Nota: Después de 2 años, la aventura no termina. Este capitulo será algo corto. Y está únicamente dedicado a Cedric.


Capitulo 4: A los amigos

Las luces de la habitación estaban apagadas. El eco de los grillos del jardín se podían oír claramente. Quizás porque las ventanas estaban abiertas y esa noche en particular parecía más calurosa de todas las que recordaba. No podía creer todo lo que en menos de un mes había ocurrido. Se sentó al filo de su cama, la noche era extremadamente calurosa, únicamente llevaba puesto unos pequeños pantaloncillos, aún así sudaba como si hubiera corrido kilómetros bajo el sol de medio día. Su padre le había regalado un pequeño ventilador muggle, el cual usaba energía mágica, se paró delante de el con la esperanza de templar su organismo. Quizás sería mejor salir y tomar agua, pero tenía miedo de despertar a sus padres. El piso era de madera, y estaba seguro que su madre teniendo el sueño ligero y los nervios aún a flor de piel, se levantaría y no descansaría hasta verlo dormir en su cama. No estaba acostumbrado a tanta atención, siempre se creyó independiente. Pero entendía que había regresado de la muerte y sus padres también. Resopló, miró a su escritorio, una pequeña luz comenzaba a brillar. Se acercó con cuidado, era el saco de cartas que le habían llegado esa mañana. —"Lumus"— sacudió su varita. No había abierto ningún saco de correo porque las cartas que le llegaban eran de brujas y magos alrededor del mundo ansiosos de saber del mundo de los muertos. La mayoría de personas preguntaban temas relacionados a si había visto algunos de sus familiares en su larga visita al mundo de los muertos. Abrió la bolsa con cuidado y llegó hasta la carta que emitía la luz. La letra era extremadamente familiar.

Con su dedo meñique abrió el sello de cera que llevaba la carta.

Querido hurga narices:

Si todo lo que dicen es cierto, si es que Salazar Slytherin no está jugando una mala pasada por alguna vez prometido ser tu amigo, entonces deberías estar en Dubái, Cancún o Hawai gozando de la nueva vida que Merlín ha escogido para ti. Porque de seguro estás alejado del flash de las cámaras, ¿ seguirás en Londres? No creo que tu insensatez haya perdurado. No después de haber estado cuatro años oficialmente muerto. Porque esa sería la única razón para que no me escribieras inmediatamente. ¿ A quién quiero engañar? Puedo apostar todos los dedos de mi mano a que estás en tu antigua recamara, con solo la luz de tu varita alumbrándote, porque como siempre (como recuerdo) no quieres despertar a nadie en casa.

No me enteré de las noticias por los periódicos, ni por las revistas de corazón… Me lo dijo Scot Summers. Ese Hufflepuff amigo tuyo, el mismo que no podía soportar cuando te visitaba en la casa de tu madre. Llegó corriendo a mi oficina. No sé como se enteró que estaba Fiyi. Es más no sé como hizo para llegar hasta acá. Me abrazó ¿ Te puedes imaginar?. Me dijo que habías regresado vivo. Inmediatamente pensé que era imposible. Yo mismo vi como tiraban tierra sobre tu ataúd. Pensé que tu buen amigo ya había quemado todas las pocas neuronas que tenía. Pero me entregó el Profeta. Y ahí estabas tu, con tu cara de Pijo. ¿Cómo era posible? Leí la nota y me di cuenta que tu nombre aparecía al lado de Granger. Verás… Creo que debes saber esto, Pero si pones cualquier cosa imposible a realizar física o mágicamente al lado del nombre de esa mujer, entonces ya no es imposible. Fue ahí cuando Summers me contó otro dato interesante. Te tienen en cuarentena, como una rata de laboratorio. Me enteré de todo esto hace aproximadamente una hora porque al parecer Summers no tenía ni puñetera idea donde estaba (ahora que lo sabe probablemente deba cambiar de dirección). No sé muy bien que contarte ni decirte. Tu eras el muchacho sentimental de los tres, yo el inteligente.

¿Sabes algo? Escribir esta carta me resulta tediosa. Mañana tomo el primer transportador de Fiyi a Londres, Seguramente llegaré en la madrugada. Espérame. La luz de la carta te dirá cuando esté por tu ventana.

Nos vemos.

