¡Hola!

He tardado tanto en traer el capi por una serie de problemas en la universidad además de haber estado liada con el trabajo.

Siento la tardanza. ¡A leer!


Bostecé por enésima vez en apenas cinco minutos. No es que estudiar en la biblioteca fuese aburrido -que también- sino que desde la clase de caza era incapaz de dormir en condiciones. No dejaban de asaltarme pesadillas -que en realidad eran recuerdos- de la noche que me mordieron.

Siempre era el mismo sueño y nunca era capaz de recordar la cara de mi agresor, no sé si porque mi cerebro disfrutaba torturándome o si porque la angustia y el miedo que sentí aquella noche me impedían recordarlo con claridad.

Fuese como fuera, si no conseguía dormir mejor las próximas noches iba a acabar pegándome un tiro.

—Deberías dormir algo —comentó Itachi sin levantar la vista del libro que Ibiki-sensei le había mandado leer.

—No es como si no lo intentara, ¿sabes? —mi mal humor amenazaba con salir.

—¿Qué te pasa, Sakura? —dijo, ya mirándome a los ojos. —Naruto dice que Hinata-chan le ha contado que te despiertas en la noche gritando y muchas veces vuelves a dormirte llorando.

Me mordí el labio. Le pedí a Hinata que fuera discreta, pero al parecer no había podido evitar contárselo a su tutor y claro, Naruto no podía evitar ser un bocazas.

—Son sólo pesadillas. Ya se irán.

—Tienes muchas ojeras. —observó. Curioso comentario de alguien cuyas ojeras le surcaban la cara hasta las mejillas. —Puedes contármelo si quieres.

Bajé la mirada a mi libro, "Nuestro Mundo", una pequeña guía para empezar a encajar en esto de ser vampiro, y pensé.

No era algo que quisiera compartir con nadie.

Cuando me despertaba gritando por la noche y la Hyuga se preocupaba no le contaba qué había soñado. Simplemente me giraba en la cama, me disculpaba por despertarla y lloraba hasta dormirme. Estaba segura de poder confiar en Itachi y de que quizás compartirlo aliviara mi carga, pero…

—Vayamos a mi habitación —dije cerrando el libro de golpe, antes de que me arrepintiera. La biblioteca no era lugar para largas charlas.


Abrí las puertas del balcón y el aire fresco de otoño entró en la habitación. No hacía demasiado frío, pero Hinata era muy friolera y se aseguraba de mantener las puertas cerradas.

Tenía a Itachi sentado en la cama de Hinata, la cual era la más cercana al balcón. Me miraba expectante, y yo me concentraba en el bosque todavía de espaldas a él.

—Los humanos no saben de nuestra existencia, ¿verdad? —decidí empezar despacio.

—Así es —confirmó lo que yo ya sabía de sobra.

—Por eso es sencillo acercarnos a ellos, ¿no?

—¿A qué te refieres? —frunció el ceño.

Me di la vuelta para hablar cara a cara.

—El jabalí del sábado pasado pudo sentir el peligro, por eso dejó de beber. Quería concentrarse en sus sentidos para determinar cuál era el peligro. —me expliqué. —Sin embargo, un humano no piensa que podamos ser una amenaza, porque ellos nos ven como si también fuéramos personas.

—Interesante razonamiento —se pasó una mano por el pelo, como casi siempre que me quería explicar algo. —Sí, los animales sienten el peligro fácilmente, por eso los vampiros no tenemos mascotas, y no, los humanos no son ajenos a nuestro aura de peligro. Al menos no totalmente.

—¿Pueden saber que eres un vampiro?

—No, pero no se sienten igual que en compañía de un humano. La mayor parte se sienten atraídos por nosotros. Es una manera de cazarlos fácilmente. No pueden evitar la atracción y caen en la trampa.

—¿Y ya está? —indagué. Quería saber más.

—Bueno… Hay personas especialmente perceptivas. No se sienten atraídas, porque pueden percibir que algo no va bien con nosotros aunque no puedan precisar el qué.

Por eso yo había echado a correr la noche que morí. Había sentido que ese chico era peligroso, mis sentidos me gritaban que podía hacerme daño. Normalmente una no sospecharía de un hombre joven bien vestido, aunque quizás se inquietara si lo viera en una calle oscura y solitaria.

Pero no echaría a correr temiendo en serio por su vida, y menos yo que a pesar de tener muchos defectos nunca había sido una persona cobarde.

—Sakura, ¿estás bien?

