Disclaimer: nada me pertenece, excepto ideas. El resto pertenece a JK Rowling y basado en una novela de Yvonne Whittal

The Slender Thread.

Es una novela muy bonita, por supuesto yo la leí pero no la traduje igual para el fic. Solo tomé la idea principal y la adapté.

Se las recomiendo que la lean, es buena (o al menos lo fue para mí).


La conversación murió en un punto donde Snape tuvo curiosidad de saber su parte, de saber qué había visto en aquel chico quien la había tratado tan mal.

— ¿Y qué hay de usted señorita Hermione?

— ¿De mí? — preguntó mientras alisaba que no tenía ni una sola arruga, de su vestido largo y negro que le descubría los hombros y acomodaba su suéter blanco tejido a mano, cuidadosamente. Buscando con qué distraerse. Traía su cabello especialmente rizado aquel día y con una cinta blanca sobre su cabeza.

"Más hermosa no podía verse aquel día, Dora. Y pese a que tuviera heridas por todo su cuerpo, no había nada más hermoso que ella".

— Sí, supongo que hay una historia tras el joven Draco Malfoy. Tras ese amor "imposible", ¿o me equivoco?

— Bueno, la verdad es que nosotros éramos la primera hacienda en aquel lugar y hasta que ellos se mudaron, no teníamos mucha compañía. La escuela del pueblo estaba a un par de terrosos caminos y bueno, no conocía a nadie más que a la servidumbre que papá había contratado. Jugaba con muñecas de tela, con Ginny y su madre. Jugaba soccer con Ron y sus hermanos, me gustaba ensuciarme, tomar aventuras por los cuernos y no me acobardaba ante nada. Ni siquiera cuando aparecía algún ratón en casa y tenía que sacarlo de la habitación de mamá o de Ginny. Los atrapaba y los admiraba, construí un par de jaulas para ellos.

Severus sonrió al imaginarse a una niña que resultaba ser amante de los animales. — Podría acostumbrarme a esto. —, se dijo a sí mismo.

— Y entonces se mudaron y fue amor a primera vista, ¿cierto? — comentó el hombre dando un pequeño sorbo a su trago. Hermione negó con la cabeza y otra sonrisa lastimera.

— No. Nos llevábamos muy mal, siempre competía por quién tenía los mejores juguetes. Quién tenía el mejor padre agricultor que vendiera más, quién había viajado más alrededor del mundo. Quién tenía más conejos, caballos, gallinas, cualquier cosa. Y fue peor para Ginny, de hecho. Jamás pudieron congraciarse, menos sus hermanos. Siempre presumía de lo bien arreglada que estaba su servidumbre, de lo bien vestidos que se encontraban y el como ella usaba harapos, la forma en que se les notaba la pobreza en el rostro.

— ¿Y te enamoraste de un chico malo? ¿Por qué todas las mujeres siempre prefieren al malo del cuento? Quizá eso sucedió conmigo y con Lily Evans, no fui lo suficientemente malo.

— Bueno, no pude evitarlo. Usted lo vio, es casi "perfecto". Es un joven de cabellos rubios, como seda... y de ojos tan grises que atrapan y causan una importante primera impresión. Además, pese a ser un inepto de modales tan brutos como el más analfabeta que se pueda imaginar, su voz...

¿Y cómo diablos podría competir con eso? Él era un doctor graduado de las mejores escuelas y había desperdiciado la mitad de su vida en los estudios, no se había hecho de un gran negocio ni de un montón de servidumbre que le atendiera sus más estúpidos caprichos.

¿Por ende Lily Evans se había ido tras un comerciante?

— Eso me describe casi como todo un esperpento frente a él. — declaró y Hermione se sonrojó de inmediato, confundida.

— Oh pero si no debe darse por aludido, señor Snape. Usted también es realmente guapo, si me permite decirlo. Y es un importante miembro de la comunidad médica, eso sin duda suma status.

El hombre tuvo que sonreír y cayó en cuenta de que siempre que estaba con ella, sonreía más de la cuenta. Más de lo que usualmente se podría decir que Severus Snape sonreía.

