El doctor Severus empujó su silla de ruedas hasta la pista de baile y muchos se apartaron, mientras que Ginny quien bailaba con su hermano Ronald, muy animada, volvió a alzar los pulgares y sin que su hermano se diera cuenta de ello. Hermione negó con la cabeza, sonrojada, mientras que el doctor le hacía preguntas incómodas.

"¿Acaso te dio fiebre repentinamente?"

En medio del salón, también percibió que su madre pensaba acercarse y hacerle preguntas que supuso, comenzaban con cosas como: "¿¡Dónde rayos estabas metida!? ¡Estaba muy preocupada por ti! ¿¡A dónde te llevó el doctor!?" Y antes de que continuara, Severus la detuvo con una simple pregunta.

— Señora McGonagall, ¿tendría la amabilidad de cederme a su hija para un baile?

La mujer parpadeó sorprendida y con gran escepticismo, cuestionó que el doctor estuviera cuerdo. Quizá había bebido demasiada sidra de manzana y eso justificaba el intenso rubor en el rostro de su hija.

— Pero doctor Snape, ¿no se ha fijado que mi hija todavía no camina bien? ¿Cómo se supone que baile?

— Precisamente, es por ello que quiero ofrecerle ésta pieza o la que sigue. Quiero verificar qué tan bien puede apoyarse y moverse. Esto no tiene otro interés más que un mero asunto médico.

No supo por qué, pero Hermione se sintió decepcionada al escuchar aquello. Minerva los miró a ambos por un momento y luego al largo saco negro que llevaba su hija, como abrigo.

Los vigilaría muy bien.

— De acuerdo. — dijo dejando caer sus hombros en señal de derrota y Snape sonrió suavemente, mientras la mujer regresaba a su asiento y acomodaba su silla para mirarlos mejor. Nymphadora trataba de distraer a la mujer, pero no cedía ni un ápice y cruzada de brazos, miraba a la pareja.

Casi sin pestañear.

— Lo siento, mi madre suele ser sobre protectora cuando quiere. No sé, cree que usted y por la diferencia de edad, pese a que me haya salvado la vida, no es de fiar. Cree que tiene otras intenciones conmigo.

Las esperanzas de Snape comenzaron a desvanecerse, al escuchar aquello. ¿Cómo se suponía que podría cortejarla, si ella ya le decía que no de antemano?

— Pues lo comprendo. — dijo al final de un silencio que a ella le pareció eterno. Se inclinó para levantarla, colocando sus manos cuidadosamente alrededor de su cintura. — Es usted hija única y supongo que su madre quiere proteger, lo único que le queda en la vida. Digo, la hacienda no le contestará cuando le hable y tampoco podrá abrazarla y recibir afecto a cambio.

Hermione quiso contestar, pero estaba muy distraída en darse cuenta de lo que el doctor intentaba hacer. Ponerla en pie y una vez hecho, se aferró con fuerza a sus angulares hombros.

Temía caer al suelo de un solo golpe. Pero el hombre la sostenía tan fuerte que pensó que la bifurcaría, de la fuerza que empleaba con sus manos sobre su cadera.

— Cuando estés lista, comenzaré a soltarte. — murmuró, dándose cuenta de que muchas miradas estaban posadas sobre ellos en la pista de baile. — ¿Qué te parece a la cuenta de 5?

La joven asintió en silencio, mordiéndose el labio inferior y parándose de puntas. Temía apoyar su pie completo y resbalar. El hombre comenzó la cuenta regresiva y ella se dijo a sí misma, que era ahora o nunca.

Al llegar al uno, simplemente apoyó ambos pies en el suelo. Completamente. Severus Snape sonrió de inmediato y ella sonrió de igual forma. Luego, tropezó un poco torpe y el hombre la rodeó con sus brazos de inmediato.

Su cabeza terminó sobre uno de sus hombros.

— ¡Lo siento tanto! Creo que aún no me acostumbro.

— Descuide. — escuchó que le susurraron al oído. — Esta especie de Valls, nos ayudará a refinar sus movimientos. ¿Preparada?

Sintió que asintieron sobre su hombre y sosteniendo una de sus manos, sin soltar su cadera, comenzó a moverse lentamente por la pista de baile.

— Uno dos tres, uno dos y tres. — continuaba marcando el paso y esperando a que ella se moviera a su propio ritmo.

