Disclaimer: nada me pertenece, excepto ideas. El resto pertenece a JK Rowling y basado en una novela de Yvonne Whittal
The Slender Thread.
Es una novela muy bonita, por supuesto yo la leí pero no la traduje igual para el fic. Solo tomé la idea principal y la adapté.
Se las recomiendo que la lean, es buena (o al menos lo fue para mí).
N/A: Sí, me equivoqué con la fecha porque estaba escuchando música y escribí cualquier verga. De hecho tengo que corregir los errores :(
Minerva se puso en pie de inmediato, para agradecerle al doctor por todo el trabajo que había hecho. Severus Snape no dijo nada y observó a la mujer estrechar sus manos entre las suyas y besarlas una y otra vez. Era la primera vez durante toda su vida como doctor en aquel hospital, que alguien se encontraba tan agradecido como para tomar sus manos y besarlas, enjuagarlas con sus lágrimas.
— Tenga. — le dijo, hurgando en los bolsillos de su bata y sacando un pañuelo bordado. La mujer miró atentamente, sus iniciales estaba en una esquina, bordadas en negro. Luego de secar sus lágrimas, ella intentó devolvérselo y el hombre negó con la cabeza. — consérvelo, tengo algunos más en casa.
— No sabe cuánto le agradezco que mi hija esté a salvo, gracias a usted. No sabría qué habría hecho de haberla perdido, ¿sabe? No tenemos un buen récord de vida en nuestra familia. Su padre recién murió y no pudo verla graduarse en la universidad o siquiera enamorarse de alguien y entregarla al altar. ¡Oh dios mío señor, no tiene idea de cuán mucho se lo agradezco! ¿Hay algo que pueda hacer para pagarle?
Snape meditó por unos segundos y luego de ello, mientras su enfermera de confianza entraba de regreso con la cena, negó con la cabeza de inmediato.
— No, nada. Es mi trabajo y no espero recibir nada a cambio, más que el salario que me brinda el gobierno. Solo una cosa y con ello nuestra deuda estará saldada. ¿Sí? Procure cuidar muy bien de ella hasta que se recupere y traerla a las rondas de fisioterapia, ¿de acuerdo? Me gustaría saber si no quedan lesiones post-traumáticas y necesito saber si puede caminar luego de esto. Sé que es un largo camino por recorrer y mucho más en tren, pero acá tenemos a los mejores fisioterapeutas del país y si no tiene dinero para pagarlo, quizá podríamos hacer un arreglo.
"No sé por qué lo dije, Dora, pero sentí que ella necesitaba una mano y yo estaba dispuesta a dársela como si fuera un gran tonto de capirote. Me resultaba hermosa y por el aspecto de su madre, me di cuenta de que vivían el pan de cada día y que no podrían pagar algo como una terapia. Y, además, luego de todo ese esfuerzo... ¿dejarla así como así? No."
— Muchas gracias, doctor, se lo agradezco.
No dijo nada y sonrió a modo de respuesta, alisándose el cabello con una de sus manos. Antes de salir y con su mano sobre el pomo de la puerta, escuchó un débil murmullo.
— Gracias.
"Me di la vuelta ¿y sabes quién me agradecía, Dora? Sí, ella. Mientras su madre acariciaba su cabeza y me miraba también, con una sonrisa. Ella sonreía al fin y sentí que por alguna razón en particular, sin poderlo entender aún, mi vida volvió a tener sentido."
— Es un placer. — dijo al salir y Neville entró tras el doctor. Su esposa caminó hasta sostener sus manos y estrujarlas con mucha alegría.
— ¡Ahora todo está bien, cariño!
— Necesitan tu testimonio, la policía. — le comunicó el hombre a Hermione y luego miró a su esposa a un lado. — y el tuyo también, Luna. Creen que haya podido ser un sabotaje a su bicicleta y quieren saber si vimos algo más.
— Bueno, dime dónde están e iré a verlos. No hay problema.
Neville guió a su esposa hasta la salida y cerró la puerta una vez más. Hermione trató de impulsarse hacia arriba para sentarse, pero su madre colocó su mano sobre uno de sus hombros y empujándola suavemente de regreso en la cama.
— Tranquila, ya hablarás cuando te sientas mejor cariño. No quiero que te canses demasiado, necesitas toda la energía que tengas para recuperarte.
— Estoy de acuerdo con su madre, señorita Hermione. Los policías vendrán después, el doctor especificó que necesitabas mucho descanso y mucha calma. Que no te hacía bien el alterarte con los detalles y ellos acordaron venir después.
