Disclaimer: nada me pertenece, excepto ideas. El resto pertenece a JK Rowling y basado en una novela de Yvonne Whittal

The Slender Thread.

Es una novela muy bonita, por supuesto yo la leí pero no la traduje igual para el fic. Solo tomé la idea principal y la adapté.

Se las recomiendo que la lean, es buena (o al menos lo fue para mí).

N/A: voy a ver si encuentro un enlace para que puedan leerla. Yo la leí en el 2010 y recién me provocó volverla a leer y me puse a escribir esto.


Severus Snape daba vueltas en la cama de su habitación, pensando en el pasado, recordando la historia de amor que tuvo alguna vez. Preguntándose si había tenido la culpa de su declive.

— Creo que esa jovencita tiene mi afecto, sin duda alguna que lo tiene. — se dijo a sí mismo, sentándose en la cama y mirando a su alrededor por un trozo de papel y algo con lo que escribir.

"Le escribí, Dora, le escribí a Lily Evans quien fue mi antiguo amor y le pregunté si estaba bien. Dudaba de mí mismo luego de lo que Sprout mencionó sobre la diferencia de edad, quizá la diferencia de clases entre nosotros. Sabía que Pomona no querría leerlo y no se me ocurría nadie más que pudiera darme una respuesta. Que pudiera decirme exactamente y quizá, lo que yo quería leer. Cuando recibí su respuesta un par de días después, me di cuenta de que ella no había cambiado en lo absoluto y aunque nuestra relación había terminado, éramos capaces de comportarnos como dos adultos y ser amigos a pesar de todo."

"Sal con ella, invítala a una cena elegante."

— Doctor ¿sucede algo? Se le nota tan distraído. — escuchó al día siguiente mientras estaba sentado en su despacho, contemplando el paisaje citadino tras él. Las calles siempre llenas de transeúntes y autos a cada hora, ahora cubiertas de una pequeña escarcha nevada.

Tuvo la idea de imaginarse a Hermione Granger caminando a través de ellas, paseando en la nieve y a su lado. De su brazo y convirtiéndose en el hombre más afortunado de todo el universo.

— No, no pasa nada Lavander. — le dijo a una jovencita de cabellos rizados y de mejillas un tanto regordetas, quien siempre llevaba una cinta sobre su cabello y quizá mucho decoro como para un hospital. Una de sus pasantes más recientes y una muchachita que le recordaba tanto a Hermione, que a veces ni dirigirse a ella podía sin pensar que le hablaba a la misma Hermione Granger. — ¿Qué sucede? ¿Por qué estás en mi despacho a estas horas y no estás con el doctor Dumbledore, aprendiendo sobre cirugía?

— Recibió una llamada hace poco. Una paciente, Hermione Granger, quiere hablar con usted.

Por un momento pensó que se dedicaba tanto tiempo a verla dentro de su cabeza, que comenzaba a oír su nombre por todas partes.

— ¿Dijiste Hermione Granger?

— Sí señor Snape, eso dije.

— ¿Tomaste el mensaje?

— No, ella quería hablar con usted personalmente. Le dije que usted la llamaría en cuanto recibiera el mensaje.

Asintió mientras la pasante cerraba la puerta tras de sí y él tomaba el teléfono, preguntándose si se trataba de algo grave. ¿Por qué otra cosa llamaría? No tenía sentido expreso para él, si no resultaba de esa única forma.

— Operadora... ¿podría comunicarme con la casa de Minerva McGonagall por favor?

Esperó un par de minutos y luego escuchó la voz de la mujer tras el otro extremo del teléfono. Como siempre, alegre de escucharlo.

— ¡Oh... sí sí señor doctor! — escuchó tras el teléfono, que McGonagall llamaba a Ginny Weasley para que fuera por Hermione. — enseguida lo comunico.