A. Pucey.

Efectivamente unas pequeñas luces, del tamaño de luciérnagas mágicas salían del pergamino. La carta no era ni más ni menos que de Adrian Pucey, su mejor amigo de la infancia. Aunque no fueron precisamente los mejores amigos en Hogwarts hubo una época en su infancia dónde no podían estar separados más de media hora. Todo cambió el día que los sortearon en casas diferentes, y aunque prometieron nunca dejar de ser amigos, la distancia pasó de por medio.

Claro cada vez que se veían se hacían las mismas bromas, los mismos sobrenombre, los mismos insultos cariñosos.

Sintió una presión en su garganta. Desde que había llegado tenía la impresión que su muerte había cambiado el curso de varias vidas. Los aurores le habían prohibido la salida de su casa hasta que acabaran las investigaciones, y las visita a su hogar eran supervisadas por el ministerio. Todo eso hasta que pudieran resolver la complejidad de su llegada al mundo de los vivos. Mientras él sólo mantenía contacto con Granger y es que amablemente le había propuesto ayudarlo con los exámenes que no tomó en su sexto y séptimo año por obvias razones, pero de la presencia de Granger y de su significado era algo de lo que no quería ni siquiera ponerse a pensar.

Respiró pesadamente en cualquier momento llegaría Adrian. ¿Qué pasaba si la guardia del ministerio se enteraba? Se encogió de hombros.

Abrió las cortinas de habitación, todavía no veía señales de Adrian. La ventana de su habitación daba directo a su jardín. Su casa se localizaba en un vecindario mágico a las afuera de Londres. Su familia no era peculiarmente rica, pero su madre pertenecía a una de las familias sangre Pura más antiguas de todo Londres y Gales. Fue una catástrofe cuando una noche Beatriz Bones le dijo a sus padres que se casaría con Amos Diggory, un Hufflepuff, hijo de un brujo granjero. Que aunque acaudalado no satisfacía las necesidades de una señorita de alto rango. Al casarse su abuela, les regaló la casa donde el creció y una pequeña fortuna para que pudieran mantenerse mientras los dos intentaban hacer carreras por separado y una familia. Aún así su madre seguía algo distancia de sus amistades Slytherin y por supuesto de su abuelo.

Cuando él nació, Todo rencor o animadversión entre los Diggory y los Bones quedó disuelta. Es más él fue llamado Cedric, como el padre de su madre. Iba todos los días a la casa de sus abuelos, mientras sus padres trabajaban en el ministerio. Ahí vecinos de sus abuelos, en una casa que más parecía un castillo. Vivián los Pucey. Una familia anticuada. Según su madre ella estaba prometida para casarse con Augustus Pucey, pero él no era precisamente encantador, era lo opuesto a Amos Diggory. El padre de Adrian tomó como una ofensa personal faltar al acuerdo nupcial , por eso prohibía cualquier interacción entre Adrian y el, lo que hacía más divertido sus tarde de aventuras. Por otro lado, la madre de Adrian era, según su modo de ver ,el calco de su propia madre. Las dos eran de mediana estatura, rubias como los rayos del sol y con rasgos finos, propios de la aristocracia Sangre Pura. Pero había una similitud que a veces lo asustaba. Las dos tenía el mismo timbre de voz. La señora Pucey no le importaba que Adrian y el jugaran hasta anochecer, es más los solapaba ante su padre. Fue una verdadera pena enterarse de su muerte su quinto año. Cedric recordó que se quedó todo el día con Adrian sin decir una sola palabra, si bien para ese entonces no eran los amigos que solían ser, estaba claro que siempre estarían el uno para el otro. Además recordándolo mejor, Adrian no lloraba con nadie, con nada. El único día que vio como una lágrima traviesa se escurría fue en la tarde del sepelio de la señor Pucey.

Cedric respiró hondo. Todavía no había rastros de Adrian cerca, pero la luz del pergamino se hacía constante. Como señalando que había señalado en su carta. Estaba por inclinar su cuerpo hacia la ventana, cuando sintió una mano sobre su hombro, volvió la vista atrás y ahí estaba él : "Adrian: Tres dientes Pucey". Obviamente no estaba como lo recordaba, no. Definitivamente Adrian había crecido esos 4 años de ausencia, al menos unos centímetros, casi lo había alcanzado. Su cara antes delgada y juvenil había madurado, adquiriendo más presencia muscular en el contorno de sus mejillas. Pero sus ojos de niñato pijo, seguían iguales. El tiempo había pasado, y en eso momento lo comprobaba de primera mano.

