Disclaimer: nada me pertenece, excepto ideas. El resto pertenece a JK Rowling y basado en una novela de Yvonne Whittal

The Slender Thread.

Es una novela muy bonita, por supuesto yo la leí pero no la traduje igual para el fic. Solo tomé la idea principal y la adapté.

Se las recomiendo que la lean, es buena (o al menos lo fue para mí).


Draco Malfoy se ruborizó de inmediato, mientras Hermione le miraba desafiante y sin retroceder. Narcisa dispuso su copa sobre la mesa y separándose violentamente de su marido, volvió a mirar a Minerva McGonagall quien estaba sentada frente a ella en una butaca alta y observaba la situación con un rostro reflexivo.

— ¿¡Vas a permitir que le hable de esa forma a mi hijo!?

— Algo debió haber hecho él como para que mi Hermione, reaccione de esa forma. Si ambos tenían un acuerdo, ¿por qué se fue entonces con otra? ¿No es así, Hermione? ¿Acaso te dijo alguna vez que te amaba?

No. De hecho nunca lo había hecho y ahora había cambiado sus afectos totalmente y ella se sentía como una tonta, mordiéndose el labio y sin saber qué decir.

— Es todo Minerva, gracias por recibirnos. Tenemos que irnos ahora mismo. — Narcisa se puso en pie y aunque lo dijo en un murmullo, su decisión fue firme y su expresión fue sombría. Al irse, Minerva McGonagall se dio cuenta de que quizá se había ganado otro par de enemigos.

Y se lo hizo saber al mirar a Hermione, luego de que Ginny condujera a los visitantes a la salida y estos se perdieran en la fría lluvia de la lejanía.

— ¿¡Por qué nunca me dijiste que estabas enamorada del hijo de los Malfoy!? ¿¡Jamás te dijo que te amaba, Hermione!? ¿¡Jamás te dijo que sentía lo mismo por ti!?

— ¡NO, JAMÁS ME LO DIJO Y FUI UNA TONTA EN PENSAR QUE ASÍ FUE!

— Calma, señorita Hermione... no es bueno que se sobresalte, que se angustie. — pidió la enfermera, mientras ella miraba a su madre. Desafiante y una vez más sin retroceder ni un ápice.

— ¡Debiste pensarlo mejor, antes de enamorarte de su hijo! ¡No sabes en las desgracias que estamos y no necesitamos ganarnos más enemigos! ¡Quién sabe lo que la policía está pensando ahora! ¡No crié ninguna hija suicida!

— Pues perdona que no te haya pedido permiso para enamorarme o para tomar decisiones, es que por un momento pensé que podría sola y ya veo que no. ¡Me importa un bledo lo que la policía piense. Pues que vengan a preguntármelo!

Su madre no contestó, comenzó a subir las escaleras en dirección a su habitación y Hermione se preguntó si podía ser más descortés con los invitados.

— Es hora de almorzar, Hermione... — susurró Ginny, inclinándose a un lado de ella. — ¿Qué debo...?

— Déjala, ella volverá en cuanto se le antoje. — contestó ella, impulsando su silla hacia adelante. — por aquí señor Snape y señora Sprout.

— Señorita por ahora. — sonrió la mujer y luego Snape sonrió con ella también. — ¡y a mi edad, qué tristeza más grande!

— Ya llegará quien sepa apreciarlo, Pomona. — dijo el hombre, sentándose junto a Hermione y sin preguntar si podía hacerlo. Ella apenas prestó atención, su cabeza iba a estallar luego de todo lo ocurrido.

A la hora de servir los platos, Ginny y su familia entraban en la hacienda. Sus dos hermanos mayores, Fred y George, cargaban enormes sacos llenos de maíz mientras que su hermano intermedio, Ron Weasley, cargaba un par de sacos de azúcar bajo sus brazos. Charlie, Percy y Bill, sin embargo, traían sacos de arroz cada uno y parecían exhaustos luego de una gran jornada de trabajo.

— Mis padres están en la ciudad, fueron a hacerse un chequeo médico y regresarán en la tarde ya. — Hermione escuchó que Ron le comentaba a su hermana y la joven parpadeaba sorprendida.

