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Nuestro cielo

Capitulo 5: Como se entra al cielo

Nadie le había preguntado cómo se sentía, si había dormido bien, si tenía hambre, si estaba angustiado o si únicamente estaba cansado. No, nada de eso pasaba desde que Hermione se fue, desde que ella murió por primera vez. Sintió como el nudo en su garganta se abultaba más y más con el solo recuerdo de la castaña. Tomó un sorbo de su té negro, en la misma taza que ella le había regalado cuando ascendió de puesto en el escuadrón. El olor a canela le recordaba su perfume, eso era bueno, de alguna manera. No sentía su ausencia lacerar sus pensamientos como antes, eso era un avance al menos. Dejó la taza sobre su escritorio, al costado de los papeles que anteriormente estaba revisando y fijó su mirada a la ventana de tres metros que estaba detrás suyo. ¿Por qué todo le salía mal? ¿Por qué no podía atinarle a nada últimamente? Estaba seguro que Cho sería de gran ayuda, pero su falta de interés en los diarios de cotilleo le habían pasado la factura. Chang se había casado con un muggle casi por los mismo meses que él lo había con Ginevra. Y hasta había tenido un hijo… Un hijo Respiró hondo. La idea de tener un hijo, sangre de su sangre, le hacía creer que el "vivieron felices para siempre" era una estrategia de mercado, un vil engaño de la vida.

Ginny, su esposa. Era una mujer bella, audaz, risueña… no se merecía lo que estaba haciendo. No, no la engañaba. Él nunca había deshonrado la figura de su esposa tocando otra mujer, pero sí añorando a otra. Pero ella siempre lo supo, siempre supo que su alguna vez mejor amiga estaba enamorado de su esposo. Y de alguna manera no le importo. Sabía que había sacrificado su familia, sus sueños e intereses solo por él. Ginevra y todo las personas con dos dedos de frente sabían que Hermione estaba enamorada de él. Todos menos él. El día que ella atravesó el velo, el día que se proclamó su supuesta muerte, era él quien recibía el pésame. Inclusive de los propios Weasley. ¿Acaso ellos también lo sabían? Bueno eso podría explicar porque el día en que ella regreso ningún miembro de la familia la visitó, con la única excepción de George. Respiró hondo. Todo el mundo sabía que su mejor amiga Hermione Granger estaba enamorada, al borde de la locura, de él. Su pecho se hundió ante el solo recuerdo de su ultima conversación. Ella creía que él lo sabía. Ella estaba seguro de aquello. Pero siendo completamente sincero con él y todo lo sagrado que pueda existir en el mundo, no. El no tenía ni la más puñetera idea. Idiota, claro que lo era. Insensible, jamás.

Ahora no tenía nada, nada de nada. Los sucesos de la semana estaban impregnados en su cerebro como escenas de películas de bajo presupuesto. Escenas ridículamente dolorosas de ver, de mal gusto. El día en que le contó a su pelirroja esposa que él, el gran Harry Potter no podía tener hijos con ella, porque simplemente no era la mujer para él, no era su alma gemela. Y él sabiendo de matemáticas elementales sabía perfectamente quien era la siguiente candidata. — "Estas hablando tonterías, Harry. ¿Cómo puedes creer en las palabras de una loca?"— le había dicho su esposa en la cocina, su cabello parecía querer convertirse en fuego, por la efusividad de sus palabras. Él se detuvo a mirarla un par de segundos, ella no se merecía esa escena. La quería, fue su primera novia, una buena amiga y compañera. Pero carecía de algo, algo que no sabía que era. El sexo era bueno, pero intuía que ese tipo de experiencias no siempre pueden ser vacías. Intentó decir algo inteligente, algo que ella pudiera entender sin oponerse. —"El día que te pedí la mano ¿recuerdas? Te pedí ser la madre de mis hijos, pero eso no va a pasar Ginny, porque no se puede."— Recordó haberle dicho, sus ojos azules comenzaban a hacerse más y más rojos. —"Aún si fuera cierto, aún si no pudiéramos tener hijos. ¿Por qué me pides esto? ¿Por qué? ¿Es que acaso solo te servía para eso, para tener hijos? Existe la adopción Harry"— Estaba comenzando a llorar y él también. Ella no merecía eso, quizás ella no estuvo con él desde el inicio, quizás no era Hermione. Pero claro que la quería y se notaba que le importaba. Pero viéndolo desde otra perspectiva no sentía el fuego inicial por dentro, no la añoraba ni pensaba en ella. Aún si pudiera darle hijos, el no veía una vida con ella, no después de haber perdido a Hermione. No después de haber conocido como era vivir un día sin ella. —"¿Por qué?"— volvió a preguntar. Harry se paro para darle un abrazo, pero ella inmediatamente lo rechazó. —" Te quiero Ginny, siempre lo haré. No me importaría adoptar"— le dice Harry con voz quedada, cada vez más parca. —"¿Entonces?"— preguntó ella nasalmente. —"pero como te conté, el problema no está en tener hijos o no. El problema está en que no eres mi alma gemela."—dijo mirándola a los ojos con dolor contenido. —"Y tu le crees a cualquier bruja que …"— empezaba a mover sus brazos en todas las direcciones mientras las lágrimas caían al suelo. —"No porque me lo dijo. Es porque lo siento"— la interrumpió casi gritándole. Ella se quedo casi estática.

