Saberse que tenía la oportunidad que había planificado con tanto esfuerzo, apenas le permitía concentrarse. Ambas mujeres, su enfermera y su colega pediatra, no detuvieron el interrogatorio y muy pronto se vio acorralado en la mesa de aperitivos, tratando de dar respuestas rápidas a un largo cuestionario.
— ¿¡La besaste!? — Pomona pareció no poderse contener y un par de residentes, temblaron al escucharla. — ¡Severus Tobías Snape!
— ¿Y necesitas hacer tal escándalo y decírselo a todos los presentes? — comentó el hombre, fastidiado. Sprout se cruzó de brazos y una vez más, la referencia de una gorda paloma gigante, vino a su cabeza de inmediato. — solo la besé, tampoco la violé ni nada parecido. No entiendo cuál es tu sorpresa, si has estado todas estas semanas detrás de mí y sospechabas que estaba tras algo.
— ¡Estás abusando de la confianza de su madre y estás jugando con fuego, Severus! Y estoy segura de que lo estás apoyando, ¿¡no es así, Nymphadora!?
La mujer negó con la cabeza y se hizo una cruz en el pecho, con uno de sus dedos. Severus sonrió de forma un tanto cínica.
— Ella ya lo sabía, Sprout. Hermione Granger ya sabía que trataba de cortejarla. Su mejor amiga al parecer es muy suspicaz y lo supo antes de que siquiera se diera cuenta por sí misma. Y ella, de hecho, me dio su permiso... casi puedo decir que quiso besarme primero.
La mujer no sonrió ni se alegró de eso y con una fuerza que no se esperaba, le brindó un puñetazo en su brazo izquierdo y casi soltaba el plato al suelo.
— ¡Oye! ¡Por si no lo sabes, trabajo con mis brazos!
— ¡Te estás aprovechando, lo sé! Te vales de que quiera desafiar a su madre, llevarle la contraria. Es solo una jovencita testaruda y tú simplemente vas y te aprovechas de la situación.
— Bueno, si lo piensas bien... — intervino Nymphadora Tonks, con un dedo bajo su barbilla y en actitud reflexiva. — tú y yo lo conocemos bien y es preferible que se aventure con éste imbécil al que llamamos colega, a que se aventure con alguien que en verdad pueda hacerle daño. Severus es ya casi un señor, su madre no debería tener muchas objecciones. Un empleo respetable, gran reputación. Y no eres un adonis, me temo, pero eres aceptable.
El usualmente pálido rostro del doctor Snape, se tiñó de un desagradable rubor y Pomona no pudo contenerse y tuvo que reírse, mientras Nymphadora asentía una y otra vez.
— Agradezco tu detallado análisis de mi físico y aptitudes laborales, Nymphadora. — replicó en un tono mordaz. — Pero si suponías que eso me haría sentir mejor, creo que tendrás que volver a intentarlo.
— ¿De qué tanto ríes, mi amor? — preguntó un hombre de aspecto enfermizo y con una sonrisa afable. Severus Snape rodó la vista de inmediato, mientras la mujer deslizaba su brazo bajo el del hombre y lo palmeaba con la otra mano. — Buenas noches, Severus. Buen discurso el de hace un rato, pero que ésta vez no estabas tan concentrado como sueles estar.
— Gracias, Lupin. Gracias por resaltar lo obvio.
— Descuida, solo está molesto porque le ha llegado el toque de la juventud y no quiere que se le escape.
— Cariño, te amo, pero a veces no puedo entender ni una pizca de lo que dices. — comentó el hombre e inclinándose para besar los cabellos púrpura, de la mujer junto a él.
— Es que no puedo decírtelo o al menos no, sin el permiso de Severus. — dijo la mujer mirándolo con los ojos brillosos, esperando poder contarle la verdad a su marido. Snape se cruzó de brazos y negó con la cabeza.
La cena en la mesa de las eminencias del hospital, estaba muy animada y concurrida. Severus había recibido un par de regalos, Dumbledore y su esposa habían comprado algo que pensaban que Snape necesitaría.
— ¡Oh vaya, una pluma de oro! — comentó el hombre sorprendido y el anciano doctor asintió con una sonrisa. — espero que no te haya costado mucho... Albus.
— No tanto. En Cabo, aún tienen precios "razonables". — comentó su esposa y Snape pudo recordar, de a momento, la larga amistad que había sostenido con el director del hospital.
