Disclaimer: nada me pertenece, excepto ideas. El resto pertenece a JK Rowling y basado en una novela de Yvonne Whittal
The Slender Thread.
Adaptado, tomada la idea principal más no traducida.
El sonido de un auto que se aproximaba a buena marcha, rompió el silencio en la hacienda y Ginny se encaminó al recibidor, para abrir la puerta. Se secaba las manos en su delantal de cocina y se sorprendió al encontrarse con el doctor Snape.
Cargaba a Hermione entre sus brazos y parecía profundamente dormida. Al instante se apartó y el hombre le indicó que su silla de ruedas seguía en la cajuela del auto. Aceptó en ir a buscarla de inmediato y en cuanto se percató que él ya no podía verla, sonrió de oreja a oreja y se preguntó cómo su amiga se había puesto a sí misma en aquel predicamento.
Al escuchar el ruido en el vestíbulo, su madre se asomó de inmediato. Caía el sol de la tarde y se preguntaba si su hija regresaría a tiempo para cenar. Ya comenzaba a preocuparse y aunque confiaba en el doctor como hombre con principios, su instinto como madre le decía que no estaba bien el dejarla sola por tanto tiempo. Algo que había aprendido de su madre era que no existían las sorpresas o casualidades, si podía evitarlas desde la raíz y por ello siempre protegía a Hermione de cualquier cosa.
— ¡Oh! — exclamó al notar que el doctor Snape sostenía a su hija entre sus brazos y trataba de no despertarla con su caminar. Se detuvo junto a él en el sofá y sin dejar de observar el cuidado que tenía al colocarla en el sofá. — ¿Qué sucedió? ¿Se siente mal? ¿Le pasó algo? — cuestionó mortificada, tratando de mantener la cama.
Severus Snape negó con la cabeza y aún inclinado junto a Hermione en el sofá. Se dio la vuelta y le sonrió a su madre que enroscaba sus dedos en su largo cabello negro, con cierto nerviosismo.
— Para nada, solo está dormida. Ha sido un viaje largo y tendido, solo está cansada. — Al ver la expresión en el exhausto rostro de Minerva McGonagall, se irguió y se dio la vuelta. — Nada especial sucedió en la policía, supongo que es su palabra contra la de ellos. No se mostraron muy convencidos de que hubiera sido un accidente, pero al menos la dejaran en paz por un tiempo. Almorzamos y luego se quedó dormida de camino a la hacienda. Creí que despertaría pero luego de darme cuenta de que no lo haría, no tuve el valor para despertarla.
Minerva McGonagall quien vestía un largo vestido campestre, blanco y con flores de diversos colores, frunció el ceño ante lo que el doctor había dicho y dándose cuenta de que sus manos habían comenzado a temblar inesperadamente, trató de simular que alisaba su vestido a la altura de su cadera. La misma expresión que Hermione usaba para decir que algo le atemorizaba, le causaba preocupación.
— No me malinterprete, solo fue un almuerzo entre doctor y paciente. Diría que entre amigos casuales, pero no creo merecerme tal calificativo. — suspiró mirando a Ginny arrastrar la silla hasta detenerla junto al sofá y pararse a un lado de él.
— ¿Gusta algo de tomar antes de marcharse, señor Snape? — preguntó y de pronto él se entretuvo con sus brillantes ojos verdes. Negó con la cabeza y se colocó un sombrero negro con una cinta marrón oscuro a su alrededor, que la jovencita no recordaba que tuviera al llegar y se preguntó de dónde lo había sacado. Tanto como su portafolios del mismo color que el sombrero.
— No, creo que ya es hora de que vuelva a la ciudad. Un par de nubes grises se asoman y creo que lloverá. ¡Qué bueno que he traído mi sombrero para ocasiones como esta!
Minerva asintió mientras caminaba junto a él para dirigirse a la puerta. Mientras caminaban, trataba de encontrar palabras de agradecimiento para lo que el hombre había hecho por su hija y Snape sin embargo, no quería escuchar nada de eso. Seguía diciendo que lo había hecho por el mero gusto de ayudar y que estaba a la disposición de la familia por cualquier emergencia.
Al abrirse la puerta, se encontraron con otro auto que estaba aparcado junto al de Severus. Al ver a Luna Longbottom y a Neville Longbottom, Severus se preguntó cómo habían encontrado la hacienda y descubierto que Hermione vivía allí.
— ¡Oh, buenas tardes doctor Snape! — exclamó Luna, caminando hasta su encuentro y extendiendo una de sus manos para estrecharla con las suyas. — ¡No me imaginaba que le encontraríamos aquí y a esta hora! Un policía de la comisaría cerca del hospital, nos dio la dirección y pensábamos pasar a saludar y saber cómo seguía nuestra intrépida chica.
Neville asintió retirándose el sombrero que cargaba y apretándolo con sus manos sobre su pecho. A Severus le daba la impresión de que el hombre tenía una especie de fobia a la interacción y por un momento eso lo distrajo de la conversación entre la madre de Hermione y Luna.
