando algo que sonó parecido a no sabía que Deidara conociera ese sitio o algo por el estilo. El caso es que ahora me quedaba con un chico todavía desconocido sin saber cómo empezar una conversación y por lo menos hasta que diera inicio la ceremonia de apertura. Pero casi no tuve tiempo de preocuparme porque él se encargó de romper el hielo.

—Es tu primer año, ¿no? ¿Sabes cómo funcionan las clases?

—Los alumnos de menor edad estudian los cursos que no estudiaron en su vida humana, y a los que nos dio tiempo a terminar los estudios mínimos antes de ser mordidos nos preparan para la vida de vampiro —lo recité de carrerilla. No estaba muy segura de entenderlo, por eso lo dije calcado palabra por palabra del folleto que adquirí antes de llegar a este colegio. Sí, se hacían propaganda.

—Chica lista —me sonrojé a pesar de que fuese un comentario sin importancia. —Tú terminaste pero tu transformación no termina aún, así que vas a tener asignaturas compartidas con novatos y con veteranos. —asentí indicando que entendía.

—¿Y tú? —no pude evitar preguntarlo. —¿Qué curso estudias?

—El correspondiente a antes de la universidad. Me mordieron cuando tenía veintiún años, así que puedo sentirme agradecido de colar por estudiante.

Enarqué las cejas, sorprendida. Itachi realmente parecía más joven de lo que era, y no porque tuviera cara aniñada, ya que parecía bastante maduro y su cuerpo, aunque delgado, era musculoso sin rozar lo exagerado. Aun así, si me hubieran preguntado, le habría echado unos dieciocho, e incluso diecisiete si apuramos.

No recuerdo qué iba a decirle, porque sonó algo parecido a unas campanas por megafonía y el patio empezó a llenarse de gente.

—Parece que la ceremonia de bienvenida va a comenzar —comentó Itachi. —Ven; será mejor que nos demos prisa antes de que nos dejen sin sitio.

Me agarró de la mano y me condujo por entre las filas de sillas dispuestas. Ese día aprendí que a Itachi no le gustaban las primeras filas porque no podías ver todo lo que ocurría en clase, pero tampoco le gustaban las últimas porque los profesores siempre están pendientes de los que se sientan en ellas. Era como si le gustase tener el control sobre todo lo que ocurría a su alrededor pero no que nadie estuviera pendiente de él.

Escogió para sí una silla en la parte más céntrica del patio y me invitó a ocupar el que estaba a su lado. La gente caminaba entre las sillas buscando sitio y varios alumnos saludaron a Itachi.

—Vaya, pareces bastante popular —comenté divertida.

—Es lo que tiene cuando llevas aquí siglo y medio. —dijo sonriendo tranquilamente. Como quien habla del tiempo.

—¿Qué? ¿Cuánto tiempo dices?

Le vi reír por primera vez, y dio una carcajada que dejó expuestos sus afilados colmillos, mayores incluso que los de Sasuke. Entonces me dio la sensación de que algo no cuadraba: Itachi llevaba allí siglo y medio, eso sin contar sus años de vida y los de existencia que hubiera tardado en llegar al colegio. Sasuke, aunque muy cerca, no era un vampiro adulto propiamente dicho. Se tardaban pocos años en superar la transformación. Iba a preguntarle a Itachi cómo era posible entonces que fuesen hermanos, pero una poderosa voz femenina retumbó en mis oídos. Miré al escenario, donde una bella mujer rubia tomaba la palabra.

—Buenos días, mis queridos estudiantes, y bienvenidos a los novatos a la prestigiosa escuela Konoha. —hizo una pausa, paseando sus ojos castaños por el público. Su voz era profunda, y delataba los años que su rostro de veinteañera no dejaba apreciar—Mi nombre es Senju Tsunade, y soy la directora —la verdad no me sorprendió, parecía el tipo de persona con el carácter para llevar un centro tan… peculiar como lo era el nuestro. —No tengo mucho que deciros -cualquier duda que tengáis os la resolverán vuestros profesores o a vuestros tutores-, salvo que espero que vuestra estancia aquí sea agradable. A los nuevos os pido que respetéis las normas de esta institución, y a los veteranos que cuidéis bien de los alumnos que os han sido confiados. Si surge cualquier problema, no dudéis en dirigiros a vuestro profesor al cargo.