Solo tuvo que aguardar un par de minutos, mientras repasaba mentalmente la mejor forma de iniciar una conversación y pensaba en lo que Lily Evans había dicho sobre invitarla a salir, a cenar específicamente. ¿Qué podía perder con intentarlo? ¿Quizá era muy pronto para intentarlo? ¿Quizá Pomona tenía razón y no debía involucrarse? Estaba seguro de que con su ayuda, quizá ella podría cumplir su sueño de levantar la hacienda.

— ¿Hola? ¿Doctor Severus?

— Buenos días, señorita Hermione. Tengo entendido de que llamó temprano por la mañana, preguntando por mí. ¿Hay algo en lo que pueda ayudarle?

— No sé cómo decirle esto, pero me encuentro un poco renuente a regresar a la ciudad. Debo ir a la jefatura de policía y testificar sobre mi accidente, la policía prefiere que sea allí. Que tomen huellas digitales y demás. Me preguntaba si usted podría ser tan amable de acompañarme. Quizá... siento que pido mucho.

"Y las oportunidades seguían cayendo en mis manos como de las nubes."

— No, no es ninguna molestia. En realidad mi turno terminó y hoy no estoy de guardia, solo organizaba un poco de papeleo y estaba listo para irme a casa. Pasaré por usted en una hora, ¿le parece bien?

— De acuerdo doctor, muchas gracias.

Al cortar la comunicación, Hermione se mantuvo con la vista fija sobre el teléfono que acababa de usar y preguntándose si no pedía demasiado, si estaba presionando demasiado. Para Ginny Weasley era más que obvio que el doctor sentía una gran estima por ella, había llamado un par de veces a la semana y preguntaba por su estado de salud. Sonreía al mirar a su mejor amiga en la habitación, viéndose las marcas del accidente en el espejo.

— Estoy segura de que a él no le va a importar cómo luzcas.

— ¿Qué cosa?

— Al doctor, es más... deberías ponerte algo lindo y encantador. ¡Quién sabe qué podría pasar!

— Lamento desilusionarte, Ginny, pero no es una cita. Además, es mayor que yo y de seguro ya tiene una pareja o está casado y tiene hijos.

— Si está casado y tiene hijos, ¿dónde está el brillante anillo en su dedo y la radiante esposa que le acompaña a cada lugar que va? Quizá yo sea anticuada, pero eso es lo que yo conozco como matrimonio y creo que ese hombre es tan soltero como mi cabello es rojizo como el fuego.

Pero su madre jamás lo permitiría. Un hombre como él, reconocido cirujano de la ciudad y con un estatus como el suyo, ¿por qué se iba a fijar en una campesina como ella? Seguro tenía miles de mujeres a su alrededor, interesadas en desposarlo. Estaba segura de que el amor quizá no era para ella, luego de haberla usado y estrujado en el camino.

— Espera, buscaré el atuendo más lindo que tengas y lo plancharé para ti. Lo tendré listo de inmediato, mientras tú tomas un baño relajante.

No contestó, no supo qué decir exactamente. Quizá Ginny tenía razón o quizá solo era su imaginación. Así había sido ella, siempre soñadora de cuentos de hadas y creyente de espíritus, energías y karma.

Sentada en la tina, meditó los acontecimientos con suma cautela. Tenía que testificar en la policía y lo mejor era olvidar los nervios, para salir airosa de ello. No quería que pensaran que ella misma había saboteado su bicicleta, para por fin morir en paz. No era realmente lo que buscaba, al menos no la muerte.

La única razón por la que le pedía al doctor su compañía, se temía que era solo por el hecho de que él confiaba en ella y aunque la conocía desde hace poco, quizá él podría corroborar su versión y evitar que los nervios la dominaran en medio de su declaración. Nunca había estado en la comisaría y no quería empezar en aquel preciso momento.

— ¿Estás lista? — preguntó Ginny entrando en el baño y sin anunciarse. Sosteniendo toallas y ropa limpia. — Ven, vamos a dejarte tan hermosa que todos te miraran y eso hará que olvides los nervios.

