Nuevamente me había olvidado de subir esto...


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.


Capítulo II


Lucas se levantó con toda la pereza del mundo esa mañana. No había podido dormir bien durante toda la noche, y realmente no sabía a qué le había estado dando tantas vueltas que no pudo descansar como dios manda.

Se quedó un momento sentado al borde de la cama, observando un punto indefinido en el suelo a un lado de sus tenis, con la mente en blanco; solo reaccionando al momento en que la –segunda– alarma de su celular sonó.

Con desgano tomó su uniforme y se vistió. Peino su cabello hacia arriba como siempre, se arregló lo mejor que una persona semi-despierta puede hacerlo y bajó hacia la cocina.

— "Buenos días, Lucas." —

Fue toda una sorpresa encontrarse con Marth preparando el desayuno. Pensaba que se había ido temprano junto a Ike. Aunque si lo pensaba bien, si recordaba –algo que realmente no quería hacer– lo que probablemente Ike le hizo a Marth la noche anterior, lo sorprendente sería que este se haya logrado poner en pie.

— "Buenos días, Marth" —devolvió el saludo y tomó asiento en su lugar habitual.

Al poco tiempo, se encontraba frente a él lo que el peli azul le había preparado de desayuno. El ambiente se notaba algo incómodo, pero nada que no pudiesen sobre llevar con una tranquila plática de lo que harían ese día.

Al terminar, Lucas se despidió del mayor con un abrazo y salió en dirección hacia la preparatoria.

Aún seguía echando miradas furtivas hacia atrás cada cierto tiempo. De alguna forma esa sensación de que lo estaban siguiendo y que algo iba a suceder no desaparecía con el tiempo.

"Tal vez son paranoias mías." Pensaba mientras esperaba a que el semáforo de peatones cambiara a luz verde.

O tal vez no eran paranoias suyas.

— "¿Ese es el chico?" —preguntó en voz baja una chica de rubia cabellera, peinada en una coleta alta, ataviada con una larga gabardina color negro, pantalón negro y botas negras también. Sus ojos observaban con detalle todo cuanto el púbero hacía en ese momento. Movimientos que realizaba y hacia dónde observaba.

— "Eso fue lo que Ness dijo, Samus. Es tal y como lo describió." —murmuraba con cierto desgano y aburrimiento un chico de cabellera azabache e increíbles ojos carmesí. Llevaba puesto un par de vaqueros azul oscuro, tenis negros con franjas blancas y una sudadera gris oscura.

Ambos se encontraban parados a unos metros en línea recta de dónde se encontraba el pequeño rubio. Ya se habían dado cuenta de esa manía que el chico tenía de mirar hacia atrás cada media cuadra. No estaban seguros si sería algún tic del chico o una simple paranoia que tenía.

En todo caso, no les parecía algo tan descabellado que el rubio temiese por lo que pudiera sucederle; después de todo, sus tutores eran nada más y nada menos que Ike y Marth, dos de los mejores detectives con los que contaba el Servicio Secreto. Además de ser quienes llevaban persiguiendo a la organización más peligrosa del momento. Claro que aún no habían logrado capturar a ningún integrante importante, únicamente habían atrapado simples novatos que a su parecer, la organización contrataba y dejaba capturar a propósito para despistarlos un rato, porque nunca se enteraban de nada en realidad, y por ende no eran de ayuda. Pero se acercaban. Aunque sea un paso, cada vez se les acercaban más. Incluso les pisaban los talones algunas veces.

Y es por esa razón que Master Hand había decidido tomar cartas en el asunto. Aunque no fuera realmente por gusto propio, más lo hacía por los demás miembros de la organización. Si por él fuera, seguiría con ese juego de «El gato y el ratón», que tenía con ambos agentes. Le era bastante entretenido acercarse y luego burlar a los dos peli azules que amenazaban con refundirlo de por vida en prisión si llegaban a capturarlo.

