Disclaimer: nada me pertenece, excepto ideas. El resto pertenece a JK Rowling y basado en una novela de Yvonne Whittal
The Slender Thread.
Adaptado, tomada la idea principal más no traducida.
Llegó la noche y tanto Hermione como Snape, sentían un desagradable nudo en el estómago. Fueran las razones que fueran, ambos se sentían aprehensivos con respecto a la cena de caridad en el hospital.
Severus pasaba supervisando todo y aunque Albus Dumbledore era el cirujano presidente del gremio, su mejor amigo de hecho, trataba de controlarlo todo y a la directiva no le gustaba en absoluto.
— Si no te conociera tan bien como te conozco, Severus, diría que traerás a alguien muy importante a la celebración y tratas de que todo sea perfecto. — comentó el doctor Dumbledore y Snape se dio la vuelta con cierta sorpresa, mientras caminaba con un par de historias de sus pacientes anteriores, para ordenar el papeleo antes del fin de año.
Siempre se sorprendía de lo mucho que lo conocía, el cirujano Albus Dumbledore. Por supuesto ya retirado, pero casi le había dedicado toda su vida al arte de la cirugía y bueno, sus conocimientos eran legendarios. Ya no impartía clases en la escuela de medicina, debido a que estaba muy viejo y sus técnicas quizá eran un poco viejas ya. Sin embargo era muy querido y respetado entre sus colegas.
Especial por Severus, quien había aprendido tanto de él y a quien había podido recurrir cuando sus padres se peleaban y él necesitaba escapar, dormir en algún lugar donde pudiera estudiar y concentrarse. Albus y su esposa Lucy, siempre habían sido amables y nunca habían puesto ninguna objeción cuando él necesitaba alguna cosa, quizá hasta un poco de dinero.
Y siempre se los pagaba a tiempo.
— Bueno... digamos que así es. Hoy voy a ver a alguien importante y necesito que se lleve una buena impresión de todo...
— ¿Y de ti? — le interrumpió el hombre y tuvo que asentir, ligeramente avergonzado. Se sonrojó y fingió que un par de historias se caían de sus brazos, para simplemente mirar en otra dirección. — dime, ¿acaso la conozco? ¿Es buena chica? Ya sabes que no quiero que te metas en problemas. ¿Tiene novio? ¿Es casada?
— No, no es casada. La verdad que es una jovencita a la que ayudé hace unas semanas, que tuvo un accidente...
— No me digas, creo que ya lo sé. Hermione Granger, el caso más comentado de la ciudad y el hospital. ¿Se salvó? Estuve de vacaciones en Cairo y el doctor Koffman me escribió sobre tu conducta, pensaba suspenderte.
Snape hizo un gesto como si odiara al hombre y el cirujano Dumbledore tuvo que reírse, acomodando sus gafas de media luna.
— Tonterías, como si en verdad hubiese hecho algo terrible. Solo quería salvarle la vida, ¿eso tiene algo de malo? El doctor Carl Koffman es quien debería retirarse ya, está viejo y cascarrabias.
— Recuérdame que no debo sentirme ofendido por esta conversación. — le contestó Albus Dumbledore y Snape volvió a sonrojarse de pronto.
— Sabes a lo que me refiero.
— Por supuesto que lo sé, no te preocupes. Bueno, si ves a la señorita Hermione... ¿le das mis saludos? No creo que pueda durar mucho tiempo en la fiesta, si es pasada mi hora de dormir y bueno, tú ya conoces a Lucy. Por cierto y tómatelo a modo de consejo si vas a salir con ella, broncéate un poco. Estás muy pálido.
Lo miró atónito y tuvo que echarse a reír, tiempo después. Los estudiantes de medicina que daban un tour por el hospital, lo miraron con atención mientras se reía a carcajadas. A último minuto recobró la compostura y carraspeando suavemente, continuó su camino a su despacho.
Al entrar, dejó la caja de historiales sobre la mesa y se dijo que al menos iba a pasar una entretenida tarde, vaciando su locker y revisando documentos viejos, para limpiar su oficina. Eso evitaría que, sin duda, pensara en ella y se pusiera más nervioso de lo que ya estaba.
Su traje y el resto de su ropa, estaba tras él, colgando en su armario. En verdad, evitaba mirarlo y sentía que era como una especie de espíritu que lo acosaba desde adentro del clóset, como cuando era niño y creía que había monstruos en el armario.