Se quedó quieta en el agua, mientras su amiga secaba su cabello con mucho cuidado y pasaba un peine a través de él. Lo desenredaba con tanto cuidado que casi no parecía que la tocaba. Comenzaba a sentir una modorra muy agradable, en cuanto Ginny la sobresaltó con una mano fría sobre su hombro cálido a causa del agua tibia de la tina.

— Vamos, arriba bella durmiente, tenemos que alistarnos. No queda mucho tiempo antes de que el doctor pase por ti.

— No es una cita, además la enfermera seguramente nos acompañará.

— Bueno... quién sabe. Escuché que tenía que redactar un par de informes sobre tu cuidado y su trabajo aquí, para que el gobierno pueda remitirle su pago. Quizá esté tan ocupada que quiera quedarse.

— Estás empeñada en que esto se convierta en una cita. — sonrió Hermione y Ginny asintió varias veces, mientras le ayudaba a llegar hasta una vieja silla de madera en la que estuvo sentada hacía un rato. — ¿Por qué?

— Todos merecemos amor en nuestras vidas y ese hombre se ve muy decente y educado. Quiero que seas feliz y creo que él es un buen partido. Es experimentado y sin duda no te tratará como cualquier cosa, así como hizo el joven Draco. Siempre te lo dije, me parecía de lo peor y nunca me escuchaste.

Se echó a reír, mientras trataba de vestirse y con su ayuda. Terminaron justo a tiempo para un poco de maquillaje y un poco de perfume. Se preguntaba si su madre tomaría su actitud a mal, pero realmente no le importaba. Era su vida y ella dispondría de ella como quisiera.

Al bajar las escaleras con Ginny tras ella, sosteniendo su silla de ruedas, la enfermera también notó su aspecto y sonrió al pie de la escalera.

— Vaya, pero qué diferente. ¿Y a qué debemos la ocasión? ¿Hay alguna festividad que yo haya olvidado?

— Eh, la verdad... yo...

Pero fue gratamente interrumpida por el timbre de la puerta y el sonido del motor de un coche que se detenía en la entrada. No había tiempo para explicar y al abrir Ginny la puerta, la situación se explicaba por sí.

— ¿Severus?

— Buenos días, Pomona, señorita Ginny... y ¡oh, pero si se ve usted muy hermosa esta mañana! — dijo, dirigiéndose a Hermione y caminando hasta detenerse a su lado y tomar una de sus manos para besarla nuevamente y con ternura. — pensé que íbamos a la comisaría, no a un baile elegante.

No pudo evitar sonrojarse y Minerva quien aparecía en el umbral, caminó hasta los presentes. Sorprendida.

— ¿Comisaría?

— Sí mamá. Ayer durante la tarde, luego de que el doctor se fue, recibí un llamado de la comisaría principal de Londres y ellos me pidieron que fuera a verlos, a dar mi versión de los hechos. Quieren tomar huellas y todas esas cosas que seguro hacen los policías. Le pedí al doctor que me acompañara, puesto que pensé que iban a necesitar la versión médica de todo el asunto.

— Los informes están en el auto. No se habían emitido hasta que el caso se procesara y ahora hay una historia completamente detallada de ese día.

La enfermera se apartó de los presentes y caminó hasta el doctor, tomándolo por el codo de manera disimulada y apartándolo un poco de los presentes.

— ¿Lo haces apropósito acaso? ¿Sabes que hoy tengo que rellenar informes y te la llevas?

— ¿Apropósito? Ella fue quien me llamó y yo accedí amablemente. ¿Por qué piensas eso?

— No te pases de listo, ¿de acuerdo? Mira que ella acaba de salir de una decepción amorosa y no quiero que tenga más problemas. Le he cogido cierto cariño y créeme que te haré pagar si haces algo mal. Ya lo sabes, ¿verdad?

— Sí mamá, ya lo sé. ¿Qué no me das un jalón de orejas para el camino?

Trató de no reírse, pero le fue imposible y los presentes se dieron la vuelta para mirarla. Ella se llevó las manos a la boca y susurró un pequeño: disculpen.