Se puso en pie al ver que mi cuerpo temblaba ligeramente y mi mente parecía muy lejos de allí. Sus ojos negros me escrutaban interrogantes. Tragué saliva.

—Lo que me atormenta por las noches… no son pesadillas. Son… recuerdos. Un recuerdo. Y siempre es el mismo… —tuve éxito procurando que mi voz no temblara, pero eso no le hizo dejar de preocuparse.

—¿Qué recuerdas, Sakura? ¿Sueñas con tu vida humana? —preguntó él en voz baja y suave.

Estaba frente a mí, tan cerca que tenía que inclinar la cabeza hacia arriba para poder mirarle a la cara. Parecía tener miedo de que si elevaba la voz yo me rompería en mil pedazos.

—Cuando fallecí —mi voz era apenas un susurro. —Pasos en la noche. Mis padres asomados a la terraza esperando a que volviera. El vampiro sobre mí. Sus colmillos desgarrando mi garganta…

A partir de ahí no lo soporté más y me tapé los oídos, como si no quisiera escuchar mis propias palabras.

Bajé la cabeza cerrando los ojos y rompí a llorar con ganas. Itachi sólo me miraba fijamente. Estaba serio y parecía evaluar la situación. Finalmente, se decidió a salvar la pequeña distancia que nos separaba y me abrazó suavemente apoyando la barbilla sobre mi coronilla.

Creo que fue entonces que poco a poco empecé a relajarme y dejé de sollozar. Pero no me había envuelto en un hechizo para calmarme como lo hiciera el vampiro que me mordió aquella noche, sino que me tranquilizó el solo sentir su cuerpo y oler su aroma característico. Su tacto era frío como el de todos los no-muertos y no oía nada revolotear en su pecho, pero esta vez me agradó.

Permanecimos así largo rato, con sus brazos rodeándome y mi cabeza en su pecho, hasta que se me quitaron las ganas de llorar.


Al llegar al baño de las chicas cerré la puerta de un portazo y miré mi reflejo en el espejo. Temblaba ligeramente y estaba despeinada por la carrera. El collar que me había hecho con el colmillo del jabalí pendía en mi cuello, y el color del hueso se asemejaba al de mi piel.

Días después de confesarle a Itachi mi secreto, estábamos en clase de Tsunade cuando de repente Kiba, que ese día se había sentado no muy lejos de mí, en una fila de atrás, había completado su transformación. Quizá no pareciera gran cosa, pero resulta bastante desagradable ver la culminación de un vampiro.

Al empezar la clase, Kiba había comentado que sólo había ido por saber la nota del trabajo, ya que se llevaba encontrando mal desde el día anterior. Nadie le dio importancia, ya que los vampiros no enferman. Después había empezado a sudar y a jadear suavemente, sin que nadie lo notara debido a que había elegido la última fila para sentarse. Entonces, había caído fulminado de la silla.

Con el ruido, todos nos dimos la vuelta, sólo para encontrar a Kiba retorciéndose en el suelo. Todos nos llevamos las manos a la boca sorprendidos y Tsunade avanzó con parsimonia hacia él, expectante.

Mientras él se retorcía, Tsunade explicaba con toda la calma que Kiba sólo estaba terminando su transformación en vampiro. No nos lo esperábamos porque el cambio se había adelantado algunas semanas.

Tsunade dejó que observáramos al moreno para prepararnos mentalmente para cuando nos llegara el momento, pero cuando Kiba empezó a convulsionar debió decidir que era suficiente y nos echó a todos de clase.

Y ahí estaba ahora yo, en el baño de las chicas en estado de shock completamente. Era la primera vez que veía a un vampiro completar el cambio, y me había afectado más de lo que pensaba.

Hinata había corrido a nuestra habitación con los ojos húmedos, e Ino había salido de allí en silencio absoluto, pero sin correr como nosotras.

Tenten, por su parte, parecía la más entera de las cuatro.

Respiré profundamente y levanté la vista al espejo. Mi reflejo y el de Itachi me devolvían la mirada. No había entrado conmigo ni había anunciado su presencia, pero tampoco me sobresalté de verle ahí. Creo que ya me había acostumbrado a las cosas extrañas.

—Normalmente, los vampiros se retiran y se encierran cuando sienten que les falta poco para morir —la voz grave de Itachi resonó en las paredes de azulejos. —Kiba es demasiado despistado y alocado para darse cuenta. Ha sido cruel por parte de Tsunade permitiros presenciarlo…

—… pero sólo nos preparaba para nuestro futuro, ¿no? —mi voz sonó firme. Gracias al efecto sedante de la voz del vampiro había conseguido relajarme un poco y ya no temblaba.