El monstruo solo era su temor a fracasar, su temor a perderlo todo una vez más. A enfrentarse con la realidad de que iba a terminar solo.
Negó con la cabeza y desechó la idea de inmediato. Tenía que intentarlo y no iba a desistir.
Ginny Weasley pensaba lo mismo, mientras colocaba el vestido nuevo y las zapatillas nuevas de Hermione, junto a una silla en la cama. Ya era hora de preparase para el evento y como su mejor amiga no podía moverse, debido al accidente, tenían que empezar con anticipación.
Mientras preparaba la tina para el relajante baño de burbujas, Hermione sopesaba sus posibilidades.
— ¿Crees que en verdad, el doctor Snape esté enamorado de mí?
— Por supuesto que lo está, Hermione. — dijo la chica de rodillas en la tina, sin darse la vuelta y comprobando la temperatura del agua. — la forma en que te mira es más que suficiente, para darse cuenta de que siente algo por ti.
Hermione se mordió el labio inferior. Realmente no se había fijado en la forma en que la miraba, puesto que todavía no comprendía los códigos del romance. Si bien era cierto que se ocultaba tras los cultivos de maíz en el campo, mirando atentamente a Draco Malfoy, nunca se había visto en un espejo como para decir sobre cómo se veía una persona cuando estaba enamorada.
— ¿A qué te refieres?
— Bueno, normalmente es cuando no puedes despegar la vista y miras fijamente. Cuando sientes que el mundo se detiene y nada se mueve. Nada más tiene sentido que el tiempo en donde la persona que te gusta y tú, están detenidos. ¡Puede pasar un gran tornado y quizá no te des cuenta! — dijo Ginny dándose la vuelta y gesticulando un enorme tornado que arrasaba con un pequeño poblado, bajo la luz de una pequeña vela en la pared.
— Entonces es esa mirada tonta que ponen los hombres en las películas, mientras miran a la chica que se encuentra frente a ellos y sosteniendo un ramo de flores.
— Sí. Así como el doctor Snape lo hizo cuando vino a verte, la primera vez. ¡Y hasta trajo las flores!
Ambas se rieron en el baño, mientras Ginny le ayudaba a sentarse dentro de la tina. Comenzaba a sentir cierta mejoría en las piernas y por un momento, una voz en su interior se preguntó si el hombre querría bailar con ella.
¿Cómo iba a bailar luego del accidente? Su expresión de soslayo, llamó la atención de Ginny y ésta la miró con curiosidad. Cargaba un par de esponjas de baño y jabón, para tallarla muy bien.
— ¿Crees que quiera bailar conmigo? ¡No aprendí a bailar muy bien! Papá trató de enseñarme, pero yo siempre fui torpe con los pies y no tengo mucho oído musical. Y ahora con este accidente...
— ¿Y qué ha de pasar? Si quiere bailar, bailas con él y ya. Además, él es tu cirujano y Sprout es tu enfermera. Ellos saben si puedes o no bailar.
No contestó y Ginny tomó aquello como un aval para comenzar el champú y enjuague del cabello. Comenzaba a quedarse dormida ante el suave masaje que la jovencita realizaba en su cabeza. Ahogó un bostezo y se permitió hundirse un poco en la tina y relajar sus pensamientos.
Quizá no iba a ser tan malo, se dijo. Seguramente que su amiga tenía razón y hasta algo bueno iba a resultar de todo ello. Severus parecía un buen hombre y aunque ella no sentía mayores cosas, solo un gran agradecimiento por todo lo que había hecho por ella, quizá debía dejar de ser tan quisquillosa y solo dejarse llevar por el momento.
Además de que la idea de llevarle la contraria a su madre, resultaba tan satisfactorio. Su madre no podía determinar de quién debía enamorarse o no. Tampoco podía restringirla si deseaba o no, llevar el asunto a otro nivel. Eran sus sentimientos como persona individual e iba a ser ella quien juzgara si el doctor era un hombre digno o no de ella.
Era terca, su padre siempre lo había dicho que de él lo había heredado. Le gustaba correr libre como el viento, ser ella misma. Nadie le pondría "peros" ni "no" a su vida. Siquiera esa fea silla de ruedas.