Claro, que a algunos de sus subordinados, no les parecía tan buena idea dejar que Ike o Marth se les acercaran demasiado. No por ellos, confiaban en que con sus habilidades –que habían logrado adquirir a lo largo de todos los años que llevaban ahí– saldrían bien parados. Temían más por los más jóvenes. Ness, Toon y hasta el mismo Link, que eran los que menos tiempo llevaban [Aproximadamente uno años cada uno].

— "¿Y lo único que debemos hacer es espiarlo?" —masculló molesta la rubia. Ese tipo de misiones eran por demás aburridas, razón por la cual siempre terminaba negándose y enviando a otro –Roy– en su lugar.

— "Eso fue lo que dijo." —

Llevaban ya no más de 5 minutos siguiendo al chico, que cada vez volteaba con más frecuencia hacia atrás.

— "¿Crees que nos haya visto?" —preguntó el azabache con una media sonrisa torcida en el rostro y una nota de diversión en la voz.

— "Es probable que sí." —por su parte, Samus se mantenía con la mueca de seriedad que tanto le caracterizaba y casi nunca dejaba. Iba a agregar algo más, cuando de reojo notó algo. Rodó los ojos con fastidio y le dio un leve codazo a su compañero. Indicándole con la mirada que observara a quien venía justo en dirección hacia ellos.

Al azabache no le hizo falta voltear para saber quién se le lanzaría encima en pocos segundos. Esperó el momento indicado y se hizo a un lado, con lo cual, el cuerpo de un joven de cabello castaño fue a parar de plano al piso.

— "¡Owww... Eres muy malo, Pitwo!" —se quejaba un chico de idénticas facciones a las del azabache, salvo que era castaño y de ojos azules, mientras se levantaba y recuperaba de su encuentro con el cemento de la vereda. — "¡Pude haberme hecho daño con esa caída!" —infló los mofletes en son de molestia, misma que no le duró mucho, ya que su forma animada y alegre de ser no le permitía estar serio o molesto por mucho tiempo.

Ahí estaba el hermano de Pitwo, Pit.

Por su parte, al pelinegro parecía poco o nada importarle lo que decía su hermano. Estaba más ocupado tratando de seguir con la mirada a su pequeña presa, la cual perdió de vista al doblar en la esquina que daba a la preparatoria. Samus le hizo una seña con la cabeza, indicándole que ya era hora de que se fueran de ahí.

— "¡No me ignores!" —lloriqueaba el castaño mientras, tanto Dark Pit –como lo solían llamar– y Samus trataban de dejarlo bien atrás.

No es que tuvieran algo en contra del oji azul, simplemente no lo querían tener pegado a ellos como lapa. Además de que Pitwo no lo quería poner en peligro. Por mucho que pareciera importarle un reverendo pepino lo que le sucediese a su gemelo bueno, en verdad se preocupaba por su seguridad. Es por esa razón que siempre trataba de mantenerlo alejado de él y de cualquier asunto relacionado con su "trabajo".

Lucas pudo respirar tranquilamente una vez que cruzó el portón de la entrada de la preparatoria. Puede que haya sido imaginación suya, pero le había parecido que dos figuras lo habían estado siguiendo. Sacudió la cabeza, tratando de alejar esa idea.

Caminó a paso tranquilo hacia su salón, asomándose con cuidado para asegurarse de que Popo no le fuese a caer encima otra vez, como el día anterior.

Grande fue su sorpresa al verlo hablando animadamente con el chico rubio de ojos gato que había estado el día anterior con Ness, y su sorpresa aumentó aún más al ver ahí al pelinegro, junto a Nana y Rock, que conversaban tan animados como Popo y Toon.

Con cierta cautela, se les acercó, captando de inmediato la atención de todos.

— "Hola Lucas" —saludaron Nana y Rock con una sonrisa.

— "¿Por qué tardaste tanto?" —le recriminó Popo, recibiendo al instante un zape, cortesía de su gemela.