—Exacto.

No añadió más y tampoco yo abrí la boca. Seguí mirando mi reflejo en el espejo.

Mi piel estaba cada día más pálida, y mis colmillos me dolían al crecer. Mi oído y olfato mejoraban por momentos y mi corazón ya no se aceleraba como antes cuando hacía algún esfuerzo. Era obvio que no me quedaba mucho tiempo de ser una vampiresa adolescente.

—Sé lo que estás pensando —Itachi interrumpió mis pensamientos y nuestros ojos se encontraron en la superficie lisa del espejo. —Dentro de pocos meses harán tres años desde que te mordieron, y tiene pinta de que eres de desarrollo precoz. No queda mucho para que llegue el día de tu cambio; tu olor está cambiando y tú también lo notas. Quizá antes de que el curso acabe… —especuló.

No quería hablar de mi transformación. Después del espectáculo de Kiba esta mañana me aterrorizaba pensar en ese momento. Sin embargo sí había algo que quería saber.

—Itachi, ¿cómo fue tu…?

Frunció el ceño ligeramente y su voz de terciopelo adquirió un matiz de amenaza sutil que me indicaba lo peligroso que era seguir por ese camino.

—No es algo que necesites saber —me cortó bruscamente antes de darme tiempo a terminar.

Me atravesó con la mirada y cuando parpadeé ya no estaba. Cuando me di la vuelta y apoyé la espalda en el lavabo apenas me dio tiempo a ver la puerta del baño cerrarse como única prueba de que Itachi había salido caminando y no se había desvanecido en el aire sin más.


Varios días después, el incidente en clase de Tsunade dejó de ser el cotilleo principal en los pasillos, y yo ya no estaba tan nerviosa ante la perspectiva de tener que transformarme en un futuro no muy lejano. Había decidido aparcar ese tema en algún lugar de mi mente durante todo el tiempo que pudiera.

Una noche, estando con Hinata en nuestra habitación acababa de tirar la toalla con los deberes que había mandado Kakashi cuando Hinata me informó de que esa misma mañana había podido visitar a Kiba. Cuando un vampiro adolescente alcanza la edad adulta suele ponerse muy irritable y ser demasiado agresivo, por lo que Kiba llevaba varios días recluido en su habitación. Incluso habían tenido que trasladar a su compañero de cuarto.

—Tsunade-sama opina que en una semana K-kiba-kun podría recuperar el ritmo habitual de c-clase… Aunque no estoy segura.

Asentí vagamente, sin estar muy atenta a sus palabras. Había varias cuestiones rondando por mi cabeza desde hacía tiempo, y me pareció tan buen momento como cualquier otro para resolverlas.

—Hinata-chan, ¿cómo supiste de la existencia de este sitio? ¿Te trajo aquí Hyuga Neji? Porque con ese apellido y esos ojos tiene que ser pariente tuyo, ¿verdad?

—No, Sakura-san. Hyuga Neji no me trajo a-aquí. Yo no conocía la existencia de Neji-san hasta que vine.

—Espera… ¿no sois parientes?

—Supongo que sí. El clan Hyuga es muy antiguo y extenso; no conozco a todos los miembros. Aún así no he oído nada sobre ninguna desaparición de un miembro del clan recientemente, así que quizá Neji-san muriera hace décadas o incluso siglos.

—Entonces ¿cómo descubriste este internado?

—B-bueno, es una historia c-complicada.

—Me dijiste que te habían asesinado en tu cumpleaños, ¿no?

—Así es. Lo siento, Sakura-san, pero no es algo que quiera recordar.

Alcé las cejas sorprendida. Hinata no había alzado el tono, pero había notado una determinación especial en su voz, además de que había hablado sin tartamudear. Entonces me sentí como cuando intenté preguntarle a Itachi acerca de su muerte: casi como una intrusa. Pero en el fondo era normal; a nadie le gustaría recordar el momento de su muerte. ¿No me había negado anteriormente yo misma a contarle mis pesadillas a nadie?


Desde la noche que Itachi me encontró corriendo por los pasillos huyendo de la fuente donde había presenciado aquella conversación me había portado bien y no había vuelto a salir yo sola de noche, al menos no sin compañía. Si alguna vez se me había hecho tarde en la biblioteca porque tenía que hacer algún trabajo siempre regresaba a mi habitación con Hinata y Naruto.