— Recién volvíamos de la comisaría, está dormida en el sofá de visitas. — contestó él con una sonrisa y Luna asintió sonriendo también. — pero creo que puede que ya esté despierta y estoy seguro de que le encantará verlos nuevamente.
Ginny luego de presentarse como una de las empleadas de la casa, accedió a guiar a Luna y a Neville hasta el interior de la casa, dejando a McGonagall con Snape.
— Bueno, señor doctor, agradezco mucho el que se haya tomado la molestia de acompañar a mi hija a la ciudad. Lamentamos todos los inconvenientes que hayamos podido causarle.
Severus pensaba decir que no necesitaba agradecerlo, cuando se dio cuenta de que la mujer sacaba un pequeño monedero y tenía la intención de pagarle. Negó con la cabeza y alzó una de sus manos para detenerla. Ella de inmediato hizo contacto con sus ojos negros como la noche que comenzaba a erguirse tras ellos en la entrada. Apenas se encontraban iluminados por una pequeña farola sobre la puerta de la casa, pero ella podía ver su sonrisa suave.
— No tiene por qué pagarme, puesto que su hija ya lo ha hecho con su agradable compañía. ha sido un placer ayudar y no creo adecuado que cobre por mis servicios.
— ¿Y para eso no es que trabaja? — replicó la mujer con curiosidad y Snape se preguntó si debía decir lo que pensaba de la situación económica de la familia.
— Solo cobro a quienes tienen mucho que dar y sin embargo no lo hacen. — comentó haciendo una reverencia con su sombrero y de camino a su auto, dejándola con una expresión de no haber entendido lo que había querido decir.
Le observó alejarse por los pastizales y se dio la vuelta para retornar a la hacienda. Dentro el ambiente parecía animado, mientras Luna estaba sentada en una silla junto a Hermione y le hacía preguntas sobre su cita con el doctor Snape.
— No fue una cita, solo me acompañó a la comisaría y esclarecer mi caso de una vez por todas. Luego me invitó a almorzar.
— Eso es como una cita. — dijo la mujer mientras tomaba una de las manos de su esposo, sentado a su lado y lo miraba para que confirmara su idea.
— No creo que debas apresurar conjeturas, Luna. El doctor Snape parece un hombre muy respetable. — dijo Neville con una vocecilla y Minerva se unió a la conversación.
— Además es bastante mayor y no creo que quiera salir con una jovencita como mi hija. — recalcó la mujer con un tono de voz que le dio a entender a Hermione, que no debía acercarse a no ser que fuese una estricta relación médico- paciente.
Pero y aunque su madre insistiera, Ginny tenía otra idea en mente. Y en cuanto Minerva se levantó para hacerles una visita guiada por la hacienda, a Luna Y a Neville, se sentó junto a su amiga y no dudó en compartir sus opiniones al respecto.
— Debiste ver cómo te cargaba y te dejaba en el sofá, ¡con un cuidado que solo tienes con alguien a quien realmente amas!
— Lees demasiadas historias de amor, tienes que encontrar algo mejor que hacer con tu tiempo libre.
— ¿De verdad crees que tengo tiempo libre con tu madre dándome órdenes y mis padres cuidando su salud? — replicó ella con un falso enojo, causando que su amiga en el sofá se sonrojara y apartara la vista de sus inquisidores ojos verde esmeralda.
— Ya te dije que no está enamorado de mí, si apenas nos conocemos. Aunque debo decirte que ha tenido un pasado bastante malo, casi sentí compasión por todo lo que me contó en el almuerzo.
Ginny sonrió y componiendo su mejor cara de: "Cuéntamelo todo", se acomodó en el sofá con ella y se cobijó con la misma frazada que Hermione había estado usando mientras dormía. Aún podía sentir su aroma tan masculino, en su vestido y en aquella frazada. Reconocía que resultaba muy agradable, hipnótico.
Luego de toda la historia del doctor Snape, Ginny parpadeó sorprendida y el entusiasmo que tenía al principio, se convirtió en un suspiro lastimero.
— Es una lástima que su novia y él han terminado de esa forma. — dijo y Hermione no supo qué decir. — quizá ese sea el destino y ustedes dos estén destinados a estar juntos.
— Ya escuchaste a mamá, no puedo ni acercármele a menos que sea necesario. — reiteró ceñuda, pero la joven a su lado ignoró el comentario y continuó como si no lo hubiese escuchado del todo.
— Tienes que reconocer que es muy cándido y muy agradable. No importa su edad, parece saber qué quiere hacer con su vida y eso es mil veces mejor que Draco Malfoy y su inmadurez.
Hermione meditó lo que Ginny decía y un recoveco en su mente, le dijo que quizá tenía razón. Nunca había tenido a nadie que cuidara de ella, tal cuál como el doctor Snape lo hacía. Quizá como su padre, pero no quería confundir a Snape con su padre.
No había nadie como su padre, solo un ligero parecido y más no igual.