Por su parte Ness y Toon se limitaron a mover la mano en señal de saludo.

— "Lo siento" —se disculpó el rubio ojiazul, esbozando una pequeña sonrisa. — "Me quedé un momento hablando con Marth"

Al escuchar ese nombre, automáticamente las miradas de Toon y Ness se ensombrecieron, algo que los demás no notaron o que en su defecto, notaron pero ignoraron.

— "Está bien, no tienes por qué disculparte." —decía Rock de forma comprensiva. — "El caso es que ya llegaste, así que está todo bien."

— "Sí, eso." —asintió Nana en concordancia con el castaño.

Los gemelos pusieron a Lucas al tanto de las nuevas amistades que se habían unido a su grupo –Ness, Toon y Rock, aunque a este último ya lo conocían de años anteriores, pero no habían entablado una amistad realmente–.

El rubio sonrió, a pesar de que Ness fuera algo extraño, le agradaba –y hasta cierto punto, alegraba– el hecho de que haya decidido unirse a su grupo de amigos. Le hubiese molestado mucho si le hubiese dado por ir a juntarse con cierto grupo en especial, el grupo de una chica pelirroja de ojos azules que se creía la reina y por ende quería hacer siempre su voluntad.

Intercambió un par de pequeñas bromas con sus amigos antes de que sonara el timbre que anunciaba el inicio de las clases. Con toda la disconformidad del mundo, su grupo se disolvió y cada quien fue a su asiento, a la espera de que el aburrido profesor entrase a dar clase. Esperaban que no los durmiese, porque la voz que tenía el dichoso profesor de filosofía era soporífera, y contra eso no había mucho que hacer. Y por más que quisieran dormir, no querían ganarse un reporte después.


Marth había dejado todo limpio en cuanto hubo terminado su desayuno, no le gustaba que las cosas quedaran en desorden. Una vez que hubo terminado, se vistió al apuro, porque en ese momento se daba cuenta de lo tarde que era ya. Le sorprendió el no haber recibido ninguna llamada de Ike, apurándolo para que llegase al trabajo. Luego pensó que quizás era porque el mayor quería que descansara bien, después de todo, lo normal era que estuviese adolorido por lo sucedido la noche anterior. Aunque como ya estaba más que acostumbrado, el dolor era algo que podía sobrellevar sin mucho esfuerzo.

Tomó sus llaves, su móvil –al que le verificó que tuviese la batería suficiente como para aguantarle el resto del día–, su maletín y salió directo al trabajo. Claro, antes se aseguró que todo quedara perfectamente cerrado y nada enchufado o encendido, salvo la refrigeradora.

Una vez fuera, empezó a correr como si no hubiese un mañana. Ike se había llevado el auto y a él le tocaba ir a pie ahora. Porque los taxis no les parecían nada seguros, e ir en bus, o metro tampoco les parecía una idea muy buena que digamos.

Mucho menos cuando tenía un extraño presentimiento en el pecho. Parecía que algo iba a ocurrir de un momento a otro. Y no, no era nada bueno.

Se detuvo al llegar al semáforo, que justo en ese momento le había dado por ponerse en rojo para peatones. Genial.

Estaba algo despistado, observando al cielo, hasta que sintió que un auto negro se detenía a su lado y la ventanilla polarizada empezaba a bajar lenta y angustiosamente.

Su corazón se aceleró, y en ese momento se recriminó el no llevar su arma consigo. ¿Y si quienes venían en ese vehículo eran miembros de "Smash"? Lo más probable es que si lo fuera, estén ahí únicamente para darle un tiro entre ceja y ceja y dejarlo ahí tirado en la acera.

— "Hola Marth." —

O quizás no fueran ellos.

— "Hola, Lucina, Chrom." —los saludó el peli azul con una sonrisa. Últimamente se encontraba bajo mucho estrés, lo cual, al parecer, le hacía imaginar cosas. «Mira que confundir el auto del jefe con el de algún bandido mafioso...» se recriminaba mentalmente.