— Te ves acabado…— dijo Cedric sonriendo apenas al reconocer la mata rubia de su amigo.

— Mierda… eres tu…— Adrian se quedo sin aliento unos segundos, trató a armar una palabra más, pero solo se rindió a darle un abrazo a quien pensaba que había enterrado el 30 de Junio de 1995. Era la primera vez en mucho tiempo que Adrian le daba un abrazo, no por lo de estar muerto, si no desde que fueron sorteados en casas diferentes. Cedric cedió al abrazo. Sintiendo que su amigo después de un segundo se quebraba en un movimiento, su respiración se entrecortaba. Cedric entendió todo con más espesor el momento que sintió mojado sobre su hombro. El rubio de ojos color caca, como solían describirse, se alejó de Cedric.

— ¿ Qué carajos te pasó?— La voz de Adrian seguía rota, sus ojos rojos. Las manos de su amigo palpaban su rostro como queriendo cerciorarse de que no estuviera alucinando. Ver a Adrian así le hacía entender lo que su muerte había echo en su mundo.

Sonrió de lado, si era sincero con él mismo él tampoco sabía que había pasado en esos cuatro años. Tenía algunas ideas sueltas por sus entendederas pero nada en concreto. Ella, la que no quiere nombrar, tenía mejor idea de lo que le pasaba. ¿Por qué diablo no podía recordar nada en concreto de esos cuatro años muerto? Para él solo habían pasado unos minutos desde que la luz verde había golpeado su pecho para luego despertar en el ministerio.

— Ya sabes… me mataron, el que no debe ser nombrado lo hizo — dijo con voz determinada, todavía sintiendo las manos de Adrian sobre su cabeza, quien parecía tratar de recordar cada detalle de su cuero cabelludo.

— Se llamó Voldemort, Cedric, no me vengas con niñerías… has revivido— Los ojos de Adrian parecían algo distraídos en él más en lo que decía. No entendía muy bien esa manía de llamar a "el que no debe ser nombrado" por su nombre, hasta el momento de su muerte todos le llamaban así. Y si bien antes hubiera contemplado la idea de llamarlo por su nombre de pila, después de ver lo que hizo con la vida de sus padres para él era casi imposible. Le costaba tener la misma valentía con la que murió. Adrian volvió a abrazarlo. Hubo algo en el gesto que le hizo recordar la navidad de 1988, la última vez que pasaron juntos fiestas haciendo travesuras.

— Parece que no seré más el amigo sentimental.— No supo en qué momento preciso el también había comenzado a llorar.

—Solo falta el idiota de Scot Summers, cuando se entere que he estado acá se pondrá verde.— El Slytherin sonrió aún con lágrimas en los ojos… lo que hacía que Cedric tuviera el dolor acumulado en la garganta. —Míranos parecemos dos niñitas Hufflepuff— Volvió agregar Adrian.

—¡Hey!— Cedric pego su cabeza, como en los viejos tiempos. — ¿ Cómo llegaste a pasar las barras de seguridad?— Preguntó por fin se parándose más para tener completo panorama de su mejor amigo.

— oh, hace unos años tu padre me dio la llave de tu casa. Nunca se las devolví. Además soy tercer asistente adjunto al ministerio de misterio. Tengo conexiones— Sonrió sentándose por fin al filo de su cama.

— ¿ A sí que te vendiste al sistema?— Cedric se cruzó de brazos mientras reía abiertamente.— Un momento ¿trabajabas para el ministerio y no sabías que había regresado hasta hace unas horas?— Lo miró incrédulo.

— ¡Perspicaz! Parece que tus neuronas no estaban muertas. Bueno la verdad es que estoy faltando a mi trabajo… pero me vale un reverendo pepino… veras estaba trabajando de infiltrado como muggle en Fiyi. Supuestamente no debo mantener contacto mágico para seguir en el personaje. No sé como hiso Scott para ubicarme, pero me alegra que lo haya hecho…— Los ojos de su amigo ya no estaban vidriosos. Ahí estaban los dos nuevamente en su habitación, como si tuvieran 9 años nuevamente.—¿Cómo es posible que estés acá Mocos? ¿Cómo?— preguntó nuevamente Adrian.