Sin embargo, aquella vez había ido sola a buscar información sobre la transformación de vampiros. Me inquietaba el caso de Itachi y Sasuke. Eran hermanos y el propio Itachi me había dicho en una ocasión que tenía más de un siglo y medio, pero Sasuke seguía siendo un vampiro adolescente. Algo no me cuadraba, y cuando algo me daba vueltas tenía que resolverlo.

Me había recorrido media biblioteca, había hundido la cabeza en varios libros y no había encontrado nada útil. Si hubiera pedido ayuda quizá hubiera avanzado más, pero no había compartido mis inquietudes con nadie. No obstante, si al día siguiente hacía tantos progresos como aquel día -o sea, ninguno- tendría que preguntarle a Itachi directamente, y algo me decía que no era buena idea.

—La biblioteca cierra por hoy, señorita. Tendrá que volver mañana —me sorprendió la voz de la bibliotecaria.

Recogí todos los libros, los dejé cada uno en su estante y salí al pasillo. No llevaba ninguna prenda de abrigo porque por el día no hacía frío, pero por las noches se empezaba a notar la llegada del otoño. Abrazándome a mí misma, eché a andar tan rápido como podía sin hacer ruido. Camino a la torre de las chicas me encontré con algún vampiro adulto que daba un paseo nocturno, pero ninguno al que yo conociera.

Al menos hasta que doblé una esquina y fui a darme casi de bruces con el tipo de piel azul con agallas. No tardé en identificarle como uno de los Akatsukis, de los cuales debía mantenerme alejada por recomendación de Sasuke y orden expresa de Itachi. Genial.

—Eh, ¡mira por dónde vas! Pero bueno… si es una chiquilla —su voz era rasposa y su sonrisa burlona. —¿No sabes que no deberías estar despierta? Podría ser peligroso…

Di un pasito atrás, intimidada por la altura y corpulencia de ese ser de rasgos repulsivos, pero él avanzó hacia mí como un depredador a punto de saltar sobre su presa y una mano azul me asió del brazo. Balbuceé algo que creo que ni yo llegué a entender, y antes de que la cosa se me fuera de las manos una voz grave de mujer intervino.

—Te recomiendo soltarla, Kisame. No creo que a Itachi le haga mucha gracia que trates así a su novata.

Era una chica rubia, bastante más alta que yo. Tenía unos ojos que recordaban las aguas profundas de un lago, y una presencia imponente. Era mayor que yo al momento de morir -aparentaba unos diecinueve años- y parecía que incluso Kisame percibía su aura de poder, porque me soltó el brazo.

—¿Es la novata de Itachi? —me miró con duda, y su sonrisa flaqueó. —Sólo iba a hablar un rato con la niña. Eres una aburrida, Temari.

Sin embargo, Kisame no protestó más y avanzó hasta dejarnos solas. Temari le siguió con la mirada, y cuando le perdió de vista se volvió de nuevo hacia mí.

—¿Cómo te llamas?

—Haruno Sakura –contesté con voz firme, pasándome la mano por el brazo que Kisame me había agarrado.

—Bien, te acompañaré a tu habitación, Sakura. —dijo con una sonrisa apenas perceptible.

Nos dirigimos a la torre de las chicas sin mediar palabra. Quizá debería haberle dado las gracias por intervenir, pero no la conocía de nada y no sabía muy bien cómo enfrentar la situación. La tal Temari parecía una chica segura de sí misma, caminaba con elegancia y sin hacer ruido. Yo a su lado me sentía torpe, como un pato al lado de un cisne.

Llegamos al segundo piso de la torre de las chicas y murmuré que mi habitación estaba allí. Ella sólo asintió y continuó subiendo hacia los pisos superiores, los mismos a los que a mí se me había negado la entrada. Fue cuando se dio la vuelta para seguir subiendo que me di cuenta de que era la misma muchacha que había visto hablando con Itachi en la linde del bosque.


Estaba tirada en el jardín, con la espalda apoyada contra un árbol mientras intentaba leer el libro que nos había mandado Kakashi-sensei. No era un volumen muy grueso pero había sido escrito hacía siglos y costaba entender el lenguaje antiguo. Me dolía la frente de tanto fruncir el ceño y empezaba a desesperarme. ¿Es que no podían traducirlo al lenguaje moderno y ahorrarnos a los estudiantes fuertes dolores de cabeza?

