¡Hola!

Aquí os traigo el tercer capítulo. La última parte en cursiva es cómo Sakura fue mordida y no es necesaria de leer para entender el fic, por si a alguien le cansa que no haya diálogo.

Viene con el ItaSaku prometido. ¡Disfrutadlo!


Una vez el trabajo para la clase de Tsunade estuvo terminado Ino y yo decidimos salir a dar una vuelta. No habíamos hablado mucho previamente, pero habíamos congeniado enseguida. Era una chica muy simpática, y justo como había intuido la primera vez que la vi, era inteligente.

Caminamos por los jardines de fuera del castillo hablando de múltiples cosas. Ino había sido mordida hacía sólo año y medio cuando le quedaban un par de meses para cumplir los diecisiete, pero sus colmillos estaban tan desarrollados como los míos. No me dio muchos detalles del día que la mordieron, pero sí me dijo que no había pasado mucho tiempo perdida. Había tenido la fortuna de cruzarse Deidara, un vampiro de la escuela que además pertenecía a Akatsuki. Él la había informado de todo y traído aquí.

Nuestro paseo nos llevó a la linde del bosque, y me entró un escalofrío.

—¿Pasa algo, Sakura? —preguntó Ino cuando vio que había perdido mi atención.

—No me gusta este bosque.

Mi comentario arrancó una sonrisa a mi rubia acompañante.

—Los vampiros están en el castillo, no en el bosque, y vives rodeada de ellos —bromeó.

Sonreí débilmente pero aun así le pedí que nos alejáramos de allí. Nos pusimos de vuelta al colegio, y en la puerta principal coincidimos con los Akatsukis. El grupo estaba al completo, y curiosamente nos miraban.

—Esos Akatsuki son…

—Extraños, y bastante inquietantes —completó Ino por mí.

—Sasuke-kun dijo el primer día que tuviéramos cuidado con ellos. ¿Crees que son peligrosos?

Antes de que Ino pudiera responderme, la voz de Sasuke lo hizo por ella.

—A vosotras no os harán nada, podéis estar tranquilas.

Nos dimos la vuelta y ahí estaba Sasuke, con los primeros botones de la camisa desabrochados y sin la corbata del uniforme.

—¿Es porque somos chicas? —pregunté. Odiaba a los matones, pero más a los que no tocaban a las chicas por considerarlas débiles.

El rostro de Sasuke ganó en seriedad.

—Los Akatsuki no son los matones típicos de los institutos, Sakura —con un gesto de la cabeza nos indicó que camináramos y fuimos a la torre para chicas mientras hablaba. —Lo que menos les importa es si sois o no chicas, créeme.

—En cualquier caso Deidara me ayudó a entrar aquí, no creo que sus amigos resulten peligrosos.

—Ino, tampoco les importa que Deidara y tú os conozcáis—explicó Sasuke con voz cansina. —Si estáis seguras es porque Itachi mueve muchos hilos dentro de la escuela. Incluso podría decirse que los Akatsukis le aceptan en su grupo y lo respetan.

—¿Itachi es un Akatsuki? —pregunté sorprendida. —Pero si él no es ningún abusón.

—Podría decirse que es algo así. De todas maneras no hables con él de este tema, no le gustaría saber que te lo he dicho. En serio Sakura, cierra la boca o me meterás en problemas.

Llegamos frente a la habitación de Ino, y cuando ella entró Sasuke se despidió de mí con un gesto vago de la mano sin acompañarme a mí también hasta mi apartamento. Cuando llegué a mi puerta oí voces al otro lado. Saqué mi tarjeta preguntándome quién habría aparte de Hinata y al abrir me topé con un lío de brazos y piernas en el suelo del pasillo.

— ¿Naruto-kun? —pregunté incrédula al reconocer una mota rubia.

— ¡Es mío! ¡Yo lo vi antes!

— ¡¿Pero qué estás diciendo?! ¡Yo lo tenía antes!

Reconocí al mismo muchacho de aspecto fiero que había intervenido sin permiso en la clase de Tsunade. Estaba tirado en el suelo y peleaba con Naruto por el dichoso cómic. Hinata miraba desde el otro lado del pasillo, con cara de no saber muy bien cómo atajar el problema.