—"Te quiero Ginny, pero no te amo. No te amo como te mereces"— sacaba las palabras por pucheros. Pero ella no parecía procesar la información. Él vio como ella se secaba las lágrimas con rudeza.

—"Tiene que ser por Hermione… ¿verdad? ¿Ella te lo pidió?— El sintió como en el fondo de su estomago se formaba un agujero negro. Agachó la mirada y negó con la cabeza. — "Claro, tu… tu estás así porque ella… porque ella murió por ti. Y regresó… regresó por ti y tu crees que ella… siempre fue indicada y no fuiste capaz de verlo… Hasta yo lo creo."— La rapidez con la que su esposa procesaba la información lo sorprendía.

—"Ginny, tu sabes perfectamente que ella nunca haría algo así… ¡Es Hermione! Ella misma me ayudó a escoger nuestro anillo, ella misma fue quien me ayudo con los votos matrimoniales…. Ella nunca me pediría nada que te lastimara"— Pero aún así ella lo quería y el no se había atrevido a verlo.

— "Me dejas por ella, lo sé. Está tatuado en tu frente"— Simple pero cierto, el no se atrevió a negarlo. Ella asiente. — "No hacía falta que metieras el rollo de Magnolia Rich, Harry, te acabas de dar cuenta que estas enamorado de ella. ¡Por Morgana! Yo siempre lo supe, algo dentro de mi lo sabía… pero… parecías tan convencido de lo nuestro que me lo callé…"— a ese punto sí que le dolía escucharla, era el dolor encarnado en una mujer. Quiso decir algo, pero las palabras no abandonaban su boca. ¿Además que podría decir? Sí todo lo que estaba diciendo tenía toque de verdad?. —"No te preocupes Harry, en cuando me envíes los papeles te los firmo"— dijo estallando en lágrimas aún más fuertes que las anteriores. Harry intentó alcanzar su brazo para darle un abrazo, pero ella desapareció inmediatamente.

Y ahí estaba él, con los papeles de su divorcio sobre la mesa, Ginny había firmado cada uno de los papeles. Ella se quedaría con el departamento y una cantidad de dinero y él tendría la libertad de acercarse a Hermione sin el cargo de consciencia. Aún faltaba de firmar el último papel antes de volver a la liga de los solteros otra vez. Tomo su pluma número cero punto cinco, la misma que Mione le había regalado el día de su decimo noveno cumpleaños. Con rapidez meneó una firma sobre el final de la última página. Todo estaba consumado.