Estaba tan concentrada en la lectura -había leído la misma línea cuatro veces y seguía sin enterarme- que no me di cuenta de cuando Akatsuki al completo pasó por delante de mí pero a bastante distancia hasta que distinguí claramente la voz de Itachi entre la del resto de miembros del grupo. Levanté la vista y efectivamente, ahí estaba. Él nunca levantaba la voz, pero mi oído se agudizaba por momentos.

—Deberías dejar de espiar a mi hermano con esa cara de tonta y terminar la lectura. Te estás eternizando.

Sasuke estaba apoyado de pie contra el mismo árbol que yo, a mi derecha. No le había sentido llegar, por lo que su voz me provocó un sobresalto.

—¡Yo no estaba espiando a nadie! ¡Y no tengo cara de tonta! —grité enfadada y sonrojada. Su sonrisa burlona sólo me hizo rabiar más. —El que me está espiando eres tú. ¿Cuánto tiempo llevas ahí?

—No te estaba espiando —se defendió sin subir el tono, con su calma exasperante. —Sólo pasaba por aquí cuando me ha parecido ver que te costaba terminar tu lectura, así que me he acercado a ver si necesitabas ayuda.

Alcé las cejas, incrédula. ¿Sasuke se había acercado a ayudarme y no a burlarse de mí? Sí, claro, y qué más.

—No lo hago por la bondad de mi corazón, claro está —quiso aclarar. Ya decía yo que había gato encerrado. —Como veterano no me queda de otra que ayudar a los inútiles de los novatos, como tú.

—¡No soy ninguna inútil! —gruñí enseñando los dientes. —Además, no eres mi tutor. Si alguien tiene que ayudarme es tu hermano. ¿Se puede saber por qué se escaquea tanto de sus obligaciones?

Sasuke chascó la lengua.

—Mi hermano tiene cosas más importantes que hacer. ¿Quieres mi ayuda o no?

Miré el libro, frustrada. No quería pedirle ayuda, pero era obvio que a este paso no iba a ser capaz de entregar el resumen de la obra a tiempo, así que asentí de mala gana. Sasuke murmuró algo que sonó como "pequeña molestia" y se sentó a mi lado.

Para mi sorpresa, Sasuke no intentó hacerme rabiar en ningún momento y empezamos a avanzar realmente rápido. Sasuke era inteligente y me explicaba de maravilla cada una de mis dudas. Supongo que el hecho de haber nacido en una época en la que no se hablaba tan distinto de cómo se expresaba el autor del libro ayudaba.

Cuando terminamos aún faltaba un rato para la cena, así que nos quedamos hablando en la hierba.

—¿Por qué se junta Itachi con los Akatsuki? Dijisteis que eran peligrosos, y tu hermano no es… malo.

—Que Itachi no sea malo no quiere decir que no sea peligroso —ante mi ceja alzada, procedió a explicarse rápidamente. —Sakura, en este sitio hay una jerarquía. Itachi es un vampiro más poderoso de lo que te puedas imaginar, por eso se junta con otros vampiros poderosos como puedan serlo los Akatsuki. Está en nuestra naturaleza: los fuertes con los fuertes y los débiles con los débiles.

Creo que nunca había oído a Sasuke hablar tanto sin interrumpirse. Aún así, mi duda no quedó satisfecha y le pedí que me explicara por qué. Él suspiró como si yo fuera tonta y estuviera agotado de intentar hacerme entender, pero ese día estaba hablador y me complació.

—Parece que no entiendes hasta qué punto es importante conocer gente. Las relaciones que establezcas aquí no son amistades adolescentes, Sakura. La mayoría de amigos que hagas aquí te durarán toda la existencia, y eso pueden ser siglos. Los Akatsukis respetan a Itachi y le integran en su grupo por la misma razón por la que él accede a relacionarse con ellos: conveniencia. Nunca se sabe cuándo pueden venir malos tiempos y puedes necesitar amigos influyentes.

—¿Itachi es influyente? —pregunté desconcertada. No sabía que mi tutor fuera tan importante.

—No sabes hasta qué punto lo es —garantizó Sasuke con una pizca de orgullo en su voz. —Dentro y fuera de la escuela. Es un vampiro relevante en nuestro mundo. ¿O crees que los privilegios con los que cuentas han sido casualidad?

—¿Qué privilegios?

Sasuke puso cara de empezar a cansarse de mis preguntas, pero yo realmente estaba muy perdida.

—¿Eres tonta? —esta vez ya sí estaba molesto de verdad y perdió la paciencia. —¿Acaso crees que el hecho de que tengas una habitación más grande y otras ventajas es por tu cara bonita?