— ¿Debo considerar eso como un cumplido del tipo romántico? — dijo mientras ella juntaba ambas manos en su regazo, apretándolas la una contra la otra y bajo la mesa.

— Bueno, digamos que no quería que se sintiera mal al respecto y usted comenzó, dándose por aludido. — le comentó y Snape asintió.

— Y es que cuando una mujer como usted, quiero decir hermosa, describe a un hombre de esa forma... hace sentir a los demás como innecesarios y bastante horribles.

Ella rió y él se encontró fascinado de escuchar aquella risa tan melodiosa. No le había escuchado reírse durante mucho o al menos desde que la conocía y creyó que jamás tendría la dicha de verlo, luego de recordar todo el pasado en el que había estado envuelta.

Casi deseó que aquel momento jamás acabara.

— ¿Y usted, señor doctor? ¿Qué tiene para decirme? ¿Alguna razón para convertirse en médico? ¿Algún secreto que sienta ánimos de revelarle a esta "hermosa" dama?

Severus Snape se llevó un dedo a la barbilla y alzó la mirada, haciendo un ademán de reflexión. Hermione esperó pacientemente mientras el hombre parpadeaba, seguramente pensando en qué debía decir y qué no debía decir.

— Bueno, cuando era niño fui un individuo casi modelo. Muy callado y retraído y sin embargo, la verdad es que tenía problemas en casa. Mis padres se casaron muy jóvenes y en verdad no se amaban y se odiaron desde el momento en el que se casaron, hasta la muerte. Aún no comprendo exactamente el por qué, pero de una forma u otra lograron tenerme y mi vida no fue color de rosas tampoco. Peleaban constantemente y yo solo quería escapar a mi propio mundo, quería irme para siempre. A veces, mi padre golpeaba a mi madre y yo tenía que intervenir. A veces iba a la escuela con algún moretón y empeoraba cuando los niños se reían de ello y yo los golpeaba también. Casi siempre estaba en detención, con alguna orientadora amenazando a mis padres de que me enviarían con una mejor familia. Me gradué con honores de la secundaria y realmente no tengo idea de cómo, para luego seguir de igual forma en dirección a la universidad. ¿Por qué me hice médico? Bueno, al principio sentí que era mi deber el salvar a todas esas víctimas del mismo abuso que sufría yo y sufrió mi mamá...

— ¿Y ahora?

— No... creo que esa es la única razón. Devolverles sus vidas y rostros o lo que sea que hayan perdido, a las víctimas de cualquier accidente. Devolverles lo perdido, como una vez quise que me pasara a mí.

Hermione se mantuvo en silencio y se dijo que quizá ella se quejaba demasiado, en razón al pasado tan trágico de aquel hombre frente a ella. Severus continuó como si mirara su vida en una vieja película en blanco y negro.

— Conocí a Lily Evans a través de una compañera de trabajo, Nymphadora Tonks. Es la pediatra más estrafalaria que haya visto jamás y creo que te la presentaré un día. Siempre carga su cabello de un color diferente, blanco "platinado", rosa chicle, púrpura... a veces no la reconoces y me pregunto cómo todavía tiene cabello. Lily estudiaba para ser enfermera como Pomona Sprout y Dora me ofreció para darle un recorrido por el hospital, para darle una pasantía por mi trabajo. Que le diera un entrenamiento para enfermería. Accedí, me enamoré de inmediato de sus ojos verde esmeralda, muy parecidos a los de tu madre y el cabello tan rojo como las llamas de una ardiente chimenea. Tal cual...

— Mi amiga Ginny Weasley.

— Exacto y ha de ser alguna coincidencia, algún destino que nos tendremos preparados el uno al otro... señorita Granger. En fin, luego de que convivimos por un cierto tiempo, comenzamos a hablar como usted y yo lo hacemos ahora, a decir qué tipo de música nos gustaba el uno al otro y nuestros 10 lugares favoritos para visitar antes de morir. Las cosas que más nos gusta hacer, los libros que nos gusta leer, la comida que nos gusta y quizá los mejores restaurantes en donde la hacen.