La reunión entera se había apartado de la pista de baile y había comenzado a aplaudir, mientras Hermione hacía su mejor esfuerzo por caminar y bailar al mismo tiempo. Apenas y recordaba haber bailado un par de veces con su padre. Aquella tonada le era tan poco familiar.

— OH dios bendito, ¡pero qué mala soy para esto! Con razón papá siempre dijo que tenía poco oído para la música.

— Es algo que se puede entrenar, descuide. — le dijo el hombre con una sonrisa suave y Hermione lo miró directamente a los ojos. — Creo que cualquier cosa puede hacerse, si se tiene la predisposición necesaria.

Y ella sonrió mientras el hombre la sostenía más cerca, para girar suavemente y al ritmo de la música. Muy pronto el doctor Albus Dumbledore y su esposa, se unieron al baile y muchos otros que habían estado mirando, hicieron lo mismo.

— Creo que lo hacemos bien, puesto que todos han venido a unírsenos y me parece que hasta ahora, nadie se ha reído de nosotros. — dijo Hermione, contenta y antes de que Snape pudiera decir lo que pensaba, Ginny se había acercado hasta ellos. Sostenía la mano de Ron y parecía sonrojada. Hermione se preguntó si había estado bebiendo a escondidas de su familia.

— ¡Qué gran baile Hermione, sin duda alguna! El doctor y tú, hacen una gran pareja. ¡Y mira a Bill, ya consiguió que Fleur lo besara!

Miró por sobre el hombro del doctor y se dio cuenta de que el joven estaba debajo de un ramillo de muérdago y se besaba cándidamente con la joven del puesto de frutas en el pueblo.

Se sonrojó sin poderlo evitar, pero no pasó desapercibido por el doctor Snape. Siempre había querido ser besada de esa forma, que el mundo se detuviera a su alrededor y que no importara nada más que ella y la persona con quien estuviera.

— Creo que no le haría mal, tomar un poco de aire. ¿Señorita Hermione?

— Eh... sí, claro.

— Y espero que no me lo tome a mal... pero quizá bailar en el pasto del parque, sea mucho mejor para sus pies.

Asintió en silencio, dejándose caer en la silla de ruedas y suspirando aliviada. Ginny le guiñó un ojo y Hermione no entendió por qué exactamente, sino hasta que comenzaron a cruzar la sala de conferencias.

El parque era hermoso y estaba lleno de columpios y juegos para niños. Mesas que supuso, ocupaban los ancianos en recuperación y visitantes. Tenía tableros de ajedrez, tenía tableros de damas y árboles altos y muy frondosos. La luna se alzaba hermosa en el firmamento y no pudo evitar sonreír y suspirar ante la imagen.

Aún podía escucharse la música, pero ya no tanto como creía que sería. Según lo que el doctor había dicho, quería seguir bailando con ella...

Pero simplemente se había sentado en uno de los columpios y contemplaba la luna llena en silencio.

Luego de unos segundos donde Hermione se preguntó si siquiera recordaba que ella estaba allí, le escuchó suspirar profundamente y se dijo que el doctor parecía pensar en algo.

Demasiado.

— Bien, ¿quiere columpiarse un rato? — preguntó con una sonrisa irónica, dibujada en su rostro. — a no ser que quiera jugar damas o ajedrez, que lo entendería perfectamente.

Negó con la cabeza y estiró sus brazos hacia el hombre, riendo. El doctor la levantó de la silla y de inmediato la sentó en uno de los columpios. Estaba hecho de goma y tenía forma de "u". Las cadenas se sintieron heladas a su tacto.

— Es una fortuna que hubiese dejado de nevar. — comentó el hombre. — No estaban tan fríos cuando me senté, pero no sé si para usted...

— Estoy bien, aunque mi vestido quizá se moje un poco. Pero no importa, solo quiero divertirme.

— De acuerdo. — le contestó Snape, mientras empujaba el columpio suavemente. — Y dígame, señorita Hermione, ¿alguna vez pensó en matrimonio? Quiero decir, ahora que se ha graduado... ¿nunca pensó en casarse y tener hijos?

Hermione meditó en silencio y se preguntó cuáles serían sus posibilidades. No sabía lo que era el amor y había pasado la mitad de su vida, obsesionada con un muchacho que ni sabía que existía. O al menos, no de la forma que ella esperaba.