Hermione paso los dedos sobre el estante de madera donde ponía su colección de libros, podía distinguir la suciedad convencional propia de los libros cerca de la ventana. Limpió con esmero el pequeño cumulo de pelusas que estaban en la superficie de madera. No sabía si era su impresión o cada vez menos toleraba la suciedad. Todo debía estar perfectamente ordenado y limpio, era casi una nueva obsesión. Estaba en el pequeño departamento que había alquilado, no era tan grande y céntrico como el anterior, pero al menos estaba en el mismo barrio en que vivía Cedric. Suspiró, ya eran las doce del día y él aún no llegaba. Mordió sus labios en señal de impaciencia, miro el reloj sobre la pared y resoplo. Ella no estaba para eso, es decir no quería estarlo. Ya no era una mocosa, por Merlín. Al menos ella no se consideraba ninguna niñata enamoradiza. Sin embargo ahí estaba mirando con impaciencia el reloj colgado en la pared. Se miró al espejo, buscando comprobar que todo estaba perfectamente con su cara. Sonrió nerviosa. —"Solo voy a enseñarle pociones, nada grave"— aplanó su vestido azul y quitó las pelusas de su vestido de algodón.

El timbre de la puerta sonó, con la misma paciencia intranquila que tenía desde que lo conoció corrió a la puerta, vio por el huequito si efectivamente se trataba de él. Sus instintos no le fallaban, esos ojos platas eran inconfundibles. Al menos en las ultimas semanas se había titulada en especialista de la anatomía facial de Cedric Diggory. Abrió la puerta, su sonrisa iluminaba más que él mismo sol de verano, —"Viene a estudiar"— Una voz parecida a su profesora de trasformaciones le reprendió. Pero no le hizo mucho caso.

— Hola. Es bueno salir del radio de los aurores al menos por unas horas— dijo él entrando a su departamento. Cedric era tan o más alto que Ronald, sus cabellos castaños daban la impresión por un momento de volverse dorados. Sí no lo conociera hubiera pensado que era la versión Femenina de una Veela suprema. Aclaró su garganta tratando de que la voz no se desviara.

— Supongo que por eso te demoraste— le dijo sonriéndole de lado. El pareció mirarla por unos pequeños segundos, su pecho se contractura en la inhalación, pero su boca forma una mueca parecida a una sonrisa —Sí, les dije a los aurores que me custodiaban que no era necesario que me acompañaran, pero ya sabes como son… tu mejor que nadie— El caminó hasta la mesa del comedor donde estaban los dos calderones, en los cuales iban a ensayar las pociones.

— Yo no tengo ese problema, saben de lo que soy capaz— dice Hermione cerrando la puerta con cuidado.

— Por lo poco que sé puedes despertar el miedo hasta del mismo ministro..— Cedric sonrió de lado, provocando que su estomago se retorciera. Era ridículo, ¿Qué diablos le pasaba? ¿Por qué se había convertido en la nueva versión de Lavander. Ella sabía perfectamente que el amor no era cosa de una mirada, el amor según su definición eran el resumen de una serie de acciones que procuren el bien del ser amado. No eran miraditas, ni sonrisitas, ni nada de esas "bobadas" sin embargo ahí estaba, parada mirándolo como si Miguel Ángel hubiera bajado del cielo y le hubiera regalado la replica de el David convertido en Cedric Diggory.

Pero más que tratara de reprimir la ola de calor que le provocaba, era inútil. Ningún pensamiento racional podía con lo que estaba sintiendo. Sin rendirse en su propósito le sonrió y le señaló los calderones.

— He oído que te fue bien en los primeros exámenes, Minerva me escribió— Se acerco con cuidado, no quería llamar demasiado su atención, quizás el se haya dado cuenta lo ridícula que se veía tratando de no mirarle directamente a los ojos por el temor de sonrojarse. Las primeras semanas eran fáciles, pero con el pasar de los días, era más difícil. Le observó también desviar la mirada un tanto raro en él. Bueno, Cedric no era precisamente la definición de normalidad. Después de todo nadie regresa de la muerte tras años de su muerte.

El castaño no pareció escucharle estaba demasiado distraído mirando a la ventana que estaba cerca de él. Ella se acercó con cuidado de no hacer mucho ruido, Cedric estaba mirando atentamente las afueras del edificio. Hermione pudo ver al menos una decena de periodistas afuera de su casa. —No se como se han enterado que estoy acá— dijo en un susurro.

— Apenas me dan permiso para poder salir solo a cualquier lado, y ya tengo periodistas detrás mío…— Paso un poco de saliva, esas frases eran tan parecidas a Harry. Harry, era la primera vez en la semana en que su nombre venía a su cabeza, las palpitaciones en su pecho se aceleraron.