—¡N-naruto-kun! ¡Kiba-san! ¡Por favor, p-parad ya!

Ambos hicieron caso omiso de la chica y siguieron revolcándose por el suelo como dos niños berreando. Dejé la mochila en el suelo, me remangué las mangas de la camisa y entré en la pelea. Enganché a cada uno de una oreja e, ignorando sus gemidos lastimeros y sus quejas, les grité en el oído con fuerza.

—Hinata-chan ha dicho que os estéis quietos, así que ¡BASTA YA!

El oído de un vampiro adulto como Naruto era extremadamente sensible, y al tal Kiba poco le faltaba para completar su cambio; sería cuestión de semanas. Ambos cayeron al suelo tapándose los oídos y lamentándose de que les había hecho daño gritando así.

—¿Se puede saber qué mierda os pasa en la cabeza? Os lo advierto, es la última vez que armáis una pelea en mi habitación. Si queréis mataros la próxima vez que sea en cualquier otro sitio.

—¡Eres cruel, Sakura-chan! —Naruto me miraba con los ojitos húmedos.

—G-gracias, Sakura-san. Me pareció b-buena idea que Kiba-san y yo hiciéramos un t-trabajo de Tsunade-sama aquí, pero no conté con e-esto…

—Tranquila, Hinata-chan —sonreí para tranquilizarla. —Kiba, ¿verdad? —el moreno asintió, aún sentado en el suelo. —Si ya habéis acabado por favor, vete. Tengo que estudiar y no quiero jaleo por aquí.

—¿Pero y Nar…?

—¡LARGO HE DICHO!

Kiba salió a todo correr de la habitación, y Naruto le sacó la lengua y se pavoneó de su "victoria".

—Y tú, Naruto, pórtate bien o irás por el mismo camino.

—Me recuerdas a Sasuke, Sakura-chan. Si gruñes tanto acabarán saliéndote arrugas.

Puedo garantizar que Naruto tenía buenos reflejos; no cualquiera hubiera esquivado el libro que le lancé directo a la cabeza. Normalmente controlaba mejor mis arranques asesinos cuando estaba rodeada de desconocidos, pero a Naruto le había agarrado confianza pronto.

—¿Qué haces aquí? —le pregunté al rubio. —¿Has venido para ayudar a Hinata-chan y a Kiba con su trabajo?

—N-no, Sakura-san. Naruto-kun ha v-venido a informarnos d-de algo…

—¿Informaros? —Naruto se rascó la cabeza y entrecerró los ojos. Entonces los abrió, recordando lo que tenía que decirnos. —¡Ah, ya recuerdo! Ya sabéis que los fines de semana no hay clase, pero parece que Gai-sensei insiste en que su clase se dé el próximo sábado por la noche.

—¿Gai? ¿Es profesor? —Naruto asintió. —Aún no nos ha dado clase. ¿Qué enseña?

—Es una sorpresa—dijo poniendo su sonrisa zorruna. —Sus clases son extraescolares. No son como las demás. Os van a gustar, dattebayo.


La mañana del sábado me había llegado una pulcra nota de Itachi escrita con letra fina y elegante a mi habitación avisándome de que esa misma noche debía reunirme con él en la puerta principal. Me pedía que Hinata también viniera conmigo. No entendía por qué motivo la Hyuga tenía que venir de noche conmigo y mi tutor, pero me alegré de que al final no hubiera clases extraescolares.

Salimos juntas de la habitación y fuimos al lugar convenido. Para nuestra sorpresa, también estaban allí Naruto, Sasuke e Ino.

—¡Llegáis las últimas! No sé qué pretendéis cazar con lo lentas que sois —Naruto sonrió zorrunamente.

—¿C-cazar?

—Buenas noches —me saludó educadamente Itachi cuando me puse a su lado. —Sí, Hinata-chan. Hoy es la clase de caza de Gai-sensei. Mandé a Naruto que os avisara. —le miró de reojo.

