Se sintió mortificada, en tanto que no supo qué responder al hombre que se encontraba de rodillas en el suelo y cuyos ojos centellaban bajo la luz de la luna. Antes de que pudiera siquiera decir algo, ambos escucharon pasos que se acercaban en el césped y el doctor Snape agradeció poderse poner de pie antes de que alguien pudiera verlo en aquella posición tan comprometedora.

- Por fin pude encontrarlos, Severus. Su madre comienza a estresarse y a sospechar que tramas algo con Hermione. - Nymphadora se abrazaba a sí misma, comenzaba a nevar nuevamente y aún así pudo ver el rubor en el pálido rostro de su colega, bajo la luz de la luna.

- Será mejor que vayamos adentro, antes de que le de un ataque al corazón. Menos mal que estamos en un hospital de por sí. - bromeó Hermione mientras la pediatra Nymphadora, le ayudaba a bajar y a regresar a la silla de ruedas.

Mientras la empujaba hasta el salón de baile, se dio la vuelta para murmurarle algo al doctor que caminaba tras ella.

- ¿Qué estaban haciendo ambos ahí, Severus?

- Nada... nada en verdad. - murmuró el hombre, sonrojándose rápidamente. - solo...

- Yo que tú, me limpiara ese lápiz labial que tienes en la boca. No quise decírtelo, esperaba que te dieras cuenta por ti mismo. A su madre no le gustará saberlo.

Rápidamente sacó un pañuelo bordado de uno de los bolsillos de su pantalón y rezagándose un poco, limpió su boca rápidamente y guardó el pañuelo dentro de su bolsillo, acercándose a la mesa donde su madre y la familia Weasley en pleno, estaba sentada.

- Lo siento si le robé a su hija por mucho tiempo, mis más sinceras disculpas. - comentó, haciendo una reverencia y tomando una de las manos de Minerva entre las suyas. - simplemente quería que viera las instalaciones y el piso de maternidad. Que mirara a los bebés recién nacidos, incluso en la época de navidad.

Ginny suspiró ilusionada y la mesa en pleno se dio la vuelta para mirarla, mientras ella estaba sentada en el centro de ella, junto a su padre y su hermano Charlie.

- ¡Oh, yo quisiera ir. Amo los niños y sé que lo disfrutaría mucho! ¿No quieres ir, mamá?

- Tuve tantos hijos que creo que ya tengo un máster en esos temas. - bromeó Molly Weasley y la mesa rió, disipando las tensiones. - Pero seguramente que será encantador, luego de la cena.

Severus asintió con una sonrisa, pero antes de que pudiera contestarle, nuevamente se vio interrumpido y ésta vez por Sprout, su enfermera de confianza.

- Severus, es momento del discurso de bienvenida. No olvides que Albus Dumbledore ya no puedo hacerlo más, por su edad. Te toca este año y será mejor que lo hagas bien. No quiero presionarte pero creo que hay muchos observándote y...

Pero ni siquiera estaba preocupado, siquiera estaba nervioso al respecto. En todo lo podía pensar era en los suaves labios de Hermione Granger y la respuesta que no había podido escuchar. Estaba tan distraído que siquiera se había dado cuenta de que la mujer lo había conducido hasta el podio y que los médicos, residentes y personal administrativo, habían comenzado a aplaudir.

- ¿Qué te dijo el doctor? ¿Qué tanto estaban haciendo ahí fuera? - preguntó su madre con insistencia y un tono de impaciencia que comenzó a irritarla de inmediato.

- Nada. El doctor solo quería saber cómo me sentía y me interrogaba sobre ello y cómo estaban las cosas en casa. Asuntos de salud mental, nada de lo que debas preocuparte o entrometerte.

- ¿Y no podía preguntarte eso acá? ¿Por qué tanto misterio?

- ¿Por qué tienes que ser tan suspicaz y preocuparte por todo? - le contestó Hermione con voz dura y el señor Arthur trató de amenizar el momento.

- El doctor Severus está por hablar... - alcanzó a murmurar y eso sirvió para que la mesa guardara silencio y dirigiera su atención al podio.

No había preparado un discurso. Había pasado tanto tiempo preparándose para la velada y para conquistar a Hermione Granger, que lo había olvidado por completo. Miró en dirección a la mesa de las legendas médicas y Dumbledore le sonreía, así que de pronto se dijo que no importaba qué diablos dijera. Quizá comenzar con un chiste para abrir la noche y luego con un par de estadísticas sobre el año, para decir que había cerrado con buen pie y que esperaban algo mejor para lo que se avecinaba.