Luego de que su madre besara su frente y le dijera una y otra vez que tuviera cuidado, Severus Snape se detuvo tras ella y comenzó a impulsar su silla hasta la salida. Antes de que pudiera subirse al auto y mientras el hombre acondicionaba el asiento del acompañante, Ginny se acercó hasta ella y se hincó hasta estar de su tamaño para decirle algo antes de partir.

— Recuerda, sé muy encantadora.

— Ya te dije que no es una cita... no insistas.

— ¿Señoritas? — dijo Snape, dándose la vuelta y arqueando una de sus cejas al verlas juntas y susurrándose cosas la una a la otra.

— ¡Buena suerte, Hermione! — exclamó Ginny desde la puerta, luego de que el doctor plegara la silla en la cajuela del auto y Hermione se ajustara el cinturón de seguridad.

El viaje permanecía callado y de vez en cuando, Severus hacía una que otra pregunta. Sobretodo al pasar junto a la hacienda de los Malfoy. Hermione había desviado la vista y había preferido distraerse con los maizales de camino a la ciudad y con uno que otro caballo que corría por los senderos que transitaban. Iban a poca velocidad, el doctor parecía decidido a disfrutar el camino y antes de encontrarse en las intranquilas y transitadas calles de Londres.

— ¿Y cómo se encuentra tu madre?

— ¿Mi madre? Bien, supongo, no lo sé. No hemos hablado mucho, como le dije... nunca hablamos.

— Pues en cuanto te vio en el hospital. — comentó el hombre dándole la vuelta al volante, suavemente. — ella pareció aterrada, no dejaba de llorar durante las noches y no dejaba de rezar por tu salud.

— Al fin notó que existo, la felicito por semejante hallazgo.

Severus no quiso comentar nada al respecto y Hermione se dedicó a mirar los alrededores en el auto, de forma disimulada. Un auto de un hombre "casi" cualquiera. Papeles en el asiento trasero, su bata de hospital en una esquina, un par de revistas en el suelo y una caja de cigarrillos casi cayéndose al suelo. Radiografías en un sobre amarillo.

— Lamento el desorden allí atrás, a veces no tengo tiempo de hacer nada. Solo voy y vengo. — escuchó que le dijeron y se sonrojó de inmediato.

— ¡Oh, lamento si mi rostro expresa algún tipo de juicio! Solo tenía curiosidad de ver la vida de un doctor y sí, me he dado cuenta de que es muy agitada. Pero... ¿un doctor que fuma?

— Trato de dejarlo, no me enorgullece y sin embargo en este trabajo ves tantas muertes, tantos juicios por "negligencia" anunciada por los parientes del fallecido, ves tantas situaciones amargas e impotentes que no sabes qué más hacer o en qué ocupar tus manos. Creo que he tomado el vicio más horrendo para ello.

Hermione asintió mientras que el doctor entraba en la ciudad al fin y miraba a su alrededor. La hora pico con un poco de tráfico, pero eso le daba más tiempo para conversar un poco más, para conocer un poco mejor con quién estaba tratando.

— ¿Qué estudiaste en la universidad, Hermione?

— Administración. Desde niña veía a mi padre dando órdenes, estudiando libros contables, sentí una entrañable fascinación por ello. Y luego estudié veterinaria de ganado y animales de granja, siempre tuve muchos conejos ¿sabe? Los amaba, son animales tan tiernos y siempre estaba en las granjas con ellos.

— ¿Hiciste todo eso a una corta edad?

— Tuve profesores particulares y mi padre me enseñó todo lo que sabía.

El hombre sonrió mientras se detenía frente a la comisaría y se apresuraba a bajar para desplegar la silla de ruedas. Al verla a un lado de la puerta, Hermione sintió una gran aprehensión que le heló la sangre de un corrientazo. Muchos se fijaban en ella, mientras el doctor le abría la puerta y le ayudaba a quitarse el cinturón de seguridad, tomando sus manos para intentar ponerla de pie y sentarla en la silla de ruedas.