—Y así lo hizo —dije antes de dar tiempo a Naruto de ponerse a la defensiva. —Es sólo que como nos habías dicho de venir aquí pensamos que la clase se había cancelado.

Nada más lejos de la realidad.

Los seis juntos nos dirigimos a un pequeño monumento en forma de triángulo que había cerca de la linde del bosque. Allí había muchos otros tutores con sus correspondientes novatos.

Reconocí a Kiba, que iba acompañado de un chico con gafas y sudadera que no dejaba ni un solo centímetro de su rostro expuesto, y a Tenten, que iba al lado de un chico con el pelo mucho más largo que Itachi. Cuando se dio la vuelta descubrí con sorpresa que tenía los mismos ojos de luna que Hinata.

—Itachi-san, has dicho que íbamos a cazar —dije. Era una afirmación, pero aun así él asintió. —No entraremos dentro del bosque… ¿no?

—No te preocupes, Sakura-chan —me tranquilizó Itachi con un pequeño apretón en el hombro y una sonrisa comprensiva. —No pasa nada, no vas a estar sola. Yo te acompañaré en todo momento.

Miré en la misma dirección, y tuve miedo. No es que fuera especialmente terrorífico, pero me había dado mala espina desde el primer momento. El bosque me infundía respeto durante el día. Ahora, de noche, me daba terror. ¿Pero qué clase de vampiresa era que tenía miedo a la oscuridad?

—Parece que ya estamos todos —una voz se impuso al suave murmullo general. Provenía de un hombre de aspecto extraño. Tenía el pelo cortado a tazón, e iba envuelto en un ajustado traje verde. Demasiado ajustado. —Soy Maito Gai, y voy a supervisar las clases de caza.

—¿Pero qué clase de personaje es este hombre? —murmuró Ino. Creo que ninguna nos habíamos topado con nadie tan… particular.

—Itachi-san, ¿qué eso de que va a supervisar? ¿Las clases no las da él?

—A los novatos, las clases se las damos los veteranos. A los vampiros adolescentes que no tienen tutor les sirve como práctica y cazan solos —me contestó también entre susurros.

—Las clases durarán sólo una hora, y debéis traer algo que acredite vuestra caza. Y ahora, si no hay dudas, podéis comenzar. ¡Que no se apague vuestra llama de la juventud!

¿Llama de juventud? ¿Ese hombre no era consciente acaso de que todos los presentes estábamos muertos o en proceso de estarlo?

Los vampiros adolescentes solitarios se adentraron en el bosque, ansiosos por beber. Después, lo hicieron los tutores seguidos de sus novatos. Yo no avanzaba, sino que me limitaba a mirar el bosque con reticencia, sin atreverme a poner un pie en él. Itachi me vio dudar, y cuando Sasuke, Ino, Naruto e Hinata se fueron dejándonos solos, se atrevió a preguntarme.

—¿Sucede algo, Sakura?

—No me gusta este bosque.

Le conté que me había dado mala espina desde un principio y la pequeña charla que Sasuke y yo habíamos mantenido en la linde del bosque, aunque omití el detalle de aquella vez que le vi desaparecer después de hablar con una muchacha rubia. Él me escuchó, y luego me sonrió tranquilizadoramente antes de hablar.

—No te preocupes, Sakura-chan. No vas a entrar sola, ya que iremos juntos. Mientras esté contigo no te va a pasar nada, ¿vale?

Asentí no muy convencida, pero sin ganas de discutir. Nos adentramos en el bosque, yendo yo un pasito por detrás de mi tutor. Miraba a todos lados constantemente, como si de detrás de un árbol pudiera salir en cualquier momento un monstruo.

—Bien, éste parece tan buen sitio como cualquier otro para empezar. —el Uchiha se detuvo, haciéndome tropezar contra su espalda. No hizo ningún comentario a pesar de que me sonrojé por mi torpeza. —Primero: deja de mirar a atemorizada a tu alrededor. Te recuerdo que tú eres la cazadora; no la presa.

Alcé una ceja interrogante: Itachi no se había dado la vuelta en ningún momento, así que se me escapaba cómo se había dado cuenta de que yo estaba así de inquieta.