— Está bien, admito que me hace sentir bien que se preocupe por mí. — comentó con las mejillas sonrojadas. — ¡pero no de la forma que crees! Es tan agradable como lo que papá hacía por mí.
— No me digas que has comparado al doctor Snape con tu padre. ¡No tienen punto de comparación! Y además, no creo que te casarías con tu padre ni tendrías hijos con él.
— Ginny... ¡eso es más que bizarro!
Pero antes de que la joven contestara, una mujer se detenía tras ellas y colocaba su mano sobre el sofá. Sprout parecía haber despertado de una pequeña siesta que había tomado y al ver a Hermione, arqueó una ceja.
— Veamos, haré una inspección rápida. ¿Brazos? ¿Pecho? ¿Piernas? ¿Acaso te tocó en alguna parte?
— ¿Acaso no confía en él, señorita Sprout? — preguntó Ginny llevándose las manos a la boca y tratando de sofocar una risilla.
—La verdad... no. Es un buen hombre pero en términos de mujeres, siempre actúa como un tonto. Lo único que sí puedo decirte y desde que lo conozco, es que siempre ha sido fiel y sobretodo en razón de querer algo y obtenerlo. No se rinde en cuanto pone su ojo sobre algo.
Eso se lo había dicho más a sí misma, preguntándose si le había puesto el ojo a su paciente y si iba a continuar hasta el final. hasta conseguir enamorarla. Sabía que estaba interesado en ella, lo podía ver en su mirar y en sus gestos para dirigirse a ella o al hablar de ella. Más que obvio.
— Ya ves, Hermione. Le gustas al doctor.
¿Y en verdad le gustaba a un hombre que prácticamente le triplicaba la edad y tenía tanto poder que era capaz de conseguir a la mujer de su sueños? ¿Por qué a ella entonces?
— Veo que vas enserio con todo esto, Severus.
— Sí, así es Dora. Hoy lo confirmé. — dijo a la mujer de estrafalarios cabellos púrpura y tez tan blanca que hacían un gran punto de contraste. Le ofreció un café y se sentó a su lado en un largo sofá en la sala de espera del hospital. — Hoy confirmé que no puedo sacármela de la cabeza y aunque sea muy temprano para decirlo, tengo interés en descubrir cómo se tornará todo esto. El curso de esta historia.
— ¿Y qué piensa Sprout al respecto? Tenemos tanto tiempo sin hablar pero sé que ella siempre iba tras de ti, diciéndote qué hacer y cómo comportarte.
— Sí, ella y yo nos tenemos gran estima el uno por el otro. Siempre escucho sus consejos porque sé que son bienhechores. Sé que siempre tiene buenas intenciones y que solo trata de protegerme, aunque a veces actúe como si fuese mi madre.
La mujer sentada a su lado, apoyó uno de sus brazos en el sofá y su cabeza en su mano, mientras sostenía su taza de té con la otra mano y suspiraba al escucharlo decir aquello.
— Porque ella sabe bastante bien, la turbia relación que tuviste con tus padres. Tuvo que asumir ese rol, luego de que terminaras sumido en una terrible depresión y no encontrásemos forma de sacarte de allí. Pensábamos que te suicidarías o algo por el estilo. Estabas muy deprimido en el funeral de tu madre, nunca pensé verte de esa forma.
El hombre no contestó y sacó un cigarrillo de uno de los bolsillos de su bata. Colocó la taza de café sobre la mesa frente al sofá donde estaban sentados y cubrió el cigarrillo con su mano, luego de colocarlo en su boca y sosteniendo un encendedor con la otra mando. Tratando de encenderlo.
Un inusual viento frío, se cruzó en la sala de espera y amenazaba con apagar la llama que trataba de encender.
— No sé por qué pero siempre que hablamos de Sprout, terminamos hablando de mi madre. — dijo exhalando un poco del humo del cigarrillo y Nymphadora Tonks, la pediatra, sonrió suavemente.
— Porque ella es como tu madre, también. Y deberías saberlo o bueno, tú lo sabes ya. Por eso se quiere asegurar de que tus intenciones con esta chica, Hermione Granger, son de fiar. Ella no quiere que la lastimes y tampoco quiere que salgas lastimado.
— ¿Cómo podría lastimarla? ¿Crees que soy esa clase de hombre? — dijo cruzando una de sus piernas sobre la otra y acercando el cigarrillo hasta un cenicero que cargaba consigo. Era el único que se atrevía a fumar en un hospital y sabía que era un terrible hábito que tenía que dejar.
— Hagamos esto. — dijo la mujer y el hombre pareció muy interesado. Ella sabía cuánto amaba las apuestas y estaba decidida a apostar con él. — apostemos a que si la conquistas, yo me teñiré el cabello de un rosado cursi durante un año. Y si fallas, tendrás que dejar de fumar para siempre. Solo espero que falles para que dejes ese asqueroso hábito. — murmuró, tratando de alejar el humo del cigarrillo con su mano.
— Muy bien, tenemos un trato.
Ambos rieron mientras bebían un poco de café y esperaban por alguna emergencia, cercana a la víspera de navidad.