— Este es un buen ejercicio para saber qué tan bien puedes soportar tu peso.

Solo fueron un par de minutos y antes de que su rostro de terror al sentir que caería, fuese visible.

— Tranquila, te tengo. — dijo el hombre, mientras ella por inercia se iba hacia adelante y caía entre sus brazos. Su cabeza había terminado apoyada en uno de sus fuertes y largos hombros. Retornó a la silla al poco tiempo y el mismo oficial que lo había entrevistado antes, abrió las puertas para que ella pudiera pasar.

Tragó con fuerza y se preparó mentalmente para un par de largas horas. Al quedarse sola con la policía, en la sala de interrogatorio y mientras el doctor buscaba los historiales médicos, sintió que lentamente se encerraba al cerrarse la puerta y al ver a los hombres rodearla.

— Buenas tardes señorita Granger, soy el oficial Dean Thomas y tomaré su declaración. Como sabe, su caso fue una gran reseña periodística y asustó a varios al pensar que moriría luego del incidente. Normalmente lo tomaríamos como tal, pero queremos saber si no se trató de un atentado contra su persona. Si no se encuentra amenazada por alguien particular y si hay algo más de lo que debamos preocuparnos, antes de cerrar el caso.

— Mire, no sé qué le hayan dicho pero no se trató de un suicidio. ¿Por qué habría yo de querer suicidarme a estas alturas de mi vida y con 19 años de edad?

— No lo sé, señorita. Usted díganos.

— Sé que hablaron con la familia Malfoy, sé que eso pensaron al escuchar que tuve una "relación" amorosa con el hijo de los Malfoy, pero eso no es razón suficiente para suicidarse.

— Si supiera las veces que oímos de crímenes pasionales...

— Ya lo sé, pero esta vez no es el caso. — dijo ella mientras comenzaba a irritarse sin razón alguna, mirando al doctor que se sentaba a su lado y con el historial entre sus manos. — tiene que creerme, la bicicleta quizá ya era vieja y simplemente falló. Fue mi culpa al pretender bajar una cuesta tan empinada y sin revisarla primero.

— Aquí en este historial médico, se detalla con precisión cada uno de los procedimientos realizados sobre la paciente. Una fractura en la costilla más baja en la parte derecha, al impactar el cuerpo contra el suelo. Fractura en ambas piernas por la colisión contra el auto y la posterior caída al suelo. Un hematoma craneal menor, afortunadamente, de unos cinco puntos. Raspaduras en brazos, manos y codos. En rodillas y en los muslos. Los dedos sufrieron gran daño al raspar con el suelo, necesitaron un poco de reconstrucción. Cirugía menor en este caso.

Hermione respiró al escuchar los datos y al sentirse como si se tratase de un Frankenstein de cuentos de terror, recientemente reconstruida y como esperpento, caminando por las calles, huyendo de hombres y mujeres con antorchas, sogas y armas cargadas. Tragó con fuerza una vez más y el hombre ladeó la cabeza para mirarla e infundirle el valor que supuso le hacía falta.

— ¿No tiene enemigos?

— Bueno, sí, los tengo. La hacienda de mi padre está casi en bancarrota y tuvimos problemas con ciertos proveedores y compradores, pero dudo que alguno de ellos saboteara mi bicicleta. O que sepan que existo siquiera. Mi madre figura como la única dueña de la hacienda y bueno, si quisieran hacerle daño a ella, mejor que quemen la hacienda primero que matarme a mí. — dijo ella con cierto resentimiento y un oficial le hizo una seña a otro policía, para que tomara sus huellas dactilares y las del doctor Snape.

Al salir, ella no se encontraba convencida de que hubiera hecho algún progreso con la visita. O que los policías hubiesen dejado de pensar que había tratado de suicidarse.

— Solo hacen su trabajo.

— Lo sé y sin embargo lo detesto. Una se siente completamente desnuda frente a ellos, literalmente, mientras ellos indagan en cada gota del pasado... hasta vaciar el vaso.