Y entonces pudo verlo, su rostro en medio de los presentes y con una sonrisa entre sus labios. Sin importar cual fuera su respuesta, no podía dejar de amarla. No podía explicar exactamente la razón, solo la conocía desde el accidente y estaba terriblemente enamorado de ella, como si la conociera de por vida.

De pronto ella solo asintió con una sonrisa y Severus se preguntó por qué. ¿Asentía de acuerdo con su pregunta anterior?

- ¿Severus? - preguntó Dumbledore de inmediato y se dio cuenta de que estaba parado frente al podio, como un tonto y sin decir nada. Sonrió y aclarándose la garganta, comenzó su discurso.

- Hace un tiempo que comenzaba a pensar que la medicina eran solo casos y casos, uno tras otro. A veces me causaba molestia, ver a todas esas personas que no cuidan de su salud o que se preocupan solo por la estética de sus cuerpos y como cirujano que soy, debo complacer todos los ridículos pedidos que puedan imaginarse y salvar a las personas de los accidentes más ridículos que también puedan imaginarse. En sí, la vida comenzaba a perder sentido para mí y fue entonces cuando aquella jovencita que ven en esa silla de ruedas, lo cambió todo. Cuando un simple accidente me dio retos a vencer, que jamás había enfrentado antes y entonces dejé de ver la medicina como una frivolidad. Al ver su rostro me di cuenta de que no todo es solo bisturí y cortes. Es como la maternidad, no es solo ir y parir al bebé. Es más que eso y ella me ayudó a verlo. Me ayudó a entender que mi trabajo no es pura estética, no es solo salvar a alguien que se enterró un clavo en los glúteos por hacer un deporte que en verdad, nadie haría. Se trata de salvar vidas de personas y el agradecimiento que me ha mostrado y su madre también, significó mucho para mí. Me di cuenta de que lo que fuera que estaba haciendo, lo hago bien. Si nuestro trabajo es salvar vidas, pues hagámoslo con el mayor placer del mundo. Si pudiera ser sin cobrar, así lo haríamos y sin embargo de algo tenemos que vivir. Pero al menos sintámonos bien de salvar y tenderle la mano a alguien, de seguir con nuestra labor. Quizá no todos nos lo agradezcan, pero si a cada tanto alguien nos dice: gracias, sabremos que habrá valido la pena.

Guardó silencio y de inmediato algunos comenzaron a aplaudir, mientras él simplemente razonaba lo que acababa de decir. Para él no tenía sentido lo que había dicho, pero no podía concentrarse al verla, no podía concentrarse mientras pensaba en ella.

- Continuemos haciendo el gran trabajo que hemos venido haciendo y este año fijémonos una meta. Fijemos la meta de salvar a todos los que podamos, que nadie muera y que ninguna familia quede desconsolada.

Simplemente comenzó a bajar del podio y antes de que pudiera acercarse a la mesa de médicos en jefe, Hermione se acercó a él con una sonrisa y aún aplaudiendo.

- Vaya, eso sí que fue inspirador. - murmuró la jovencita y Severus se encogió de hombros de inmediato.

- Lo siento, creo que no preparé un discurso adecuado. Estuve tan ocupado preparando la fiesta, tratando de...

- ¿Tratando de preparar la mejor forma de conquistarme? - comentó la joven y el doctor se sonrojó visiblemente, mientras que ella simplemente también se encogía de hombros. - Quizá se habría ahorrado mucho tiempo y si me lo decía directamente y sin rodeo alguno.

- Quizá tenga razón, lo siento estoy ta anticuado en términos de citas que ya ni sé lo que los jóvenes hacen en estos tiempos.

- No es tan viejo, doctor Snape... no tanto como para que esa afirmación tenga una pizca de sentido. No para mí, al menos y... - se dio cuenta de que su madre le observaba con mucha curiosidad y se imaginaba que luego pondría el grito en el cielo. Pero no podía evitarlo, se había sentido conmovida con todo lo que el hombre había hecho por ella y quizá Ginny tenía razón, no tenía nada que perder. - sinceramente, pensando en su propuesta... creo que acepto, doctor Severus. Creo que le permitiré que intente conquistarme y a ver qué sucede.

Su corazón dio un vuelco y de pronto todo lo demás dejó de importar. Se quedó sin aliento al escucharlo.

La convertiría en la mujer más feliz del mundo y podía jurárselo a cualquiera.