— ¿Sucede algo con ellos?

— Es papá, su asma no mejora y apenas puede pagar las medicinas.

— Dile que no se preocupe por eso. — resolvió Hermione y la mesa dirigió su atención hacia ella, mientras los hermanos hablaban en la entrada de la cocina, muy cerca del comedor. — dile que yo pagaré sus medicinas.

Ginny sonrió con ojos vidriosos, humedecidos por las lágrimas de la emoción. Asintió un par de veces antes de caminar en dirección a la cocina y traer el almuerzo. Había cocinado el platillo favorito de su mejor amiga y en cierta forma, aunque vivieran en la pobreza, formar parte de aquella familia le llenaba de una dicha inconmensurable.

— Espero que lo disfruten. — dijo la jovencita, sentándose casi al final de la mesa con sus hermanos mayores.

— Por supuesto que sí, Ginny. Siempre has sido buena cocinera. — recalcó Hermione, mirando al resto de sus comensales y agachando la cabeza para orar. — oremos por favor.

La oración no duró mucho, cada cuál pidió por algo en particular y en silencio. Ella sabía exactamente lo que quería y esperaba que en algún momento se hiciera realidad. Que en algún momento pudiera levantar su hogar, quizá encontrar a todos aquellos obreros despedidos y darles lo que se merecían, lo que les hacía falta y le debían.

— La señorita Hermione tiene razón, el almuerzo está delicioso. — convino Snape y Sprout asintió a su lado. Ginny se sonrojó rápidamente.

Hermione alzó su cabeza en dirección a la escalera junto a ella y preguntándose si su madre se dignaría a bajar para almorzar con ellos. Actuaba como una niña, no podía controlarlo todo ni aunque quisiera. Si quería enamorarse del herrero de la ciudad, pues solo lo haría. ¿Por qué iba a detener sus sueños y aspiraciones, solo porque a su madre le preocupara hacer enemigos por doquier? La vida no era color de rosa y tenía que acostumbrarse a que no podía ser del agrado de todos, ni darle órdenes a una joven de ya 19 años de edad y cuyo padre siempre le había enseñado a ser libre, siempre y cuando no lastimara a los demás en su camino.

Quizá y recordando esas palabras, le debía una disculpa a su madre. Ella solo quería protegerla y bueno, ya estaba casi lisiada.

— Subiré el almuerzo para su madre. — dijo Ginny mientras se limpiaba la boca disimuladamente, con un viejo pañuelo con bordados de la cresta familiar. Había olvidado siquiera que los tenían y al parecer su madre los había puesto sin que se hubiese dado cuenta de ello. Hizo una pequeña reverencia y caminó en dirección a la cocina y se perdió tras la puerta que conectaba el comedor con ella.

Al terminar el almuerzo, era hora del postre y una taza de té en el recibidor. Aunque no tenía razones para celebrar nada, ni para relajarse tomando té nuevamente, Ron Weasley se encargó de ello. Se notaba a leguas que era el hermano de Ginny Weasley, tan pelirrojo como ella y con un par de pequeñas pecas en las mejillas y alrededor de la nariz. Severus agradeció por el té con un toque de licor escocés, mientras ella recibía un generoso trozo de cheesecake.

— Me alegro mucho de que pasara a visitarnos, señor Severus.

— Bueno, digamos que ha sido un día muy interesante... señorita Hermione.

— Lamento la escena de hace rato, le prometo que no volverá a suceder. Supongo que tenía algunos asuntos pendientes y sin resolver. — contestó, mientras daba un delicado sorbo a su té y en el sofá que había estado ocupando, horas antes. Llevaba una gruesa manta blanca sobre su cuerpo y descansaba sus piernas en él. — hay muchas cosas de mí, que mi madre desconoce. No tenemos tan buena comunicación, ella simplemente no puede desprenderse del pasado y tampoco puede dejar de culparse por lo que sucedió.

— Y creo que usted tampoco, ¿o sí?