Me di de bruces con la realidad y empecé a entender muchas cosas.

Yo pensé que el hecho de que mi habitación fuera más una suite era suerte, como Shizune me había dicho el día que llegué. O que Itachi me hubiera dado tantísimos uniformes y material escolar era sólo porque se sentía culpable por no habérmelo dado a tiempo y quiso compensarme. También entendí el motivo por el que Kisame me había soltado tan rápido cuando supo quién era yo, y no era porque Temari le intimidase.

—¿Quién es Temari? —se me escapó antes de darme tiempo a pensar lo que estaba diciendo.

—¿Cómo has oído hablar tú de Temari? —preguntó Sasuke con la ceja alzada. Le conté mi encuentro con Kisame y la oportuna intervención de la rubia. —Ya veo… Suerte que ella apareció para salvarte el culo. Eres una molestia, hmp.

Sasuke ignoró mis protestas y se levantó, se metió las manos en los bolsillos y puso rumbo al castillo, dejándome sola. Hacía rato que Akatsuki había pasado de largo y prácticamente no quedaba nadie fuera, así que recogí mis cosas y me fui a cenar.

Fue más tarde cuando me di cuenta de que Sasuke había esquivado mi pregunta.


—¿C-crees que tenga a-algún significado? —me preguntó Hinata esa misma noche.

Se refería a mi collar; una de las pocas cosas que había conservado de mi vida humana. Más que un collar era una gargantilla, y ni siquiera era un objeto de valor. No era más que una cuerda de hilo negro entretejido con un pequeño candado plateado colgando. En el candado había dibujado un corazón del mismo color en relieve.

—No estoy segura; no puedo recordar cómo llegó a mí, o si alguna vez lo he usado. —contesté sincera.

Desaté el nudo de la cuerda, me lo enrollé en la muñeca izquierda y le pedí a Hinata que me lo atara a modo de pulsera, ya que de mi cuello colgaba el colmillo de jabalí. El candado-corazón quedó colgando en la cara interna de mi muñeca. No estaba segura de si en algún momento fue importante para mí, pero decidí que lo averiguaría.

Antes de irnos a dormir, Hinata y yo estuvimos hablando largo rato. Hinata me contó que había hablado con Neji Hyuga, el miembro de su clan al que no conocía. Resultó que Neji había sido samurái varios siglos atrás, lo que hablaba de la longevidad del clan Hyuga, que ya existía en tiempos remotos. Neji había sido guardián de la heredera del clan en la época en la que él vivía antes de verse sorprendido una noche y ser asesinado a traición. Nunca vio la cara de su asesino. Hinata dijo que se había ofrecido a ser también su guardián y a cuidar de ella.

—Pero… ¿por qué? Ahora que es un vampiro es libre de hacer lo que quiera, ¿no?

—Los samuráis t-tienen estrictos códigos de honor, Sakura-san. Aunque estemos m-muertos, Neji siente que debe c-cuidar de mí, que también iba a ser la heredera de mi c-clan. Si naces siendo Hyuga, lo eres para siempre.

—¿Ibas a ser la heredera del clan Hyuga? —abrí los ojos, asombrada.

—Sí, i-iba a serlo. En mi fiesta de c-cumpleaños mi padre invitó a muchos empresarios a-amigos suyos. Uno de e-ellos me miraba mucho. —Hinata hizo un esfuerzo por relajarse y respiró profundo. Debía ser difícil para ella hablar de esto. —En un momento dado, me e-escapé de la fiesta yendo al baño. Sólo recuerdo mirarme en el e-espejo y verle a él reflejado. —Hinata hizo otra pausa, pero pudo seguir hablando. —Huí... y cuando c-comprendí lo que era no pude volver... Mi clan se m-merece algo mejor que esto.

Así que ya está. Hinata había sido criada con la idea de que el clan era lo más importante, y cuando comprendió que era una vampiresa, había decidido quitarse de en medio, renunciando a todo.

—Hinata, esto es muy duro. ¿Tú estás bien con esta decisión?

—Por supuesto. Lo primero es el clan —lo dijo convencida, sin tartamudear siquiera. —Tengo una hermana pequeña: Hanabi. Ella será asumirá el liderazgo del clan algún día. Será una gran líder.


¿Os ha gustado? En el próximo capi Sakura e Itachi tendrán tiempo a solas... y Sakura comenzará a intentar resolver los misterios de la escuela.

¡Muchas gracias por leer! ¡Hasta pronto!