DISCLAIMER: Yuri on Ice no me pertenece, porque si lo hiciera realmente soy propensa a los finales agridulces.
La jaula de un tigre
Yuri entro a su habitación y se dejó caer sobre la cama, su mochila había quedado olvidada en algún lugar del trayecto en aquella enorme casa o posiblemente se encontrara en el auto aun y el chofer se la dejaría a una de las sirvientas la cual se la llevaría a la habitación, ese procedimiento pasaba mínimo una vez por semana pero realmente no es algo en lo que le gusta perder el tiempo pensando demasiado en ello.
En lugar de eso estiro la mano y tomo una de las fotografías que estaba en su mesita de noche, la observo varios minutos mientras delineaba con delicadeza a la persona que estaba retratada, hoy era uno de esos días en que la carga sobre sus hombros se sentía extrañamente más pesada, en que tenía que poner un esfuerzo extra para no gritar de la desesperación pero sobre todo en que los recuerdos inundaban su mente y perturbaban su alma, en definitiva era un mal día.
-Algún día saldré de esta jaula- suspiro cansadamente mientras abrazaba la fotografía contra su pecho.
…
Salió de la habitación y lo primero que vio fue a su padre recargando en la pared junto a su puerta, se miraron a los ojos varios como si estuvieran analizando la situación.
-¿Acaso estas preocupado padre?-una sonrisa burlona apareció en sus labios.
-Solo me aseguro de que llegues a tiempo- dijo secamente.
-Si tú lo dice- le restó importancia.
Caminaron silenciosamente por el pasillo para tomar el elevador, la ceremonia y la fiesta serian en el último piso del hotel donde había salones para eventos importantes y según había dicho en algún momento el padre de Yuri la boda entre los primogénitos que estaba a punto de llevarse a cabo era la consagración de la unión de dos de las empresas más importantes del país, tenía que celebrarse por todo lo alto.
La ceremonia seria en un salón mediano, tenía el tamaño adecuado para que se pudieran acomodar las sillas donde estarían sentados un montón de invitados pomposos que no conocía y tampoco tenía ganas de conocer pero tendría que fingir frente a ellos que toda esa situación era hermosa.
Cuando entro pudo notar que el lugar estaba adornado con rosas blancas y justo en medio de la habitación había una alfombra roja que guiaba su camino hasta su prometido y al juez que llevaría a cabo la ceremonia nupcial, no pudo evitar pensar que para ser ambas familias de una buena posición económica el decorado había resultado demasiado cliché, si hubiera sido él y si aquel teatrito le hubiera interesado aunque sea un poco habría despedido a la encargada del evento que habría propuesto tan patéticas ideas.
A pesar de que no era una ceremonia religiosa alguno de los organizadores pensó que sería buena idea que mientras avanzaba por el pasillo se escuchara la marcha nupcial, sin embargo dejo en claro que no deseaba que su padre lo escoltara todo el trayecto, no estaba dispuesto a caminar por esa estúpida alfombra roja del brazo de alguien que lo veía únicamente como mercancía.
Sus pasos eran precisos pero lentos, deseaba retrasar lo inevitable lo más posible, mientras caminaba sentía como si aquella alfombra estuviera en llamas y le quemara la planta de los pies a pesar del calzado, no se dio cuenta en que momento había sucedido pero ya no escuchaba la marcha fúnebre, sentía su respiración lenta, notaba como por segundos la visión se le nublaba un poco pero estaba seguro que no era por llanto y curiosamente el sentido del olfato lo tenía aparentemente muy desarrollado pues mientras avanzaba podía percibir el olor de los diversos perfumes y colonias que llevaban los invitados, provocándole nauseas pues la mayoría aunque estaba seguro eran de marcas famosas le parecían muy fuerte o demasiado empalagosos.
El dolor en el pecho que llevaba demasiado sintiendo se había intensificado, sus piernas se sentían pesadas y a la vez débiles, aun así seguía avanzando "Por él" se decía a sí mismo.
Una vez frente al altar la ceremonia comenzó pero el realmente no le prestaba atención, era como si estuviera en un trance, sus oídos zumbaban como si acabaran de disparar cerca de su oído o al menos suponía que así debía de ser, en su rostro se había plasmado una sonrisa falsa pero que al parecer bastaba para que los invitados pensaran que todo era perfecto.
-Ahora los declaro unidos en matrimonio- esas palabras fueron como un pequeño despertar, como cuando te pierdes mirando un punto fijo totalmente metido en tus pensamientos y alguien para llamar tu atención hace un chasquido con los dedos en tu oreja.
Lo siguiente que sintió fueron los labios ajenos sobre los suyos y se separó lo más rápido que pudo, apenas pudo reprimir la mueca de asco que estuvo a punto de formarse en su rostro, observo al hombre que estaba frente a él, por primera vez se permitió ver a su esposo Jean Jacques Leroy.