¿Quién querría a una jovencita que incluso era virgen? ¿Quién enseñaba sobre amor en esos tiempos?

Seguramente solo se aprovecharían de ella y de su inexperiencia.

— OH no, no creo que todo eso sea para mí. No me malinterprete, cualquier mujer sueña con tener hijos y la sala de maternidad resultó ser muy hermosa, pero no creo que nadie quiera a una tonta como yo, que no sabe nada de amor y ni siquiera ha besado a alguien antes. ¿Quién se toma la molestia de enseñar sobre eso, hoy en día? Tengo miedo de que mi madre tenga razón y solo se aprovechen de mí, puesto que soy joven y no tengo experiencia en nada.

— Pero eso es pensar dentro de la caja, señorita Granger. — Escuchó que el hombre decía tras ella, mientras empujaba el columpio. — y puede que haya hombres así, sé que los hay, pero no todos entran en ese mismo saco. De eso se trata, de arriesgarse y tomar las experiencias de lo que sea que pase.

— Como ve, creo que soy un poco tímida y con miedo a las masas. Creo que nunca pude relacionarme con muchas personas y no adquirí ese tipo de destrezas. Mi padre siempre quiso que yo fuese una mujer emprendedora, pero también me sobreprotegía tanto que causó el efecto contrario en mí.

Severus había sonreído y sin que ella se diera cuenta de ello. Estaba seguro de que podía enseñarle todo eso y muchas otras cosas.

Ahora estaba más seguro que nunca, acerca de ser la mujer que esperaba en su vida.

— Una joven hermosa como usted, seguro tendrá a todos los hombres arrastrándose a sus pies.

— ¿Como usted?

Echó su cabeza hacia atrás de la sorpresa y volvió a sonreír, mientras que Hermione ladeaba la suya para mirarlo tras ella.

— Inocente o ¿culpable? — dijo y Hermione rió suavemente. — ¿De qué cargos se me acusa?

— No crea que no lo he notado. Bueno, en realidad no lo noté... Ginny se dio cuenta primero que yo. No sé por qué, en verdad. Tampoco es que yo sea una mujer atractiva como para que alguien de su talle, se pueda interesar en mí.

Tenía que haberlo pensado antes, tenía que recordar que ella era una joven asertiva y que se iba a dar cuenta muy pronto.

— Toda la noche ha sido tan atento conmigo y todas estas semanas que han pasado, muchas gracias. Pero yo en verdad me pregunto si vale la pena, si valgo la pena todo el esfuerzo.

Sintió que el hombre suspiraba audiblemente tras ella.

— Créame que no haría todo esto que hago, si no creyera que vale la pena. Si no creyera que vale mucho la pena.

— Pero siquiera ha pedido mi mano formalmente, siquiera me ha declarado sus verdaderas intenciones. ¿Se puede enamorar de alguien solo a primera vista? Quiero decir, apenas nos conocemos y...

Se detuvo, meditando lo que había dicho. Ginny lo había mencionado una vez, sobre el amor a primera vista. ¿Lo que ella había sentido con Draco, era amor a primera vista? ¿Acaso eso era lo que el doctor Snape, estaba sintiendo en aquel preciso momento? ¿Con solo ver a una persona cualquiera, se podría saber que es la indicada? ¿Cómo funcionaba algo tan misterioso?

Estaba en blanco, no comprendía. Y se quedó aún más en blanco, cuando sintió una de las manos seguras y enérgicas, del doctor Snape, sosteniendo su quijada con suavidad.

— No tiene por qué ser tan complicado, solo es amor. — su dedo pulgar acarició el contorno de sus labios. — No puedo explicar y tampoco creo que si lo hago, usted pueda entenderlo. Solo estoy seguro de lo que siento y la única razón por la que no la había cortejado como se debe, es por su madre y porque pensé que se sentiría comprometida. Fui o soy su doctor y ahora no puedo sacármela de la cabeza, no puedo. A su madre no le gustaría pero sinceramente, soy capaz de cualquier cosa para hacer que cambie de opinión. Al principio pensé que no tendría competencia, con jóvenes como el muchacho Malfoy. Pero no pienso desistir, no pienso rendirme al menos que usted me lo pida. Pensaba usar esta noche para hacérselo saber, pero me he dado cuenta de que su amiga ha sido muy lista y me ha ganado terreno. Ahora temo pensar en lo que usted crea de mí y no sé si le causo temor, si me diría que sí solo para apartarme de su lado. Por compromiso.