Respiró fuertemente, y se sentó a su lado. —Hermione Granger— dijo a modo de respuesta. — Ella… me trajo…es complicado….— Se rascó la cabeza. Adrian pareció sonreír de lado.

— Bueno, es cierto. Pero debes de intentar contarme algo… Lo que leí es que Granger cruzó el velo en una batalla en el ministerio y regresó contigo ¿cierto? Según lo que leí en un informe antes de venir ninguno de los dos sabe nada— Acotó el rubio.

—Sí, esa es la versión oficial… pero… demonios Adrian, es más complicado. Cuando Granger despertó me salió con algo que realmente no sé como tomarlo.—Miró atentamente la posible reacción de su amigo, pero antes que el pudiera armar una palabra Adrian ya estaba hablando.

—… Eres su alma gemela— La mueca del rubio era triste, casi vacía.

—¿Ah? ¿Cómo?...— Sentía la Garganta seca.

— Mi madre… era de familia Islandesa…En las noches antes de dormir, especialmente cuando mi padre se ponía ya sabes… borracho. Me contaba una historia que hablaba del Velo… Ella decía que éramos descendiente de Dorkas y Gala. "Los que regresaron"…Mi mamá me contaba historias cursis, pero se llevaba el premio. Es la única pieza que creí que encajaba, no muchas personas saben de esos cánticos

— Interesante…—

—¿qué fue lo que te dijo ella?—

— Te lo resumo: " Cedric, no se si te acuerdas de mi, creo que te traje porque eres mi alma gemela… pero podemos ser amiguitos, vamos a estar siempre juntos"— sujetó su rostro con las dos manos.

— Oh una grupie…— Adrian pego una carcajada — Hasta en la otra vida te pasa eso… desgraciado …. Un momento… estamos hablando de Granger.— ladeó su cabeza a un lado.—¿Granger no estaba enamorada de Potter?—

—¿Tu lo sabes?— Sintió que todos los vellos de su espalda se erizaban.

— Todo el mundo mágico lo sabe… es imposible no darse cuenta. Te lo dice alguien que ha estado alejado de las revistas de corazón desde hace años— Era cierto, Adrian era lo opuesto a su padre Amos. Sintió que su estomago se revolvía, de pronto se estaba sintiendo enfermo. —oh.— suspiro intentando no bajar la mirada. No estaba sintiéndose bien, sentía como si de pronto hiciera mil veces más calor.

— oh… ya veo— Adrian lo miró y sonrió.

— ¿Por qué pones esa cara?—

— Porque Granger te gusta, ¿o me equivoco? Por eso te molesta que ella te pida ser solamente amigos, porque te gusta.—

— No sé, no puede ser normal… la veo y todo se detiene, es ridículo. ¿Alguna vez has sentido tu corazón latir tan rápido que piensas que en cualquier momento te vas a morir? Bueno así me siento cuando la veo. "T.O.D.O.S. L.O.S. D.I.A.S"— Enfatizo las palabras con algo de desesperación. Adrian asentía interesado.— … es preciosa, yo… no reacciono como quisiera… la ansiedad … mierda…—Estaba hablando demasiado rápido—… Y luego viene y me pregunta cosas: "¿Quieres que te lo repita?". Cada vez que viene es lo mismo , solo ayer no pude hacer un protecto decente por mirar sus piernas... Por Merlín estoy seguro que piensa que soy un idiota.

— Bueno en su defensa lo eres… ¿Viene a verte? No entiendo nada…— Adrian dio unas palmadas a su espalda.

— Sí, en San Mungo me dijo que las almas gemelas estaban destinadas a estar juntas porque si no podrían morir, por su reacción pensó que yo tendría miedo… o algo así, no le dije nada… cuando me dijo que sería mi amiga me ofreció a ayudarme a pasar los exámenes que no pude dar. Según entiendo es la manera más sana de vernos, tener un tema de conversación, ya sabes… pero simplemente no puedo resistir la tentación de tocarla, hace dos dias me quede un minuto oliéndola mientras ella me hablaba de la importancia de Copernico en la astronomía ¡OLIENDOLA!… Merlín, parezco un idiota… yo nunca tuve este problema… Era sencillo me gustaba una chica.. bum.. ya estábamos. Así sencillo— No supo desde que momento su mejor amigo se estaba riendo. La habitación seguía oscura, pero la sonrisa de su amigo la iluminaba, estaba pasando un buen rato a cuestas de su pesar.