— Suenan como una gran pareja.

— Y eso creí hasta que comencé a trabajar como residente en jefe de los cirujanos en aquel hospital. Todavía no tengo un cargo alto y supongo que pasará mucho tiempo antes de que lo consiga, pero en ese momento... ser el cirujano en jefe valía mucho. Tenía una operación tras otra, burocracia que administrar y Lily Evans, más joven que yo de hecho, dos años menos, estaba en la etapa donde quería saber si estaba aquí o allá, si le había comprado algún regalo alguna vez, si iría a casa temprano solo para hablar de nuestros sentimientos y luego tener un poco de romance ocasional. No puedo mentir, ¿a qué hombre no le apetece regresar a casa y encontrar a su pareja con poca ropa, esperando en la cama? Pero estaba tan sumido en el trabajo, que hasta a veces descuidaba cosas así. Aniversarios, cumpleaños, se cansó muy pronto y decidimos terminarlo como dos adultos responsables. O bueno, ella me dio esa opción, yo solo tuve que aceptarlo. Ahora he oído que está con un gran comerciante y de nombre Harry Potter. Supongo que a todas les gustan los hombres adinerados y con negocios aquí ya allá.

Hermione se mordió el labio y negó con la cabeza de inmediato, haciendo que el hombre frente a ella sonriera. Esperó a que la mesera colocara la orden de pavo con un elegante puré de patatas y una llamativa ensalada como acompañante y volviera con un poco más de vodka, mientras también colocaba el almuerzo del doctor en la mesa, para dar su opinión al respecto.

— Está siendo muy duro con usted mismo, doctor Snape. Cualquier mujer querría enamorarse de un exitoso cirujano como usted. Salva vidas, a diferencia de los comerciantes que trafican con ellas.

¡Vaya rudeza! Se dijo él por un momento, pero luego de ello le dio la razón. Los comerciantes eran hasta capaces de vender a sus madres. O al menos algunos de ellos, no desconfiando de Harry Potter por supuesto.

¿O quizá sí? Se había enamorado y ella lo había intercambiado por lo primero que se le había cruzado, tenía derecho de pensar como quisiera. Aunque, otra vez, había sido culpa de su trabajo y el compromiso que tenía para con él.

— Espero que así sea. — confesó, dando el último sorbo a su trago de coñac. — que mi alma gemela esté más cerca de lo que creo que pueda estar.

— ¡Esto es delicioso! ¿Por qué no brindamos por la excelente comida y la idea de que así sea...?

El hombre miró a su alrededor y sin más opción que su copa de agua, la tomó con su mano libre y la alzó para chocarla suavemente con la copa de Hermione.

— Y que el nuevo tiempo nos traiga lo que más anhelamos. Supongo que usted desea el poder recuperarse y levantar la hacienda de sus padres, convertirse en una mujer exitosa.

— Y usted un puesto con más jerarquía en el hospital y... algo más.

— Brindo por ese "algo" más. — le dijo con una sonrisa suave, apenas visible entre sus labios. — aunque creo que ese algo más está más cerca de lo que se pudiera pensar.

Hermione parpadeó confusa, pero Snape no insistió y una mirada llena de picardía se cruzó entre ceja y ceja. Pomona había dicho que no intentara nada gracioso, pero no dijo que no se podía enamorar y con el fruto del tiempo y de reuniones como aquel agradable almuerzo. Ella no podía ser la dueña del tiempo ni del destino, quizá se enamoraban y quizá podría ser Hermione Jean Granger, quien le confesara su amor en algún momento y no él precisamente.

Había un sin fin de posibilidades.

— Jean es un lindo segundo nombre, señorita Hermione.

— Ah, estuvo leyendo mi hoja de vida.

— Sí, yo completé el expediente. Se podría decir que conozco casi todo sobre usted, al menos los detalles técnicos.

Y ansiaba llegar más allá de ello. No creía en el amor a primera vista, pero sin duda algo tenía ella. Algo debía ser lo que le atraía tanto y planificaba descubrirlo.