—Bien, ahora dime: si quisieras alimento rápido, ¿cómo lo harías? Imagina que eres un vampiro adulto.

—Pues… estaría atenta a cualquier olor o sonido que revelara algún animalillo oculto... ¿no?

—No pienses sólo en animales, Sakura —normalmente Itachi era simpático, pero su voz se tornó mortalmente seria. —Lamentablemente, en un momento de hambre no se puede descartar buscar la sangre de una persona viva.

Me estremecí. Yo sólo había matado una vez y… no quería ni volver a pensar en eso. Mi tutor pareció leerme la mente, y procedió a suavizar su voz antes de hablar.

—No hablo de matar a una persona; no es necesario para alimentarse. Cuando un humano es mordido pero no llega a desangrarse suele desmayarse, y cuando se despierta no recuerda con claridad lo ocurrido. Puedes alimentarte de él sin provocarle un daño serio, si puedes controlarte. Esto es realmente útil, ya que nos permite tomar sangre humana sin causar ningún perjuicio.

A mi mente sólo acudían recuerdos, cada uno más desagradable que el anterior. Creo que por eso le cogí manía a esa asignatura desde la primera clase.

—Está bien, vamos a empezar por donde has sugerido. ¿Hueles algo?

Olfateé discretamente el aire, pero no percibí nada fuera de lo común, y así se lo hice saber.

—No hay nada llamativo. Percibo tu olor, el mío y muy levemente el de Hinata-chan y el de Naruto, así que supongo que habrán estado aquí antes que nosotros. También huele a tierra húmeda y…

—Espera; acabas de dar con algo —el moreno me sonrió muy levemente. —Huele a humedad. ¿Por qué motivo podría oler así?

—Porque hubiera llovido. —era lo único que se me ocurría.

—Es una opción, pero ¿ha llovido recientemente?

No había caído una sola gota de lluvia desde que yo puse un pie en ese internado. Miré a mi alrededor, y me di cuenta que la tierra a mis pies estaba seca. Si no había llovido y aun así olía a humedad eso sólo podía deberse a que hubiera una fuente de agua cercana.

—Hay un río que pasa por este bosque… —susurré encajando las piezas.

—Y cerca de los ríos hay vida —completó Itachi, esta vez regalándome una sonrisa de medio lado.

Ese día recibí de él una de las lecciones más importantes que podría haber recibido nunca: mirar más allá de lo evidente. ¿Cómo? Preguntándonos el porqué de las cosas. Creo que su capacidad de ver donde otros no pueden es una de las cualidades que más admiré de él.

—¿Dónde está? El olor es demasiado débil para que mi olfato pueda rastrearlo.

En otra ocasión Itachi se hubiera negado a ayudarme para que aprendiera a valerme por mí misma, pero dado que mis sentidos no podían sacarme del apuro se apiadó de mí y me condujo al río.

Caminamos durante cuarto de hora o más en silencio a un ritmo no muy exigente. En cierto momento se detuvo -esta vez iba atenta y no me choqué contra su espalda- y se giró para llevarse un dedo a los labios, indicándome que fuera sigilosa a partir de ese punto.

Seguimos andando unos minutos más y pude ver el agua del río fluir, aunque ya hacía rato que lo escuchaba. Quise acercarme más, pero el Uchiha me detuvo para que permaneciera oculta detrás de unos arbustos. No entendía nada, al menos hasta que seguí su mirada y descubrí lo que supuse iba a ser mi presa de esa noche.

Un jabalí adulto y bastante grande bebía en la otra orilla del río. Hubiera dado cualquier cosa porque me hubiera encontrado con otro animal. En serio, nadie se hace idea del tamaño que puede llegar a alcanzar uno de esos bichos.

—Es enorme… Es demasiado peligroso —protesté.

—Por eso no eres tú quien caza hoy. Mira y aprende —me contestó con una sonrisa de superioridad que yo ya había visto alguna vez en la cara de su hermano.

Antes de que pudiera preguntar qué estaba diciendo, Itachi se retiró de detrás de los arbustos haciéndome una seña para que permaneciera ahí. Cuando hubo desaparecido en las sombras de la noche devolví mi vista al jabalí, segura de que ocurriría algo, y que fuera lo que fuese prefería mantener un ojo sobre el enorme animal.