"Y así pasó el tiempo, querida Dora, le dimos de alta unas semanas después. Como pensé, de hecho, no podía caminar luego de todo. El hogar no estaba "tan" lejos como otros pequeños pueblos pero y aún así le resultaba complicado el trasladarse y entonces resolví hacer algo que nunca se me habría ocurrido. Mi mejor enfermera, Dora, ella fue con su madre a su pequeña hacienda. Le doblaron el sueldo al trabajar particularmente y aunque ella no quería cobrar en lo absoluto, le recomendamos que era lo mejor."
"Sprout se había ido con ellas mientras se recuperaba. ¡Hasta eso era capaz de hacer! Y tomé decisiones burocráticas que siquiera me correspondían a mí, pero las tomé."
— Espero que se encuentre cómoda en la habitación de huéspedes. Al morir mi esposo, terminamos con esta vieja hacienda y es poco lo que producimos para siquiera la renta. Esperamos tener una mejor producción este año, nos especializamos en cultivo y ganado o al menos antes de que mi difunto esposo enfermara y muriera.
La enfermera asintió en silencio, mientras colocaba sus maletas en el recibidor y una dulce jovencita que imaginó era una de las criadas de aquella hacienda, la tomaba entre sus manos y la llevaba hasta una habitación tras la enorme escalera hacia el piso superior.
— Ella es la mejor amiga de mi hija, Ginny Weasley. Trabaja con nosotros desde que era una niña, bueno su madre y su esposo. Ellas siempre jugaban juntas no la obligamos a trabajar pero ella quiso quedarse después de que tuvimos que despedir a la mitad del personal.
Al ver a Hermione en una silla de ruedas, se llevó ambas manos a la boca y se cubrió para no gemir de sorpresa. Bien, el rostro de su amiga le decía que estaba triste con su destino. Una jovencita tan vivaz y alegre, ahora confinada a una silla de ruedas.
Debía ser duro, de eso estaba segura. Y se colocó detrás de ella, empujando la silla hasta el recibidor mientras estaban en la puerta y apartándola de su madre para conversar con ella.
— ¡Por dios, Hermione! — dijo deteniéndose en la cocina y acercándola a una mesa central para servir un poco de té. — ¿Qué te sucedió? No volví a verte desde el día en que decidiste irte a pasear en bicicleta.
— No quiero hablar de eso. — le contestó ella de malhumor y Ginny suspiró mientras servía dos tazas de té tilo, hasta casi rebosar.
— Sé que no quieres decirle a tu madre que ese apuesto joven de la hacienda vecina, te hizo daño al encontrarse besando a otra mientras paseabas en bicicleta y por eso decidiste huir lejos. Yo lo sé, los vi cuando me levanté temprano para ordeñar las vacas de la señora. ¡Mira como has quedado, ¿crees que vale la pena morir por amor?!
Le dio la impresión de que aquellas palabras las recordaría más tarde, en otro momento. No ahora.
— Solo llévame a mi habitación, por favor.
Durante todo el trayecto, guardaron silencio y solo se escuchaba la voz de su madre mientras que Sprout relataba la historia, una y otra vez. Estaba harta de escucharla y en cuanto Ginny la sacó de esa prisión con ruedas que la gente llamaba "silla", se tapó la cabeza con una de sus almohadas en la cama y deseó que su madre se quedara afónica por un largo tiempo.
— Su ropa terminó desecha, ese vestido con volados y flores... casi nada. Perdió un zapato en el camino y espero que la policía encuentre su bolso de mano, seguramente regresarán para preguntar qué sucedió.
— Y los recibiremos. — comentó su madre, acercándole una taza del mismo té que Ginny había preparado hacía unos minutos antes. —Estoy segura de que ha sido obra de su padre y le ha salvado la vida. Él la apreciaba mucho, ¿sabe? Le compraba toda clase de regalos. Caballos, cualquier mascota que ella deseara ya fuesen conejos, perros, gatos. Pero lamentablemente endeudó cuando se negó a vender la hacienda a un gran magnate de corporaciones y el hombre le juró que le declararía la guerra, que nadie le decía que no... ¡cual niño!
Pomona Sprout compuso un curioso rostro hermético, ante aquella historia y McGonagall inspiró pesadamente. Trataba de no llorar, pero esa historia siempre le ponía sentimental.
— Tuvimos que dejar ir a muchos buenos trabajadores que teníamos y mi esposo enfermó de tristeza. Se la pasaba encerrado en su estudio, bebiendo y haciendo cuentas para tratar de salvar a la familia y a su amada hacienda. Por eso doy gracias que los padres de Ginny se quedaron y cuidaron bien de Hermione, mientras yo lidiaba con todo ello. Jugaban juntas, cenaban juntas, hacían todo juntas y eran tan felices.
En el piso superior, mientras doblaba un par de sábanas, Ginny sonreía al escuchar a su patrona y aquella vieja historia.