— Pero dime ¿Qué te molesta más? ¿ Qué estén unidos de por vida por algo que no entiendes o que Granger parezca inmune a tu cara de pijo? — su sonrisa era una caricatura.

— Me molesta saber que estoy unida a ella, es decir… ¿Almas gemelas? ¿No te parece muy denso? Pero cuando me mira me importa poco si estoy hechizado, lo único que quiero es tocarla, no es normal. ¿Y ella? Ella no parece importarle, como si nada. Te pongo un ejemplo, hoy en la mañana llega a mi casa. Con ese maldito vestido muggle… que… ¡ay! …— por esa razón no le gustaba recordar a esa chica, el mismo se desconocía, pero su mejor amigo parecía demasiado entretenido viéndolo, no dijo nada, no quería perder la ilación de sus ideas. — Me dice que deberíamos practicar algo de defensa contra las artes oscuras. Me estaba enseñando la posición en que debía sujetar la varita para un patronus corpeo, y se me paró… mierda, una erección con solo sentir su mano en la mía. Salí corriendo…— A este punto Adrian ya estaba llorando pero de risa.

— No es gracioso, estuve en mi baño por quince minutos…— Adrian rodaba sobre su cama sujetándose la barriga riendo a carcajadas.— La única manera de bajarme fue imaginándome a McGonagall…— Adrian se sentó quitándose las lagrimas que tenia en los ojos.

—regresaste de entre los muertos para ser un humano más— el rubio se sacó otro lagrima —¿ ella no se dio cuenta?

— creo que no… Me mira sonríe, recoge su cabello y me pregunta si entendí lo que explica, pero sinceramente no me puedo concentrar , no creo que se halla dado cuenta. — rascó su cabeza.

— Has perdido el toque… Cedric, pero eres afortunado. Porque vas a ahorrarte años en escoger a la indicada. Está justo en tus narices, tu cuerpo lo sabe… solo falta que vayas aceptándolo…

— Nunca me había sentido así, ni con Cho… por cierto me dijo mi padre que fuiste a su boda— dijo Cedric mirando el rostro ya sereno de tu amigo

— Sí. Se casó con un muggle… creo que hace unos meses dio a luz…— contestó linealmente.

— todos hacen sus vidas… pero yo siento como si hubiera perdido la mia. Temo que lo único que me haya traído hasta acá sea Hermione… me molesta, pero al mismo tiempo me llena de placer verla… es contradictorio, todo adquiere otro sentido cuando está junto a mi. Y me asusta.

— Usualmente diría, "solo vives una vez" pero tu has ya has estirado la pata una vez así que solo te diré que vivas. Bésala, sácale los sesos por la boca. No pienses demasiado. ¿Qué tienes que perder? ¿qué se aleje? Si lo que mi madre me contó es cierto, por más que quieran no podrán, es un lazo de vida y muerte.— dio unas palmadas en su espalda mientras sonreía. Cedric aclaro su garganta con una tos. Pensó que era cierto, no podía estar dándole vueltas a la misma situación. Ya casi no podía dormir por pensar en ella, o mejor dicho por extrañar el contacto de su piel. ¿ Cómo era posible si la veía todos los benditos dias? Pero no importaba cual fuera la lógica dentro de toda esa situación, lo único que quería era sentirla y tenía que hacer algo al respecto.

— tienes razón, tengo que hacer algo al respecto— susurro más para él que para su amigo.


Nota:

Este ha sido el capitulo de una sola escena, consideré que era importante que Cedric tuviera un espacio para repensar su situación sentimental, pero sobre todo encontrar un ángulo poco trabajado, su relación amical. Incorporé a Adrian Pucey como su mejor amigo, porque me gusta emplear personajes ya existente en la trama. Quería un amigo de la infancia entrañable que despertara el adolescente que es.

Como verán estoy recuperando mis historias poco a poco. Probablemente este actualizando un par de historias más y publicando un one shot en el transcurso del mes.

Saben que sus comentarios son mi gasolina.

Espero leerlos pronto.

Les mando un abrazo del tamaño de Júpiter.

Dlila