Entonces todo sucedió demasiado rápido para mi vista, pobre en la oscuridad. Una sombra rápida se abalanzó sobre el distraído jabalí, y comencé a oír sonidos angustiosos provenientes de su garganta. Empezó a correr sin dirección fija e incluso llegó a tirarse y rodar, pero no conseguía desprenderse de su atacante. En un momento dado de la refriega un rayo de luna cayó sobre él, y vi que su pelaje brillaba. No me hizo falta olisquear el aire para entender que lo que brillaba era su sangre descendiendo por su cuerpo.

Me puse en pie olvidando esconderme para poder ver mejor. El animal seguía luchando contra una figura que no dejaba de propinarle mordiscos brutales, zarpazos y golpes. Sus gritos me angustiaban y arañaban mis oídos. Finalmente, la sombra que se había cernido sobre él a traición le asestó un fuerte golpe en la nuca que lo derribó, inconsciente sobre la tierra.

El silencio invadió la noche, aunque no por mucho tiempo. Enseguida salí corriendo en dirección a la figura negra haciendo un escándalo al atravesar el río a nado.

—¡Estás loco! —grité en la cara de la sombra: un Itachi demasiado tranquilo.

Me quedé parada frente a él, mientras gotitas de agua se deslizaban cuesta abajo por mi cara. No sabía si molerle a palos o abrazarle después del susto que me había dado, así que opté por lo primero. Alcé la mano, pero me agarró de la muñeca, impidiendo con humillante facilidad que le pegara la bofetada que se merecía.

—Relájate, Sakura. No ha sido para tanto —su sonrisa era burlona, pero su voz era serena.

—¿¡Pero a quién se le ocurre atacar a un jabalí!? ¿¡Sabes que te hubiera podido matar!?

—No me hubiera atrevido con él si supiera que esa posibilidad fuese real. Soy un vampiro, un depredador: estoy diseñado para matar.

Después de un rato conseguí aminorar mi pulso. Quizá era verdad que estaba exagerando, no lo sabía; era la primera vez que veía a un vampiro cazar una presa de ese tamaño. Rodeé lentamente al enorme animal, casi con temor de que en cualquier momento me pudiera saltar encima, ya que oía su corazón latir débilmente todavía y su respiración casi inexistente. Me daba tanta pena ver el pobre animal desangrándose por sus heridas que llegué al punto de que ni siquiera me paré a oler su sangre.

—No sé si te has fijado en que es muy complicado matarlo simplemente a mordiscos o a golpes. Espero que sí, porque no pienso volver a repetirlo. —Itachi seguía sin tomárselo en serio. —Con presas así lo mejor es inmovilizarlas para matarlas después.

—No irás a matarlo, ¿verdad?

—Sé que no es plato de gusto —intentaba ser comprensivo. —Pero no podemos ser tan crueles para dejarlo agonizando. No se va a recuperar de sus heridas, y nosotros tenemos que comer.

Por desgracia, estaba en lo cierto. Ese día no nos habían proporcionado sangre en el internado, supongo que aposta para obligarnos a cazar. Mi cuerpo ya se había saciado de alimentos humanos, y ahora que reparaba en el olor, me reclamaba sangre. El jabalí estaba mortalmente herido y mis instintos se hacían con el control así que me dejé llevar.

Lentamente, casi sin querer hacerlo, me acerqué a la herida de su cuello -de la que más sangre manaba- y empecé a beber con calma. Hacía mucho que no tomaba sangre directamente de un cuerpo, y puedo asegurar que no se parece en nada a tomarlo de un recipiente. Itachi se acercó y bebió desde el otro lado de su cuello. No sé por qué pero levanté la mirada y nuestros ojos se cruzaron por encima de la nuca de la bestia.