—¿Profesor al cargo? —le pregunté a Itachi mientras alzaba una ceja.

—Cada profesor tiene a su cargo un grupo importante de estudiantes —me susurró sin dejar de mirar a Tsunade. —El mío es Morino Ibiki; profesor de historia vampírica. Reza porque no te dé clase —se lamentó. —Tú no tendrás uno mientras aún seas novata. Cuando ya no necesites de mí, te asignarán a un grupo.

—…. Y sin más, os dejo con la presentación —concluyó Tsunade retirándose del estrado.

Sonaron los aplausos de cortesía.

—Ahora los tutores os presentamos gente, con el fin de ayudaros a encajar. No te separes de mí.

Itachi se puso en pie y comenzó a recorrer el patio, conmigo pisándole los talones. Podía parecer una tontería eso de ir tan juntos, porque si me perdía el Uchiha sólo tenía que rastrearme por mi olor. El problema es que los vampiros jóvenes que ya han superado el cambio suelen ser fácilmente irritables, y era peligroso dejarme vagar sola por ahí. Por eso cuanta más gente conociese tanto mejor para mí. Recorrimos el césped, y como era de esperar nos topamos con Sasuke.

—Volvemos a vernos —comentó el moreno, casi aburrido. —Os presento a Yamanaka Ino. Ino, este es mi hermano Itachi, y su asignada Haruno Sakura.

—Encantada.

Ino era una bella muchacha rubia de ojos azul cielo, alta y esbelta, pero aunque pareciese una muñeca me atrevería a decir que la inteligencia brillaba en sus ojos.

—¡Temeee! —una voz estridente resonó en el patio, y Sasuke chascó la lengua fastidiado.

—Maldito dobe…

Ante nosotros apareció un muchacho rubio de ojos azules y sonrisa zalamera de grandes colmillos. Era un pelín más bajito que Sasuke, pero más musculoso, y su piel debió haber sido tostada en otro tiempo. Como dato curioso, llevaba a una sonrojada Hinata cogida de la mano, lo que me dio a entender que este era el tal Uzumaki Naruto.

—Teme, ¡llevo rato buscándote! Casi parece que tratases de darme esquinazo, dattebayo—por la forma de hacer rodar los ojos de Sasuke, quedó claro que precisamente era eso lo que estaba haciendo. Los ojos azules fueron a posarse sobre mí y un casi imperceptible sonrojo apareció en las mejillas del chico de la sonrisa zorruna. —Ah, esta debe ser tu protegida…

—No, Sasuke-kun no es mi tutor; es Itachi-san. Me llamo Haruno Sakura, y tú debes ser Uzumaki Naruto. Hinata-chan me ha hablado de ti —le guiñé un ojo, consiguiendo que él se ruborizara más y que Hinata comenzara a hiperventilar.

Me parecieron un dúo de lo más tierno y encantador. Ruborizados y cogiditos de la mano parecían una parejita de recién casados a la que le preguntaban sobre cuándo vendrían los niños. Lástima que para nosotros, poco más que cadáveres con conciencia, ese privilegio estuviera vedado.

—N-naruto-kun, ¿quiénes son los de aquel grupo…? —preguntó Hinata aún cohibida, quizá buscando distraer la atención de mi comentario.