La psiquiatra Trelawney era la siguiente y Snape tenía miedo de abrir el paquete y que éste pudiera explotar o que contuviera algo realmente embarazoso. No sabía exactamente por qué, pero la mujer tenía gran fanatismo por las precciones del zoodíaco, por las superticiones y por aquellos detalles que a nadie le interesaba lo suficiente, en una conversación. Lo único que sabía era que había perdido a uno de sus hijos en un accidente de tráfico, tal cuál había leído que un periódico le había augurado como: "evento que te cambiará la vida".
— Vaya, una nueva guía médica. — dijo y estrechó una de sus manos con mucha cortesía. — te lo agradezco, Sybill.
El intercambio de regalos no había cesado en la mayoría de las mesas, cuando se puso en pie y se dijo que quizá no tenía un regalo para la jovencita, en aquel preciso momento, pero y aún así podía indagar qué era lo que realmente quería.
— Todo bien por aquí, ¿verdad? — preguntó acercándose a la mesa y sentándose en un puesto vacío junto a Hermione. Minerva había asentido, mientras probaba un trozo de jamón ahumado y limpiándose la boca, disimuladamente, con una servilleta de tela.
— Así es, señor doctor. Quería agradecerle tanto por habernos invitado a cenar con ustedes. No tenemos cómo pagarle por semejante regalo y ahora que veo que todos intercambian regalos, es una lástima que no tengamos algo que darle.
Hermione rodó la vista y se preguntó si su madre dejaría de decir tonterías en algún momento. Realmente, quería olvidar que ya le debía la vida a aquel hombre junto a ella y ahora, un regalo de navidad.
— Descuide, no es necesario. No hay algo que realmente pueda querer, considero que la vida ya me premió mucho y que es suficiente por ahora. Aunque... — dijo, moviendo la silla para que pudiera encarar a Hermione a su lado. La jovencita se sonrojó al recordar el beso del parque y trató de poner la vista en cualquier lugar, menos en el rostro del cirujano. — Habrá algo que usted quiera, ¿no es cierto?
— ¿Por qué? — preguntó Minerva con curiosidad y Snape se encogió de hombros.
— Todos quieren algo en las fechas venideras, digamos que solo trato de empezar una conversación. ¿Siempre ha pedido algo desde que es una niña, señorita Hermione?
Hermione también se limpió la boca con una servilleta y apartó su copa de pudín de chocolate, con cierta nostalgia. Solo había una cosa que quería en aquel momento, pero era imposible de empacar en una caja de regalo.
— Solo hay una cosa que puedo querer y me temo que ni usted puede conseguirlo. — confesó y Snape le animó para que continuara. — quisiera tener a mi padre de vuelta, pero creo que no se va a poder. Además o al menos, salvar su preciada hacienda del fracaso.
"Eso se convirtió entonces, en mi nueva meta. Ayudarla a salvar la hacienda, a devolverle su esplendor." "Cualquiera que fuere."
— Pero me temo que eso es otro imposible, a como está el mercado actual. — murmuró Minerva con cierta tristeza. — si las grandes transnacionales continúan comprándolo todo, tendremos que seguir el consejo de Narcisa Malfoy y venderla.
— ¡Eso jamás! ¡Es nuestro hogar, ahí crecimos y vivimos! ¿A dónde se supone que vayamos?
— No es tu decisión... — respondió la mujer tomando un sorbo de champagna que ni recordaba Hermione, que se hubiese servido.
— ¿Desde cuándo tenías esa decisión en mente?
— Pensaba decírtelo pronto, pero ahora que el doctor lo ha traído a colación.
Hermione se mordió el labio para no replicar y Snape trató de mediar entre ambas mujeres, de pronto llamándose tonto por haber iniciado la conversación y por no haber pensado antes, que eso sería lo que ella más querría.
— Si me permitiera opinar, creo que podríamos encontrar una solución que a todos nos convenga.
Minerva comenzaba a irritarse con la actitud del hombre y había negado con la cabeza, de forma tajante.
— ¿No cree que ya ha hecho demasiado, doctor Snape?
— Mamá...
— Solo quiero ayudar, digamos que mi interés es la salud de su hija y quienes viven con ella. No creo que tanto estrés, sea bueno para su recuperación.
Hermione decidió abstraerse en una de las cicatrices en su brazo derecho y McGonagall tomó aquella afirmación, como aval para decir lo que pensaba y la verdad como ella la veía.
— ¿Acaso tiene planes para con mi hija? ¿Acaso tiene más que una relación médico- paciente? ¿Qué médico se ofrece a solucionarle la vida a su paciente y de esa forma?
— No soy un monstruo, no como usted me tilda. — dijo y Minerva perdió el habla rápidamente. — Y la verdad...
— Doctor Snape... — lo previno Hermione y para su madre, fueron las palabras y en la dosis correcta, que necesitaba.
Iba a ser una noche bastante larga.