Los vampiros somos cadáveres con conciencia, pero beber sangre humana nos hace sentir casi vivos de nuevo. La sangre animal no tiene tanta fuerza, pero nos acerca bastante a la vida. En ese momento los ojos negros como pozos de Itachi tenían un brillo rojizo salvaje pero vivaz, casi como si nunca hubiera sido mordido. Mi corazón dio un pequeño vuelvo, seguramente audible para él. Sus ojos negros, su piel blanca y su boca perfecta roja por la sangre.

—No te andas con tonterías, Uchiha. —una voz grave rompió el encanto.

Giré la cabeza a mi izquierda bruscamente, pero Itachi no parecía sorprendido. Seguro que había oído aproximarse a un Tenten con su tutor, el vampiro que había hablado. Tenten llevaba en su mano un pequeño conejo blanco colgando de las orejas, probablemente su caza de esa noche.

—Mi novata está más avanzada que la tuya en su transformación, Hyuga. Pensé que no pasaba nada por acelerar un poco el ritmo.

En la boca del tutor de Tenten se dibujó algo parecido a una pequeña sonrisa. Por lo visto le hizo gracia el comentario de Itachi. Pero espera…¿Hyuga? ¡Así se apellidaba Hinata! Y además tenían los mismos ojos perla. ¿Por qué Hinata nunca me había dicho que tenía un pariente también muerto?

—La clase ha terminado, Neji —comentó Tenten guiándose por la posición de las estrellas en el cielo.

Así que Hyuga Neji. Interesante.

—Hay que llevar una prueba de la caza, ¿no? —recordé. Miré el jabalí. Trasladarlo era imposible.

Itachi sonrió ligeramente al ver la duda en mis ojos. Se acercó al morro y le arrancó un colmillo, el cual hizo girar varias veces observándolo desde todos los ángulos. Después de escrutarlo me lo entregó.

Nos encaminamos junto a Neji y Tenten fuera del bosque, y cuando llegamos a la linde y ya se podían distinguir las figuras del resto de mis compañeros tropecé absurdamente con una raíz de un árbol. Itachi giró sobre sí mismo a una velocidad muy poco humana y evitó que me diera de bruces contra el suelo.

Tenía ambos brazos rodeándome por la cintura, y aunque era más alto se había inclinado sobre mí al agarrarme, quedando su cara a la altura de la mía. Inconscientemente, mis ojos se fijaron en su boca, atraída por el olor a sangre. Entonces me soltó repentinamente mientras sonreía.

—Toma —me ofrecío un pañuelo. Ante mi ceja alzada, se explicó. —Estás llena de sangre.

Había estado tan hipnotizada por la sangre y tan atontada por esa mirada que no había reparado en que me había pringado al beber. Dios, la camisa de mi uniforme era una ruina, y ahora que me palpaba la cara sentía la sangre seca. Además, tenía toda la ropa empapada tras haber cruzado el río, y el agua y la sangre se mezclaban. Le arrebaté el pañuelo de las manos y me limpié, azorada. Me di cuenta de que Itachi no tenía un solo pelo fuera de su sitio y me dio envidia.

—¿Cómo lo haces? No tienes ni una mota de polvo.

—Cuestión de práctica —contestó orgullosamente.

Yo inflé los mofletes haciendo un gesto infantil, pero no hizo más comentarios. Entregamos el colmillo a Gai y Naruto e Itachi nos escoltaron a Hinata y a mí a nuestra habitación.

Nos turnamos para usar el baño -Hinata iba manchada de polvo y barro hasta las cejas- y después conversamos tranquilamente en nuestras camas.

—¿¡U-un jabalí!? —abrió los ojos con sorpresa, y yo asentí cansada. —Naruto-kun y yo sólo hemos cogido ranas cerca del río. P-por eso iba llena de barro…

—No sé qué mierda le pasa por la cabeza… —y era verdad; su mente era un misterio insondable. Ni siquiera sus ojos hablaban de él.

No hablamos mucho más porque no tardé en caer rendida.


Dios, qué frío hace. Mamá tenía razón; no tendría que haber ido en pantalón corto, en mayo aún no hace calor suficiente por mucho que me empeñase en que con medias no pasaría tanto frío. Con la hora que es y el tiempo que hace no me extraña que no haya nadie en la calle… Mierda, ya podría haber alguien. Lo único que se oye es el sonido de mis tacones y me está poniendo nerviosa. Las chicas normales suelen llevarse calzado de recambio por si se cansan de los tacones. ¿Por qué no puedo pensar como una chica normal?