— ¿Sabes? Cuando tu madre cuenta esa historia, siempre hace que mi corazón se sienta estrecho. Me quita el aliento. Si no fuera por la bondad de tu madre, ahora estaríamos sin comer y sin un lugar para dormir. Siempre agradecemos la comida que ella manda a comprar a la ciudad y no importa si no es carne de primera o el mejor de los quesos, mientras estemos unidas.
— Podría ser de primera, nuestra carne o nuestro queso. Cuando me levante nuevamente, yo pondré a valer la hacienda y les demostraré el poderío que una mujer puede llegar a alcanzar si se lo propone.
— Si llenas tu corazón de odio, Hermione, no creo que llegues muy lejos. Enfermarás y morirás de rencor, escúchame porque sabes que tengo razón. Los empleados siempre lo han dicho, este hermoso valle ayudará a todo aquel que lo necesite y condenará a los que hacen mal, tragándoselos hasta que no encuentren ni un solo rastro.
— Deja de leer esos absurdos libros de mitologías, de tambores que se escuchan en las montañas y de animales de cacería tan grandes como un ser humano. Son solo cuentos populares de las madres para hijos que no quieren irse a dormir.
— Cree en lo que te digo... — susurró la jovencita, de camino al baño para preparar una tina de agua tibia. — ya lo verás que la hacienda le pasará factura a sus enemigos, por todas las penas vividas.
Y durante aquella noche, a la hora de la cena, el aire y el ambiente parecían calmos y contrarios a su propio humor. No le placía estar lisiada en una silla de ruedas y constantemente, dentro de su mente, se echaba la culpa por el accidente que había tenido.
Sentada a la cabeza de la mesa, como lo habría estado su padre, se encontraba su madre. Vestía una camisa blanca cuyas mangas estaban arremangadas hasta sus codos por tanto trabajo y una larga falda negra con volados. Su cabello estaba recogido en una larga trenza y algunas hebras grises se escapaban de su perfecto arreglo, que ella trataba de apartar de su rostro. Sus lentes estaban manchados de tierra y ella trataba de limpiarlos disimuladamente, mientras Ginny servía la cena.
— ¿Y ya se han puesto al día? — preguntó a su hija a un lado de ella, mientras Ginny pasaba por cada puesto y servía vasos con agua de una jarra de cristal. — Ginny te extrañó mucho hija y asumí que luego del baño, ambas podrían conversar y secretearse la una a la otra como siempre les ha gustado hacer.
— Sí, hablamos un poco. No mayores detalles, mamá. — murmuró Hermione mientras se distraía en mirar el viejo mantel blanco sobre la mesa y con bordados de flores de invierno. Navidad, esa estúpida celebración.
— No te oyes muy animada al respecto, ¿es que acaso no la extrañaste tú a ella?
Por un momento, Hermione guardó silencio y su madre permaneció con su mirada sobre su hija y esperando una respuesta. Luego de un par de minutos, Hermione encontró su voz para dirigirse a ella.
— ¿¡Es que tienes que preguntar por todo, mamá!? ¡Sí, claro que la extrañé!
En la mesa se sucedió un silencio mortal y Minerva, recobrando la compostura luego de la sorpresa de que su hija le gritara de esa forma, regresó su vista en dirección a su plato.
— Entiendo. Supongo que estás estresada después de lo sucedido, lo siento. Ginny, por favor siéntate a la mesa y llama a tus padres para cenar. Espero que no le importe, señorita Sprout... que cenemos juntos como familia.
La enfermera negó con la cabeza y Ginny hizo lo que le ordenaron, de forma inmediata. Al poco tiempo, dos personas más se unieron a la cena y al ver el estado de Hermione en aquella silla de ruedas, más preguntas siguieron a continuación.
Preguntas que ella no quería responder.
— ¡Oh cariño, cuánto lo siento! — suspiró la madre de Ginny Weasley, Molly Weasley, sosteniendo su rostro y besándole ambas mejillas. — Te prometo que mi esposo Arthur the llevará a donde sea que quieras ir, de ahora en adelante. Solo búscalo en casa y él te llevará sin chistar. ¿No es así, Arthur?
El hombre asintió en silencio, al final de la larga mesa del comedor y quitándose el sombrero en señal de respeto. Minerva había cerrado sus ojos en silencio y había entrecruzado ambas manos para elevar una plegaria.
— Gracias señor por esta comida que nos brindas tan amablemente y por la salud de mi hija, que se recupera de un accidente. Gracias por no quitármela. Y por supuesto, gracias por los que están aquí reunidos y acompañándonos esta noche.
Se escuchó un "Amén" en la mesa y luego el sonido de los cubiertos y los platos, mientras cenaban en silencio.
Lo mismo de siempre, de no haber tenido aquel endemoniado accidente. No tenía nada que agradecer, ¿por qué iba a agradecer el hecho de estar lisiada?