—… lo siento, quizás hubiera sido mejor que yo valla a tu casa como lo hacíamos antes— dice mientras toca de su espalda. El se alejo como si le fuera a caer agua del cielo. Ahora que lo recordaba, eso pasaba a menudo cada vez que se le acercaba o le tocaba. Hacía una semana el se había corrido de ella cuando solo había tratado de colocar sus brazos en la posición correcta para un patronus. Definitivamente nada de lo que sentía era reciproco. No dudaba de los buenos sentimientos de Cedric, pero sabía que la verdad: el ser almas gemelas le había asustado. Era perfectamente lógico. El había aparecido con 17 años y de pronto viene una chica que apenas conoce y le dice que es su alma gemela y que tienen que estar en contacto siempre. Ella también estaría de los nervios, pero no, no lo estaba. Porque cada vez que lo veía todo se volvía más bonito, de pronto el ambiente se tornaba cálido, las luces le alumbraban, como si estuviera dentro de un sueño. Pobre Cedric, quizás sería mejor alejarse de él, lo suficientemente para darle espacio, pero sin provocarle el dolor físico de la separación de su alma.

— Lo.. lo… lamento..— las palabras de Cedric se tropezaban entre ellas, rojo como un tomate no quiso mirarla. Lo entendía… pero eso no dejaba de dolerle un poquito. Todo el mundo tiene ego, amor propio. Y ella no era la excepción.

— No.. te preocupes— formo una falsa sonrisa, con más cara de dolor que otra cosa. — Por los periodistas no te preocupes, se irán… y yo puedo aparecerme cerca de tu casa, te puedo llevar…— quiso que el este más tranquilo, pero muy por el contrario, parecía más incomodo que antes, podía ver como una gota de sudor se paseaba por su perfecta frente, "En serio no quiere estar acá" pensó mientras trataba de tener un tema de conversación alejado de lo que estaba percibiendo. Hermione mordió sus labios.

— Hoy le escribí a Slughorn, el fue mi profesor de pociones. Le pregunté por el nuevo temario, la clase de pociones que te pedirán hacer. Me dijo que era vital hacer la Amortentia, el filtro de muertos en vida y por su puesto un análisis de….— Por más que tratara de sonar profesional, abocada al tema Cedric no parecía estar tranquilo, como siempre. Ella hablaba y el miraba a otro lado o caminaba detrás lejos de ella.

— ¿Me estás escuchando?— preguntó con cuidado, Cedric podía apellidarse Longbottom y ella no lo dudaría. ¿Tan repulsiva le parecía? Quizás no, quizás era el hecho de presionarlo a estudiar juntos. Pero sinceramente no se le ocurría otra manera más normal de verse.

— Sí, claro— dijo el tratando de recuperar la postura. Meneando su cabellera para atrás, haciendo que el viento corriera entre sus cabellos. Podía apostar que si le tomaran un foto en ese momento saldría con cara de "babosa" como el animal. Se enojo con ella misma. No le gustaba lo que estaba sintiendo. No era ella. — No, y realmente ya me estoy cansando.— doblo sus brazos. Resoplo indignada. —Quizás deberíamos parar todo esto. Claramente te incomoda mi presencia ¿verdad?—Ahí estaba, la Hermione directa. Así era ella. Todo esas que se sentía podían irse a la mierda. Sí a la mierda. ¿Qué clase de vida sería si no pudiera controlar lo que sentía?

— ¿Cómo?¿por qué piensas eso? Sí te escuché… Debemos estudiar… sí… Snape he.. claro va ser difícil— ¿Acaso él se escuchaba? Severus Snape estaba muerto y por como se estaba comportando él, parecía que a ella se le antojaba de estarlo también.

—No, no vamos a estudiar. Ya me aburrí de la misma rutina. Tu distraído, fuera de ti, no prestas atención a lo que te digo, tienes esa cara como si quisieras salir corriendo de mi. Ya me cansé. ¡Escúpelo Cedric! Dime como te sientes… Quiero la verdad… Porque para tu desgracia vamos a vernos hasta nuestros últimos días y quiero saber cómo y qué piensas— No en vano había pasado los mejores años de su vida en la casa de los leones. Frunció el ceño, todo su cuerpo estaba tenso. Cedric Diggory estaba más que sorprendido, tenía la misma expresión que un gato mojado.