— Solo odié el hecho de que me apartaran de todo, sin dejarme participar. Entiendo que fui una niña y no comprendía nada de lo que sucedía, pero pudieron haberme dejado opinar, sugerir alguna cosa. Al finalizar mis estudios de secundaria, tenía una vaga idea de las cosas y considero que mi padre no se habría sumergido en la desgracia, de yo haber estado a su lado. De haber recibido amor que...

— ¿Su madre no le dio?

— Claro que se lo dio, pero es diferente. Quizá una hija es lo que hacía falta, no sé.

El doctor guardó silencio y prefirió distraerse con el trozo de cheesecake en su plato, mientras que su enfermera estrella suspiraba a su lado y Hermione se echaba a reír de pronto y como si nada. Su risa rompió el eco de silencio que podía escucharse en toda la hacienda.

Como si sus palabras hubiesen sellado la tumba finalmente. Ni las vacas, las ovejas o demás animales de granja, se escuchaban en el aire.

— Mírenme, sueno como toda una mártir.

— Es cuestión de ver, vivir y dejar ir... si entiende lo que quiero decir.

La joven asintió varias veces, mientras él volvía a sonreír en respuesta. Se había inclinado a su derecha para hurgar en sus bolsillos y sacar su reloj, mirándolo atentamente.

— Bueno, creo que mi visita ha terminado ya y prometo que volveré luego para seguir charlando. Ha sido una velada tan agradable.

"De pronto sentí algo, Dora. Algo que no puedo explicar pero que me decía que quizá yo era el indicado para ayudarla a superar las desaventuras de su vida. Sabía que iba a volver y ya tenía la excusa perfecta para hacerlo, Sprout vivía en aquella hacienda y yo tenía que hacer mis visitas médicas, justificar al hospital el por qué de su visita a aquel campo y sin regresar al hospital. Además de ello, tenía su número de teléfono, tenía su dirección, había concertado ya una cita y sin siquiera hacer mucho esfuerzo. ¡Ya sabes cómo soy con las mujeres, soy tan torpe! Lily Evans es prueba de ello, pero esta vez todo iba a ser diferente."

Hermione asintió con una sonrisa apenas visible entre sus labios y en cuanto quiso levantarse para despedirlo, Severus negó con la cabeza y caminó hasta ella. Sostuvo una de sus manos e hizo una reverencia, besándola con cierta ternura.

— Hasta otra ocasión, my lady.

— Hasta pronto, doctor Severus.

Sprout caminó con él hasta la puerta de salida y luego de cerrarla tras de sí, se cruzó de brazos y también negó con la cabeza, arqueando una de sus cejas.

— Es muy joven para ti, tienes 32 años.

— Pero de qué estás hablando. — dijo despreocupado, caminando en dirección al auto y hurgando en sus bolsillos por las llaves.

— Sabes de qué estoy hablando, no te hagas el desentendido.

Observó a su colega dándose la vuelta y mirándola con una expresión sarcástica, llena de burla. La mujer se cruzó de brazos y pareció hincharse como una paloma. Era un tanto baja y rellena, lo que le hizo pensar en esa comparación y le causó un poco más de gracia.

— No tengo ninguna intención particular, más que mi deber y el servir. No puedo creer que tengas esa idea tan descabellada con respecto a mí, Pomona. Te desconozco totalmente, creí que éramos amigos. — dijo, haciéndose que estaba herido y que sus palabras le causaban una gran tristeza.

La mujer no pudo evitarlo y se echó a reír a carcajadas.

— No entiendo el por qué de tu ruptura con Lily Evans, si hasta me pareces de lo más chistoso.

Su rostro se enserió ante el recuerdo y ella casi deseó no haberle preguntado el por qué. Luego de unos segundos de silencio, Severus se encogió de hombros y la miró atentamente.

— Supongo que no era el tipo de hombre que ella buscaba, quizá no era digno de estar con ella... y quién sabe. Solo ella lo sabe y no seré tan tonto como para preguntárselo. No quiero parecer desesperado ni que ruego por su regreso. Según sé, está muy bien con un tal Harry Potter y ambos tienen un negocio estable. No supe nada más desde mi última carta que nos escribimos.

Toda una lástima, sí, pero así era el destino. Solo tenía que ver, vivir y dejar ir.