Se quedó en silencio, simplemente hipnotizada por sus oscuros ojos como la noche, mirándola atentamente y con una calidez que jamás vio antes. Solo en su padre. Alguien que la amaba incondicionalmente, sin importar qué hiciera.

Cerró los ojos al darse cuenta de que el hombre se inclinaba sobre ella y el doctor sonrió ante lo inexperta que la joven era, precipitándose inmediatamente al beso. Antes se habría tomado todo el tiempo del mundo en otros detalles, pero en aquel momento apenas podía resistirlo.

Si la perdía, pues al menos podría llevarse algo con él. Con su otra mano sostuvo el columpio para evitar que la joven resbalara o que se moviera, mientras que continuaba sosteniendo su rostro y acariciaba la línea de la barbilla, con sus dedos.

Al besarla, se dio cuenta de lo que hablaba. Jamás había besado a alguien y sus labios estaban apretados contra los suyos. Trató de relajar su mandíbula, acariciando su rostro con más detalle y trazando los contornos de sus labios, con su lengua.

Hermione tembló al sentir la humedad en sus labios, pero él no desistió. Solo necesitaba un pequeño espacio y todo lo demás vendría por sí solo. La joven no sabía dónde apoyarse o qué tocar, en el cuerpo del doctor junto a ella. El beso era torpe y podía sentir que sus labios temblaban bajo los suyos.

Quizá no era la noche ideal para ir tan lejos, pensaba retirarse con al menos un pequeño beso mariposa. Con eso se conformaba.

Pero los labios de ella se abrieron apenas un poco y eso le dio el empujón que necesitaba.

Al principio, la lengua de Hermione retrocedía y ante el contacto de algo que invadía su boca. Por un momento pensó que se había pasado de la raya y que quizá debía enseñarle a confiar en él, antes de irse a la ligera.

Se había dejado llevar y ahora se arrepentía de ello, ¡pero qué podía hacer! Si con solo verla, perdía todo sentido. Perdía el control de su cuerpo y sus ideas.

Retrocedió de inmediato y le dio la impresión de que Hermione había protestado o quizá eran ideas suyas. No entendía exactamente por qué, pero no se sentía para nada mal y un agradable cosquilleo comenzaba a bullir en su interior.

Supuso que esas eran las clásicas "mariposas", de las que Ginny se la pasaba hablando. A última instancia, sintió que el doctor había capturado su labio inferior y luego de una pequeña caricia, se había separado de ella.

— Lo siento. — escuchó que había murmurado, pero ella estaba mucho más al pendiente de las sensaciones en su interior. Era fantástico y sin saber exactamente por qué, ya empezaba a añorarlas de vuelta. No sabía qué había hecho el hombre, puesto que no había mirado, pero lo que fuera...

Le había dado una paz que no había experimentado nunca antes. Había detenido el tiempo, tal cuál las cursis películas decían.

— Ahora... — murmuró el hombre y en cuanto abrió los ojos nuevamente, se dio cuenta de que se posicionaba frente a ella y se arrodillaba tomando su mano derecha entre las suyas. — Ahora que sabe cuáles son mis intenciones, ahora que conoce toda la verdad, le pregunto... ¿me permitiría cortejarla como se debe? ¿Me daría la oportunidad de intentarlo? Le prometo que le demostraré lo que el amor significa, le prometo que mis intenciones son de fiar y que no hay ningún oscuro secreto tras ello. Solamente soy un estúpido hombre enamorado, que no puede dormir ni dejar de pensarla.

No supo por qué, pero no pudo apartar su vista de aquellos ojos negros y del pálido hombre que la miraba, nervioso, sosteniendo su mano junto a las suyas y arrodillado en aquel pasto

Había comenzado a nevar nuevamente y tenía que admitir que eso era lo más romántico que le había sucedido en toda su vida. Como típico de una telenovela. Tuvo que admitir que eso había enternecido a su corazón, de una forma u otra.

Aunque no supiera qué era ello, necesariamente.

Estaba asombrada, Ginny había tenido razón. Quizá debía confiar más en ella, para variar.