Los momentos de lucidez fueron muy pequeños pues antes de que se diera cuenta ya estaba de nuevo en su burbuja y era llevado de un lado al otro cual muñeca recién comprada que deseaba presumir a todas sus amigas, solo era un poco consiente de que respondía con monosílabos y que le tomaban fotos cada pocos segundos.
-Fue una ceremonia hermosa- dijo Jean mientras se movían de un lado al otro en la pista de baile.
-Tan cliché como en todas la películas de comedia romántica barata- respondió malhumorado pero sin borrar la sonrisa farsa.
-Esto es la vida real Yuri, no una comedia romántica- su sonrisa se había apagado un poco-Nuestra boda cambiara para bien nuestras vidas.
-Si quieres engañarte pensando que todo está bien no es mi problema, pero te recomiendo que salgas voluntariamente de esa estúpida burbuja rosa en la que has decidido meterte, porque cuando se eleve y caigas…porque vas a caer-añadió con sorna- Nadie podrá ayudarte a levantar.
La canción se detuvo y Jean le entrego la mano de su esposo a su suegro mientras resoplaba de frustración y le mandaba una mirada furia al rubio.
-¿Qué le dijiste?- pregunto su padre viendo como su yerno intentaba tranquilizarse.
-He llegado a la conclusión padre de que te encantan las preguntas estúpidas- siempre que lo llamaba "Padre" lo hacía de una forma tan irónica que terminaba rápidamente con la paciencia del menor.
-Ahora es tu esposo, debes respetarlo- regaño.
-¿Así como te respeto a ti?- comento burlón.
-Yuri… -comenzó a ponerse serio.
-Relájate cuando termine la canción podrás irle a lamer las heridas, de todas formas ya perdiste tu dignidad con esta familia, no tienes nada que perder- su mirada se volvió un tanto afilada.
-Maldito…-murmuro apenas conteniendo la rabia.
Para suerte de ambos la canción termino pero antes de que el hombre se marchara su hijo lo detuvo.
-Mejor ve y dile a mi suegro que por el momento no estoy en condiciones de bailar con él-dijo con seriedad- Hazlo, si no quieres que haga un escándalo lo suficientemente grande como para arruinar todo por lo que has trabajado- amenazo cuando noto que su padre se iba a negar.
Mientras Yuri bailaba con un hombre de manos sudorosas y que utilizaba una loción que bien podría ser agua de caño, vio a su suegro cerca de la pista que levantaba su copa en su dirección mientras lo miraba detenidamente, el mensaje era claro no se acercaría a bailar, lo estaba dejando ganar esa pequeña batalla pues ambos sabían que con la boda realizada el hombre había ganado la guerra.
Cuando su pareja de baile se retiró una mano delgada y blanca tomo la suya mientras otra se posaba en su cadera, el toque era frio pero reconfortante y el hombre desprendía un olor delicado pero potente que por más que lo intento no pudo identificar.
-A pesar de ser tu boda no pareces muy feliz- hablo aquel extraño de seductora voz.
-No es mi mejor momento- acepto en cuanto se topó con los ojos azules claros como un cristal, sin ninguna pizca de malicia, para Yuri había pasado mucho tiempo desde que vio a alguien con ese tipo de mirada y más desde que había sido obligado a entrar en ese círculo social.
-Por desgracia la suerte de los que nacemos en cuna de oro es que en la mayoría de los casos los matrimonios se miden por los beneficios y no por el amor- dijo con un poco de empatía.
-¿Acaso tú has pasado por lo mismo?- por alguna razón aquel hombre le daba confianza.
-Estuve a punto pero generalmente logro salir victorioso y al hacerlo tuve el mejor trofeo del mundo- sonrió con verdadera felicidad.
-Dichoso seas, yo justo acabo de perder- menciono con dolor.
-Solo habrás perdido si te rindes y algo me dice que aún no estás dispuesto a eso-menciono- Mi turno a terminado, pero de corazón te deseo la mejor de las suertes- hizo una reverencia y comenzó a alejarse del rubio.
Yuri observo unos segundos más a aquel extraño de cabello platinado antes de comenzar una nueva pieza y deseo algún día tener la libertad que él desprendía en cada una de sus acciones.
Continuara…
*Nota: si llegaron hasta aquí, léanme un poco más, gracias por leer esta historia, espero que les esté gustando aunque yo sé que solo es el segundo capítulo y posiblemente aun no defino bien como seguirá esto.
** Un agradecimiento especial a Aroa Nehring y Shouko-Marigold, saber lo que piensa la gente siempre ha sido mi mayor motos para continuar escribiendo, más en las "Historias largas" que no son mi fuerte.
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