La joven había dirigido su mirada hacia un grupo de lo más variopinto, pero cuyos miembros se veían envueltos por la misma aura oscura. Había un muchacho de roja cabellera, ojos castaño claro y rasgos aniñados. A su lado, lo que asumí era un chico rubio de pelo largo cuyo flequillo le tapaba uno de sus ojos azules. Detrás de ellos, mucho más alto se alzaba un tipo de piel y pelo azul. Me dio bastante grima ver que en su cuello había agallas y sus dientes estaban aserrados. Por último, un chico de pelo naranja lleno de piercings y una chica de pelo azul y ojos ámbar terminaban de formar el curioso grupo.

—Son los Akatsuki —respondió Sasuke con desagrado. —No os acerquéis a ellos ni os metáis en su camino. No todos son de los más antiguos, pero sí son de los vampiros más despiadados.

—Akatsuki… —procuré grabar la palabra y las caras a fuego en mi mente. El objetivo era sobrevivir y convertirse en vampiro; no tenía intención de morir a manos de nadie todavía.

—Suficiente por hoy —cortó Itachi. —No hay necesidad de asustarlas. Mientras estén con nosotros no les pasará nada, así que de momento que se centren en sus estudios. Sakura-chan, tengo cosas que hacer, así que te acompaño a la torre de los dormitorios de las chicas.

—Ino, yo también me tengo que ir —recordó Sasuke. —Será mejor que nos vayamos todos —dijo mirando claramente a Naruto. Quizá pensara que Hinata no estaba a salvo con alguien tan despistado.

Antes de que Naruto pudiese protestar, Sasuke le empujó con brusquedad, y el rubio comenzó a caminar arrastrando a Hinata. Itachi y yo les seguimos tranquilamente sin intercambiar palabra. Aunque me parecía un chico agradable no nos conocíamos mucho, y se me daba fatal iniciar conversaciones con desconocidos.

Llegamos al pasillo que llevaba a nuestra torre y nos despedimos de los chicos.

—Quédate en la habitación y no salgas más que para comer y para las clases. Bajo ningún concepto salgas caída la noche —había dicho Itachi.

Hinata y yo subimos a nuestra habitación en la tercera planta después de habernos despedido también de Ino, cuya habitación estaba en la primera planta. Una vez allí decidí entrar a darme un baño caliente antes de bajar a comer mientras que Hinata preparaba sus libros para las clases del día siguiente y fue cuando caí en la cuenta de que no tenía una muda que ponerme. Hinata se ofreció tímidamente a prestarme un uniforme pero seguía estando el problema de la ropa interior. Para mi tranquilidad, dijo que Naruto se había encargado de proveerla de ropa íntima sin estrenar. Algo cuanto menos curioso y extraño, pero se suponía que era responsabilidad de los tutores asegurarse de que a sus asignados no nos faltara de nada. Se me puso la cara colorada de pensar en pedírselo a Itachi, algo que tendría que pasar antes o después.

Ya dentro del agua hirviendo -nunca había sido capaz de ducharme con agua simplemente caliente, ni siquiera en vida- pensé en las vueltas que había dado mi vida, desde que me enteré de que existían sitios como este para gente como yo hasta esa misma mañana. Mi cambio a vampiro estaba cada vez más cerca; lo notaba en el dolor de mis colmillos al crecer y en mi fuerza y sentidos al desarrollarse. Me llevé una mano al pecho y sentí en las yemas de los dedos el latir de mi corazón. Desde que me mordieron me había atormentado esa idea, la idea de que mi corazón dejara de latir para siempre.


Tras el siempre aburrido primer capítulo introductorio, prometo mucha más acción en los próximos. Sakurita no se va a estar quieta, así que Itachi tendrá que estar preparado para lo que se le viene encima ¡muajajajaja!

Solo dejar claro que esto es un ItaSaku, (habrá MUCHO ItaSaku) y que los personajes se van a mantener muy fieles a su carácter con la única salvedad de que al no tener lugar la matanza Uchiha por parte de Itachi la relación entre los hermanos será diferente.

Muchísimas gracias si has llegado hasta aquí. Si ya habías leído antes algo de mí sabrás que los primeros capis son un pelín lentos, pero creo que no decepciono.

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