Espera, no son sólo mis tacones… ¿Eso que se oye no son pasos? Sí, podría ser. Ah, será aquel hombre que viene de frente por la otra acera. No, no es un hombre, es un chico joven. Joder, casi prefiero volver a estar sola. O que fuera una mujer. No es que este chico tenga mala imagen... De hecho, ahora que está más cerca puedo afirmar va bien vestido y es guapo. Demasiado. Tiene unos rasgos perfectos y le rodea un aura de misterio. Parece casi irreal. Su mirada conecta con la mía y me da un pequeño escalofrío. No me da buena espina.

¿Soy tonta? ¿Por qué un chico tan guapo iba a darme mala espina? No lo sé, y no quiero quedarme a descubrirlo. Acelero el paso cuando le veo con intención de cruzar de acera. Le he dejado atrás, pero sus pasos siguen resonando claro en la calle desierta. Joder, ya me estoy poniendo nerviosa. No quiero mirar atrás por si me sigue… aunque pensándolo bien, si me está siguiendo da igual que mire o no, porque me va a seguir igual… ¿no?

Dejo de hacerme preguntas tontas y empiezo a correr, con tacones y todo. No he mirado atrás pero no me hace falta: sus pasos se aceleran detrás de los míos. Es increíble la velocidad a la que eres capaz de correr cuando te invade el miedo, aunque lleves tacones de aguja. No queda mucho para llegar a mi casa; ya puedo ver el edificio. Las luces de mi piso están encendidas y puedo ver a dos figuras diminutas en la ventana: mis padres.

Corro más deprisa si es posible. Me estoy asfixiando por la carrera pero me da igual, porque oigo a ese desconocido cada vez más cerca. ¡Joder!

Acabo de tropezarme. Dios, me he dejado la boca en el suelo porque no me ha dado tiempo a poner las manos para apoyarme. Los pasos se han detenido, y estoy segura que él está detrás de mí. Ruedo en el suelo para ponerme boca arriba, y antes de que me pueda dar cuenta el chico está sobre mí. Me aprisiona las muñecas por encima de la cabeza con una mano, y coloca la otra sobre mi cintura.

Mi cuerpo entero tiembla, y mientras yo no puedo despegar mi mirada de sus ojos él no puede despegar la suya de mi boca. Me había partido el labio por la caída y parecía absorto en mi sangre.

No puedo pensar en nada; el pánico se ha hecho con el control de mi cuerpo. Abro la boca para gritar pero antes de que pueda coger aire él tapa mi boca con la suya, lamiendo el cálido líquido. Durante un instante la extraña idea de que no es un violador, sino que sólo quiere beber mi sangre me traviesa la mente, pero la desecho. Intento morderle y pateo todo lo que puedo, pero entonces deja de lamerme y me besa de verdad.

Jamás me habían besado así. De repente me relajo, dejo de luchar por liberarme e incluso correspondo. Mi corazón ya no está desbocado, y creo que nunca había estado tan serena. El beso es bueno, pero no lo suficiente para atontarme así, y me pregunto si me ha hecho ingerir algún tranquilizante sin que me diera cuenta. Abandona mi boca y baja lentamente por mi cuello. Lo besa con maestría y mi mente nublada siente vagamente sus dientes apretar contra mi carne. De repente el hechizo se rompe, abro los ojos y mi paz acaba un segundo antes de que me desgarre la garganta con sus colmillos.

Lo siento, mamá… es lo único que consigo pensar antes de perder la conciencia.


Hasta aquí el terce capítulo. Espero poder actualizar por regla general cada sábado.

¿Alguna teoría acerca de qué pasa en el bosque, qué sucede con la transformación de Sasuke o quiénes eran los encapuchados del anterior capi?

¡Muchas gracias por las lecturas! ¿Reviews?


Guest: me alegro de que te esté gustando! Muchísimas gracias por tu apoyo :D un beso!