— "¿Quieres que te llevemos?" —preguntó el mayor. — "Nosotros también vamos al trabajo."

— "Sí, gracias." —

Dicho esto, se subió al asiento trasero del auto y este arrancó. Mantuvo una plática tranquila con su jefe y su hija –quienes tenían un parecido sorprendente con él–, hasta que a los pocos minutos llegaron a la estación en la que trabajaban.

Bajaron del vehículo y se dispusieron a ir cada uno a su respectivo departamento de trabajo.

— "Ya sabes, Marth. Si Ike llega a dejarte abandonado por la mañana, no dudes en llamarme. Iré a verte enseguida." —sonrió la chica al despedirse del peli azul.

— "De eso nada, Lucina." —la voz de Ike llegó vaya uno a saber de dónde, apareciendo este poco después junto a Marth. — "Yo me encargaré de ir a verlo."

La joven rió antes de alejarse, moviendo la mano en señal de despedida y murmurando un «No me vayas a morder, Ike. Ya sabes que no te quiero quitar a Marth, él es como mi hermano.»

Después de que la chica se hubo ido, Ike puso a Marth al día con lo que había estado averiguando, lo cual no era mucho, a decir verdad.

— "Bien, hay que seguir investigando." —propuso el peli azul, poniéndose serio, tal cual su trabajo demandaba.

Ike asintió y fue junto a Marth e dirección hacia su oficina, la cual se encontraba algo revuelta y con un montón de papeles desperdigados en el escritorio y alguno que habían tenido la mala suerte de terminar en el suelo.

Aunque justo antes de que pusieran un pie dentro del desordenado lugar, los detuvieron.

— "¡Lo tengo!" —

Se dieron la vuelta, encontrándose frente a frente con un chico de aproximadamente la misma edad de Marth, de cabello rubio largo, ojos azules y apariencia andrógina, que llevaba puesto el mismo uniforme que traía Ike y una carpeta azul de cartón en las manos.

El joven respiraba algo irregular, probablemente por el hecho de haber recorrido casi todo el edificio buscándolos, y bajo sus ojos se podía apreciar unas acentuadas ojeras, signo de que no había dormido absolutamente nada en, probablemente, varios días.

— "Señor" —se irguió el rubio apenas recuperó el aliento, saludándolos con una sonrisa.

— "¿Sucede algo, Lucius?" —preguntó Marth, devolviéndole la sonrisa, algo que Ike no hizo pero que al chico no le molestó en lo absoluto, después de todo ya sabía cómo era el mayor.

— "Lo encontré señor" —respondió tranquilamente, extendiéndole la carpeta que traía en mano. — "Estas son las direcciones del vehículo que me pidió rastrear. Están todos y cada uno de los lugares que frecuenta y los horarios en lo que lo hace."

Ike tomó la carpeta y le echó un vistazo, esbozando una pequeña sonrisa. Marth se asomó a su lado, ojeando también el contenido de la carpeta.

— "Sorprendente... Eres genial, Lucius." —dijo el peli azul, palmeándole el hombro al rubio. — "Gracias."

— "Es mi trabajo. No tiene que agradecer" —

— "Deberías retirarte por hoy." —murmuró Ike, sin quitar la mirada de las hojas que tenía en mano. — "Se ve que no has descansado bien últimamente."

El rubio negó suavemente con la cabeza, empezando a retroceder.

— "Iré a dormir en cuanto hackee lo que Chrom me pidió." —levantó la mano en despedida y se retiró.

Ambos se despidieron de él con un gesto de mano y entraron a la desordenada oficina. Marth tomó los papeles que se hallaban en el suelo y los colocó en el escritorio, disponiéndose a poner en orden todo cuanto ahí había. Entretanto Ike se sentaba en su silla y se disponía a seguir revisando lo que Lucius había estado investigando para él.