— Yo…lo lamento Granger, sé que soy medio tonto para…— estaba armando su discurso. No había cosa que más odiaba que la mentira.

—¿Tonto? Cedric fuiste elegido como campeón en el torneo de los tres magos, antes de tu muerte estabas en el cuadro de honor de tu casa, todos sabían que hasta podías llegar a ser Premio Anual. Sí te pedí estudiar juntos fue porque debíamos estar juntos una vez al día al menos, era la manera más natural. Te voy aclarando algo, tonto no eres y yo tampoco así que ¡Escúpelo sin mentiras!— Cada vez que se enfurecía podía sentir como su cabello se disparaba en todas las direcciones, era una facultad de su cabellera, tener vida propia.

—¡Hey! Yo no soy mentiroso… te estoy tratando de explicar que… — Hermione caminaba en ocho mientras el hablaba. — En todo Caso Granger, tu tampoco estás siendo sincera…. — Soltó las palabras, Hermione sintió como si su estómago le pesara.

—¿Quieres sinceridad? ¿Sabes qué me molesta? Han pasado más de un mes, más de treinta días y tu sigues llamándome por mi apellido, a pesar que siempre te corrijo. ¡Me llamo Hermione! Y me gusta que me escuchen cuando hablo. Me gusta que miren cuando les hablo— Ella puso sus manos en su cintura, mientras él la miraba detenidamente con un gesto que no supo como interpretarlo a primera vista.— Y de pronto se me da por pensar que tu estás así porque todo esto te incomodo y lo entiendo, claro creo que puedo entenderte, te molesta que hayas regresado al mundo de los vivos que todos a tu alrededor hayan hecho una vida sin ti y cuando quieres hacerlo tu también te encuentras enlazado a alguien que apenas conoces y que no toleras. Esta persona te lanza la teoría más verraca que has escuchado "Almas gemelas" y te da pánico… Pero sabes, ¿sabes algo? Yo estoy tanto lo máximo posible para todo fluya. Pero tu simplemente no me ayudas. Y a la fuerza ni los zapatos. — gritó casi de corrido. No sabía como había recitado todo de un tirón. Lo ocurrido la semana pasada le había molestado y mucho, lo de hoy solo era la cereza del pastel…

El rostro simétrico de Cedric comenzaba a ponerse rojo, tanto como el cabello de Ronald. Camino hacía ella con toda la segura que no le conocía desde que estaban estudiando juntos. — ¿eso crees? ¿crees que me pareces repulsiva?— Bueno técnicamente no había dicho eso, pero lo había dejado a entre ver. — Para ser la mejor bruja de tu generación Granger dejas mucho que desear. Nunca te consideré tan tonta, pero por todo lo que me sueltas no me dejas otro remedio— Soltó él y Hermione sintió la urgente necesidad de responder.

— Sí tengo esto cara de asustado es porque tengo miedo de lo que puedo hacerte, si me corro del contacto de tu piel, es porque no confió en mi. ¿Te queda claro?— escupió molesto. — ¡Y sí! Me parece una tremenda tontería todo el rollo de las almas gemelas, me parece cursi y anacrónico y si me hubieran preguntado si hubiera soñado con todo esto hubiera dicho que no. — Hermione se quedo sin aliento, pero al parecer Cedric tenía más que decir

— Pero… lo creo y lo siento. No es como lo que me dices, no es algo que pueda controlar…. ¿En serio no te das cuenta? — Resoplo molesto. — No, me controlo para no tocarte porque tengo miedo que me pierda en ti y que te bese… y que me olvide de todo el rollo de la amistad también es el vinculo. Porque cada vez que te veo, que te escucho, que te huelo… se me ocurre todo, menos ser tu "pinky friend"— terminó molesto.

— Pero claro… Tu no tienes ni puñetera idea de cómo es eso, de ver a alguien y sentirte como un escorbuto. Por que tu puedes al menos formar oraciones, frases lógicas, mientras que mi cerebro maquina como tomar tu carita de muñeca y comérmela a besos— Su respiración estaba acelerada, Hermione podría jurar el amago de paro cardiaco en su cuerpo. Tener a Cedric tan cerca era… una sensación que no tenía definición en ningún idioma.