El hombre inspiró mientras empujaba la silla de ruedas, suavemente, en dirección al auto. Quizá no era un buen momento, pero pensó que luego no tendría otra oportunidad y podía usar sus conocimientos médicos a su favor. Al menos en un caso así.

Estaba tan perdido en el arte de conquistar. Los tiempos cambiaban y él se hacía cada vez más viejo y anticuado.

— Deberíamos ir a almorzar. Ha pasado muchas horas sin comer un solo bocado y no es conveniente bajo su estado de salud. ¿Qué dice? Yo invito.

— Oh no, doctor, ya ha hecho demasiado.

— Insisto.

No tuvo otra opción que acceder y en poco tiempo, ambos se encontraron en un pequeño restaurante no muy lejos de la comisaría. Un ambiente familiar y a la vez muy íntimo. Con cortinas blancas en cada una de las ventanas y un gran letrero de neón. El menú estaba escrito en una pizarra en la entrada y había una enorme barra en el centro, las mesas de madera negra estaban a su alrededor y las paredes eran una combinación de piedra y estuco. Estaba adornado por todas partes con botellas y temática de celebridades, de guerra y de viajes por el mundo. Tenía un muy buen aspecto y ella se arrepintió de inmediato, al preguntarse por el costo. Las luces bajas, a pesar de estar aún en el día, le daban un toque muy placentero.

— Por aquí, señor... — dijo una camarera y el hombre terminó sentándose en la última mesa. Perfecto, privacidad implícita en el contexto. Tal cuál como quería.

Hermione sonrió mientras recibía la carta y se trasladaba de la silla de ruedas hasta la silla junto a la mesa. A la hora de ordenar las bebidas, el doctor Snape hizo un chiste como lo era su especialidad.

— Algo que levante a los muertos, para esta jovencita que tengo en frente. — comentó y tanto Hermione como la camarera, rieron de inmediato.

— Un poco de vodka con soda. — dijo ella y Snape parpadeó sorprendido.

— No sabía que bebía y a esa edad. Para mí un poco de coñac.

Al irse la camarera, Hermione sonrió.

— Hay muchas cosas que no sabe de mí.

— Concedido.

La conversación no avanzaba y Hermione se encontraba mirando a través de la ventana, con su rostro apoyado en una de sus manos. Fue cuando recordó, de hecho, las palabras de Ginny sobre el hombre que estaba sentado frente a ella y que observaba sus alrededores, tamborileando con sus dedos en la mesa.

¿Soltero? ¿Intentaba coquetearle acaso?

— Perdone mi incesante curiosidad. — dijo, aclarándose la garganta y atrayendo su atención de inmediato. — pero no noto que tenga compañía alguna, si sabe a lo que me refiero, no hay anillo en su mano que me demuestre lo contrario. ¿Es que no tiene una mujer a su lado para hacerle compañía? Es una simple curiosidad, un tema para romper el hielo.

Quizá no el mejor, se dijo a sí misma, mordiéndose el labio inferior.

— Bueno, la verdad no. — le dijo, despreocupado, jugando con un par de removedores en la mesa. — hace un par de años ya que estoy solo, la pareja que tenía decidió terminar conmigo sin razón aparente.

— ¡Cuánto lo siento!

— Está bien, discutíamos mucho. Ella era un espíritu libre, una buena mujer. Yo estaba tan sumido en mi trabajo y tenía tanto que hacer; que casi no podíamos vernos. Supongo que eso mermó nuestra relación hasta el punto de quiebre. Supongo que nos amábamos, pero no lo suficiente como para sobreponernos a ello. Luego, mi vida se estabilizó por arte de magia, pero ya la había perdido. ¿No es irónico?

Se imaginó que incluso la llama en la cama, debía estar tan apagada como un fuego de solo cenizas. ¿Qué mujer sobrevivía sin eso? Ninguna. ¿Sin el romance?

Quizá las esperanzas de Ginny se habían ido muy lejos.