En la cafetería que se encontraba a media cuadra del lugar de trabajo de los dos agentes, un calmado Robin tomaba café junto a Red, quien observaba a la estación de vez en cuando. Llevaban al menos un par de horas en el lugar, y la hora del almuerzo había llegado. Pero ni el uno ni el otro tenían intención de moverse de ahí hasta que sus respectivas presas saliesen. Y para no parecer demasiado sospechosos por quedarse en el lugar tanto tiempo, mientras estuvieron ahí habían estado analizado unos planos que Robin había traído consigo.

Al final, veinte minutos después salió quien se habría de convertir en la presa de Red, el joven agente del departamento de investigación, Lucius.

— "Nos vemos después, Robin." —se despidió el pelinegro, avanzando hacia la salida y acomodándose la gorra.

— "Nos vemos." —contestó con una afable sonrisa, la cual le fue devuelta por parte del de gorra.

Robin se quedó en el mismo lugar hasta que vió salir a Chrom y a Lucina, quienes probablemente salían a comer. Pero él no se movió, ellos no eran su presa.

Harto ya de estar en el mismo lugar, pagó lo que había consumido –dígase dos tazas de café y un par de rebanadas de pastel, más la taza de café y el par de donas que se había comido Red–, y salió en dirección a su auto, el cual se hallaba aparcado a un par de metros al frente.

Entró en el vehículo y esperó ahí.

Poco después lo vió salir. Lo siguió con la mirada.


Marth cruzó con cuidado la calle, yendo directo al puesto de comida que se hallaba justo frente a la estación. Como de costumbre, pidió dos almuerzos para llevar.

— "En seguida se los traigo." —sonrió la cajera, llevando el pedido hacia la cocina.

A los pocos minutos ya estaba de regreso con dos almuerzos bien empacados. Como ya era acostumbre que Marth vaya a ver la comida, la dueña del local siempre le tenía su almuerzo listo para que el peli azul no perdiese tiempo esperando.

— "Aquí tiene." —sonrió la peli verde, entregándole su comida.

— "Gracias, Palutena." —se despidió Marth, luego de pagar ambos almuerzos.

Salió del local, sin prestar mucha atención a su alrededor. En realidad su mente se hallaba ocupada en otras cosas, referentes a su trabajo.

Dio un rápido vistazo a ambos lados de la calle y cruzó.

No pudo hacer mucho al ver a un carro arrancar a unos pocos metros de dónde se encontraba y acelerar en dirección a él. Como pudo se movió un poco antes de que la parte delantera derecha del auto impactara contra su cuerpo.

El impacto lo envió directo a la vereda, en la cual quedó tendido. Un fuerte dolor invadía toda su caja torácica y sus extremidades derechas. Sin contar con el agudo dolor de cabeza.

— "¡Marth...!" —

Escuchó ese grito desesperado desde una de las ventanas del tercer piso.

«I-Ike...»


Chan chan chan :v ¿Qué tal?

¿Marth se salvará?

¿Alguien habrá anotado la placa del auto que quiso llevarse de corbata a Marth?
¿Samus y Pitwo seguirán espiando a Lucas?

¿Chrom y Lucina regresarán pronto de comer? :v

¿Lucius sobrevivirá al ataque de Red? :'v

Como dato adicional y que a nadie le interesa -probablemente- :'v, Lucius es una de las unidades de Fire Emblem: Rekka no ken. :v Joder, lo amo. Es mi unidad favorita -y también la más fuerte y bonita que tengo :v-, no pude resistirme el ponerla aquí :'v.


Contestando el review [los dos, de hecho], que me llegaron, debo decir:

¡Gracias Sheika 360! Me alegra que te haya interesado mi fic :D En serio, me hace muy feliz. Y trataré de no olvidarme de subir los capítulos.
¡Gracias por comentar! :3


En fin. Gracias por leer :3