¡¿Eso piensas?!— le gritó ella muy cerca de su torso.

¡Sí!— respondió él con la misma fuerza. Ella pego un pequeño salto, y capturo sus labios con los de él, rodeo sus brazos sobre su cuello y comenzó a besarlo con la misma sed que el tenía de ella.

Muy pocas veces en su vida y eventualmente en su muerte había disfruto, pero el abrazo de los labios de Cedric Diggory era más haya de lo celestial. El beso era húmedo y caliente, urgido, como una guerra y la paz al mismo segundo. Hermione pudo sentir como el la cargaba desde la cintura, y aprontándola fuerte contra él. El beso eventualmente se fue haciendo más pausado, como una plática entre cuerpos. Ella con sus manos acariciaba su cuello, mientras él hacía lo mismo con su cintura.

De pronto escuchó unas voces, un momento, no, era un recuerdo

—¿Esto es el cielo?— preguntó ella después de unos segundo de ubicar sus labios en su cuello. Hermione podía recordar haber besado el largo cuello de Cedric, pero no sabía en qué momento.

— No, pero estoy muy seguro que tus labios no tienen punto de comparación con el cielo—dijo el un pequeño suspiro, ella se aleja y le observa unos segundos.

—¿No conoces el cielo?—dijo ella, todavía contenida entre los brazos. Pegada a el en medio del universo blanco.

—Lo acabo de conocer—los dos sonríen, pero la castaña arruga sus labios intentando no sonreír.

—No, no conozco el cielo porque no ame a mi alma gemela cuando tuve la oportunidad de conocerla. Ya debes de saber quien es… pero ella, es también única, porque tiene otro alma ligada a la suya…—ella abrió la boca un poco confundida miro a los lados y después se señalarse.

Hermione y Cedric separaron sus labios, pero sus cuerpos seguían juntos, ella seguía abrazando el cuello de Cedric y el ejercía la misma presión sobre su cintura. — ¿Lo recordaste?— preguntó ella, mirando fijamente los ojos plomos de él. — Sí— respondió suavemente mirando aún en dirección a sus labios. Se quedaron callados unos segundos, hasta que ella se acercó a besarlo, esta vez más despacio, con más tiempo. El se recostó sobre la pared muy cerca de la ventana. Hermione estaba descubriendo una nueva parte de ella. Algo que nunca había sentido, era un calor embriagante abrazarla desde su interior. Sabía que no era cierto, pero podía jurar que había encontrado el punto donde se agrupaba la densidad del universos entre los brazos de Cedric Diggory.

— mmm …. Acabo de recordar cual era la entrada al cielo— dijo él después de romper el beso. La castaña con uno de sus pulgares borraba el resto de brillo labial que había dejado muy cerca de sus labios. Aún más fuerte que su voz, era el ritmo de sus latidos sincronizados.

— ¿Cuál era?— pregunta ella.

— Tus labios— responde como señalando lo evidente. Los dos volvieron a besarse, aún más recostados a la ventana que daba a la calle principal, completamente absortos uno en el otro. Sin la mínima idea que todos sus caricias estaban en primer plano para las cámaras mágicas, pero peor aún para uno ojos verdes esmeraldas que veía la escena desde la otra acera.


Hola a todos!

Se acabaron mis "vagaciones" pero no se preocupen he avanzado la estructura y el contenido de todas mis historias. Sí Merlín y Morgana quieren dentro de poco este terminando esta historia. (wiii) ¿Qué les pareció? Cuando empecé esta historia me consideraba un poco más risueña, con el paso de la vida y de los golpes he empezado a dudar de todo. Y creo que eso se ha visto un poco, en especial en esta historia. No quería que siguiera la temática clásica del amor por amor. Así que poco a poco iré cambiando las dinámicas de poder. Porque claro, el amor es poder. ( Risa maquiavélica) Por favor no se olviden de escribir su review, no tienen idea de cómo me alegra leerlos. No se hagan de rogar y escríbanle abajito. ¿ya? (Jajajaja)

Nos leemos pronto, quiero saber que les pareció.

Un abrazo del tamaño de Saturno.

Dlila